*Asoma tímidamente la cabeza, sus orejas sobresalen*

¡Segundo día de la SaruMiFest! Les dije, el hype puede conmigo. Este one-shot es singular, porque le invertí mucho tiempo y considero que es de las cosas más deprimentes que he escrito, bueno, casi. Además, está ambientado en otro one-shot titulado Débil (disponible en Wattpad y Ao3), escrito por Sonneka, al que va dedicado. -¡lo subí, waifu, no me mates ahora! (?)-

En fin, ¡disfruten~!


Summary: La eternidad es para siempre, y ellos también, al igual que su inquebrantable amor.

Status: (4/20)

Tema: #7 Beso Memorable

Disclaimer: [K] no me pertenece, todos los derechos de autor, van para GoRa y GoHands.


"Pequeño Paraíso"

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El mareo envolvió sus sentidos, produciéndole una desagradable sensación de aturdimiento. No entendía qué ocurrió, ni siquiera cuál era su paradero. Su memoria no yacía nítida; era confusa, borrosa e incomprensible. Comenzaba a angustiarse, trató de mover su cuerpo, logrando el propósito con éxito.

No obstante, aquello sólo hizo que surgiera un nuevo aspecto en darle atención. Sentía su fisonomía más ligera que de costumbre. No se demoró abrir los ojos, visualizando un escenario que le encogió el corazón. Aguantó el aliento por un instante.

Conocía de sobra ese lugar. Pertenecía a su pasado, un tiempo que significó la mayor luminiscencia en su vida. Sonrisas compartidas, apoyo reciproco, comprensión incondicional, conversaciones interesantes, compañía irremplazable y serenidad en cada rincón. Todo lo anterior, fueron los esbozos que forjaron el pequeño mundo que había tenido con él.

«Saruhiko…». Fue el nombre que, de forma inmediata, surcó su mente, y no tardó en salir de sus labios.

Y el dolor apareció, en compañía de los recuerdos que, inconscientemente, enterró:

La oscuridad de su habitación lo cubría, insistentes golpes y gritos que no rozaban sus atrofiados oídos, la garganta le quemaba, al igual que las lágrimas en sus ojos, los cuales se encontraban bordeados en oscuras ojeras. La función de respirar se le hizo demasiado complicada, su ritmo cardiaco menguaba con rapidez. Sus parpados se cerraron con lentitud, todo su cuerpo se debilitó, y con ello, su vida, como una diminuta flama, se extinguió.

Estaba muerto.

Con la simple asimilación, un escalofrió recorrió su organismo.

Deslizó la mirada por la alcoba, en busca de saber si alguien más, estaba ahí. Tenía la esperanza de que, Fushimi también estuviera, aunque fuera absurdo pensar algo así. Misaki quería creer en eso. Se levantó de la cama que, solía usar en el pasado, indagó más por el lugar, afirmando que era exactamente el mismo sitio en que vivieron juntos, siendo apenas unos simples adolecentes con grandes sueños. La presión de su pecho aumentó.

Misaki continuó buscando, pero los resultados no fueron para nada satisfactorios. Apretó sus manos, convirtiéndolas en puños y mordió sus labios.

Era el único allí, sólo él, y nadie más. Le fue absolutamente inevitable hundirse en la desesperación. Sus rodillas tocaron el suelo, y en poco tiempo, diminutas gotas, también. Qué estúpido había sido, pensar que con arrancarse la vida, lo llevaría de nuevo al lado de Saru. No existían segundas oportunidades en la vida de ninguna forma. Ocultó su rostro con las manos, y su llanto dio inicio.

No quería estar así. Necesitaba verlo.

«Sólo una vez más…».

Había tantas cosas que quedaron por decirle, mas nunca tuvo el valor de hacerlo, expresar lo que su corazón profesaba. En esos instantes, se arrepentía enormemente de aquello. Fue un cobarde sin remedio —y lo peor, es que aún lo era—, se ubicaba en la cima de los idiotas. No pudo ser un buen amigo.

Saruhiko estuvo cada segundo a su lado, apoyándolo, dándole las fuerzas que el mismo carecía, fue su mayor pilar emocional y todo lo que necesitaba; su pequeño mundo.

Y jamás tuvo la oportunidad de agradecerle todos los momentos que compartieron. Cuando tuvieron una charla, fue después del fracaso que resultó ser la alianza entre los tres clanes, la cual terminó en una ligera discusión. El pelirrojo golpeó el suelo con su puño al recordar la expresión tenuemente decaída de su antiguo mejor amigo al insultar a su rey, lo destrozaba. Para más tarde, dejarlo ir… sin conocer que esa sería la última vez en la que podrían conversar.

Las lágrimas que surcaban sus mejillas y los sollozos que profanaban su garganta, eran tan honestos que, cualquiera que los escuchara, se le haría trizas el corazón. Sin parar, rogaba por su amigo, por tenerlo una vez más para abrazarlo y reír junto a él, para confesarle aquello que no había podido por el intenso temor a un rechazo: que le gustaba, como hombre, que lo amaba y que, por nada del mundo se alejara de nuevo. Aún así, como era habitual, nada salía como Misaki quería.

Anhelaba verlo de nuevo, atrapar su mano para no soltarla nunca. Sentir su reconfortante calidez, hundir sus penas en conversaciones largas y sin sentido —pero valiosas—, sobre temas irrelevantes. Con un auricular en un oído, compartiéndolos. Le hubiese gustado tanto retroceder en el tiempo, para remendar todos sus errores, evitar a toda costa su muerte. Cargaba toda la culpa por ello, por el hecho de que esos lindos momentos, sean únicamente, recuerdos.

Y en el cruel, oscuro y lento presente, no podían vivir más cosas en conjunto. Ahora, era sólo él, nadando contra la corriente, intentando tomar su mano para impedir cualquier partida. No más, nunca.

Pero era demasiado tarde, perdió su tiempo en cosas triviales —jugar a la familia con personas falsas—, en lugar de buscar sus verdaderos sentimientos. Volver al inicio no sería nunca una mala idea. Dudaba que lo fuera. Él sólo quería volver y apoyarlo cuando se sentía mal, en lugar de ignorarlo y pasar por desapercibido sus emociones, como lo había hecho durante un buen tiempo. Tan ajeno al dolor de Fushimi.

Entonces, llegaron a su memoria, los peores momentos sin él, luego de que partiera de manera definitiva.


Los días que prosiguieron luego de la derrota al clan verde, resultaron grises como la tonalidad de uno de los reyes caídos. El alma de muchos compartía ese color por el dolor de una pérdida terrible.

Con atención, Yata veía, con sus ojos ámbar en un marco de ojeras negras, cómo decencia el ataúd que guardaba en su interior el cuerpo de la persona que más amaba, hasta llegar a las profundidades de la tierra.

Sus muñecas estaban vendadas. Hacia una semana que intentó suicidarse, frente al espejo del baño, cortándose las venas con el cuchillo de cocina. Y cuando creyó haber visto el túnel negro en el cual, al final estaba un intenso resplandor donde le esperaba su amigo, abrió sus ojos para notar que yacía acostado en la cama de un hospital y oír más tarde los regaños de Kamamoto.

Y pensó, pensó que tal vez, fuera que Saruhiko estuviera allí. Velando por su bien, para que no hiciese alguna estupidez para ir a su encuentro.

«Eres un bastardo egoísta, Saru».

Sin más, juntó sus parpados e ignoró lo que ocurría a su alrededor. No le interesaba el resto, sabía que el dolor de los demás no se comparaba al suyo. Sin embargo, Misaki consideraba que, eso no era del todo cierto, pues ahí se encontraba ella.

¿Era adecuado aludirla como el familiar más cercano de Saruhiko? Desconocía la respuesta, la verdad. Pero, consideraba que debía serlo un poco, pues era la única persona con la que compartían lazos sanguíneos que hacia acto de presencia. Realmente, se sorprendió al verla. Fue imposible no cruzarse, y cuando se observaron, la mirada de Aya era casi indescifrable. No obstante, pudo percibir la decepción en ella.

No se dirigieron palabras.

Por otra parte, Misaki escuchaba a lo lejos los sollozos de su hermano Minoru, no le extrañaba en lo más mínimo. Después de todo, él siempre admiró a Saruhiko, y eso sólo acentuó, cuando lo salvó de JUNGLE. Permaneció unos minutos más, hasta que le pareció insoportable. Odiaba el cementerio, él era de la clase de persona que, si alguien moría, no le importada demasiado, siempre y cuando no le afectara. Por eso, ahora le era inevitable sentirse melancólico. Cuánto le gustaría que el tiempo retrocediera, estaba totalmente arrepentido. De todo.

Y sin dar aviso, se fue de allí.

Las calles se divisaban vacías a kilómetros, el silencio reinaba, mientras las grises nubes se cernían sobre el inmenso horizonte. Para Yata, el cielo se caía a pedazos, y aún así, no podía encontrarlo. Encontrarlo… eso era lo que anhelaba con cada fibra de su ser; encontrarlo y abrazarlo más que nada en el mundo.

Caminó durante un tiempo, lucía no tener rumbo, pero sí lo poseía. Llegó a un parque y agradeció que no hubiera mucha gente. Visitó unas bancas que despertaban sentimientos en él, que hacían que su cuerpo fuera la carretera de magnifica electricidad, creada sólo por emociones rotas, memorias quebrajadas.

Aquel día, el viento mecía las ramas de los arboles con más fuerza de lo normal, ocasionando que las hojas bajaran. El pelirrojo suspiró, un suspiro que liberaba una tristeza invernal y enorme vacío. Las flores iban muriendo poco a poco —al igual que sus ganas de vivir—, como si supieran lo que pasaba. No era un buen día, pronto gotas comenzaron a caer.

Misaki acarició suavemente las bancas de madera en las que los dos acostumbraban a sentarse luego de salir de clases, y escuchaban música hasta que se hiciera tarde. Acto seguido, se sentó.

Solo.

Saruhiko ya no lo iba a acompañar más.

Se había ido, y no iba a regresar.

La lluvia no se detuvo, caía sobre él, mezclándose con sus lágrimas y empapándolo.

Un paraguas de color verde oscuro lo protegió del agua. Misaki, extrañado, volteó hacia atrás. De nuevo, se sorprendió de ver a la joven Oogai. Era como si estuviese viendo una persona totalmente diferente. Si la tristeza tuviera un rostro, sin duda, sería el de ella. Llevaba un vestido negro y una capa a juego en los hombros, sobre la cual caía su cabello, sostenía la sombrilla con una mano. Definitivamente, no estaba acostumbrado a verla sin sus características coletas. En ese instante, le pareció bastante adulta.

—Confié en ti.

—Lo sé.

Ya no hablaron más. Aya se quedó haciéndole compañía, pero no fue suficiente. En el fondo, se sentía vacío. Era insólito cómo Saruhiko llenaba de tal modo su vida, y como sin él, todo era en vano.


Continuó llorando, con más intensidad por los recuerdos que surcaron su cabeza, le daba tanta pena haberlo dejado partir... solo. Y entre sus sollozos, logró percatar ligeras pisadas. Se detuvo de manera abrupta y, con lentitud, alzó la mirada.

—Eres un llorón. —y escuchó una voz que conocía a la perfección. Al mismo tiempo de encontrar a la persona que tanto quería.

Sus azules ojos y azabache cabello seguían igual de hermosos, justamente como los recordaba. Su ropa, siendo la misma que portaba el día en que se fue, yacía pulcra. Los ojos ámbar de Yata se cristalizaron aún más. No era una broma, ni tampoco alguna ilusión creada por su mente, ¿verdad? Saruhiko estaba frente a él de pie, lo miraba y sonreía con atisbos de culpabilidad y amargura.

El abrazo no se hizo esperar, descansaban en los brazos del otro como si no se hubieran visto en años. Se extrañaban, tanto que dolía.

—Misaki…—el oírlo era un absoluto deleite, era lo que tanto había necesitado. La medicina que disipaba todos sus malestares. Quería oírlo una y otra vez, no se cansaría nunca—. ¿Por qué estás aquí? —preguntó, haciendo más fuerte su agarre.

"¿Por qué?"

Una pregunta, infinidad de respuestas. El aludido, ya tenía la suya:

—Soy débil sin ti. —respondió, creando una leve distancia entre ambos, la suficiente para ser capaz de observar el rostro del otro.

Un suave sonrojo se presentó en los pómulos del menor, sonrió al verlo así. Pronto, su atención se desvió en otro aspecto: sus preciosos ojos cerúleos. Misaki tenía la costumbre de comparar a Saruhiko con el agua, no sólo por su clan, si no que con tan sólo probar un poco de él, ya te sentías completo, como si nada te faltara, y su presencia era igual de refrescante.

—Eres un completo idiota. —reprendió Fushimi, acurrucándose más entre los brazos del contrario y se permitió sonreír. Se sentía egoísta al estar feliz, pero no podía no estarlo. Misaki estaba a su lado, lo que siempre quiso.

De hecho, en el instante que vio al mayor estar ahí, se apresuró a esconderse. No se encontraba listo para encararlo tan rápido, añadiendo que la culpabilidad lo carcomía al verlo.

«No deberías estar aquí».

El oír el desgarrador sufrimiento del más bajo, le hirió enormemente y fue lo que lo motivó a salir. Le desagradaba ser la razón de la agonía de la persona que fue el sol en su vida. En pocos segundos, percibió que del pecho del skater ya no emanaban latidos, no tenía corazón, el órgano más vital de los individuos. Dedujo que él también carecía de uno. Sin embargo, ese detalle no le importó.

No lo necesitaba, pues los sentimientos que poseía por el pelirrojo, continuarían existiendo, vivo o muerto.

—Lo sé —admitió sin vergüenza alguna el mayor, encogiéndose de hombros y con una de sus manos acarició las oscuras hebras ajenas. Cerró los ojos para cavilar su siguiente acción, ya no desperdiciaría oportunidades y se armaría de valor—, pero así me amas, ¿cierto?

No tuvo respuesta, pero el silencio de Fushimi contó como una. Lo conocía bastante para saberlo. Además, el suave rojo que adornó las orejas de su amigo, lo delató.

—Sólo una cosa — tomó el rostro del otro, haciendo que sus miradas se conectaran. Amaba observar sus orbes, tan claros, carentes de maldad—, prométeme que no de iras de nuevo.

—Lo prometo, no me iré —replicó con suavidad, reconfortando al mayor. E iba a cumplir sus palabras—. Tenemos toda la eternidad para estar juntos —Misaki sonrió, conquistado por la dicha.

Tendría un nuevo pequeño mundo… No, ya no se trataría de un mundo. Sería un paraíso privado, donde sólo estaban los dos. Era completamente perfecto.

No más dolor, no más miedo.

—Gracias por amarme, Misaki.

—Es un placer hacerlo, Saruhiko. —envolviéndolo aún más entre sus brazos, rozó sus labios con los contrarios, dando inicio a un beso sería memorable. El que marcaba un antes y después. El comienzo de un periodo sin fin.

Porque la eternidad es para siempre, y ellos también, al igual que su inquebrantable amor.


Bueno... por eso no quedo tan triste como esperaba, pero pues pos ah.

Espero que haya sido de su agrado x3

¡Gracias por leer!

Ciao~