Estructura.

-…- (diálogos)

-.Hola.-(pensamientos)

OOoOoOoOoOoOoOoO.-(Cambio de escenario, con diferentes personajes)

OOoOoOoOoOoOoOoO.-(Cambio de escenario con mismos personajes y otro tiempo)

-Fash black- (inicio del recuerdo)

-Fin del Fash black.-(termino del recuerdo)

(N/A: ) .- Notas de autora (solo abra pocas)

Claro no podía olvidarme de explicar el formato jejejej es esencial.

Y con un lamentable hecho. Descargo la responsabilidad pokemon no me pertenece al igual que sus personajes. Son estrictamente propiedad de su creador.

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Un leve toque distrae a su mente, se detiene de teclear mientras exclama un adelante. Sabe que ella viene por la misma razón que las demás parejas, lo que nunca se hubiera imaginado es que fuera diferente, en cierta manera, a las anteriores. Tuvieron riñas, algo desagradables, más tiene la seguridad de que es una buena chica con un buen corazón y sabe que sea a quien escoja, lo cuidará muy bien. Solo estaba haciendo su trabajo, proteger a los niños es su deber como su deseo, espera que ella llegue a perdonarla y, si es que todo va bien, llegar a ser buenas amigas.

―Te estaba esperando.― Habla la dueña de la oficina.

―Me hubiera gustado venir lo más pronto posible más tenía asuntos pendientes que atender. ― Exclama la recién llegada.

―No tienes que explicarme nada.― Se levanta de su silla y se encamina a la salida de la habitación, se detiene a unos pasos de la joven y coloca su mano derecha en su hombro.―Sin rencores.―

Sonríe la joven de ojos azules―Sin rencores.―

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Si dijera que no está asustada ni nerviosa sería una total mentira. Esto es algo nuevo aunque siempre haya imaginado tener aquello de lo cual Wally goza no se esperaba que fuera de esta manera. Ciertamente, no es igual pero es lo que pudo conseguir. Al menos hasta ahora, nadie sabe cómo las cosas cambiarán.

Ahí está en medio de la confusión y la certidumbre. Su seguridad la perdió en aquel instante que entro en esta habitación. Colorida si debe agregar, risas, cantos y sonrisas armonizan. Le dan una bienvenida que la asusta. Ha podido hablar con aquellos curiosos, sorprendidos por su llegada. Con pequeñas altivas y altaneras, niños juguetones y sonrientes, cómicos además de eufóricos más no ha podido sentir esa conexión que tanto imagino. Aquella conexión que solo una madre logra tener con su hijo. Camina con pasos imprecisos, observando el lugar, siendo seguida de cerca por la señora Beckson. En ese momento lo ve, al pie de aquel árbol, su corazón se detiene y sus piernas se debilitan, cae inevitablemente. Su mente no puede procesar lo que sus ojos ven. Es idéntico a él cuando era niño.

―Señorita Zafiro, ¿Se encuentra bien?.― Pregunta la señora de cabellos castaños oscuros mientras le ayuda a levantarse.

Sin despegar la vista de aquel niño habla ―¿Quién es?―

―Él se llama Red, llegó aquí siendo un recién nacido y sin nombre. Las voluntarias le nombraron Red por el color de sus ojos aunque a mi parecer son parecidos a dos….―

―Rubíes― Le interrumpe la joven morena.

―Sí, este año cumple 4 años. Es un niño muy callado y solitario por más que hemos querido ayudarlo a integrarse a los demás niños pareciere que nuestros intentos son infructuosos. No te aseguro nada, de igual manera, varias parejas han desistido con solo haber estado con él 3 minutos. ―

Ignorando su último comentario se acerca a él.― Yo lo lograré en 5 minutos.―

No sabe si la motivación por querer estar cerca de él es por su parecido físico o por que le recuerda a ella en cierta forma. Aquella aura de melancolía que desprende un niño de solo 3 años, casi 4, es sorprendente. Su mente debe ser un laberinto de sentimientos tristes y su alma estará llena de desilusiones. Pero creé que solo él y nada más él puede entender su dolor. Al llegar donde se encuentra toma asiento en silencio mientras observa a los niños jugar.

―Me llamo Zafiro.― Habla quedamente, el niño la mira de reojo y continua garabateando en su cuaderno.― ¿Tus dibujos son tristes porque tu corazón aguarda soledad?―

Al escuchar esto el niño, sorprendido, voltea a mirarla. Detiene sus trazos de aquel cuaderno mientras la analiza con su mirada rubí.

―Yo también me siento sola aunque este rodeada de gente. Aunque tenga a mis padres. Mi corazón aguarda una soledad y tristeza que desgarra mi alma al paso de los días.― Dirige su mirada a los ojos rubíes del pequeño mostrándole todo sus sentimientos guardados en esos escasos segundos. El mundo se detiene, olvidan todo lo que les rodea, es como perderse en su propio mundo. Sin dejar de mirarse, sin palabras ni gestos, comunican aquellos sentimientos oscuros que tanto atormentan a sus almas. Decidida a que es la solución correcta, exclama. ―Yo te propongo un trato. Toda mi vida he soñado con tener la familia ideal más la vida se ha empeñado en complicar mi sueño. Tal vez no pueda ofrecerte una familia convencional, solo seríamos tú y yo. Pero puedo asegurarte que nunca sentirás más esa ola de soledad en tu corazón. Juntos podemos apaciguar nuestros miedos.― Le brinda su mano.― ¿Aceptas el trato?―

― No puedo prometer nada pero me esforzaré en ser el hijo perfecto.― Habla por primera vez el niño. Toma la mano de la joven.

Sintiendo aquel frágil gesto sabe que cualquier adversidad que se presente podrá enfrentarla ahora con la valentía que finge poseer.

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Nunca pensó que aquella joven mujer de cabellos castaños fuera una billonaria, su pinta es simple, nada ostentosa pero él y el empleado de caja solo atinan a observar el monto de todas las cosas compradas en la pantalla negra. Su sorpresa es mayor al ver que su nueva madre le da su tarjeta sin ni siquiera ver la cantidad además de ayudar a su chofer con unas cuantas bolsas, que el pobre hombre tuvo que dar varias vueltas para poder llevarse todo.

―Red, ¿Puedes acompañar a Luis al auto?, no tardaré mucho, lo prometo.― El niño asiente y sigue al rubio.

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Si pensó que su madre adoptiva era billonaria, la mansión que está al frente de él solo reafirma su sospecha. Sus ojos se abren de la sorpresa, nunca pensó que llegaría a ser el hijo adoptivo de una persona billonaria. Ella dice que está sola, es algo que no puede entender, ¿Cómo alguien tan rica y hermosa se siente sola?. Si ella puede tener lo que desea.

―¿Te gusta?.― Le pregunta la susodicha.

―Me encanta, tiene una casa muy hermosa señorita Zafiro.―

―Es nuestra casa pequeño Red además no me digas señorita Zafiro.― Rápidamente analiza lo dicho y trata de enmendar su error hablando atropelladamente.― No te estoy diciendo que me digas madre o mamá tan rápido, solo cuando tú te sientas cómodo, claro que me gustaría pero no quiero obligarte, es decir; si tú quieres dime más no ahora, no es que no es correcto ahora bueno, lo que quiero decir es que…..― Suspira― ¿Ya te confundí verdad?

―Me temo que si pero entiendo su punto.― Le toma de la mano.― No es molesto para mí, ni incomodo, tal vez sea pronto pero daré lo mejor de mí.―

Sonríe tiernamente la joven mientras aprieta levemente el agarre.― Sé que lo harás. Vamos adentro que todos te están esperando.―

―¿Todos?―

―Ya verás.―

Entran a la mansión, caminando por los pasillos de madera. Pasando por varias habitaciones hasta pararse al frente de unas puertas grandes de papel y madera.

―¿Listo?― Pregunta Zafiro.

―¿Para qué?― Sonriendo la joven abre las puertas y al instante se escucha….

―¡BIENVENIDO!― Gritos de júbilo, trompetas y confeti es lo primero que alcanza a identificar, observa aquellas sonrisas de alegría en aquellos rostros nuevos. Aplausos lo invitan a pasar, su agarre su vuelve más fuerte con una sonrisa cómplice, Zafiro lo lleva a la cabecera de la mesa.

Ve pasar delante de él a todos los empleados del lugar, saludándolo, abrazándolo, incluso otros pellizcando sus mejillas. Risas y frases alegres lo aterrorizan como de igual forma lo alegran. Su hermosa madre no se ha separado de él ni un segundo, entendiéndole perfectamente. Agradece a Arceus de haber escuchados sus plegarias, su vida apenas comienza y parece que va en una buena dirección.

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Ve como Zafiro se acerca a él con una caja de regalo en mano. Sonríe mientras le entrega su presente.

―Les agradezco mucho sus atenciones pero no era necesario esto, ya me has dado mucho.―

―Te equivocas Red― Dice la morena― No es suficiente comparado con lo que tú me ofreces. ― Sonríe tiernamente― Ábrelo. ―

El pequeño niño cenizo abre el regalo, sus ojos se agrandan en sorpresa y una sonrisa se dibuja en su delicado rostro de niño. Con mucho cuidado saca el estuche de lápices para dibujo además del cuadernillo especial.

―¿Cómo? ―

―Te vi mirarlo en la tienda, supe que tenía que comprártelo.―

―Gracias― La mira con ternura.

―Es fabuloso― Exclama la señora Hatsu.

―Lamento que debo retirarme unos minutos Red pero debo atender unos asuntos, Hatsu y los demás se quedarán contigo. Trataré de no llegar tan tarde.― Le revuelve su cabello cenizo, se despide.

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Da otra vuelta por la habitación, no le sorprendería si un camino se formara por el suelo. Cómo desearía que el tiempo corriera más rápido, extraña tanto a su familia. Suspira mientras cierra sus verdes ojos.

―Melody, Drew, los extraño.―

―Pero que lamentable vista, por eso no tienes tantos retadores. Desmotivas con solo verte.―

Se gira avergonzado solo para quedar sorprendido.― Zafiro, ¿A qué has venido?.―

―Solo hay una forma de saberlo.― Sonríe pícaramente. ― ¡Ve toro!.―

― ¡Altaria, yo te elijo!― Wally observa con seriedad a su querida amiga.― ¿Sabes qué significa lo que estás haciendo Zafiro?.―

―Menos charla y más acción.―

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Vuelve a esforzarse más y logra cargar, a duras penas, el costal de comida para los pokemons. Es un trabajo difícil para alguien de su edad y estatura pero le prometió a su padre que siempre ayudaría a su mamá además de cuidarla. No piensa fallarle así que con pasos certeros recorre el camino hacia los jardines. Admite que está cansado y que no podrá sujetar más el costal que comienza a resbalarse poco a poco de sus manos, lo acomoda en su hombro aunque en realidad lo lleva a rastras. Suspira profundamente y prepara su mente, no cabe duda que ese pequeño ejercicio funciona pues ya no siente el peso del costal, en absoluto, dirige su mirada hacia el cielo encontrando a una cabellera verde muy conocida para él.

—¡Papá!—Se gira rápidamente y atrapa su pierna derecha en un abrazo.

Wally se agacha con cuidado, dejando el costal de lado y abraza a su hijo con tanto cariño. —Aquí estoy hijo, aquí estoy.—

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Corre por los pasillos a toda prisa y entra estrepitosamente a la habitación. —Perdón por la tardanza— Exclama entre jadeos sorprendiendo al niño.

—No hay de qué preocuparse señorita Zafiro, la estaba esperando.— El niño le sonríe mientras se acomoda en la cama. La muchacha de cabellos castaños se acerca a pasos lentos a él, se sienta en la cama.

—No puedes dormirte sin escuchar una historia.—Toma un libro de cuentos y arropa al pequeño mientras se prepara para la lectura. Le sonríe tiernamente.—Este es uno de mis favoritos. ¿Por qué aullan los lobos a la luna?—Comienza a relatar.

"Al principio, hace muchos muchos años, el sol y la luna caminaban entre nosotros. También lo hacían los espiritus de los pokemons, y de los bosques y las montañas. Los humanos aprendíamos de ellos, y los tratabamos como a respetados ancestros.

Un día, Lobo caminaba entre sus amados bosques y se encontró con una mujer hermosa con un aura muy poderosa por lo que intuyó, acertadamente, que se trataba de un poderoso espíritu. En efecto, se trataba de Luna, que estaba deleitándose de la noche estrellada.

Se presentaron cortésmente y, cuando Lobo le preguntó que estaba haciendo por allí ella sóla, puesto que por muy poderosa que fuese, también había otros poderosos espíritus de la naturaleza por aquellas tierras, le contesto que estaba esperando a Sol, su marido. Lobo se ofreció, cortésmente, a esperar con ella, por si acaso alguno de esos otros espíritus se acercaba. Poco antes del amanecer, Sol apareció para reunirse con su mujer y, tras saludar fríamente a Lobo y agradecerle que acompañase a su esposa mientras que ella le esperaba, se la llevó de allí.

Varios días después, Lobo volvió a encontrarse con Luna en circunstancias parecidas y, de nuevo, le hizo compañía hasta que reapareció Sol. De nuevo este se porto educado pero frío con Lobo y acabó llevándose de allí a su esposa al poco rato.

Cada pocos días la situación se volvía a repetir y, poco a poco, con las conversaciones que mantenían Lobo y Luna mientras esperaban a Sol, Lobo fue enamorándose de Luna, pese a saber cuánto amaba esta a su marido. Y, también poco a poco, Sol iba siendo cada vez más hostil con Lobo, visiblemente celoso. Sin embargo, poco a poco Luna cada vez iba sintiéndose más cómoda con Lobo a su alrededor, aprendiendo lo que era tener a alguien que la escuchase y la mirase como si fuese lo más importante del universo, pero, pese a lo que pudiese parecer, no sentía más que amistad por Lobo; y este lo sabía.

Finalmente, uno de esos días, estaba Luna muy triste puesto que, pese a todo lo que amaba a Sol, no conseguía que su marido se preocupase un poco más de estar con ella y un poco menos de recorrer el mundo observando a los humanos y deleitándose de su adoración hacia él. Hablando con Lobo sobre el tema, las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, por lo que él la abrazó para consolarla, con tan mala suerte de que, en ese momento, apareció Sol. Les miró unos segundos antes de encenderse, literalmente, totalmente furioso y abofetearla, gritando y proclamando a los cuatro vientos que, ya que ella le había sido infiel, nunca volvería a mirarla cara a cara. Tras eso, salió del bosque sin mirar atrás.

Lobo se sintió dividido entre sí salir detrás de Sol y darle una lección por cómo había tratado a Luna o consolarla y cuidarla por el daño que le había hecho su marido y, finalmente, venció esta segunda opción. Cuando se giró para mirarla, vio que tenía un lado de la cara totalmente quemado y lloraba profusamente tanto del dolor como de la tristeza ante la actitud de su marido. Lobo la tomó entre sus brazos y la llevo a su cueva, donde le curó la cara y la cuidó hasta que estuvo totalmente recuperada de la odisea. Cuando ya estuvo lista para irse, habló con Lobo y le dijo:"

La muchacha cambia de página y continua su relato con una voz distinta.—"Te agradezco profundamente tu ayuda y tu amistad, pero me temo que debo irme de estas tierras puesto que, cada vez que hablo contigo, cada vez que te veo, no hago más que recordar lo que he perdido por los celos de mi marido... Respetaré su deseo y no volverá a verme, y antes de irme, quisiera agradecerte tu amistad, puesto que es lo único que ha evitado que hiciese alguna tontería. Como muestra de mi agradecimiento, tú y todos los tuyos podréis ver igualmente bien de día como cuando la única luz que haya sea la mía."—Vuelve a retomar el tono de narradora.

"Diciendo eso, salió de la cueva, sin mirar atrás y ocultándose la parte quemada de su rostro. Cuando Lobo estuvo seguro de que ya no podía oírle, empezó a llorar y aullar de dolor puesto que, pese a que sabía que sólo podría tener amistad, incluso eso lo había perdido por los celos de Sol.

Muchos años más tarde, los espíritus dejaron de andar entre nosotros, pero todos los descendientes de Lobo conocían la historia de su ancestro y compartían su tristeza. Por eso, aúllan lastimeramente cada vez que ven la Luna y, también por eso, hacen la mayoría de su vida de noche, con la esperanza de que si pasan todo el tiempo que puedan bajo su atenta mirada, finalmente se apiadará de su ancestro y volverá a su lado, aunque sólo sea para compartir su amistad.

También es por eso que la Luna nos muestra siempre el mismo lado de su cara, puesto que el que oculta tiene la cicatriz que Sol le causó y, finalmente, es por eso que nunca veréis al mismo tiempo en el cielo al Sol y a la Luna."

—Es una triste historia― Comenta el pequeño con un dejo de tristeza.

―Así es― Suspira melancólicamente la joven.

―Me gustaría poder ayudar a Luna y a lobo.― Habla sinceramente red.

Zafiro sonríe hermosamente, acaricia su cabello y le da un beso lleno de amor en la frente.― Descansa.― Se levanta de la cama para dirigirse a la salida, se detiene en el umbral de la puerta.― Dulce sueños.― Apaga la luz y cierra la puerta mientras retoma su camino.

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Suspira profundamente, necesitaba urgentemente salir de esa oficina tanto trabajo y presiones lo estaban consumiendo. Observa las hojas de los arboles mecerse en un tranquilo vaivén. El suave viento besa su rostro.

Hoy fue un gran día pudo encontrar un buen lote de piedras, todas únicas en su clase y otras ya las tenía más son sus favoritas. Feliz admira el tranquilo y hermoso paisaje que le regala la naturaleza, por el rabillo del ojo capta algo muy peculiar que llama su atención. Se acerca con sumo cuidado y de forma silenciosa, ahí en los pies de aquel frondoso árbol yace dormida una persona.

¿Acaso será ella?, su mente se debate en recorrer su cabello acaramelado de sus mejillas sonrosadas para observarla mejor. Su curiosidad parece ganar y su mano temblorosa remueve lentamente su cabello, ahoga un suspiro. Sabía que es ella, es increíble, precisamente pensaba en ella mientras buscaba rocas y se materializa delante de él. Admite que tenía ganas de verla, ha pasado varias semanas sin saber de la joven, aunque, sus visitas a la casa de sus padres se han vuelto más frecuentes, no ha contado con la suerte de verla. Ahora reposa tranquilamente, sin preocupaciones, se ve tan hermosa como un Ángel.

Sin saber que fuerza en su interior lo motivo a acariciar con las yemas de sus dedos, la suave mejilla sonrosada de la morena. Aquel leve toque provoca un cosquilleo y lentamente abre sus ojos apareciendo aquellos dos Zafiros que lo han cautivado.

La muchacha lo observa detenidamente con ojos somnolientos. Un acero profundo, fuerte, frío y misterioso. Alza su brazo y recorre con sus dedos la mejilla derecha, sigue hacia su mentón, se detiene un momento. Dibuja sus labios un poco agrietados, deja caer su brazo. La joven se irgue quedando sentada en la fresca hierba del bosque. Lo voltea a ver, un poco más despierta.

―Supongo que estoy muy lejos de casa, ¿verdad?.― Pregunta con una voz tan baja.

Ríe ligeramente y responde el joven con una sonrisa.― Me temo que sí.―

― ¿Qué hora es?―

―Faltan 10 minutos para las once― Zafiro pierde cualquier rastro de sueño.

―¡10 minutos!, ¡La junta es a las 11!―Se levanta preocupada― ¡Llegaré tarde!― Exclama toda eufórica mientras recoge su capa blanca y se la coloca sobre sus hombros.

El joven solo atina a observarla y con aquel gesto puede adivinar las preocupaciones de la muchacha, conciliador, sonríe. Luego abra tiempo de explicaciones.―Con gusto te llevo―

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Honestamente fue una sorpresa ver llegar a la bruja acompañada de Stevy y más grande fue cuando éste se ofreció a ayudarle en la junta, habiendo visto a la morena completamente nerviosa. Ahora los dos tortolitos están en un rincón de la habitación, hablando sabrá Arceus, un aura intima los rodea como tal adolescentes enamoradas. Puede asegurar que no es el único que se ha percatado de ello. Su querida esposa lo observa con aquella mirada de advertencia, le brinda una sonrisa traviesa mientras se dirige a cierta pareja.

―¡Stevy!― Los dos presentes respingan de sorpresa y con el nerviosismo a flor de piel, dirigen su atención al recién llegado, separándose unos cuantos centímetros.―No sabía que me extrañaras tanto como para venir a verme en el trabajo. ¡Oh! ¡Arceus! ¡Esto es un gran honor!―Con lágrimas falsas continua la escena―Pensé que este día nunca llegaría.―

―¡Hola chicos!―Saluda agradable Winona siendo correspondido su saludo.

Wallace toma por los hombros a su amada esposa y la zarandea.―¡Puedes creerlo! ¡Stevy vino a verme!― La suelta y hace una pose cool― Debo ser un amigo tan maravillos.―

La mujer de cabellos morados pone los ojos ante las ocurrencias de su pareja.―No vino a verte a ti si no a Zafiro.― Apaga las ilusiones de su alocado marido y señala con su mano a la morena.

El heredero Stone se sonroja completamente por el comentario y nervioso trata de explicar la situación.― Nos encontramos en él camino y yo solo quise a acompañarla. ―La Campeona de Hoen pierde poco a poco los colores rojizos de sus mejillas al escuchar a Steven.

Más el dueño de Devons Corporation es salvado por su buen y querido amigo.―Eres todo un caballero Steven.― Le guiña secretamente a la joven morena haciendo que regresen los colores a su rostro.

―Bueno me retiro, ya va siendo hora de recoger a las niñas.― Comenta Winona.

―¡Oh! ¡Arceus! ¡Es tan tarde!― Exclama Zafiro mientras observa la hora.― No alcanzaré a llegar, no le hable a tiempo a mi chofer.―

―No te preocupes, yo puedo llevarte. Mi carro esta en ciudad Férrica.― Sonríe el joven de cabellos plateados.

―Te lo agradecería mucho Steven.―Le observa con gratitud, brindándole una sonrisa.

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Se levanta de puntitas, tratando de ver por los arbustos y la reja de la escuela. Vislumbra una cabellera color caramelo y unos ojos zafiros, sin más corre hacia ella.

―Zafiro― Exclama feliz mientras alza sus brazos siendo correspondido por un abrazo fuerte de parte de la joven.

―Yo también te extrañe mucho.― Acaricia su cabello y le da un ligero beso en la frente. El niño se percata del acompañante de la joven y se esconde entre sus piernas.―Tranquilo, es un amigo mío. Red conoce a Steven Stone, Steven mi hijo Red.―

El heredero de la fortuna Stone queda completamente sorprendido ante esta revelación, su respiración se acorta y sus ojos se abren pero es traído a la realidad por la muchacha.

―El señor Stone tuvo la amabilidad de llevarnos a casa. Dile gracias.―

―Gracias señor Stone.―

El ex campeón se pone de cuclillas y acaricia los cabellos del niño― Dime Steven, señor Stone me hace sentir viejo.― Le sonríe sinceramente.

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Después de comer con Zafiro y de su corta interacción en el comedor, quedo de acuerdo con ella en regresar a la hora de la cena y hablar sobre ese pequeño tema que lo inquieta. Como había pensado antes, no conoce muy bien a la joven y ella puede guardar tantas sorpresas iguales a Red. ¿Quién es su padre?, ¿vivirá con ellos?, ¿se separaron?, ¿Falleció?. Muchas dudas nublan su mente lo mejor será ser paciente, todo se resolverá.

Revuelve los papeles nuevamente, es un caso perdido, no puede concentrarse. Suspira agotado y rendido el joven de ojos platinados.

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La cena estuvo tranquila y sin contratiempos, el niño fue muy educado y tranquilo, pareciere algo inseguro ante su presencia cosa que Zafiro se encargó de calmar. Antes de que la morena regresara con los postres logro ver un bosquejo rápido del pequeño, cosa que halago por sus buenos trazos, ganándose una sonrisa ligera pero sincera del niño.

Ahora espera a que la dueña de la casa regrese con la bandeja de té y galletas aunque quedo muy satisfecho y no cree que pueda comer algo más.

―Disculpa la tardanza Steven―

―No fue mucha― Se levanta y toma la bandeja de las manos de la joven, rosándolas ligeramente y causando un sonrojo en ambos. Sonrojo que rápido fue borrado del ex campeón al recordar al pequeño.―Permíteme― Sonríe.

Zafiro prepara las tasas de té mientras toman lugar en los cojines mullidos. ―Yo siempre quise tener una familia.― Comienza a relatar, entregándole su tasa correspondiente.―Tener un esposo e hijos. Mi relación con mis padres es muy mala al menos con mi mamá. Quería sentir esa calidez, el amor de familia.― Toma un sorbo siendo seguida por el joven atento.― Tenía una pareja con la que cumpliría mi sueño o eso pensé hasta que me dejó.― Observa su tasa de té como la cosa más interesante del mundo.―Fue algo duro para mí, estaba perdida, no sabía que hacer hasta que conocí a la señora Takamura en mi camino sin rumbo. Ella era una anciana amable y de buen corazón vivía en las montañas de Kanto, los aires de las montañas la ayudaban a sobre llevar su enfermedad.― Sus miradas se cruzan.―Me adopto como su nieta y me ayudo a recuperarme. Me incito a cumplir uno de mis sueños, ser un científico pokemon. ― Sonríe sinceramente, recordando viejos tiempos.―El estudio fue pesado pero ella siempre confío en mí. No fui a la única que ayudo, fuimos dos jovencitas perdidas las que recogió y nos levantó.― Toma otro sorbo de té.― Ella falleció pero me dejó toda su herencia, al principio no entendía por qué pero ella, por medio de una carta, me hizo ver que yo le había dado tanta felicidad y amor en esos años que sus hijos en toda su vida. Murió feliz sabiendo que se encontraría con su esposo.― Sonríe con melancolía. ― Yo no pude integrarme completamente pues nadie quería a una ermitaña y enojona muchacha.― Es interrumpido por el joven.

―Tú no eres una ermitaña y enojona, eres una señorita muy hermosa y de buen corazón. ― Habla con convicción y sinceridad.

―Me alegra que pienses eso.― Sonríe tiernamente, el hombre de negocios se sonroja ampliamente.― Más otras personas no opinan lo mismo que tú. Me di por vencida, no soy buena en las relaciones además quede un poco decepcionada de la anterior que decidí cumplir mi sueño sin un esposo así que por medio de disputas legales logré ser sujeta para adoptar un niño.― Termina su tasa de té.― Red es prueba de ello.

El joven de platinados ojos medita todo lo contado por la morena.― Pero, ¿eso te hace feliz?―

Sonríe sinceramente―Como no tienes idea―

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Camina dando vueltas por su oficina mientras habla por teléfono, es estresante como los accionistas quieren controlar todo y cuestionar sus decisiones es por ello que siempre pide las juntas pero pareciere que solo lo quieren hacer enojar pues estos no atienden a sus demandas.

―Si, si, si, como le dije eso lo veremos más a detalle en la junta del jueves. No, no, no, eso se decidirá entre todos.― Observa el reloj en la pared de su oficina. ―De acuerdo, en eso quedamos, nos vemos el jueves. ― Cuelga la llamada y se permite dar un suspiro para relajarse. Se acomoda su corbata roja y se dispone a salir de su oficina.―Confirma la junta del jueves señorita Wolowitz y cancele la reunión de las 12 de hoy y cambie la del martes a las 3, es todo.―

―Señor Stone, el señor Kimura desea hablar con usted.― Se levanta desesperada por su atención.

―Dígale que no estoy.― Dice por último antes de salir completamente del lugar.

Tal vez esto se volvió una rutina pero una que disfruta gratamente. Se dirige a su auto de un gris platinado y conduce hacia un pequeño parque de ciudad Ferríca.

Una joven de cabellos color caramelo sube al auto, al asiento del copiloto.―No debiste esperarme en el parque, yo podía ir por ti.― Exclama el joven Stone.

―Eso sería mucha molestia Steven.― El nombrado trata de contradecir pero es detenido rápidamente― No me digas que no Stone.―

Ríe ligeramente mientras se dirigen a su destino.― Cuando me llamas así siento que me estas regañando.―

Con una sonrisa la joven responde.― Así es, Stone― Le saca la lengua.

Al llegar al lugar el joven se baja rápidamente para abrirle la puerta a la muchacha, ella agradece y toma su mano para ayudarse a bajar. Todos los presentes solo observan a la pareja del lujoso auto dirigirse a la escuela, esperando la hora de salida. Al poco rato llega un niño de cabellos negros y ojos rubíes siendo recibido por los brazos de la joven de ojos zafiros y una caricia en el cabello por parte del hombre. El pequeño toma de la mano a la joven y al señor Stone quedando entre los dos.

Cualquiera pensaría que es una encantadora familia.

Si tal vez su vida se volvió rutinaria pero es lo mejor que le pudo haber pasado. Sonríe ante lo contado por el niño, en un instante su mirada su cruza con los ojos azules de la joven, se detiene unos instantes contemplándolos y transmitiendo tantos sentimientos no dichos. Una sonrisa de complicidad se desliza por los labios de ambos jóvenes.

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Listo!, un pequeño regalo de navidad atrasado. Agradezco sinceramente a las personas que se han tomado su tiempo para leer la historia. Son mi inspiración.

Mando un agradecimiento a Sasha Minari17 y a invitado. Gracias por acordarme de esta bonita historia.

Y cierto Sasha Minari17, Wallace esta algo loquito n.n

No se preocupen aún queda más por ver.

Por favor comenten si les gusto la historia. Me encantaría mucho saber su opinión.