CAPITULO 4
Sus manos vagaban por su cuerpo, encendiéndola y haciéndola enloquecer. Remus sabía perfectamente que era lo que le gustaba y se lo daba sin ningún tipo de reticencias, y ella conocía tan bien a su hombre lobo que sabía que hacer para que él perdiera el control.
Le sentía dentro de ella duro, grande, llenándola por completo. Era el paraíso. Él tumbado sobre ella, siendo implacable, apasionado.
-Remus,…oh, si…no pares…- gemía ella –Oh, si…Eso es…sigue así…así. Me vuelves loca…me matas, Remus…me estás matando- estaba comenzando a sentir las primera oleada de su orgasmo.
-Merlín, Jewel-
Todo se heló, su marido le había llamado por el nombre de su empleada. Hermione intentó zafarse de él, pero fue imposible.
-¿Qué te sucede? ¿Ya no te gusta lo que te hago?- la cara era de su esposo, pero no su voz.
Quería escapar de allí, pero Remus la sujetó con fuerza de los brazos y se los subió por encima de la cabeza. De pronto noto como unas cuerdas rodeaban sus piernas y le ataban a la cama.
Hermione intentó forcejear, pero no podía soltarse, pronto las cuerdas llegaron a sus brazos y Remus se levantó, dejándola sola, desnuda e inmóvil en la cama.
-Ayúdame- le suplicó, pero él se rió y se alejó de ella lo justo para abrazarse a Jewel.
Ambos comenzaron a besarse y pronto ella estaba completamente desnuda y siendo penetrada con fuerza por su marido. Los gemidos de ambos le desgarraban el corazón, pero la peor parte fue cuando él dijo a su nueva amante –Tu si que sabes como mantener a un hombre contento-
Hermione se despertó llorando y sudorosa en la cama que tantas noches había compartido con su esposo.
Agotada por el sueño, o más bien la pesadilla que había tenido, se levantó, se dio una ducha y bajó a desayunar.
Era domingo y ni Alex tenía escuela ni ella tenía que ir a trabajar y eso la deprimía más. No soportaba estar en su casa encerrada, todo le recordaba a Remus, así que decidió pasar el día fuera de casa con el niño, tal vez así él también se animase.
Subió a su habitación para despertarle y preguntarle que quería hacer.
-Alex, cariño, despierta- dijo cuando se acercó a la cama, pero no había nadie dentro.
Fue a buscar a Melvina, tal vez el niño estuviera con ella, pero no, la elfina no le había visto en toda la mañana, de hecho creía que seguía durmiendo.
Hermione salió al jardín a buscarle. Gritó y gritó su nombre hasta que casi se quedó afónica y el niño seguía sin dar señales de vida. La entró pánico al pensar que había podido saltar las vallas y caerse al estanque de la casa, así que se quitó el camisón y se zambulló en el agua. Estaba gélida, pero tenía que encontrar a su pequeño.
Un par de horas después se apareció en casa de James y Lily, llorando y muerta de miedo.
-¿Has ido a la tienda? Tal vez se haya ido a ver a su padre- le dijo James.
¿Cómo no se le había ocurrido? Ambos, James y ella se aparecieron delante de la puerta, pero la tienda estaba cerrada y no había ni rastro de su hijo.
-Deberíamos avisar a Remus- dijo James. Ella estuvo de acuerdo y Potter le envió un patronus contándole lo que había sucedido y citándole en su casa. Desde allí organizarían la búsqueda del pequeño.
Lupin apareció quince minutos más tarde, tenía el pelo mojado y un enorme moratón en el lado izquierdo del cuello.
-¿Qué ha pasado?- preguntó.
-Por lo visto esta mañana cuando Lonna ha ido a despertar al niño no estaba en su cama, le ha buscado por toda la casa, incluso en el lago, pero no ha aparecido-
-¿Cómo es posible?-
-No lo sé. Por cierto, Lonna está dentro así que tápate esa marca del cuello antes de entrar-
Lupin se cerró las solapas de la túnica y siguió a su amigo. Allí, sentada en el sillón al lado de Lily estaba ella, su de momento mujer, abatida y demacrada.
En ese instante no entendió que pudo haberla visto alguna vez para casarse con ella, sí, Lonna había sido muy buena con él y en esa época él había estado muy necesitado de cariño, eso era lo que había sucedido.
En cuanto Hermione vio a Remus se puso de pie y estuvo a punto de abalanzarse sobre él y abrazarle, pero vio la amoratada marca de su cuello.
-¿Qué ha sucedido, Lonna?- le preguntó él con dureza.
-No lo se, esta mañana cuando he ido a despertar a Alex no estaba…-
-Eso ya me lo ha explicado James- la interrumpió –lo que quiero saber es cómo es posible que mi hijo desaparezca así como así de tu casa. ¿Qué tipo de madre eres para que…-
-Ni se te ocurra acusarme de mala madre cuando tú ni siquiera venías a cenar por follarte a su empleada- le gritó ella.
-Basta ya los dos- gritó James –Así no vamos a encontrar al niño-
Contra eso no podía luchar, esa zorra no solo le había robado a su marido, sino que también le había puesto en su contra. Hermione se abrazó a Lily.
-¿Porqué no me ayudas a preparar un poco de té, seguro que nos sentará bien a todos?- le dijo su amiga.
En la cocina, Hermione lloró abrazada a su amiga –No puedo contra esto, no puedo contra esto- le decía una y otra vez a su amiga mientras esta intentaba consolarla -Ella le ha hecho algo, Lily, lo sé. Nosotros llevábamos una semana muy bien, era como cuando comenzamos, y de pronto todo esto. Ella le ha tenido que dar algún tipo de poción- De pronto cayó en la cuenta -No tendrás un beozar ¿verdad?- tenía la solución en la mano entre todos le obligarían a tragárselo y todo acabaría.
-Pues no- el pequeño segundo de felicidad que había sentido se desvaneció instantáneamente y se sintió muy cansada –Seguro que encuentras otra oportunidad-
Cuando volvieron al salón los hombres ya habían terminado de planear la búsqueda de Alex. No iba a ser fácil, pero lo iban a conseguir, su pequeño iba a dormir esa noche en casa.
…
Un día entero había transcurrido sin tener noticias de su hijo y Hermione tenía los nervios destrozados. Remus sin embargo parecía tan tranquilo, incluso se había ido a dormir a donde fuera que dormía ahora.
No supo porque, pero fue hasta el colegio en donde su hijo daba clases. A Alex le gustaba mucho ir a la escuela. Hermione esperó y esperó en la puerta y cuando pensaba que no iba poder pasar una hora más así sucedió el milagro, caminado de lejos por la calle que daba a su colegio apareció su hijo, de la mano de una anciana.
Hermione salió corriendo y lo abrazó llorando, diciéndole lo preocupada que había estado y cuanto le quería.
-Señora ¿Dónde encontró al niño?-
-Estaba vagabundeando por la calle y parecía perdido, así que le pregunté donde vivían su papas pero no lo sabía, solo me supo explicar donde estaba su colegio y lo traje-
Hermione se puso de pie sin dejar de abrazar a su hijo, y estrechó la mano de la mujer dándole las gracias.
-¿Quieres que vayamos a casa?- el niño asintió con la cabeza, parecía muy triste.
En cuanto llegaron, Melvina fue a abrazar a Alex y mientras le preparaba una buena taza de chocolate caliente. Hermione envió un patronus a James.
-¿Dónde has estado, cariño? Hemos estado muy preocupados por ti- el niño, que tenía la cabeza gacha, solo se encogió de hombros.
-No tengas miedo, no te vamos a regañar ni a castigar ni nada, te lo prometo-
-Quería ir a buscar a Gracie-
-Ya sé que la echas de menos, pero me lo podías haber dicho y yo te hubiese llevado a verla a Hogwarts-
-No es eso. Yo quería que ella volviera a casa porque así papa también volvería y tu no estarías todo el día tan triste y llorando-
Eso sí que no se lo esperaba y se abrazó a su hijo con los ojos llenos de lágrimas. Cuando se separó de él estaba James en la cocina de su casa.
-Hola pequeñajo. Me alegro que estés en casa- le dijo Potter agitándole el pelo, pero el niño ni se inmutó –Nos tenías muy preocupados-
-¿Dónde has estado todo este tiempo?- le preguntó Hermione.
-En casa de mi amigo Gus- Hermione abrió mucho los ojos y miró a James –El me iba a ayudar a ir al colegio de Gracie-
-¿Y quién es? ¿Algún amiguito de tu colegio?-
El niño negó con la cabeza –¿Entonces de donde le conoces?-
-De aquí, de casa. Él viene por la noches para jugar conmigo- Hermione se preocupó seriamente y al parecer James también porque le preguntó al niño como entraba su nuevo amigo hasta la casa.
-Yo no lo sé. Solo que entra en mi dormitorio y jugamos mucho-
En ese instante llegó Remus. Cielo santo ¿Dónde tenía los beozares?
-¿Se puede saber dónde te has metido?- le gritó Remus al niño al mismo tiempo que le sujetaba del brazo y se lo retorcía.
-¡Suéltalo!- le gritó Hermione –Como se te ocurra hacerle daño te juro que…- El niño salió corriendo y llorando de la cocina.
-¿Qué demonios te está pasando, Lupin?- preguntó James.
Él se frotó la cara –Me marcho de aquí-
-No, espera- le gritó Hermione, si se iba no podría tomarse el beozar – ¿Podemos hablar, Remus?-
-Tengo cosas que hacer-
-Por favor, aunque solo sea por los años que hemos pasado juntos-
-Ya hemos perdido demasiado el tiempo ¿no te parece?-
-No, Remus, no me lo parece-
-Adios, Lonna y vigila mejor a tu hijo-
-¿Mi hijo?- le gritó mientras salía por la puerta -¿Qué te ha hecho esa desgraciada para que te comportes así?- añadió gritando mientras le perseguía. Lupin se desapareció antes de que ella pudiese gritarle algo más.
En ese instante llegó Lily y ella subió al dormitorio del niño para consolarle.
-¿Porqué papá no nos quiere?- le preguntó a Hermione.
¿Cómo iba ella a explicarle a su hijo la situación? –No lo se, hijo, no lo se- le mintió.
…
Para una vez que podía dormir en condiciones y tenían que molestarle. Alcanzó un zapato del suelo y lo tiró contra la pared, pero no había manera de que aquella lechuza dejase de golpear le cristal.
De muy mal humor se levantó.
Era una citación judicial, su querido hermanito quería incapacitarle y en dos días sería el juicio. Ese maldito desagradecido quería quedarse con todo y dejarle viviendo en la calle como si fuera un perro sarnoso. Arrugó el papel y lo tiró contra la pared.
Tenía que hablar con su abogado, así que se dio una ducha, recogió el papel del suelo y se dirigió al Callejón Diagón
Salió más desanimado y de peor humor de lo que había entrado, así que fue a casa de James y Lily, tal vez su amigo librase o tuviese turno de tarde y le invitase a un trago.
Lily abrió la puerta -¿Qué haces aquí?- le preguntó sorprendida.
-¿Ya no soy bienvenido en esta casa?-
-Como se te ocurre algo como eso, Sirius. Anda pasa-
-¿Esta James?-
-No, acaba de marcharse. ¿Querías algo?- si, se moría por un trago de whisky, pero todo a su tiempo.
-Solo veros y charlar un rato. Hace mucho que no quedamos-
-Eso es cierto. Últimamente han pasado tantas cosas…-
-¿Qué tal está todo el mundo?- preguntó Sirius.
-Remus y Lonna se han separado-
No debía de haber entendido bien-¿Cómo dices?-
-Remus se marchó de casa hace unos diez días aproximadamente-
-No me lo puedo creer ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?-
Lily hizo un extraño gesto con la cabeza -¿Hay otra mujer?- preguntó Sirius.
-Jewel, la empleada de la tienda- Eso fue…bueno…no tenía palabras. Él mismo había intentado ligársela un par de veces cuando entró a trabajar, pero había sido bastante borde y cortante con él. No le interesaban los tipos tan mayores. Niñata…
-¿Y como está Lonna?-
-¿Tu qué crees? Destrozada-
-Y eso que Remus parecía el más sensato de todos y mira por donde nos ha salido-
-Sí, está siendo una situación muy desagradable porque con Alex tampoco se está portando nada bien. Si le vieras no le reconocerías, Sirius-
Se quedó en silencio unos segundos, recapacitando sobre todo lo que había pasado en los últimos años con sus vidas -¿Qué nos ha pasado Lily? Míranos, cuando terminó la guerra creímos que por fin íbamos a poder vivir felices y ahora, estamos destrozando nuestras vidas-
-Todo tiene solución, Sirius. Solo tienes que querer cambiar realmente. Sabes que James y yo siempre estaremos a tu lado, solo tienes que querer- le dijo Lily sujetándole la mano.
Emocionado, Sirius le enseño la citación a Lily –Regulus me lo quiere quitar todo- le dijo.
-¿Y le culpas? ¿Después de cómo te estás comportando?- A él le sentó mal su comentario pero antes de que pudiese responderle, Lily añadió –Ponte en su lugar. ¿Cómo actuarías tu si él se dedicase a gastarse la fortuna de la familia en juegos, en prostitutas, en alcohol, en drogas?-
-Es su vida, con ella puede hacer lo que quiera-
-No, no es solo tu vida ¿Crees que las personas que te queremos no sufrimos al verte destrozar tu vida? Lo hacemos, Sirius, más de lo que piensas. ¿Sabes que James desde que te echaron del Ministerio casi no duerme pensando en como estarás, en donde estarás, en qué estarás haciendo?- Sirius se volvió a quedar pensativo.
-¿No crees que ya hemos tenido suficiente con lo de Peter? ¿Tenemos que perderte también a ti? Sabes que eso mataría a James de la pena ¿verdad?-
Sirius se rió amargamente, él que creía que no volvería a ver a Pettigrew en su vida y tal vez ahora estuviera a punto de hacerle compañía en Azkaban.
-Tal vez Colagusano y yo volvamos a ser compañeros de peripecias si mí querido hermano se sale con la suya-
-Entonces dale motivos para que no lo consiga. Todavía estás a tiempo – le dijo. Lily se acercó a él y le sostuvo la manos - Escúchame, Sirius, puedes mudarte aquí con nosotros, desintoxicarte, nosotros te ayudaremos. Te conseguiremos trabajo, puedes trabajar en la tienda con Remus hasta que encuentres algo que te guste más, o bueno, eso ya se vería más adelante. Piénsatelo, Sirius. No nos hagas perderte a ti también, por favor-
De vuelta a su casa pensó mucho sobre las palabras de Lily, ella tenía razón. La manera en la que estaba viviendo no era vida, lo estaba perdiendo todo. Había perdido su trabajo qué tanto le gustaba, a sus dos mujeres, a su hermano, su dinero y estaba a punto de perder a sus amigos, los únicos que siempre habían estado con él al pie del cañón.
Abrió la puerta y se dio cuenta como había estado viviendo. Su casa parecía un basurero, olía mal, la ropa sucia estaba tirada por el suelo, los ejemplares atrasados del Profeta también, había viales de la droga que tomaba por todas partes, había comida putrefacta por la cocina, incluso un par de cucarachas se paseaban felizmente por la encimera de la cocina. Todo era un completo y absoluto desastre. Igual que su vida.
Hizo limpieza general. Iba a cambiar y lo iba a conseguir. Quería recuperar el control y lo iba a conseguir. Tiró todas las botellas de alcohol que tenía en la casa por el desagüe, así como las dos últimas dosis de drogas.
A las siete de la tarde, las manos le temblaban, la cabeza parecía que le iba a estallar y se moría de picores por todo el cuerpo como su tuviese un fuerte caso de urticaria, pero él sabía que era el síndrome de abstinencia.
Iba a superarlo, iba a ser duro, pero iba a hacerlo.
A las once y media de la noche no lo soportaba más. Se estaba muriendo, literalmente, incluso se había hecho sangre por algunas partes de su cuerpo al arrascarse, y el pelo, si solo pudiera arrancárselo de raíz no le dolería tanto y con las uñas le sucedía lo mismo. Temblaba tanto que sus dientes hacían tanto ruido al castañetear que le retumbaba el cerebro. Bum…bum…bum…
No sabía qué hacer, ni siquiera tenía fuerzas para mandarle una lechuza a Lily o aparecerse en su casa.
No, no iba a poder superarlo. No iba a poder.
A las dos y cincuenta y cinco intentó ir al cuarto de baño a darse una ducha de agua caliente, tal vez así los temblores cesaran y pudiera dormir un par de horas. Mataría por dormir un par de horas. Al entrar se tropezó y se sujetó al mueble que estaba colgando de la pared con tan buena suerte que ambos se cayeron al suelo causando un tremendo ruido que le taladró el cerebro y casi le explota.
Cuando todo se quedó en calma abrió los ojos. Allí justo delante de sus pies estaba el vial de aquella droga nueva que le regaló su proveedor. No se había vuelto a acordar que la había guardado allí.
Como pudo se agachó y recogió el pequeño frasco. Se sentó en la taza, sin poder apartar los ojos de el, tan tentador. Si solo diera un pequeño sorbito todo mejoraría, no le dolería tanto y podría dormir, pero no debía, no…debía, pero ¿qué daño le haría un pequeño sorbo? Lo haría como homenaje, la última vez, si eso sería, la última vez.
Lo destapó y sin pensárselo se lo llevó a la boca.
Como si hubiese sido golpeado por una maldición, así se sintió por dentro, y después todo se volvió negro.
…
Su jefe le había dicho que si quería le podía dar un par de días libres, pero Hermione prefería trabajar, así por lo menos durante unas horas al día tenía la cabeza entretenida pensando en otra cosas que no fuera su marido y los creativos modos para torturar a la zorra que se estaba destrozando su familia.
El problema era que desde que su hijo había desaparecido misteriosamente aquella noche no había podido dejar de pensar en ello.
Había acudido a un psicólogo para que le ayudase sobre cómo manejar a su hijo. Su escapada de casa y su amigo imaginario Gus la tenían muy preocupada, tanto que desde ese día compartían cama. Su hijo protestó, pero ella le dijo que tenía miedo por las noches y que si él estaba con ella el miedo se iba. Parecía haber dado resultado, pero no podía estar así siempre.
El psicólogo le dijo que era normal en niños tan pequeños que sufrían el estrés del divorcio o separación de sus padres, para ellos era una situación muy dolorosa y su manera de sobrellevarlo era inventarse una figura paterna o materna imaginaria que sustituyera a la persona que había abandonado el hogar.
-Ey ¿Qué tal estás hoy?- le preguntó Bradley, desde que se había enterado que Remus y ella se habían separado no le había vuelto a hacer ningún comentario de ningún tipo, solo le preguntaba que tal estaba e intentaba ayudarla.
-Igual- dijo ella encogiéndose de hombres.
-Pues mira, para que te animes. Nos han llegado alrededor de dos millones de reclamaciones y quejas de vampiros sobre los últimos ataques-
-¿Y en que me va a animar eso?-
-Ya lo verás cuando vayas leyendo, la de lindezas que nos dicen algunos. Si mi abuela lo leyera…no me quiero ni imaginar lo que les haría- Hermione sonrió un poco.
-Vaya, al menos lo he conseguido-
-¿El qué?-
- Que sonrieras- Ella negó con la cabeza y él se despidió.
Se acordó de Broz, hacía mucho tiempo que no tenían contacto y se preguntó como estaría y si se había enterado de lo que estaba pasando en Inglaterra con los vampiros. Seguramente que si, ella siempre lo sabía todo.
Casi al finalizar la tarde recibió una lechuza.
No, no podía ser verdad. Remus le estaba pidiendo el divorcio ¿Qué clase de broma pesada era esa? Estaba loco si pensaba que iba a firmar los papeles y dejar que se marchase con esa tan fácilmente.
…
Esa noche habían estado a punto de que le descubrieran, pero un golpe de suerte en el último segundo había conseguido que su huída fuera un éxito, como todas las noches.
Estaba allí, de pie, en su guarida, contemplando las fotos de los magos y brujas contra los que quería vengarse cuando un golpe en la puerta le anunció la visita que estaba esperando. Habían pasado cuatro noches desde que había devuelto al niño de los Lupin y estaba impaciente por lo que iba a ocurrir, iba a rematarles.
- ¿Habéis conseguido lo que os ordené?-
- Si, su majestad. Ya viene de camino-
-Bien, muy bien- volvió a prestar atención a las fotografías –Pronto todos vosotros os arrodillareis ante mi-
...
Muchas gracias por todos los reviews!
Es una pena que a algunos no pueda responderos en persona.
Maria, disculpadas tu palabras mal sonantes ;))
