Se que prometi subir por lo menos una vez por semana pero ahora lo estoy viendo imposible, si acabe clases y estoy de vacaciones, pero justo me esta saliendo un trabajo que no puedo dejar pasar y debo pasar por varias pruebas (eso y mis amigos vienen todos los dias a secuestrarme xD)

Bueno si ustedes me dan mas motivacion subire lo mas rapido posible :)

no se olviden de dejar algun review todo es bienvenido, :)


'¿Mucha hambre?'

Luego de terminar su desayuno (el cual consistía de tocino, huevos y pan tostado), Bonnibel suspiro contenta, deslizándose en su asiento. La última vez que comió algo tan rico fue hace meses. Eran momentos como este que apreciaba que Braco estuviera a su lado. Solo para enfatizar lo satisfecha que estaba, Bonnibel se sobo su estómago, sonriendo ampliamente. 'Si me haces desayunos como este todos los días, honestamente dejare mi trabajo.'

Colocando su cuchillo al lado, Braco sonrió. 'Por más que quiera que estés aquí más, no te dejare salir de tu internado. Especialmente cuando lo estás haciendo tan bien.' El cumplido hizo que el corazón de Bonnibel emocionarse, pero no estaba segura si estaba emocionada o nerviosa. Costaba todo lo que tenía hacer bien el internado, y, recientemente, Bonnibel no estaba segura a que costo. Por el momento, nada importante, considerando que Braco aún estaba feliz por desayunar con ella.

'Por cierto,' ella desvió la mirada momentáneamente, 'pronto tendré el día libre.'

'Lo sé. ¿Cómo lo podría olvidar?' Braco estaba sonriente, dándole un mordisco a su tostada. '¿Tienes algún plan?'

'¿Lo tenemos?' Bonnibel se sentó bien en su asiento, esperando que Braco tuviera alguna sorpresa en mente. Ella amaba las sorpresas, y Braco era bueno dándolas. Su sonrisa se amplió cuando reconoció cierto brillo en sus ojos. Sí, tenía un plan, de seguro.

Braco se tocó la nariz. '¿Quién sabe?'

Era una buena respuesta. Inmediatamente Bonnibel empezó a adivinar, '¿Iremos a un restaurante lujoso?'

'Tal vez. Y tal vez más.'

'Oh, ¿qué tal un hotel? ¡Espera! Un hotel con piscina. Pero si tiene una piscina, piscina en el interior. Con nuestra propia camarera. Que nos de las cosas que queramos. Y una cama. Tiene que ser una cama enorme, para que no me aplastes contra la pared.'

'Eso fue solo una vez. Además, estuvimos manejando por horas y necesitábamos un lugar donde descansar. No fue mi culpa que fuera un hotel de una estrella.' Braco alzo la ceja. 'De todas maneras, no te quejaste en ese momento.'

'Me quejare esta vez.' Ellos compartieron una sonrisa. '¿Me prometes que ya hiciste los planes? Y que no estas improvisando mientras hablamos, ¿no?'

'Pensé que esos eran los mejores viajes.'

'Tal vez. Pero no hoteles de una estrella, ¿está bien?'

'Okay.'

'Y quiero desayuno en la cama, también.'

Braco resoplo. 'Veré que eso también este incluido, su Majestad—' El hombre fue interrumpido cuando el localizador de Bonnibel empezó a sonar. 'Mierda, ¿alguna vez te dejaran en paz?'

'Lo siento,' Bonnibel hizo una mueca, viendo su localizador. Cuando leyó la pequeña alerta, los ojos de Bonnibel se agrandaron y salto de su asiento. Braco la siguió, frunciendo el ceño mientras Bonnibel se apuraba en coger su abrigo.

'¡Hey, espera! ¿Qué pasó?'

'¡Es Marceline!' Bonnibel dijo, corriendo hacia la puerta.

Braco paró. '¿Quién?'

'Marceline. Mi paciente.' Antes de que Braco pudiera preguntar algo más, Bonnibel ya se había ido.

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En el momento en que llego al hospital, uno de su los internos paso por su costado con mala cara. '¿Dónde carajos estabas? El Doctor Peppermint te va a matar.' Maldijo fuertemente, Bonnibel lo interrumpió pasando por él, con el corazón acelerado. No debía ser regañada. No era técnicamente su turno aun, y ella fue lo más rápido que pudo. Pero el puto tráfico de la mañana fue horrible. Su localizador sonó de nuevo, pero ella no lo cogió. Ella ya estaba en la habitación de Marceline.

Respirando hondo, ella paso por una enfermera que estaba ocupada sacando unas cuantas sabanas con sangre. Bonnibel apenas tuvo tiempo de mirar a Marceline antes que Peppermint le gritara. Él tenía la cara roja, enojado, y cansado. Le pregunto dónde había estado y porque no llego antes. Eso, y si quería volverse una buena doctora, necesitaba estar al lado de sus pacientes cuando estos empezaban a mostrar síntomas graves.

Bonnibel finalmente pudo ver los daños. Marceline estaba ajena a la escena delante de ella, o ella estaba media consiente. Un balde estaba en su regazo y ella débilmente se limpió un poco de sangre que se chorreaba por sus labios. El olor a hierro de la sangre olía por toda la habitación y Bonnibel sintió su interior removerse. Peppermint había perdido su interés en Bonnibel y regreso a ayudar a sus pacientes.

Marceline estuvo vomitando sangre. Mucha. Estaba pálida, horriblemente pálida, como un fantasma. Sus ojos se veían pesados; con dificultad podía estar despierta. Peppermint le dijo algo a Bonnibel, pero la peli rosada no lo escuchaba. Todo lo que podía hacer era mirar a Marceline. Lo que veía era su culpa. No hizo su trabajo correctamente. Marceline estaba enferma por ella. Porque era una mierda de doctora, alguien que pasaba su tiempo tonteando con su prometido en vez de ayudar a los pacientes que en verdad la necesitaban.

Intente localizarte más de 10 veces. ¿Dónde estabas?

Te das cuenta que si yo no hubiera llegado antes que tú, hubiéramos tenido un serio caso en nuestras manos.

Es por esto que odio a los internos.

¿Por qué estabas tarde? ¿Te dormiste? Bubblegum, has estado haciendo este trabajo por meses ya. Seguro no están empezando a quedarte dormida.

Así no eres, doctora. Yo pensé que eres buena en esto.

¿Estas preparada para ser una interna? Oi, ¡te estoy hablando!

'Señor.' Bonnibel lo miro. Se encogió de hombros. 'El trafico estaba horrible, señor.'

'¿En serio?' Peppermint dijo sarcásticamente al principio, pero luego su expresión se suavizo. 'Me temo que no puedo aceptar esa excusa.'

'Lo sé.'

'Si esto pasa de nuevo, voy a darle a la señorita Abadder otro doctor. Alguien que no se atore en el tráfico.'

Eso la asusto. Al principio, Bonnibel pensó que era solo su orgullo lo que había sido herido. Cuando un paciente es removido del servicio de un doctor era una de las peores cosas que podía pasar. Aunque, no era su orgullo lo que estaba siendo herido. Bonnibel miro a Marceline de nuevo, y su corazón dio un brinco cuando se dio cuenta que Marceline la estaba mirando de reojo. No tenía ninguna expresión.

'Por favor no lo haga, señor.' Bonnibel dijo, mirando a Peppermint de nuevo.

Peppermint suspiro. Checkeo el monitor del ritmo del corazón y se volvió hacia Bonnibel. 'No lo haré. No quiero. Pero si sucede de nuevo, no tendré otra opción.'

Un suspiro se escapó de sus labios, el cual no paso desapercibido por su superior. Bonnibel dio la vuelta mientras Peppermint dirigió su atención hacia Marceline otra vez, preguntándole algunas cosas, chequeando sus síntomas, asegurándose que estuviera estable. Era una buena oportunidad para que Bonnibel se recuperará. Debía recuperar el aliento, desacelerar su corazón. Estaba empezando a sudar un poco, entrando en pánico.

Era inquietante ver a Marceline así. Siempre aparentaba estar bien; nunca se vio enferma. Bonnibel creyó tontamente que se iría del hospital en unos pocos días, pero, ahora, eso no estaba claro. Marceline estaba enferma. Muy enferma. Los medicamentos no funcionaban y su cuerpo se resistía a ellas. Esto significaba que Marceline se pondría progresivamente peor si Bonnibel y su asistente no pensaban algo rápido.

Habían múltiples alternativas para el tratamiento. Bonnibel solo esperaba que funcionaran.

Peppermint se hizo a un lado de Marceline y camino hacia Bonnibel. 'Esta estable, pero necesita descanso,' él dijo suavemente. 'Échale un ojo, Bubblegum. No me decepciones de nuevo.'

Inclino la cabeza y espero hasta que Peppermint se fuera, antes de girar sobre sus talones y ver a su paciente. Solo se escuchaba el sonido del monitor cardiaco. Marceline no la estaba mirando; se veía resignada, pero sus ojos estaban abiertos. Estaba contemplando lo que había fuera de la ventana y Bonnibel descubrió un indicio de derrota en su expresión. Aparentemente, Bonnibel no era la única que se sentía humillada esa mañana. ¿Quién sabía que Marceline era tan orgullosa de sí misma?

Esto alivio la tensión que sentía formarse en su cuerpo. Ligeramente. Bonnibel dio unos pasos hacia adelante y tomo el historial y leyó lo que Peppermint había escrito. Marceline no se movía, no decía nada. Colocando el historial a un lado, Bonnibel la miro, trato de controlar sus expresiones para que no se viera tan sombría. Pero la miseria de Marceline afectaba a Bonnibel de maneras que ella no creía posibles.

'Lo siento,' Bonnibel dijo suavemente.

Marceline encuentra su mirada. 'Ciertamente.'

'Había tráfico,' Bonnibel empezó, luego exhalo. 'Yo—'Rechino sus dientes. 'Si hubiera sabido—'

'Olvídalo,' Marceline hizo una mueca cuando intento sentarse derecho. Inmediatamente Bonnibel se apresuró e intento ayudar a la mujer, pero Marceline le hizo una seña para que se retirara. 'Princesa, yo lo puedo hacer, ¿está bien? Vete.'

Fue cortante. Bonnibel se estremeció, como si Marceline le hubiera metido una cachetada. Se sentía rara, Bonnibel permanece ahí con sus manos a sus costados. Claro, Marceline se las arreglo, pero sus intentos de aparentar que nada había pasado no funcionaron con Bonnibel. No era tonta. Sabía exactamente que Marceline estaba fingiendo. 'Deberías dormir. Descansar. Necesitas mejorar; si te quedas despierta, tu podrías—'

'Bonnibel'. La expresión de Marceline se endureció, y su mirada era fuerte. Hizo que Bonnibel retrocediera de nuevo, pero esta vez la doctora se sentía herida. Insultada, pero ella no tenía como defenderse. La mujer mayor se arrepintió de usar ese tono, se relajó, aliviándose. 'Conozco esto. Me ha pasado esto antes, y voy a descansar cuando yo quiera.'

'Deberías escucharme.'

'Lo hago. Y es irritante algunas veces.'

Esto hizo que Bonnibel rechinara sus dientes por la irritación. 'Yo soy tu doctora. Conozco tu enfermedad como la palma de mi mano; ya la he tratado antes.' Marceline alzo una ceja, cuestionándose esa oración. Bonnibel rodo los ojos. 'Bien. He leído de cómo tratar la tuberculosis.'

'Entonces, ¿soy tu primera vez?'

'Eso no significa que no lo pueda hacer.' Marceline hizo una mueca de dolor, presionando su mano contra su estómago. Por un momento, Bonnibel solo la miro. Luego camino cerca de la cama y le puso más morfina en la intravenosa de Marceline. 'Te juro por Dios, que si no descansas pronto yo—' Ahora su ira estaba empezando a crecer, 'Marceline, te matare yo misma.'

Una risa. Era amigable y Bonnibel también sonrió a causa de ella. Ella tenía que sonreírle a Marceline por aun seguir teniendo algo de positivismo, a pesar de la situación. 'Creo que eso sería por lejos lo más placentero que sentiría ahora.'

'Dolorosamente, entonces, y lento.'

'Suena raro.'

Bonnibel hizo una cara. 'Estas loca.'

'Oh. Me atrapaste.'

El humor no duro tanto como Bonnibel hubiera querido. Marceline podía aparentar sentirse mejor, pero hace poco había tosido sangre. Su estómago estaba sintiendo mucho dolor, y no había duda que estaba teniendo un dolor de cabeza. Dejo de sonreír, y Marceline suspiro de nuevo, su cabeza descansando en la almohada. Bonnibel vio el vaso de agua que estaba en la mesa de noche y se lo pasó. 'Tómalo. Te deshidrataras si no lo haces, loca.'

'No jodas,' Marceline tomo el vaso. '¿Eso te enseñaron en la escuela de medicina?'

'Si. También me entrenaron en cómo tratar con psicópatas con tuberculosis y comerciantes de drogas.'

Marceline sonrió con picardía. 'Recordaste mi carrera, ¿eh?'

'Es divertida. En serio. No bromees sobre esto con otro doctor, o terminaras encadenada a tu cama la próxima vez.'

Si Bonnibel no la hubiera estado viendo de cerca, no se hubiera dado cuenta de la culpa que había en sus ojos. Bonnibel miro a otro lado, decidiendo ignorar eso. Puso su estetoscopio en sus oídos y oyó los latidos de Marceline. Eran un poco más rápido de lo normal, y rápidamente vio su rostro. Ya no había rastros de culpa, en su reemplazo había una ternura y amabilidad que no podía comprender. Marceline la estaba mirando de una manera que hacía que Bonnibel se sintiera caliente y cálida simultáneamente; haciéndola estremecer un poco, logrando que sonriera.

Dando un paso atrás, se sintió mareada, insegura estando de pie. Bonnibel guardo su estetoscopio en su bolsillo. 'Tengo otro paciente.' Era extraño, pero estaba bien. Estaba bien. Bonnibel dio otro paso atrás hacia la puerta. Sonrió de nuevo. Marceline la observo con diversión, sus ojos clavados en cada movimiento, 'Debo irme.'

'Entonces anda.' Marceline sonrió.

'Me estoy yendo.'

'¿En serio?'

'Si.' Bonnibel rodo los ojos, pero no pudo evitar hacer una mueca. 'Deja de mirarme.'

Marceline no respondió, pero obviamente miro a otra parte, riendo. Era una señal que Bonnibel apreciaba. Logro hacer que su paciente se riera. No era mucho, pero era algo. Era suficiente para subirle el espíritu, de seguir adelante.

Tan pronto como se fue, la sonrisa de Marceline desapareció y dejo de fingir. Gruño y se acomodó en una posición más cómoda. Todo le dolía, que problema. Marceline no podía sentarse derecha mucho tiempo. Se echó y observo el techo y decidió obedecer las órdenes de la doctora por primera vez. Cerró los ojos, y Marceline logro dormir, ignorando la sensación caliente que se formaba en su estómago y garganta.

Por varias horas dormitaba, soñando perezosamente. Pero cada pocos minutos, terminaba despertándose y mirando fuera de la ventana. Seguía con la sensación de querer vomitar, de toser y escupir. Escucho pasos afuera de su habitación, otros pacientes haciendo horribles sonidos, le daba nauseas, doctores corriendo tras el sonido de algún código. Marceline odiaba los hospitales. Los aborrecía.

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Nada se veía apetecible. Bonnibel pasó demasiado tiempo tratando con un niño que no dejaba de gritar y vomitar. Este niño no paraba de llorar por más de todo lo que hiciera. Si, el vómito era asqueroso, pero Bonnibel lo que más le molestaba era el niño en sí mismo. Sus padres estaban histéricos, demandando respuestas de la interna, pero Bonnibel no sabía que pasaba en ese poco tiempo que lo estuvo revisando. Los niños eran un reto a tratar – ellos rara vez hablaban, rara vez sabían cómo describir sus síntomas, así que básicamente debía adivinar.

Luego de un rato, el niño se calmó. Bonnibel debía cogerlo en cierta posición; a él le gustaba cuando balanceaba su cabeza en su mano y luego lo mecía contra su pecho. En este ángulo lo tranquilo y le dio una gran señal para identificar lo que estaba mal. Bonnibel logro diagnosticarlo luego de esto, y su asistente estuvo impresionado con el tratamiento que propuso. Una cirugía era necesaria, entre más pronto fuera hecha, el niño debía ser trasladado a la unidad médica de nuevo.

Peppermint confirmo que el niño era ahora uno de los pacientes de Bonnibel. De alguna manera, se sentía alagada, pero también un poco desconcertada. A Bonnibel no le gustaba tratar a los niños, porque ellos eran jóvenes. Demasiados jóvenes como para estar enfermos, y esperaba que los niños pudieran superarlo. Él debía superarlo, pero Bonnibel no podía prometerles a sus padres una completa recuperación. Solo podía prometerles que haría todo lo que podría, y era suficiente. Por ahora, era suficiente para hacer que la mujer dejara de llorar y suficiente para que el padre dejara de mirarla directo a los ojos.

A Bonnibel le provoco saltarse el almuerzo. La ensalada no era crujiente, y el pan no sabía bien tampoco. Casi salta de su asiento cuando el Doctor Finn se le acerco. 'Buenas noticias, Bubblegum. El Doctor Peppermint quiere que veas el nuevo tratamiento que le prescribimos para la Señorita Abadder.' Le paso el folder. 'Aparentemente, ustedes dos se están llevando bien. Creo que la señorita Abadder estará más que dispuesta a tomar la medicina si tú se la das.'

'Gracias,' Bonnibel sonrió, y su asistente volvió a su trabajo. Sentada, Bonnibel abrió el folder y ojeo el reporte. Técnicamente, ella debía pensar en cómo tratarla, pero Peppermint pensaba de otra manera. No estaba segura si él se sentía mal con ella por resondrarla en la mañana o solo quería ayudar.

Por qué ella se sentía feliz de saber que Marceline se pondría bien era un misterio. Siempre, Bonnibel se sentía satisfecha cuando un paciente se ponía mejor, pero – como con el niño – Bonnibel colocaba a Marceline a un nivel diferente. Era un paciente que valoraba. Bonnibel había leído su historial médico, sus datos, todo lo que necesitaba saber sobre Marceline. Rayos, hasta podría recitar todo respecto a la medicina por lo que había pasado Marceline. Nadie era más minuciosas en el hospital como lo era Bonnibel con Marceline, y le gustaba creer que era simplemente porque era una buena doctora.

Dejando su almuerzo, Bonnibel no perdió el tiempo en llegar a la habitación de Marceline. Antes de que Marceline tuviera tiempo de verla, Bonnibel ya estaba hablando, 'Adivina qué. ¡Tenemos tu nuevo tratamiento! Y este si funcionara. No hay razón por que tu cuerpo se resista a estos medicamentos –' Bonnibel se detuvo cuando vio que Marceline la miraba. Sonreía ligeramente, pero había duda en sus ojos; solo estaba sonriendo a causa del entusiasmo de Bonnibel. Era casi simpatía. Bonnibel trago, endureció sus hombros. 'Por favor toma los medicamentos.'

'Lo haré,' Marceline respondió. 'Necesitas calmarte. Los pacientes están durmiendo. Probablemente los has despertado.'

'No es broma,' Bonnibel insistió, entrando más en la habitación. 'Esto es serio.'

'Lo sé,' Marceline asintió. 'Gracias, princesa.'

Era el primer "gracias" que Bonnibel había recibido en semanas. 'De nada.'

De repente el localizador de Bonnibel empezó a sonar. La sonrisa de Marceline cayó. Bonnibel la miro y trato de decir algo, luego se giró en sus talones y se fue. De nuevo, Marceline está sola. Regreso a leer su libro, bloqueando los ruidos que provenían de fuera de su habitación, distrayéndose del dolor que iba y venía de dentro de su estómago.

El entusiasmo de Bonnibel era lindo. Bonito. Pero era joven y terriblemente ingenua. A veces no era necesario que los internos vistieran batas médicas de diferente color que los de los asistentes. A veces, era obvio cuando los doctores eran inexperimentados, cuando todavía no habían experimentado la muerte, cuando todavía no la habían cagado. Era miserable.

Era miserable ver a los lindos, tiernos internos ir muriendo por dentro. Marceline no odia el hospital por su olor, o por el miedo de no salir nunca más. Lo odia porque jodia a los doctores y enfermeras. Jodia a quien diera un paso adentro del hospital. Marceline había estado atrapada en este edificio por tanto tiempo que lo sabía; había observado a varios. Y por eso quería irse a casa.

De repente una enorme carta fue tirada defrente a su cara.

'Hola, mierda.'

Marceline bajo su libro. Tomo la enorme carta. '¿Cómo fuiste capaz de traer esto?'

Su amiga, Fionna, hizo una mueca. 'Con dinero. Que me gane. De mi estúpido trabajo.'

'¿Limpiando retretes?' Marceline sonrió pícaramente. 'A lo que me refiero es, ¿Cómo pudiste pagar una carta de este tamaño si gastas todo tu dinero en drogas?'

'No lo sé. ¿Cómo puedes pagar viajar por todo el mundo, cuando gastas tu dinero en este hospital tan opulento?'

'¿Opulento? Que palabra más elegante viniendo de ti.'

'Lo sé. Limpiar baños me está ayudando con mi educación también. Fionna jalo una silla y se sentó al costado de la cama de Marceline. '¿Vas a abrir la estúpida carta o qué?'

'Lo siento. Temí que estuvieras respirando.'

'Cállate.' Fionna sonrió.

Marceline admiro las largas palabras en la parte delantera de la carta: "¡Mejórate Pronto!", antes de abrirla. Dentro había varias firmas y unas cuantas notas de algunas personas. El mensaje de Fionna estaba en el medio, con un brillante rosado. Marceline le hizo un gesto. '¿En serio?'

'Pensé que era un color alegre. Para que estés en buen humor y eso.'

'Cuidado. Tu lado hetero está saliendo.'

'Oye, ¿quieres ver los otros mensajes? Estaba esperando que hiciéramos esto rápido antes que me fuera, para poder tener tiempo de sacar esa rama de tu trasero.'

'No te preocupes. Los doctores pueden hacer eso.'

'¿Como la rosadita? ¿Sigue viniendo a checkearte?'

Marceline bajo la carta. 'Bueno, considerando que ella es mi doctora y tiene que chequearme – sí, lo hace.'

'Simón dice que el refugio es menos civilizado sin ti.'

Bufo. 'Eso es porque no estoy ahí para mantenerte bajo control.'

'Hiciste un buen trabajo haciendo. Solo para que lo sepas.'

Sarcasmo. Marceline sonrío y regreso a seguir leyendo la carta. Había algunas escrituras ilegibles en la esquina, y lo reconoció como la letra de Cake, quien Fionna secretamente sentía algo por ella. O, no tan secretamente considerando que Marceline se dio cuenta antes que Fionna se diera cuenta de sus sentimientos. Otros nombres estaban escritos en la carta, eran personas que Marceline conocía bien. El "refugio" era un lugar grande.

Cada uno estaba ahí por usar drogas, o eran adictos en recuperación. Fionna solía estar entre los dos. El lugar era para rehabilitación o algo parecido, aunque tendía a hacer menos énfasis en la rehabilitación. Simón, el ruso a cargo, les daba comida a las chicas, un lugar donde quedarse y las mantenía a raya. Por años, Simón y Marceline habían formado un lazo de padre/hija. Aunque Marceline tenía su propio hogar. Muchos.

La casa de Marceline era igual de grande que una de dos pisos. Por dentro era lujoso. Su trabajo como distribuidora de drogas era peligroso y obviamente ilegal, pero la paga era buena. Literalmente. Gracias a su carrera, Marceline no tenía que usar el dinero que su madre guardo cuando estaba viva para tener un seguro médico. Podía pagar cientos y cientos de dólares que su jefe le depositaba en el banco por cada orden entregada.

Aunque, su pobre sistema inmunológico y salud le cortaba los cheques. Su jefe estaba consciente de su enfermedad cuando ingreso a trabajar. Milagrosamente, Marceline se las manejo para ganarse una reputación como una habilidosa vendedora de drogas. Muchas personas acudían a ella cuando querían que traficara a través del mar. Actualmente, Marceline estaba aún en la cima, pero las cosas empezaban a bajar. Su jefe no se había contactado con ella en una semana. Cuando las cosas están difíciles para Marceline, el intentaba ignorarla como si fuera una plaga.

Las chicas en el "refugio" eran o sus clientes, o solo amigas. Personas que Marceline encontraba cosas interesantes en común. Ellas sabían acerca de su carrera, pero se mantenían calladas. Hasta donde ellas sabían, ser un traficante de droga no era un crimen. Ella solo estaba trabajando; para sobrevivir.

'¿Cómo has estado?' Fionna le pregunto a Marceline una vez término de leer la carta.

Marceline le ofreció una pequeña sonrisa. 'He estado mejor.'

'Si, tú lo dices. Te ves demacrada. ¿No crees que un poco de cocaína podría aliviar un poco ese dolor?'

'Claro. Solo déjame preguntarle a mi doctora.'

Fionna rodo los ojos. 'Yo pensé que los doctores trataban personas, no pasar su tiempo tomando café con ellos.' Marceline frunció el ceño.

'Olvide porque a veces te odio. Pero acabo de acordarme.'

'¿Dónde está tu doctora?' Fionna inquirió, mirando sobre su hombro esperando que Bonnibel aparecía de pronto.

'Tratando a otros pacientes, seguro,' Marceline respondió. Coloco la enorme carta a un lado. 'Nunca puede tomar un descanso. Siempre corriendo de un lugar a otro.'

'Pft. Suena como el típico interno. Son divertidos.' Fionna apoyo su espalda en el asiento. '¿Alguna enfermera ardiente vino a visitarte?'

'Estuve muy ocupada muriéndome como para notarlo.'

'Necesitas salir de nuevo, Abadder. Las noches son aburridas sin ti.'

'Aw,' Marceline se burló, ganándose un puñetazo en su brazo.

Solo Fionna hacia esto, escucharon unas pisas frenéticas con dirección a la habitación. Fionna alzo las cejas cuando Bonnibel se mostró. La doctora paro en seco cuando vio a la loca mujer sentada al costado de la cama de Marceline, y no le gusto cuando vio la sonrisa formándose en los labios de Fionna.

'Buenos días,' Bonnibel dijo, pasando por Fionna, directo a la intravenosa de Marceline.

'Buenas tardes,' Fionna corrigió.

'Buenas tardes,' Bonnibel respondió, tratando lo mejor que podía estar en calma.

Fionna vio a Marceline, luego de regreso a ella. '¿Cuántos años tienes? ¿Tres?'

'Y medio.'

'Tiene poco temperamento, esta de aquí,' Fionna dijo, regresando a ver a Marceline de nuevo. 'Son de tu tipo.'

Bonnibel miro arriba de lo que estaba haciendo. Marceline miro a Fionna. Duro. 'Cuidado, Mertens. Deja a la doctora que haga su trabajo.'

'O lo que falta.'

Cuando Bonnibel suspiro fuertemente, lo suficiente como para llamarle la atención a las dos mujeres, sintió sus mejillas enrojecer. No le gustaba la manera en que Fionna le sonreía, y no le gustaba la manera en que Marceline la miraba en general. Bonnibel parpadeo, miro a Fionna. 'No creo que puedas criticarme cuando estuviste aquí hace poco a causa de las drogas.'

'Bueno, te estoy criticando, muñequita. ¿Qué harás al respecto? ¿Colocarme la intravenosa en mi muñeca, atragantarme con pastilla, ponerme en estado de coma?'

'No me importaría hacerlo, siendo honesta,' Bonnibel murmuro.

'Pregúntale a Abadder que lo haga. Ella puede ponerte en coma. Un largo y sexy coma durante días. ¿Qué le paso a la última chica, hace unos meses? Ella aún estaba inconsciente hasta la tarde del siguiente día.

Bonnibel se sonrojo fuertemente, y casi sonríe. Esta conversación se estaba volviendo bizarra. Marceline, por otra parte, no estaba sonrojada. O sonriendo. '¿Necesitas estar aquí? ¿O solo has venido a avergonzarte a ti misma?'

'Wow. Me siento tan bienvenida.' Fionna se puso de pie. 'Oi, rosadita. Si matas a Abadder, vendré y te matare.' Una larga pausa. Bonnibel la miro. Luego, abruptamente, Fionna se rio. 'Internos. Los amo.' Diciendo un adiós en dirección a Marceline, Fionna se giró sobre sus tobillos y salió de la habitación. Bonnibel ignoro el nudo en su estómago, e ignoro la ola de envidia que la invadía. Ella sabía que Marceline y Fionna no estaban juntas, y sabía que no tenía derecho de sentirse de esa manera.

Lo que sea que estuviera sintiendo.

Ella rodo los ojos. Y casi se cacheteo a sí misma. ¿Qué carajos estaba mal con ella?

Ahora que no había más distracciones, Bonnibel podía hacer su trabajo. Luego de chequear los síntomas de Marceline, y seguir la usual rutina para asegurarse que no volviera a sufrir algún ataque, le puso dos frascos con pastillas encima de la mesa de Marceline. 'Aquí. Estas deben hacer magia. Una enfermera vendrá 3 veces al dia durante con tu comida y tus pastillas—tómatelas cuando comas.' Ella coloco los frascos dentro de su bolsillo. 'Y no importa que diga tu novia, no tomes más de una a la vez.'

Marceline alzo la ceja,' ¿Novia?'

'Si.' Bonnibel tomo el historial, y camino alrededor de la cama.

'¿Novia?' Marceline sonrió lentamente, '¿Tú crees que ella es mi novia?' Bonnibel se encogió de hombros y evadió su mirada. Esto hacia que la sonrisa de Marceline crecía más. '¿Qué se supone que significa?'

Ella escribió algo en el historial. Sin mirarla aun. 'Nada. Olvídalo.'

'No, ¿a qué te refieres –'

'¡Dije "nada"! Dije "olvídalo",' Bonnibel insistió, con su voz un poco alzado de tono. Mirar a Marceline era una equivocación. Odiaba esa sonrisa, la mirada de complicidad en sus ojos, divertida. Esto era un juego para ella. Y se estaba divirtiendo de ella.

Se estaba divirtiendo de ella demasiado.

Bonnibel frunció el entrecejo. Y regreso su mirada al historial.

'¿Qué, esperas que deje todo y espere hasta que vengas arrastrándote hacia mi?'

Eso era demasiado. Bonnibel se mofo, mirándola denuevo. '¿Arrastrarme hacia ti?'

'Si.'

Una mirada vacía. La voz de Bonnibel se endureció. 'Como en, ¿estar juntas?' Se burló. 'Debes estar bromeando.' Bajo el historial, Bonnibel lo azoto contra el filo de la cama. 'Estoy comprometida.'

'Cierto.'

'¿Sabes qué?' Bonnibel empezó a acercarse a la puerta, pero se detuvo antes de salir. Por alguna razón, estaba temblando un poco. Probablemente porque Marceline la estaba molestando, o porque Marceline la estaba viendo de una forma en que no lo aceptaba, o tal vez porque Marceline era un dolor en el trasero. 'Tal vez. Solo tal vez deberíamos ser amigas. Tal vez.'

'¿Amigas?' Marceline alzo una ceja. 'Seriamos horribles como amigas, princesa. Además, creo que es mala idea que los doctores sean amigos de sus pacientes. Por todo el sentimentalismo, ¿sabes?'

'No, no lo sé,' Bonnibel espetó.

'Piénsalo: Tú me tratas. Si yo muero, o algo malo me pasa a mí, depende de ti. Si fuéramos amigas, pasarías por mucho dolor. Entonces, considera eso antes de sugerir que seamos amigas. Dios, olvídalo.'

'¡Puedo ser una buena amiga!' Bonnibel contesto, 'Para que lo sepas, no me importas tanto de cualquier forma.'

'Oh. Cierto. Mi error.'

'Saca esa sonrisa de tu cara.'

'¿Por qué?'

'Porque me hace sentir incomoda.'

Marceline dejo que su sonrisa cayera un poco, pero aún estaba ahí, y esto hacia que Bonnibel rechinara sus dientes. Se miraron en silencio por cerca de un minuto antes de que Bonnibel decidiera que era estúpido. Deja que Marceline lleve las riendas. ¿Entonces, qué? Bonnibel era su doctora. La única a cargo. Marceline era una paciente, y si eso hería su orgullo y la hacía sentir como una mierda, que así fuera.

Pero eso no significaba que Bonnibel debía lidiar con su mierda.

'Diviértete recostada en la cama. Por el día. Todo el día.'

'Lo haré. Pensare en ti cuando me aburra.'

Bonnibel paro. Le hizo una mueca. Ignoro la sonrisa de Marceline. 'Vete a la mierda.'

'Que profesional.'

'Soy la mejor doctora que podrás conseguir.' Bonnibel cogió la perilla de la puerta y volteo a verla. 'Piensa sobre eso cuando estés aburrida.'

Después, Bonnibel abrió la puerta e hizo un rápido escape antes de que Marceline pudiera pronunciar una palabra más. Y aunque ella sabía que Marceline seguía sonriendo después de que se fue, Bonnibel no podía evitar sentirse un poco más ligera.