Chapter 4
Aunque el piso era pequeño, Dave estuvo haciendo todo lo posible para no coincidir de nuevo con su hermano, de hecho hasta se había intentado distraer limpiando su habitación, cosa que en su vida había hecho. Allí dentro se suponía que estaba a salvo porque hay cierto código de hermanos que no debe violarse jamás de los jamases, y ese código incluye la norma de no poner un pie en el cuarto de tu hermano pase lo que pase. Pero bueno, nadie dijo nada de no poder abrir la puerta sin antes llamar, que es precisamente lo que acababa de hacer Dirk.
— Dave.
— ¡¿Qué haces en mi habitación?!
El mayor de los Strider ignoró la protesta de su hermano rodando los ojos. Después agitó su teléfono móvil.
— Adivina quiénes están en la ciudad.
— Seguro que no me importa lo más mínimo.
— Los JJ.
Cuando Dave escuchó aquello elevó sus cejas, aparentemente sorprendido. Una repentina emoción le comenzó a invadir por dentro. Una sonrisa traviesa surcó sus labios y los de Dirk imitaron aquella sonrisa.
— Se quedarán a dormir esta noche, así que terminaré de recoger el piso yo mientras tú vas a comprar algo para rellenar el frigorífico.
º
Ahora que estaba en el supermercado, recordaba que odiaba hacer ese tipo de recados. No era una jodida ama de casa, así que no tenía ojo para comprar cosas baratas o pillar ofertas, y no es que no apreciase el dinero, es solo que no tenía ni pajolera idea de dónde tenía que buscar una cosa u otra.
Había dado tantas vueltas por el supermercado que ya todos los clientes se habían quedado con su cara, incluido un grupo de chicas que parecían ser mucho más jóvenes que él y se desataban en risitas y cuchicheos cuando el rubio pasaba por delante de ellas. Este último, sin embargo, estaba bastante concentrado en la compra, así que no fue consciente de la presencia de aquellas adolescentes hasta que una de ellas le llamó dándole un tímido toque en uno de sus hombros. Dave se giró con el mismo aire indiferente e inexpresivo de siempre, lo cual puso más nerviosa a la chica.
— Ahm… P-perdona pero… Eres Dave Strider, ¿cierto? M-mis… mis amigas y yo somos unas grandes fans tuyas. Estuvimos en The M cuando pinchaste allí y… en fin, yo…
— Pues claro que estuviste, encanto. Te vi entre el público, ¿cómo olvidar una sonrisa como la tuya? O tu vestido: estabas deslumbrante.
Para rematar a la muchacha, que tenía el rostro completamente rojo y se había quedado boquiabierta, entreabrió sus labios en una sonrisa ladeada, dejando ver una hilera de dientes perfectamente alineados y blanqueados. El resto de chicas, que habían escuchado la conversación desde la distancia, vieron vía libre para entrometerse y comenzar a pedir autógrafos de forma masiva al DJ, al que parecía no importarle en absoluto.
Cuando al fin las dejó satisfechas, las chicas desaparecieron de la misma forma que entraron en escena: entre risitas y cuchicheos. Dave ya pensaba que se le iban a quedar los músculos de la cara contraídos de por vida de tanto sonreír. Resopló, agotado por el derroche de encanto y sensualidad que acababa de hacer, y cuando pensó que ya podría salir de aquel estresante lugar con su compra, un individuo inesperado le sorprendió por la espalda.
— Honk.
Cuando Dave se volvió, tuvo que elevar la barbilla para encontrarse con una sonrisa idiota que ya conocía de antes. Ahora que se fijaba en él, su cara era un tanto extraña, la piel que rodeaba sus ojos y su boca era más oscura que el resto de la piel de su rostro.
— Sup.
— Joder, no sabía que eras un tipo famoso. ¿Cómo no me lo habías dicho antes, hermano?
Esto último hizo que, inevitablemente, el Strider soltase una carcajada irónica al tiempo que comenzaba a andar hacia la caja. El de cabellos ondulados le seguía de cerca.
— No es como si te conociese de toda la vida, no tenías por qué saberlo… y tampoco tendrías que llamarme "hermano".
— Joder, hermano. Es mi puta muletilla, no puedo hacer nada por cambiarla.
Dave tenía poco interés en la conversación, así que tan solo asintió al tiempo que emitía un sonido de aprobación guay. Al llegar a la cola miró de reojo hacia atrás, pensado que ya no estaría acompañado, pero allí estaban esos ojos vidriosos y entrecerrados, mirándolo fijamente.
— Qué coño. ¿Por qué me sigues?
— Las personas no vienen al supermercado para seguirte, sino para comprar comida, y en algún sitio tendrán que pagarla. No eres el ombligo del mundo, Strider — replicó una voz que hizo que Dave frunciese el ceño y sus cejas desapareciesen tras sus gafas de sol.
— Hey, Vriska.
— No te estarás dejando encandilar tú también por él, ¿no, Makara?
— En el fondo el tipo es un buen hermano.
Los puños del porreta y la repipi se alzaron por encima de la cabeza de Dave y chocaron, era el gesto con el que solían saludarse.
— Eh, ¿podéis dejar de hablar como si no estuviese aquí?
— ¡Por supuesto! ¿Te gustó el espectáculo que viste anoche? — preguntó la morena con una sonrisa digna de temer, haciendo ver que si reparaba en la presencia de Dave, iba a ser peor para él. El rubio, como era de esperar, se quedó en blanco al oír su pregunta y solo fue capaz de boquear un par de veces. La cola, mientras tanto, iba avanzando.
— ¿Qué puto espectáculo? Nunca contáis con el bueno de Gamzee para estas cosas.
— Jake y Dirk se dieron el lote en su casa y este lo vio todo, jaj.
Esto hizo que el Makara soltase una risa ronca y prolongada, mientras que en Dave causó que el músculo de su mandíbula se tensase y sus dientes chirriasen.
— Joder, hermano, esto es nuevo. No sabía que Dirk y Jake eran gays.
— No la creas, está mintiendo. Anoche no pasó nada entre Jake y mi hermano — a Dave no se le ocurrió otra cosa y si Vriska ya sabía que había presenciado todo lo que pasó, lo que le interesaba era hacer que nadie creyese lo que salía de su asquerosa boca.
— No seáis hijos de putas, aclaraos de una jodida vez. ¿Son gays o no?
— Por supuesto que lo son — dijo Vriska mientras soltaba una risa cantarina y empujaba su compra en la cinta para que llegase antes a la caja registradora. Después tendió un solo billete a la cajera. Nadie había dicho nada después de su afirmación y cuando recogió su compra se volvió por última vez hacia Dave para ver su careto antes de marcharse. La sonrisa de la morena desapareció al momento cuando se encontró a un Dave sombrío que le dedicaba una mirada de suficiencia por encima de sus gafas de sol, dejando ver sus impactantes y ardientes ojos carmesíes. Este, en silencio, comenzó a dejar la compra en la cinta, y solo cuando terminó elevó la voz, que adquirió un tono amenazante.
— ¿Sabes, Vriska? No está bien inventar rumores por despecho… Sí, mi hermano puede ser un gran capullo, lo sé. Pero si te dejó seguro que tuvo algún buen motivo y, además, él no va por ahí sacando trapos sucios o propagando rumores. No deberías ser tan rencorosa, eso no es sexy en una chica — dicho aquello pagó su compra y pasó por el lado de Vriska con una bolsa en cada mano. Para terminar su convincente actuación, le dedicó una sonrisa triunfadora, un guiño, y salió del supermercado totalmente relajado.
Ahora fue Vriska la que boqueó y Gamzee se quedó más confundido que antes, inmóvil, entorpeciendo así el flujo de la cola y haciendo que esta creciese cada vez más tras él, aunque era consciente de ello.
— Tía… Pensé que éramos hermanos, ¿por qué no me contaste nunca que salías con el jodido Strider?
