Teddy Lupin.
Palabras: 978
Si bien ya sus clases en el Instituto de Aurores habían iniciado, Teddy no podía dejar de visitar a su padrino; cada que se le presentaba la oportunidad, aparecía en la puerta del reconocido Harry Potter, con la clara intención de ser alimentado por su tía Ginny. Desde que tenía memoria, adoraba la comida y compañía de aquella mujer. La familia Potter-Weasley siempre lo había tratado como uno más, y por muy extraño que pareciera, escuchar viejas historias y quejas, no eran cosas desagradables para él.
Ahí se encontraba aquella tarde de febrero, aunque la casa de los Potter, no parecía realmente la casa de los Potter; sin James tramando travesuras, Albus intentando convencer a su madre de dejarlo usar su escoba o Lily gritándole a sus dos hermanos, el silencio y la tranquilidad lo hacían sentir incómodo.
Los extrañaba.
Solía pensar en lo mucho que le hubiese gustado estudiar en Hogwarts al tiempo que ellos, estaba completamente seguro de que esos años hubieran sido muy difíciles de olvidar. Aunque claro, debía admitir que también le llamaba la atención el poder estudiar junto a Victoire; lamentaba con toda su alma el darse cuenta de lo mucho que le gustaba la joven Weasley justo antes de que ella volviera al colegio.
–Ayúdame a poner la mesa, Teddy –soltó su tía Ginny con una sonrisa, interrumpiendo sus pensamientos. Harry aun no llegaba, pero estaba seguro de que se alegraría al verlo, llevaba varios días sin aparecer por ahí, y según la esposa de su padrino, ellos estuvieron muy preocupados. El muchacho sacó su varita y con un leve movimiento, varios platos y cubiertos volaron hasta él, de pronto escucho una risita proveniente de la cocina y se extrañó, ¿de qué se estaría riendo su tía Ginny? Luego de supervisar que todo estuviera en su lugar, fue a averiguarlo.
– ¿Todo bien por aquí? –preguntó intentando ver que era lo que preparaba. Ella se volvió a verlo con una sonrisa.
–A veces me siento tan vieja con ustedes cerca –le dijo, Teddy se le quedó viendo extrañado. Ginny vio el techo buscando las palabras para explicarse mejor– Cuando te conocí, eras apenas un bebé. Hace un momento, cuando te pedí que pusieras la mesa, no pensé que simplemente sacaras tú varita y lo hicieras, digamos que de pronto había olvidado que ya no eres un niño– el muchacho le sonrió.
–Creo que es típico de ustedes los mayores –soltó con humor, la mujer volvió a su preparación, pero antes de olvidarlo se dio media vuelta y le dijo:
–Me alegra que no seas tan torpe como tu madre, sino tendríamos que reemplazar toda la vajilla –Teddy se le quedó viendo interesado, le agradaba cuando alguna persona le hablaba de sus padres.
– ¿Y papá? –le preguntó.
–Ya te lo hemos dicho, Teddy. Tu padre fue un muy inteligente y cuidadoso mago –Si, ya se lo habían dicho, tal vez millones de veces, pero él adoraba escucharlo. Lo ayudaba a crear cierta imagen de ellos, y por suerte todo lo que le contaban sonaba increíble. Su padre, un hombre modesto y diestro, y su madre, divertida y enamorada; sabia un poco más de ella, ya que solía pasar bastante de su tiempo junto a su abuela y a ella le agradaba conversar sobre su hija.
Aunque sabía exactamente el motivo por el que sus padres habían muerto y la mayoría del tiempo aceptaba que todo había sucedido era para que pudieran vivir del modo que lo hacían, a veces, cuando se sentía mal, solía molestarse con ellos por dejarlo, por no tener a alguien con quien compartir ciertas cosas que se veía "obligado" a esconder sólo para él, ya que no quería molestar a otros con cosas que le pasaran.
Lamentaba no tener una madre a quien hablarle de la chica que le gustaba y deseaba poder encontrar una respuesta a sus inquietudes sobre el hecho de que le gustara Victoire, a quien algunos podrían considerar su prima; por eso no comentaba el tema con su tía Ginny, estaba seguro de que todo el tema sería muy extraño para ella. Ahg, eso era parte de lo que odiaba, a veces enredarse con lo más simple, no tener un guía relativamente objetivo para la vida que lo ayudara.
Soltó un suspiro al escuchar la puerta abrirse, debía dejar aquellos pensamientos atrás, aquel no era el momento para convertirse en el niño huérfano que tanto había intentado dejar tras él. Su padrino se asomó pronto por la puerta de la cocina y le regalo una gran sonrisa, que él correspondió, su tía Ginny se dio media vuelta para verlo.
–Ya era hora –le dijo con una sonrisa, Harry se apresuró a darle un pequeño beso de saludo y luego se sentó junto a Teddy.
– ¿Por qué no habías aparecido por aquí? –Le preguntó sin dejar de sonreír, le agradaba tener al muchacho en la casa.
–Las clases no son tan sencillas como lo hiciste creer –soltó el muchacho revolviéndose el azul cabello, Harry se carcajeó.
–Me refería a lo práctico cuando hablaba –Teddy negó con la cabeza, era incorregible.
–Ayúdame a servir –le dijo Ginny a su marido que se levantó al escucharla.
El joven Lupin los vio salir de la cocina y sonrió, debía dejar esos pensamientos tan tristes enterrados bajo algún edificio muy grande, sus padres habían hecho lo que era mejor para él y no lo dejaron solo, lo dejaron con el mejor padrino que podría pedir y junto con él, a la mejor familia que podría desear. Los problemas que pudiera tener con la joven Weasley no afectarían aquellas relaciones, de eso estaba seguro; James sabía lo que pasaba y no sería raro que ya toda la familia estuviera enterada, así que no debía preocuparse. Porque el joven Teddy Lupin no estaba tan solo como a veces se hacía creer.
