Siento ser tan desastre en las actualizaciones. Mi vida tiene la manía de entrometerse entre mis fanfictions y yo. Espero que disfrutéis el capi.

Presente

Esa noche, Regina soñó con otra vida. Una diferente, extraña … en la que no estaban Henry ni Emma. Una en la que Daniel y ella eran la pareja perfecta. Una en la que podía conseguir lo quisiera pero no tenia nada. Una en la que Emma se había casado con Belle en el mismo lugar en el que ellas se habían casado. En su sueño, Regina reconoció el lugar pero no se encontró como protagonista y, por eso, despertó sobresaltada entre sudores fríos y palpando el lado izquierdo de la cama en busca de su mujer.

La sorpresa fue mayúscula. Emma no estaba.

Regina saltó de la cama decidida. Tanteó el baño y la cocina pero, en ninguno de los dos sitios, se encontraba su mujer. Lentamente recorrió el pasillo y entro en el estudio: Ahí estaba Emma. Recostada sobre sus pies en una de las butacas, con una taza de chocolate aún humeando en la mesilla y un álbum de fotos en el regazo abierto en la página dónde estaba su foto oficial de boda.

"Emma… " dijo casi suspirando Regina.

La joven rubia giró la cabeza y dedicó una sonrisa a su mujer.

"¿Me echabas de menos?" preguntó sonriente aún.

Regina asintió con la cabeza. Emma se levantó y le hizo señas para que se uniera a ella. Luego, hizo que su mujer se sentara en la butaca y ella se sentó, a su vez, sobre sus piernas sosteniendo aún el álbum de fotos.

"¿Recuerdas?" preguntó la rubia a su mujer.

Regina cerró los ojos y besó, tiernamente, la nariz de su mujer para después hacer lo propio en los labios.

"Recuerdo cada minuto de ese día. Lo nerviosa que estaba, Katherine cosiéndome una costura a prisa y corriendo, mi padre llorando… y a ti, bella y radiante, avanzando lentamente hacia a mi y yo preguntándome cómo había podido tener tanta suerte".

Emma se sonrojó y beso el cuello de Regina. Cerró el álbum y lo dejo en el suelo al lado de la mesilla dónde reposaba el chocolate para poder recostarse mejor sobre su mujer y hundir su cara en el cuello de ella.

"Nuestra boda es el segundo día más feliz de mi vida" dijo Emma. Regina ya sabía que el primer día más feliz de sus vidas había sido el nacimiento de Henry. "Verte sufrir aún por oír el nombre de Belle me ha recordado lo mal que te lo hice pasar esa temporada y el tiempo que llegamos a perder."

"Emma…." Intentó hablar Regina pero su mujer no la dejó.

"No. Sé que ahora lo tenemos todo. Que me quieres y que yo te quiero con locura. Y que siempre lo supimos. Pero, también sabes, que no me cuesta nadar dejar que mi cabeza dé paseos por el pasado y se autofustigue. Al igual que tu lo haces."

Regina puso sus manos en las mejillas de Emma y la besó. Segundos después, manteniendo las frentes apoyadas la una en la otra y los ojos cerrados dijo:

"Emma… aún a riesgo de sonar demasiado dulce y ñoñas" palabra que arrancó la sonrisa de Emma "Henry y tu sois mi vida entera. Y aunque demos vueltas por el pasado y nos pongamos tontas y celosas, eso nunca va a cambiar".

Emma sintió la necesidad de responder pero sin palabras. Lió su mano izquierda en el cabello de su mujer mientras su mano derecha subía el top de Regina hasta la altura de sus pechos. Agarró el que más le venia a mano pinzando el pezón entre su dedo pulgar e índice con cierta fuerza cómo sabía que le gustaba a su mujer. Su gesto fue bien recibido pues Regina dejó escapar un gemido y lanzó su cabeza hacia atrás. Aprovechando el momento, irguió su postura y se sentó de forma recta en la butaca dejándose atrapar por las piernas de Emma, una a cada lado mientras esta proseguía su asalto particular a los pechos de su mujer.

Su actividad se relajó por unos segundos. Los suficientes para profesarse amor eterno a través de la mirada y de deshacerse de sus tops. Sin ropa que se entrometiera, se abrazaron disfrutando del roce de sus pezones. Las manos de ambas recorrían sus espaldas mientras sus lenguas se enfrentaban en una batalla sin descanso por el dominio de sus bocas. Regina se rindió primero pero sólo porque se disponía a librar otra batalla. Su lengua se escurrió entre los labios de Emma y dibujo, lentamente, el camino que había entre la barbilla y el valle de sus pechos. Sus manos masajeaban esos montes mientras su lengua conseguía enderezar, hasta límites insospechables, los pezones de su bella mujer rubia.

"Regina…" dijo gimiendo Emma pero Regina la acalló metiéndole, suavemente, uno de sus dedos en la boca. Emma se agarró fuertemente a la cabeza de su mujer empeñándola a seguir enganchada a sus pezones. La boca de Regina cumplió pero el dedo, completamente ensalivado, tenía otro destino: escaparse dentro de las braguitas de la mujer rubia y acariciar, suavemente, los labios exteriores que ya estaban completamente empapados.

"No me hagas esperar" gimió Emma.

Pasado

Habían pasado tres semanas de su encuentro en la librería-café y Emma aún no había llamado a Regina. No por falta de ganas, ni por falta de tiempo sino por miedo. Miedo, irracional o no, a que Regina no contestara, a que no quisiera verla, a que se hubiera arrepentido de su conversación y a miles de cosas más. Se había imaginado una y mil veces cómo seria volver a encontrarse con la chica del avión y volverla a tener en su vida pero siempre habían sido ideas irreales. En ese momento, en que el encuentro había sido real y sabía que podía volver a verla, Emma se bloqueó.

Por su parte, Regina esperaba ansiosa la llamada de Emma y no quería reconocerlo. En esos días, había luchado miles de veces en contra de su propia conciencia evitando, así, desviarse de su trayectoria habitual hacia el trabajo para pasar por delante del café y hacerse la encontradiza. Pero, al cumplirse el día número 21 después del encuentro con Emma, Regina no pudo evitarlo y decidió pasar por delante de ese lugar de cuyo nombre no quería no acordarse y averiguar que era aquello que tenía tan ocupada a la joven rubia cómo para no poder levantar el teléfono y marcar su número.

Conforme iba acercándose al lugar del delito, los nervios iban en aumento y conseguían que el estomago de Regina diera vuelcos sucesivos. Tropezó varias veces, en su camino, con personas, farolas y papeleras porqué, en lugar de ir mirando de frente, sus ojos se desviaban a los escaparates de los diversos establecimientos cercanos al café.

Finalmente, llegó a su destino.

Regina sintió su corazón acelerar y sus piernas temblar al ver, a través del cristal, el cuerpo perfecto de Emma inclinada sobre la barra y riendo con Belle. Quiso desaparecer antes de que nadie se diera cuenta de su presencia pero, aunque su mente ya se iba, sus piernas permanecían inmóviles. Evidentemente, Belle fue la primera en percatarse para, seguidamente, susurrar algo al oído de Emma que se giró rápidamente, río y salió corriendo al encuentro de Regina.

Cruzó la calle sin pensar y, de repente, se vieron frente a frente.

"Regina… Yo… "

Regina se le aceró y le acarició el brazo

"¿Cómo estas Emma?" preguntó

La chica rubia sintió como su cuerpo se calmaba al notar el contacto con Regina. La miró fijamente a los ojos y sonriendo le contestó.

"Bien… bien. Contenta de verte"

Regina sonrió a su vez apartando la mirada.

"Tienes mi número"

"Lo sé. Pero no sabía si llamarte".

Regina tensó su cuerpo.

"Me moría de ganas de verte pero … pero… me daba miedo llamarte." Dijo tímidamente Emma

"Lo entiendo. Pero sabes que siempre te diré que si"

Por unos momentos, el tiempo pareció congelarse. Emma no podía dejar de preguntarse por las implicaciones de la respuesta de Regina.

"¿Te apetece tomar algo?"

"Ahora mismo no puedo. Llego tarde al trabajo" dijo la joven morena señalando su reloj. "Pero quizás …. Quizás podríamos vernos esta tarde. Sino es que ya tienes planes claro… y si no le importa a tu novia".

Hasta ese momento, Emma no se había acordado de Belle y, por un momento, sintió remordimientos.

"La verdad es que me encantaría.. y no, no tengo planes. Y me gustaría que habláramos y presentarte a Belle"

Ambas se miraron deseando que la realidad fuera otra.

"Sé que no te he llamado… sé que no me he portado bien. Pero ya te lo dije el otro día: no quiero que desaparezcas de mi vida otra vez. ¿Nos vemos esta tarde, aquí, a las seis?" preguntó Emma.

"Te prometí que no desaparecería. Además, he sido yo quien ha dicho para vernos esta tarde" dijo sonriendo Regina. "Así que, aquí te esperaré". Se acercó para darle un beso en la mejilla y empezó a andar perdiéndose entre la gente dejando atrás a una anonada Emma.

Horas más tarde, ambas volvían a estar en la misma situación.

"Regina… has venido" dijo Emma suspirando aliviada

"Claro. Dicen que el café que sirven aquí es el mejor de toda la ciudad" contestó Regina.

Emma sonrió, la cogió del brazo y ambas entraron en el local.

Horas más tarde, Regina salía del café con una invitación a una fiesta en casa de Belle, la promesa de una cita a ciegas y más convencida que nunca de que Emma era el amor de su vida.

Presente

Los primeros rayos de sol de la mañana empezaban a filtrarse entre las cortinas del estudio pillando a Emma y Regina durmiendo, desnudas, en la butaca y sólo tapadas con una manta. La rubia fue la primera en despertarse al sentir el calor del astro rey en sus mejillas quedando embobada con la postura caprichosa que la cabeza de Regina había adoptado para dormir.

Mientras dejaba su mano acariciar una de las mejillas y el cuello de su mujer, Emma se sintió afortunada y temerosa a la vez.

"No sabes lo relajante que es eso" susurró Regina sin abrir los ojos.

Emma sonrió. "Algún día vas a tener que contarme como puede ser que seas mayor que yo y tengas la piel del cuello más lisa que yo".

Los labios de Regina se inclinaron hacia arriba levemente. "Soy una bruja querida. No envejezco"

Y las dos se rieron, a la vez, sonoramente.

"Emma, aunque no me importaría pasarme el día desnuda contigo y haciendo el amor en todas las superficies de casa creo que deberíamos levantarnos y vestirnos" dijo Regina.

"¿No podemos hacer trampa por un día? Saltémonos el trabajo y vivamos la vida loca" contestó Emma riendo y besando a su mujer.

"Si cariño si… y cuándo Henry baje a desayunar y nos encuentre así… desnudas le explicas tu la historia del polen y las abejas. Vale?"

Emma fingió escandalizarse tapándose la boca con su mano derecha. Se levantó, llevándose consigo la manta que las cubría a ambas dejando a Regina sentada y tal como vino al mundo a la que, el aire fresco, hizo que se le erizara el vello y otras partes de su anatomía.

"Si espabilas nos da tiempo a solucionar tu pequeño problema en la ducha" dijo Emma.