Jueves gris de resaca.
– ¡AAAGH! ¡CARAJO! –replicó Henrietta antes de sentarse y mirar su media velada ahora agujereada encima de su rodilla lacerada, al igual que su codo y muñeca del lado derecho.
– Mierda, ¿estás bien? –preguntó Pete poniéndose a su nivel, junto con Michael y Firkle.
– Agh… sí… ¡Puta vida! ¡Quítalos! ¡Quítalos! –sacudió sus pies, y Pete obedeció al instante.
– Hehe… –se le escapó al dejarla descalza.
– ¿Qué? ¿Qué es tan jodidamente gracioso? –interpeló roja de la ira.
– Lo siento, lo siento, es que… la canción… "Wait, wait, wait… I'll be fine in a minute…" –le canto, y ella no pudo evitar una sonrisa mientras que su tono de piel se normalizaba al sonrojo ocasionado por el frío y el alcohol.
– Maldición… –comentó Michael algo tarde ya– Te ayudo. –le ofreció su mano y ella la recibió, pero al apoyar el pie flaqueado casi pierde el equilibrio de nuevo de no ser por Michael que la sujeto con fuerza, quedando abrazados.
– ¿De verdad estas bien Henrietta? –preguntó Firkle con ojos angustiados.
– Sí, sí. Déjame en la banca. –una vez sentada, Pete balanceando los tacones en dos dedos de su mano frente a ella.
– ¿No sería un plan de tu madre para deshacerse de ti? –cuestionó.
– Seguramente. –de un golpe los hizo un lado– Bueno, sigues. Pásame mi botella. –mandó estirando su mano.
– Deberías más bien aplicar algo de alcohol en esas heridas antes de que te lo tomes todo. –comentó. Ella lo miro, luego sus heridas, luego la botella que Firkle le ofrecía, lo volvió a mirar, y tomando la muñeca de Firkle la desvió hasta ofrecérsela a Michael, quien accedería a realizarle la limpieza, mientras que ella promulgaba todo tipo de pequeñas maldiciones– Lo mejor sería irnos ya. –dijo una vez Michael había finalizado– Está haciendo demasiado frío, seguramente empezara a-
– Cállate y cántame perra. –mandó ella con botella en mano.
– ¡Ahg!… ¡Bien!… Maldita lunática, pon… mmmhhh… –dio un sorbo de alcohol casero, pues el tequila ya se había agotado, y de hecho del licor casero apenas quedaban un par de botellas, pues lo que eran Firkle, que andaba bastante inquieto, y Michael, habían agotado con la mayoría– podría ser…
– Continúa con la temática. –demandó ella de nuevo.
– Mmmhhh... movido y sexual… no se me ocurre mucho…
– Canta lo que quieras Pete. –comentó Michael sentado amplio con un brazo sobre los hombros de Henrietta.
– Solo quiero fumar… día y noche… fumar y fumar… no puedo parar de fumar…
– Ahg… lo que sea. –accedió ella reconociendo y buscando la canción en su celular.
– "Can't stop smoking night and day… can't stop… can't stop smoking…" –empezó a cantar Pete en un susurro, mientras bailaba como todo un gótico, solo que en vez de café, bebía licor, acabando con una botella en aquellos cinco minutos, instantes en los que empezó a lloviznar– Mierda, hice llover. –comentó mirando hacia el cielo con los ojos entrecerrados.
– No es cierto. –le animo Michael– Vámonos. –ofreció su espalda a Henrietta y esta se trepo "a lo caballito", ya que era incapaz de caminar, al parecer se había jodido el tobillo, aunque no se sabe muy bien también como Michael en su estado de alicoramiento camino con ella a cuestas. El pequeño les siguió de inmediato trayendo una de las botellas que quedaban llenas, esperando que Pete se encargara de la otra.
– Firkle… ¡Firkle! ¡No me toques el culo! –demandó Henrietta.
– No te estoy tocando… te estoy ayudando a no caerte. –corrigió riendo. Michael se giró, obligándolo a hacerse a un lado.
– ¿Pete?... ¡Pete! –le llamo pues se había quedando atrás petrificado como una estatua. No respondió, ni siquiera pestañeo– Firkle, ve por él. –el chico de inmediato obedeció.
– Hey Pete. –llamo deteniéndose frente a él, quien estaba con la mirada perdida al suelo– Pete… ¡Pete! –le sacudió.
– ¡Eh!… ¿qué pasa?
– ¿Qué te pasa a ti? Te quedaste plantado…
– ¿En serio? –le miro incrédulo, Firkle señalo hacia adelante donde estaban los demás.
– Vamos… –dijo pasándole la grabadora y tomando la otra botella, poniendo su brazo sobre los hombros de Pete, quien le arremedo pero aferrándolo por la cintura.
– Espera. –se devolvió por algo del piso– Ahora sí. –se acomodó de nuevo en la posición anterior y así llegaron al carro.
– Firkle, ayúdame. –pidió Henrietta para entrar al auto, éste acudió de inmediato entregándole las cosas al mayor. Se metieron al carro y vieron la lluvia caer– Michael, la botella. –mandó, y sus deseos fueron órdenes. Siguieron bebiendo.
– Pon algo de música… –dijo Pete demasiado sonrojado por el efecto del alcohol, parecía un tomate.
– Me encanta como te pones con el alcohol. –comentó Michael mirándole y rosándole las mejillas con sus largos dedos.
– Calla… –manifestó riendo igual que él, pero mirando incomodo hacia un lado donde estaban sus compañeros.
La música empezó a sonar, y cuando cesó la lluvia Michael decidió encender el motor. Todos comprendían que la combinación alcohol y gasolina no es buena, pero con todos en igualdad de condiciones no había mucho que objetar, con la experiencia que ya tenían, simplemente confiaban por entero sus vidas al conductor, quien ando despacio, sin afán, y con bastante precaución. Llegaron a Benny's. Michael informo que iría por café para todos, pero al bajarse del auto termino en el piso, Pete de inmediato busco ayudarlo, aunque bastante tembleque también, por lo que moverse requería una gran concentración.
– Michael… ¿estás bien? –inquirió al levantarle los brazos.
– Sí… es solo que… creí… me apoye en mi bastón…
– Pero si no has tenido el bastón en todo el día…
– Cierto… mierda… –replicó sobándose la cabeza– Estoy bien, no te preocupes…
– Vamos, te acompaño.
– No hace falta…
– Vamos. –recalcó abrazándole por la cintura, con lo cual Michael se rendiría y le pasaría el brazo sobre los hombros para encaminarse al café, mientras que Henrietta se queda con Firkle apoyando con la cabeza sobre su hombro.
– ¿Cómo es que no pareces tan afectado cuando te emborrachas? –preguntó Pete mientras pagaban los vasos de café– Lo digo… porque mientras estuvimos en el parque, te tomaste como… –contó con los dedos– tres botellas y seguías igual.
– El alcohol, –punteo su cabeza con los dedos– se tarda en subir. –haciéndole reír. Al volver al carro, Firkle yacía profundamente dormido– Oh… bien, doble café, para que se me abran bien los ojos.
– Más te vale ¡EH!... porque como dejes nuestros sesos… desparramados por el pavimento… ¡Te juro Michael que te mato!
– Eso no sería muy lógico, –replicó encarándola– porque ya estaríamos muertos.
– Entonces… ¡Te remato!... en la ciudad cadavérica y de pesadillas de R'lyeh. –contrarrestó sonriendo con satisfacción al final.
– Puedes utilizar este. –comentó Pete mostrando el tacón izquierdo que había quedado bueno.
– ¿Lo trajiste? –preguntó Henrietta mirándolo extrañada.
– Para que te quede de recuerdo… y… funciona como arma…
– Claaaro. –dijo incrédula, entonces Pete clavo un taconazo en la pierna de Michael mientras este estaba bebiéndose el café con maña, pues estaba hirviendo.
– ¡MH! –se quejó saltando en su lugar, bebiendo café de más, quemándose la lengua– ¡AAAHHH! –miro a su alrededor como queriendo encontrar algo con que apagar el fuego, pero todo líquido que pudiera estar frío se había agotado ya, le toco salir del carro y mandarse algo de nieve a la boca.
– Lo ves. –promulgo Pete y estallaron en carcajadas. Al volver Michael les miro desconcertado, silenciando todo, ocupo su asiento y encendiendo el motor llegaron a su destino sin ningún inconveniente, si después de eso no se despertaba lo suficiente como para conducir bien, no sé qué más lo haría, contrario de Firkle, que a pesar de la algarabía, estaba como roca en el fondo del lago.
Dejando aparcada la camioneta fuera del garaje de Henrietta, procuraron entrar sin hacer mucho ruido, Michael cargo a Firkle y Pete ayudó a Henrietta hasta dejarla en la cama junto al pequeño inconsciente, ella quiso acomodar la cama para sus otros amigos, pero Pete la detuvo y le dijo que no se preocupara, que él se encargaba, así ella se acostó tranquila mientras que él se encargaba de encender un par de velas para poder ver mejor lo que hacia y arrastrar el colchón que había debajo de la cama, con la ayuda de Michael al instante claro, y luego tumbarse ahí. Luego de un periodo de silencio.
– ¿Qué haces? –preguntó Michael buscando la mirada de Pete al sentir que alcanzaba sus zapatos.
– Quitarte las botas, es más cómodo así.
– No lo hagas.
– Siento… lo que hice… –dijo sin darle la mirada mientras seguía intentando desatar las pesadas botas– lo hice sin pensar y yo…
– No lo hagas. –repitió, sentándose y sujetándole las manos para apartarlas. Se quedaron así, sentados de la mano, entrelazando sus dedos en silencio un rato.
– La verdad… es que también tenemos una duda general dentro del grupo… y es que realmente tengas pies… ya que nunca te hemos visto sin tus botas. –comentó el más bajo, el aludido rió un instante y procedió a quitarse los zapatos, al finalizar la acción sudor le corría por la frente.
– Demonios. –maldijo al limpiarse con el dorso de la mano– Que calor.
– Espera. –dijo Pete y procedió a abrir la pequeña ventana del cuarto, caminando pegado de la pared para mantener el equilibrio, y con cuidado de no caer encima de los otros dos durmientes– ¿Mejor? –preguntó al tumbarse de nuevo junto a Michael.
– No mucho. –respondió resoplando sus rizos.
– Bueno y si tal vez… –sugirió inclinándose sobre él y desabotonando seis botones de la camiseta, descubriendo lentamente su pecho hasta llegar al ombligo– ¿Así? –preguntó, y se volvió sobre su espalda sin atreverse a mirarle, clavando sus ojos al techo, poniéndose nervioso y avergonzado de nuevo por su comportamiento.
– Si… mejor… –respondió Michael, quien luego de unos segundos, busco apoyo en su codo e inclinándose sobre este, con la otra mano destenso la corbata de bolo del otro y uno, dos, tres, botones desabrocho, se detuvo debido a la gota de sudor que salió de sus rizos, se deslizo por toda su frente hasta caminar por su larga nariz y saltar sobre la mejilla de su amigo, la cual limpio con el pulgar mirándolo a los ojos– Lo siento… –comentó, y Pete no entendía muy bien a que se refería.
– No, yo lo siento… –pero también se disculpó. El otro se volvió sobre su espalda y sin decir más pronto se unió a los demás en el silencioso mundo de los sueños.
– Buenos días mi princesa de la oscuridad… –anunció la Sra. Biggle entrando en la habitación– Oh… Buenos días todo el mundo. –se corrigió al ver el gentío– Son las 7. Hora de levantarse. –canturreo golpeteando la puerta para luego cerrarla.
Michael fue el único que despertó y la resequedad le golpeo con fuerza el cuerpo, al cual Pete estaba abrazado, pues de otra manera terminaría por fuera del colchón, ya que el otro solía estirar completamente sus extremidades al dormir, por lo que no le quedaba de otra que encogerse un poco y abrazarse al torso con sus manos y a una de las piernas con las suyas, utilizando su pecho como almohada. El mayor sonrió de lado y recogiendo sus brazos le abrazo por la cintura y le acaricio los cabellos hasta despertarlo, notando sus ahora uñas fucsias, al parecer alguien se había divertido haciéndole la manicura. El otro levanto su mirada alrededor con los ojos fuertemente entrecerrados, la jaqueca lo atacó al recuperar la conciencia, conectó sus miradas, le sonrió levemente, y volvió a clavar su cara de lleno contra su pecho.
– Vamos, tenemos que irnos. –susurró Michael.
– Mm-hm. –musitó Pete asintiendo pero sin proceder.
– Venga… muévete. –pidió. Respondió al rato y se hizo a un lado sosteniendo su cabeza con ambas manos con sus ojos apretados.
– Mierda… –se quejó Pete en un murmuro. Michael se sentó, demasiado rápido, pues le asalto un leve mareo. En cuanto se le paso, mando su mano hacia un lado y sacudió suavemente a Henrietta.
– Mmmmmm…
– Henrietta… Henrietta…
– ¡MMM!... –se sacudió su mano, pero éste volvió a insistir– Mmm…
– Vamos… despierta…
– Qué… –sus ojos se abrieron y buscaron los de Michael– carajos quieres… auuh… –se abrazó su abdomen.
– Tenemos que irnos. –respondió Michael con su voz asquerosamente carrasposa– Levántate.
– Jódete.
– Vamos Henrietta necesito que saques un par de cosas de tu cocina antes de irnos.
– Demonios… mi estómago… lo siento como el mismo fuego del infierno.
– Ayúdame con esto, y ya te ayudaré yo con eso.
– Si… si… voy… –respondió volteándole la cara y permaneciendo aún acostada sosteniendo su abdomen. Pete había conseguido sentarse también y se estaba acomodando los zapatos, Michael iba a hacer lo mismo pero se detuvo a contemplar sus uñas pintadas, luego miro a Pete con desazón.
– Espero que te haya servido de algo… –comentó señalando a lo que se refería.
– Shhh… –replicó Pete mandando una mano sobre su boca, la voz carrasposa de Michael le taladraba los oídos y provocaba más dolor en su cabeza– No digas nada, por favor. –pidió con su voz más suave y silenciosa de lo normal– Y sí, lo hice para distraerme mientras trataba de dormirme ayer… hoy… como sea… –el otro obedeció, dedicándose a acomodar sus trabajosas botas, en el mismo tiempo que Henrietta se colocaba de pie, se acomodaba la ropa también junto con unos zapatos bajos, la lección estaba más que aprendida, los zapatos puntiagudos para pisotear corazones no serán nunca su estilo. Se aproximó al menor.
– Firkle… –le sacudió– Pequeño… –no respondía. Pete se acercó también y le contemplo de cerca.
– Al menos respira. –comentó.
– Siquiera... –replicó ella y se giró hacia Michael– ¿Qué es lo que… necesitas? –hizo un gesto de dolor en medio de la oración, sentía como si le clavaran puñaladas en la boca del estómago.
– Ya sabes. –respondió mientras se acomodaba su gabán, dejándose la camiseta abierta como la había dejado Pete la noche anterior.
– Bien, vamos. –replicó ella tomando de la mano al pelirrojo, quien se encontraba abotonándose su camiseta, y abandonaron la habitación.
Pasaron por la cocina y sacaron lo que Michael necesitaba, encontrándose con él ad portas de salir de la casa cargando a Firkle como una cuna en brazos. Henrietta le dio paso abriéndole la puerta, Pete se adelantó y le ayudo con la puerta del coche, pero Michael espero con Firkle en brazos a que Henrietta llegara cojeando y dejara la gran botella de agua en la caja de la camioneta, con un gesto de la cabeza le indico que entrara primero ella, así lo hizo mientras que él se iba hasta el otro lado, ella abrió la puerta y recibió al menor, acomodándolo contra su pecho. Pete dejo otra botella de agua en la caja y subió al auto junto a Henrietta, despues subió Michael al mando, y partieron.
Se detuvo en el reconstruido Jim's Drugs PX. Se marchó sin decir una palabra. No había música, no había cigarros, no había nada. Nadie quería nada. Contemplaron a Michael volver a través del cristal, y luego quedarse preparando algo en la caja con el agua que sacaron. Abriendo la puerta del piloto le entregó a Pete un vaso con suero oral, junto con un par de pastas para la jaqueca las cuales se mandó al instante, y después de dirigió a Henrietta.
– Primero esto. –le hizo beber un poco de agua concentrada con bicarbonato– Mastica esto. –le alcanzo varios chicles, los cuales también se mandó de inmediato– y ve tomando esto. –le alcanzó un vaso lleno de suero también. Se devolvió hacia la caja y luego a la otra puerta abriéndola con vaso en mano y apoyando a Firkle contra sí mismo, lo sacudió y llamo hasta despertarlo, éste miro desorbitado todo a su alrededor, todas las miradas se centraban sobre él– ¿Cómo te sientes? –preguntó haciéndolo focalizar su mirada.
– Sed… –respondió con un hilo de voz. De inmediato Michael le aproximó el vaso a sus labios ennegrecidos y desteñidos, bebió como si su vida dependiera de ello, no sentía su cuerpo en absoluto, Michael le tenía que sujetar por el cuello para inclinar el vaso. Al finalizar se quedó sujetándole por el hombro esperando una reacción– Más… –pidió, Henrietta le sujetó el brazo contrario para que Michael pudiera salir y traerle más suero.
– No debiste dejarlo beber tanto. –le reprochó Pete al volver, mirándolo directamente, Michael no respondió, se dedicó más bien a darle de beber al sediento.
– No es como si fuera su padre. –intervino Henrietta.
– Pero es responsable de esa combinación de mierda.
– Pero tú también tomaste, ¿te crees con derecho a reprocharle algo?, sabes que hay que guardar dinero para el gas de este fin de semana.
– Pero es que míralo, está completamente trastornado, ¿y si hubiera muerto?
– Pues me entierran y listo. –intervino el personaje principal de la pequeña discusión, dando final a todo argumento.
– ¿Mejor? –preguntó Michael. Firkle asintió.
El primero salió del auto y les alcanzo las botellas con más suero, guardándose para él un vaso completo también, que dejo sobre el panel del auto, acomodando una lata de cerveza junto a este y una bolsa de cartón. Todos lo miraron pero nadie comento nada. Se quitó luego la gabardina y la dejo sobre el espaldar del asiento, encendió el motor nuevamente y partieron hacia un lugar donde pudieran encontrar silencio para la cabeza de Pete, quietud para el cuerpo de Firkle, sombras para el descanso de Henrietta y frialdad para Michael, ya que se sentía como cocinándose en un horno lentamente, por lo que el cementerio resultaba perfecto.
– ¿Te importaría ayudar a Firkle? –le preguntó Michael a Pete al llegar, mientras que él ayudaba a Henrietta.
Le dejo recostada sobre su gabardina a la sombra de un sauce llorón, Firkle busco acostarse junto con ella, apoyando su cabeza en sus piernas, mientras que Pete se sentaba junto a ella y se recostaba levemente sobre su costado. Michael observo la escena de pie frente a ellos, sonrió levemente, tomo la cerveza que Henrietta había traído con ella junto con la bolsa de comida, les dio la espalda y se alejó, al llegar a las lapidas se detuvo, terminó de desabotonar la camiseta y la dejo colgada sobre la cruz de una de las tumbas, saco un cigarrillo, el cual se consumió rápido con la ayuda de la ventisca que soplaba fuerte.
Los demás lo observaban a lo lejos, sintiéndose demasiado distantes.
– ¿Creen que este bien? –preguntó Pete, pues sentía que algo parecía ahogarle y él no lo comentaba, resultaba extraño el haber querido beber en pleno miércoles, generalmente eran los fines de semana, algo le pasaba y lo sospechaba, pero no se atrevía a preguntárselo.
– Nosotros nunca estamos bien. –respondió Henrietta. Lo vieron volver al agotarse el pitillo.
– ¿Cómo se sienten? –interrogó poniendo una mano sobre su cintura y otra cayendo larga sobre su costado con la lata de cerveza vacía. Todos empezaron a soltar pequeñas risitas luego de que Firkle soltara la primera– ¿Qué? –se confundió– ¿Qué es tan gracioso?
– ¿Desde cuando el rosado es tu color, amiga? –bromeó el pequeño. Michael se imaginó a si mismo desde la posición de ellos, seguramente lucia malditamente gay parado de esa manera con las uñas rosadas sobre su torso quebrado.
– Veo que ya están mucho mejor… y... desde anoche querida. ¿Te gusta? –siguió la broma.
– Sí… te luce. –replicó el pequeño cerrando sus ojos.
– Ya lo creo. –comentó arrojando la lata junto a las botellas de agua, tomando luego su vaso para el suero y sirviéndose con este, volvió a darles la espalda y marchase esta vez con la intensión de perderse de su vista entre las tumbas– Todo gracias a Pete. –replicó antes de partir.
– No hay porque… –comentó este ante su larga espalda, viéndola desaparecer lentamente.
– ¿Te gusta Michael? –preguntó Pete a Henrietta, luego de un largo periodo de silencio.
– ¿Qué? –ella le miro con el ceño fruncido en confusión– ¿Por qué crees que me gusta Michael? –dijo dando una mordida al sándwich de pollo que el susodicho le había comprado.
– ¿Y por qué no?... es que… con lo que paso ayer y hoy… tengo algunos recuerdos borrosos… creo que vi cosas o no sé si me las imagine… además de que comportamiento entre él y yo ha estado demasiado extraño, y si a ti te llega a gustar él, no sé qué haría… –respondió revolviendo frenético las papas francesas que Michael también le había comprado.
– Pete… –quiso interrumpirlo en vano.
– La cabeza me da muchas vueltas… estoy demasiado confundido… y no sé...
– Pete.
– Creí que esto había quedado en el pasado…
– ¡Pete! –le tomo por la mejilla– Relájate.
– No… es que no sé qué más hacer…
– Cálmate, oye…
– Cuando cantaste anoche, parecía como si algo te estuviera lastimando, y no sé porque me llego esta idea de que- –lo silencio tapándole la boca con la mano, y mirándolo profundamente a los ojos.
– Pete… ¿qué quieres que te diga?...
– La verdad…
– Ah… bien... –suspiró– Todos somos taaan gays… –él se quedó a la expectativa, porque este tipo de comentario era tan zafado, que anteriormente ya había sido utilizado, en expresiones como: "La vida sigue siendo malditamente gay", cuando Cthulhu no lleno sus expectativas, pero esta vez había algo diferente en el ambiente.
– ¿Quieres decir…
– Sí…
– Pero tú me besaste.
– Primero, estaba ebria. Segundo, la canción lo ameritaba. Tercero, no es como si no lo hubieras hecho antes.
– Primero, estaba ebrio. Segundo, quería besarte. Y Tercero... am... simplemente era para pegarte la gripe.
– Y lo lograste, malparido… –comentó ella mirando al horizonte– ¿Por qué no besas a Michael de una buena vez y vemos que pasa?... Seguramente no mucho con lo inexpertos que son.
– Agh... ¿nunca dejaras de ser una vulgar verdad? –ella respondió con una amplia sonrisa– ¿Cómo es que siempre has sabido lo que siento por él?
– Te conozco bien supongo...
– Eso me pone triste…
– ¿Por qué?
– Como es que no sabía que eres una desviada.
– Eres idiota o te haces, siempre me llamaste por sobrenombres despectivos como ese que acabas de utilizar.
– Igual que tú lo hacías. Lo hacía por procurar molestarte como tú lo haces conmigo, pero no lo decía en serio.
– Haha, yo sí.
– Maldita…
– Veras Pete… Michael no me interesa… de hecho llevo varios meses hablando con una chica…
– ¿Quién?... ¡¿Por qué carajos no me contaste antes?! –exigió– Me hubiera ahorrado todo este drama. –dijo mientras mordisqueaba una papa, notablemente más tranquilo, incluso pudiendo pasar por algún caso de bipolaridad.
– No soy de las que va gritando a los cuatro vientos mis relaciones… eso lo sabes... –dijo mirándole a los ojos– ¿Te acuerdas de Raven?
– Obviamente, –su mirada de trastorno un poco– pero Raven es hom-
– Bueno, se trata de su hermana… –le corto antes de que concluyera su tan obvia observación.
– ¡¿Qué?! –casi se atraganta con una de las papas.
– Shh… vas a despertar a Firkle. –dijo sobándole los cabellos al pequeño.
– Oh… –lo miro, estaba profundo sobre la pierna de su amiga– ¿Pero aquella chica no se graduó el año pasado?
– Si, seguimos teniendo contacto por internet.
– Wow… no creí que la punketa fuera de tu agrado.
– Lo es desde que la encontramos en aquel festival de música el año pasado.
– Am, pues claro, ya recuerdo. Ella se acercó a hablarte.
– Sí... y mañana pasara a recogerme luego de la escuela.
– ¿Cómo?
– Me invito… a su apartamento en Denver.
– Aja… –le miro sugerente arqueando sus cejas.
– Y como te decía, ella resulto… bastante interesante.
– Solo espero que llegues a tiempo para salir a San Diego.
– Claro que llegaré a tiempo.
– ¿Y es ella está estudiando allá o qué?
– Exacto.
– ¿Y la vas a ayudar a estudiar también? –preguntó sugerente nuevamente.
– Bueno ya, suficiente del tema, después te cuento toda la historia completa si quieres, pero ahora… ¿Qué esperas? –preguntó, él la miro expectante mientras seguía comiendo de sus papas francesas– Ya sabes lo que tienes que hacer… ve por él. –aclaró sonriendo.
Pete le sonrió de vuelta, miro a Firkle como esperando su aprobación, por decirlo de alguna manera, pero verdad que estaba profundamente dormido, volvió a ella, pero sus ojos estaban cerrados también procurando dormir un rato después de haber consumido sus sándwiches de pollo. Reflexionó, Michael los conocía tan bien y se encargaba tanto de ellos, pero no permitía que nadie se preocupara por él y lo demostrara...
Así que se puso en pie y salió en su búsqueda. Le encontró en la vista lateral al lago. Se ubicó junto a él sin pronunciar una palabra, se quedó contemplando el lago también, cuando giro su cabeza para encararlo notó las marcas en los brazos, de todos los mordiscos de anoche.
– Oh por Dios… –exclamó con asombro, entonces Michael le miro– Lo siento de verdad… yo… –dijo mandando instintivamente una mano sobre los morados a lo largo del brazo.
– No te preocupes, estamos a mano. –pues él también le había mordido.
– Ah… cierto, no he revisado. –las memorias le llegaron.
– ¿Puedo revisar?
– Em… claro. –el alto se giró completo hacia él, y sus manos empezaron a desabrocharle la camiseta, Pete sentía el corazón en la cabeza, mareándose un poco, y más cuando las manos recorrieron sus hombros deslizando la camiseta fuera de estos, quedándose atorada en las mangas, Michael pudo contemplar su obra, y ciertamente también se asustó.
– DE. MO. NI. OS… –paso sus dedos suevamente sobre cada uno de los moretones, con sus ojos abiertos por completo en sorpresa– Yo soy el que lo siente… si no hubiera empezado…
– Fui yo quien empecé.
– No, fui yo.
– No, yo… como sea…
– Esta me preocupa bastante. –dijo el mayor presionándo levemente.
– Carajo… –dijo Pete dando un pequeño salto, luego alzo su brazo para contemplarla– a esa le tomara un par de semanas desvanecerse… –comentó– ¿Acaso querías comerme? –preguntó encarándolo, riendo de lado ante la implicación de su cuestionamiento.
– No literalmente. –le tomó por aquel brazo e inclinándose hasta alcanzar la marca con sus labios, la besó– Discúlpame.
– No tengo nada que disculparte. –le alcanzó el cuello con la otra mano, en la marca que le había dejado al costado de este– Dios, Michael, estas hirviendo…
– Lo sé.
– ¿Estás bien?
– Sí. Tranquilo. Es normal. –respondió y de inmediato se vio completamente abrazado por Pete, quien se sintió estrechando un radiador. Al separase, Michael volvió a acomodarle la camiseta abotonándola, y girándose volvió a perderse en el horizonte, dejando a Pete de todo menos tranquilo.
Cuando volvieron con los demás, Pete se extendió sobre la otra pierna de Henrietta.
– Mierda. –comentó ella despertándose– No soy un puto escaparate, malditos recostados. Me va a dar un calambre.
– Corrección, eres como un puff. Y me importa un culo si te encalambras, ya me acomode. –respondió Pete.
– ¡Ay este-
– Shh... Cállense... que van a despertar a Firkle. –pidió Michael en un susurro pero con su voz todavía como un trasto. Hicieron caso, Henrietta volvió a cerrar sus ojos mientras que Pete le contemplaba desde abajo en silencio, Michael tumbándose, dejo su cabeza sobre el abdomen de Pete, quien empezó a jugar un poco con sus rizos, y al cabo de los minutos todos se quedaron dormidos.
Saludos, sus comentarios son bienvenidos y agradecidos. Yep Luis y Coyote, un Gike bastante Black Metal se aproxima :p Y pues, para no ser tan puntual respecto a lo demás porque se me harian un tanto extenso, ya saben que en el mundo Fanfic todo es posible xD Disclaimer:
Pete - "Can't stop smocking" by Alien Sex Fiend.
South Park y sus personajes © Trey Parker & Matt Stone. Comedy Central.
