Ninguno de los personajes me pertenecen. Derechos a sus respectivos autores: Otomate Games e Ideas Factory
-Hace mucho que no veníamos juntos, ¿verdad? – Comentó Toma, que se encontraba posando la mirada en las fotos de una estantería no muy alejada de la puerta.
Eran las fotos de la secundaria. Shin, Lin, Toma y Ukyo estaban abrazados, sonriendo, incluso el azabache formaba una mueca de felicidad. El rubio recordaba todo aquello. Siempre quería estar con ellos, y sobre todo cuidarlos; nunca estuvo apartado de nadie mucho tiempo, por eso, cuando se enteró de que su mejor amigo se iría un mes entero, se sintió devastado. De hecho tenía la loca idea de acompañarlo, pero sabía que era una oportunidad para que se hiciera conocido en el área de la fotografía, por eso no insistió. Ahora, quería quedarse aquí un rato para asegurarse de que estuviese bien.
-Ukyo, desempacaré las cosas. Tú siéntate y busca algo para la cena, ¿o quieres que te la prepare yo? – Toma dedicó una de sus sonrisas de 'Haré todo con tal de que estés bien'.
Para Ukyo, esto era algo completamente nuevo. Nunca nadie lo había acompañado a su casa, u ofrecido cocinarle. No estaba acostumbrado a hacer las cosas junto a alguien, y menos con Toma. Conocía su personalidad a la perfección, no es que esté desconfiando de él ahora, sino que sabía que él era de aquellas personas con las que al principio uno puede entablar una buena amistad, pero cuando se enoja, es peligroso. Más en el mundo donde salía con Lin, no estaba bien mentalmente, sobre todo cuando optó por la jaula. ¿Realmente Toma puede llegar a esos extremos cuando se lo propone? Lo que más le dolía era que justamente, por alguna razón, quería agradarle más a él que a cualquiera de los otros 3. Sentía que lo comprendía en cierta forma, aunque su manera de ver la palabra 'protección' fuese distinta. Pero, ¿cómo podría tratar de comenzar de nuevo sabiendo todo eso? Además...Se habían asesinado mutuamente, en otros mundos, pero lo habían hecho. Toma se sacrificó tanto por Shin como por Lin, y su 'otro yo' lo apuñalo. Luego, en su caso, el rubio se cansó de verlo cerca de su pequeña hermana, y lo envenenó. Así que, sería difícil olvidarse de eso.
-¡Listo! – Exclamó, viniendo con un par de camisetas y pantalones – Ten, ponte más cómodo. Cocinaré algo.
El rubio se dirigió a la cocina, mientras que Ukyo subía a su habitación a cambiarse. En menos de 3 minutos, estuvo listo y volvió a bajar.
-Toma, gracias, de verdad – Por primera vez, realmente se sentía como en casa. Sonrió deslumbrante y decidió acompañarlo.
-E-esto…No es nada – Para Toma, esto resultaba completamente extraño. Ukyo solía ser tímido, ¿De dónde sacó esa sonrisa tan…tierna? No importaba, dirigió toda su concentración a la tabla de picar, donde estaba cortando unos frescos tomates, para realizar la salsa de sus famosas pastas.
-Toma, ¿Puedo ayudar? – Preguntó con algo de timidez
-¿Eh? C-claro, sigue cortando las verduras, yo verificaré como está el agua – De inmediato, se movió hacia las hornallas, para comenzar a cocinar.
-¡Ay! ¡Maldición! – Ukyo arrojó el cuchillo, y movió su dedo índice izquierdo, que estaba teñido en rojo, y no solo por el tomate…
-¡Ukyo! ¡Que no junta el pánico!
-Pero si tú eres el que está gritando…-Pensó
-Dame el dedo – Le ordenó
-No, ya estoy bien, mira, ya dejó de sangrar – Lo mostró, y se encontraba un poco mejor que antes.
-¡Que me lo des! – Lo sujetó e hizo que acercara el índice a su cara – Por eso no quería que me ayudes, por mi culpa sucedió esto. Pero, siempre fuiste torpe en la cocina, Ukyo… - Sonrió de forma cálida, a medida que sus ojos se encontraban.
Se sintió incómodo, otra de las cosas nuevas que estaba experimentando era estar tan cerca de una persona, casi cara a cara. Los ojos de Toma se encontraban con los suyos, y no se apartaban. Hasta que el rubio rompió el silencio.
-¿No tienes alguna curita? ¿Vendas? ¿Gasas? ¿O tal vez agua oxigenada?
-N-no, ni sé si hay una farmacia cerca…
-…- Se calló por un segundo, y luego, en un acto completamente repentino e inconsciente, comenzó a colocar pequeños besos en el dedo, y muy de vez en cuando, pasaba su lengua por el pequeño corte, de una forma lenta, y algo provocativa.
-¡Wa! T-T-Toma ¿Qué haces?- Su rostro comenzó a tomar diferentes colores, pero sobre todo rojo. No sabía qué era lo que estaba pensando el rubio en ese momento.
-Heh, como no hay vendas, de alguna forma hay que detener la sangre, ¿no? – Preguntó sonriendo- Solía hacer esto con mis heridas cuando era pequeño, así que ya es costumbre, lo siento – Dijo apartando los labios del dedo de Ukyo, pero realmente no lamentaba lo que había hecho.
Esperen un momento. ¿¡Acaso acababa de insinuársele a su mejor amigo!? No, no, no. Solo estaba… limpiando la herida, no era su culpa que él no tuviese nada con qué hacerlo. Además, son dos hombres, si lo malinterpretó, fue culpa suya. Si, toda la culpa la tenía él…
Giró de repente y se dirigió afuera, hacia la puerta.
-Iré por unas curitas, ¿necesitas algo más? – El rostro de Toma se oscureció de repente, algo que Ukyo notó.
-E-eh, sí. Un par de cosas más… - Al azar, nombró ingredientes. Lo mejor sería que tenga la mente despejada.
-Ok –En forma algo cortante, abrió la puerta, y salió. Ya eran las 21:40, un poco tarde, aunque algunos negocios cercanos seguían abiertos. Necesitaba estar solo, y pensar en lo que acababa de suceder. Él aún en su interior se seguía cuestionando sus propios actos.
Mientras tanto, Ukyo seguía limpiado las cosas que derramó por accidente. Toma tenía razón, no era bueno con nada que refiriera a la cocina, o a cocinar. Pero sobre él, ¿Qué demonios con esa actitud? Si algo no era normal, era que hiciera eso. Al menos que… Por ahí en estos años construyeran una amistad lo bastante fuerte como para hacer eso. El peliverde no sabía nada sobre la amistad, ni lo que esta comprendía, por eso se preguntaba si eso era alguna señal de cariño. Obligó al rubio a comprar cosas innecesarias porque conocía ese rostro, y esa mirada. Estaba frustrado, aunque lo que no le quedaba claro era que si era con él o consigo mismo, y sabía que lo único que servía para calmar a Toma, era la soledad y el silencio.
Pasaron 10 minutos. 15.30…Y seguía sin volver. Para matar el tiempo miraba algunos programas, pero se aburría fácilmente. Intentó volver a cocinar, pero pensó que después de lo de hoy, no sería conveniente. Salió afuera, y se sentó en las escaleras que daban a la puerta de entrada de su casa. Apoyó la espala contra una de las barandas, y esperó por él.
Toma había terminado de comprar, se había demorado unos minutos más debido a que ayudó a una anciana a cruzar la calle, y el hecho que le costaba elegir qué clase de curita sería más conveniente para la piel de Ukyo; pero lo que más lo distrajo fue el gran parque que se encontraba al frente del mercado. Grandes árboles de cerezos dejaban hojas en las calles, haciendo que todo pareciera mágicamente rosado. Y se acordó de la promesa que él le hizo…
"Algún día le sacaré fotos a los cerezos, ¡los que tanto te gustan!"
Sonrió. No habían pasado ni horas desde que le contó eso, y apareció con una foto de este mismo parque. La había guardado, de hecho, la llevaba consigo siempre en su bolsillo, como ahora. Son esas clases de pequeños actos que lograban que Toma se encariñe aún más con él. Decidió volver, ya eran casi las 22:45. Cargaba con las bolsas llenas de todo lo que le había pedido, e incluso algún que otro dulce de sorpresa, por si tenía ganas de comer. Cruzó un par de calles y ya se encontraba ahí, y lo que vio lo sorprendió. Ukyo, dormido en medio de las escaleras. ¿Cómo era tan negligente de dormir afuera, con el frío que hacía? Suspiró. Dejó las bolsas a un costado, y abrió despacio la puerta. Con algo de fuerza, logró cargar a Ukyo en brazos, y llevarlo hasta la cama, por lo menos la de planta baja. Organizó las compras en las alacenas, y volvió a comprobar su estado. Tenía realmente el sueño pesado: Se encontraba acurrucado entre las sábanas, con los labios semi abiertos, soltando leves soplidos de vez en cuando, con una expresión pacífica en su rostro. Toma también estaba cansado, y, aunque la idea de que se vaya a acostar sin cenar no le agradaba mucho, admitía que debía dormir después del viaje de regreso.
Acomodó unos mechones verdes rebeldes, y los colocó detrás de su oreja. Lo observó por unos segundos, y se acomodó junto a él, pero sobre las sábanas. Solo quería descansar el cuerpo, ya se levantaría pronto. Sin darse cuenta, comenzó a cerrar los ojos y a caer, junto con Ukyo, en un profundo sueño.
