4º
Segundo sospechoso: Clay Bailey
Hijo de perra, ¿con qué solo hablabas con la víctima de regreso en el autobús y nada más? ¡¿por quién me toma ese condenado?! Si cree que puede jugar conmigo a la perinola, él está totalmente equivocado. Clay Bailey, otro estudiante de Saint Hui, cursaba quinto año, tiene dieciocho años, es el hijo único de un ganadero estadounidense. Nació en CosmosXiaolin, empero regresó con los suyos en Texas cuando tenía trece años y después de pasar tres años sabáticos allá, vuelve a mudarse a definitivamente a CosmosXiaolin. La familia pretende establecerse aquí. Quizá no es el estudiante más inteligente (sus notas son regulares) ni es el más atlético (pero sí el más fuertecito), sin embargo, los profesores elogian su disciplina y su espíritu de ayudar a los demás. Eso es lo que pudimos obtener de los terminales de línea aérea y la escuela. Su reporte clínico no ayudó mucho. Del otro... No sé por qué, pero el apellido del chico me suena bastante, creo que lo he visto por otro lado, solo que no puedo recordarlo. Cuando viajé de mi apartamento al departamento de policía pude comprobar por mí mismo cada nombre. Los de la policía se encargaron de registrarlos en una base de datos donde los tenían a todos identificados y sabían de su dirección. Solamente 2 nombres eran de estudiantes del mismo colegio de Ping Pong: Clay y Raimundo. Se me dio escoger entre interrogar a los amigos de Ping Pong o a Bailey, tengo varias cuentas que arreglar con él así que prefiero encaminarme a casa de la familia. Nuevamente me ponen a Dojo, como lo juré esta vez conduje yo. Raphael y otro grupo de hombres se encargarían de los amigos de Ping Pong. Por alguna rara razón, la casa de los Bailey está ubicada en los límites de la ciudad.
-Tal vez les guste el aire libre, recuerda que ellos son granjeros.
-Ganaderos, Dojo, y sí, tal vez tienes razón. Mira, allí está.
-Mantente alerta a cualquier movimiento –me susurró Young al oído, ¿no les dije que me obligarían a llevar el micrófono? Siento un escalofrío. A pesar que Dojo me insistió varias veces conducir él (está consciente de mi relación con Young), no estoy tan loco. Los Sres. Bailey nos han visto llegar, salen. Jesucristo, esta familia vive su tierra, están vestidos como ganaderos, ¿o eran vaqueros? Dojo y yo salimos, cada quién en su lado.
-Sres. Bailey, somos del departamento de policía y venimos para...
-Ya sé, ya sé, sólo pasen –gruñó el Sr. Bailey. Dojo y yo intercambiamos miradas. Le digo que se quede en la patrulla, me encargaría (o más bien, Young y yo) interrogaríamos a este sospechoso.
-Qué simpático es… –musitó Young. Sigo al padre del joven Bailey mientras la señora nos sonríe. Vemos a alguien a lo lejos, parece que viene de salir y por las barbas, podría ser el abuelo del muchacho. Él está en la sala.
-Clay, estos señores de la policía quieren hablar contigo, más te vale que no te hayas metido en un buen lío, ¿me oíste?
-Por supuesto que no, ellos vienen por el caso de Ping Pong.
-¿Está insinuando que tenemos que ver con la desaparición del chiquillo ese? Nosotros somos una familia honrada...
-No venimos a levantar el dedo contra alguien si no a averiguar la relación de su hijo con el desaparecido...
-Aún no venimos a levantar el dedo –responde Young divertido. Cállate, mezquino infeliz.
Tomamos asientos, los padres de Bailey se retiran para dejarnos a solas con junior. La casa Bailey es, como decirlo, rústica. Hay varias chimeneas en esta casa. La cocina era pequeña y todo en ella está bastante apretujado. En el medio hay una mesa de madera con sillas en torno. Había un reloj de pared (menos horripilante que en la casa de la anciana), al lado de la chimenea y sobre la repisa hay montones de libros. Hay un radio que se escucha en otra habitación. Me senté en un sofá. Bailey en otro. Lo único que nos separaba era un tapete verde y sobre él una mesilla con un florero de gardenias en el centro y un platillo de plata.
-Me mentiste, hijo. Decías que conocías a Ping Pong de lejos y resulta que has compartido secretos con él, tenemos pruebas de que fuiste a su consultorio en varias oportunidades.
-No quería inmiscuirme en líos –dijo con voz apagada.
-Si no querías meterte en líos podrías empezar diciendo la verdad porque diciendo mentiras por pequeñas que sea resulta un tanto sospechoso. ¿No sabes que tarde o temprano vamos a descubrir la verdad?
-Basta de lindos discursos, pregúntale sobre su relación con Ping Pong, sácale toda la información que puedas.
-¿Entonces, vas a decirme ahora la verdad entre Ping Pong y tú? –Bailey no responde. Baja la cabeza. Vacila al principio, no es capaz de mirarme a los ojos como si sopesara una carga sobre sus hombros. Al igual que Spicer, examino hasta el más mínimo de sus detalles. De inmediato, Clay comienza a sollozar. Esa jugada no me la esperaba. Clay aprieta los puños, sus nudillos retruenan. Asume una actitud de culpabilidad aparentemente. En contraste con Spicer, no se ve nervioso ni sus ojos son saltones. No parece consumidor de drogas ni tiene la pinta de un mal muchacho, pero aprendí a no fiarme de las apariencias gracias a Young.
-No caigas en su trampa, está actuando, mantén el puño firme.
-¿Y bien? Sigo esperando.
-No es fácil lidiar con esto, detective Guan. Es cierto, Ping Pong y yo éramos amigos, él era una gran persona, un buen amigo, escuchaba mis problemas. Yo no mentí cuando dije que conversaba con él en el autobús de regreso a casa, teníamos nuestras salidas de amigos, no obstante, compartíamos más tiempo en su consultorio. Cuando yo era un niñito, era más… gordito, sufría de desordenes alimenticios, mis compañeros de clase se metían conmigo y me decían cosas feas, me lastimaban. Quería ser aceptado, pero solamente me rechazaban, oscilé deseos suicidas por eso, fue una etapa dura para mí y como consecuencia mis padres decidieron sacarme y llevarme de regreso a Estados Unidos, entonces cuando me sometí en una dieta estricta, empecé a hacer ejercicio, me fui a ver con nutricionistas y psicólogos, me convertí en un nuevo Clay –se señaló a sí mismo con el dedo-, decidí regresar para tomar el control de mi vida y encarar a quienes me hicieron daño, que para ironías del asunto, unos de ellos padecen de sobrepeso como yo anteriormente.
-Te está mintiendo –ladró Young. Esta vez omití su comentario. Conmovido por la historia.
-Vaya, es triste, he... tratado chicos como tú, en algunos de los casos que resolví hubieron chicos que no perdieron la batalla. Me alegra que decidiste seguir adelante con tu vida, pero no olvides que uno debe de estar conforme como es físicamente al fin y al cabo es el cuerpo que Dios nos ha dado –Bailey asintió-, si bien no veo en qué parte del asunto encaja Ping Pong y creo que hay algo en tu relato, que no me has dicho.
-Sí, tiene razón, no voy a mentirle –respondió con franqueza, apoyando la mano derecha en su muslo-. Hablé de estas cosas con Ping Pong y de... mi hermana...
-¿Tienes hermana? ¿por qué tus padres te registran como hijo único, entonces?
-Porque ella desapareció hace tiempo, –dijo en un hilo de voz- antes de mis problemas con sobrepeso, éramos papá, mamá, mi hermana y yo, una familia unida, cuando desapareció el mundo dejó de ser el mismo. Mis padres recurrieron ayuda a las autoridades locales, todos los medios; buscaron por cielo y tierra durante años pero jamás la encontraron, destrozados, tanto la policía como mis padres la dieron por muerta y desistieron la búsqueda. No quiero que a Ping Pong le pase lo mismo –gimió-, no creo soportar otra pérdida de un ser querido.
-Y, ¿cómo desapareció tu hermana?
-¿Qué haces, Guan? No te salgas de nuestro objetivo.
-Estábamos muy pequeños, mis padres nos dejaron con nuestro abuelo mientras asistían a una fiesta una noche del 2002. El abuelo se durmió, yo estaba dormido, no sé cuando ella se despertó que salió del cuarto. La puerta estaba abierta y ella simplemente se fue –Bailey hace un intermedio, conteniéndose-, cuando mis padres regresaron vieron la puerta de mi hermana abierta y la de la casa, inmediatamente se reportaron a las autoridades. No puedo recordar mucho porque tenía 7 años y no es el tema de conversación favorito de mis papás, prácticamente tengo prohibido sacar ese doloroso recuerdo, ¿usted sabe lo que es perder un familiar al que tanto aprecia? ¿Qué no recuerde su voz? –me preguntó Bailey. No sé en qué instante enflaquecí y me dejé llevar. Ya no escuchaba nada. Ni los gritos de Young. Dentro de mi cabeza se hace eco el sonido de los disparos, impidiéndome pensar con claridad. Esa voz diciéndome que tenía que ser fuerte, que había quedado huérfano a temprana edad. Los ruidos dentro de mi cabeza me torturan. Se dibuja en mi semblante una expresión adolorida.
-Sí –contesté sin verlo-, sí, sé de qué hablas. ¿Viniste por ella, no? ¿tienes esperanza de que siga viva? –Clay no respondió, estaba sumergido como en un trance, me dio lástima- hijo, no te prometo nada, pero voy a tratar de insinuar tu caso a los de la policía. ¿Tienes alguna foto de tu hermana? Nuestro equipo se encargará por ordenador de simular cómo sería tu hermana actualmente.
-Mi hermana es tres años menor que yo, me parece que tengo conmigo una foto por aquí – el joven Bailey no tuvo necesidad de levantarse, sacó su billetera del bolsillo trasero de su jean y rebuscando entre los documentos, me entregó una foto vieja. Asentí con la cabeza. El muchacho se mostró enormemente agradecido con mi interés sobre reabrir el caso.
-¿Cuándo ves a Ping Pong, ves a tu hermana? ¿te recuerda a ella?
-Creo que sí, ¿no le parece lógico que sería estúpido que intentara secuestrar a Ping si para mí es la imagen de uno de los seres queridos que más apreciaba?
-Pues sí, tal vez tengas razón.
-Muchas gracias y por favor, encuentre a Ping Pong –me dijo- no le mentí cuando le dije que no estuve con él en el día de la fiesta.
-Eso haremos, hijo –me levanté, dispuesto a irme. Dejé al joven Bailey muy perturbado con recordarle a su hermana, creo que no tengo nada que hacer aquí cuando una voz me saca de mis pensamientos.
-Pregúntale si sabe algo sobre Spicer y Pedrosa, qué relación tiene. Tú ya preguntaste lo que querías, malgastaste el tiempo en tonterías, ahora es tiempo de mis preguntas. Ni se te ocurra sacar un pie de esa casa, Guan... ¿no quieres resolver el caso? ¿no quieres que me vaya de regreso a mi prisión y no te vuelva a molestar más nunca? –vuelvo a poner un pie en el interior de la casa. Young tiene razón. Me doy la vuelta.
-¿Pasa algo?
-Oye, de casualidad, ¿qué sabes sobre Spicer y Pedrosa?
-¿Raimundo y Jack? ¿ellos también son sospechosos? –pregunta aturdido.
-Aquí yo hago las preguntas, limítate a responder –dije.
-Pues no mucho, ellos y yo somos compañeros de clase. No soy amigo de ninguno, solo de Ping.
-¿Te consta si los has visto en el consultorio?
-Creo que sí, a Jack no lo he visto, pero creo que Ping Pong me mencionó algo y Raimundo lo he visto.
-¿Qué relación tienen con Ping Pong?
-Sabrá ellos.
-¿Y chicas pelinegras que estudien contigo y asisten a esa terapia infantil?
-No sé –se encogió de hombros.
-¿Totalmente seguro? –Clay asiente firmemente con la cabeza- ¿tienes algo más que aportar a la investigación? –sacude la cabeza-. Okey, eso es todo. No eres oficialmente sospechoso, pero te recomiendo que no intentes salir del país o cualquier cosa parecida, te pediremos tu número de teléfono porque necesitamos comunicarnos contigo y presiento que será más de una vez, ¿entendido?
-Está bien, detective.
De regreso al departamento de policía, tuve que soportar los gruñidos de Young. Ni porque sentí algo, permití que Dojo condujera, aunque de no ser por él casi me paso un alto. Hace tiempo que no pensaba en mis padres. Al igual que Bailey, también los perdí a corta edad y casi ni me acuerdo de ellos, pero les debo el hecho de que haya decidido convertirme en un policía. Mientras espero en el semáforo. Saco la foto. No tuve tiempo de revisarla en la casa de Bailey. Es una foto de cumpleaños. Es una niña rubia, cabello corto y de ojos azules, al igual que Bailey es rellenita (¡guau! él no hablaba en broma cuando me contó su problema de sobrepeso). Se inclina sobre una torta de fresa para soplar las seis velitas. La madre de la niña, sujeta entre sus brazos al niño Bailey. El padre, el abuelo y demás parientes están ahí también. Dojo me pregunta por la foto. Se la doy, es momento de arrancar. El semáforo ya cambió a verde. Cuando el departamento de policía me queda a una esquina. Le pregunto a Dojo si sabe algo del caso de la misteriosa desaparición de la niña Bailey. Pero no recuerda nada sobre la hermana de Clay. No obstante, cree posible que la computadora simule cómo sería su apariencia en la actualidad. Young me sopla los resultados de las entrevista con los amiguitos de Ping Pong cuando me voy acercando a las puertas de la agencia.
¿Cuándo fue la última vez que vio a Maurice Antonio Gaulle?
-La última vez que vi a Ping Pong eran como las ocho y cincuenta y nueve de la noche, fui por refresco y no lo vi más.
-Ping Pong estaba con nosotros en el transcurso de la fiesta, la última vez que lo vi, seguía con el grupo. Yo me fui a explorar otros aires del cumpleaños como a las nueve y cincuenta y nueve.
-Efectivamente, desde el momento que Ping Pong entró, siempre estuvo conmigo. Después de que vinieron unos amigos, nos pusimos todos juntos, yo a veces iba y venía porque soy familiar del cumpleañero. La última vez que supe de Ping eran como las nueve y media, cuando regresé a los cinco minutos, me dijeron que se fue al baño y no quise interrumpir ya que era su intimidad.
-Ping Pong y yo estábamos al lado de la mesa de los banquetes cuando me dejó porque dijo que tenía ganas de ir al baño. Después de ahí no lo vi más. Eran las nueve veinticinco.
-Eran las diez y diez cuando regresaba que vi a Ping Pong rondar por el patio, lo llamé, no me dijo nada. Creí que no me escuchaba y no quise importunarlo, temiendo que estuviera ocupado y me fui a la fiesta, no lo vi más.
¿Qué sabe sobre su negocio de los "secretos"?
-Una vez fui con él. Tenía un problema y Ping Pong sacó el tema del pago por los secretos. Fue hace tanto que ni ya lo recuerdo, cuando el negocio comenzaba a surgir. Ping Pong me dijo que estaba reuniendo para comprarse una bicicleta, era como a mediados de junio, ya saliendo de cuarto grado que tenía esa idea y la llevó a cabo en septiembre.
-¡No sabía que tenía ese negocio!
-Mi primo Jack era cliente de Ping. Lo vi varias veces ir allá, cuando lo atrapé, no tuvo más remedio que confesarlo. Eso es todo lo que sé.
-He visto a varios chicos de la escuela ir, mi casa queda cerca de Ping Pong y por razones personales he llegado tarde, justamente cuando el negocio comenzaba a abrir sus puertas en horas de la tarde. Muchachos de quinto año me parece. Clay, Jack, Kimiko, unos chamos de segundo y uno de cuarto...
-Ah sí, tenía una cita con él después del día de la fiesta. He ido como unas tres veces y las veces que he ido, noté que la clientela es mucha, acuden varios vecinos y amigos míos de otras escuelas, de hecho, fueron ellos quienes me dijeron que fuera... ¿Raimundo, Jack, dos muchachos de segundo y uno de cuarto, Kimiko y Clay? Solo vi a Clay en fila una vez.
¿Cuál es la relación que Ping Pong tiene con Raimundo Pedrosa, Jack Spicer, Clay Bailey, la chica llamada Kimiko, el muchacho de cuarto y los dos chamos de segundo?
-No sé.
-Ni idea.
-Con los otros no lo sé, yo le presenté formalmente a mi primo. Creo que solamente llevan una relación de conocidos.
-Creo que son clientes nada más.
-Pues yo he visto a Ping Pong con Clay, Kimiko y Jack juntos, no sé que estaban haciendo, creo que bailando, pero parece que no quería que nadie los descubriera. Los demás no sé –si eso es cierto, todo lo que nos dijeron Bailey y Spicer ha sido mentira.
Fue exactamente lo que oímos de las cintas, el resto de la policía, Young por el micrófono y yo. Fung detuvo la grabación. Los policías grabaron sus conversaciones con los chicos. Tal parece que ya tenemos otro nombre y más sospechosos. No sabemos quiénes pueden ser los otros porque el chico escasamente recuerda sus caras, las características físicas en el retrato hablado no tienen mucho que decirnos. Son comunes. En cuanto Kimiko, es otra estudiante de quinto año del mismo colegio en que asistía Ping Pong, de raíces japonesas, su nombre completo es Kimiko Mori, vive en un apartamento con su hermana mayor Seiko Mori, que estudia en la universidad. No dice nada sobre un padre ni una madre. Tal vez son huérfanas, quién sabe. Podemos sumarla a nuestra lista de sospechosos. Hasta el momento tenemos a Bailey, Spicer, Pedrosa y ahora a Mori. Pedrosa... Aún me sigue sonando su nombre. Como sea, no tenemos mucho. Muchas hipótesis. Ninguna prueba. Solo hasta que encontremos al niño se sabrá todo, si es que está vivo. Llevo la fotografía de la hermana de Bailey a los laboratorios y a Fung, les pregunto sobre el caso mientras les explico que tal me fue en mi encuentro con el joven.
-¿Hablas de Jesse Bailey? –me pregunta uno, transcribiendo los datos en la computadora.
-Pues debe ser, nunca le pregunté a Clay el nombre de su hermana y no creo que sea común este apellido norteamericano en estas zonas.
-Aquí está el reporte de una niña identificada como Jesse Bailey, la dan por desaparecida, aparece archivado el 8 de mayo de 2008. Fue cerrado por falta de pruebas concluyentes.
-Ese es, ¿no podrían reabrir el caso?
-No sé, si se cuenta con la aprobación de los tribunales y los padres...
-¿Sabe qué? Olvídelo, le voy a entregar esta foto. Si puede hacer un retrato suyo de cómo sería esta niña con quince años hoy, le estaría agradecido. Estoy seguro que con un grupo de especialistas en reconocimiento fácil y de forenses podrán hacerlo, ¿cree que puede?
-Sí... pero...
Con el "sí" me bastaba y sobraba. Inmediatamente me marché de allí. Posiblemente cuando termine de resolver el caso, me centraría en buscar a la hermana de Bailey (si es que resulta inocente del caso de Ping Pong). No sé por qué siento una sensación de nostalgia cuando yo toco casos relacionados con familias incompletas o que carecen de amor. En fin, creo que tomar algo de agua no me vendría mal para refrescar la garganta y los pensamientos. Voy al bebedero y me sirvo un vaso de agua fría.
-Hola Guan, ¿qué cuentas? Por mí, se me asignó vigilar a Jack Spicer. Voy en camino hacia allá en una patrulla.
-Raphael –me doy la vuelta, cuando lo miro de frente, en su placa de policía leo su nombre completo-. ¿Pedrosa? ¿es tu apellido? -¿cómo no había reparado en ello antes? Si hace unos días me dijo que tenía sus hijos estudiando en Saint Hui.
-Sí, ¿por qué? –responde aturdido.
-De casualidad, ¿Raimundo Pedrosa es tu hijo?
-Uno de ellos, ¿pasa algo con él?
-En la lista de clientes de Ping Pong, está su nombre reiteradas veces y creemos que él es…
-¿Mi hijo? No pensarás en eso, Guan, él es un muchacho centrado en sus estudios, tiene a su grupo de amiguitos y a su novia, pero no está metido en malos pasos –dice nervioso. Sé lo mucho que horrorice la idea de que tu hijo podría ser responsable de un delito.
-Te recuerdo que oficialmente no estamos señalando a culpables, solo que tal vez nos pueda proporcionar información. No nos vendría mal una charla con tu hijo, ¿está en casa ahora?
-No, creo que fue a casa de su novia por lo que me dijo anteayer.
-¿Cómo se llama ella?
-Seiko, me parece –qué maravillosa coincidencia, la hermana mayor de una sospechosa.
-Perfecto, nos vemos...
-Pero...
No digo nada a nadie. Estoy obstinado de tener a una niñera todo el santo día. No creo que en esta ciudad hay un millón de Seiko, debe de ser la hermana mayor de Kimiko. Cuando acudo a la base de datos, aún la pantalla sigue en los datos personales de la japonesa incluso la de su dirección. Queda un poco lejos desde aquí. No me hará mal caminar un rato. Sé cómo llegar allá. La imprimo en la impresora láser, la doblo a la mitad y la meto en el bolsillo de mi gabardina. Salgo y tomo el camino hacia la derecha.
-Así que uno de los sospechosos tiene un papá policía. Qué interesante eso le permite tener acceso inmediato a los archivos confidenciales de la policía si sabe cómo hackearla y estar cerca de las armas de fuego, no olvides que los jóvenes se sienten atraídos por estas clases de juguetes...
-Young, casi te olvido por lo callado que estabas, descuida, todo volverá a ser silencioso cómo antes cuando me quite este aparato...
-Ni se te ocurra en hacerlo, Guan, me necesitas. Estás perdido sin mí.
-Lo siento, pero tú rompiste ese vínculo hace mucho –me quito el micrófono y lo guardo en el otro bolsillo. Decido ir por metro. Llegaría más rápido. La estación del metro está a unas calles, caminando siempre recto desde la oficina. Hace meses que no tomo un metro. Queda a la segunda parada. Me dirijo a la cabina, pago mi entrada (todavía me queda dinero en mi cartera). Entro en el segundo tren. El primero estaba muy lleno. Chequeo en el reloj, Dios el tiempo vuela, ya son alrededor de las cinco y treinta y uno de la tarde. Bajo la muñeca, ya acaba de llegar mi metro. Me subo, me siento al lado de un hombre de edad avanzada que está leyendo en el periódico. Los pucheros que hace me molestan a lo largo del camino, lo que para mi suerte son solo dos paradas. Me bajo cuando las puertas se abren. El edificio en donde viven las hermanas Mori es bonito. No he entrado antes porque es uno de los nuevos edificios que se han gestado en este gobierno (creo que tiene tres años apenas). Edificado a base de ladrillos rojos, ventanas de vidrio y las puertas... No soy muy bueno detallando los espacios arquitectónicos y menos para hablar de política. Odio hablar de política. Como sea por una parte me emociona entrar por primera vez a este edificio sofisticado y por otro lado me preparo mentalmente a entrevistarme con las hermanas y Pedrosa. Pulso el botón del intercomunicador, veo de nuevo de reojo el papel donde confirma la dirección del domicilio de Kimiko Mori.
-¿Diga?
-¿Kimiko Mori? Soy el detective Guan, de la policía, estoy aquí por el caso del muchacho desaparecido Maurice Antonio Gaulle, necesito hablar con usted y con Pedrosa, sé que está ahí. Me gustaría poder interrogarlos a ambos –no me contestó, Jesucristo, cada día la gente es más grosera- ¿señorita? –toqueteé el altoparlante- ¿señorita? ¿sigue ahí? ¿me escucha? –un escalofrío me recorre el cuello y la columna vertebral. Siento que se me paran los vellos de la nuca. Ladeo la cabeza, escudriñando con la mirada. Esta sensación la he sentido pocas veces, pero únicamente la percibo cuando tengo gripe o alguien me está espiando. Todavía no he mostrado indicios de que estoy enfermo y dada las circunstancias a las que estoy, me temo que es la segunda opción. No veo a nadie ni nada sospechoso.
-Está bien, puede pasar… –hasta ese entonces no me había dado cuenta que estaba apoyado de la puerta. Casi me caigo hacia adelante, me voy hacia atrás para evitar darme un chichón en la cabeza. Qué inteligente el tipo que diseñó esto, puertas automáticas. Doy media vuelta para contemplarlo mejor. Quiero subir por el ascensor, sin embargo, debo de ser inquilino o propietario para activarlo. No me hará mal subir las escaleras. Tengo que subir hasta el piso cinco, ¿piso cinco? Piso cinco, leo el papel. Le miro el lado bueno, este edificio tiene siete pisos. Me ahorré dos pisos y he caminado por escaleras de edificios más grandes que estos. El apartamento de ambas hermanas es el 51. Oh qué bien, toco el timbre. Tiene un bonito ritmo. Espero. Restriego con fuerza mis zapatos en la alfombrilla. Me pongo a silbar. Meto las manos en los bolsillos. Me sacudo. Escucho unas voces detrás de la puerta. Me abren y dibujo mi mejor sonrisa. La reconozco inmediatamente de fijar sus ojos azules claros. Ella es la porrista, la del otro día. También ella se acuerda de mí.
-¿Kimiko Mori?
-Sí, soy Kimiko Mori ¿y usted es el oficial Guan?
-Exactamente, ¿está usted con el Sr. Raimundo Pedrosa?
-Eh... –se da la vuelta, trato de ver por encima de la menuda, pero se gira otra vez hacia mí- sí, él está aquí. Por favor, pase.
Me invita. El apartamento es cómodo y bonito. No es espacioso ni pequeño a diferencia del mío, normal. Parece que las hermanas se esforzaron en hacer que los cojines, los muebles y demás objetos como tapizas que forman parte de los bienes salía una combinación cómica, castaño claro, oscuro, anaranjado y blanco. El tapiz de las paredes sigue nuevecito. Apenas este apartamento comenzaba a usarse. En el salón comedor veo a un muchacho sentado frente un montón de libros y dos cuadernos abiertos, parecía que repasaba. A él también lo reconozco cuando lo veo mejor. Era el jugador del equipo de futbol de Saint Hui. Toso para llamar su atención. Pedrosa levanta de la vista y se levanta al verme.
-Él es Raimundo. Rai, él es el detective Guan, viene hablarnos sobre Ping Pong...
-En calidad de testigos… -añadí.
-Oh, mucho gusto –dijo estrechándome la mano. A mí por lo general, no me da buena pinta cuando un muchacho y una muchacha de la misma edad se queden solos en un apartamento... Mori viste de una manera sencillo, pero muy a la moda (sus uñas largas y esmaltadas, maquillaje, las extensiones de otros colores, la blusa coqueta, el cinturón caro y los jeans). En cambio, Pedrosa prefiere un look relajado y fresco por la camisa y pantalón sueltos y las zapatillas deportivas. No parece de esos chicos a lo motocicletas pandilleros, como me lo imaginé. Si bien, los zarcillos... Ahora los jóvenes de hoy quieren ser chicas y pensándolo bien, Spicer también usaba zarcillos hasta un pircing. Desde el primer momento que nos conocemos, lo noto ansioso. Ay, llevo años tratando con varios chicos lo que me ha permitido obtener cierta experiencia para saber cómo es una persona a simple vista, osaría a decir que Pedrosa podría consumir drogas... Ella no lo parece.
-Un gusto. Esto nos tomará menos de una hora si todos cooperamos así que mejor tomemos asientos, ¿les parece?
-Sí, claro –nos sentamos en la sala. Pedrosa y Mori se sientan juntitos, yo al frente. No dejo de sentirme como el antagonista de la telenovela durante toda la entrevista.
-¿Ustedes son novios o qué? –sé que normalmente no debería meterme en esto, pero dado que son sospechosos, además que me da risa la expresión en sus ojos...
-¡No! No los somos, Rai es el novio de mi hermana –responde en voz baja Mori. Leí que la hermana de Mori estudia en la universidad no sé qué cosa, quizá le gusten los menores que ella, entre gustos y colores no han escrito los autores-. Rai la está esperando para salir, lo que pasa es que soy la tutora de Rai y mientras la esperábamos, nos pusimos a estudiar para un examen que tiene esta semana.
-¿Tutora, eh? ¿te va tan mal, hijo?
-Digamos que... si no apruebo algunas materias, repetiré el año –arqueo las cejas. Perdonen, no puedo anular mi soberana franqueza.
-¿Y has mejorado? –le inquiero, él asiente con la cabeza-, qué chévere. Vamos al grano, me ahorraré el prólogo de la desaparición de Maurice porque ustedes lo conocen tanto como yo y pasaré a las preguntas, hay evidencias que muestran que ustedes asistían "al consultorio privado de Maurice", donde pagaban para que él escuchara y guardara sus secretos. No creo que sean tan descarados en negármelo en mi propia cara con las pruebas al frente, ambos nombres aparecían muy frecuentemente en el cuaderno de control de registro de Ping Pong, pero me gustaría saber con exactitud qué relación tenían con la víctima.
-Nosotros éramos clientes del negocio que atendía Ping Pong, solamente –dijo Mori.
-¿Jack Spicer y Clay Bailey, algunos de los dos les suena esos nombres?
-Son compañeros de clases, nada más, apenas nos relacionamos con ellos dos –se adelanta Pedrosa.
-Creo que también iban con Ping Pong –añadió Mori.
-¿Ah sí? Pues me temo decirles que están equivocados –les digo-, tenemos pruebas de que los han visto a ustedes, a Spicer, a Bailey y a Ping Pong juntos, felices, como amigos. A no ser que me digan que fue una fotografía montada –no se la esperaban, se quedaron mudos, el silencio duró más tiempo del que esperaba- ¿y bien, no van a decir nada?
-Sí, es cierto –Mori se adelanta a Pedrosa, él se queda con las palabras retenidas en la boca-. Nos conocemos todos y solíamos salir hace poco, "este trabajo" nos permitió estrechar las relaciones, no confesamos nada porque teníamos miedo que nuestros nombres aparecieran implicados y ya se imaginará cómo son los padres y la sociedad. Créanos, somos inocentes.
-Si eso dicen hasta que se demuestren lo contrario. ¿Ustedes estuvieron en la fiesta que su compañero, ahora amigo, organizó?
-Sí –respondieron al unísono.
-Pero no sabemos qué pasó con Ping Pong. En aquel momento de la fiesta, Rai estaba con sus amigos futbolistas, yo con las demás porristas, que son mis amigas, cada quien en su grupo, usted sabe como son las jerarquías en la secundaria. Estuvimos hasta que culminó la fiesta –llenos de verrugas y comiendo orugas- no estábamos con Ping Pong, de casualidad sabíamos que también fue invitado.
-¿Conocen de alguien que tendría interés en secuestrar a Ping Pong?
-A nadie, Ping Pong no tenía enemigos. Lo más lógico que se nos ocurre es que escapara o fuera secuestrado por malas personas, hemos llamado a su celular y está incomunicado. Y que nosotros sepamos, Ping Pong no se mezcla con mala junta.
-¿Y ustedes? Quizá el objetivo no era Ping Pong si no sus allegados. ¿Qué me pueden decir de ustedes?
-Yo distribuyo mi tiempo en estar con mis amigas, mis estudios, ayudar a Raimundo en sus deberes y trabajo como dependiente en una tienda de discos. Nuestros padres siempre están viajando a causa del trabajo, ellos son graduados de estudios internacionales, me dejan en la custodia de mi hermana mayor, empero, consideran que somos lo suficientemente maduras para cuidarnos por nosotras mismas. Llevamos viviendo aquí desde que nacimos.
-Usted conoce a mi padre, él trabaja para la poli y mi madre es ama de casa. Actualmente vivo bajo su techo con ellos y mis cinco hermanos menores, no estoy trabajando, me dedico a estudiar. Supongo que tengo la vida de un adolescente normal, tengo a mis amigos y a mi novia...
-¡Kimi, Kimita, Kim! ¡Kim! ¿Kimi? Hermana querida... –una voz terriblemente empalagosa interrumpe mi momento, me estremezco en oírla-¡¿dónde demonios has metido la plancha y mis pinzas para el cabello?! –me doy la vuelta. Aparece en el arco de entrada, la hermana de Mori, Seiko Mori, una muchacha pelirroja, un pelín más alta que ella, de piel blanca y su vestir es muy similar al de la Mori. Tipo Tokyo Model Street con una minifalda exhibiendo sus piernas torneadas y depiladas (una ráfaga de viento mínima y se ve todo), una blusa que ni llega cubrir su abdomen plano, muy descotada, el pelo sinceramente no parece natural (si bien es menos exagerado que el de Spicer), lleva accesorios caros. ¿Mi impresión? No he visto a una chica con una apariencia tan puta y demostrarlo tan efusivamente desde un caso que tuve cuando tenía veintidós. Mori y Pedrosa se levantan.
-Seiko, ah... –los ojos vivaces de ella pasan de su novio a mí, muchas veces rápidamente.
-No sabía que teníamos visitas, ¿quién es él?
-Él es el detective Guan, está aquí para hacernos unas preguntas sobre el caso de Ping Pong.
-¿Detective? Uhm qué interesante, mucho gusto, soy Seiko Mori –me estrechó la mano. Sus uñas son postizas, largas y sacadas de una peluquería (como sus pestañas, estoy por apostar que se ha retocado ciertas partes de su cuerpo, no se le ve mal para chicos como Pedrosa y el hombre moderno quizá, pero para mí que soy anticuado... exagera).
-El placer es mío –contesto apagadamente.
-¿Ya estás lista, mi tigresa? –pregunta cariñoso Pedrosa, tomándole de la mano. Mori pone los ojos en blanco.
-¿Lista? ¿pero es que no me ves?... ¡estoy hecha un desastre, mi pelo está húmedo por culpa de la torpeza de mi hermana –Mori sonríe sarcásticamente mientras su hermana se toquetea el pelo- y todavía no me he puesto maquillaje!
-No importa, te ves bien así.
-¿Lo crees? –Pedrosa asiente como perro obediente-. Ay qué dulce eres, precioso –le planta un beso en los labios- si lo ves de esa manera, entonces ¡vámonos!...
La última imagen que me quedó de esa casa fue la mirada de ambas hermanas Mori, daba la impresión que querían matarse. El sarcasmo era innegable. La pantalla de las dos hermanas que se quieren mucho no me engaña. Tanto Pedrosa como Mori me proporcionaron sus dos números de teléfono. Pedrosa se fue con su novia antes de tiempo. Las últimas palabras de Mori fueron:
-Ella es así todos los días, desde los quince años Seiko trae a la casa sus novios. Creo que él es el número veintinueve, uno de los pocos con los que ha durado tanto porque hay veces en que sus novios duran una sola semana, lleva seis meses saliendo con él. No se preocupe, desde muy pequeñas, mi hermana y yo hemos estado compitiendo en todo lo que hacemos.
-Ya veo –digo mientras Mori me acompañaba para que saliera del edificio. Me acuerdo del audífono de Young y me lo pongo de regreso al departamento de policía. Solo hasta que el psicópata demente habló, me había olvidado que seguía ahí. Al parecer había escuchado mi conversación con las hermanas y Pedrosa. No lo desactivé entonces.
-¿Por qué será que se me hace demasiado sospechoso la amistad entre el drogadicto, el afeminado, la hermana competitiva, el hermano tristón y el desaparecido?... –por lo visto, Young concordaba en mis hipótesis sobre cada uno de los sospechosos. No lo sé, este caso recién comenzaba a parecerme que quizá era más complejo de lo que creía la primera vez...
A/N: Nuestro cuadro de sospechosos está completo finalmente. Bien, presten atención. Al parecer quién puede estar detrás de esto podría ser Raimundo Pedrosa, Jack Spicer, Clay Bailey y Kimiko Mori. Las razones de estos cuatro tendría mucho que ver con los dichosos secretitos. Pero como dije en mis notas del autor anteriores, no les voy a develar todo de un tiro. Todo paso a paso. La razón de por qué tiene este orden (que si Segundo sospechoso: Clay Bailey y Cuarto sospechoso: Jack Spicer) es porque, como dije, Guan nos está contando el caso desde el punto de vista pasado, y a medida que se vaya descubriendo los secretos de los sospechosos (porque de todas maneras, vamos a averiguar cuáles eran esos secretos) y desvelando las pistas en el camino, van a ver porque están los sospechosos en ese orden. Así como verán el título del capítulo que viene: Primer sospechoso: Raimundo Pedrosa. En el capítulo de hoy se descubrió uno. Clay se dio conocer como hijo único, pero no es así (y eso que me salté de la parte en que menciona que sufrió de bullying, como dije, el fic trata de reunir problemas muy preocupantes que sufren los adolescentes actualmente, hoy vimos uno). Tuvo una hermana que también desapareció en circunstancias misteriosas: Jesse Bailey, del capítulo 29 de la serie Xiaolin Showdown. Y hablando de hermanas, Kimiko (al parecer aquí tiene otro apellido, ustedes me dicen) tiene una hermana (no lo estoy inventando yo, en Xiaolin Chronicles se revela que tiene una hermana llamada Tigresa Woo), pero en vista que estamos en un mundo normal, le puse Seiko y Tigresa es tan solo el apodo cariñoso que Raimundo le tiene (muchos de ustedes quedaron con cara de extrañados cuando vieron que Rai es el novio de la hermana de Kim y no de ella). Seiko (ya no es Keiko, es Seiko) existe en la serie Xiaolin Chronicles, solo que no es su hermana si no su amiga, ella es el miedo de Kimiko (recuerden que por los derechos de autor se han cambiado los miedos de los monjes). No diré los detalles. Para más información, vean Xiaolin Chronicles. Debido a que no se sabe si la hermana de Kim es malvada o no, me valí de eso para crear esa rivalidad entre ellas. Sí que le di apariencia de puta, ¿verdad?
Y ahora, presten atención, este es un mensajito para los que están tratando vanamente de resolver el misterio de parte de su querida autora: Ríndanse, dense por vencidos, no resolverán este misterio. Este es más complicado que el misterio de Yo Contra El Mundo, El Camino a Casa y El Escritor Fantasma juntos. Así de sencillo. El final de este misterio es a lo "Nada es lo que parece". Cuando estén muy, muy seguros de que ya tienen la resolución. Yo mágicamente les voy a demostrar lo equivocados que están porque mientras más cerca ven, menos ven, ¿captan? Lo que es no es, y lo que no es si es. La misma caída que todos tuvieron en El Escritor Fantasma... Además, ¿a ustedes cómo le consta que yo soy quién dice ser? Tal vez no soy una chica, si no un chico con unas tendencias sexuales desviadas... O si soy un asesino en serie que planea atacar a cualquiera de ustedes... O soy una mujer adulta, una doctora, y mi trabajo es investigar y entrar en contacto con adolescentes… O si soy una vieja solterona que no tiene más nada que hacer que escribir... O si realmente existe AliceXS, pero la tal Mia existe en serio y ella a veces usurpa el lugar de Alice, o quizá la que no existe es Alice y sí Mia. ¿Y qué tal si mi verdadero nombre es Mia? ¿entonces por qué uso otro nombre en mi cuenta de facebook? ¿por qué no me gusta o para despistar? Ah... ¿Entonces quién soy yo según ustedes?... Yo no sé quién soy. No sé si Alice realmente existe, es tan solo un pseudónimo o alguien muy adentro de mí (quién verdaderamente soy) que toma posesión de mí.
No se preocupen por mí, mis queridos malvaviscos asados, yo sé lo que estoy haciendo y todo se está haciendo de acuerdo al plan. Lo que no sé es que si el tiempo alcanza, este año ha sido particularmente horrible (no solo para mí, sino para todos mis compañeros de clase) y me ha restado mucho tiempo, si no he escrito no es porque estoy atrancada si no ya que tengo una mala organización de mi tiempo y estoy pensando hacer lo mismo que hice el año pasado. Si lo hago, el fic termina en abril y si no lo hago, el fic termina en febrero. Es muy posible que alterne los fics con el fin de prolongarlo. La organización espectacular de Ping Pong no la estoy inventando yo, está basada en una muchacha que estudiaba dos años más que yo y tenía una organización de su tiempo estupenda (me contaba que salía cada fin de semana y las tareas que se mandan no son una vaina de un día) y aún así le daba tiempo de hacer todo, los rasgos de Ping Pong están basados en esta persona en la vida real. Como sea, lo que hice en el año pasado fue que en una semana publico un fic (este) y la semana que viene publico otro (Príncipe de los Monstruos). Canción de Navidad se publicará cada semana ya que es un especial decembrino. Y La traición conoce mi nombre se pospondrá indefinidamente, debido a esto que estoy escribiendo. ¿Si me atendieron, verdad, tanto los FWS como los de FF? Yo se lo digo por su bien, para que no se martiricen. Bueno, en el capítulo que viene averiguaremos un secreto y se dejarán varios cabos sueltos sin explicación aparente. No se lo vayan a perder. Muy bueno: Primer sospechoso: Raimundo Pedrosa. ¿Algún consejo? Me estoy escuchando All the things she said para inspirarme, los que la han oído (y visto el vídeo) tienen una idea de qué va la cosa. ¡Nos leemos!
PD: Estoy segura que ni se dieron cuenta que estaba imitando a alguien, ¿no? Que les puedo decir, apenas la veo una vez a la semana...
PD2: He sido castigada... Yo por años he tratado de incentivar en mí círculo social de amantes-otakus (porque técnicamente no soy fan del anime, me gusta, pero puedo sobrevivir sin él porque no soy de las que buscan anime inmediatamente de terminar uno o siquiera voy a convenciones animes, aún así no le quito su calidad e ingenio) para que mis "amiguis" se interesen en Duelo Xiaolin y Crónicas Xiaolin... ¡Y ESTE AÑO POR FIN LO LOGRÉ! Ya únicamente están hablándome de eso así que es buena señal porque no pasa ni un día en que no piense en otra cosa que en mi serie (si lo sé, estoy a punto de pedir mi cita con el loquero). Pero mi error fue que no vi las consecuencias porque mis amigas son amantes del yaoi y del lemmon. Así que... Tengo "una amiga" que escribe fics solo porque está aburrida en FF sobre la pareja Chack (está obsesionada con el Chack últimamente) y tengo a la "otra amiga" que está escribiendo un triángulo amoroso entre Omi-Raimundo-Clay en su celular (la pareja protagonista es Omi y Raimundo, pero... ¿qué opinan de Clay violando a Raimundo en una cueva? Sí, como leíste, en una cueva lo violó).
Traté de leer, pero me arruinaron la infancia en tres minutos así que están haciendo otras historias, pero no slash ni mucho menos lemmon (odio el lemmon de cualquier clase) para que las lea yo (saben que si no es Duelo Xiaolin no les paro bolas) así que la amante del RaiOmi está escribiendo una versión xiaolinisada de Blanca Nieves y la amante del Chack está pensando en una historia que es como un circo...
"Estamos en el tercer mes (para mí en el primero todavía), en la tercera semana cuando el Sr. Spicer nos llamó despavorido. Spicer no fue a dormir en su casa anoche. Temía que el mismo que raptó a Ping Pong, se llevó a su hijito. Pero yo ya tenía una vaga idea de dónde podría estar.
-¡Policía de CosmosXiaolin, abran las puertas! ¡Jackson Spicer, sabemos que estás ahí, sal! ¡si no lo haces, derribaremos la puerta! ¡Jackson Spicer, sal!
-Oh por favor, no hay necesidad de eso, me buscan a mí, no a él.
-¿No creíste que fuera tan fácil o sí, joven Spicer?
-Quizá sea el momento de interrogarlo otra vez –intervengo-, la última vez estuvo con Mori quien le salvó el cuello, pero esta vez lo pillaré desprevenido en su casa.
No esperé el consentimiento de Fung. Me embarqué a casa de los Pedrosa. No sé por qué, pero tengo una fuerte corazonada con ese muchacho. ¿Por qué será? ¿odio a primera vista?
-¿Hola? ¡Hola!
Subo los escalones. Presumo que los cuartos están arriba. Oigo unas risas entonces. Bueno, acabo de comprobar que no estoy solo. Vienen al final del pasillo. Se escuchan más de cerca risitas, ruidos de besos, gemidos. Parece que Spicer no fue el único que se divirtió este fin de semana...".
Próximo capítulo: Primer sospechoso: Raimundo Pedrosa
