Capítulo IV: Walking down Manchester.

Ese día jueves, ambos se despertaron tarde. Alrededor del mediodía, Hermione se acercó a Severus para abrazarlo, bastante reconfortada.

-Muy buenos días profesor.

-Eres muy descarada, Hermione Granger, al venir a decirme "Muy buenos días, profesor" en mi propia casa, en mi propia cama, utilizando mi pijama, y haciéndome despertar al mediodía, como si no tuviera cosas más importantes que estar contigo todo el día. Si pudiera, dejaría en la ruina a Gryffindor con puntos en contra.

Hermione soltó una carcajada.

-Y tú eres muy gruñón… supongo que es así cuando recién despiertas.

-Usualmente, me despierto gruñón todos los días, pero por alguna extraña razón hoy no fue así.

-¡¿No? Me pregunto cómo será cuando te despiertas verdaderamente gruñón—Mofó—. Voy a tener la precaución de tener la capa de Harry.

-¿Cómo te sientes?

-Mejor—Aseguró sonriendo.

-¿Segura?

-Sí.

-Está bien. Para asegurarnos, te tomarás lo que queda de esta poción.

Severus le ofreció el frasquillo que estaba junto a la cama. Ella lo bebió.

-¿Cómo estás tú, mi amor?—Preguntó ella.

-Mejor que nunca.

-Qué bueno oírlo.

De pronto él la abrazó y ambos sonrieron.

-¿De verdad es mediodía?

-De verdad. Recuerda que nos dormimos tarde.

-Sí…

Severus le besó en la mejilla y se dispuso para levantarse.

-Me iré a dar una ducha.

-Está bien. Yo seguiré aquí a lo que regreses—Murmuró ella, suavemente.

Hermione vio como Severus se levantaba de la cama y se dirigía a la puerta. Tras ella, él despareció. Se quedó pensando un rato en lo que podrían hacer aquel día. La idea de estar todo el día en casa hablado no le desagradaba, pero tenía ganas de hacer algo nuevo con él… el mundo mágico estaba en peligro, pero eso no quería decir que lo estuviera todo Reino Unido… Él era Mortífago, muy capacitado. Nadie de los demás Mortífagos sería capaz de reconocerlos entremedio de tanto muggle.

Rápidamente se levantó y fue hacia el mueble del armario, en el cual estaba su ropa y su varita. Con ella, limpió sus pertenencias y se las colocó. Buscó algún espejo en la habitación, pero fue en vano, así que fue hacia la sala de estar, donde recordó que había visto uno, viejo, pero que servía para verse. Ya allí, se peinó (en realidad, solo ordenó su cabello). Luego de eso fue a la cocina, vio las ollas que tenían la cena de la noche anterior, y aumentó la poca porción que quedaba. Regresó al cuarto de Severus, hizo la cama, ordenó lo que ella creía que estaba fuera de lugar, llevó la jarra de jugo, también el vaso, el cual lavó enseguida. Fue nuevamente a la sala de estar y ordenó un poco, aunque la verdad, no había mucho que hacer. Supuso que Severus lo había hecho anoche mientras ella dormía. Se puso a leer los títulos de los libros que había en la biblioteca.

-¿Hermione?—Escuchó de repente, desde la pieza, quizás es pasillo.

-Estoy en la sala—Respondió.

A los pocos segundos, apareció Severus con pantalón y camisa negra.

-¿Por qué te levantaste?

-¿Pretendías que me quede todo el día en cama?

-Que yo sepa, no tienes ningún examen de Encantamientos o algo por el estilo, mañana.—Ironizó enarcando una ceja.

-Me siento bien, amor, de verdad. Me sentiría mal estando en cama todo el día, para ser sincera.

-De acuerdo.

-Hice un poco más de la cena de ayer para que almorcemos.

-Ya estás toda una dueña de casa—Murmuró él, mientras ambos entraban en la cocina—. Hiciste la cama, ordenaste la pieza, preparaste el almuerzo…

-Sí y no. El almuerzo lo hiciste tú, yo solo agrandé la porción, y… ¡Es lo mínimo que puedo hacer! Odio estar sin hacer nada.

-Lo sé, Hermione.

-Y, siéntate y yo te sirvo. Es mi turno de atenderte.

Severus tomó asiento en su lugar habitual. Pocos momentos después, un humeante plato de arroz con pollo estaba frente a él. La castaña tomó asiento luego de haber dejado su plato en la mesa y haber ofrecido utensilios y una servilleta a Severus.

-Amor—Dijo ella—Estaba pensando en lo que podríamos hacer hoy.

-Bien. ¿Qué propones?—Inquirió luego de haberse echado una porción de arroz a la boca- ¿Quieres ir a alguna parte.

Hermione, antes de responder, pensó que Severus no tenía nada que ver con Ron. Su amigo, se habría echado el arroz a la boca y le habría preguntado enseguida si quería ir a alguna parte. Severus, por su parte, esperó tragar el arroz para continuar hablando. Hermione sonrió.

-Si tú lo estimas conveniente.

-Si me necesitan, dudo mucho que lo hagan en mi casa. Nadie tiene porqué saber exactamente todo lo que hago…

-Pensaba exactamente lo mismo. No creo que sea tan peligroso caminar en medio de centenares de muggles.

-Menos aquí— Comentó él—. Los Mortífagos suelen darse vueltas por Londres, aunque allí es tan grande, que tampoco supone mayor peligro.

Hermione asintió.

-¿Y qué quieres hacer?

-Creo que me vas a odiar por pedir que me acompañes…-Terció—. Bill y Fleur Delacour se van a casar, y necesito un vestido para la boda.

-Magnífico. Nos va a llevar un tarde buscar un vestido—Resopló fingidamente.

-No si cuento con tu opinión.

-Hermione, para mí vas a lucir hermosa hasta con un harapo—Sonrió. La muchacha también lo hizo. Luego agregó: —Ahora que me haces recordar. Te veías tan hermosa en el Baile de Navidad del Torneo de los Tres Magos.

-Gracias.

-A veces me pregunto si no fue ahí que me enamoré de ti.

-Jaja, no digas tonterías, Severus.

-Si alguna vez intenté matar a Krum, debió ser por eso. Claro, con la excepción de la vez que escuché a Weasley decir que no le importaba que te hayas besado con él.

Hermione se ruborizó.

-¡¿Quién le dijo?—Exclamó para sí misma. —¡Ah, debió ser Ginny! Qué chismosa.

-De seguro se le escapó en alguna usual discusión con su hermanito. ¿Entonces es verdad?

-Sí.

-¿Te gustó?

-¿Ah?

-Si te gustó Krum.

-Un poco. Un poco solamente.

Severus fingió molestia.

-Si me lo vuelvo a encontrar, lo mato.

-¡Severus!

-Podría caerse el cielo por lo que voy a decir: Estaba bromeando.

-Muy bien.

-Entonces, ¿quieres ir de compras?

-Sí.

-De acuerdo. ¿Aquí mismo en Manchester?

-Sí, es más seguro.

-Nunca en mi vida imaginé que iría de compras con una mujer.

-Nunca en tu vida te imaginaste que te ibas a enamorar de mí—Planteó.

-Deber ser la peor pesadilla del hombre.

-¿Qué sabes tú?

-Los muggles lo dicen.

-Quizás. Pero yo no soy tan regodeona. (N/A: Ser una persona que aunque le gusta algo, siempre le encuentra un "pero")

Continuaron con el almuerzo en tranquilidad. A lo que finalizaron, Hermione levantó los platos y los dejó en el fregadero. Antes de que ella pudiera hacer cualquier cosa, Severus realizó un encantamiento para que los platos se lavaran sin necesidad de intervención humana.

-¿Estamos muy lejos del centro de Manchester?

-Casi una hora caminando, veinte minutos en transporte público, y 10 segundos con magia.

-Eso último suena muy conveniente y rápido… pero prefiero conocer.

-¿Quieres caminar?

-¿No sería peligroso que nos vieran?

-Para tu tranquilidad, y disculpa mi falta de modestia, aunque apareciera Bellatrix Lestrange, podría acabar con ella en menos de lo que podrías imaginarte.

-De eso no tengo duda. ¿Vamos caminando entonces? ¿No importa el calor?

-Está corriendo viento así que no será tan terrible.

-Genial. Entonces, vamos caminando.

Diez minutos después, los ojos de la mayoría de los niños y mamás, se centraron en aquella casa de la calle la Hilandera que parecía no tener mucho movimiento. Hasta ahora. El dueño de casa, vestido íntegramente de negro, a pesar del sofocante calor, iba saliendo con una jovencita de no más de 18 años, muy bonita, usando un vestido y un sombrero en la cabeza. La misma que ayer por la tarde había aparecido bajo una capa—suponían—.

Por la mente de aquellas chismosas madres pasaba de todo: Que era la hija, la sobrina, la hija de su amante, si es que pudiera llegar a tener uno, y, por supuesto, que era su pareja, aunque seguramente aquello sucedía bajo la amenaza del hombre. ¿Cómo diablos un muchachita tan hermosa y joven como ella podría estar interesado en aquel antisocial hombre que no tenía gracia ni para vestirse? Nunca se sabía nada de su vida. De seguro escondía algo, pues poquísimas veces se le vio salir de casa. Tampoco se sabía cuándo estaba y cuándo no. Nunca se escuchaba el menor ruido, alguna que otras veces se veía luces por las noches. Muchísimo menos se podría saber en lo que él trabajaba. Alguna de aquellas mujeres lo conocía de niño, pero nunca supo nada de él, ni de su familia, que desapareció misteriosamente. Primero la madre, luego el padre.

Y vaya que por la mente de aquellas personas pasaban pensamientos completamente burdos, pues criticar a Severus Snape por no tener gracia para vestirse, cuando todo el alrededor no tenía gracia alguna. El ambiente era pobre, aburrido. Mediocre.

-Con suerte aparentas la mayoría de edad muggle, así que no creo que las cotorras de mis queridas vecinas se atrevan a demandarme con la policía muggle por abusar de una menor.

Ambos habían terminado de andar por la calle la Hilandera, y doblaron a la derecha. Iban caminando a paso normal, cada uno por su lado, sin manos entrelazadas ni nada de eso, para no llamar la atención más de lo que ya con su presencia hacían.

-En tres meses más cumplo la mayoría de edad muggle, así que nadie debería preocuparse.

-Bueno, podrías ser mi hija… qué inoportuno decir eso, pero aparento más edad de la que tengo.

-Ya no mi amor.

-¿Por qué lo dices?

-Desde que estamos juntos que has cambiado. Ya no aparentas más, sino menos edad de la que tienes.

-Entonces eres mi sobrina.

-Soy tu novia, y punto. Y a nadie debería interesarle lo que somos. No les influye ni afecta en nada.

Los barrios que sucedían a los que dejaban, iban mejorando en aspecto. Colores más vivos, inmuebles mejor cuidados, niños alegres jugando, aunque eso no variaba mucho, gente decente, y, quizá, menos habladora.

Veinte minutos pasando por poblaciones, y la escena de niños se repetía constantemente. Luego pasaron por un puente, el cual no dejaba de estar atestado de vehículos. Circuló una que otra señora de edad, hombres vagos sin rumbo, un grupo de amigas entretenidamente hablando, sin preocupaciones.

-A veces me pregunto qué se sentirá vivir sin preocupaciones. No recuerdo esa sensación, se acabó hace mucho.

-Creo que la vida sin preocupaciones debe ser muy aburrida. Yo he estado más años que tú lleno de preocupaciones, y al querer imaginarme la sensación de tranquilidad total, me parece aburrido, inconcebible, mejor dicho.

-Puede ser. Es mejor así. Muchas veces cuando niña, antes de entrar a Hogwarts, pensaba que ir a un colegio de magia y aprenderla, facilitaría mucho la forma de vivir feliz. De hecho, podría serlo, pero como Voldemort estaba interesado en mi mejor amigo, y aunque no lo hubiera sido, en mi compañero de clase, también habría sido preocupante. Pero es lo que me tocó, y hay que luchar para que todo eso se acabe.

-Cuando eso suceda, todo el mundo va a creer que es un sueño.

-La vida es sueño y los sueños, sueños son. ¿Lo habías oído?

-No, ¿qué es eso?

-Dramatismo de Pedro Calderón de la Barca. Se llama "La vida es sueño"

-¿Y de qué se trata?

-De un príncipe que no sabe si lo que vive es realidad o un sueño, porque él tiene un problema, y cada vez que aparecía, lo encerraban en una torre. Para enviarlo o sacarlo, lo dormían, entonces un día despertaba encerrado en una torre, otras veces despertaba en su habitación lleno de lujos y gente a su disposición; entonces no sabía qué era realidad y qué era un sueño.

-Interesante. A veces, yo me pregunto lo mismo. Cada día que despertaba luego de haber escapado de Hogwarts, me preguntaba si eso era una pesadilla o la realidad. Ayer, cuando apareciste, me preguntaba si era un sueño o la realidad.

-Soy real si tú quieres que así sea. Cada vez que tengas dudas puedes pellizcarte.

-¿Y el príncipe lo hacía?

-Me parece mucho que no. Lo hacía Alicia en el País de las Maravillas

Continuaron caminando, observando el paisaje. Ya estaban inmersos de grandes casas y altos edificios antiguos de estilo victoriano. También pasaron frente a una universidad, de un enorme campus rodeado de pradera, y edificios adyacentes muy antiguos.

-¿Qué querías estudiar antes de saber que fuiste aceptada en Hogwarts?

-Probablemente Odontología, para ser dentista como mis padres, o Medicina.

-¿Y ahora piensas lo mismo? Me refiero a ser Medimaga

-No, no lo creo. Yo sé que tengo las aptitudes…

-Aptitudes para lo que se te ocurra estudiar—Interrumpió él.

-Gracias—Sonrió—. Pero encuentro que la medicina, muggle o mágica, es muy sacrificada. Se sacrifica mucho la vida. Estás todo el día atendiendo a la gente, y a lo que terminas, debes estar atento por si te necesitan por alguna emergencia.

-Es verdad.

-Pero todavía no tengo claro que quiero hacer a lo que acabe el colegio. Primero tengo que acompañar a Harry, sobrevivir y volver a Hogwarts para mi séptimo año.

-Y nadie sabe cuándo sucederá eso.

-Nadie. Y de aquí a que eso suceda puedo cambiar miles de veces de opinión, así que no quiero pensar en nada.

-Es lo mejor.

-¿Y tú? ¿Tú siempre quisiste ser profesor?

-Algo así. Desde siempre fui bueno en Pociones, pues mi madre lo era, y odiaba ver que mis compañeros fueran tan incompetentes y flojos a la hora de hacerlas. Entonces por eso deseaba ser profesor, para que eso no volviera a ocurrir. Todos toman Pociones como otra clase innecesaria y difícil. Pero no lo es.

-¿De verdad pensaban eso?

-La despreocupación se traduce como inconformidad con lo que hace la persona.

-Ya entiendo.

-Al principio quise entrar como Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero Dumbledore negó mi solicitud hasta el año pasado. Dijo que prefería tenerme como Profesor de Pociones pues era necesario de mi método y talento.

-¿Pero tú qué estudiaste?

-Defensa Contra las Artes Oscuras.

-¿Y Dumbledore te delegó Pociones sin estudiarla?

-Él sabía que no necesitaba que le diera una Licencia en Pociones otorgado por el Ministerio de Magia, pues era capaz de enseñar sin ello. Además que en las Artes Oscuras también se domina mucho las Pociones.

-Ya creo que sí. Tú eras capaz de hacer mejores clases de las que te impartían con esos consejos que pusiste en tus libros de Elaboración de Pociones Avanzadas.

-Eso fue en parte gracias a mi madre. Pero una buena parte la aprendí luego del colegio, en mi casa, y también estudiando Artes Oscuras.

Hermione asintió.

-Esos consejos… Harry hacía pociones perfectas. El Profesor Slughorn siempre creyó que Harry había heredado el talento de su madre. ¿Lily era buena en Pociones?

-Bastante buena

-De seguro no como tú, pero...

-Era buena, muy buena, sí. Le daba una patada a Potter padre.

-¿Quien era alumno promedio?

-Alumno promedio, sabelotodo en cualquier encantamiento con el que pudiera fanfarronear, sobre todo para humillarme a mí.

-Supongo que por eso es que a Harry le disgustas tanto. Porque le quitas la imagen idealizada de su padre.

-No puedo soportar que todo el mundo le diga que su padre fue un santo, la mejor persona que haya existido sobre la tierra, porque no era así. Conmigo, Potter era un cerdo, un abusador.

-¿Y nunca hiciste nada para cambiar eso?

-Por Lily, nunca lo hice.

-¿Por qué por ella?

-Porque ella siempre me pedía que los ignorara… que no me arriesgara por ellos. A mí eso me daba igual. No soportaba que me humillaran. Después era porque eran amigos de Lily.

-¿Y cuando dejaron de ser amigos?

-Cuando dejaron de ser amigos, tenía cosas más importantes que lamentarme por las idioteces que Potter me hacía.

-Pero si James Potter era tan malo, ¿cómo la madre de Harry se llegó a fijar en él si no era tonta?

-Bueno. No es que Potter haya sido malo. Odio reconocerlo, pero Potter era buena persona si se trata de sus amigos y la gente que quería, y lo quería. Era muy leal… así como lo es Harry Potter, pero conmigo se transformaba. Me odiaba, por eso siempre se ensañaba conmigo.

-¿Y por qué te odiaba?

-En primera instancia, porque era amigo de Lily, era el "amigo Slytherin" de Lily. A final, simplemente porque era Slytherin siempre metido en las Artes Oscuras y cosas así.

-¿Y por qué te desagrada Harry?

-Porque en cierto modo me recuerda a James, pero afortunadamente no es igual a él en ciertos aspectos. Y también por el hecho de que siempre defienda a su padre…

-Pero él no lo conoce como tú lo conociste… Ni siquiera lo llegó a conocer.

-Lo sé. Pero siempre trata de pasar por alto los defectos de su padre.

-Es lo lógico pues no alcanzó a conocer a sus padres porque murieron, de seguro prefiere quedarse con lo mejor de ellos.

-Supongo que debe ser por ese vínculo Snape-Potter, el cual nunca va a congeniar.

-Pero Harry no es como su padre…

-Arriesgado y arrebatado como él… pero tiene más cosas de su madre.

-Gracias por reconocer eso.

-Algún día tenía que hacerlo.


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