YA SE QUE ME ODIAN CON EL ALMA!!!!!!!

lo siento en verdad lo siento!!!1 Freud, Piaget, Zimbardo, Erickson y muuuchos psicologos secuestraron mi cerebrooo y no me dieron tiempo de subir nada más :S

pero bueno como llegaron mis vacaciones ya puedo subir tranquilamente :D

espero les guste


Capítulo 3 - Decepcionante bienvenida a casa

-No lo puedo creer Sakura ¡Pero qué zorra saliste!- Dijo una melodiosa y risueña voz al otro lado del teléfono celular. De la misma forma que Ricka Sasaki, Tomoyo Daidouji era la mejor amiga de Sakura. Las tres niñas habían vivido una infancia de abandono en aquel orfanato Suizo, lugar que ellas adoptaron como su hogar, el lugar donde ellas encontraron a sus verdaderas familias: "ellas".

Sakura quiso reír muy fuerte, pero se contuvo porque él estaba ahí y no quería despertarlo. Aquel era el último día que pasarían en Francia y extrañamente tuvo miedo, miedo de que las cosas no salieran como las tenían planeadas, no le tenía miedo a que no funcionaran juntos pues confiaba plenamente en que si se habían buscado por 5 años aquel sentimiento era real, le tenía miedo a ese porcentaje de las cosas que nunca está en tus manos… le tenía miedo al destino. ¿Alguna vez ustedes escucharon del principio 90/10? Bueno ella sí que lo había hecho.

El principio 90/10 enuncia que el 10% de las cosas pasan porque deben pasar, es decir, no está en nuestras manos el poder cambiarlo o evitarlo… era como aquella frase que alguna vez alguien le había dicho "No existen las coincidencias, solo lo inevitable". Por otro lado está el 90%, ese porcentaje que ella sí podía controlar, el porcentaje que ella había controlado al grado que lo había buscado a él, había vuelto a esa playa todos los veranos desde aquella noche en que se habían conocido.

Sí, ella simplemente tenía miedo de ese 10% de las cosas ¿y si en realidad el destino no los quería juntos? Durante sus estudios en la Facultad de Artes en Suiza conoció en las páginas de innumerables autores aquellas historias en las que las parejas simplemente no están destinadas a estar juntas. Romeo y Julieta, escrita por William Shakespeare, era solo un ejemplo de ello: dos jóvenes que se conocen y se enamoran a pesar de que las circunstancias de la vida nos los dejan estar juntos; y para terminar de deprimir esta historia de amor ambos terminan muertos.

-¿Sigues ahí?- Cuestionó la voz vibrante de Tomoyo al otro lado del móvil. Ambas se quedaron en silencio unos momentos, ¿qué podían decirse si ya sabían todo? Se conocían como las palmas de sus manos, como cada centímetro del cuerpo pues habían estado juntas… siempre juntas.- Eres feliz ¿verdad?-cuestionó la amatista al fin.

-Mucho.- Contestó Sakura mientras se levantaba de aquel sillón de piel para sentarse ante un escritorio y comenzaba a mover sus dedos como si frente a ella un majestuoso piano le ofreciera sus teclas para emitir las tan delicadas melodías que solamente ella sabía hacer. Al son que sus manos bailaban sobre la fría madera del escritorio tarareaba una dulce y romántica melodía olvidándose por completo de Tomoyo al otro lado del teléfono y de Syaoran quien seguía en la misma posición en la que lo había dejado al levantarse aquella mañana.-Irás por mí al aeropuerto ¿Verdad?

-Como siempre, ¿Crees que cambiarían las cosas ahora? A demás te tendré muy cerca pues mi novio vuelve a Tokio por lo que serás la primera en conocerlo.

Hablaron de trivialidades por otros minutos, cosas importantes y cosas banales adornaron aquel momento que era solo de ellas. Tomoyo sabía lo que sucedería tan pronto Sakura volviera a casa: se iría con él. Si bien la quería feliz también la quería con ella y, seguramente, su amiga se iría a vivir su historia de amor a un lugar alejado de donde ella estaba. Suspiró profundamente mientras la conversación continuaba entre chistes, canciones, poemas, recuerdos y sueños. En ese momento recordó aquella sorpresa que había planeado para su amiga y pensó que no valía la pena esperar más para decírsela.

-Lo conseguí.- Dijo la amatista al tiempo que soltaba una risita como aquellas que tienen las niñas pequeñas antes de hacer una travesura simplemente por diversión. -¿Crees que puedas tocar en la Tumba antes de que te vayas con el amor de tu vida?

Sakura rió de la emoción pues, su amiga, no solo había conseguido un sitio clandestino para que pudiese tocar el tiempo en el que se queda en Japón sino que ¡Había conseguido el mejor antro clandestino del universo! No dijo nada en forma de contesta, ambas sabían interpretar el silencio que existía entre las dos. La mujer de los ojos verdes aún continuaba danzando con sus dedos sobre la fría madera color oscuro y delicadas frases comenzaron a salir de sus labios al momento que imaginaba la nueva melodía que emanaría si aquel mueble fuera su adorado compañero de historias: el piano.

Subiría al cielo a ver si un ángel

Me señala el rumbo a su alma

Y también iría a buscar bajo los mares

Los tesoros que ganaran

Para mí esa mirada

Todo eso y mucho más.

Yo por él

Haría un mapa en mi piel

Donde mi cuerpo fuera ese lugar

Que él llamara hogar.

Yo por él

Daría hasta la eternidad

Pero aún así no he podido encontrar

Que le da quien ya está junto a él

Pero no pudo terminar pues unos brazos fuertes la asieron por la cintura y pudo sentir los labios de él sobre su cuello. No pudo evitar reír cuando escuchó el inaudible susurro del amarino pidiéndole que colgara el teléfono para, después, recibir un beso en la cabeza al tiempo que él se retiraba al baño y habría la ducha.

-Debo irme Tomy.- Dijo ella mientras seguía moviendo sus dedos pero, esta vez, sin imaginar alguna melodía, no había letra alguna intentando entrelazarse con alguna nota para crear la melodía perfecta… ella simplemente sonreía, sonreía como hacía años no lo hacía, como seguramente nunca lo había hecho.- También te quiero.- Concluyó sin poner mucha atención y dejó el móvil a su lado mientras escuchaba el ruido que hacían las gotas de agua al chocar contra el cuerpo de Syaoran. No pudo evitar sonreír con melancolía… ese día terminaban las cosas y, aunque sabía que tan pronto volviera a Tokio se iría con él, no podía evitar tener un mal presentimiento.

Ambos se arreglaron pues, como buen amigo enamorado, Syaoran había dejado en completo abandono a su mejor amigo Eriol Hiragizawa en un hotel de la Riviera Francesa. Había pasado una semana completa desde que se habían encontrado y, como debía de ser, el tiempo siguió su curso hasta terminar con el plazo se que se había marcado… era hora de volver a casa.

-¿Es ella?- Cuestionó un hombre de aspecto europeo con su tez blanca y ojos azules, sus cabellos oscuros caían alrededor de su rostro de forma seria haciendo un gran contraste con Syaoran quien parecía hacer un esfuerzo por estar lo más despeinado que se pudiese.- Disculpe mi falta de cortesía, soy Eriol Hiragizawa.- Dijo mientras tomaba la mano de la ojiverde y depositaba un respetuoso beso sobre ella ganándose así el sonrojo de la mujer y la mirada asesina de su acompañante.

Los tres desayunaron juntos entre risas e historias divertidas del pasado de ambos amigos mientras que Sakura se maravillaba escuchando las grandes aventuras e idioteces que alguna vez había realizado aquellos dos juntos. Toda la mañana transcurrió tranquilamente hasta que las 12:30 marcaron la pantalla del celular de Sakura.

-Ya es hora.- murmuró sin siquiera mirar a Syaoran a los ojos, él debía irse al aeropuerto en contra de su propia libertad pues el avión saldría a escasas horas del lugar para llevarlo a su cruel realidad: "casa". Los tres se dirigieron al aeropuerto tratando de hablar lo menos posible de la partida pues, aún y cuando ambos sabían que esa misma noche se verían de nuevo en Japón, sospechaban que algo no sería como lo tenían planeado. Extrañamente Eriol no había conseguido boleto para esa hora así que, después de una serie de amenazas a su querido amigo le dejó encargado al ser más maravilloso de su vida: ella.

Ninguno quería mirarse a los ojos así que, para hacer menos dolorosa su despedida simplemente besó su cabeza al tiempo que ella no dejaba de admirar sus pies, un "te amo" llegó a sus oídos y comenzó a caminar hacia el andén que le correspondía.

-¡Espera!- Gritó ella dejando caer su bolso sin previo aviso al suelo mientras él la miraba un tanto contrariado pero feliz de que le pidiese que se detuviera. La castaña corrió a sus brazos con rapidez y se colgó de su cuello mientras lo besaba desenfrenadamente sin importar quien los viera. Comenzó siendo un beso apasionante para, extrañamente, convertirse en uno melancólico y temeroso… tan de despedida.

"Pasajeros del vuelo s456 con destino a Tokio, favor de abordar en la sala 9A" Anunció una voz el omnipotente en el aeropuerto y, tras un beso de él sobre la frente de ella, tomó sus cosas y abordó aquel avión que marcaría el final de su nuevo principio… o al menos eso creía él.

Por otro lado una mujer caminaba por las calles de Tokio. Li Shiefa no quería volver a casa, ellos habían arruinado todo ¡absolutamente todo! Durante su infancia en Canadá había sido víctima de un abandono por parte de sus padres en aquel frío internado, con aquellas malditas monjas que nunca le dieron ni cariño ni protección…no le habían dado nada más que trabajo, soledad y miedo, mucho miedo.

Miró sus caros zapatos blancos, su falda rosa a la rodilla, su blusa estampada con tonos rosa y en un suspiro los maldijo a todos. Shiefa era una mujer altruista, había fungido como miembro de asociaciones de ayuda y, muy a pesar de sus padres, se había graduado en psicología para poder ayudar a los que tenía al lado-pero tristemente a partir de ahora solo trabajaría con organizacional pues había vuelto a casa y no había nada más que hacer.

Lo único interesante sería conocer a sus hermanos y, poder volver con esa persona a la que amaba…

Eriol miraba con ternura el semblante de la castaña, tenía miedo y podía sentirlo. Le estrecho una de sus manos y ella la apretó con fuerza para después mirarse a los ojos y sonreír. Ellos no tenían más de 5 horas de conocerse y extrañamente ya se querían el uno al otro, de esos cariños entrañables que les tienes a esos amigos especiales.

-Nunca lo vi así por nadie.- Dijo él mientras le revolvía el cabello como si ella fuese una niña pequeña.- Para él eres única Sakura y te ama como no ha amado a nadie, no debes temer por eso.

Ambos se miraron nuevamente y no pudieron evitar sonreír. No sabían ni cómo, ni cuándo ni porqué pero entre ellos encontraban un sentimiento muy distinto al que habían sentido por otras personas: no era pasional o lascivo, no había intenciones carnales o era un amor de cuentos, era más bien un cariño fraterno. Ella sentía confianza y protección, mientras que él sentía ternura y aprecio… en ese preciso instante se dieron cuenta de que sería muy buenos amigos.

"Pasajeros del vuelo 111 con destino a Tokio Favor de abordar por la sala 8B"

-¿Nos vamos?- cuestionó el ojiazul mientras tomaba la maleta de mano de su futura cuñada

-Nos vamos- Contestó no muy segura… simplemente algo no marchaba bien.

En la mesa de un café una mujer de largos cabellos mieles menaba sin parar el líquido que estaba vertido en una taza color blanco. Sus ojos color ámbar estaban perdidos en aquel líquido oscuro ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? No lo sabía, quizás ya llevaba horas esperando el momento justo para poder ir a ese lugar que se suponía era "casa" pero, extrañamente, no podía sentirla así pues esa no era su casa. Tomó con cuidado el relicario que le colgaba del cuello y se lo quitó para poder admirarlo con detenimiento. Una sonrisa llena de melancolía apareció en su rostro al momento en que lo iba abriendo cuidadosamente para encontrarse con esos ojos oscuros de los que se había enamorado: Oikawa Kazune.

Ambos se conocieron en una de las clases de la universidad en Australia y, desde entonces, habían estado juntos. Comenzaron como muchas de las parejas: como los mejores amigos, aquellos que siempre están ahí, que cuidan el uno del otro y que, sin importar el día y la hora, de dan ese amor incondicional en búsqueda de la felicidad del otros. Mas sin embargo no pasaron más de un par de meses para que ambos se dieran cuenta de que aquello no era simplemente una amistad pasajera… oculto había algo más.

Se enamoraron tan pronto como se volvieron amigos y, desde que comenzaron su relación, supieron que su que estaban destinados a estar juntos. Pero, como en muchas ocasiones, sus sueños no eran los mismos que los planes que estaban deparados para ellos. Una llamada irrumpió los 3 maravillosos años que llevaban viviendo juntos y la tan temida llamada llegó al fin: era momentos de volver.

-Si supieras cuánto de echo de menos…-Murmuró Li Feimei mientras una lágrima rodeaba su rostro.

Un ambarino por primera vez en años pisaba ahora tierras japonesas, por primera vez estaba en aquel lugar que se suponía era su hogar pero que, sin ella, le parecían un inhóspito y sombrío sitio. Recordó con una sonrisa el "hasta luego" que se regalaron con aquel beso hacía horas atrás y, pensando en ella, tomó las fuerzas necesarias para lo que venía: terminar con Meiling y decirles a sus padres sobre su relación con Sakura para, por fin, ser feliz con ella a su lado.

Caminó por aquellas calles desconocidas para él sólo para despejar su mente y aclarar un poco sus ideas, quería dejar las cosas en claro pero, sobre todo, quería terminar las cosas bien, sin herir a nadie… él simplemente quería ser feliz a su lado.

No tardó en ubicar aquella casa en una de las colonias más prestigiosas de Tokio y, por más extraño que pareciese, no se sorprendió de la maravillosa casa que estaba frente a él. Paredes de mármol y cantera adornaban la mansión de los Li dándole un aire de superioridad y prestigio del cual él ya estaba enterado; grandes jardines rodeaban la casa adornados con árboles, flores y plantas de colores inimaginables pero que ninguna de ellas llamó tanto su atención como un elegante y sutil árbol de cerezos.

Mas sin embargo un golpe lo sacó de sus pensamientos y, sin que se diera cuenta, detuvo entre sus brazos a un pequeños de ojos mieles que estaba a punto de caerse. Ambos se miraron y no pudieron evitar sonreír tiernamente ¿Quiénes eran y por qué se sonreían? Ninguno de los dos lo sabía, pero extrañamente se sintieron bien en aquella situación.

-Lo siento-Dijo el pequeño mientras se sacudía con propiedad el pantalón y extendía la mano como un pequeño adulto.- No quise lastimarlo, pero mamá siempre dice que yo me la paso corriendo y que tiro gente y que algún día voy a causar un gran accidente si no me fijo.

-Y también te he dicho que no hables con extraños y menos que los asustes con tus extrañas historias.- Dijo una mujer de cabellos oscuros que se hincaba al lado del niño y le limpiaba el rostro con un pequeño pañuelo.- Lamento el incidente, es que este remolino no se puede estar quieto ni dos segundos.- Dijo amablemente la mujer mientras se levantaba y me extendía la mano en señal de saludo.- Un gusto conocerlo, me llamo Fanren y este es mi hijo Ryo ¿Eres tú uno de los Li que se supone que llegarían hoy?.- Cuestionó con una temerosa sonrisa dibujada en el rostro.

-Sí, Disculpe mi descortesía me llamo Syaoran, Li Syaoran.

-Un gusto conocerte Li Syaoran, como yo ya dije soy Fanren… Li Fanren

Ambos se miraron y sonrieron ante la situación tan inusual de conocerse, al menos algo bueno había tenido el dejar todo y llegar: había conocido a una de sus tantas hermanas. Ninguno mostraba intención de llamar a la puerta y entrar pues ambos sabían que una batalla iniciaría tan pronto uno de sus pies estuviera en el territorio Li. Ella sabía lo que pasaría al llegar con un hijo a casa, sin un esposo y sin siquiera planes de boda: "decepción total y, podría ser, la posible pérdida de su pequeño en manos de sus padres". ÉL: la deshonra total, rompería su compromiso y se iría con otra a quien, seguramente, sus padres llamarían como una "cualquiera".

Pero aún así, ambos tarde o temprano terminarían entrando a ese lugar…

-¿Ya terminó?-Cuestionó la ojiverde mientras se mantenía ferrada al asiento de aquel avión. Dese Que tenía uso de razón los había utilizado para poder llegar a aquellos inhóspitos lugares que había conocido a lo largo de su vida, pero también recordaba el pavor que le producían aquellas aves de metal cada vez que las utilizaba. Eriol la miró con ternura y sonrió y, descubrió en aquel momento, que no le sería difícil mirarla como una hermana pequeña e indefensa.

Él fue el primero en levantarse y cogió el equipaje de mano de su compañera de vuelo para, después, extenderle la otra mano y ayudarle a ponerse de pie. De nuevo sonrieron mutuamente y comenzaron su caminar por los corredores de la aeronave.

Sakura esperaba que Tomoyo hubiese llegado ya por ella pues, a su parecer, entre más pronto llegara a casa y mandase todo al demonio, más pronto se sentiría tranquila y feliz… porque se quedaría solamente con él y él se quedaría únicamente con ella. Cuando llegaron a la sala de espera Sakura perdió a su acompañante de vista por lo que un profundo miedo la inundó ¡¿Qué se suponía que hiciese es un lugar tan desconocido y tan lleno de gente?!

-¡Sakura!-Gritó una vibrante voz a lo lejos.- ¡Tonta! ¡Estoy a la derecha!-Gritó nuevamente mientras la ojiverde se movía buscando al emisor de aquel mensaje.- ¡No idiota! ¡Tu otra derecha!

Sakura se echó a reír y comprendió quien era la que le llamaba: Tomoyo. La buscó con la mirada y, al encontrarla, se echó a correr para estrecharla fuertemente entre sus brazos: la había extrañado más de lo que ella misma recordaba en aquel momento. No pudo evitar derramar algunas lágrimas mientras escondía su rostro en el hombro de su mejor amiga, de su hermana junto como Ricka Sasaki. Tomoyo la alejó un poco y le limpió las lágrimas que había derramado para, después, obsequiarle aquellas cálidas sonrisas que solamente ella sabía dar a los demás.

-Hay alguien a quien debes conocer.- Dijo ella mientras sonreía y la tomaba de la mano

-Espera Tomy, es que un amigo trae mis cosas.- Dijo Sakura mientras se zafaba y buscaba a Eriol con la mirada ¿Dónde se había metido aquel hombre? Fue en ese momento que se percató de que él estaba al lado de su mejor amiga y no solamente estaba a su lado sino que la abrazaba con ternura, con ese tipo de ternura infinita que no se ve en una relación de amistad. Sonrió cuando lo comprendió: ellos dos estaban juntos.

Mientras tanto, en los interiores de la mansión de los Li, una mujer se limaba las uñas con delicadeza mientras miraba con detenimiento todos y cada uno de los muebles que adornaban aquella majestuoso salón. Si bien Li Futtie era una mujer de mundo, fanática de la moda y muy consciente de la posición social que tenía por el simple hecho de ser una Li y, para ser sincera, le encantaba. Pero no todo era hermoso y brillante por ser una Li, a decir verdad lo mejor que podía hacer era presentarse únicamente como Feimei porque cuando era únicamente Feimei la gente lo le seguía por ella cantidad extravagante de ceros que adornaban su cuenta bancaria, porque de ese modo nadie se enamoraba de su billetera o de sus posesiones… porque en ese momento a nadie le importaba nada mas que Feimei porque ella no era nadie mas que ella… porque ser una Li la convertía en un objeto codiciando y ella, bueno ella únicamente deseaba ser una persona.

Un golpe a la puerta la sacó de sus pensamientos y tímidamente sonrió: alguno de ellos debía de haber llegado a casa. Se levantó para dirigirse a la puerta pero alguien más se adelantó en su camino… su madre. Li Ieran Era una mujer atractiva y enigmática, sus lacios y oscuros cabellos caían desde su cabeza hasta la altura de su cintura y unos ojos negros perfilaban en su rostro. Tras años de espera por fin se había cumplido el plazo y sus hijos, lo que era lo más importante para ella, por fin volvían a casa y ¡Vaya que los esperaba con gozo! los había visto varias veces en aquellos años pero no los conocía como alguna vez había soñado conocer a sus hijos ¿Cómo serían? Grandes personas seguramente, todos bien educados, dignos hijos de semejante dinastía. Sintió de pronto a su esposo a su lado y sonrió… ambos esperaban lo mismo de ellos y abrieron la puerta…

-No quiero ir- dijo Sakura por enésima vez por aquel largo recorrido. Tenía la mirada fija en los grises cielos de la ciudad de Tokio… era evidente que llovería aquella tarde y, para ella, aquello representaba un mal augurio, algo no estaba bien y su corazón se lo avisaba. Tocó con cuidado el dije que colgaba de su cuello y recordó las palabras de Syaoran en su mente, iban a estar juntos y nada ni nadie lo evitaría o, al menos, eso esperaba ella.

Gota a gota comenzaron a caer las diminutas gotas de agua hasta convertirse en una torrencial lluvia que bañaba las transitadas avenidas del lugar. Sintió como el auto se detenía frente a una maravillosa mansión, un lugar digno de una princesa y, en ese momento deseaba ser la limosnera del cuento, la que no era tomada en cuenta. La puerta se abrió delicadamente y pudo admirar los ojos amatista que la miraban un tanto preocupados y una mano que se extendía para invitarla a salir del coche, Eriol estaba tras ella deteniendo una sombrilla y, de la misma forma que su novia, le regalaba una sonrisa de apoyo.

-Es solo el final de tu nuevo principio.- Dijo él a modo de apoyo, agradecía al cielo por haber encontrado a un amigo como él.

-Vamos Sakura… es hora de entrar

Pero al bajar del coche su cadena reventó cayendo a una corriente que viajaba por la calle y entonces se dio cuenta de que nada andaba bien.

-Madre por favor ¡Necesito hablar contigo!-Gritó Syaoran mientras seguía a su madre quien caminaba por todas partes de la casa-¡Entiendeme! Son solo 5 minutos

-¡Pero quién se ha creído Fanren! ¿Un niño? ¡Trajo un niño al mundo sin siquiera decirnos! O peor ¡Sin casarse!-Gritó fúricamente mientras comenzaba a acomodar algunos adornos a modo se sublimación de lo ocurrido-Ve y saluda a tus demás hermanas Feimei, Futtie y Shiefa porque a Fanren a ella ya la conoces ¿no? ¡Y te arreglas que no te depositamos dinero para que andes tan mal vestido!

-Madre eso no importa, yo solo…

-¡Arréglate que falta una de tus hermanas y tu prometida llegará en cualquier momento!

-Madre es solo que…

Pero el timbre sonó son dejarle terminar. Toda la familia se dirigió a la puerta a excepción de Syaoran quien no hizo nada más que golpear la mesa con rabia. Miró el reloj y se percató de que seguramente ella ya debía de haber llegado a Tokio y sonrió… las cosas valían la pena solo por ella y para ella porque, al final, se irían juntos a donde fuera que se pudiese y serían felices por siempre.

-Hijo ven acá, debes conocer a tu hermana.-Dijo una ronca voz desde la sala y supo que su padre no jugaba, Que más daba ya, después de conocer a la última de las Li en llegar les diría la verdad y se largaría para siempre... con ella.

-¡Estás más hermosa que la última vez que te vi!-Dijo Ieran mientras abrazaba a su hija en el marco de la puerta-¡Eres toda una mujer!

-Sí madre, también los extrañé.- Dijo ella con un tono de falsedad que hacía evidente el desgane con el que había llegado.-¿Puedo conocer a mis hermanos ya?

-Claro hija pasa y salúdalas que esta es tu casa.- La joven atendió a lo que su madre le pedía y saludó una a una a sus hermanas- Hijo ¡Tu padre ya te dijo que vinieras!

El joven ambarino caminó hasta el marco de la puerta para ver por atrás a la que se suponía era su hermana pero ¿por qué tenía aquel presentimiento? ¿Dónde había visto ese cabello, ese cuerpo, esa esencia? Quiso acercarse pero le ganó el miedo porque las cosas estaban mal. En aquel momento la joven giró para verle de frente y, la sonrisa fingida que adornaba su rostro desapareció para verle con contrariedad y confusión.

-Li Syaoran te presento a tu hermana Li Sakura…


Pues prometo subir prontooo pero debo ponerme las pilas con destinos entrelazados porque ya lo quiero terminar :P

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Ashaki*