Disclaimer: El Mentalista no me pertenece, no.
Esa noche no fue fácil para ninguno de los dos. La atracción que sentían parecía atravesar pareces y techos y no les dejaba dormir. Varias veces estuvieron tentados de levantarse e ir a buscar al otro. Quizás no fuese necesario decirse nada, sólo estar juntos. Mirarse. Decirse en silencio que siempre estarían ahí para lo que necesitasen. Pero ninguno lo hizo. La noche se hizo larga.
La mañana siguiente fue un poco tensa. Un solo baño y la fina ropa de estar en casa para dos personas que se atraen irremediablemente pero no se han atrevido a dar un paso más en su relación puede llegar a ser una auténtica tortura. Lisbon había planeado levantarse temprano, meterse a la ducha y bajar cuando ya estuviese vestida y lista para salir pero no contaba con el insomnio de Jane. Cuando llegó a la puerta del baño se encontró de frente con un Patrick en pantalón de pijama y sin camiseta. Dejó que se duchase él primero mientras ella iba preparando el desayuno. Cuando él entró en la cocina ya estaba vestido con su traje habitual, todo un alivio para Lisbon, que no había podido dejar de pensar en cómo iba a sobrellevar las próximas mañanas con esas vistas sin enloquecer o caer en la tentación.
Cuando llegaron a la oficina, como era de esperar, los compañeros de la Brigada empezaron a cuchichear sobre su llegada juntos. Fue la tónica del día, todo el mundo hablaba entre sí hasta que Jane o Lisbon se acercaban entonces, sin ningún tipo de reparo e incluso con alguna sonrisilla dejaban de hablar y se les quedaban mirando fijamente.
Poco antes de la hora de comer Lisbon llamó a Jane a su despacho.
- ¿Qué ocurre, Lisbon?
- ¿Has visto a todos? Te dije que pasaría. No dejan de hablar de nosotros.
- Yo no he oído nada, Lisbon, cuando me acerco a ellos se callan. - Le responde con una sonrisilla.
- No tiene gracia, Jane. No quiero que piensen lo que no es.
- Está bien, Lisbon. Ahora mismo salgo y les digo que hemos venido juntos porque me has ido a recoger al motel porque mi coche se ha averiado y que se acostumbren, porque a partir de ahora va a ser así.
- ¡No!
- ¿Pero no decías que querías aclarar las cosas con ellos?
- Sí, pero no diciéndoselo directamente. Parecería una excusa barata. Tenemos que hacerlo de forma más natural.
- ¿Qué propones? - Jane empezaba a divertirse.
- Cuando volvamos de comer tú te vas con los chicos y te echas en el sofá. Un poco después entro yo para comentaros algunas novedades de los casos que tenemos pendientes de cerrar y te pregunto si has llevado ya el coche a arreglar, si vas a necesitar que te siga llevando y trayendo al motel en coche. ¿Qué te parece?
- Estoy creando un monstruo, Lisbon.
- No puedo contigo, Jane. ¿Me seguirás la corriente?
- Claro, Lisbon, ya estoy deseando ver tus dotes interpretativas. Quizás me equivocaba cuando te dije que no sabías mentir...
- Fuera.
Después de comer pusieron en marcha el plan y parece que Lisbon se quedó más tranquila. Los cotilleos no pararon, pero por lo menos ella ya había dejado clara su posición.
Eran ya las ocho de la tarde cuando Lisbon se pasó a buscar a Jane para irse a casa.
- Jane, nos vamos.
- ¿Qué pronto sales hoy, no jefa? - le preguntó Van Pelt curiosa.
- Sï, Van Pelt, yo también tengo una cosa llamada vida y de vez en cuando me gusta disfrutarla.
Jane miraba la situación divertido desde el sofá. Lisbon se dio media vuelta y se dirigió al ascensor.
- Jane...
Ya en el coche, Lisbon empieza a hablar de la cama que quiere comprar para Jane.
- Lisbon, no es necesario que compres una cama, quiero dormir en el sofá.
- Ya hablamos de eso ayer, ¿qué clase de anfitriona sería si no le pusiese una cama en condiciones a mi huésped?
- De verdad que te lo agradezco, pero no olvides el motivo por el que me estoy quedando en tu casa - De repente el tono de Jane se tornó más oscuro. - Yo no estoy allí de vacaciones, ni en busca de comodidad. Yo estoy allí para estar alerta. Para que tengamos tiempo de reaccionar en caso de que quiera atacarte.
Lisbon no dijo nada. Ella sabía que era así, que él no buscaba en su casa un hogar, su hogar. Sólo estaba ahí por John el Rojo y la muy tonta se había olvidado.
- De acuerdo.
Cuando llegaron ese día a casa todo surgió de una forma mucho más natural que el día anterior. Lisbon había dejado de manera muy evidente una distancia de seguridad entre ellos y esa noche prefirió subir a su habitación a leer un libro mientras Jane se quedó abajo qué haría en caso de que John el Rojo apareciese.
La verdad es que no se había parado a pensarlo. Nunca se había caracterizado por su valentía, es más, suele ser de los que se esconde tras la pared cuando las cosas se ponen feas, pero a ella no la puede dejar sola. Se queda mucho más tranquilo estando allí, aunque solo sea para subir las escaleras corriendo a avisarla y ganar con ello unos minutos.
De repente escuchó ruidos fuera, se asomó a la ventana y vio los arbustos moverse. Subió las escaleras de dos en dos, tropezándose sin parar y entró a la habitación de Lisbon como alma que lleva al diablo.
- Creo que hay alguien merodeando en la entrada, Lisbon.
Rápidamente ella se pone en pie, coge la pistola que siempre tiene en la mesilla y baja las escaleras seguida de Jane. Cuando llega abajo todo parece estar en orden pero un ruido sigue sonando en el exterior. En silencio, Lisbon se acerca a la puerta. Ella ya sabe que es el gatito que casi todas las noches se pasea por el vecindario, pero ha decidido gastar una broma a su asesor. Muy despacio abre la puerta y pide a
Jane que se quede dentro. Se acerca al gatito y lo coge.
- Patrick, llama a la brigada, tenemos a un sospechoso de asalto.
Jane no puede evitar la curiosidad y se asoma para ver quién es la persona que ha intentado asaltarles. No puede creer lo que ve, a Lisbon acariciando a un gatito encantador.
- Aquí tienes al ser más atroz y vil del planeta, Patrick Jane.
El alivio se reflejó en la cara de Jane, aunque no le gustaba nada que le tomasen el pelo, y mucho menos cuando es tan probable que un asesino en serie les aceche todas las noches. Entró en la casa y se sentó en el sofá. Lisbon, después de dejar al gatito un plato de leche se sentó a su lado.
- Gracias, Patrick, por preocuparte por mi.
- No vuelvas a hacer eso, Teresa. Si te pasase algo no sé qué haría...
Estaban mirándose a los ojos con una intensidad con la que pocas parejas lo hacen. Lisbon se acercó a él y le abrazó. Fue el abrazo más tierno que le habían dado desde que su hija murió. Cuando se separaron ella le dio un beso en la mejilla y se despidió.
- Buenas noches, Jane.
- Lisbon, déjame dormir contigo.
Prometo que a partir de ahora habrá más Jisbon... creo que era necesario hacer una transición para que fuesen asumiendo sus sentimientos y que no fuese como una revelación. Me pegaba más con esta historia.
Gracias por los reviews! Sois geniales.
