SEGUNDO ACTO.
Capítulo 2
La escena tiene lugar en una sala contigua a la del primer capítulo, donde se encuentra uno de los sirvientes de Poseidón.
Media hora antes el general Kaza de Lumnades recibió una nota que le entregó personalmente "Hilda de Polaris" (o sea, Hagen vestido de mujer) en la que decía que un/a admirador/a secreto/a a quien le deba mucha vergüenza revelar su nombre estaba enamorado/a de él y deseaba verlo. Alberich acompañó a "la sacerdotisa" a entregar la notita y durante la entrevista le cantó las alabanzas de aquella persona.
Aunque como ya podrán imaginarse, Alberich estaba únicamente exhibiendo sus dotes de estratega y haciendo honor a su apodo de "el cerebro". Al ser un hombre muy manipulador sabía muy bien de qué pie cojeaba el marino, así que logró engatusarlo muy facilmente. Eso sí, en comparación con el esperpento (perdón, el espectro) del Sapo, al general se le podía considerar como un miembro de Mensa y había notado algo anormal en el aspecto de "Hilda". Al principio no cayó en la cuenta pero cuando los asgarianos se fueron una lucecita se encendió en su cerebro.
"Si no hubiera sido por los entrometidos atenienses, les habríamos derrotado fácilmente. ¡Hay que ver lo tontos que son en Asgard y que a estas alturas aún sigan sin darse cuenta de que Hilda es un tío!"
Mientras espera a que llegue su cita observa a un hermoso muchacho de largos cabellos negros que tiene un tatuaje de un enorme dragón en la espalda y que trabaja como stripper en el local contoneando su cuerpo al compás de la música bajo la atenta mirada de Mime, que sigue tocando el arpa.
En cuanto Afrodita cruza por delante suyo deja a su paso un suave pero perceptible e intoxicante aroma a rosas mientras se dirige al servicio de señoras, Máscara de la Muerte sale de las sombras y el general marino cree que es su cita pues lleva un clavel rojo en la solapa, al igual que él en la suya, como señal de reconocimiento.
El general se queda un poco decepcionado pues se esperaba a alguien más hermoso, quizás Sorrento o Siegfried. El cangrejito, aunque tiene su atractivo es un tipo demasiado follonero para su gusto pero como dice el refrán: "a falta de pan, buenas son tortas" y como no tiene mejores planes esta noche, sale al paso del caballero de Cáncer. Además no deseaba regresar al reino de Poseidón con el rabo entre las piernas pues sabía a ciencia cierta que los otros generales, Tetis y Poseidón habían estado haciendo apuestas acerca de la identidad de su cita.
—Hola— le señala la flor en su solapa— ¿sabes quién soy?
—Pues no, ¡ni puñetera idea! vine aquí porque he quedado con alguien —dice demostrando sus grandes dotes de actor y ruega fervientemente a que pueda irse de marcha con Afrodita."Ese vestido que se ha puesto le sienta de maravilla y me encanta cuando se viste de chica"
—Vaya, ¿así que tú eres mi cita? —pregunta abruptamente el algo decepcionado general—, ¿el que se supone que me admiraba tanto?
—¿De qué demonios hablas? —el cuarto guardián se ríe malévolamente—, ¿tan bobo eres que ni recuerdas tu nombre?
—De que se dice que estás coladito por mis huesos... —le espeta y trata de ignorar la última pregunta del canceriano.
El italiano le lanza una mirada cargada de incredulidad.
—Perdona, ¿pero quién te dijo tales tonterías?
—Venga, no te hagas el tonto...—dijo en voz algo mas dulzona— Hilda me dijo que querías verme.
—Hilda, jaaaaaaaaaa... jaaaaaaaaaaaaa... ¿qué tiene que ver la sacerdotisa de Odín en todo esto? —dice entre fuertes risotadas que irritan a Kaza—. ¿En qué planeta vives?
—¿Quieres ver la notita que me dio? —pregunta Lumnades mientras trata de leer los pensamientos del italiano.
—¿Qué notita?
Al italiano le preocupa aquello y se pregunta si el general se estaría refiriendo a la chica que vino a verlos antes "joder, no sabía que también conociera a este tío, claro que...con lo excéntrica que parece no me extrañaría nada"
"No, Masky, cariño, nunca he visto a Kaza en persona... Sólo de pensarlo se me ponen los pelos tiesos..." piensa la muchacha un tanto sorprendida de poder oír los pensamientos del italiano.
"Perdona, chica, es que..."
"No te preocupes, chato, pero estate por la labor".
—¿Y otra que se supone que tú escribiste? —le soltó Lumnades que ya comienza a perder la poca paciencia que posee.
Lumnades se la muestra y Máscara de la Muerte suelta una sonora carcajada sabiendo que era observado por los otros tras el muro de cristal, ya que eso le incitaba todavía más a dar buena cuenta de sí mismo. ¿Qué mejor aliciente que el tener un público que te observa?
—Ja, ja, jaaaaa... ¿de veras te tragaste ese cuento?
—¿Cuento?... ¡Cómo me hayas hecho venir hasta aquí para nada, me las pagarás todas juntas! —le gritó el feísimo marino.
—Te repito que no sé de qué hablas —respondió con una inusual calma en él— y además me gustaría saber qué diablos tiene que ver Hilda con todo esto
—Hilda es tu líder, ¿o acaso vas a negarlo?
—Ja, ja... me parece que me confundes con otro, chavalín.
—¿Tú no eres Alberich?
—¿Serás capullo?, Alberich es mucho más pequeñajo que yo; ambos somos del mismo signo y tenemos muy mala leche pero ahí se acabaron todas las similaridades —le dio un fuerte palmetazo en el hombro que casi lo derriba—. Bueno, si Poseidón te despide o si tienes que retirarte de tu puesto siempre puedes dedicarte a la comedia.
El portugués está de un humor de perros y piensa en vengarse de "esos embusteros asgarianos".
—¿Entonces quién diablos eres?
—Tu peor pesadilla... —le dijo en voz exageradamente melodramática
—¡Déjate de chorradas!, ¿cómo te llamas?
—No me llamo... —contesta el descarado italiano enfatizando las siguientes dos palabras— me llaman Máscara de la Muerte.
—¡Vaya!, el cangrejo de río del Santuario. Ya veo que estoy perdiendo mi tiempo aquí, ¿no?— dijo en tono aburrido y casi desesperado.
—Si lo que quieres es que te lleve a la cama, pues la verdad es que sí.
—Maldito presuntuoso...
—Pero si te sirve de consuelo siempre puedes deleitarte con la hermosa visión del stripper morenito que está bailando en el escenario... —dice refiriéndose al guapísimo Shiryu, que estaba allí por orden de Shion y el canceriano le guiña un ojo—. Igual si le pones unos billetitos en el tanga, te da una sesión privada...
El marino no le contesta más, pero está furioso y decide usar sus técnicas a pesar de que ya se había tomado algunas copas. No tarda mucho en encontrar lo que busca: la imagen de un hermosísimo rostro casi femenino en apariencia, cuyo poseedor está tomando refugio temporal de los ardores de la rana de los pantanos en el lavabo de señoras y que desde allí trata de comunicarse con su colega del Santuario.
"Así que a éste le gusta el pececito enlatado, ¿eh?" piensa Lumnades.
—Ten cuidado, caballero de Cáncer... —le masculla.
