En cuanto Petra percibió el olor de las flores y de los campos que fueron siempre su hogar, las lágrimas salieron de sus ojos como una poderosa embestida. Al fin en casa, en su paraíso terrenal, en todo lo que ella conoció desde siempre. Sintió la presencia de su madre a su lado, y volteó a mirarla.

Carla apoyaba su mano de manera cautelosa en el hombro de la semi diosa — mi niña— soltó en un susurro.

—diosa Carla— contestó ella sin mirarla.

La deidad de la agricultura comprobó con horror que su hija había conocido la verdad. Sus ojos ámbar se fundieron en furia y dolor hacia Levi; se sintió traicionada, de los tres, creía que esa actitud la encontraría en el despreciable de su hermano Grisha. Cerró con fuerza la mano que antes reposaba apacible en el hombro de la chica a la vez que cerraba sus ojos acompañado de una inspiración profunda.

—sé que no debería, pero ruego tu perdón hija mía.

Petra la miró —No me duele que me hayas perdonado la vida, me duele que nunca me lo hayas contado. Aun así, el amor que te tengo no puede extinguirse, te amo como si fueras mi madre.

El pecho de Carla se sintió liviano como una pluma y no le importó que Petra la vea tan vulnerable. Vio que la joven quería preguntar algo más.

—¿Y mis verdaderos padres? — preguntó tímida Petra, casi con miedo — quisiera saber cómo les ha ido.

—Ellos murieron hace tres siglos —los ojos celestes de la semi diosa se abrieron por la sorpresa — ha pasado mucho tiempo, princesa. Pero vivieron bien, luego de que te llevé conmigo me ocupé de que no les faltara nada. Estaba muy enojada con ellos y decidida a arruinar sus campos, pero una noche empecé a escuchar a tu madre llorar desconsolada, arrepentida por su decisión; no le conté que aun vivías, Petra, sé que fui egoísta, pero ellos estuvieron dispuestos a entregarte a mí y — La desesperación estaba haciendo estragos en la diosa, quien intentaba no perder el amor de su pequeña—, perdóname —finalizó ella rompiendo en llanto.

Petra permitió que Carla llorara sobre su regazo —Entonces ellos murieron pensando que fallecí.

—No— Carla levantó su rostro — en sus últimos días, porque le pregunté a Levi, prácticamente le rogué que me diga la fecha aproximada en la que tus padres partirían, me presenté ante ellos y les conté que había sido de ti. Se inclinaron con el rostro a tierra, desconsolados implorando perdón. ¿Recuerdas la vez que te dije que iríamos a uno de mis templos? Cuando eras pequeña, te llevé con ellos. Los hice pasar por sacerdotes míos y dejé que estuvieran contigo unos días.

Su hija rememoró aquellas visitas a uno de los templos más lejanos de su madre y recordó a sus padres. La anciana era una señora muy amable mientras que el hombre era algo frío y distante, pero cuando la miraba, sus ojos desprendían calidez. Ellos eran sus verdaderos padres, pensó ella, y se permitió llorar mientras su madre adoptiva la consolaba.

Luego de que pudiera procesar todo lo que le habían contado, Carla le explicó que llevó meses buscándola. Al igual que Levi, le contó que el tiempo del inframundo es distinto al de la Tierra, siendo el del primero mucho más lento. Que en lo que el inframundo eran días, en la Tierra eran meses y que ella descubrió el paradero de Petra gracias a Erwin, el dios del Sol, quien le contó lo que había sucedido. Todo el tiempo que llevó siguiéndole el rastro, había descuidado su labor, haciendo que la vida en la Tierra muera lentamente. Pasaron horas hablando hasta que fueron interrumpidas por las diosas Hange y Nifa, quienes se abalanzaron a Petra, llenándola de abrazos, Carla les dio su espacio, yéndose a hacer sus labores. Cuando al otro día la diosa de la agricultura volvió a los campos de Enna, se encontró con Petra yaciendo en el suelo, débil, rodeada de la diosa de la sabiduría y la de la caza, quienes la veían nerviosas y asustadas.

—¿Qué ocurrió? — preguntó Carla quien en segundos se materializó a su lado.

—Estábamos disfrutando del campo como siempre — explico Nifa nerviosa — cuando de repente se descompensó. Estamos intentarla traerla en sí, pero está débil.

Petra tocó débilmente la mano de su madre, quién la miraba preocupada intentando mantener la calma, sentía que su vida se extinguía con cada respiración. Un fuerte temblor interrumpió a las mujeres cuando, de la tierra, emergía un imponente carro tirado por cuatro caballos de un precioso color negro, con el pelaje tan brillante que casi podría cegar a alguien en cuanto el sol lamía la piel de los equinos, y las crines de sus colas y cuellos tan largos como elegantes. Las mujeres se quedaron pasmadas por la sorpresa y Petra no supo que atrajo más su atención, si el flamante carruaje o la imponente figura de Levi emergiendo de la Tierra: ahora bajo el sol, su piel pálida como la porcelana contrastaba con su atuendo que difería mucho del atuendo griego que vestían los otros dioses. La majestuosa capa de plumas negras brillaba al sol de manera galante y en la corona de diamante negro el brillo bailaba caprichoso dependiendo como el sol golpeaba en ella. Sintió el agarre de Carla aún más apretado a la vez que apenas escuchaba su voz.

—¡¿Qué haces aquí, Levi?!

—Necesito llevarme a Petra conmigo, Carla — contestó él y ella pudo ver que estaba igual de confundido — se ha comido una granada del inframundo.

Detrás de ellos, Nifa y Hange apenas se movían.

—¿Qué? — preguntó la diosa de la agricultura sin poder procesar lo que había dicho el dios.

—Estoy igual de confundido que tú, pero en cuanto Petra abandonó mis terrenos, sentí como si un alma hubiera huido del lugar, cuando fui hacia el árbol, descubrí que faltaban frutos.

A Carla comenzó a faltarle el aire, sabía lo que significaba que su hija haya probado el fruto prohibido, estaría atada a aquél lugar para siempre. Observó con furia a su hermano, incapaz de creer en su inocencia.

—Levi...— pronunció su nombre en un siseo y sus ojos se volvieron fuego verde.

Él no se sintió amedrentado ante el poder de la diosa de la agricultura —Te he dicho que en esto soy inocente; mientras tú quieres empezar una pelea, tu hija se muere. No sería capaz de hacer algo en su contra para mi beneficio, no soy Grisha —sentenció la deidad defendiendo su orgullo.

Ella lo pensó por un momento, luego tomó a Petra entre sus brazos y se acercó al carruaje. Levi extendió sus brazos para tomarla y acomodarla junto a él, se sentía ligera como una pluma, su vitalidad menguaba con cada segundo y a él le incomodó verla así. Sintió como el carruaje cedía ante el peso, para ver como su hermana se subía en él.

—Yo voy con ella — dijo Carla de manera firme sin recibir objeciones por parte de él. Se giró en dirección de Hange y Nifa—, avísenle a su padre que vaya al inframundo, hay un asunto que resolver.

Las muchachas asintieron preocupadas mientras veían como a los otros tres dioses se los tragaba la tierra. En el carruaje, a medida que los tres se acercaban a su destino, Petra iba recuperando fuerzas. Carla la acunó y Levi la miró:

—¿Cómo llegaste al árbol de granadas? — preguntó él sin rodeos.

La semidiosa de la primavera dirigió su mirada hacia él, sus habituales brillantes ojos celestes ahora se veían casi apagados, con una débil luz en ellos —estaba desfalleciendo de hambre— dijo apenas audible y en pausas — y cerberos me llevó hacia él.

A Carla le pareció oír un gruñido de parte de su hermano —Ese maldito perro, ¿qué hacías con mi guardián?

—No te enojes con Cerberos— respondió Petra apenas pudiendo sonreír — es una criatura amable, muy diferente a ti. Deberías aprender de él.

El comentario de su hija provocó que Carla reprimiera una risa.

A Grisha le pareció extraño que dos de sus hijas estuvieran haciendo el trabajo de Hermes. Les correspondía velar por la sabiduría y la caza, no andar entregando recados. Cuando las diosas irrumpieron en el salón del olimpo, la deidad mayor se sintió interrumpida, estaba en medio de una fiesta privada con unas ninfas.

—A Dina no le gustará esto, papá— comentó tímida Nifa.

—Mis pequeñas— saludó él mientras bajaba a una ninfa de su regazo —, ¿Qué las trae por aquí en medio de mi descanso? Y espero que sea importante — amenazó él.

—Tenemos un recado de parte de Carla— respondió Hange inmutable a la actitud altanera de su padre.

—Se supone que le corresponde a Hermes los recados— comentó aburrido, levantándose del trono. Un mensaje de Carla siempre lo ponía de buen humor, y ansiaba el día en que su hermana quiera repetir esa memorable noche con él.

—Se trata de Petra — la diosa de la caza se atrevió a hablar, aunque se sentía intimidada — está en problemas.

Grisha comenzaba a sentir más curiosidad.

—No se sabe cómo, pero ha ingerido una granada del infierno, Levi ha venido a buscarla, y Carla se fue con ellos. Solicitan tu presencia, padre— culminó Hange.

El padre de los dioses arqueó su ceja derecha — curioso que mi hermano esté involucrado en esto —. Muchas gracias por ponerme al tanto — Grisha se despidió para materializarse en el inframundo.

...

Cuando el carruaje ingresó en los confines del inframundo, Petra se sintió... viva. El aire golpeó fuerte su garganta, ingresando a los pulmones. Como si su vida fuera devuelta a su cuerpo, inspiró desesperada a la vez que daba manotazos al aire, los cuales algunos se convirtieron en arañazos a los brazos de su madre. Carla la miró con lágrimas en los ojos, abrazándola fuertemente mientras Levi continuaba impasible dirigiendo a los caballos. Al llegar a palacio, el dios Grisha los esperaba sentado en el trono de su hermano, actitud que molestó a este.

—¿Podrías bajarte de mí trono, Grisha? — Levi hizo un esfuerzo abismal para no mandarlo al demonio.

Su hermano lo miró fijo, retándolo. Levi aceptó el reto, devolviéndole la mirada. El dios de los truenos los observaba soberbio; su pelo color café medianamente largo se acomodaba detrás de sus orejas, y sus ojos marrones se convirtieron en rojo fuego, en un acto de querer intimidar a los recién llegados, algo que no surtió efecto. Observó a su hermana Carla y las imágenes del pasado vinieron a su mente, complaciéndolo. Sabía que ella lo aborrecía y que no había disfrutado el encuentro, a diferencia de él, algo que le importó en lo más mínimo ya que venía deseándola desde que tenía memoria. Y al lado de ella se encontraba la humana por la cual su hermana se había arriesgado tanto, haciéndola pasar por una deidad. Los siglos proveyéndole ambrosía habían dado efecto, Grisha podía sentir la presencia de un cuarto dios en la sala, o semi dios, para ser exactos. Bajó las escalinatas del nivel donde se encontraba el trono de Levi, y se acercó a ellos. Su capa de lino púrpura acariciaba el piso con cada paso que daba.

—Mis hijas me han notificado que querían verme — Grisha miró a Carla de soslayo, quién no había bajado la guardia — ¿Cuál es el motivo para que mi adorada hermana, quién me aborrece terriblemente, y mi hermano el cual no veo hace siglos quieran reunirse conmigo?

—La hija de Carla ha ingerido una granada del inframundo— comentó Levi sin rodeos.

Grisha arqueó una ceja, curioso — sería amable si me cuentan la historia completa.

Levi sintió que su ojo izquierdo latía a causa de la impotencia. No le hacía gracia que se enteraran de su actitud infantil, espiando a Petra. Carla se adelantó a explicar los hechos:

—Petra pasó los límites entre mis dominios y los de Levi sin darse cuenta. Se perdió en el bosque muerto e ingirió una granada, en un descuido. Para cuando Levi llegó a escena era demasiado tarde.

Él la miró disimuladamente, no supo porque su hermana decidió cubrirlo así, pero agradeció por dentro. Cruzó una mirada con Petra, la cual se veía dispuesta a cooperar con la coartada.

A Grisha le hubiera encantado comprobar la veracidad de la historia, pero dado que Levi era uno de los dioses principales, sus poderes se limitaban en sus terrenos, algo que él odiaba ya que se consideraba el padre de todos los dioses.

—Entonces...— contestó Grisha lentamente —¿Qué es lo que desean que haga?

—La cuestión es que, una vez que Petra abandona el inframundo, muere lentamente, obligándola a regresar.

—¿Y lo que deseas es tener a tu hija contigo?

—Así es— respondió la diosa de la agricultura.

Antes de que Grisha hiciera algo, Levi lo interrumpió —Te recuerdo hermano, que no puedes alterar las leyes del universo.

Parecía egoísta lo que decía, y se sintió asustado de saber que en parte él deseaba que Petra estuviera en el inframundo para siempre. Pero también tenía razón, si con Petra se hacía una excepción, entonces los demás reclamarían lo mismo; muchas almas encerradas en el reino de Levi reclamarían poder salir de aquél lugar. Carla lo miró asombrada, con los ojos tan abiertos que parecían salirse de las cuencas oculares, luego pasó al odio infinito.

—¿Estás diciendo— siseó ella —, que Petra debería quedarse aquí para siempre?

—No, lo que quiero decir es que encontremos una solución para ambos. Sería un caos si esto pasara de boca en boca.

—No pasará — Carla intentó disimular la desesperación en el tono de su voz —pudimos mantener en secreto su verdadera identidad.

—Carla, hechos como éstos se riegan como la pólvora en el olimpo. Quizás no sepan el origen de Petra, pero puedo asegurarte que la mitad de los dioses saben que no es hija de Grisha, incluida Dina, razón por la cual no te ha molestado. Así como Erwin te vio descuidar tus labores, no ha sido el único, y tarde o temprano todo saldrá a la luz.

—¡Ni se te ocurra, Levi! — los ojos de Carla pasaban del ámbar al fuego verde —¡No voy a dejar que mi hija se pudra en este infierno!

Petra, quién miraba atónita y muda el escenario, intentando seguir el ritmo de los hechos aun sin caer en la realidad, dejó escapar una propuesta de sus labios.

—Puedo pasar seis meses aquí, y seis meses contigo, madre.

Ni siquiera entendía por qué había dicho eso. Todavía no caía en cuenta con todo lo que estaba sucediendo, no terminaba de tomar dimensión de la gravedad de los hechos. De su vida dependía el equilibrio del universo. O elegía la propuesta de su madre, la cual seguramente consistía en qué Grisha encontrara una solución al hecho de estar atada al inframundo y poder liberarla, lo que podría desatar un caos, o cooperaba con la propuesta de Levi, sacrificando posiblemente la mitad de su eternidad, atada a él. No era algo que le hiciera gracia, pero tampoco podía negar la amabilidad del solitario dios. Si bien Levi era alguien difícil de llegar, nunca la había tratado mal, más bien había sido casi hospitalario con ella. Y tampoco supo por qué su madre quiso cubrir la verdadera historia, pero si ella se había orillado a hacer eso, entonces Levi debía caerle bien a su madre, o al menos, tenerle algo de aprecio, algo muy extraño en Carla. Y si su madre estaba de acuerdo, Petra no le llevaría la contraria.

Tres cabezas se giraron en su dirección: una estupefacta, otra aterrada y la última, curiosa.

—¿Qué? — Preguntaron los tres dioses al unísono.

—Yo— la voz de Petra comenzaba a temblar —, quiero decir, no quiero complicar aún más las cosas, fue lo mejor que se me ocurrió.

El escudriño de Levi la ponía nerviosa, como si quisiera encontrar algo detrás de sus palabras.

—Hija, lo que estás proponiendo, es una locura— objetó Carla.

Petra tragó saliva — lo sé, madre, pero en parte Levi tiene razón. Debo asumir la responsabilidad— aunque las palabras de su hija decían una cosa, su rostro transmitía otra totalmente distinta. El miedo se hacía palpable en su mirada.

Carla la unió sus manos con las suyas —Piensa en frío, cielo. La mitad de tu vida la pasarás en este sombrío lugar... con Levi.

Petra dirigió una rápida mirada al mencionado, que las observaba sereno, o al menos eso aparentaba —en parte sería mi obligación madre —la semi diosa se preparó mentalmente ante lo que provocaría — soy su esposa.

Su madre se congeló en su sitio. Sus manos se soltaron involuntariamente, para mirar a su hermano de ojos grises, quién también se había paralizado. Carla pasó de ser un hielo a ser una furia, con sus ojos completamente consumidos por el fuego verde de su poder, los cuales parecían lamer todo lo que se acercara a milímetros de ella, al mismo tiempo que rayos del mismo color la rodeaban.

—¡Vaya sorpresa! —exclamó Grisha excitado y emocionado con la situación —una actitud totalmente inesperada viniendo de ti, hermanito.

El comentario hizo enfurecer a Levi, quién además del fuego azul en sus ojos, congeló su alrededor con hielo negro. Grisha intentó calmar a los dioses, ante la mirada aterrada de Petra. La presión y el choque de poderes divinos se sentían en el aire, al punto de oprimir el ambiente.

—Lo hice en un impulso, Carla, no la he tocado. Y ni se te ocurra desafiarme en mis terrenos.

—Deshaz esa unión en este mismo instante Levi.

—A partir de este momento, desligo a Petra de mí, anulando el matrimonio— habló él en voz alta, para liberarla.

Ella sintió un cosquilleo en su anular izquierdo, acto que la hizo mirarse la mano, encontrándola normal.

—Muy bien— Grisha juntó sus manos en un aplauso —terminemos rápido con esto, no me agrada la idea de permanecer tanto tiempo en este lugar.

—A mí tampoco me agrada la idea de tenerte en mi reino.

—Y a mí la de volver a verte —añadió Carla, al comentario de su hermano Levi.

El tercer hermano los miró un poco molesto —entonces decidamos por votación, las damas primero.

—Petra se va conmigo — sentenció Carla.

La mirada de Grisha pasó a Levi — soluciona esto Grisha, pero respeta lo establecido.

Por último, se dirigió a Petra — ¿Qué opinas, pequeña?

Ella inspiró profundamente, sintiendo su cuerpo temblar violentamente. Miró a su madre quien la observaba expectante, ansiosa y atemorizada.

—Tampoco, tampoco quiero crear problemas— Carla se desmoronó ante las palabras de su hija, ella corrió hacia su madre — perdóname madre, lo siento — se disculpó Petra, dejando soltar el sollozo reprimido.

—¡Excelente! Yo opino igual que tú, a mi hermano le vendría bien compañía femenina— el comentario pervertido de Grisha cayó mal entre los presentes.

—Vete al infierno, Grisha — comentó Levi de manera mordaz —Si fuera por mí, hace siglos te hubiera encerrado en el tártaro, con nuestro amado padre.

Grisha intentó ocultar el odio hacia el comentario de Levi —pero no puedes, porque a diferencia de ti, tengo fieles que me veneran.

—Tu fortaleza son tus fieles, Grisha. Y el temor que los humanos le tienen a Levi, sin eso, no serías nada— Carla se unió a la discusión, en defensa de su hermano.

—¿Quieren seguir ofendiéndome o quieren mi ayuda? Hasta podría volver a llegar a un acuerdo como el de aquella vez, Carla— sugirió su hermano con un tono de voz repulsivamente sensual que hizo que el estómago de Carla se retorciera del asco.

El aura que rodeaba al dios del inframundo se volvió amenazante —vamos a hacer las cosas sin acuerdos, Grisha. A menos que me quieras de enemigo.

Su hermano lo miró furioso, si bien era el dueño de todos los dominios, era demasiado inteligente para saber que tener a Levi de enemigo era como tener una espina en el culo.

—Yo, Grisha, el dios de dioses, del rayo y del trueno, decreto que Petra, la semidiosa, hija de la diosa Carla, a partir de ahora pertenecerá la mitad de su vida con su madre, y la mitad de su vida con Levi, el dios del inframundo con el fin de equilibrar el universo— este se dirigió a Petra—. A partir de este momento pasarás seis meses con Levi en el inframundo, bajo el tiempo establecido en este reino, cuando pases tiempo con Carla, el reloj correrá a la velocidad del tiempo en la Tierra. Bien, ahora volveré con las hermosas ninfas con las cuales estaba compartiendo un delicioso momento, espero no volver a verlos en mucho tiempo — se despidió Grisha, esfumándose del lugar.

Una vez solos los tres, el silencio reinó en el salón. Carla se separó de su hija lentamente, intentando asimilar lo ocurrido. Serían seis meses donde estaría sola, sin su preciado tesoro. La idea la hacía sumergirse en la más profunda tristeza.

—Madre...— la voz de Petra apenas salía.

Carla miró a su hermano, dolida —Si tan solo no te hubieras involucrado, Levi...

El comentario de la diosa fue como una punzada a su corazón.

—Madre— su hija se acercó a ella, con una postura de súplica—, Levi no es culpable. Soy yo la que no quiso comer, y la que cometió el error.

—Carla tiene razón —admitió Levi avergonzado y culpable — no quería condenarte de esta manera, Petra. Lo siento.

La joven observó a los dos dioses. Estaba inquieta y desesperada por la situación, pero ante todo, estaba aterrada. Apenas conocía al dios del inframundo, y la idea de pasar casi la mitad de su vida eterna con él la asustaba. Si bien había sido amable, no lo conocía. Se arrepentía de la elección que había tomado.

Carla se abrazó a Petra como si fuera la última vez que la viera — No quiero dejarte hija, no lo deseo.

Petra correspondió el abrazo de igual manera —Estaré bien mamá, lo estaré —le prometió a su madre, intentando creerse sus palabras.

Después de que Carla se despidiera, abandonó el lugar, dejando a Levi y Petra solos.

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Buenas noches, queridas y, quizás, queridos lectores. Sé que este capítulo es corto, a decir verdad he querido dividir el último capítulo en partes y este fragmento lo tenía hace días así que les pido disculpas por actualizar de "a trozos"

Sí, se que mi historia difiere mucho del mito original, pero me agradó hacer estos cambios, y sé que también hay cosas que pueden verse extrañas (como carla siendo madre de petra y hermana de Levi, etc) pero bueno, así lo había pensado jajaja y también sé que hay personajes no muy fieles a su esencia, particularmente Grisha, con el que me di el gusto de hacerlo super repudiable, porque aborrezco ese personaje.

lo siento por el formato, evidentemente no sé usar fanfiction porque ya van 5 veces que quiero separar los párrafos y no me deja.