¡Bueno! Ya llegaron las vacaciones y con ellas el tiempo libre, lo que significa que podré dedicarme al AoKaga al 100% ya sea traduciendo, leyendo o escribiendo *Rueda por el suelo de alegría*. Os dejo el capítulo 4, espero que os guste, es muy tierno :3 Esta vez no hay aclaraciones finales.

El enlace al fic original está en el capítulo 1 ;)

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.

Re-disclaimer: La historia no me pertenece, es original de la autora Weirdgrammar que me ha dejado realizar la traducción ;)


Título: Tocar.

Disclaimer: No es mío (se refiere a personajes y esas cosas).

Pareja: AoKaga.

Nota: El tercer one-shot del día. Algo súper dulceeeeeeeeeeeeee~ está llegando.


El salón estaba bañado por la débil luz solar del atardecer. Casi ningún sonido se hacía eco en la habitación. Sólo unas débiles respiraciones y el crujir de las cortinas atrapadas en la suave brisa.

Kagami y Aomine estaban sentados en el suelo. Kagami se acomodó entre las piernas de Aomine, frente a su amante. Ninguno de ellos pronunció una palabra.

Los dedos de Kagami recorrieron el rostro de su amante. A partir de sus mejillas, sus cejas, la frente, los labios. Luego, viajaron por el cuello de Aomine y por sus hombros. No eran más que ligeros toques. No había nada sexual en ello. Como si Kagami estuviera intentando trazar todos sus rasgos en su mente.

Sorprendentemente, Aomine no respondió. Uno podría pensar que esos ligeros toques le volverían loco y empujaría a Kagami contra el suelo, pero no esta vez.

Él se limitó a observar con atención mientras Kagami se tomaba su propio y dulce tiempo en explorar su cuerpo.

Los dedos de Kagami viajaron hasta la mano de Aomine y entrelazó sus dedos juntos. Un leve rubor se deslizó hasta la cara de Kagami mientras lentamente se acercaba más a su amante.

Sintió la calidez de Aomine envolverle una vez que se hubo comido la distancia que los separaba. Podía sentir la respiración de Aomine fantasmalmente en sus labios, haciendo que su corazón se saltara un latido.

Respirando de forma profunda, Kagami plantó un beso en la mejilla de Aomine. La vergüenza nubló su mente cuando retrocedió, pero la severa mirada de Aomine le animó a continuar con lo que estaba haciendo. Y eso fue lo que hizo, duchando a Aomine con castos besos.

En el último beso en los labios de Aomine, Kagami susurró suavemente; "Te quiero."

Aomine no tenía que responder. Un beso en la frente de Kagami fue suficiente para transmitir sus sentimientos hacia su amado pelirrojo.