CAPÍTULO 4 – REENCUENTRO
-NARRA APRIL-
Me desperté al día siguiente con un extraño presentimiento en el estómago, una sensación rara que me impedía respirar. Abrí los ojos un poco perdida, tratando de recordar todo lo que había pasado el día anterior. El casting, el hospital con Anne… y poco más. Liz había asegurado que lo habíamos hecho bien y que nos llamarían para el papel, pero yo no estaba tan segura.
Lo primero que hice fue encender el ordenador, en busca de cotilleos frescos. Pero lo que vi me sobrepasó. Los Jonas Brothers estaban de nuevo en la ciudad. Al parecer habían llegado por la noche, algo tarde, pero aún así les había dado tiempo para dar una rueda de prensa y, al parecer, esa misma mañana, temprano, reunirse con los altos ejecutivos de Disney. El nudo de mi estómago se apretó aún más.
¿Habría ido Kev a ver a Anne? Y Liz, ¿sabría ya la noticia? Decidí llamarla al móvil, a ver si ya estaba levantada. Contestó con una voz seca, como paralizada.
-¿¿Liz?? –pregunté cuando descolgó.
-No –contestó ella. Vale, no había duda: lo había visto.
-Vamos al hospital como siempre, ¿vale? –le dije, intentando tranquilizarla –ahora tenemos que actuar normal o nos volveremos locas.
Ella dejó escapar un gritito a través del teléfono, algo que entendí como "sí". Luego, colgó.
Decidida a pensar fríamente, me dije a mí misma que no teníamos porqué encontrarnos con ellos. Si Kevin iba a ver a Anne al hospital, seguramente iría solo, como las últimas veces. Y verlo a él no me ponía tan nerviosa… es más, me apetecía. Siempre había sido muy simpático, y le echaba de menos.
Pero, ¿qué pasaría si Joe y Nick le acompañaban? Mi estómago volvió a cerrarse, nervioso. No… no debía pensar en eso. No sabía si estaba preparada para ver a Nick.
Cuando estuve lista, me despedí de mi madre, de mi abuela y de mi hermano, como todas las mañanas, y salí corriendo a mi punto de encuentro con Liz. Ella ya estaba allí cuando llegué, pálida como un fantasma e histéricamente nerviosa. No paraba de dar vueltas sobre sí misma, jugando con sus manos. No dijo nada cuando llegué.
-Vámonos, y haz el favor de comportarte. No tienen por qué estar allí todos, en congregación –le dije, tratando de convencerla tanto a ella como a mí misma.
Una vez en el hospital, echamos un vistazo alrededor, en busca de algún signo Jonas, algo que nos desvelara si habían estado allí o no: fotógrafos, fans alocadas, algún rastro de olor… ¿pero qué estaba diciendo? Subimos lo más deprisa que pudimos en el ascensor, directas a la habitación de Anne, que nos esperaba.
-¡Menos mal que habéis llegado! –exclamó al vernos. Liz se dejó caer en el sofá, aún perturbada.
-¿Por qué? –pregunté, preocupada -¿qué ha pasado? ¿Han venido?
Liz pareció prestarnos atención ahora, atenta a nuestras palabras.
-No. Aún no –dijo. Sonó un poco decepcionada.
-Anne, en cuanto pueda, Kevin vendrá a verte –le aseguré. ¿Qué era yo, la tranquilizadora de todos? ¡¡Si yo misma estaba muerta de miedo!! ¿Quién me tranquilizaba a mí, eh?
Mandé a mi cerebro callar. No era momento de ser egoísta.
-¿Tú crees? –dijo ella, preocupada. Le sonreí como única respuesta, sin saber tampoco qué decir. Kevin iría a verla, ¿verdad?
-Pero, ¿y si se ha olvidado de mi? –preguntó de nuevo Anne.
-Kevin no es de ese tipo de personas –dijo Liz, aún con la mirada perdida –no es como "otros" que yo conozco…
Claramente, hablaba de Joe, así que Anne y yo decidimos no decir nada. Justo en ese momento, entró una enfermera para hacer la ronda.
-Perdone, ¿ha llamado alguien hoy? –preguntó Anne, mientras ella repasaba los monitores y los cables alrededor suyo. La enfermera negó con la cabeza y se fue. Anne soltó un suspiro.
-Pues vaya –murmuré.
-Tracemos un plan –dijo Liz, incorporándose en su silla. Anne y yo nos quedamos mirándola atentamente –si ellos vienen en manada, es decir, los tres juntos, habrá que hacer algo.
-Salir corriendo –dije yo. Anne me miró con reprobación.
-Tarde o temprano tendréis que hablar con ellos –nos dijo –además, ni se os ocurra dejarme sola con Kevin.
-¿Por qué? Si lo vuestro está todo arreglado –espetó Liz. Anne bajó la mirada.
-No estoy tan segura…
-Una cosa está clara: hoy Kevin va a venir. Con o sin sus hermanos, pero va a venir –dije –. Así que tenéis que prepararos.
Al parecer, mi discurso no fue nada inspirador, porque ninguna se movió de su sitio. Liz siguió con la mirada perdida y Anne se quedó mirando la pared. Exasperada, me levanté hacia la ventana, tratando de relajarme. La habitación estaba en el quinto piso del hospital, y la ventana daba a la puerta principal. Parecía tranquila, a excepción de los enfermos y familiares que iban entrando regularmente. Apreté la cara contra el frío cristal, imaginando cómo sería volver a encontrarme a Nick… Le echaba tanto de menos que hasta podía verlo bajar de un coche allí mismo. Con su chaqueta de cuero, su pelo rizado completamente alborotado…
¿Me lo estaba imaginando o era verdad? Sacudí la cabeza y parpadeé varias veces. ¡Era él! Y no iba sólo. Joe y Kev bajaron de un coche oscuro detrás de él, y se encaminaron hacia la puerta principal. Tuvieron suerte de que nadie les reconociera.
-Chicas, creo que hay algo que debería… -se giraron a mirarme. Yo cogí aire –están aquí.
-¿A qué te refieres con "están aquí"? –me dijo Liz nerviosa. Anne se incorporó en su cama tan rápido que creí que se marearía.
-Eh… ellos. Están aquí. Acaban de bajar del coche en fila. Los tres –dije a trompicones –eso implica que los tres, Joe, Nick y Kevin vienen hacia aquí… a no ser que algún familiar esté en este mismo hospital.
Liz dio un salto del sofá, poniéndose en pie, histérica.
-Vámonos –dijo.
-¡¡No me dejéis sola aquí!! –nos gritó Anne, aún más nerviosa que Liz, si eso era posible –Si os vais juro que… ¡juro que no os pienso volver a hablar nunca más!
-Pues muy bien. Arrivederchi, amiga mía –dijo Liz, dando pasos largos hacia la puerta. Yo la cogí por un brazo.
-Lizzie, no podemos hacerle eso –le dije. El cerebro me iba a explotar, maquinando formas de librarnos de verlos.
-Gracias, April. Por lo menos tú eres una amiga de verdad –agradeció Anne, mirándome con calidez.
-No lo digo por ti, Anne. Es que ellos seguramente ya están subiendo y nos encontrarían intentando escapar –dije, sacudiendo la mano. Ella abrió la boca, ofendida.
-¡Mala pécora! –exclamó, echando humo –pues está bien, haced lo que queráis, porque ahora no os voy a decir lo que se me había ocurrido para que os escondierais.
Liz y yo nos miramos exasperadas. El tiempo corría en contra nuestra porque seguramente ellos ya estaban a punto de salir del ascensor…
-¡Desembucha! –le pidió desesperada Liz. Anne pareció ceder.
-Una al baño, la otra al armario. ¡Ya! –ordenó. Sin perder tiempo, le hicimos caso.
Tuve el tiempo justo para entrar en el armario y cerrarme dentro, porque justo después de eso, Anne soltó un gritito de emoción. Los Jonas acababan de entrar.
***
-NARRA NICK-
Solamente entrar en ese hospital me hacía ponerme enfermo. Odiaba los recuerdos que me traía y odiaba tener que sentirme de esa manera. Por lo menos, no se había corrido el rumor de que estábamos allí, así que pudimos llegar sin problemas hasta la habitación de Anne. El corazón empezó a latirme desbocado cuando Kev agarró el pomo de la puerta, preparado para abrirla. ¿Y si April estaba dentro? ¿Cómo reaccionaría? No sabía si sería capaz de aguantar más de un minuto a su lado sin pedirle de rodillas que volviéramos…
-¿Estáis listos? –preguntó Kev, echándonos un vistazo. Por lo visto, Joe también estaba histérico, porque se limitó a negar con la cabeza.
-Eh… ni lo más mínimo, pero, adelante –dije, respirando profundamente. Kev asintió, haciendo girar el pomo.
Cuando nos vio entrar, Anne dejó escapar un grito emocionado.
-¡Hola chicos! –exclamó con ojos brillantes –hacía mucho que no os veía.
-Hola Anne –dijo Kev, con voz temerosa. Impaciente, eché un vistazo rápido pero detallado a la habitación, buscando algún rastro de ella… pero no estaba. Tampoco estaba Liz, así que pude ver a Joe soltar un suspiro, entre aliviado y decepcionado.
-Anne, ¿cómo estás? –pregunté, acercándome un poco a su cama. Ella sonrió.
-Mejor, pero aún me cuesta andar –contestó. A pesar de haber estado todo este tiempo en coma y en el hospital, su cara seguía resplandeciente. Le sonreí con sinceridad.
-Pues menos mal que estás bien –comentó Joe, más relajado –porque conozco a una persona que estaba histérica…
Kevin le lanzó una mirada asesina, mientras que Joe se encogía de hombros. Decidí que sobrábamos.
-Bueno, Kev, creo que Joseph y yo vamos a esperarte fuera… -le hice un gesto a Joe con la cabeza, intentando que se diera cuenta de que teníamos que dejarles a solas. Por una vez en su vida, me hizo caso.
-Sí… eh, me alegro de verte Anne –dijo Joe antes de salir delante de mí. Le sonreí a Anne, y luego a Kev, tratando de infundirle valor.
Cuando cerré la puerta y salimos al pasillo, todo me pareció diferente: no habían curiosos asomados por las puertas, y el ambiente era bastante tranquilo. Joe se apoyó en la pared, soltando un suspiro.
-¿Decepcionado? –pregunté. Él negó con la cabeza.
-Aliviado –respondió. No se lo creía ni él.
-Vamos Joe, sabes tan bien como yo que te morías de ganas por ver a tu galletita –le reproché.
-Ni lo más mínimo –espetó, altanero.
-Joseph, creía que habíamos dejado la fase de negación atrás –dije. Él bajó la cabeza, derrotado.
-Es cierto –gruñó -¿dónde está? Debería estar aquí, cuidando de su amiga…
-¿Y esperándote? –murmuré. Él me miró ofendido –no… esperándome no… pero…
-Joe, sabes tan bien como yo que es posible que te haya olvidado… puede que haya intentado seguir adelante.
-Y si lo ha hecho todo será por mi culpa –me dijo.
-Puede –me encogí de hombros.
-¿Y qué hay de ti? –preguntó, mirándome detalladamente –también querías ver a April, ¿verdad?
-Sí –admití –pero, a diferencia que tú, yo sé esperar.
***
-NARRA KEVIN-
Cuando Nick y Joe salieron de la habitación, sentí como si las cosas se hubieran puesto peor. Con ellos, por lo menos me sentía respaldado, pero ahora estaba sólo ante el peligro.
-Anne… -empecé. Ella negó con la cabeza.
-No hables –dijo. Fruncí el ceño, extrañado. Ella sonrió -¿tengo que pedirte que vengas a darme un abrazo?
-¿Sigues queriendo un abrazo mío? –pregunté.
-¡Pues claro!
Di tres pasos hasta su cama y la envolví con mis brazos, apretándola contra mí. No pude evitarlo, soy un chico flojo. Unas lágrimas empezaron a caer por mis mejillas.
-Te he echado tanto de menos –le dije, acariciando su pelo –no sabes lo mucho que siento haber tenido que marcharme así…
Me aparté para mirarle a los ojos, ella también lloraba, haciendo que sus ojos verdes brillaran más de lo habitual.
-No te preocupes por eso –me dijo.
-De verdad que yo no quería irme así… pero ya sabes cómo es esto… tenía que hacerlo por el grupo, no podía dejar a mis hermanos tirados –expliqué atropelladamente –no debería haberte dejado conducir hasta la gala… tendría que haberte enviado un coche o algo…
-Calla, Kev –me interrumpió, sonriendo aún –no importa, de verdad. Ahora estás aquí… creí que no vendrías.
-¡Por supuesto que sí! –dije –y habría venido antes si me hubieran dejado.
Volví a abrazarla, ya más tranquilo. Volvía a tenerla conmigo y eso era lo importante.
-Así que, ¿qué vas a hacer esta noche? –le pregunté. Teníamos muchas cosas de las que hablar. Ella se rió.
-¿Tú qué crees? –dijo, mirando alrededor, como recordándome que estaba en un hospital –lo más seguro es que esta noche hagan un concurso de talentos en la planta baja… no sé si podré ir, ya que no tengo ningún talento especial…
-Estás loca –le dije, riéndome. Luego me acerqué a ella con delicadeza, sin saber si era demasiado pronto para besarla. Ella asintió imperceptiblemente, como dándome pie a ello, así que me atreví a rozar mis labios con los suyos.
-Ehh… chicos, siento interrumpiros –carraspeó una voz desde la puerta. Era Joe –es que tenemos una emergencia…
Levanté la vista para ver qué tripa se le había roto esta vez. Nick y él tenían cara de susto y se apoyaban en la puerta, blancos como la pared.
-Fans. Muchas. En el pasillo. Van a usar la fuerza para entrar –murmuró Nick. Di un salto, alarmado. Recorrimos desesperados con la mirada toda la habitación, buscando algún sitio en el que escondernos…
-Joe, tú al armario. Nick, al cuarto de baño. Yo me esconderé debajo de la cama –les ordené a todos. Anne me miró escandalizada.
-No hay tiempo, Annette. Actúa con naturalidad –me disculpé. Sin perder un instante, rodé por el suelo, mientras que mis hermanos se metían en sus respectivos escondites.
Nos iba a costar mucho esfuerzo salir de allí de una pieza.
***
-NARRA JOE-
No me llevó demasiado tiempo darme cuenta de que no estaba solo dentro del armario. Pero, eso era absurdo. ¿Más gente dentro? Aquello no era un sitio tan agradable como para pasar el rato, así que al principio pensé que estaba paranoico. Pero cuando alguien me pisó el pie, me di cuenta de que no estaba loco. Había alguien dentro.
-¿Hola? –susurré, intentando no hacer mucho ruido. Al fin y al cabo, estaba escondiéndome. Nadie respondió.
El armario estaba hasta los topes de ropa, algo que no tenía mucho sentido teniendo en cuenta que la enferma tenía que llevar una bata todo el tiempo. Ahora que me paraba a pensar, ¿serían de esas que tienen la espalda al aire? Un estornudo me sacó de mis pensamientos.
-Salud –contesté, casi automáticamente. Luego di un respingo. ¡¡Había alguien allí dentro!!
-Gracias –respondió ese alguien. Aquello estaba tan oscuro que no podía ver nada.
-Perdona pero, ¿con quién tengo el placer de compartir armario? –pregunté, tratando ser amable. Me respondieron con otro estornudo.
-Mierda, creo que soy alérgica a algo –maldijo por lo bajo. Seguía sin saber quién era.
-Puede que seas alérgica a mí –propuse. Reprimió unas risas.
-No… es la maldita naftalina –contestó.
Lo más gracioso era que su voz me sonaba bastante...
-No tiene sentido tanta ropa, ¿verdad? –susurré, tratando de entablar conversación. Ella estornudó otra vez –en serio, trata de contenerlos. Por tu culpa me van a descubrir.
-¿Estás jugando al escondite, o algo así? –preguntó en voz baja.
-Esa pregunta se puede aplicar a ti también –murmuré –esto de estar metida en un armario, ¿es un pasatiempo? ¿Lo haces muy a menudo?
-¡Oh, sí! Siempre que tengo tiempo –bromeó ella. De eso estaba seguro, era una chica.
-Esto… ¿te conozco? –le pregunté, tratando ser directo. Ella se acercó a mí, pegándose por completo. No sabía qué hacer con mis brazos, así que los pasé alrededor de ella.
-Joseph… soy April –susurró. Mi primer impulso fue apartarla. Al fin y al cabo era la novia de mi hermano pequeño… pero, ¿lo era aún?
-¡Mira qué bien! –seguí bromeando –nunca se sabe lo suficiente de una persona.
-Calla, que nos vas a descubrir –espetó ella. Era cierto.
Los dos nos quedamos callados, tratando de escuchar un poco lo que se cocía fuera de allí. Al parecer las fans habían entrado en manada y ahora estaban interrogando a Anne. ¿Dónde estaban las enfermeras cuando se las necesitaba?
-¿De verdad que no los has visto? –preguntó una chica –los hemos visto dirigirse hacia aquí.
-¿Creéis que estaría aquí tan tranquila si los Jonas Brothers hubieran pasado a hacerme una visita? –interpretó Annette. Oí un murmullo general –por favor, ¡son los Jonas Brothers! Por ellos sería capaz de ponerme a bailar una samba aquí mismo.
April y yo nos reímos en voz baja, asombrados por la interpretación de Anne. Lo estaba haciendo bastante bien.
-Pero, ¡yo les vi! –interrumpió otra chica. Me pregunté cuántas habrían –en serio, vi a Nick y a Joe entrar en esta habitación.
-Pues me parece que, a no ser que les haya salido alas y hayan escapado por la ventana, estás equivocada –casi podía ver a Anne encogerse de hombros.
-Puede que los tengas escondidos. Seguro que los quieres para ti sola –la acusó una de ellas.
-¡Oh, sí claro! –dijo ella exasperada –están los tres metidos debajo de la sábana, esperando a que os vayáis para poder salir en paz.
Puede que no tuviera tanta gracia, pero me entró la risa histérica. Y al parecer a April también, porque ambos empezamos a sacudirnos, tratando de contenerla. Si hacíamos un mínimo ruido, nos encontrarían y aniquilarían. Teníamos que conseguir tragarnos la risa de alguna forma, teníamos que callarnos… lo primero que se me pasó por la cabeza fue besarla. Lo hice.
***
-NARRA LIZ-
Yo sabía que el baño era un pésimo escondite, porque si a alguno le entraban ganas de usarlo, me encontrarían a mí como parte del mobiliario, pero aún así, entré sin perder prisa.
Con las luces apagadas, seguro que no se me veía, pero por si acaso decidí meterme en la ducha y ocultarme tras la cortina. Tiesa como un palo, rezando para que no tardaran demasiado en irse. Sin embargo, eso no pasó. Y lo que era peor, uno de ellos entró corriendo a mi escondite. Mi pésimo escondite. No me moví de donde estaba.
Oí un pequeño alboroto fuera, probablemente causado por las fans histéricas entrando a tropel. Pobre Anne, la que le esperaba era gorda… Traté de ser discreta mientras apartaba un poco la cortina para intentar ver a quién le había tocado el baño. Esa parte me la había perdido antes, porque mis oídos estaban taponados por el pánico. Estaba todo tan oscuro que no pude distinguir absolutamente nada, así que decidí atreverme un poco más y salir de la ducha.
-¿Hola? –preguntó mi compañero. Cerré los ojos, dándome cuenta de que era Nick. Maldije por lo bajo, porque me había oído, pero no dije nada, y volví a la ducha con sigilo.
-Bueno, estoy segura de que no los escondes debajo de la sábana –oí que decía una de las fans fuera –pero puede que estén dentro del baño.
Di un respingo, histérica. Si las fans entraban y encendían las luces, nos verían a ambos. Sentí que mi corazón empezaba a latir con fuerza.
-¡No, qué va! –gritó Anne, nerviosa –en el baño está mi compañera de habitación, dándose una ducha…
Lo siguiente ocurrió muy rápido. Nick dio un salto dentro de la bañera, chocando conmigo. Aún así, reprimió un grito y abrió el grifo, haciendo que el agua empezara a caer estrepitosamente. Luego, me agarró fuerte, aún a oscuras, y se pegó a mí, tratando que pareciéramos uno. Acto seguido, la puerta del baño se abrió y las luces se encendieron. Ahora podía mirar a Nick a la cara, que se encontraba a unos escasos centímetros de la mía. Él me miraba fijamente, como intentando que le entendiera.
-¿Anne? –grité, sin apartarme de Nicholas -¿qué pasa? ¿Por qué abres?
-¡Ay, perdona! –se disculpó la chica, saliendo apresuradamente.
-¿Veis? –dijo Anne –os lo dije. Sólo es mi compañera.
-Pero, ¿por qué se ducha con la luz apagada? –preguntó una de las fans, sospechando. Casi pude oír su cerebro maquinando una respuesta convincente.
-Es que la pobrecita es ciega –contestó –así que no le hace falta la luz.
Todas asintieron, con pesar. Lo único malo era que al salir, la chica no había apagado la luz, así que aún me encontraba con los ojos de Nick mirándome fijamente. Y encima, empapada. Cuando hice ademán de cerrar el grifo, él me sujetó la mano, sacudiendo la cabeza.
-Si lo haces, esperaran a que salgas –me susurró. Yo asentí. Me estaba quedando helada, pero decidí callarme. Sin embargo él se dio cuenta cuando me estremecí, porque se abrazó más fuerte a mí, tratando de darme calor.
-Gracias –murmuré.
El agua continuaba cayendo, y eso era lo único que se escuchaba. Al cabo de cinco minutos, oímos la puerta de la habitación cerrarse y a todas las chicas salir con paso tristón. Habían dejado escapar a sus ídolos. Nick se apartó de mí y cerró el grifo.
-Creo que deberíamos salir ya –murmuró, sin apenas mirarme a los ojos.
Nick nunca había sido mi hermano favorito, en cuanto a que no me había atraído como chico, pero durante esos diez o quince minutos que me parecieron eternos, empecé a mirarle de otra manera. Había sido muy tierno abrazándome para que no tuviera frío, y no había empezado a hacer preguntas al encontrarme allí…
-Estás empapado –le dije. Sus rizos chorreaban agua, y su ropa estaba completamente mojada. Él se encogió de hombros.
-Tú también y no te he dicho nada –contestó, con una sonrisa ladeada. Sin querer, volví a estremecerme de frío. Él se dio cuenta.
No tenía por qué, pero lo hizo. Me rodeó con sus brazos, como antes. Pero esta vez, yo le abracé a él también. Tras unos instantes, se apartó un poco para mirarme a la cara, algo extrañado.
-Ya sé que te estás preguntando qué estaba haciendo en el baño –murmuré, algo nerviosa. Él sonrió.
-La verdad es que de ti me espero cualquier cosa –dijo.
Creo que nos dimos cuenta de la situación, así que nos separamos un poco incómodos. Nick buscó dos toallas grandes para secarnos y nos envolvimos en ellas antes de salir del baño. No había peligro fuera, las fans se habían marchado.
-¡Por fin! –exclamó Anne cuando nos vio salir. Kevin se arrastraba por el suelo, tratando de levantarse y el armario se abrió, de donde salieron Joe y April, consternados.
-¿Estáis bien? –preguntó Kev, mirándonos a Nick y a mí. Nosotros asentimos -¿y vosotros?
Joe y April sacudieron la cabeza, mientras que April estornudaba sonoramente. Joe se rió.
-Es que es alérgica a la naftalina –explicó.
-¿A la naftalina o a ti? –bromeó ella. ¿Era mi imaginación, o se miraban de una forma… diferente?
-Casi os descubren –interrumpió Anne mis pensamientos. Nick pasó su brazo por mis hombros.
-Casi –contestó. Él también miraba sospechosamente a Joe y a April, así que supuse que no era la única que se estaba volviendo paranoica.
-Así que casi, ¿no? –dijo Joe. Ahora era él el que miraba a Nick y a su brazo alrededor de mis hombros. April me lanzó una mirada fulminante.
-A nosotros no, porque Joe y yo creamos un gran equipo, ¿verdad, Joe? –dijo April, mirándole sonriente. Él asintió con la cabeza, acercándola hacia sí por la cintura.
-Esto, chicos –dijo Kev, que miraba la escena extrañado –creo que nos tenemos que ir.
Anne miraba a ambos lados, de Joe y April a mí y Nick. Luego agarró a Kev por un brazo.
-No pensarás irte así como así, ¿verdad? –le dijo. Él sonrió.
-Claro que no –se acercó a ella y le dio un beso, tierno –volveré pronto. No te vayas.
-¿Qué dices? –exclamó Anne –ahora que todo se está poniendo tan interesante, ni loca me voy.
¿y bien? espero que os haya gustado!! y que, como Anne, no os vayáis ahora. Queda mucho más ;)
si quieres alegrarme el día sólo tienes que dejarme un review!! Gracias a las que ya lo hacéis!
-Vicky.
