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Oh I don't believe it,
That I could be so deceiving
And bringing you down to feel this lack of loyalty.
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A veces creemos que es cuestión de tiempo, cuando todo salga a la luz. A veces el tiempo no llega.
BEAUTIFUL LIE
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4
Si comenzaba a recordar el pasado, no podría vivir el presente. Y si vivía el presente tenía latente que jamás tendría un futuro junto a ella. Al menos, no uno feliz.
Pero si uno de dolor y mentiras. Lleno de pena y agonía. Por que era como una rosa. Que florece y estalla en su esplendor de belleza suprema y finaliza marchita hasta los últimos días de su muerte. Odiaba las analogías, pero no había otra forma de compararlo.
Aquello la estaba destruyendo y él solo era capaz de verlo sin poder hacer nada. Sin querer hacer nada.
Maldito bastardo egoísta.
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Abrió sus ojos para verse envuelto en la oscuridad. Sus labios estaban abiertos en un grito silencioso. Rápidamente, se reincorporó quedando sentado. Miró a su lado en un apresurado movimiento y suspiró aliviado. Notó que su respiración era desenfrenada y se apuró a calmarse. Escaneó sus alrededores en busca de algo fuera de lo común. Sus ojos se afilaron al percibir la ventana de su habitación abierta. El viento volaba salvajemente las cortinas. Sigilosamente, con pasos cuidadosos y con mucho cuidado, avanzó y miró detrás de ellas. Se quedó absorto mirando la ventana. No vio nada. Escaneó la noche y no observó ninguna presencia sospechosa. Miró el cielo libre de estrellas. Las casas vecinas estaban sumergidas en un silencio tétrico, el viento golpeaba brutalmente las ramas de los árboles y las hojas yacían en el suelo. Cerró las cortinas y se dio media vuelta. Se quedó en su lugar unos segundos, vislumbrando el bulto bajo las sábanas de la cama. Sus ojos instantáneamente perdieron la dureza cuando la escuchó murmurar algo ininteligible.
Avanzó con calma, con cuidado y en puro silencio como un gato que acecha a su presa. Se sentó en el borde de la cama y miró el cuerpo dormido. Su cabello caía sin cuidado en la almohada y en su rostro. Su pecho subía y bajaba con tranquilidad, como muestra de su profundo sueño. Sus pestañas eran largas y parecían acariciar sus parpados. Su boca estaba medio abierta y sus labios rosados invitantes. Su piel era tan blanca y parecía tan suave. Quiso quitarle los cabellos que le caían en su rostro y estiró el brazo. Pero no llegó a tocarla. Se detuvo a escasos milímetros de su rostro. Desde su mano podía sentir el calor de su cuerpo, un cosquilleo le recorrió su ser cuando sintió la respiración sobre su piel.
Un movimiento de parte de ella, le hizo retirar la mano enseguida. Como si el posible tacto pudiese quemarle, o mejor dicho romperla. Destrozarla. Ella se había dado vuelta, tal vez en busca de calor, de seguridad, de brazos que la envolvieran en tranquilidad. En busca de un amor que no r–
Cerró los ojos y frunció el cejo de pensarlo. Sus puños se aferraron a las sábanas debajo de él. No podía tocarla. Ni siquiera podía mirarla. Y sin embargo, allí estaba, en su cama, bajo su dominio. Atada a él, confiando ciegamente, dando todo sin siquiera pensarlo dos veces, y él lo tomaba, como el egoísta bastardo que era, que la lastimaba más, solo la destrozaba aún más, pero no podía evitar no tenerla. No quería quedarse sin lo único que lo ataba a la realidad.
Sus ojos volvieron a su cuerpo. Tan frágil y delicado. Volvió a alzar la mano y la detuvo a escasos centímetros de ella. Su mano comenzó a trazar el contorno de su cuerpo. Sus piernas dobladas, sus rodillas, su cadera, su cintura estrecha y chica, sus pechos, su cuello tan blanco y delicado. Con su palma entera quiso atrapar su mejilla, pero se contuvo. Su dedo pulgar a centímetros de sus labios ligeramente abiertos, recorriendo su contorno. Sus dedos queriendo acariciar su nariz y sus pómulos. Sus pestañas, sus ojos, su frente, su cabello.
"Todo es tuyo, pero no puedes tocarla."
Apartó su mano de la tentación. Cerró el puño y apartó la mirada. Su vista se detuvo en la habitación. En los productos de belleza mezclada con los perfumes de él. Su ropa mezclada con la suya. Sus brazos envueltos en los suyos. Sus piernas enredadas en las de él Su aroma en su cama, en su ropa, en su cabello, en su piel, en todo su cuerpo. Sus gemidos y susurros incoherentes.
Se levantó de prisa como si fuese un pecado quedarse con ella más tiempo. La cordura de la que se veía atada todos los días, parecía romperse. Necesitaba de ella, pero no podía. Y todo ese sentimiento de descontrol, todos esos deseos, todas esas ganas de tomarla y tenerla en su cuerpo, bajo su cuerpo, todo ese fuego que ella le despertaba, esa posesión y esa pasión y–
Bajó los ojos apesadumbrado. La desolación y la angustia le removían el estómago. ¿Cuantas veces le había mirado a los ojos y le había hecho mal? Tan lastimeras... ¿Cuantas veces había visto el dolor de sus ojos antes que ella? ¿Cuántas veces le había mentido?
Él la miró con una disculpa en los ojos antes de salir de la habitación.
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Él la miraba. Con extraños ojos negros fríos e inexpresivos. Sin despegar sus ojos de los suyos. Sintió un estremecimiento en su cuerpo cuando vio un movimiento de su mano. Desvió la vista y al instante se arrepintió. Por que sintió que su conexión se perdía. Asustada, levantó la vista para volverse a encontrar con él, pero lo que vio fue una pared. Golpeó la pared y chilló su nombre hasta desgarrarme la garganta, pero no la escuchaba y la pared no se movía ni un poco. Usó sus manos para disipar las lágrimas de sus ojos, pero se detuvo al ver un líquido rojo entre sus manos.
Sangre.
Sangre por todos lados. En sus manos, en sus brazos, en sus ropas. Oh... kami, no... No...
–S–Sasuke... por favor... Sasuke, Sasuke, Sasuke... kami... oh no, Sasuke–kun!
Y la pared cayó y vio a Sasuke frente a ella. La sangre todavía estaba en su ropa, y parecía que el color se había duplicado en color. Parecía contrastar tanto en su piel blanca y pálida. Sus ojos verdes se habían transformados en rojo y las lágrimas caían sin cesar sobre sus mejillas. Los ojos de Sasuke se abrieron de la sorpresa. Vio como inclinaba la cabeza y Sakura sintió un nudo en su garganta. 'No' quiso decir, pero Sasuke había ocultado sus ojos con su cabello.
'No, kami no' era todo lo que podía pensar. Intentó dar un paso, avanzar a Sasuke, tocarlo. 'Estoy aquí' gritaban sus ojos asustados. '¡Estoy aquí!'
Pero por cada paso que avanzaba, Sasuke retrocedía. Sus ojos todavía ocultos. Quiso gritarle cuando vio la distancia que los separaba. Quiso tocarlo cuando vio que se daba media vuelta y le daba la espalda. Quiso llorar cuando lo vio alejarse de ella.
Sintió que si no se encogía, el pecho se le rompería. El aire comenzó a escasear de sus pulmones y sus ojos comenzaron a dolerle. Pinchazos recorrían su cuerpo y sintió tanto dolor. Tanto que comenzó a consumirla, la pena la envolvió y la soledad la llenó.
Miró la silueta alejada de su marido y no pudo sentir un dolor mayor al ver su espalda. Sasuke la había dejado y ella no podía hacer nada.
– ¡SASUKE–KUN! – gritó Sakura.
Se encontró sola en su habitación. Sentada, transpirada y con la respiración irregular. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo cuando se despertó. Se abrazó a si misma y se recordó que había sido un sueño. Un horrible sueño. Sasuke caminaba y ella no podía alcanzarlo. Sasuke se alejaba y ella no podía correr a alcanzarlo. No importaba cuando gritaba, él no parecía escucharlo, solo avanzaba. Lloraba, gritaba, le llamaba, corría, movía los brazos llamando su atención pero nada funcionaba. Sasuke era carcomido por la oscuridad y ella quedaba sola.
Nada había sido verdad. Sasuke, Sasuke no la dejaría jamás. Por que la amaba tanto como ella lo amaba a él. Nada podía flaquear eso. Haku no tenía razón. Haku mentía. Haku no sabía nada de ellos. Haku no–
Sintió un nuevo escalofrío recorrerle el cuerpo. Jamás, ella jamás y Sasuke nunca–
La habitación se sumió en silencio. Tardó unos minutos en darse cuenta que era de mañana, que se tenía que levantar, que era otro día de trabajo. Suspiró y se levantó con lentitud avanzando al baño. El agua cayó sobre su cuerpo, escurriéndose sobre sus brazos y piernas.
Sus pensamientos fueron a parar de nuevo en su sueño. En sus manos ensangrentadas, en los gritos desgarradores de su garganta, en la espalda de Sasuke alejándose, en el sentimiento de vacío que sentía cuan–cuando veía aquel espacio vacío al lado suyo cada mañana que se levantaba.
No quería pensar en que, si sacaba el cepillo de dientes, la cafetera y el diario sobre la mesa, sabia que viviría sola. Que Sasuke no sería parte de su vida. Que si sacaba todos aquellos detalles que eran tan escasos y tan inútiles y puramente sentimentales o necesarios, sabía que no habría señales de Sasuke en la casa. Solo en ella. Y quedaría rota.
Creyó caer en desolación con el mero pensamiento. Parte de ella intentó negarlo, pero era imposible no verlo. Por más que Sasuke la pasara a buscar después del trabajo, la invitara a cenar a restaurantes extremadamente lujosos y caros, le comprara ropa de marca, sumamente elegante, le proporcionara todas las facilidades posibles, autos, casas, viajes, ropa, protección y seguridad en aquel barrio privado... sabia que no–
No podía dejar de pensar en las noches en las que lo esperaba en la cama hasta altas horas de la madrugada, nunca pudiendo verlo. No podía dejar de pensar en las veces que festejaba sus aniversarios o una simple cena en su casa sola. No podía dejar de pensar en la distancia que existía entre ellos cuando estaban juntos. Primero pensó que era timidez, después que Sasuke no era un hombre que mostraba su afecto en público... pero tampoco se inmutaba de lo que ocurría a su alrededor.
Y era así como ahora no podía evitar pensar que era una posibilidad, que podría ser posible que él estuviera con otra mujer. En sus largos y misteriosos viajes de trabajo, en sus cenas de trabajo, en sus horas extras. Notaba como muchas veces él volvía distante, como era precavido con su contacto, con sus caricias, con sus besos, en la cama–
El vapor empañaba el espejo del baño pero a través del reflejo, se podía ver un cepillo de dientes azul y otro rosa, y a una pelirrosa con la cabeza en alto, dejando que el agua lavara cualquier evidencia de su rostro.
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Sakura salió de su casa 20 minutos más tarde. Elegante y prolijamente vestida, tomó las llaves de su auto, del bolso pero dudó al abrir la puerta. Era un día tan lindo que ameritaba salir a caminar. Volviendo a colocar las llaves en su bolso, saludó a su vecino con una sonrisa y pasó las puertas de seguridad de la entrada.
Caminó a paso lento y acompasado sobre las calles de Tokyo. El barullo de las personas a su alrededor, las bocinas de los autos, las sonrisas y risas de los más jóvenes y la música que se escuchaba de fondo de alguno de los locales apestados de gente, le hicieron sonreír y suspirar de alivio al poder desconcentrarse o desenchufarse de sus problemas.
Sonrió cuando su mirada cayó en la esquina de la vereda. Una excursión de niños de jardín de infantes, estaban esperando pacientemente que el semáforo los dejara pasar. Sus ojos brillaron de la ternura cuando los vio a todos, agarrados de la mano con cascos amarillos y delantales verdes. El tamaño de sus cuerpos, tan pequeños y frágiles, agarrándose de la mano con fuerza débil y frágil, no había otra palabra para describirlo.
Sus ojos observaron con emoción las sonrisas en sus labios. Las risas emocionadas y el brillo de inocencia en sus rostros. Finalmente el semáforo les cedió el paso y avanzaron bajo las órdenes precavidas de sus maestras.
Sakura los vio alejarse con una sonrisa fantasmal.
Sasuke no quería tener hijos.
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Un grito de dolor se escuchó en la sala. Una patada, un grito y una pared blanca manchada con sangre.
– HABLA.
Una respiración dificultosa y entrecortada. Se escuchaba bocanadas de aire, jadeos, gritos, susurros con palabras de calma, gritos, maldiciones, golpizas.
– HABLA, PEDAZO DE ESTIERCOL. DILO DE UNA VEZ, MIERDA. ¡VAMOS!
– mu...e...rete... hehe... mue...rete...
– OH, eres hombre muerto. MUERTO, ¿ME ENTENDISTE?
Un movimiento nada deliberado le golpeó el estómago. A través de sus gritos, escuchó el sonido de sus costillas romperse.
– ....
– ¿Te gusta ahora canalla? – Se escuchó vidrio sobre el suelo – ¿Puedes ver eso? Es TU sangre. Ahora empieza a hablar, no te hagas el valiente. DI LA VERDAD. NO JUEGUES CON NOSOTROS.
– he...he...he....
–...Así que quieres hacerte el rudo ¿eh? – una sonrisa se formó en sus labios. –Veamos si puedes soportar esto. Ustedes – señaló el hombre con la cabeza. – Tráiganla.
– SUELTAME. DEJAME.
Un par de ojos se abrieron del pánico. – El problema es conmigo. – musitó con dolor, perdía sangre de su boca.
– Lo hubieses pensado antes. – dijo con una sonrisa placentera en sus labios. – Mmh, que linda piel... suave y joven... – dijo mientras le acariciaba la cara a la mujer delante de él. Su mano bajando por su cuello.
– Suéltame – fue el susurró bajo de los labios de la mujer.
– oh no calabacita, tu harás hablar a tu querido amorcito. Supongo que hablará si algo te pasa. – se relamió los labios cuando comenzó a desabotonar su camisa.
– BASTA. – fue el gritó de dolor del malherido en el suelo.
–PERO ¿¡QUÉ DEMONIOS ES ESTO!? – gritó el torturador cuando notó un corpiño relleno y un pecho plano. Asustado, miró a la persona delante de él, aquella... mujer... – tu... tu... – logró tartamudear. Salido del shock, se apresuró a bajarle los pantalones y... – ¡ERES UN HOMBRE!
Aquel hombre dio vuelta la cara con las mejillas sonrojadas. Los hombres que lo sostenían se apresuraron a soltarlo y alejarse un paso de él. Aprovechó aquel tiempo para ajustar su ropa.
– Ya estoy cansado de estos jueguitos. Sousuke, Ren, encárguense de él. Mátenlo, no lo necesito.
– NOO. – gritó desesperado el afeminado. – YO SÉ, NO LO MATEN.
La sala se sumió en silencio.
– hehe... sabía que así iba a funcionar. Sousuke, Ren, lleven a nuestra ah... pareja de tortolitos a su habitación.
Los guardias rieron tontamente mientras agarraban a la pareja y los llevaban a rastras.
– Haku...
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Se detuvo frente a al ventanal de su oficina en el piso 35. Era de día, el sol estaba en lo alto y podía ver como los autos de la avenida principal se convertían en pequeñas hormigas. No importaba que tan temprano fuera, o si estaban a mitad del invierno, él se sirvió un vaso de whisky puro. Sus labios se fruncieron en una línea de amargura cuando sintió un gusto amargo en su paladar, aún después de haber tomando un trago. Sabía que eso debía a lo que estaba a punto de hacer. Escuchó un golpe en la puerta, luego se abrió.
–Ey, teme, ¿Puedes creer que Kiba aún sigue molesto conmigo? Digo, ya pasó una semana. No sé que le pasa, sabes si es porque Shino encontró novia antes que él ¿o qué? – comentó el rubio mientras avanzaba hasta el escritorio.
– Naruto, – llamó Sasuke mientras aumentaba la fuerza del agarre del vaso en su mano.
– oi, ¿Tan temprano tomando? Teme, ¡no es ni el mediodía! ¿Qué pensaría esa linda y simpática mujer que tien–?
– Uzamaki – cortó Sasuke, mirándolo fijamente. Dejó el vaso sobre el bar – Cállate.
Naruto instantáneamente se calló. Sabía porqué estaba allí y no pudo dejar de sentir el nerviosismo de su cuerpo. Sus manos se convirtieron en puños cuando vio que Sasuke volvía a su escritorio, se sentaba y comenzaba a tipear algo en su notebook.
Los ojos de Naruto se concentraron en la persona que estaba delante de él. Una persona completamente desconocida. Aunque sus facciones le sean conocidas. Aquel cabello parado, ojos tan negros como el carbón. Expresión dura y tranquila al mismo tiempo. Tenía un aura de seguridad alrededor de él. No podía poner en duda que Sasuke Uchiha era el jefe que necesitaba aquel lugar. Con un trabajo como el suyo, decisiones difíciles debían ser hechas y él tenía la mente fría y calculadora para hacerlo. Tenía la fuerza necesaria y la voluntad que aquello requería. No era un hombre que se arrepintiera de su palabra.
Naruto tenía la misma edad de Sasuke. Pero había algo en él que lo hacia mucho más maduro que las personas más viejas en ese edificio. Tenía un aire, un aura, una especie de magnetismo que lograba atrapar la atención de cualquiera y admirarlo. Naruto pensó enseguida en la pelirrosa. Sasuke tenía un magnetismo. Si, eso, un magnetismo que hacia que todas las mujeres cayeran a sus pies. Especialmente una. Y Sasuke había fijado sus ojos en ella, su cuerpo se había movido solo, bajo el impulso de tal vez la noche, las luces, el alcohol, o el haber visto a aquella pelirrosa reír alegremente, sin ninguna timidez y con libertad. Por que estaba seguro, que Sasuke había fijado sus ojos en Sakura por su inocencia liberal.
Los ojos de Naruto se centraron en el desconocido delante de él. No importaba cuantas veces lo hubiese visto antes o después del trabajo, cuantas veces lo había ayudado o a quién le había presentado, cuando Sasuke se ponía su traje y se sentaba en su escritorio, o mejor dicho, cuando entraba en aquel edificio, dejaba de ser su amigo, su camarada y se convertía en su jefe. Y estaba seguro que esa ley de seguridad, Sasuke lo aplicaba en todo. Era un hombre de negocios hasta con su esposa. Sus ojos se oscurecieron al pensar así. No, no importaba que Sasuke dijera que no era su problema, que no era su asunto, pero Naruto sabía mejor, no podía soportar ver a Sakura desmoronarse día a día. La furia a su amigo se incrementaba al no parecer inmutarse por nada.
–Uzamaki. – llamó su atención Sasuke. – Acerca del reporte de la semana pasada.
–Mira, Sasuke... sé que no fue–
–No me interrumpas Uzamaki – replicó Sasuke mirándolo a los ojos. Al notar que Naruto no le iba a interrumpir, volvió a hablar. – Siendo el responsable de tus actos, debo tomar decisiones. No importa que tan difíciles sean. Cuando te contraté para este trabajo, te dije que no era un lugar de actos heroicos ni individualismo. Somos uno, las consecuencias de un error o desliz como el tuyo puede traernos serios problemas. Por suerte, Hyuuga pudo arreglar la situación, pero podría haber sido mucho peor. – Sasuke suspiró profundamente. Sus ojos se volvieron negros y fríos y Naruto sintió problemas. – Uzamaki, tenías una orden directa y la desobedeciste, pusiste en peligro al equipo y pudo haberles costado mucho. No tengo otra opción que removerte de tu puesto por un tiempo. Serás revaluado.
– ¡Sabes porqué lo hice, no podí–!
– Y dejaste a Shino y Kiba sin protección. Naruto, ¡Esto no es un juego! Es TU trabajo. ¡No puedes dejar tu posición solo porque te están molestando o por un par de comentarios hirientes! – la voz de Sasuke resonó mucho más alta que la de Naruto.
Se estuvieron mirando por unos minutos, ninguno de los dos diciendo nada, solo sintiendo la tensión crecer. Fue Sasuke quien cortó el contacto visual y el silencio. – Deja tu identificación y busca al jefe del ala de psicología.
Naruto frunció los labios pero no dijo nada. Sacó su tarjeta de identificación y avanzó hasta la puerta. – Solo para que sepas, no me arrepiento – y con aquello dicho cerró la puerta
Sasuke se sentó en su asiento, suspirando y frotándose las sienes. Siempre era difícil tomar estas decisiones. Cerró los ojos un instante intentando que el dolor de cabeza se esfumase. Golpeó la mesa con su puño molesto. ¿Cómo demonios se habían enterado que iban a estar allí? Sus ojos se clavaron en la alianza que tenía en la mano. Cerró los ojos en frustración, como si estuviera luchando consigo mismo. Tal vez tendría que hacerles caso a los demás y decirle la verdad. Respiró profundamente. Tomó el teléfono y marcó un número, asegurándose que la línea fuese segura.
– ¿Hola? – respondió la voz de una mujer. Su mujer.
No podía. No podía hacerle eso.
Sasuke odiaba ser tan débil.
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–Muy bien, eso es todo por hoy. No se olviden que en el examen de la próxima semana, incluiremos este tema. – recordó Sakura mientras veía a sus estudiantes salir de la clase.
– Profesora Haruno. – llamó una estudiante, Akane, acercándose al escritorio. – ¿Sabe que le pasó a nuestra profesora de Histología?
– ¿No les avisaron? – Sakura vio como la chica negaba la cabeza. – La profesora está embarazada, así que van a tener un suplente. No se quién es pero–
– Yakushi. Así se llama el suplente. – interrumpió Sai sonriendo mientras avanzaba hasta donde se encontraba Sakura y Akane. – Tiene 28 años y como profesor de histología, sabe demasiado y lo suficiente. – añadió.
– Aparentemente, tu también – dijo Sakura mientras salía de la clase junto a Sai y Akane. – Todavía no lo han presentado oficialmente al staff de profesores.
Sai se encogió de hombros. – Me gusta estar informado.
– Se ve que si, – contestó Sakura con una sonrisa, saludando a Akane que doblaba hacia otra aula. – ¿Qué clase tienes ahora, Sai?
– Bioquímica, con el profesor Yusuke. Pero, probablemente llegue tarde. Siempre lo hace.
– No deberías decir eso, es tu profesor. – le reprendió Sakura con un dejo de diversión.
Sai sonrió en forma de disculpa encubierta. – ¿Usted profesora? ¿Tiene clase o ya puede irse a casa?
– Todavía tengo un poco de tiempo, corregiré sus exámenes y después tengo guardia en el hospital. No hay día que no vaya.
La voz de Sai bajó una nota. – Debe estar más ajetreada ahora que no está Tsunade–sama para ocuparse del hospital, ¿no?
– No tanto, Shizune–san está manejando bastante bien. Es más, creo que hacemos el trabajo un poco más rápido – Sakura sonrió al recordar como Tsunade inventaba excusas para no trabajar.
– Tsunade–sama... llama seguido, ¿no? Está en contacto con UD Y con el hospital. ¿No profesora?
– Mmh... Envía correos electrónicos preguntando como están las cosas, con el tema de la universidad y el hospital. Aunque todavía no ha llamado, tal vez está muy ocupada con la investigación y el congreso de médicos. Puede ser muy estresante. – añadió Sakura.
Sai se detuvo a mitad del pasillo. –...OH, me olvidé sacar unas fotocopias. Nos vemos en la próxima clase profesora. –saludó con una sonrisa mientras se daba vuelta y caminaba de prisa hacia el lado contrario.
Sakura se lo quedó observando. Con qué rapidez corría. Se encogió de hombros y avanzó, pero no llegó muy lejos cuando un cuerpo colisionó frente a ella.
– Oh no otra vez. – susurró Sakura agachándose y levantando los papeles del suelo.
– Lo siento, fue mi culpa. – alcanzó varios papeles la persona con la que se chocó. Sakura levantó la vista. Cabellos grisáceos, anteojos, oh si, era su culpa.
– Si, las dos veces fueron su culpa. – musitó Sakura mirándolo con el ceño fruncido recordando el accidente con el café.
– Déjeme disculparme con una taza de café profesora Haruno. – ofreció el hombre frente a ella con una sonrisa amistosa y sincera.
– De acuerdo, eh...–
– Yakushi. El nuevo profesor de Histología.
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– ¿Estás seguro de lo que estás haciendo?
– ...
– Sabes que la estás lastimando.
– ...
– La vas a perder.
– ...
– Ella te va a dejar – sus palabras querían llegar al fondo. Querían tocarle algo. Algo.
–... – su silencio era formidable.
– No importa cuanto diga que te ama. Lo que le estás haciendo es imperdonable. Te dejará y no volverá. No cuando sea tu decisión. No cuando vea todas las mentiras con la que la estás envolviendo. No podrás retenerla. Ni siquiera tú supuesto amor. – remarcó con dureza, entrecerrando los ojos.
– ...!
– No confíes tanto en su bondad. Me pregunto si ya se lo estará preguntando.
– No sabes nada Kakashi. – su tono fue frío y amenazador.
– No, no se nada – el hombre pausó – pero al menos sé más que ella.
No podía refutarle eso.
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Sasuke cerró los ojos y se dejó caer sobre las sábanas de seda de la habitación. Intentó disipar los pensamientos de aquella tarde de su cabeza y concentrarse en la mujer que se desvestía delante de él. En aquel cuerpo que veía desnudo todas las veces que él quisiese.
Su cuerpo cayó pesado cuando se recostó, sentía una jaqueca acercarse. Sintió las sábanas levantarse y un cuerpo acostarse. Instantáneamente, alargó su brazo y envolvió, en un abrazo, aquel cuerpo, acercándolo al suyo. Escuchó un suspiro y su nombre en un tono azucarado. Cerró los ojos sintiendo las caricias en su pecho. Cuando los abrió la miró directamente a los ojos. Sus ojos brillaban como dos esmeraldas, en un silencioso pedido. Una conocida añoranza y sincera declaración. Y viéndola bien, podía notarlo.
¡Ya podía verlo maldita sea!
La besó, como lo hacia incontables noches, olvidando todo lo que ocurría a su alrededor, todo lo que pasó o lo que iba a pasar. Intentando desconcentrarla, abrumarla y darle algo a lo que pudiera atarse. Dejó que su cuerpo mandara sus deseos carnales y su mente apagó todo tipo de coherencia, o pensamiento.
Aquella noche eran solo ella y él.
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– La ha encontrado. –sonó la voz electrónica de la computadora.
– Mmh?
– A la mujer. Lo ha encontrado. – aclaró
– Oh, si. – suspiró pesadamente. La línea del otro lado esperó pacientemente. – Una lástima que tengo que involucrar estas cosas. Podía haberle tomado cariño.
– ...
– Una verdadera lástima.
– ¿Señor...?
– Ahora podemos empezar a jugar. –una sonrisa se formó en sus labios. – Dile que entre en acción.
– Bien.
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El silencio nunca es la mejor opción. No aclara y nos atormenta de dudas. ¡DILO!
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EDIT: 14/01/09 – Ayer soñé con el comienzo del capitulo 7... Soy tan rara.
