Capítulo 3
—Ah, eres tú.
Como la tienda estaba vacía, las palabras quedaron flotando en el aire. Jake Black, de casi dos metros de estatura, arqueó las cejas desde debajo de la campanilla que anunciaba la llegada de un cliente.
—Disimula un poco el entusiasmo cuando me ves o la gente va a empezar a murmurar.
—Perdona, no quería parecer abatido por verte —se disculpó Edward—. Es que…
—Esperabas a un cliente —Jake acabó la frase.
Años atrás, el gigantón moreno se había ganado la vida con excursiones en balsa, pero dada la situación económica, tenía que hacer los trabajos de carpintería más insólitos para completar los ingresos.
—Sí.
—Es un día laborable a mediodía —le recordó Jake—. La gente está en el trabajo o comiendo. Mañana venderás más.
—Lo sé.
Sin embargo, ¿vendería lo suficiente? Desde que llegó a la tienda después de la reunión en el colegio, había estado repasando catálogos de vendedores para ver si podía reducir costes retirando ciertas marcas que no se vendían bien.
—Hablando de comer. Estaba por aquí para entregar unas baldas a un cliente y me he pasado para ver si querías tomarte una hamburguesa conmigo.
—Pero tendría que cerrar la tienda durante una hora y pensaba trabajar a la hora del almuerzo porque he perdido algún tiempo esta mañana. La nueva directora de Woodside me ha llamado inesperadamente a su despacho.
—¿Por la feria sobre la forma física?
—No, por Nessie.
—¿Nessie? ¿Van a darle un premio o algo así? —preguntó Jake con un cariño inconfundible.
—No. Salvo que el colegio dé premios por emplear el correo electrónico de la forma más improcedente.
—No lo entiendo —replicó Jake con las cejas arqueadas.
—Vamos a comer y te lo contaré —dijo Edward con un suspiro.
Contarle los acontecimientos tan humillantes de esa mañana no sirvió para que Edward mejorara su estado de ánimo. Jake prefirió reírse de Edward a comerse la hamburguesa.
—No sabía que tu hija dominara tanto Internet —comentó Jake sin dejar de meterse con él—. Si lo hubiese sabido, me habría hecho amigo suyo en Facebook. ¿Crees que podría ayudarme con un problema que tengo con Outlook?
—Me alegro de que te parezca tan gracioso.
—¿A ti no? Tienes que reconocer que lo que hizo fue muy ingenioso.
—Eso lo dice alguien que no ha recibido una regañina de la directora Swan a primera hora de la mañana.
—Eso es verdad. Había oído decir que había llegado una directora nueva desde el extremo opuesto del distrito escolar. ¿Qué tal es? ¿Es la versión femenina de Ridenour?
Jake no tenía familiares en la escuela elemental, pero Braeden era un pueblo pequeño y todo el mundo conocía a Jonathan Ridenour, uno de los vecinos más destacados hasta que tuvo el infarto. Edward sonrió por fin ante la idea de comparar a Bella con Ridenour. Jake era una buena persona, pero un poco mujeriego. Había salido con más de media docena de mujeres de la zona y todavía no sabía que una morena muy guapa se había instalado por los alrededores.
—No se parece mucho a Ridenour. Es más joven, por ejemplo.
—Lógico. ¿Por qué iban a sustituirlo por alguien que iba a jubilarse a los dos años?
—Además, también creo que Jonathan habría dudado más en dar por supuesto que era mi culpa. Él tiene hijos y nietos. Él entiende que algunas veces ellos… ¿Crees que soy un mal padre?
—No. Adoras a tu hijita, pero también le dices cuándo tiene que acostarse y no le das lo que quiere solo porque se pone rabiosa. Aunque nunca la he visto rabiosa. Naturalmente, eso será porque la has educado bien. Pero yo no sé nada de ser padre. Habla con tu cuñada si te preocupa.
Edward se sintió mejor porque nadie dudaba de que Rosalie fuese una buena madre aunque su hijo hubiese sido el cómplice de Nessie.
—No creo que la directora Swan se equivoque porque quiera que yo participe —reconoció Edward con cierto fastidio—. Es que me parece que no se da cuenta de la presión que tengo como padre sin pareja. Ella no sabe lo que significa ser madre.
—¿Crees que puede estar amargada? ¿Crees que se ha metido en la enseñanza porque le encantan los niños pero no ha tenido uno? Es posible que envidie a la gente con familia.
Edward fue a decirle que Bella era una mujer todavía en la flor de la vida, pero apareció la camarera para rellenarles los vasos y Jake estuvo unos minutos coqueteando con ella. Cuando se marchó, la conversación volvió a la tienda y a la posibilidad de ponerse en contacto con albergues o estaciones de esquí como Hawk Summit.
—Hay rumores de que van a intentar abrir otra vez el campamento que había a la salida del pueblo —comentó Jake—. Si lo hacen, te beneficiaría. Pásate por la reunión del ayuntamiento de la semana que viene y defiende que sería bueno para todos.
—Es posible.
Edward supuso que podría dejar a Nessie con su cuñada, pero si iba a dirigirse públicamente a sus vecinos, tenía que presentarse con algo convincente. Seguramente, el argumento más efectivo no sería que no quería que su pobre hija no tuviera que marcharse de allí. Aun así, gracias a su correo electrónico, todo el mundo sabría que era desdichada y no querrían que la niña sin madre ni perro sufriera más traumas.
—También podrías apuntarte a uno de esos cursos para pequeños empresarios que ofrece el condado —siguió Jake—. La tarifa de inscripción es muy pequeña y, aunque en teoría no eres un pequeño empresario, podrían darte alguna idea para que la pongas en práctica. Cuanto más profesional sea tu planteamiento al acudir a sitios como Hawk Summit, más posibilidades tendrás de que lo acepten.
—Seguramente tengas la mayor colección de camisas de cuadros de Carolina del Norte, pero estoy seguro de que llevabas traje y corbata en una vida anterior —comentó Edward entre risas.
—¿Yo…?
Jake dio un sorbo de su refresco sin hacer caso de la insinuación. Llevaba cinco años en Braeden y nunca hablaba de dónde era ni por qué había acabado allí.
—Hago armarios en mi garaje —siguió el gigantón—, pero una vez salí con una licenciada en Empresariales y es posible que aprendiera algo de ella. A lo mejor deberías salir con una licenciada en Empresariales —añadió Jake cuando ya estaban saliendo a la gélida calle—. Te solucionaría todos los problemas. Tendrías asesoría gratis sobre la tienda y Nessie sería feliz. ¿No crees que la niña se merece tener la figura de una madre?
—Algunos tenemos principios y no utilizamos a las mujeres —replicó Edward con los dientes apretados.
—Yo no las utilizo —se quejó Jake—. Es posible que no busque nada serio, pero eso no quiere decir que no me gusten las mujeres con las que estoy.
—Perdona, pero ¿no crees que apaciguar a mi hija sería un motivo muy rastrero para salir con alguien?
—Es verdad —Jake abrió la puerta de su camioneta—. Sal con alguien por ti mismo. Nunca me he metido contigo por tu vida monacal, estadísticamente hablando. Seguramente esté saliendo con las mujeres que te corresponden y con las mías, pero ya han pasado dos años…
—¿Quieres decir que hay un límite de tiempo para que ame a mi esposa? —gruñó Edward.
—Claro que no. Si sigues amándola, es asunto tuyo. Solo quiero decir que no vas a sosegarte por dejar pasar el tiempo. Es como tirarse a la piscina. No te quedes en el borde mirando el fondo, cierra los ojos y salta.
Jake puso el motor en marcha y ninguno de los dos dijo nada mientras salían del aparcamiento. Edward no pudo dejar de darle vueltas al consejo de su amigo.
—Siempre amaré a Tanya —dijo repentinamente al cabo de un rato—, pero también creo que es posible que ame a otra mujer, en teoría.
—¿Y en la práctica?
—Tanya y yo nos conocimos en el instituto y estuvimos juntos mucho tiempo. Un año después de que falleciera, me sentí empujado a volver a intentarlo. Salí con varias mujeres en tres meses y fue tan espantoso que lo dejé. ¿Qué sentido tenía hacer un hueco en mi agenda cuando todos los implicados eran infelices? Una mujer me tomó mal la mano durante una película.
—¿Cómo puede tomarse mal una mano? —preguntó Jake disimulando una carcajada.
—Me imagino que es como tener un lado de la cama, pero con los dedos. Cállate —le ordenó Edward cuando su amigo siguió riéndose de él.
Sonaba ridículo cuando intentaba explicarlo en voz alta, pero la verdad era que Tanya y él habían encajado perfectamente después de tantos años. No se trataba solo de que su pulgar estuviese encima cuando se tomaban la mano.
—Me siento como una persona con amnesia absoluta y que tiene que aprenderlo todo, desde las palabras a sujetar la cuchara. Es desesperante.
—Es posible que todo consista en tu forma de ver las cosas —replicó Jake pensativamente—. A mí, por ejemplo, me parece que aprenderlo todo de una mujer es parte de la gracia. Es apasionante. No hay dos iguales.
Ese tipo de apasionamiento no apasionaba nada a Edward. Además, salir con mujeres no era complicado solo por llegar a conocer a una desconocida. Tanya y él habían crecido juntos en muchos sentidos, ella había moldeado al adulto que era. Como tuvo la suerte de encontrar a la mujer que quería cuando era muy joven, nunca supo lo que era una ruptura ni tuvo que aprender las distintas maneras de acariciar a mujeres distintas, el tipo de lecciones que muchos chicos aprendían en el instituto. Cuando salía con alguien, no se trataba solo de que no la conociera, se sentía como si no se conociera a sí mismo.
—Admiro la seguridad que tienes con las mujeres, pero no todos podemos ser así —replicó Edward—. Yo soy más de los que balbucean y no se deciden.
—¡Eso no puedes saberlo! Tanya te consideró un príncipe y apostaría cualquier cosa a que muchas mujeres estarían de acuerdo. Tres o cuatro citas fallidas en toda una vida no son la prueba definitiva de que eres un inútil.
—Me consuela. Haremos un trato si así me dejas en paz. Olvídate hasta abril, cuando Coleridge decida qué hace con la tienda. Luego, si sigo aquí, puedes sacarme con todas las mujeres sin pareja que conozcas.
—¿Con todas? —Jake se rió—. Vete vaciando tu agenda para el verano.
—Era en sentido figurado, no literal. Dame hasta abril.
—Trato hecho, pero yo no soy tu problema. ¿Qué vas a hacer con tu hija?
Edward frunció el ceño. Tenía que seguir el consejo de la directora y participar más en la vida de Nessie. Si la dejaba a su aire, en abril ya habría llamado por teléfono a todas las mujeres de Braeden para preguntarles, una a una, si querían salir con su padre.
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Cuando entró en su casa por la puerta que la comunicaba con el garaje, la señora Norris lo miró con asombro desde la mesa de la cocina, donde estaba haciendo punto, y Nessie, que parecía estar haciendo los deberes, dejó escapar un grito de alegría.
—¡Papá! —Nessie saltó de la silla y se abalanzó sobre él—. ¿Por qué has venido tan pronto?
—Le pedí a Roddy que fuera a las cuatro y media en vez de a las siete. Dijo que, por esta vez, podía hacer él solo el inventario.
Eso significaba que al día siguiente no podría dormir hasta tarde y tendría que comprobar las cifras por la mañana, pero le parecía un buen acuerdo para poder pasar más tiempo con su hija por la tarde.
—¿Te parece bien que haya llegado ya? —le preguntó a Nessie.
Ella asintió vigorosamente con la cabeza y lo abrazó, pero se apartó, se mordió el labio y miró a la señora Norris.
—Vamos a pedir pizza para cenar.
—Me parece muy bien. ¿Ha ido todo bien? —le preguntó a la señora Norris después de dejar el ordenador portátil en la encimera.
—Nessie se ha portado muy bien. Hemos merendado y hemos leído un capítulo juntas —la mujer sonrió con un brillo en los ojos—. Su teléfono ha sonado mucho hoy. He tomado algunos mensajes muy interesantes.
Edward dejó escapar un gruñido. ¿La gente llamaba para quejarse por el correo electrónico de Nessie… o para contestarlo? Las mujeres de Braeden tenían que ser suficientemente sensatas. La carta de su hija había sido un acto desesperado, no una petición digna de tomarse en serio.
Después de que la señora Norris se marchara, Edward se sentó en una de las sillas de la cocina y miró a su hija.
—¿Son difíciles los deberes?
—No, los viernes son fáciles. Solo tengo que buscar palabras en cuentos, pero no puedo encontrar al ogro.
—¿De verdad? Qué raro… ¿No mide tres metros?
Ella lo miró boquiabierta durante unos segundos y empezó a reírse.
—La palabra, papá. No puedo encontrar la palabra «ogro».
—¡Ah…!
Él encendió el ordenador portátil mientras ella seguía buscando y se preguntó si su hija seguiría agradeciéndole que hubiese ido pronto a casa cuando pensaba trabajar esa noche.
—Ya he acabado —declaró ella en tono triunfal poco después.
—Bien hecho —él esperó a que guardara la hoja en la carpeta—. Uno de los motivos para que haya venido pronto es que tenemos que hablar de algo, bichito.
—¿Sigo metida en un lío? —preguntó ella en tono abatido.
—Bueno, tenemos que preparar esa disculpa que le prometiste a la directora Swan y…
—Es muy guapa —le interrumpió Nessie.
Edward no supo si había sido un comentario inocente o había tenido alguna intención.
—Sí, supongo…
—Creía que las directoras era aterradoras, como las que salen en los dibujos animados. La nuestra es mejor.
—Estoy seguro de que la señorita Swan los aprecia. Si no, ¿por qué iba a trabajar en un colegio?
—A mí me cae bien. ¿Y a ti, papá?
No le caía especialmente bien, pero era por reacción a sus críticas. Aparte, era una mujer atractiva y, además, le había conmovido cómo había preguntado por su esposa y reconocía que había tratado bien el asunto de Nessie, había empleado la dosis perfecta de comprensión y firmeza.
—Tuvo algunas ideas buenas —contestó él sin delatarse—. Por ejemplo, propuso que encontrara la mejor manera de pasar más tiempo contigo. Sé que te gusta el ballet, pero no me veo con tutú —ella se rió de una forma que le llegó al corazón—. ¿Qué otras cosas te gustan que podamos hacer juntos? Hace mucho tiempo que no sacas la bicicleta. Podríamos arreglar la mía y salir de paseo.
—¿Te acuerdas de cuando me caí y me corté la pierna? —preguntó ella sin sonreír—. Llevaba casco y rodilleras, pero me hice daño.
La vida era así. Podías tomar todas las precauciones y acabar en el suelo sin haberlo previsto. Se acordaba perfectamente del día que le dieron el diagnóstico de Tanya. ¿Cómo podía ser tan desolador cuando era tan joven?
—Siento que te hicieras daño, pero ¿no crees que podrías intentarlo otra vez?
—A lo mejor… —contestó ella sin entusiasmo.
Él empezó a decirle que cuanto más tiempo tardara, más difícil le resultaría afrontar sus miedos, pero eso le recordó al sermón que le había soltado Jake sobre salir con chicas y cambió de conversación.
—Tu primo Bobby está en un club científico y juega al fútbol después del colegio. ¿No hay algún deporte o club en el que quieras participar?
—Lo había, pero ya no. Valerie, de mi clase, iba a entrar al campamento. Su hermana mayor le dijo que era muy divertido, pero ya no había suficientes mamás —Nessie dejó escapar un suspiro monumental—. Si yo tuviera una mamá, quizá ella fuese una instructora del campamento.
—Tienes un papá. ¿Hay alguna norma que diga que los instructores tienen que ser mujeres?
—No lo sé.
—Lo comprobaré. Es posible que no sea demasiado tarde para reunir un grupo para primavera. Ahora, ¿qué te parece si preparamos tu disculpa y pedimos una pizza?
—¿Podemos cenar mientras vemos el DVD? Por favooor.
Si ponía un DVD, podría estar con ella mientras preparaba la reunión del jueves en el ayuntamiento. Cuando sintió una punzada de remordimiento por trabajar cuando debería aprovechar el tiempo con ella, decidió que también comprobaría si el último correo de la señora Frost seguía en el buzón. La profesora mandaba mensajes semanales para encontrar un lector misterioso que la ayudara con alguna idea para la clase.
—De acuerdo, cena y película.
Ella sonrió como si estuviera ante un superhéroe. Él decidió que era una manera fantástica de pasar el viernes por la noche. Se olvidó de las conversaciones que había tenido con Rosalie y Jake y sofocó la punzada que indicaba que a su vida le faltaba algo.
N.A: Nessie es un completo amor ¿verdad?
