Hola!
Para resumir... hace cinco años que abandoné esta historia, ni más ni menos, lo sé. Pero nunca es tarde, así que aquí estoy para levantar nuevas pasiones :) Siento mucho la tan larga espera, de verdad.
Hace dos años
Había cruzado la meta, lo sabía bien. Tal vez nunca debió besarla...no, más aún; nunca debió invitarla a pasar a la Sala de los Menesteres. O, incluso, nunca debió molestarla durante un mes entero. ¡Qué diablos!, durante toda su vida en Hogwarts. Pero era tarde. Ni siquiera los magos pueden cambiar el pasado, así que por más vueltas que Draco le diera al beso que él y Ginny se habían dado el día anterior, nada iba a cambiar.
Debían tener más cuidado que nunca: el trío dorado estaba más pendiente de ellos que nunca, por no hablar de la molesta Pansy, en quien no confiaba en absoluto pues en cualquier momento podía delatarlos. Perdido en sus pensamientos, deambulaba por los pasillos, ideando nuevas formas para encontrarse con Ginny a escondidas, nuevos lugares, nuevas excusas. Iba tan concentrado que no vio a una de las personas que más miedo le daba poner su larga y blanquecina mano sobre su hombro.
-Draco, ven a mi despacho. Ahora.
Severus Snape, con su impenetrable expresión, le observaba con el ceño fruncido. Se quedó estático con la mano en su hombro, como si no fuera a permitir ni una mínima dubitación. Draco conocía demasiado bien a ese hombre, su padrino, por eso, aguantando la respiración y deseando que no hubiera entrado en su mente cuando momentos antes pensaba en la pelirroja, le siguió en dirección a las mazmorras. Una vez allí, Snape cogió una carta sellada y se la entregó. Draco reconoció la letra de su madre en el remite. La abrió, inseguro y con un fuerte nudo en la garganta. Ojalá Gin estuviera aquí. Se obligó a dejar de pensar en ella, por si las moscas, y abrió la carta con miedo.
"Querido Draco,
Debes empezar ya con el plan. Tu padre ha predispuesto la preparación de la conexión entre los armarios, de forma totalmente discreta. En unos días te informaremos de más detalles, hasta entonces escucha a Severus.
Ten cuidado con quien andas, hemos oído rumores.
Besos, te quiero mucho hijo.
Narcisa."
Releyó la carta una vez más. No se atrevía a levantar la mirada. Pensaba en la primera frase, debes empezar ya con el plan, pero sobre todo en la última, hemos oído rumores. No quería mirar a Snape, porque estaba seguro de que él también había oído esos rumores. ¿Pero, quién? Pansy, tal vez..., o incluso Zabini. O cualquiera de la Casa. Le empezó a palpitar una vena en la sien, y el nudo que tenía en la garganta se multiplicó por cinco.
-¿Tienes alguna pregunta? - Snape rompió el silencio, provocándole un profundo escalofrío que no pasó desapercibido por el profesor.
-No.
-¿No?
-No - volvió a contestar, igual de frío e impasible, aunque muerto de miedo por dentro. Por más que intentara no pensar en ella, su dulce rostro venía a su mente a cada momento. La sangre se le había helado completamente; empezó a rezar para que no le hablara de ella, para que no le pasara nada.
-Bien. Dentro de una semana empezará todo. Te queremos todas las tardes en la Sala de Menesteres, te daré más instrucciones sobre el armario en cuestión. Ya sabes, ni una sola palabra. A nadie, Draco - eso último lo dijo con otro tono, mucho más sombrío. Draco alzó la mirada levemente, y le pareció ver en los ojos de Snape un reflejo confuso. Tal vez...¿comprensión? De repente pensó que él lo sabía todo, todo lo de Ginny. Volvió a tener un escalofrío. Tenía que salir de allí, necesitaba vomitar.
Unos minutos más tarde, en el baño, soltó la bilis que llevaba dentro. No podía creer que hubieran adelantado el comienzo del plan; su padre le dijo que sería en unos meses. Y justo el día anterior le había dicho a Gin que renunciaría a él, que lo haría por ella... Ella no podía saber que iba a empezar tan pronto, no podía ponerla en peligro, no más. Tendría que mentirle, decirle que habían cogido a otra persona. Pero, ¿cómo? Si me requerían todas las tardes, ¿cómo iba a ocultárselo?
De repente, se le ocurrió una idea.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Ginny estaba en una nube.
El profesor Bins le había llamado la atención tres veces, McGonnagall había convertido su libro en un loro para conseguir que se concentrara en la lección y en clase de encantamientos había embrujado sin querer el pelo de una compañera, de forma que sus mechones se habían convertido en culebras. Todo un espectáculo.
A la hora de la comida, esperaba ver por fin a Draco, pero por más que miraba en dirección a la mesa de Slytherin, él no apareció. Hermione la miraba con cara curiosa, como averiguando qué estaba pasando por la cabeza de su amiga. Ni Harry ni Ron se percataron de nada, como de costumbre, pues estaban demasiado ocupados trazando posibles ataques imaginarios para Quidditch, o recreando movimientos de ajedrez.
-...tierra llamando a Ginny...¿Ginny? - de prontó volvió en sí y vio a Neville un par de sitios más allá llamándola. Con aire distraído, se disculpó; solo quería que le pasara el cuenco de ensalada.
-Ginny - esta vez fue Hermione, que aprovechó el momento de lucidez de la pelirroja -, ¿estás bien?
-Sí, claro - y sonrió abiertamente. Realmente estaba muy bien, si no fuera por ese peso muerto que tenía en el estómago por no haber visto a Draco en todo el día...
Para despejarse después de clase, fue al campo de Quidditch. Se puso su característico uniforme de segunda mano, se montó en su vieja escoba, y dio un par de vueltas por el campo. Necesitaba un poco de aire para desencabotarse.
Le vinieron todas las imágenes del día anterior que el mundo entero había intentado refrenarle durante todo el día. Draco y ella, en esa clase vacía, ella aún con lágrimas en los ojos y perpleja porque acababa de decirle que la necesita...Y el beso, ese beso que llevaba meses esperando, y a la vez temiendo. Su primer beso. Y él parecía saberlo, pues la trató con la mayor delicadeza del mundo, tal como había visto en las películas. Pronto lo dulce se convirtió en ardiente, pero no llegó a más la cosa - se sonrojó solo de pensar en las manos de él sobre su trasero, por encima de la túnica -. Sus manos, suaves y tan expertas... Y sus labios, con una textura increíblemente fina, cálidos y delicados. Su subconsciente llevaba meses soñando con esos labios, pero era tan ingenua que le daba vergüenza pensar de esa forma en ellos. Y sus ojos, grises como la plata, mirándola con deseo, con ternura...
Sabía que nunca nada podría hacerle olvidar ese primer beso. Años atrás, soñó tantas veces con Harry, con besarlo, con ser su novia. Habría dado lo que fuera, pero ahora se daba cuenta de lo diferente que era esto que sentía por Draco. Con Draco ella era Ginny, la chica extrovertida y divertida, y no una mancha sonrojada y tímida. Cuando Draco la besó, fue como superar todas sus expectativas. Ni los mejores sueños con Harry podían compararse con él.
Y además, le había prometido que desertaría. No iba a hacer la misión, por ella. En el fondo de su corazón algo la oprimía diciéndole "No creo que tenga alternativa...", pero ella se negó a creerlo, se negó a pensarlo. Quería pensar en un posible futuro, dificil y muy lejano, juntos. Quería pensar que era posible.
Hasta aquí llega!
Si me animáis con Reviews prometo intentar no abandonarla nunca más! :)
