LAPROMESA CONTRA LA REINA
Zalinyen volteo a verme, aún estaba molesto, pero decidió responderme, – No son muy diferentes de los humanos, pero poseen alas de ave negras, al menos los que yo vi, pero amigos de distintos lugares me han dicho que no solo existen los que tienen alas de ave negras, también de murciélago blanco, que se los conoce como "Sombras de luz" y "Luces de oscuridad" – me explicó.
– ¿Y cuál es cuál? – pregunté.
– No lo sé, pero un amigo me dijo que su hermano, quien volvió lisiado, le contó que los Hélfisios complacen a su retorcida reina, la cual solo quiere que exista una guerra eterna, que no le importa sacrificar a los suyos, pues solo desea ver derramar sangre, me dijo también que su hermano vio con mucho miedo que esta bebía sangre tanto de los nuestros como de los suyos, que para ella esta era su fiesta de sangre y muerte – dijo muy serio, pensé que esa mujer era algo horrible y que por su culpa yo vivía en la miseria, de esa forma decidí que junto con Zalinyen también sería soldado.
– Yo… también quiero ser soldado – le confesé y él volvió a sonreír.
– Me hará muy feliz que luches conmigo, nos vemos – me dijo mientras empezaba a irse a su tienda.
Cuando volví a casa, un aroma a carne se me estampó en la cara, eso solo significaba una cosa, mi padre había vuelto a casa, con suerte había cazado algo grande. Lo busqué con la mirada y él se encontraba descansando en una silla, mi hermana seguramente estaba afuera limpiando los utensilios con los que de seguro despellejaron al animal.
– ¿Dónde estabas, mocoso? – me preguntó mi padre al verme.
– Afuera, jugando con un amigo – le respondí temeroso, nunca sabía cómo iba a reaccionar, para él, todo lo que hacía estaba mal.
– ¿Quién? – preguntó esperando alguna excusa para poderme castigar, y esto podría significar muchas cosas, ninguna agradable para mí.
– Es hijo de uno de los mercaderes que vinieron al pueblo, padre – respondí de nuevo, él sonrió.
– Vaya, pero si no eres tan estúpido como pensaba. Espero que le hayas pedido que te enseñara algo de cómo hacer negocios o por lo menos que te regalara algo que después vendamos – comentó, yo solo me limité a asentir con la cabeza. En mi casa, una regla esencial era no contradecir al cazador a no ser que estuvieras preparado para lo peor.
En ese momento mi hermana comenzó a poner la mesa, mientras mi madre comenzaba a servir los platos con el estofado que había preparado. Nos sentamos a comer y como siempre que mi padre estaba con nosotros la cena transcurrió en total silencio, yo aún estaba pensando en decirles que de grande yo quería ser soldado, pero tengo miedo de decir algo. Finalmente me armé de valor – Cuando crezca… quiero ser un soldado – dije con un hilo de voz, mi hermana y mi madre se congelaron en el instante y mi padre casi se ahoga con su bocado, pero no creas que fue porque le molestó oírme decirlo, fue porque una carcajada se le quiso escapar.
– Espera, mocoso ¿Quieres repetirlo de nuevo? – pidió mi padre divertido.
– Que quiero ser soldado – le dije agachando mi cabeza y temeroso de recibir un golpe de su parte.
– Yo… ¡Yo no voy a permitir que eso ocurra! – para mi sorpresa quien reclamó enojada fue mi madre, mi hermana me veía preocupada, mientras que mi padre borraba la sonrisa de su rostro.
– Cálmate, Mariel ¿Cómo crees que el mini-idiota se va volver soldado? De verdad que eres estúpida. Para eso, alguien tendría que recomendarlo ¿Y quién va a recomendarlo? Vivimos casi en medio de la nada, si lo miras bien, con demasiada suerte podrá apenas acercarse a mi sombra. Deja de pensar en idioteces y mejor sigue comiendo – dijo volviendo a probar otro bocado. Yo me sentí humillado y decidí no mencionárselos nunca más, pero aun así confiaba en que lograría mi sueño, pero ese no era ser soldado. Mi sueño verdadero era tener una vida mejor, dejar de sentirme miserable, ser feliz, ser soldado para mí en ese entonces era solo un medio para lograrlo, en ese tiempo yo estaba muy equivocado.
El último día que vi a Zalinyen, fue cuando él junto con toda su familia se marchaba a otro lugar, de hecho su carreta ya empezaba a irse y él ya estaba en ella.
– ¡Zalinyen! ¡No me dejes! ¡Llévame contigo! – le gritaba corriendo detrás de él, él se sorprendió y me sonrió.
– ¡Eisen! ¡Volveré por ti para cumplir nuestros sueños y el de tanta gente que anhela ver terminada esta guerra! ¡Seremos los héroes que recordarán en el futuro! ¡Dirán que gracias a Eisen y Zalinyen existe la paz! ¡Nos volveremos a ver! ¡Eso puedes jurarlo! – me gritó y yo dejé de correr y lo vi alejarse, estaba triste pero sabía que no me mentía y así lo esperé durante diez años, años que se me hicieron eternos.
Y como prometí, aquí está la continuación. Sin embargo ahora si no sé cuánto tardaré en subir el próximo capítulo, porque también tengo otras cosas que hacer, como la escuela y actualizar las demás. Espero que disfrutaran del capítulo como yo disfruté escribirlo. Sin más que decir, luego nos leemos.
