Capítulo 4: Miedo y protección

-¡La policía Ryu! –me chilló al oído, asustado. Me destaponé el tímpano y luego escuché las palabras que iba a soltar en cualquier momento aquella mujer.

-¿Sois de aquí, de Japón? –preguntó seria.

-Él sí, pero yo soy extranjero –me extrañé de esa pregunta, a lo mejor me vio un rostro internacional.

-Entiendo, ¿vivís aquí?

-Pues…

-¡SÍ! –me interrumpió mi compañero Hayaku. Le miré con molestia.

- Entonces me gustaría que me guiaran hasta donde esté el presidente del edificio o el portero –nos mandó con pocas ganas.

La miré enojado, no podía permitir que esas personas que estaban indefensas pudieran ser descubiertas y sacrificadas. Y otra vez por mi culpa… ¡Por mi maldita culpa! Me adelanté un paso hacia la ley y me crucé de brazos.

-No te guiaremos a ninguna parte, porque sé que han matado humanos creyendo que eran Ilusionistas solo porque tenían talentos especiales que nadie más tenia –le informé.

-Chicos, no me hagan enfadar. Estoy intentando hablar con ustedes a las buenas, pero si siguen así lo haré a las malas –apretó su puño ligeramente.

Hayaku se levantó y puso la silla bien puesta ya que se había ido hacia atrás y estaba tirada en el suelo. Posó su mano en mi hombro, en señal de que me tranquilizara y le dejara hablar con ella. Eso me dio la certeza de que íbamos a ser detenidos.

-Perdone la forma en que le trató mi colega, está algo nervioso porque perdió a alguien especial hace poco… -le puso bastantes sentimientos; por la expresión de atención de la joven, solo yo sabia que estaba exagerando.- Así que… -cogió su metralleta que colgaba de su espalda y apuntó hacia ella.- Te enviaré con él al infierno –sonrió de forma divertida. Yo me puse las manos en la cabeza de la escena.

Hayaku disparó sus típicas y favoritas balas de hielo, pero esta las pudo esquivar, agachándose. Le quité bruscamente el arma y se lo aparté.

-¡¿Estás loco?! ¡Qué no es un Ilusionista maligno, es una policía! –le grité enseñando mis colmillos como perro rabioso.

-Lo sé pero, ¿has visto que agilidad? Dudo que sea una humana normal y corriente… -sospechó, creyéndose más que Sherlock Holmes.

La mujer saltó hacia nosotros como un gato y nos lanzó unos polvos brillantes de color rojo que nos provocaron un picor insoportable en los ojos y en la nariz. Él empezó a estornudar, mientras yo me frotaba los párpados con fuerza, hasta yo mismo me hacia daño. Escuché un golpe en el suelo.

-¡Hayaku! –todo mi campo visual estaba borroso pero podía distinguir la figura de mi amigo en el suelo, derribado.

-No te preocupes, pronto te hará efecto a ti también –creí que decía la comandante, ya que no podía verla de ninguna manera.

Noté cansancio en todo mi cuerpo, como si todos mis músculos acabaran de correr los cien metros lisos y no hubieran tomado nada de agua hace siete horas. Me temblaban las piernas, cosa que me caí al suelo, aunque aún tenia conciencia de lo que pasaba a mi alrededor. Lo último que pude sentir fue que tenia sueño, mucho sueño; sin embargo, intentaba aguantar. Pero era tan potente esos somníferos…

Que acabé rendido.

Sentí de nuevo mi respiración, por un momento pensé que había estado muerto más de dos horas. Pude observar mi mano, tocando mi nariz sobre un banco; estaba frío y era muy incómodo. Al inclinarme poco a poco pude adivinar el porque de mi dolor de espalda.

Estaba en un lugar oscuro, lo más probable es que no hubiera estado solo dos horas dormido; si no, hasta la noche. Se podían apreciar las estrellas en el cielo; tan bien que podían verse juntas en un recorrido celestial. Era precioso ese paisaje. Por suerte, estaba acostumbrado a ver en la oscuridad porque salía mucho de noche. Siempre era todo igual, pero esta vez era distinto. El aire era fresco y puro, se podía escuchar a los árboles llorar porque el viento les despierta y la Luna se veía completamente blanca. No amarilla por la contaminación de la cuidad.

Escuché un ruido, y al virarme hacia dónde lo había oído, vi una luz. Una luz azulada que salía entre algunos arbustos y árboles. Caminé hasta ella, notando una ligera brisa cálida, algo que era parte de mi ser. La calidez. Al pasar todos esos matojos me percaté de que Hayaku estaba ahí, observando atónito aquél resplandor tan brillante y hipnotizante. Corrí unos pasos hacia él y lo sacudí desde detrás de él.

-¡Hayaku! ¡Hayaku! –Lo llamé.- ¿Estás bien?

-Ryu, es hermoso. Y nosotros quisimos atacarlo… -dijo con un hilo de voz.

-¿Qué? –no lo entendí, ¿a qué se refería? Seguí su mirada hasta un lago de agua limpia y reluciente, donde muchas mariposas de miles de colores revoloteaban alrededor de un cuerpo como concentrado en algo. Una mujer con esbelto cuerpo y con apariencia de ninfa. Un mono de pecho a pelvis pero con detalles verdes y transparentes, con tobilleras y pulseras que anunciaban una alianza con la propia naturaleza de su ser.

Caminé unos pasos más cercanos que mi amigo pasmado, mirándola y suponiendo quién era.

-¿Tú?... –pregunté con curiosidad. La joven volvió a la Tierra, mientras toda esa alma y presencia que la envolvía, haciéndola levitar, desaparecía y se fijaba en mí.

-Sí, soy Shiawase. La Ilusionista de la Naturaleza –nos informó.

-¡Pues qué belleza! –exclamó Hayaku, cuando salió de su trance. Ella caminó hasta él, con pasos lentos y largos; como si volara. Al estar sintiendo su aliento en sus labios, hubo unos segundos de silencio, de asombro por parte mía y de dolor por parte de él. Menuda bofetada le pegó aquella chica, como si nada; tal vez era normal en su forma de ser pero lo veía algo exagerado.

-Para que aprendas a respetarme –dijo molesta y, rápidamente, dirigió su mirada hacia mis ojos púrpura.- ¿Y vosotros qué hacíais en ese edificio?

-Pues estábamos vigilando porque el portero nos dijo que la policía estaba cerca y buscaba un Ilusionista maligno, así que estábamos ayudándoles –explicó como pudo el casi inconsciente en el suelo. Parecía estar ya recuperado, se tocaba la cabeza y se inclinaba hacia delante.

-Ajá –asintió Shiawase.- Bueno, ¿y sois…?

-Yo soy Ryu, y al que le has pegado un buen golpe es Hayaku. Yo soy Ilusionista del Dragón –dije algo contento, me emocionaba la idea de que conociéramos a gente nueva.

-Ilusionista de Armas, a su servicio –levantado y haciéndole una reverencia como disculpas.

-Tampoco es para tanto –le murmuró, incómoda.

-Y tengo una pregunta, ¿por qué ibas disfrazada de policía Anti-Ilusionista? –esperando una respuesta coherente.

-Porque así paso desapercibida. Gracias a mis somníferos y polvos de confusión puedo confundir mi presencia en el aire a los humanos con sus máquinas extrañas para detectarnos –respondió.

Nunca pensé que alguien fuera tan inteligente de crear esa táctica para pasar desapercibido de los humanos. Tenían una gran tecnología solo para ver nuestras energías y capturarnos; sin embargo, suelen pillarnos más porque mostramos nuestras habilidades en público por algún descuido.

-Perdonar, ¿vosotros sabríais entrar dentro de la biblioteca nacional de Tokyo? –inició a comentar, sus ojos parecían algo preocupados.

-Una vez burlé a la seguridad pero es muy difícil. ¿Para qué quieres entrar ahí? –se extrañó Hayaku.

-Es que estoy buscando un libro, ¿saben? Es de historias antiguas y mitologías. Me gustaría echarle un vistazo porque estoy en medio de una investigación –se sintió orgullosa de decir eso último.

-¿Una investigación?

-Sí –afirmó de golpe cuando él le preguntó eso, echándole una mirada furiosa; como diciéndole que no hablara, que estaba mejor callado.

-Supongo que te podremos ayudar pero nos tendrías que decir qué piso y sección –necesitaba mucha información para poder plantear un mapa y entrar sin ser vistos. Me estaba gustando la idea de ayudarla.

-Pues verán, es que me gustaría saber más sobre nuestra existencia, de dónde vinimos y por qué –miró al suelo, seguía con esa extraña mirada de tristeza.

Me dejaba confundido esa mirada tan dramática que Hayaku parecía no ver del todo bien. Sabia que algo turbio se encontraba en nuestras raíces pero a lo mejor era mejor no saberlo; por no llevarse una gran decepción y odiarse a sí mismo.

Mis ojos se sentían pesados después de quedarme dormido mientras dibujaba y trazaba la ruta por la biblioteca. El ordenador del bar ya pitaba, exigiendo que le pusieras más monedas o no seguiría haciendo el trabajo por ti. Por Internet estuve toda la noche buscando entradas, salidas y ventanales por los que se pueden entrar. También las zonas vigiladas por cámara y las que tienen infrarrojos.

Sudaba, últimamente me despertaba jadeando y sudando. Tenía muchos malos sueños que no recordaba; más bien solo podía pensar en una sensación de miedo y a la vez protección. Era algo que no era posible describir por alguien, había que sentirlo para saber qué era. Y cuando mi corazón latía muy fuerte, sabía que había soñado con aquél accidente que hizo que mis dos padres murieran.

Era tan posible como imposible que yo fuera el único que sobreviviera. Y no recordar nada más de mi pasado me daba dolor de cabeza; no paraba de buscar recuerdos por mi mente pero todos eran desde que desperté en un avión, saliendo de un coma. La enfermera me dijo que todo saldría bien y que nos dirigíamos a Japón, allí una familia de acogida me daría hogar, amor y cariño. Nunca tuve nada de eso, porque eso no era una familia por mucho que lo intentase.

En esa época, solo podía pensar en quiénes serían mis padres biológicos. Y sigo pensando que algún día los veré de nuevo, porque intuyo que no están muertos como me anunciaron hace 14 años.

Miré por la ventana mientras contemplaba la lluvia caer. Me imaginaba una vida anterior, o que mi alma era otra persona en un pasado. Pero todos hemos sido eso; en cambio, yo me sentía diferente.

Porque sentía aquella sensación de calidez y miedo a la vez…