Este capitulo es realmente mas largo que los anteriores, pero es que no sabía por donde cortarlo sin que quedara incompleto o demasiado corto. Espero que sigáis disfrutando de la historia tanto como yo disfruté en su momento escribiéndola, y a ver si consigo terminarla pronto, porque la ultima parte del último capitulo (si, solo falta eso y estará terminada) se me está resistiendo. Es como un clavito que no quiere clavarse en donde debe estar, incordiando en un lugar poco apropiado para él.

Antes de nada, quisiera hacer una mención especial, una mención de alguien que en muy poco tiempo ha aceptado el reto de leer todos mis fics y (sorpresa) le han gustado mucho. Hablo de Pabel Moonlight, que si lo está leyendo, a lo mejor está poniéndose roja de contenta. Pues Pabel, eres una niña excepcional que sólo para hacerme feliz me ha enviado la friolera de 10 comentarios en menos de 14 minutos! Solo por eso te has ganado mi mención especial en este capitulo ^^.

Quien sabe, a lo mejor tu y yo acabamos conociéndonos y queriendo cartear o vernos en un punto intermedio (granada tal vez? =D).

Bueno no os entretengo más con mis cavilaciones de chica excéntrica =D ¡disfrutad del capitulo!

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-Draco Malfoy, tenemos un problema –dijo Hermione en voz baja para que su cuerpo se enterara-.

-¿Y que es, Granger?, ¿has tenido que hacer pis sentada?

-¿Se puede hacer? –Peguntó, sintiéndose como una boba-. ¡Da igual, no es eso! Es más grave incluso.

-¿El que es?, ¿que una chica quiere tener sexo contigo y tu antes quieres leerte el manual?

-Señorita Granger, me temo que si no se calla usted voy a tener que expulsarla de mi clase.

-lo siento, profesor –dijo Draco, mirándole con el más profundo de los rencores. Ahora, Draco Malfoy estaba viviendo lo que era ser un Gryffindor en clase de pociones, y estaba adquiriendo un odio poco saludable hacia su padrino, el profesor Snape, que particularmente hacía todo lo posible para hacerle la vida mas complicada a Hermione, a quien él llamaba regularmente "Doña perfecta"-. Dime ya, Granger, ¿que ocurre?

-¡Hoy tienes entrenamiento de quiddich!

-Ya, ¿y qué con eso? preguntó, asumiendo que la afirmación de la chica era estúpida-.

-¡Pues que yo soy en realidad quien tiene entrenamiento, y no se volar! –dijo ella. Draco comprendió todo de pronto y maldijo por lo bajo en su caldero que brillaba tal cual debía ser frente a sus narices, con un color dorado intenso que Hermione había conseguido para los dos en su poción compartida-.

-No jodas, Granger- se mosqueó el chico-.

-¿Me enseñarás? ¡Harry es un gran jugador, y encima te la tiene jurada! Y me da miedo, no quiero que me tire de la escoba –sentenció-.

-Está bien, el entrenamiento es a las 5, pero tú llegarás, les darás unos pergaminos que yo te voy a pasar, y te vienes conmigo al linde del bosque a practicar. ¿De acuerdo?

-De acuerdo, Gracias Malfoy –dijo, aliviada. Siguieron con su poción de revitalización, ese mismo día en el mismo caldero, intentando hacerlo lo mejor posible puesto que era una nota compartida. Al echar los últimos ingredientes a la poción, sonó el timbre que anunciaba la hora de la comida, y cada uno se fue a la mesa de su casa a almorzar.

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-Esto, Harry, ¿podrías hacerme un… un favor? –dijo Draco, entrando al dormitorio de los premios anuales-.

-Dime, Hermione, ¿de qué se trata? –Preguntó, extrañado de que su amiga le hablara de esa forma tan tímida-. ¿Ocurre algo malo?

-No, no es eso, es solo… ¿me dejarías esta tarde tu saeta de fuego? –Lo dijo tan rápido que, cuando Harry consiguió comprender lo que le estaba diciendo, rió a carcajadas-.

-¿Y por eso tanta timidez? ¿Quieres que te enseñe a volar?

-¡No! No es eso, no, es solo que… bueno, quiero aprender sola, ya sabes, experimentar. He leído mucho sobre el tema, las técnicas y demás y… -intentó disimular Draco, aunque Harry no pareció del todo convencido-. Si no lo consigo, te llamaré y me ayudas, ¿vale?

-Vale –concertó el chico, alcanzándole la escoba-. Pero no tardes en llegar, ¿de acuerdo? De noche hay bichos extraños, pulpos babosos y demás por ahí sueltos.

-En hogwarts no hay tales cosas –corrigió ella, extrañada-.

-No me refería a bichos de verdad, Hermione, sino a chicos. Hoy es el entrenamiento de Slytherin, así que ten cuidado –Harry le dio las llaves del armario del equipo de quiddich de Gryffindor-. Ponte la equipación de Ginny, te quedará. Así no pasarás frio si se te hace tarde y volarás más cómoda.

-Gracias –dijo, y bajó corriendo las escaleras del dormitorio hasta la sala común-.

Cuando llegó a la explanada con los pergaminos, Hermione con su cuerpo ya estaba esperándola sentada en una roca. Llevaba el equipamiento de quiddich de Slytherin y las protecciones. Le dio los pergaminos, la azuzó para ir donde el equipo y le dio los pergaminos. Le dijo que sugiriera que dejaba en mando a alguien, cualquiera, y que volviera corriendo. Al volver corriendo, Hermione fue controlando la velocidad a la que el chico podía correr, puesto que su resistencia física era mayor que la de su endeble cuerpo de mujer.

-A ver, Granger, repasemos lo básico. Como coger el palo.

-¿Así? –Dijo ella automáticamente, cogiendo el palo de la escoba a la perfección y sonriendo con suficiencia-.

-Sí –respondió el chico de manera en que quedaba claro lo pedante que había sido ese gesto de Hermione-, y luego te subes a la escoba y pones el pie en uno de los pedales. A mi señal, das una patada al suelo y subes tres metros, ¿vale?

-Sí, vale –dijo, segura de sí misma-.

-Muy bien. ¿Lista? –Draco sacó un silbato de su equipación de Gryffindor y silbó-.

Hermione dio una patada al suelo, pero se elevó a penas dos metros antes de empezar a ponerse de los nervios. Intentó calmarse y trató de subir el poco tramo que le quedaba. Después, oyó las instrucciones desde abajo.

-Para bajar, inclina el palo de la escoba hacia adelante, ¡y desciende suavemente!

-Suavemente, bien… -Hermione respiró hondo y puso la Nimbus 2001 inclinada hacia adelante, tal como el rubio le había dicho. Lo que no le había dicho, sin embargo, era que la escoba resbalaba tanto, pues se escurrió por la punta y cayó de bruces contra el suelo sin atinar a agarrarse a la punta del palo de la escoba-.

-¡Granger! ¿Estás bien? –preguntó, corriendo hacia ella-.

-Sí, estoy bien, creo… -dijo adolorida. El chico la levantó, con uno de sus gruesos guantes sujetando la piel de su manga corta-.

-A ver, que te has hecho… -dijo, quitándose los guantes de cuero. Al tocarla, sintió un fuerte dolor en su brazo, y al mirar hacia arriba vio a Hermione sujetando su propio brazo-. ¿Qué?

-¿Qué? –Exclamó Hermione desde su propio cuerpo-. Espera –Hermione retiró la mano, y entonces se volvió a ver a si misma enfrente del cuerpo de Draco, en el que ella volvía a estar-. Tócame de nuevo, Malfoy.

El chico obedeció, y volvió a sentir como su espíritu entraba de nuevo dentro de su propio cuerpo. Hermione se sentía tan contenta que, sin querer, se llevó la mano libre a sus dos pechos.

-Dios mío, si nos tocamos el uno al otro, volvemos a ser nosotros mismos! –exclamó ella-. ¡Hemos hallado la solución!

-¿Y solo puede ser así? –Preguntó el rubio, mirándose las manos, el pelo y la cara-.

-Sí, rubio presumido, he usado tu champú y acondicionador, y tu cremita hidratante y todas tus tonterías esas –dijo ella, mirándole con una ceja levantada y adivinando lo que el chico estaba pensando-. ¿Y tú te has puesto… te has puesto un sujetador de los caros? Pero ¿porque? Son muy especiales, solo para eventos importantes, ¿sabes? –Se quejó la castaña, por fin en su cuerpo-.

-Cállate ya, cotorra, ¿qué más da que sujetador me haya puesto? Creo que tengo una solución a tu problema de jugar mañana. Te vamos a hacer un encantamiento desilusionador y le vas a pedir la capa invisible a tu amigo Potter. Y volarás todo el partido conmigo –dijo el chico, como insinuando que era la única forma aunque no le gustase el plan demasiado-.

-Antes muerta que volver a subir en un palo de escoba –dijo aterrorizada-.

-O subes conmigo, o subes tu sola, la cuestión es que sí o sí tienes que subirte –dijo el rubio, molesto por el golpe que su cuerpo acababa de darse contra el suelo-. Y seguro que no quieres volver a caer como una boba, ¿no?

-Eso sí es seguro –dijo Hermione-. Pero no entiendo que es lo que cambia que me suba contigo al palo de una escoba.

-Pues tú me tocas, y mi cuerpo vuelve a ser mío, y yo juego contigo a lomos de la escoba, teniéndote bien sujeta.

-¿Y eso para que sirve? Dos personas reducen la velocidad de una escoba más que solo una, y eres buscador –le replicó la castaña, señalando con una mano su Nimbus-. No conseguirás atrapar la Snitch ni aunque esta vuele a la velocidad de las tortugas.

-Ya, pero al menos podré demostrar que aun sigo sabiendo como se vuela, y no haré el ridículo delante de todo el mundo, aunque perdamos el primer partido –contestó agudamente-.

-Touché –se lamentó ella-. Bueno… está bien. Vale, entonces tú le pedirás esta noche a Harry la capa invisible.

-Y tú podrías pedirle a Severus que nos haga un encantamiento desilusionador y...

-No hará falta, yo sé hacerlo –dijo rápidamente Hermione, pensando en lo horrible que sería que Snape se enterara de un tema como ese-.

-Imposible –se burló el chico-. Eso se aprende en los cursos avanzados de Auror.

-No, es posible –corrigió ella. Le dio un golpe en la coronilla con la varita y formuló el hechizo, que obviamente funcionó, y luego formuló el contrahechizo, ante la envidiosa y atónita mirada de Draco-. Aprendí en quinto curso, me enseñaron los de la Ord… unos amigos de los Weasley –se corrigió-. Como ves no he perdido mi tiempo con chicos ni tonterías de esas.

-Joder, no me extraña que tengas tan pocos amigos –dijo el rubio, mirándola con el entrecejo fruncido. Hermione sintió su sangre arder de rabia por aquel comentario tan fuera de lugar-.

-Ya, al menos tengo más que tú, que llevo un día completo en tu cuerpo y nadie me ha parado siquiera para hablar –dijo ella. De inmediato comprendió que había metido la pata, pues el chico le retiró la mano con más brusquedad de la necesaria. Se separaron, ambos volvieron al cuerpo del otro y Draco, con el cuerpo de Hermione y montado en la Saeta de fuego de Harry, emprendió el vuelo hasta perderse en la oscuridad que ya estaba comiéndose el bosque y los terrenos.

Hermione cogió su nimbus 2001, se la echó a hombros, pensando que mejor no volverla a montar, y trató de no imaginarse a Draco triste y solo en medio de la noche. Después de todo, intentó mentalizarse ella, si estaba tan preocupada era porque al fin y al cabo todo lo que había pasado era culpa suya (a excepción del cambio de cuerpo). Dio un corto paseo por el borde del bosque, y entró en los vestuarios del equipo de Gryffindor, olvidando por completo que ni eso era una visita a Harry y Ginny después de ganar un partido, ni ella debiera estar ahí siendo Draco Malfoy. Comenzó a quitarse su equipación para ponerse la ropa, y cuando terminó se vio en la desagradable situación de que no tenía su ropa en aquel vestuario. Entonces oyó abrir el grifo de las duchas, y corrió silenciosamente.

Allí estaba su cuerpo, desnudo, con un brazo alzado y apoyado en la pared y el rostro escondido entre ellos. Su pelo se estaba mojando, y su cuerpo estaba manchado de barro. Ella, en bóxers aún, se dirigió con paso firme hasta la ducha, y entró dentro.

-Lo siento –dijo con sinceridad-. No quería hacerte sentir mal, no lo he hecho a posta, yo…

-Tú llegas demasiado tarde a decir todo eso, Granger. Tengo que aprender a soportarte porque necesito mis apuntes y porque ahora eres dueña de mi cuerpo, pero… -dio un puñetazo a la pared, y el cuerpo de Draco retrocedió un paso, indeciso- no vuelvas, y óyeme bien lo que te estoy diciendo, no vuelvas a opinar de mi vida nunca más. ¿Me entiendes?

-Pensé que estábamos haciendo lo que hacemos siempre –se disculpó ella. El chico giró su rostro aun apoyado en la pared hacia ella con lentitud-.

-¿Y que es lo que hacemos siempre? –le espetó-.

-Pues ya sabes, tú atacas, yo me defiendo contraatacando. ¿Acaso no me has dicho tú primero que tengo muy pocos amigos? –preguntó ella-. No sabía que estabas tan dolido por lo que he dicho –se acercó un paso más y alcanzó a cogerle la mano. Al momento, fue ella la que estaba apoyada en la pared, y desnuda. No se percató de aquello, y se giró para mirar al rubio directamente a los ojos-. Perdóname, Malfoy.

Draco, que estaba quieto en la misma posición en la que Hermione había dejado su cuerpo antes de tomarle de la mano, puso observar silenciosamente y lleno de dignidad el cuerpo moreno de la chica. Sus pechos aplastados contra los azulejos de la pared, su cabello mojado cayendo pesadamente hacia abajo enmarcando su rostro enrojecido por la calor, sus caderas colocadas estratégicamente contra el agua que perfilaba su curva hasta su trasero…

Draco no pudo aguantar la tensión, y de un tirón atrajo el cuerpo desnudo de la chica al suyo propio, que estaba medio mojado por las salpicaduras del agua en el moreno cuerpo de la chica. Ella estaba siendo plenamente consciente en ese mismo momento que estaba cuerpo contra cuerpo con Draco Malfoy, y desnuda ella y casi desnudo el. También fue consciente de la atracción que sentía en ese momento hacia los labios del chico, la cual fue aplacada con un empujoncito mas, y uniendo sus labios en un beso. Sus labios se unieron rápidamente, como un rayo, y saltaron chispas alrededor de ambos. Sus bocas se buscaban desesperadas y sus lenguas jugaban a un pulso sin ganador, mientras las manos del chico recorrían lentamente su pelo, su espalda y sus caderas…

-Para –pidió Hermione, separando los labios enrojecidos de los del ojigris, quien estaba tan extasiado que respiraba entrecortadamente-. Por favor.

-¿Acaso soy poca cosa para la Santa Granger? –Preguntó, medio en burla-.

-No es eso, yo… -Hermione, nerviosa, tragó saliva y no separó el cuerpo del chico, en un intento por que no la viera desnuda una vez se había percatado de ello-.

-Mira, Granger –explicó el chico con impaciencia-, no es por vacilar, pero mejores chicas que tú no han tenido esta oportunidad –Hermione entonces se separó un poco de él con cara de "ahí te vas a quedar"-.

-Eres un engreído. He hecho bien al pararte, ¿sabes? –Dijo ella, girando la cara-.

-Vamos, no me dirás que estas guardándote o algo así para el hombre de… tu… -Draco miró como las mejillas de la chica se tornaban rojas- vida. ¿En serio, Granger? ¿Nunca?

-No, nunca –dijo ella, colorada. Se separó de él por completo, y ahora ella estaba en el cuerpo de Draco, donde notaba una erección caer bajo el peso de la conversación-. Así que no te rías de mí, y espero que no vayas con el cuento a Lavender y Parvati, porque entonces sí que me ahogarán hasta que encuentre un chico lo más pronto posible. Ellas piensan que entre yo y Viktor Krum hubo algo durante el torneo. No lo estropees –dijo ella, mirando a sus propios ojos con mirada suplicante-.

-No… no te preocupes, no sabía, es más –aclaró, intentando retomar el buen rollo para ver si caía una repesca del cuerpo de Granger- pensaba que tu y Weasley…

-¿Porque todo el mundo me empareja con el maldito Ron Weasley? –Preguntó, desesperada-. Y tápate un poco, anda, no quiero que mi cuerpo vaya desnudo por ahí.

-Granger, no es la primera ducha que me doy con este cuerpo… un cuerpo muy sexy, además, que bien que lo tenías escondido –dijo sonriendo y tocándose las caderas-. Seguro que tú te diviertes mucho mirando el mío, ¿a que sí?

-Para que lo sepas, me ducho sin mirar y apenas hago pis porque… porque…

-¡Y ahora porque, te dan miedo los cuerpos de los hombres!

-¡Es que nunca he visto un pene, y no me apetece en absoluto que el tuyo sea el primero! –exclamó muy deprisa. Ya notaba la carcajada del rubio en sus tímpanos… pero no sonó-. ¿No te ríes?

-Eres muy pura –dijo, aunque no con el sentido espiritual de la palabra-. Eres una idealista y una soñadora, una ilusa –le dijo serio el rubio-. No esperes tanto dulzor de la vida, Granger, porque puedes encontrarte con que tu gran sueño es de sabor amargo.

-¿Tú… has saboreado ese amargor? –preguntó, aunque al momento comprendió que estaba siendo demasiado curiosa con lo que, posiblemente, no le importaba. Pero a pesar de todo, la respuesta no dejó de sorprenderla:-.

-Miles de veces –dijo el chico, mirándola con severidad-. Así que toma este consejo. Vive la vida un poco mas despreocupada, o tanto estrés hará que te salgan arrugas antes de tiempo. O lo que es peor –añadió, señalando los ojos del cuerpo de hombre-, que a mí me salgan arrugas.

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Ya había llegado el temido día del partido, y Draco le había pedido la capa invisible a Harry, el cual le miró extrañado pero aceptó. Hermione estaba ya con su equipo, vestida y preparada en la puerta de los vestuarios. Draco iba cubierto con la capa invisible, porque le parecía divertido, pero Harry le sacó al pasillo y le advirtió que tuviera cuidado de que nadie le viera. Entonces, desayunó con los demás.

-Oye, ¿al final que vais a hacer con el partido? –le preguntó en voz baja a Malfoy-.

-¿Y tu que sabes si tengo algo planeado?

-Me lo he supuesto, porque Hermione no sabe nada de quiddich, y juega contra nosotros. Le diré a Harry que intente no pasarse mucho contigo, a ver si le convenzo. Porque, si no se apiada, va a hacer polvo a la pobre Hermione.

-Te equivocas pelirroja, jugaré yo.

-¿Y como lo vas a hacer?

-Ya verás –dijo, mirándola con una media sonrisa-.

-Sabes que ese gesto en Hermione Granger no pega nada, ¿no? –Dijo ella, mirándole con el ceño fruncido-. Tú sabrás lo que haces, Malfoy, pero espero que no le hagas nada a mi amiga.

Cuando Harry hubo terminado de comer, Ginny, él y Ron desfilaron con su uniforme y el resto del equipo hasta los vestuarios del equipo de Gryffindor. Draco aguantó que Ron le diera un beso en la mejilla, le deseó suerte a ambos y a Ginny y se escabulló, lentamente, hasta un rincón. Se puso la capa invisible y llegó hasta el equipo de Slytherin, donde Hermione le esperaba de pie y ya vestida.

-Vamos, date prisa –dijo ella, escondiéndose detrás de la estructura de unas gradas-. A ver, date la vuelta un poco –Hermione volvió a formular el hechizo, y la imagen de su cuerpo desapareció con el entorno-. Y por si acaso, la capa invisible. Yo voy a estar todo el rato tocándote, el equipo te espera para el discurso de antes del partido.

-De acuerdo.

-Sabes que esto es una locura y que hay más probabilidad de hacernos daño de que salga como esperamos, ¿no? –se explicó, una vez más, Hermione-.

-Sí, lo sé.

-¿Y por qué lo hacemos?-preguntó el pánico desde la boca de Hermione-.

-Porque alguien debe jugar como buscador del equipo de Slytherin y tú vuelas como una gallina borracha.

-No hacía falta ser tan gráfico –dijo molesta-. Ala, ve y diles algo que les deje pasmaos.

-Me impregnas de espíritu deportivo –ironizó el rubio-. Venga, tócame ya y ponte la capa.

Hermione obedeció, sintiéndose más extraña que nunca en su vida, agarrada de la manga del brazo de Draco Malfoy. Éste entró en la estancia, donde todo el equipo, enteramente masculino, se estaba preparando para salir. Hermione nunca había visto tantos chicos semidesnudos, con sus musculosos torsos a la vista. Se tapo los ojos con la otra mano, y Malfoy, que lo pudo adivinar, soltó una pequeña carcajada, provocando que Hermione se sonrojara.

-A ver, chicos… Este año tenemos que entrar lo más fuerte que se pueda. Sabemos, muy a nuestro pesar, que San Potter es el mejor buscador de Hogwarts, y eso me incluye a mí, pero con un buen equipo y un margen de puntos, podemos conseguirlo. Nuestro objetivo en este primer partido es que nuestros cazadores sean capaces de sacar un margen de al menos cincuenta puntos. Podemos Ganar al equipo de Gryffindor, ¿vale? ¿Quien está conmigo?

Todos los Slytherins, que estaban guardando silencio, levantaron un puño con un grito de guerra.

-Así me gusta. Las estrategias de juego son las que entrenasteis ayer. Yo estuve entrenando anoche un poco más tarde, por motivos personales, pero ya sabeis que daré lo mejor de mí mismo. Ahora –exclamó-, ¡quiero que salgáis de aquí con el orgullo alto y con ganas de jugar, pasarlo bien y machacar al equipo de Gryffindor!

Hubo un segundo levantamiento, más eufórico, seguido de un grito mucho más alto y grave.

-Malfoy, no quiero hacerlo, ¡tengo miedo!

-Es la única manera –replicó él, poniéndose en fila el ultimo con su equipo-.

-Por favor, por favor, cuida que no me caiga, por favor…-le pidió ella, rezándole a Dios todo lo que sabía-.

-No te va a pasar nada, solo es una escoba.

-Perdona, ¡es la segunda escoba de carreras más veloz del mundo! –corrigió ella-. Yo también leo sobre quiddich, ¿sabes? –Replicó, entre molesta y muerta de susto-.

-Leer quiddich no es sentir el quiddich –replicó el muchacho, notando como los dedos de Hermione se hundían aún más en su brazo. También pudo notar como sus compañeros le miraban disimuladamente, como si pensaran que hablaba solo-.

-¡Y ahora va a dar comienzo el partido! Los capitanes de los equipos avanzan hacia el centro del campo, donde la señora Hooch les espera para lanzar la quaffle.

La voz de Luna lovegood sonaba, suave y despistada, por los altavoces que amplificaban mágicamente la voz, mientras comentaba lo ocurrido en el partido aun sin comenzar.

-Potter y Malfoy se dan la mano… vaya, pareciera que se van a romper los huesos –comentó despreocupadamente-. Esperemos que puedan coger bien el mango de la escoba después. Ambos suben a lomos de las maravillosas escobas de carreras, esperando el silbato de la señora Hooch, y…

Hermione subió atrás de la escoba, donde Malfoy había colocado un segundo sillín improvisado, al cual Harry no le quitó el ojo de encima. Hermione estaba tan temblorosa que, cuando consiguió subirse y asegurar la capa a cada rincón que pudiera sujetarla para que no se volara, automáticamente levantó el jersey de Malfoy e introdujo ambas manos debajo, sujetándose firmemente a la cintura del chico y con ambas manos aferradas a los abdominales, en ese momento tensos, del chico, sin perder el contacto. Apretó su cuerpo contra el de él y deseó que todo acabara lo más rápido posible.

-¡… comienza el partido! El quaffle para los Slytherin, que parecen no haber tenido cambios en su equipo. Los cazadores del equipo de Slytherin van como un rayo esquivando a la fogosa Ginny Weasley, el mejor fichaje de Gryffindor después del niño que vivió.

Malfoy daba vueltas alrededor del juego unos metros más arriba de los aros, observando el juego y buscando la Snich. Harry Potter hacía lo propio desde abajo. Hermione, sin embargo, cerraba los ojos fuertemente, abrazada al suave contacto de la túnica de quiddich del buscador. Draco Malfoy podía notar sus pechos contra su espalda, moviéndose con rapidez a causa de su respiración agitada. No pudo evitar enternecerse un poco, antes de ver a Potter corriendo como un poseso hacia el otro lado del campo. Y entonces, Hermione la vio: La Snich, justo en el lado contrario hacia donde Harry volaba.

-¡No sigas a Harry! Es una trampa, ¡la Snich está en el segundo poste de tu portería! –gritó ella-.

-¿Que? –exclamó, confuso. Aun así hizo caso de Hermione y salió volando como alma que lleva el diablo hasta la segunda portería. La Snich comenzó a huir hacia arriba, pero Malfoy estaba tan cerca y Potter tan lejos…

-¿Y parece que ambos han visto la Snich? –Preguntó extrañada la rubia-. ¿Quien la habrá visto de verdad y quien estaría tendiendo una trampa? ¡En seguida comprobaremos! Potter persigue con ansia ahora a la cola de la escoba de Malfoy, los números 7 van casi a la misma velocidad, Malfoy estira las manos, Potter aun no está lo suficientemente cerca y… ¡si! ¡Malfoy consigue atrapar la Snitch, después de ochenta puntos a favor de Gryffindor! ¡Y el partido termina! ¡Ciento cincuenta a ochenta a favor de Slytherin, la primera victoria a Gryffindor desde hace siete años! –Exclamó sin entusiasmo luna-. Aunque a mí me hubiera gustado más competir contra Gryffindor en el partido contra Ravenclaw… Pero como muy bien me está recordando la profesora McGonagall, no hay que pedirle peras al olmo –interpretó ella la mirada de "deja de decir estupideces y suelta el micrófono".

Hermione no podía creer que ella hubiera corrido en una escoba a gran velocidad agarrada a Draco Malfoy como si se estuviera agarrando a la vida misma. Y Draco Malfoy, por otro lado, no podía creer que hubiera ganado el primer partido de la temporada, ¡y contra Gryffindor! Y mucho menos podía creer que fuera gracias a la Gryffindor que llevaba agarrada por la espalda, que estaba tan asustada que parecía que no se daba cuenta de que habían ganado uno de los partidos más rápidos de la historia del quiddich en Hogwarts.

-¡Ganamos! ¡Ganamos, Malfoy, hemos ganado! –exclamó, eufórica, la castaña-.

-No, Granger, mi equipo ha ganado. ¡Tu equipo ha perdido! –exclamó-.

-Da igual, yo juego en tu equipo, ¿no? ¡Y he visto la Snich! Por Dios, que pequeñita es, no sé como la encuentran tan pronto en todos los partidos –se quejó. El alivio por que terminara el partido en menos de quince minutos fue tan grande, que relajó las manos y las colocó en la cintura con más suavidad. El alivio en su pecho se desvaneció al mirar al suelo, pues su miedo a las alturas comenzó a atacar sus pulmones.

-Malfoy… creo que me estoy mareando –le avisó, algo suelta de su cintura-, por favor, sácame de…

No pudo terminar la frase cuando Malfoy notó que se resbalaba de la escoba, y justo al dejar de notar las cálidas manos de ella en su cintura, notó como su cuerpo, ahora el de Hermione, a punto de caer en la inconsciencia y cayendo inevitablemente al vacio. Hermione miró el cuerpo de Draco de nuevo en ella, y observó su propio cuerpo, deshecho de la capa invisible, caer al suelo.

-Ay Dios, em… "lenctum corpore!" no, ay no, eh… ¡Finite incantatem! –exclamó, señalando con su varita del cuerpo inerte que caía al suelo. De repente volvió a aparecer el color de la piel de la chica, y agarrándose a la escoba, impregnándose de un valor que no tenía, voló veloz hasta su cuerpo, a punto de estrellarse contra el suelo.

-¿Pero, que es eso? ¿Eso es una chica? –Exclamó la comentarista-.¡Malfoy vuela a rescatar una espectadora que ha caído de las gradas, Dios mío! Este chico tiene unos reflejos…

Hermione llegó al suelo antes que el cuerpo y puso el del chico como resistencia al golpe en el césped. Malfoy, desde su cuerpo de mujer, abrió débilmente los ojos, miró a Hermione y solo salió una palabra de sus labios antes de desplomarse:

-Estúpida.

Hermione sonrió sin saber porqué, dado que la había insultado, pero no tuvo tiempo de más, porque Harry, Ron y Ginny estaban bajando para acudir a su ayuda.

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