Primera parte


Capítulo tres: Tsukishima


Zona sur de la ciudad de Ikebukuro

18 de julio, noche

Dejando en el suelo una impresionante cantidad de bolsas de plástico (todas repletas de comida para refrigerar), Tsukishima se detuvo en medio del frecuentado parque, pues, llegado a ese punto, siempre olvidaba a que dirección debía de girar. No importaba cuantas veces hubiera hecho con anterioridad aquel recorrido, no era de extrañar que Tsuki tardara mucho más tiempo del necesario en llegar al descuidado departamento de Hachimenroppi.

Mirando en su teléfono celular el mapa de la parte sur de Ikebukuro, Tsuki se preguntó, y considerando el tiempo que había transcurrido desde que se habían conocido, si sería buena idea proponerle al Alterno el mudarse juntos. De ese modo Tsuki se ahorraría muchas preocupaciones pues, cuando éste retornaba a su propia casa, ya bien entrada la noche, no dejaba de preguntarse si Roppi habría cedido de una vez por todas a los macabros deseos que tenía de acabar con su vida.

Sin embargo, salvo por una única excepción y pese a lo cansado que resultaba el cuidar de alguien tan conflictivo como era Roppi, Tsuki nunca se había atrevido a presionarle para que buscara ayuda que no fuera la suya. Si quería que funcionara el lidiar con él, tenía que ser a su modo.

Temiendo que hubiese cometido alguna imprudencia, Tsuki recogió las bolsas y se encaminó con paso rápido al hogar de Roppi. Al hacerlo, Tsuki seguía pensando en el Alterno. De alguna manera quería encontrar explicaciones razonables para el comportamiento de aquel a quien amaba.

Desde que le conocía, desde el momento en que se encontraron por primera vez en las instalaciones en que fueron creados, Tsuki no pudo pasar por alto la nube de sombríos pensamientos que parecían envolver al Alterno; día a día, forzándose a estar solo y deseando que el "Mundo Injusto" dejara de existir. Solo él, Sakuraya y, en contadas ocasiones, Tsugaru –aunque fue Psyche quien le puso el apodo por el cual todos le conocían–, se habían atrevido a intentar hablarle, pero al final, Roppi únicamente le permitió a Tsuki acercarse, sin quedar nunca claros sus motivos para aceptarle como lo había hecho y seguía haciendo.

–¿Roppi-san? Voy a entrar. –avisó el Alterno de Shizuo al llegar a su destino. Tras quitarse la bufanda blanca que usualmente llevaba al cuello y guardar la comida, Tsuki se aproximó a Roppi que permanecía mirando el exterior, casi con rabia, a través de la única ventana que estaba abierta.

Tan contadas veces se exponía al sol, que Roppi tenía la piel pálida, hecho que se resaltaba aún más dado el oscuro cabello que tenía, sumado a lo austero de sus prendas.

–No lo puedo entender. No los entiendo para nada –murmuró éste más bien para sí–, no sé qué tanto sufren viviendo así…Cómo los odio. Los odio mucho…

Tsuki no apartó su atención de Roppi, aun cuando se dirigió al cuarto de baño para buscar los utensilios que requería para mantener limpios los profundos cortes que recientemente se había hecho el Alterno en ambos brazos. Al parecer y para su tranquilidad, estaban sanando sin mayores complicaciones.

Mientras volvía sobre sus pasos, Tsuki no pudo evitar tropezarse con un banco de madera que alguna vez Roppi quiso usar para subirse en el y luego colgarse del techo. En definitiva, no importaba a que objeto mirase uno dentro de aquella casa, en algún momento fue usado en los fallidos intentos del Alterno para sus "variadas" y, no en pocas ocasiones, "creativas" maneras de cometer suicidio.

En realidad, el propio Tsuki se preguntaba cómo podía aguantar vivir de semejante manera, atento a cada signo que pudiera indicarle que Roppi tendría una severa recaída. Por fortuna y, sin duda, debido a la gran insistencia de Tsuki, Roppi había aceptado tomar los antidepresivos que le recetó un médico clandestino, si bien éste no se enteró de que había tratado a uno de los clones de Izaya. No podían culparlo: muy pocos eran los que conocían de aquel proyecto.

Por otra parte y sumándose el banco, aquella casa contaba con poco mobiliario. Tanto así, que la adquisición de un sillón resultaba una verdadera novedad. La razón de aquella compra se dio porque Tsuki expresó sus deseos de pasar de vez en cuando la noche en el lugar.

–Ven –pidió Tsuki, sentándose en el mencionado sillón y, a su pesar, Roppi obedeció y tomó asiento a su lado. Sin decir más, el Alterno se arremangó la camisa y extendió ambos brazos. Tsuki creyó ver en ellos mayor cantidad de cortes que la última vez en que los trató, pero no dijo nada.

En silencio, los Alternos continuaron mirándose a través de los ojos rojos que ambos tenían, si bien los de Tsuki se ocultaban bajo los vidrios de unos lentes de montura delgada.

–Roppi-san, hay algo que debo preguntarte... –empezó Tsuki, acobardándose un poco. Roppi posó su mirada en él, tan fijamente que Tsuki la creyó palpable.

–¿Qué? –preguntó con voz neutra, como de costumbre.

–¿Podría quedarme aquí…? Es decir, de manera permanente –dijo Tsuki sin soltar el brazo de Roppi–. Si no quieres, dímelo –añadió, casi al instante y completamente azorado.

Aunque Roppi era de lo más inexpresivo, a Tsuki le pareció que se había conmovido. Solo él podría haberse dado cuenta de ese detalle. ¿Sería por esa razón, por qué era capaz de ver en él, lo que otros no, que Roppi se permitía tenerle cerca?

Aunque estaban lejos de tener una relación que, según los estándares de la mayoría, se catalogaría como "normal" o sana, Tsuki sabía que lo que tenían ambos, era más que suficiente. O eso se obligaba a creer. ¿Se estaría mintiendo…?

–Tú piensas que no somos monstruos, ¿verdad? –le preguntó de pronto Roppi.

–No, no lo somos… –Tsuki pensó que Roppi buscaba que le dijera algo más, pero no pudo hacerlo. Después de todo, ni el propio Tsukishima sabía lo que eran, pero tampoco le importaba.

Habiendo pensado por demasiado tiempo lo que estaba a punto de soltarle, Roppi apartó su brazo y después empezó a frotarlo con el otro, de manera distraída.

–Eh, Tsuki, ¿podrías prometer que me ayudarías en lo que fuera? ¿Me seguirías en todo lo que te pudiera pedir alguna vez, no importa lo malo que parezca?

–Sí.

–¿Me das tu palabra?

–Sí.

No te imaginas lo que sería capaz de hacer por ti. Haría de todo, aunque no pudiera el Mundo Injusto perdonarme por ello. Lo sabes, siempre lo has sabido, Roppi.

–Entonces, quiero que me ayudes a matar al maestro –dijo Roppi con una expresión de piedra–, luego, me dejaras ir. Necesito que me digas que lo harás, Tsuki. Por favor. No hay ninguna otra cosa que valga la pena hacer con esta odiosa existencia. Aún con todo, ¿sigues manteniendo tu palabra?

–Sí, Roppi-san… Yo… Yo haré lo que me pidas –le mintió, pero Roppi no se dio cuenta. O quizá, solo fingió no hacerlo. Sea como fuere, el alterno se quedó sentado en el sillón, haciéndose de esa manera mutua compañía hasta la mañana siguiente en que optaron por buscar al informante de Shinjuku.

Barrio de Shinjuku y sus alrededores

19 de julio, noche

Aunque el maestro no le despertaba el menor interés, Tsuki le siguió con la mirada. Si tenía que intervenir, lo haría sin mayores reparos. Apretando la correa de su mochica que llevaba al hombro, Tsukishima se recargó en el árbol más próximo, al tiempo en que Izaya y Roppi convertían aquel lugar en una verdadera zona de peligro. Apenas se vieron, los dos empezaron a pelearse. A tal punto encontraban desagradable la existencia del otro. No había más claras contrapartes que ellos dos.

–¿No piensas detenerlos? –dijo Shizuo acercándose y queriendo saber la razón de aquella persona que era idéntica a él, al menos físicamente. Para sorpresa de Tsuki, el guardaespaldas pareció lidiar bastante bien con el asunto (no sabía que de igual forma había reaccionado al conocer a cierta dullahan). En cualquier caso, ¿no le importaba que Izaya pudiera resultar herido?

–Únicamente si debo hacerlo… –respondió.

Shizuo empezó a fumar.

–¿Qué eres?

–Nos… Solemos llamarnos Alternos. Clones, si lo prefiere, Heiwajima-san.

–…

–Quizá debería de preguntarle al maes… A Izaya Orihara.

Shizuo no entendió por qué alguien que era idéntico a él, podía mostrarse nervioso.

–Esa persona con quien has venido, no parece muy feliz…

–No, nunca lo ha sido.

Viendo aquel duelo de navajas, Shizuo no pudo pasar por alto los cortes que veía en el cuerpo de Roppi, en especial aquellas que se asomaban en sus muñecas. Fue entonces que entendió.

–Quiere morir –declaró, volviendo a posar su atención en Tsukishima.

–No, se equivoca. Si Roppi no me hubiera contado que cree en la existencia de algo más después de la muerte, pensaría que en verdad detesta la vida. Pero no es así –el mismo Tsuki se sorprendió de la seguridad con la que dijo aquello.

–¿…?

–No es lógico suponer que no desea desaparecer –quiso decir, quizá buscando una confirmación.

–¿Podrías apostar por eso? Si es su deseo morir, deberías ayudarle a cumplirlo, por muy macabro que suene, ¿no?

–Aun sí tengo que mentirle, no permitiré que muera. ¿No haría lo mismo, Heiwajima-san? –Tsuki miró su mano apretada en un puño–. Solo dejé de renegar de la fuerza que tengo, cuando supe que podía usarla… ¿No comparte conmigo ese mismo sentimiento? –tras una pausa, añadió: creo que es obvio. ¿No se había percatado de eso antes?

Tsukishima no tenía manera de saber que había cometido un terrible error: aunque no mal intencionadas, sus palabras le hicieron pensar a Shizuo en aquello que apartaba de sus pensamientos, momento a momento. Entonces, ¿no estaría él, el monstruo de Ikebukuro, enamorado de Izaya Orihara? Hacía más de un año y medio que empezaron a frecuentarse únicamente para pasar el rato y desahogarse. Pero ¿no también estaba a la espera de proteger a la estúpida pulga de cualquiera que tratara de arrebatárselo? ¿Quién sino Izaya podría acercarse a él, pese a su bestial fuerza? Sin Izaya estaría por completo solo. Poco importaba lo que dijeran los demás.

En definitiva, tenía que amarlo. De lo contrario, y como suele decirse, no le habrían roto el corazón de la manera en que lo hicieron durante el día siguiente, 20 de julio. Tan sumido se vio en sus pensamientos, que Shizuo no se dio cuenta de que Tsukishima se había marchado tras ver que Roppi se alejaba del lugar. Al final, no fueron capaces Roppi e Izaya de matarse entre ellos. Si lo hacían, lo mismo daba acabar con su equilibrio… Cuando Izaya le confió aquello a regañadientes, Shizuo no supo que decir, salvo lo que le atormentaba. Solo se dio cuenta de aquello por la conversación que tuvo con el recién conocido clon.

A partir de ese momento, todo se fue a pique…

-o-o-o-

El alivio que sintió Tsuki al ver que Roppi aún permanecía sentado en el borde de la azotea, terminó por hacerle caer rendido sobre el piso. ¡Poco importó aquella fuerza de la que era poseedor! Por algunos segundos, creyó haber llegado tarde. Pero el saber que ese día que temía fuera inevitable, no se dio, le hizo reír y llorar. Todo al mismo tiempo.

Roppi se volvió con tal brusquedad al recién llegado, que se llevó las manos al cuello herido. Luego, viendo los ojos temblorosos de Tsuki, no pudo hacer más sino ofrecerle su mano, invitándolo a sentarse junto a él. Solo de ese modo estaban completos, tenía que reconocerlo.

Ruborizándose, Tsuki aceptó su mano e igualmente se quedó cerca del borde, sin atreverse a balancear los pies como veía hacer a Roppi.

Aunque muy serio, a Tsuki le pareció que el otro no estaba enojado. No estaba enojado, pues, desde el principio, supo que Tsuki no le dejaría matar o morir.

–No me hagas algo así de nuevo –le dijo Tsuki con voz suave y ciertamente aliviada.

–No.

–¿Puedo… pensar que vas a vivir? –preguntó con un dejo de esperanza.

–No, no puedes. Te mentirías.

–Ya veo…

A Roppi le dolio ver a Tsuki con la mirada triste.

–Pero voy a intentarlo. ¿Eso te hace feliz?

–Sí.

–No quiero vivir. No puedo soportar todo esto –dijo Roppi estirando los brazos, como si quisiera rodear lo que tenía frente a sí. Trató de abarcar la ciudad de Ikebukuro.

–Lo sé. Aun así, gracias.

–¿Tsuki…?

–Mmm.

–Vamos a casa.

–¿Eh? –Tsuki le miró con sorpresa.

–Ahora vives conmigo, ¿no?

Hundiéndose un poco en su bufanda, Tsuki no pudo evitar sonreír.

–Gracias, Roppi-san.

–Aun con todo, creo que no eres un monstruo.

Te equivocas; lo soy. Pero ¿a quién le importa? A mí no. Si este monstruo puede salvarte y mantenerte con vida, me aferraré a él. De estar en mi lugar, ¿no tratarías de hacer lo mismo? O quizá, y aunque te hayas resignado a seguir aquí, lo has hecho en todo momento. ¿Vives por mí?, se preguntó Tsuki sin soltar la mano de Roppi quien, olvidándose del odio que le embargaba y agotaba a partes iguales, se estiró para plantar un beso en la mejilla de Tsuki y después pedirle que dejara de llamarle con honoríficos. Tsuki asintió antes de levantarle del suelo.

Si bien se habían frustrado sus planes, la presencia de Tsukishima en su vida, hacía más llevadero el dolor que sentía Roppi al no poder marcharse de aquel Mundo Injusto.

-o-o-o-

Mientras los Alternos retornaban a su hogar, el hermano de ambos, les miraba ceñudo. Envuelto en la cortina de humo de cigarro que generaba él mismo, el hombre mostró los dientes. Lo hizo no solo porque consideró demasiado ridículo el amor que se daba cuenta mostraban tener los demás clones, sino también porque no tardó en distinguir el olor de su desagradable presa. Pudo notarlo aunque se encontraba entremezclado con el aroma de la sangre.

Volviendo a cargar la pesada cruz metálica, el Alterno se marchó en busca de Izetsuki.


Próximo capítulo: Sakuraya (7 de febrero).

N del A. ¡Espero que todos se encuentren pasándola muy bien! Tengo que reconocer que estoy un poco nerviosa con la presente actualización, pues sé que a muchos les gustan los Alternos de Tsukishima y Roppi. ¡Espero no decepcionarlos! Pero con toda confianza, háganme saber si quedaron bien sus personalidades. Mantendré cruzados los dedos para no ahuyentarles.

¡Les mando abrazos y besos! ¡Muchas gracias por leer, comentar o añadir la historia a sus "Follow/Fav"! (n_n)

Cualquier crítica, sugerencia o comentario, siempre es bien recibido. ¡Me resultan muy útiles!

Respuesta a los comentarios.

Feriol: ¡Qué gusto me da que hayas comentado la historia! A mí también me agradan mucho los personajes de Tsuki y Roppi. Espero que sus personalidades sean acordes a las originales. Hazme saber si te gustaron, lo agradecería mucho. Si no te parecieron, aun podemos hacer algo en el futuro capítulo dedicado a Roppi… ¡Cuídate, Feriol!

P.D.: Me gusto el pseudónimo que tienes (debía decírtelo).

Uchihaberenice: ¡Gracias por siempre comentar mis historias! Me sacas muchas sonrisas. Ya sabes; me encanta que Izaya termine perdiendo en sus propios juegos… A ti también, ¿verdad? ¡Te mando muchos besos! ¡Hasta la próxima, bonita!

Karasu-shiro: ¡Es un gran alivio saber que te gusta el fic! Me halagas… Veo que no solo tú se sorprendió por la aparición de Izetsuki… Es curioso, yo pensé que ya tenía bastante tiempo de haber sido creado… ¡Fue de los primeros que conocí! Voy a esforzarme en llevarles al límite… ¡Vamos a tratar de sorprenderte! ¡Te mando un cálido abrazo! ¡Suerte, linda!

SaraHoss: ¡Wow! Creo que eres de las pocas personas que me ha dejado un comentario tan largo… ¡Me encanta que seas una chica de pensamientos poco escuetos! Siéntete con la libertad de escribirme cuanto quieras… Encantada de leerte. En buena parte, fuiste tú quien me puso a trabajar de inmediato en el capítulo. Te diré que, aunque me gusta mucho como es la historia original, yo supe de la serie leyendo un dōjinshi Shizaya… ¡Me paso lo mismo que a ti! En fin, si alguna vez tienes tiempo, te pido me hagas feliz comentando "¿Mi acto más egoísta…?" Espero no haberte decepcionado con este capítulo… ¡Ten una excelente semana!

P.D.: Me dio mucha ternura tu imagen de perfil… ¡Toda mona!