Capitulo 3: Mi - ahora llamada - vida
B. POV
Traté de abrir los ojos tanto como me lo permitían las lagrimas, mi cuerpo temblaba por el miedo, miré a mí alrededor buscando a mi verdugo y se me hizo un nudo en el estomago al encontrarlo. Me miraba sonriente, como si fuéramos grandes amigos, como si existiera el más mínimo cariño entre nosotros, como si realmente me amara tanto como había jurado hacerlo.
Mi antes hermosa habitación tenía un aire sombrío, un ambiente sofocado a tal grado que parecía faltarme el aire, aunque probablemente tuviera más que ver con el hecho de que me encontrara sola, acuclillada en una esquina del cuarto tratando de evadir la realidad. Esto no podía estarme pasando, no a mí, no ahora. Las ventanas parecían negras, las paredes se cerraban a mí alrededor y gritaba en agonía en mi fuero interno.
Volví mi vista al cuerpo al otro lado de la habitación.
Quise secar las lagrimas de mi rostro, el parecer aun más débil de lo que ya lo hacía no ayudaría en nada, pero las lagrimas solo brotaban y brotaban con más fuerza al reconocer los restos a mi lado de las dos personas que más había amado en mi vida. Ambos cadáveres yacían en la misma habitación que nosotros, recostados tranquilamente a mi lado ahora que sus almas habían dejado el cuerpo. Por dios, yo misma había contemplado como los despedazaba frente a mis ojos. Quería gritar, gritar tan fuerte que me quedara muda pero su mano me lo impidió.
"Shh, shh, shh… quieta, silencio… "Aparto su mano de mi y la observe… estaba cubierta de sangre, la misma sangre que adornaba los cuerpos sin vida junto a mí.
"No… no, no, ¡no! ¿Por qué? Tu…"
"Ya, está en el pasado. Con el tiempo lo olvidaras, te lo aseguro"
"Nunca, nunca lo olvidaré ¿me escuchas?"
"tendrás que hacerlo" susurro acariciando mi rostro, su simple tacto me producía asco, repulsión, miedo…
"¿Qué vas a hacer conmigo?"
"Tenemos que huir… lo siento" "No debiste traicionarme."
"Yo no hice nada"
"O si que lo hiciste, y lo sabes muy bien. Pero eso ahora ya no importa mi amor"
"¿Qué quieres de mi? ¿Por qué no me dejas en paz?"
"Lo mismo que siempre quise. A ti"
"No, no, no por favor. Si lo haces te juro que te odiare por el resto de mi vida"
"Me perdonaras… tarde o temprano."
"No lo voy a hacer"
"Tranquila, me lo agradecerás"
"No, no"
"cállate"
"¡NO! ¡NO! ¡NO!"
"¡CALLATE!" me grito tomándome de las muñecas y tirándome al piso, intente por todos los medios alejarlo de mi pero no cesaba de golpearme.
"Suéltame, suéltame… suéltame" Uno, dos, tres golpes y seguía. Mis ojos lloraban, mi cuerpo temblaba y lo más posible es que varias partes de él estuvieran sangrando sin control mientras gritaba totalmente desesperada…
√v^√v^√√v^√v^√√v^√v^√√v^√v^√√v^√v^√
.
Con un fuerte jadeo regrese a la realidad, mi frente destellaba de gruesas gotas de sudor y me sentía sofocada. La alarma del despertador continuaba su incesante chillido, lo apague perezosamente y con las lágrimas aun saliendo de mis cristalinos ojos me dirigí al baño.
Otra vez la misma pesadilla ¿Qué acaso jamás podría librarme jamás de ello? ¿Por qué tenía que vivir en ese constante sufrimiento?
Me miré al espejo. Esa ya no era yo. Ya no podía ser yo, no si quería seguir con vida. Pude haber sobrevivido un par de veces pero mi suerte no siempre sería tan buena.
Abrí la llave caliente y entre a la ducha, lavé mi cabello y examiné mi cuerpo. Aun conservaba algunas marcas de nuestro último encuentro pero faltaba poco para que sanaran. Los moretes ya intentaban tornarse un color más amarillento y las cortadas empezaban a cicatrizar, al menos ya no dolían como hace tiempo y eso era mucho de lo que agradecer.
Al salir me vestí de la misma forma en que lo había estado haciendo los últimos meses. Sí, ahora esta era yo… aunque más adecuadamente, "este" Eso tenía que ser para sobrevivir, era mi única forma de salir adelante y la aceptaba con todo y sus defectos. Era solo un pequeño precio por la vida.
Yo había sido muy feliz, todo era perfecto, hasta cierto punto claro, hasta que él llego… Ahora mi vida se podía definir con una palabra: Infierno.
"El infierno es la vida misma Isabella. No hay nada después de ella"
"Yo no lo creo, mi vida no tiene nada de malo"
"No estás al tanto hasta que te ocurre. Pero ¿sabes? Siempre llega"
El sonido de mi celular interrumpió mis cavilaciones.
— ¿Bueno?
— ¡Hola!
— ¿Alice? — contesté con un poco de histeria en mi voz. Carraspeé, intentando hacerla sonar más grave.
—Da´ ¿Quién mas tontito?
—Lo siento, es que no esperaba que llamaras…
—Solo quería recordarte que tienes que estar a las diez en mi casa ¿si recuerdas donde era?
—No. Pero si recuerdo el mensaje de texto que me enviaste con la dirección — Como si a Alice se le pudiera pasar algo por alto.
—De acuerdo, quería asegurarme. Nos vemos en un rato. — dijo despidiéndose y colgando.
Suspiré y me acurruqué penosamente en una esquina de la habitación. Aborrecía ser tan… tan yo. A Alice la conocí hace unos dias, la chica era demasiado inquieta para su propio bien pero ciertamente era encantadora. Tropezamos sin querer, mas por mi torpeza que por causa suya pero aun así quiso disculparse invitándome a comer aunque siendo sincera nunca me pidió opinión. Charlamos un buen rato, bueno ella hablo y yo escuche. Al final y ante su insistencia termine diciéndole de mi necesidad de encontrar un lugar en donde vivir y me sorprendí cuando me dijo que tenía "la solución perfecta" a mi problema, o algo así.
Y la verdad si me asia falta un departamento he estado mudándome durante los últimos once meses, pero tras mi último encuentro con él opte por esta opción. Necesitaba un lugar para vivir, uno fijo, el dinero se desperdicia muy rápido en hoteles y la pequeña chica –aun más pequeña que yo- me agradaba bastante. Así que ahora me encontraba preparándome para montar aquel espectáculo al que ya debería estar acostumbrada.
Jamás había detestado tanto mi físico como ahora, solo hacia mas difícil el que creyeran mi farsa. Tras varios imprevistos en el pasado he llegado a perfeccionarlo de una forma satisfactoria, ahora podría pasar perfectamente por un chico un poco extraño pero era creíble.
Suspiré nuevamente y me revisé mentalmente. No bolso… Sí, caminar no afeminadamente… Sí, jeans, zapatos, celular…. Sí. Ok, todo listo. Con un nuevo suspiro de resignación Salí de la habitación, caminé hasta el ascensor, bajé, atravesé la recepción, pedí un taxi, y me senté a esperar su llegada. Me complacía en gran medida darme cuenta de que a diferencia de hace unos meses, la gente ya no se me quedaba mirando como un adefesio andante. El taxi por fin, después de cómo veinte minutos logró llegar al hotel.
— ¿A dónde va?
—Calle Carmona, — contesté simplemente mientras me acomodaba en el asiento de atrás. Transcurrieron como otros 15 minutos de carretera hasta que entramos a lo que, creía yo, seria la calle de Alice. Una casita en particular me llamó la atención, era grande, espaciosa, con enormes ventanas y de un color azul turquesa eléctrico, justo el tipo de Alice- pensé.
—Gracias, aquí me bajo — le pagué al conductor y bajé del coche, justo antes de tocar la puerta de la enorme mansión una duende la abrió y de un tirón me metió dentro. Alice era pequeña, de 1.50 aproximadamente, tenía ojos café oscuro y el cabello corto, en picos y negro.
—Eres muy liviano para ser un chico— acusó.
—Y tú muy fuerte para ser un duende — se la regrese algo molesta por el comentario, bueno "molesto" supongo…
—Como sea, vamos adentro, prepare waffles — Alice prácticamente me arrastro hacia la sala y me tiro en el sofá al mismo tiempo que ella iba a la cocina y regresaba con dos platos llenos de waffles —Aquí tienes.
—Omn, gracias — empezamos a comer y note a Alice muy impaciente y un tanto molesta — ¿Te ocurre algo?
—Esos idiotas… se suponía que llegarían hace más media hora — refunfuño fastidiada. Terminamos el desayuno y Alice habló y habló sobre lo tontos que eran sus amigos y luego de un buen rato se escucharon gritos en el recibidor.
— ¡Legamos!
— ¡YA estamos aquí! — gritaron dos voces diferentes al mismo tiempo.
— ¡idiota quítate de mi camino!
— ¡No quítate tú! — podría jurar que Alice se puso verde al escucharlos entrar, se levantó como fiera de su asiento y en ese momento dos chicos entraron a la habitación.
El primero era enorme, media casi dos metros y estaba repleto de músculos hasta el cuello, tenía el cabello negro y rizado, ojos azules y en su rostro había un aspecto inocente que era raro ver en un hombre como él.
El otro era rubio, más bien con un tono miel y el cabello le caía justo arriba del cuello, de constitución media, ojos cafés, y casi tan alto como el anterior.
— ¿Como pueden ser tan sinvergüenzas de entrar así cuando llegan casi una hora tarde?—Alice les gritó tan alto que creí que mis tímpanos explotarían.
—Yo…
— Ni siquiera son capaces de respetar mi casa porque tenemos un invitado y…
— ¡Hola! — dijo el chico alto mientras me miraba sonriente y el rubio rodaba los ojos.
—Soy Emmett McCarty, pero puedes decirme Emmett, Emm, Oso, o el sexy Emmet dios de la belleza y la simpatía — se presentó, o eso creo…
— Yo soy Jasper… solo Jasper — dijo el otro
— ¡¿Acaso alguien me está prestando atención?
—Alice…
—No Alice nada ¿y se puede saber donde rayos esta el tercer chiflado?
—Estacionando el volvo, pero es que no nos dejas explicarte… — continuaron quejándose
—No sé porqué creí que por una vez en su vida serian responsables.
—Lo siento cariño pero no lográbamos levantar a Emmett.
— ¿Yo? Es culpa de Edward que no se estacionaba, tuvimos que saltar del auto. Casi muero.
—Pretextos. Puros pretextos.
—Disculpen… — escuche una suave y aterciopelada voz viniendo de la entrada.
—Y hablando del rey de Roma.
— Perdón por llegar tarde, Alice. Nos retrasamos — En ese mismísimo instante creí haber muerto y estar viendo un ángel… Era alto, delgado y desgarbado, pero con los músculos bien definidos, su pelo color bronce tenía un aspecto desaliñado y sus ojos eran del más sublime color verde que hubiera visto en mi vida. Era demasiado hermoso para ser real, demasiado… perfecto.
—Hum, ¿hola? — volvió a murmurar con esa preciosa y melódica voz aterciopelada, solo podía rezar porque realmente no estuviera babeando en este momento — Edward Cullen, mucho gusto.
.
Nota de la autora:
¡Hola! Uyyy… A alguien le gusta Edward… ¿Qué les pareció?
Aquí me tienen de nuevo, con este cap, ya más o menos aclare algunas dudas sobre eso, sé que todavía quedan pero con el tiempo se resolverán.
Ok, este capítulo no tuvo tanta gracia como los anteriores debido a que bueno esas cosas se me ocurren conforme voy escribiendo y este era un escenario más serio, ya saben ustedes que actualizo los viernes como por l de la tarde para que estén conectados y me lean :)
También no sé si se habrán dado cuenta pero el lunes tal vez les haya llegado una alerta de que actualice pero se dieron cuenta de que no era así, lo que ocurre es que recibí un par de críticas sobre la ortografía y quise arreglarlas de inmediato –soy muy perfeccionista- no sé si quede alguna que se me paso pero haré todo lo que pueda por corregirla.
Sepan que leo y releo todos y cada uno de sus comentarios y siempre me sacan una sonrisa, a veces los uso de inspiración cuando estoy frente a la computadora y no sé qué escribir, me encanta escuchar lo que piensan y les supermegaarchi agradezco que me dejen uno, me fascinan y ahora que estoy escribiendo el capitulo siguiente necesito inspiración ya que es el primer encuentro así que… ¿me dejan uno?
Ya saben que los personajes no son míos sino de stephanie Meyer
