Advertencia del fic: Podría contener personalidades Ooc | Uso de palabras altisonantes | Clasificación 18+ | Universo alternativo | LongFic/Dark | Narración en primera y tercera persona.

Advertencias del capítulo: Referencia al maltrato animal / Tortura. Personas sensibles abstenerse de leer la parte encerrada en doble paréntesis.

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Arco I.

Luz y Oscuridad

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"La distancia entre la sabiduría y la locura

Es la misma que la del odio al amor..."

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Capítulo 3.

—Maquinista de Deseos Impuros—

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•1•

El viento erizaba los vellos de su cuerpo y el contraste de la espesa oscuridad remarcaba su inquietud. Ella, valerosa había salido de aquel lugar sin un ápice de miedo en su voz ni mucho menos con deseos de volver ahí, con el hombre que se había convertido en su más grande martirio y dueño de sus más recientes pesadillas. Tal vez había sido una suerte o pura obra del destino la que se encargó de darle la fuerza necesaria para rechazarlo esta vez y, dejarlo con las ganas de una buena dosis de sexo continuo.

Otra ventisca entró por la ventana abierta de su automóvil y la sacó abruptamente de su ensimismamiento, por lo que molesta levantó la vidriera polarizada del mismo; su vista al frente del volante, manejando como si nunca quisiera llegar a su destino y a la vez, escuchando música metal en su reproductor, con un volumen bastante elevado para sus frágiles tímpanos. Empero, aquello no le importaba cuando quería despejar su mente de ese hombre con complejo de vagabundo bien vestido... Ese maldito vago.

Cruzando los suburbios casi desiertos –algo extraño a esas horas de la madrugada–, Ino tragó seco; observar todas esas calles sucias y las paredes llenas de dibujos bizarros y mensajes perturbadores –a los cuales la gente llamaba arte urbano– de calidad mediocre, le causaba un temor sin sentido alguno. Ella no vivía por esos lares de la ciudad y sin embargo, su deseo por no llegar a su hogar la llevó hasta ahí, donde una mujer merodeaba con la mirada perdida y, al parecer, sin rumbo fijo.

—¿Sakura?

Esa chica desaliñada y perdida en sus pensamientos era la misma que se había extraviado hacía dos días; la chica que la consideraba a ella su «mejor amiga» sin importarle las humillaciones públicas que le hacía... Sakura, la misma Sakura de la que ahora podría burlarse y tachar como una «retrasada mental.»

Frenó el auto y bajó el volumen de su reproductor después de haberse orillado en la acera, con la intención de que Haruno la viese y así, mostrar su ponzoña una vez más contra ella. Se lo merecía. Sakura merecía que la humillaran y la pisotearan de todas las formas posibles; todo por haber decidido casarse con Sai, por haber arruinado sus sueños de ser una modelo profesional y por ser una estúpida víctima que todo lo solucionaba con palabras bonitas. Tan sólo de pensarlo le daba tortícolis, quería desaparecerla. Quien sabe, quizás hasta ella misma podría echarle el auto encima y esconder su cadáver en cualquier calle de ahí. Nadie se daría cuenta en un distrito tan mediocre y marginal como ese.

La miró pasar de largo sin siquiera mirar a los lados y fue cuando se dio cuenta de que no estaba en sus cinco sentidos. Es decir, alguien que sólo portaba una bata de seda ensangrentada de la entrepierna e iba sin zapatos, no podía tener el cerebro despierto. Entonces Yamanaka temió lo peor.

¿Qué le había pasado a Sakura?

Apretó el volante con fuerza, debatiéndose entre hacer lo correcto o no. Bien podía dejarla seguir su camino sin importarle que pudiera ser víctima de la delincuencia, o inclusive, atropellarla sin remordimiento, como antes lo había pensado. Pero algo dentro de ella se lo impedía. Y eso era la estima que Ino le tenía a la ahora vagabunda Sakura. Siempre fueron buenas amigas, hasta lo sucedido con Sai; antes de eso, ambas eran unidas por aquella fraternidad que no se medía con lazos sanguíneos; Sakura siempre estuvo ahí para ella cuando quedaba traumada a causa de los golpes que su padre, Inoichi, le daba estando alcoholizado; y viceversa, cuando Sakura despertaba por las noches orinando tras haber tenido la misma pesadilla con su madre ahogándola, Ino la consolaba como una verdadera hermana. Ambas eran una misma y, desgraciadamente, así sería siempre.

Era por eso que no podía dejarla abandonada a su suerte.

Salió del auto cuando se dio cuenta de que ella ya se estaba alejando y le daba la espalda; le siguió el paso, temiendo asustarla más de lo que ya se veía y finalmente, acercó su mano temblorosa al hombro erizado de su amiga, como si su solo tacto la fuera a romper.

—Sakura... ¿Estás... Estás bien?

La aludida detuvo sus pasos tras el llamado, acción que a Ino le comprobó que en efecto, esa chica era Sakura. Sin embargo, no se había girado si quiera a verla de soslayo, lo cual la alertó más sobre lo que pudo haber pasado durante dos días enteros. La rubia observó cómo temblaba, tal vez por el descenso de temperatura; por lo que no dudó en encararla y cuestionar su paradero.

Casi agrandó los ojos a más no poder. El aspecto en el rostro de Sakura era deplorable: su cabello estaba despeinado y opaco, como si no se hubiese bañado en todo ese tiempo; sus grandes ojos verde jade, ahora estaban inyectados en sangre y marcados por unas ojeras que delataban su falta de sueño, o su estrés; sus mejillas, anteriormente brillantes y sonrosadas, ahora carecían de color, pues estaban tan pálidas como la luna en el firmamento, además de tener rastros secos de lágrimas; y sus labios, se encontraban tan resecos que incluso se podían apreciar agrietados.

—¿Ino? —Formuló la chica de cabello rosa—. ¿Eres tú?

Yamanaka no respondió, pero tampoco hizo falta que lo hiciera, ya que Sakura sonrió como si hubiese encontrado la salvación y posteriormente, se lanzó hacia ella, rodeando su cintura fuertemente con los brazos mugrientos; Ino pegó un respingo ante tal acción, empero, pese a su instinto higiénico de querer alejarse lo más posible, no la apartó ni un centímetro, pues se dio cuenta de que había sollozos de por medio. Algo dentro de ella se removió. ¿Cómo podía darle la espalda a la persona que más la quería en el mundo? ¿Cómo podía se capaz de abandonar a la única persona que le ofreció apoyo y consuelo? Se sintió una basura por dejarse llevar por problemas estúpidos como la obsesión hacia un hombre, cuando su mejor amiga, casi hermana, se encontraba extraviada... Sufriendo.

No hizo el intento por corresponder al abrazo de Sakura. Mucho menos supo cuánto tiempo había pasado desde aquello. Simplemente se dejó llevar por las lagunas mentales que aquejaban sus memorias y, en silencio lloró.

Ino definitivamente no era así. Ni ella misma se reconocía. Porque, apartar lentamente a su mejor amiga, sin siquiera darse cuenta de ello, era algo que había ocurrido a raíz de que Sai hubiera aparecido; y peor aún, ese distanciamiento se intensificó con la llegada de Shikamaru a su vida, quien la trataba peor que a una prostituta.

Los odiaba. A los dos los odiaba con cada fibra de su ser.

[...]

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•2•

Danzo Shimura podía ser el alcalde de la ciudad, de buenas influencias y uno de los hombres más poderosos del distrito, dejando claro que su posición social era una de las mejores. Nadie, absolutamente nadie podía meterse con alguien como él sin pagar las consecuencias de sus obsoletos actos.

O casi nadie.

Porque de un momento a otro, mientras él revisaba solicitudes sin importancia en compañía de un buen vino añejo, la puerta de su despacho se abrió con violencia, dejando ver a un joven que lo llamó escupiendo cada letra; de cabellos lacios y azabaches; mientras que su mirada era tan oscura como el color de sus ojos. Danzo lo conocía perfectamente, era nada menos que Sai, aquel muchachito que una vez trabajó para él en su campaña como candidato a la alcaldía. El mismo que juró matarlo si lo veía cerca de su novia, por la cual se volvió loco.

—¡Señor alcalde! —Nombró con voz alterada una joven detrás de la puerta—. Este hombre irrumpió sin autorización.

El mayor torció los labios en un intento de sonrisa. Aquella mueca nunca se le hubo dado con naturalidad.

—No te preocupes —le restó importancia—. Él es un... Amigo cercano.

Sai arrugó el entrecejo con aversión y apretó los puños. Él no era ni de cerca un amigo para el hombre que se creía el dueño de la ciudad, mucho menos era cercano a él. Las ganas por saltarle hacia la yugular lo tentaban de manera seductora, casi incitándolo en voz alta.

Danzo ordenó a su secretaria que los dejaran a solas, a lo cual, la nerviosa mujer obedeció no muy convencida; posteriormente, tomó su copa de vino tinto y dio un largo trago, saboreando extasiado aquel líquido que danzaba lentamente por su cavidad bucal y casi quemaba su garganta y esófago; miró a Sai con detenimiento, esperando que escupiera todo el veneno que a simple vista, demostraba tener acumulado y sonrió arrogante. Seguramente se encontraba ahí por causa de su novia.

—Espero, por tu bien, que no tengas nada que ver con la desaparición de Sakura.

No sé equivocó.

Nunca creyó haber visto a Sai enamorado. Es decir, ese chico era tan vacío que él mismo dudaba que tuviera alma; el egoísmo era el factor dominante en su carente humanidad, por lo que nunca se ocupaba por el bienestar o la opinión de los demás; pero sobre todo, Sai era un hombre tan misterioso que nunca había siquiera pronunciado su apellido y sólo pocos lo sabían. Como él.

—¿Y por qué soy yo tu primera opción? —Se hizo el desentendido.

—Deja de hacerte el imbécil —Sai gruñó entre dientes—. Te lo preguntaré sólo una vez y espero que respondas sin rodeos. De lo contrario, esparciré tu sangre alrededor de esta habitación.

—Adelante, hijo —la burla en las palabras de Shimura era notoria.

Normalmente Sai era un hombre reservado y calmado, pero ahora no podía controlar su temperamento, no sin tener noticia alguna sobre su prometida, mientras el hombre frente a él no hacía nada más que mofarse descaradamente de él. No dudó un segundo en tomarlo del cuello de su elegante y pulcro saco negro y acercarlo a su rostro, con el objeto de hacerle saber que no estaba jugando; Danzo ni se inmutó, al contrario, la mueca en sus labios se ensanchó al ver de cerca el brillo en los ojos del chico. Un brillo que destilaba furia.

—¿Dónde mierda está Sakura? —Sai masculló con voz gutural.

Ahora era el momento para que Danzo frunciera el ceño, borrando todo rastro de burla sobre su rostro. Él no tenía nada que ver con la chica en cuestión y Sai lo culpaba como si estuviera seguro de que algo tramaba con ella, cuando claramente estaba siendo cegado por el miedo de perderla. Casi sintió lástima por él que, siendo uno de sus mejores subordinados y con excelentes expectativas de secundarlo, hubiera caído tan bajo por una simple mujer.

Una idea cruzó por su mente y estuvo seguro de que lo que diría, haría enfadar más al chico. Pero poco le importó. Su presencia comenzaba a ser fastidiosa teniendo en cuenta que estaba siendo sometido a un inminente interrogatorio. Así que no dudó en apartar de sus prendas, las pálidas manos de Sai con brusquedad y posteriormente, sacudirse el inexistente polvo.

—¿Por qué habría de saberlo yo? —Su voz era firme—. En todo caso, ¿eso no es algo que debería saber tu querido primo?

El solo énfasis que Shimura le dio a la última pregunta, lo dejó por un instante inmóvil en su sitio. ¿Qué quería decir con eso? ¿Que su primo estaba rondando en los alrededores? No, eso no podía ser posible. En primer lugar, por que su primo le había dejado claro que no quería tener nada que ver con ese lugar, mucho menos con ellos; y en segundo lugar, por que estaba internado en un hospital psiquiátrico.

—Un día me dijiste que tu primo tenía cierto interés en esa chica ¿cierto? —Danzo continuó, haciendo que Sai lo volteara a ver fijamente—. Pues hace poco me enteré de que ese crío escapó de donde sea que estuviera y ronda cerca de ella... Tal vez más cerca de lo que te imaginas

—¿Cómo sabes...? —Dejó su cuestión al aire, intentando procesar la información recibida.

—No preguntes estupideces —el mayor volvió a sonreír—. Sabes perfectamente que tu apellido y todo aquel que lo lleve, es algo de lo que debo cuidarme. No importa si eres tú o ese lunático primo tuyo.

Sai apretó sus puños, ahora con más ira contenida. Si lo que Danzo decía era cierto, las probabilidades de que Sakura estuviera bien se reducían radicalmente hasta ser nulas. Él odiaba a su primo, a él y a ese maldito apellido que lo habían llevado a la miseria; era por eso que no le gustaba mencionárselo a nadie, ni siquiera a Sakura. Por que se sentía humillado al portarlo y sobre todo, una escoria al saber que toda esa familia estaba llena de criminales y enfermos mentales. En especial su primo.

Él no era como ellos. Él solamente deseaba vivir en paz a lado de su futura esposa, sin tener represalias por tener un apellido inmundo. Y en el fondo tenia miedo. Miedo a que Sakura se enterara sobre el oscuro pasado de su familia y lo que aún hacían; miedo a que ella supiera que era el blanco de uno de sus familiares, todo por causa de una obsesión sin sentido alguno. Por que pese a que Sai supiera sobre aquella obsesión de su primo hacia Sakura, no tenía idea de la razón por la que él la buscaba.

Debió haberlo matado cuando tuvo la oportunidad.

Finalmente se giró sobre sus talones con la intención de marcharse, no sin antes advertir a Shimura que tuviera cuidado sobre sus acciones. Él sabía de sobremanera que no era bueno mencionar su apellido con tanto ahínco para amenazar a alguien, pero en ese momento no le importó en absoluto. Si tuviera que usar a su familia para ahuyentar a Sakura del peligro, lo haría. Y si tenía que eliminar a algunas personas del mapa por ella, también lo haría. Todo con tal de vivir a su lado en perfecta paz.

Y su molesto primo no se entrometería.

Aunque también portara el apellido Uchiha.

[...]

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•3•

—Adelante, acompáñeme.

Después de que la mujer le dijera aquello, comenzaron a caminar a través de los largos pasillos que conectaban a varias habitaciones. Sin poder evitarlo, soltó un bufido al aire al ver las paredes tan blancas y monótonas, casi tanto como su aburrida vida en días anteriores. No había ventanas que pudieran dejar entrar los rayos del sol que le decían que afuera había un nuevo y esplendoroso día; ni mucho menos, alegres y radiantes enfermeras que animaran a sus pacientes a vivir un poco más, cuando ellos tenían contemplado como primera opción, el suicidio... Vaya mierda.

Se detuvieron en una de las tantas habitaciones y él esperó pacientemente a que la enfermera introduciera la llave correcta de su llavero repleto de ellas; rodó los ojos al ver que se le cayeron al suelo en el acto de introducir una en el cerrojo para volver al proceso de buscarla. Claramente era una chiquilla incompetente que quizás estaría en sus primeros días de trabajo, lo dedujo al ver su nerviosismo por abrir la puerta y encontrarse adentro con algún esquizofrénico. No le halló sentido a eso, pero le restó importancia cuando la puerta finamente fue abierta y ella le dio acceso a la habitación, mas algunas indicaciones, advertencias y tiempo establecido.

Entró a la casi vacía habitación, mientras paseaba su vista por los alrededores; tan sólo una cama, una mesa de noche y una silla eran la simplona mueblería que adornaba las acolchonadas paredes de la estancia, dándole un tinte deprimente; no supo cuándo la puerta fue cerrada por la enfermera, empero le importó poco, pues el motivo de su visita estaba ahí, sentada justo al frente de él, en forma de una mujer de edad avanzada.

—Sasuke... Has venido.

La mujer pudo haber corrido a abrazarlo, sin embargo, sus brazos se encontraban inmovilizados gracias a una caliza especializada que los ataba a cada extremo de su cintura. Sasuke sintió pena por ella que se acercó, sin importarle que la enfermera hubiera dicho que no lo hiciera; posteriormente, llevó su mano a la rubia cabellera de la mujer, revolviendo un poco su corto cabello.

—Sí —respondió—. Te lo prometí, ¿no es así? Aquí estoy... Yo no te abandonaré.

—Gracias —ella soltó una carcajada un tanto tétrica—. Eres como un hijo para mí.

—No lo soy —sentenció abruptamente, ensombreciendo la mirada—. No soy nada tuyo, que te quede claro.

La mayor negó con la cabeza y Sasuke sólo pudo suspirar. Sabía que no le haría caso a su advertencia estando en ese deplorable estado. Nunca lo haría. Por eso decidió pasar el asunto de largo y concentrarse en el motivo de su visita.

—Y dime... ¿Cómo está ella?

En ese instante supo a quién se refería la mayor con esa pregunta; observó a detalle la expresión en el rostro femenino, marcado por su enfermedad y la vejez prematura en forma de finas arrugas que se asomaban en sus mejillas, frente y alrededor de sus brillantes ojos verdes. No obstante, parecía seguir siendo una niña, sobre todo cuando él la visitaba y le hablaba de sus actividades fuera de ese hospital.

—Hablé con ella —respondió sin emoción alguna—. Va a casarse.

—¡¿Contigo?! —El brillo en los ojos de la fémina se intensificó y casi saltó encima de él.

Comenzó a hablar sola y él tensó su espalda al escuchar aquella cuestión. Pretendía que ella se callara al contarle eso, empero, desató la curiosidad insaciable de ella y sinceramente no estaba con ánimo de convertirse en un niñero. Intentó calmarse para no ahorcala ahí mismo y hacer que cerrara la boca de una vez.

—No —finalmente ella calló—. Con un idiota que la hace sufrir.

Fingió molestia, haciendo que ella enfureciera y lanzara maldiciones al aire en contra de todo mundo. La tenía donde quería. Era bastante fácil manipular a su antojo a alguien con escaso orden mental.

—Mebuki —llamó antes de que llegara a hacer algún escándalo—. Tienes que detenerla. Tu hija será infeliz si se casa con un tipo como él... Ella no piensa, no razona y él le está lavando el cerebro.

—Mi pequeño ángel —susurró, mirando fijamente al suelo—. Mi Sakura está en peligro.

—Así es —Sasuke le dió la razón. La tomó de los hombros, haciendo que lo mirara a los ojos—. Mebuki, te sacaré de aquí. Pero prométeme algo: matarás al desgraciado de su prometido. Sakura es lo que más amo en la vida y no quiero verla sufrir; pero no puedo ser yo quien mate a ese imbécil, porque iría preso y así no podría ser feliz con ella... Tú no quieres eso, ¿verdad?

—No —Mebuki dijo apenas exhalando. Miró al Uchiha con súplica, entonces él supo que su trabajo de embaucador había terminado ahí. Ella haría lo que él ordenara—. Sasuke, hijo... Por favor, sácame de aquí. Necesito proteger a mi hija.

—Lo haré. Estarás libre más pronto de lo que te imaginas.

Sasuke sonrió satisfecho ante la atenta mirada de Mebuki. Manipularla a su favor había resultado mucho más fácil de lo que esperaba y al parecer, ella haría lo que fuera con tal de ver a Sakura cerca de él. La lealtad que le mostró con su palabra se lo hizo saber.

Sin embargo, tenía que caminar con cuidado al tratarse de ella. Por el simple hecho de estar tratando con una enferma mental.

Un arma de doble filo.

—Sasuke, quiero verla.

Después de todo, había sido ella quien atentó contra la vida de Sakura en el pasado.

[...]

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•4•

Ya era más de medio día y ella aún seguía sentada en el mismo lugar, a un lado de la cama, esperando a que su ocupante despertara finalmente y pudiera relatarle lo sucedido horas atrás. De vez en cuando bebía agua, pero solamente era para mantener sus labios y garganta hidratados; no había comido y tampoco tenía apetito, pese a que el hombre a su lado le ofreció el desayuno recién salido el sol y, el almuerzo una hora atrás.

—No lo entiendo. Dijiste que te importaba poco lo que le pasara a esta mujer.

Ino miró con desdén al chico. Tal parecía que también le había contado sobre su relación con Sakura sin siquiera darse cuenta. Tal vez fue en uno de sus tantos encuentros sexuales, la verdad no imortaba mucho. En ese momento se sintió estúpida al haber llamado a ese hombre, pero no tenía otra opción. Él era ginecólogo.

—Cállate, Shikamaru —advirtió—. Si estás aquí, es únicamente para revisar su estado de salud. No para darme sermones.

—Como sea —Nara se encogió de hombros—. Ya te dije que no ocurre nada malo con ella, al menos no físicamente. La sangre se debe a su periodo menstrual y no tiene indicios de haber sido atacada sexualmente, así que deja de imaginarte cosas.

Ella asintió vagamente sin estar del todo segura. Le aliviaba saber que Sakura no había sido víctima de abuso sexual o maltrato físico, sin embargo, algo le inquietaba y eso era lo que habría pasado durante esos dos días de su desaparición. Bien podía llamar a la policía o a sus familiares para que le hicieran las preguntas necesarias, pero no quería agobiarla. No sin antes estar segura de que se encontraba en sus cinco sentidos.

—Aunque, hay algo que me inquieta un poco —Shikamaru susurró para sí mismo, empero, Ino logró escucharlo.

—¿Qué?

—Me da la impresión de que ha sido sedada —explicó, observando el cuerpo inerte y escuálido de Sakura—. Además, claramente muestra signos de anemia, lo que me lleva a pensar que no ingirió alimento alguno durante el tiempo que duró desaparecida —esta vez dirigió su mirada a la rubia—. Ino, tu amiga fue secuestrada.

Ella agrandó los ojos con sorpresa. ¿Quién pudo haber hecho algo así? Sakura no era la gran cosa ni tampoco tenía dinero como para que alguien le pusiera el ojo en la mira, mucho menos para ser secuestrada. ¿Por qué motivo alguien llegaría a secuestrarla, entonces? Aquello era algo que se salía de ímpetu. Además de eso, la de cabello rosa estaba ahí ahora, durmiendo plácidamente, o así parecía; tal vez hubo escapado de su secuestrador sin que se diera cuenta, o él la dejó ir al ver que no le servía.

Su mente dejó de divagar al ver que la chica en cuestión comenzaba a despertar. Sakura abrió los ojos con suma lentitud y parpadeó perezosa, acostumbrándose a la mullida almohada bajo su cabeza, que por cierto, le daba vueltas.

—¿Dónde estoy?

Cuando finalmente despertó, lo primero que vio fueron los ojos azulinos y preocupados de Ino, para después posar su vista en el hombre a un lado de la rubia con un gesto despreocupado. Fue entonces que se levantó de golpe.

—¿Ino?

—Sakura —la rubia trataba de no abalanzarse sobre su amiga. Había estado tan preocupada—. ¿Estás bien?

La de ojos jade parpadeó confundida un par de veces, sin entender a lo que se refería. No recordaba nada desde su fiesta de compromiso con Sai, por lo que se imaginó durmiendo placenteramente en su propia cama, quizás con un desnudo Sai a su lado. No en casa de Yamanaka, siendo cuestionada por su bienestar, algo que no tenía sentido considerando que ella se encontraba sumamente feliz por su nuevo compromiso.

De pronto, un balde de agua fría se manifestó en forma de recuerdos. Momentos que no quiso recordar y un rostro que no quería guardar en su memoria.

—Sa-Sasuke...

No podía. Simplemente no podía estar invadiendo su vida para llevarla a la miseria. Sasuke Uchiha no podía, no debía estar vivo. Ella misma había firmado su sentencia de muerte tras aquel incendio en su infancia. El destino no participaba esta vez, estaba segura de ello.

Sasuke había regresado para hacerla sufrir... De nuevo.

—Flashback (Catorce años atrás)—

—¡Vamos! Demuestra que eres fuerte, que eres superior a esa cosa.

Sasuke la miraba expectante. Sangre goteaba de su mano y su ropa estaba manchada con la misma. Sakura no pudo reprimir una arcada; verlo de esa manera tan despreocupada estando en esa situación le daba asco, pero de alguna manera lo comprendía. Él solamente tenía deseos de matar.

Tal vez por eso se hizo amiga de él. Porque ninguno tenía a nadie que llenara su vacío sentimental y todos en el orfanato los tachaban de desquiciados; también, ambos eran parecidos en algunos sentidos, pues Sasuke no tenía familia a causa de una masacre por su propio hermano y ella, no tenía a alguien a quien llamar «madre», puesto que Mebuki había intentado matarla. No podía llamarla ni siquiera por su nombre, la odiaba.

—Si no lo haces, te meteré el desatornillador en el ombligo, Sa-ku-ra.

Tragó grueso ante tal amenaza, mirando con miedo el cuchillo entre sus manos –el cual tomó de la cocina sin que la encargada se diera cuenta–. Ella sabía que Sasuke hablaba enserio y no dudaba que hiciera lo que dijo si no cumplía con su orden. El Uchiha solía ser bastante sanguinario a pesar de su edad.

No obstante, los adultos no hacían nada por detenerlo. Era como si también tuviesen miedo de lo que pudiera hacer en su contra. Incluso una vez escuchó por accidente una conversación entre dos hombres y uno de ellos era el director; la misma conversación en la que el niño era claramente mencionado por el otro hombre, como si lo protegiera de lo que los encargados pudieran hacerle. Y se sorprendió cuando el apellido Uchiha fue nombrado, dejando pálido al director. Como si la sola mención del apellido provocara un cataclismo.

—Sasuke, no puedo hacerlo. Por favor... —Pidió a punto de romper en llanto—. Déjame ir.

—Ya es tarde —musitó con la mirada perdida en el pequeño gato que yacía inmóvil, maullando con desesperación por libertad e intentando levantarse, a pesar de tener las cuatro patas rotas—. ¿No lo ves? Ese pequeño animal indefenso está sufriendo. No seas cruel y termina con su sufrimiento de una vez.

((La niña apretó con fuerza el utensilio entre sus manos. ¿Cómo Sasuke podía ser tan despiadado? Él mismo había sido quien le provocó tal sufrimiento al pequeño gato de color blanco; el felino tuvo la desgracia de ser encontrado por el Uchiha, quien lo llevó a la bodega pretendiendo cortarle el pelaje con unas tijeras y únicamente se defendió arañando su cara; Sasuke se molestó tanto que tomó un martillo y comenzó a golpear las patas del pobre animal, sin preocuparse por que le arañara las manos, intentando escapar, o maullara de sufrimiento; pronto la sangre corrió por las extremidades molidas del ser indefenso, manchando su blanco pelaje de carmín, lo que le hizo saber al niño que ya no escaparía de él.

Sakura, que desde el principio acompañaba al Uchiha, palideció ante la escena mostrada. Eso era demasiado para ella, aquel niño estaba demente y ella no podía quedarse ahí como espectadora de algo tan bizarro. No lo dudó no un segundo y se giró sobre sus talones para emprender la huida. No obstante, Sasuke alcanzó a detenerla justo antes de que cruzara el umbral del la puerta, tomándola del brazo fuertemente. Ahora, debía matar al gato, o ella sufriría las consecuencias de no hacerlo.

—Eres una tonta —gruñó mientras se acercaba a ella y le arrebataba el cuchillo—. ¿Acaso no puedes hacer esto?

Antes de que la niña pudiera protestar, Sasuke enterró el cuchillo en el estómago del animal, dando como resultado un sonido agónico que le heló la piel; sacó el objeto con lentitud y volvió a apuñalar unas tres veces más, mientras ella solamente veía cómo el gato se retorcía entre su propia sangre, sin poder hacer nada más que llorar y suplicar que se detuviera de hacer algo tan inhumano como aquello. Finalmente y tras una apuñalada más en el lomo del felino, éste murió.))

De nuevo se orinó del miedo, sin ser consciente de ello. Su vista no podía apartarse de la retorcida sonrisa que Sasuke mostraba tras haber matado al animal. Él era el demonio personificado, alguien que merecía el mismo sufrimiento que había sufrido aquel animal instantes atrás. Estaba jodido. Y ella debía alejarse de él lo más pronto posible si no quería terminar de la misma forma.

—¿Ves como se hace? —Sasuke rió descaradamente.

No respondió, no hizo falta. Sakura podía comprender todo el sufrimiento en Sasuke Uchiha y sus motivos para odiar a la sociedad; sin embargo, no podía entender su sádico comportamiento, no sólo hacia los animales, sino también hacia sí mismo. Justo en ese momento creyó en las palabras de los demás niños hacia él: no merecía vivir.

Ella debía hacer algo para detenerlo. Pronto. Antes de que la bestia dentro de él se desatara.

Antes de que dañara a más seres vivos.

Antes de que fuera imposible detenerlo.

—Flashback end—

—¡Sakura, Sakura!

Salió de su ensimismamiento como si le hubiesen dado un fuerte golpe en la cara; pronto se dio cuenta de que había comenzado a hiperventilar y respiraba entrecortada, entonces se asustó. Nunca había tenido tanto miedo de alguien, hasta que Sasuke llegó a su vida. El Uchiha se había encargado de volver su vida un infierno en tan sólo tres meses y ahora, que pensaba haber superado ese mal trago, regresaba sin más para destrozarla una vez más. No podría soportar su presencia, no otra vez.

—Sakura —llamó Ino notoriamente pteocupada—. Dime qué te pasó... ¿Quién es ese tal Sasuke? ¿Fue quien te secuestró?

Agrandó los ojos al escuchar ese nombre. Estaba jodida. Ino ahora sabía de la existencia de Sasuke y eso la ponía en peligro, pero lo peor de todo era que sospechaba que había sido él la causa de su desaparición.

Negó con la cabeza frenéticamente y se levantó de la cama con rapidez, ignorando las preguntas de la rubia y la mirada cautelosa del moreno, al cual ni siquiera conocía; posteriormente, emprendió una carrera hacia la salida y huyó del lugar, con la intención de ir hasta el lugar donde Sasuke la mantuvo cautiva y encararlo de una vez por todas. Si contando con tan sólo seis años ya era un asesino, no quería imaginarse lo que era ahora que tenía veinte años de edad.

—¡Sakura, espera! —Ino intentó detenerla, sin embargo, ya era muy tarde. Sakura se había marchado.

—Ino —Shikamaru la sostuvo del brazo, impidiendo que fuera tras Haruno.

—¡Suéltame, Shikamaru! —Gritó desesperada—. ¿No viste su estado? ¡Puede pasarle algo malo!

—Justamente por eso no quiero soltarte —la miró con seriedad, afianzando su agarre—. Precisamente porque vi su mirada, tan llena de odio... Ino, yo no quiero que a ti te pase nada.

Ella casi se sorprendió ante tan repentina frase, empero, pronto entendió que esa era una de sus tantas tácticas para persuadirla. Shikamaru no se preocupaba por nadie que no fuera él mismo y dudaba que algún día lo hiciera.

—No seas ridículo, puedo cuidarme perfectamente —se soltó bruscamente del agarre—. Además, estoy segura de que Sakura no me haría nada malo... Ella es mi hermana. Nunca más la abandonaré.

Lo dijo con tanta seguridad, que por un momento dejó descolocado a Nara. Tenía razón, no debía abandonarla de nuevo, así que no dudó en tomar sus cosas y salir de su departamento para ir en su búsqueda. No le importaba si él se quedaba ahí o la seguía por detrás; lo único primordial en ese momento, era detener a su mejor amiga.

No le daría la espalda a Sakura una vez más.

—Continuará—

Naruto © Masashi Kishimoto All Rights Reserved

Criatura de Luz 2017 © Hanny Bell

[Enero 12, 2018]


Notas: Si hubo alguien que no leyó la parte encerrada en paréntesis, se lo resumo: Sasuke mató a un gato por haber arañado su cara; los detalles quedan omitidos.

Siento que esta vez sí me pasé. En primer lugar por tardar casi cuatro meses en actualizar; en segundo lugar, por no poner la interacción SasuSaku que realmente deseaba; y en tercer lugar, por hacer esta escena en especial. Yo estoy en contra del Maltrato animal y créanme cuando les digo que no es nada grato escribir sobre un tema tan mórbido. Así que sí, mis queridos lectores: ¡Odié este capítulo! Y si herí sensibilidades, me disculpo. Al principio quise detallar el suceso de Sasuke con el gato, pero me límite a sólo describir sus acciones. El remordimiento me ganó.

Otro detalle: en el capítulo anterior tuve un error, al mencionar en la escena retrospectiva que Sakura tenía siete años cuando tenía seis. Disculpen también eso.

En fin, agradezco enormemente a todos sus favs, follows, favorite author y a sus hermosos reviews:

Marishka16, RocioFri, Lupita Uchiha, Alessannd Leto, Heidy, paola y Noemitg-chan

Espero que alguna de ustedes siga leyendo. Quiero que sepan que sus comentarios me hacen muy feliz y sin ellos, no sé qué sería de este fic. De antemano, muchas gracias.

Y si tienen algo que manifestar, sientan la libertad en ese espacio de comentarios ahí abajo ⬇⬇ que me gustaría saber qué estoy haciendo bien y qué no.

• ¡Gracias por leer! •