El aterrador hombre condujo a Sakura unos seis metros entre los árboles. Un pequeño claro reveló su ropa desechada y una bolsa similar a una mochila. Se tambaleó un par de veces, pero nunca rompió su agarre en su muñeca. Se inclinó, profundizando su mano libre en el bolso negro abierto.

"Por favor déjame ir. Te conseguiré ayuda. Necesitas puntos de sutura y asistencia médica."

Ella trató de mantener la calma, pero era difícil hacerlo. Él no hablaba, sólo iba haciendo suaves gemidos y ruidos de gruñidos. Debía tener un montón de dolor, pero eso sólo estaba asustándola aún más.

Levantó una cuerda negra corta de la bolsa. Era aproximadamente sólo de medio metro de largo. Se volvió hacia ella y se quedó mirando a aquellos ojos inusualmente brillantes.

Tenía casi treinta centímetros de altura sobre ella, pero estaba débil. Podría atacarle, aunque sabía que ya había matado a cuatro feroces perros guardianes. Ahora estaba claro cómo lo había hecho. Tenía una boca letal.

Miró hacia abajo y ella siguió su mirada.

La cuerda que sostenía tocó su muñeca y se quedó sin aliento cuando aquella cosa pareció moverse por su cuenta, recordándole a una serpiente. Se envolvió alrededor de su piel, apretando justo debajo de donde él la agarraba con los dedos. Ella estaba demasiado aturdida para hacer nada más que ver como él utilizaba el otro extremo de la misma para pulsar contra su muñeca. Esta cosa se envolvió alrededor de su piel también, enlazándolos como si estuvieran esposados. Él le soltó la muñeca.

"¿Qué es eso?"

Se tambaleó sobre sus pies y se inclinó de nuevo, metiendo la mano en la bolsa por segunda vez. Sacó una caja del tamaño de la palma de su mano y una luz emanó de aquello. Gruñó una serie de sonidos en un largo patrón quebrado. Ella trató de identificar lo que sostenía, pero no era como nada que jamás hubiera visto.

En cierto modo le recordaba a un teléfono móvil, pero no tenía una pantalla iluminada. Esto sólo mostró luces alrededor de las juntas laterales del delgado dispositivo. Se tambaleó de nuevo y miró a su cara. Su tono de piel antes dorado había palidecido considerablemente. Sus ojos rodaron hacia arriba y él se derrumbó.

Sakura gritó cuando se lanzó hacia los lados. Lo que asemejaban sogas, conectándolos no se rompió. Ella fue sacudida hacia adelante, cayó encima de su costado y yació tendida allí. Le miró a la cara. Tenía los ojos cerrados y parecía estar fuera de combate. Se retorció, rodó fuera de su enorme cuerpo y se agachó a su lado, estudiando la vinculación entre sus muñecas.

Se sentía como de algún extraño metal ligero. No había ninguna cerradura en cualquier lugar que pudiera encontrar y no se estaba moviendo más. Intentó arrancarla, pero esto no liberaría su muñeca. Se dio por vencida y se centró en el hombre caído. Su pecho subía y bajaba, asegurándole que vivía.

"¿Qué eres y quién eres tú?"

Le fascinaba. Sakura llegó hasta ahuecar su rostro, pero su pesado brazo mantuvo uno de los de ella hacia abajo. Empujó contra él hasta que se tumbó y levantó su brazo para posarlo sobre su pecho. La liberó lo suficiente como para ahuecar suavemente su rostro y poder estudiarle cuidadosamente.

Era atractivo de una manera extraña. Se concentró en su boca. Tenía labios plenos, lujuriosos, estaban entreabiertos, con esos dos largos colmillos abollando su labio inferior. No tardó mucho en inclinar su cabeza lo suficiente para conseguir su mandíbula más abierta.

El resto de sus dientes parecía casi normal. Eran blancos y rectos. Corrió la almohadilla de la yema de su dedo a través de su lengua. Era rosa, igual que la de una persona normal, excepto un poco más ancha, y señaló ese punto. La textura no era tan suave como debería haber sido. Era un poco áspera, pero no de calidad de lija. Sacó su dedo de su boca y bajó la mirada.

Realmente estaba en gran forma. Y era enorme. Sus hombros eran anchos, sus bíceps densamente musculosos y bien definidos. Miró más abajo, admirando su abdomen. A pesar de que estaba inconsciente y completamente relajado, podía distinguir cada arista de los músculos que ondeaban hacia abajo hasta la cinturilla de su extraña ropa interior de cuero.

Tenía que pesar alrededor de ciento diez kilos y no pudo detectar un solo toque de flacidez.

Ella se levantó para admirar su elección única de calzocillos de cuero, pero rápidamente se dio cuenta del rojo brillante que se había filtrado a través del vendaje que le había puesto sobre la cara interna de su muslo. Estaba sangrando de nuevo. Se movió por su cuerpo, arrastrando el brazo para poder atender aquella herida. Fue una lucha desatar su sujetador y conseguir una ojeada.

Necesitaba puntos de sutura y un médico. Era obvio que el perro le había mordido profundamente, simplemente arrancando la carne para eliminarla. Se retorció, estirando su mano para enganchar su mochila, con la esperanza de que tuviera un botiquín de primeros auxilios, pero todo lo que encontró allí fueron algunas prendas de ropa. Agarró lo que parecía ser una camisa gris plegada y la utilizó para presionar contra la herida, poniendo la parte superior de su cuerpo con fuerza sobre la zona. Él moriría si ella no conseguía que se detuviera el sangrado.

"¿Hola? ¡Por favor, despierta!"

Lo miró a la cara, pero él no se inmutó, ni se movió, ni reaccionó de ninguna manera.

"Tienes que conseguir esta cosa fuera de mi muñeca. Necesito conseguirte ayuda. ¡Despierta!"

Él no se movió. Levantó la barbilla para mirar al cielo que se oscurecía a través de las ramas de los árboles por encima de ellos. El sol iba a bajar y ambos estarían en un mundo de mierda.

Ella no sería capaz de encontrar la cabaña sin algo de luz. La tierra de Jiraiya no era exactamente un lugar que había visitado a menudo. Tenía que poseer unos pocos cientos de acres.

Los animales podrían ser atraídos por el río y el olor de la sangre. Una lista de depredadores se colaba por su mente. Había coyotes, serpientes, jabalíes, algunos linces, el ocasional león de montaña, y había tenido que atrapar algunos mapaches y zarigüeyas despiadados en su tiempo.

No suelen atacar seres humanos, pero incluso las criaturas normalmente tímidas podrían venir tras él, sobre todo si estaban hambrientos, heridos o enfermos. El hombre frente a ella parecería una comida fácil, algo demasiado tentador para resistirse. Sus armas estaban demasiado lejos como para arrastrarlo de nuevo al borde del río.

Incluso si la vida silvestre no era un problema, necesitaba atención médica. La infección ya parecía haberse arraigado en él. Su piel se sentía febrilmente caliente, y había perdido sangre, en lo alto de esto. Luchó contra aquel grillete parecido a sogas otra vez, sin suerte.

"¡Hijo de puta!"

Golpeó las palmas abiertas hacia abajo contra su pecho en señal de frustración.

Él se sacudió debajo de ella y sus ojos se abrieron. Le tomó un segundo para concentrarse en ella mientras avanzaba lentamente arriba sobre su cuerpo, devolviéndole la mirada. Él gruñó bajo, un sonido animal.

"¡Tienes que dejarme ir en busca de ayuda!"

Levantó su brazo lo suficiente para sacudirse donde estaban conectados.

"Consigue esto fuera de mí."

Él sacudió la cabeza. Eso la cabreó.

"¿Cuál es tu nombre?"

Él gruñó.

"Deja de hacer eso. Sólo dime tu nombre. Sé que estás con dolor, pero este no es el momento de actuar como un idiota."

Él gruñó. Se dio cuenta de que nunca había dicho una sola palabra. "¿Puedes hablar?"

Él vaciló y luego negó con la cabeza. Eso llegó como un shock. No estaba simplemente jugando con ella. El tipo sólo hacía esos sonidos. Tuvo que tomar una respiración profunda y tranquila.

"¿Tu puedes entenderme?" Él asintió con la cabeza.

*Eso es algo.*

"Bueno. Escúchame. Estás realmente herido. Estamos cerca de un gran terreno de abrevadero para los animales. Esta es la tierra de Jiraiya. Es un hombre viejo y no pone trampas ni caza nada. Su propiedad está vallada para mantener a todos fuera. ¿Sabes lo que eso significa?"

Sacudió la cabeza.

"Tenemos temporadas de caza por una razón, en esta parte del país. No es sólo para matar cosas y tomar fotos para publicar en Internet. Es debido a que la población animal puede crecer fuera de control. Estamos actualmente en más de doscientos acres de vida salvaje que ha crecido sin control. ¿Eso es lo suficientemente claro para ti? Sé que hay un montón de coyotes porque el año pasado Jiraiya me habló de escucharlos. Me ofrecí a salir y ver lo mal que se había puesto, pero se negó a dejarme. Podría haber decenas de ellos." hizo una pausa. "Más aun. Cuanto mayor sea la manada, más intrépidos son. La rabia también es una preocupación. Uno nunca quiere encontrarse con un animal rabioso sin un arma. Una vez vi a un mapache ir contra un toro. Estaba enfermo y como loco. Esa es una enfermedad que puede transmitirse de una alimentación animal o atacando a otro."

Miró a su alrededor.

"Necesitas dejar que me vaya para que pueda llegar a la cabaña. Jiraiya tiene un teléfono. Puedo ayudarte a subir a ese árbol allí mismo. Voy a buscar mis cosas antes de salir para que tengas una manera de protegerte a ti mismo hasta que yo vuelva."

Levantó su muñeca de nuevo para recordarle sobre la cuerda uniéndolos juntos.

"Déjame ir, así nos puedo salvar a ambos. La mayoría de las cosas aquí que nos pueden hacer daño son cazadores nocturnos. Significa que salen por la noche."

Apuntó con un dedo hacia arriba. "¿Ves el cielo? ¿Necesito decir más?"

Un aullido rasgó por el bosque y Sakura saltó, girando la cabeza en la dirección de donde había venido. Otro coyote se unió, luego otro. No detectó a ninguno de ellos, pero no estaban lejos.

"Mierda. ¿Escuchas eso? Coyotes." lo miró. "Estás sangrando. Van a investigar eso."

Sacudió su cabeza.

"Estaremos en un mundo de problemas. Van a verte como alimento. ¿Entiendes? Ya te enfrentaste a cuatro canes y mira lo que te hicieron. Imagina una docena o dos de ellos."

No se sentía culpable por tratar de asustarlo. No era exactamente una mentira. Podrían atacar si estaban con suficiente hambre, enfermos, o se sentían audaces por ser numerosos.

Se incorporó y se puso en pie. Sakura también se apresuró a levantarse. Él enganchó su bolsa y la empujó hacia el árbol más cercano. Llegaron a la base del mismo y él levantó la bolsa, atascándola en la parte superior de una rama de alrededor de dos metros de alto. Entonces se volvió hacia ella y apretó la cuerda en el centro. Esto vibró por un segundo y luego se abrió, dejándola ir.

Sakura trató de retroceder, pero aquel hombre alto se movía más rápido. Se giró, deslizando un brazo alrededor de su cintura. Todo lo que Sakura pudo hacer fue boquear sorprendida cuando la levantó hacia arriba hasta la rama más baja. No necesitaba entenderle, para saber que quería que agarrara la rama. Lo hizo y le soltó la cintura. Agarró sus dos muslos para darle un impulso hacia arriba. Se arrastró rápidamente para darle espacio para seguirla.

Él estaba detrás de ella mientras subía más alto en el árbol. A continuación, vio movimiento cerca del borde del claro mientras se sentaba a horcajadas sobre una rama. Dos coyotes se arrastraron hacia delante, gruñendo. Fueron al lugar donde el desconocido había sangrado y olfatearon el suelo.

"Podrían largarse." susurró. "Silencio."