CAPÍTULO 4: SORPRESAS

En un despacho muy elegante estaba la familia Hummel-Hudson acompañada de un señor de unos 50 años, pelo corto canoso, bajito y con ojos pequeños y oscuros.

– Bueno, señor Hummel. Ya tiene su horario, sus libros y su uniforme. Nos queda tratar el tema de su habitación. Dormirá en la 204, compartida con un alumno de un curso inferior al suyo. Su nombre es Blaine Anderson. – Dijo el señor Lance, el director de Dalton, mientras revisaba sus papeles.

– ¿Que? – Preguntó Kurt – ¿No puede ponerme en otra habitación? No puedo compartirla con él.

– Supongo que ha pasado mucho tiempo con el señor Duval y el señor Sterling.

– ¿Qué es lo que sucede? – Quiso saber Burt.

– Estos chicos han venido reiteradamente a quejarse de la supuesta homofobia del señor Anderson. Sin embargo, ellos mismos han reconocido que ni les ha agredido ni les ha insultado... Si ni siquiera les a dirigido la palabra.

– ¿Usted cree que es buena idea que Kurt y él compartan habitación? – Preguntó Carole

– Creo que a los dos les vendría muy bien. Conozco al señor Anderson desde que nació, se que no va a hacerle nada a Kurt. No arriesgaría la reputación de Dalton por un alumno intolerante, se lo aseguro.

Recorrieron los pasillos de la residencia hasta llegar a una puerta que tenía el número 204 en ella y el director la golpeó. Poco después, la puerta se abrió dejando ver a un somnoliento Blaine, descalzo, con el pelo despeinado, un pantalón azul marino y largo de algodón y sin camiseta.

– ¿Si? – Preguntó el moreno.

– Hola señor Anderson, le presento a la familia Hummel-Hudson. El señor Hummel – señaló a Kurt – será su compañero de habitación.

– ¿Que? No, no, no, no, no. Mi padre solucionará esto. – Blaine entró, cogió la llave de su cuarto, una camiseta del suelo y su móvil. Salió del lugar antes de que ninguno pudiera entrar y se fue por el pasillo.

– No se preocupen, espero al señor Anderson con ustedes. Puede ir acomodando sus cosas. – Dijo el señor Lance mirando a Kurt.

En la habitación había dos camas, dos escritorios, dos estanterías y dos armarios de madera muy simples, distribuidos de forma simétrica a ambos lados. El izquierdo era el lado de Blaine, Kurt dedujo que lo había elegido porque en ese lado estaba la puerta del baño. La cama de la izquierda tenía la manta y sábanas revueltas, había ropa sucia alrededor de ella por el suelo. En las paredes había pósters de mujeres semidesnudas, en el escritorio se mezclaban los libros de diferentes asignaturas con revistas de coches y de videojuegos, además de un portátil, una televisión y una consola. En los estantes, diversas películas de acción y super héroes. Todo allí encajaba con el estereotipo de chico de 16 años heterosexual. El castaño cogió sus neceseres y su uniforme y se dirigió al baño. Estaba casi vacío, a excepción de una cuchilla y gel de afeitar, un bote de gel de ducha, otro de champú, un cepillo de dientes y dentífrico, un bote de desodorante y un peine. El joven suspiró, su compañero era un auténtico desastre. Salió del baño ya listo para asistir a clase.

Habían pasado 15 minutos cuando Blaine entró a su habitación acompañado de su padre. Ambos se parecían mucho, aunque el señor Anderson tenía el pelo canoso y más arrugas en la cara. Sin decir palabra, el menor se tumbó en la cama y se puso a leer una de las revistas sobre coches. Su padre fue el que habló:

– Mi hijo no comparte habitación, ese fue el trato.

– Lo se, pero el señor Hummel no tiene otro lugar donde alojarse, tenemos todas las habitaciones ocupadas. – Dijo tranquilamente el señor Lance.

– Elige, o el señor Hummel o mi hijo. – El señor Anderson miró al director

– Está bien, James, llévate a Blaine. ¿Te harás cargo de él?¿Le buscaras un nuevo colegio? Dalton es el único que tiene alojamiento ¿Te ocuparás de que tu hijo tenga cena todos los días?¿Lo educarás tú? – Dijo el director enfadado. Todos lo miraron sorprendidos por su cambio de actitud.

– Está bien. Se queda. – El señor Anderson se rindió. Se volvió para mirar a su hijo. – Tu madre quiere saber si irás a Los Ángeles con nosotros en Acción de Gracias para comprar los billetes de avión.

– No. – Respondió el más joven.

– ¿Quieres que le diga algo de tu parte? – indagó el padre.

– Que la veo en verano. – El joven se encogió de hombros sin darle más importancia a lo que acababa de decir, como si fuese normal que una madre y un hijo de 16 años no se viesen ni se llamasen durante los casi 8 meses que quedaban para el comienzo del verano.

– Ok. Adiós. – Se despidió el Señor Anderson.

En la habitación se hizo el silencio. Todos miraban a Blaine, sin embargo, parecía que no le había afectado lo ocurrido.

– Blaine, ¿te parece bien compartir la habitación con Kurt? – El tono del señor Lance era muy diferente al que había utilizado hasta ese momento en frente de los Hummel-Hudson. No sólo era amable, también era cariñoso.

– No, pero no tengo elección. – Respondió el joven.

– El Blaine Anderson que yo conocí hubiera estado encantado con compartir habitación y hacer nuevos amigos. – Comentó el director.

– Ese chico murió. – Dijo él de forma fría.

El señor Lance se despidió de todos de forma educada y salió de allí. Finn, Carole y Burt anunciaron que ellos también se iban y Kurt se ofreció a acompañarlos. Mientras los cuatro iban por el pasillo escucharon que alguien llamaba a gritos al castaño.

– Hola Jeff. – Saludó muy contento el ojiazul. – Te presento a mi padre, Burt, a Carole y a Finn.

– Encantado – dijo el joven tendiendo la mano a los hombres – Kurt, no me habías dicho que tenías una hermana tan guapa. – alagó a Carole mientras besaba su mano.

– Que adulador – Se sonrojó la mujer.

Una vez se despidió de su familia, se dirigió a clase con Jeff.

– ¿En qué habitación estas? – Quiso saber el rubio.

– En la 204.

– ¿Pero esa no es...?

– Si. – Lo interrumpió Kurt.

N/A: Espero que os haya gustado. Dejadme vuestros comentarios, me hacen muy feliz.