Cap. III

Escuché una voz en la lejanía, o eso me parecía a mí, estaba tan cansada que me negaba a abandonar mi sueño. Sentí cierta presión en mi brazo y me hundí más en la almohada, la acción anterior se repitió y esta vez giré hacia el lado de dónde provenía la molestia. Escuché de nuevo aquella voz y esta vez mis párpados temblaron, quería seguir durmiendo pero ya era tarde, estaba volviendo a ser consciente de la realidad.

Abrí lentamente los ojos y la vi parada al lado de mi cama. Era ella, la chica del día anterior, no sentí gran cosa al toparme con su mirada porque ella parecía casi natural, o eso pensé al principio porque de pronto pude notar la comisura de sus labios curvearse. ¡Se estaba burlando! Se burlaba de mi cara por la mañana.

Una vez vi su sonrisa los recuerdos aparecieron en mi memoria, todas y cada una de sus acciones fueron recordadas por mí. Me cubrí con la sábana para evitar seguir siendo observada por ella, me molestaba, todo de ella: Su voz, su sonrisa, porque justo ahora era yo la gracia… y lo encontraba molesto, pero me gustaba tanto dormir que solo no podía evitar desear seguir haciéndolo.

-Hikari, de verdad, si no te levantas ya, llegarás tarde en tu primer día… además de que la hermana te hará ver tu suerte. Vamos, Hikari… des-pier-ta.

Su insistente llamado me hizo despejarme forzosamente. Estiré los brazos aun con las sabanas en la cara, pero pronto esta resbaló y me dejó verla. Mis ojos apenas y se abrieron pero ella si me miraba a mí, lucía… agotada. Mamá siempre decía que era toda una batalla despertarme por las mañanas, quizá ella lo estaba pensando también justo ahora, pero ella se lo merecía, se lo merecía por hacerme pasar por todo aquello el día anterior. Perdida en los recuerdos no pude evitar sonrojarme agresivamente llevando mis manos a la búsqueda de la sábana para cubrirme de nuevo, todavía seguía muy avergonzada… incluso si ella en verdad lo había olvidado ya.

-¿Hikari?

Su voz de nuevo se volvió irritante en cuanto desperté por completo, me levanté de la cama y me dirigí a la ducha ya sin mirarla.

-¡No me hables! – le grité guiada por un inconsciente enfado que aún no lograba descifrar a que se debía.

La dejé atrás seguramente confundida, pero es que necesitaba alejarme; yo definitivamente estaba en peligro cerca de ella.

Pronto me alisté y aunque se supone que no era eso lo que tenía que hacer… la seguí hasta el comedor donde de nuevo me vi intimidada, había tantas chicas que me resultaba muy difícil respirar sin dificultad. Todas las miradas estaban sobre mí y eso era lo que más nerviosa me ponía en esta vida, tan solo saberme el centro de atención me hacía temblar sin remedio. Me encogí tímidamente e incluso detuve mi paso, esto era demasiado para mí, yo no quería estar aquí, nunca quise… y quería irme. Bajé la mirada sonrojada y casi furiosa conmigo misma por ser tan cobarde… pero di media vuelta para escapar de ahí, entonces una mano sostuvo la mía y me volvió a la realidad. Yo quería escapar pero en cambio alguien me retenía en ese mismo lugar. Alcé la mirada y vi a Yaya-chan mirándome con cierta angustia, quizá solo era sorpresa, estaba preocupada al parecer.

-¿Estas bien? – Preguntó.

Claro que no lo estaba, pero ni siquiera pude responderle, tan solo busqué evitar su mirada. Como efecto a mi acto ella presionó más mi mano, como si intentara darme seguridad y de hecho… eso intentaba.

-No pasa nada. Solo… relájate

Sus palabras salían con tanta soltura que creer en ellas no era difícil… pero yo era diferente de ella o de cualquier otra chica. Yo era muy tímida y me acobardaba fácilmente.

-Ellas no dejarán de mirarte mientras representes el suceso del momento, es difícil que alguien llegue de intercambio pues casi todas hemos iniciado desde preescolar, por eso más vale que te mentalices para soportar esta situación un rato más.

Yaya-chan tan solo me habló de mi situación como si con aclarármela las cosas cambiaran de algún modo, pero no era así, por supuesto que no. Yo no iba a dejar de sentirme presa en un lugar desconocido solo por escucharla a ella, sin embargo, su mano sosteniendo la mía era otra cosa; ella continuó caminando arrastrándome junto con ella a través del lugar. Las miradas sobre nosotras se volvieron aún más insistentes y yo pensé por un momento que me iba a desmayar por tanta presión… pero era raro, mientras caminaba a su lado, guiada por ella, tan solo dejaba que nos miraran, no importaba mucho ya, ella era tan descarada que seguramente me contagiaba un poco, pero en ese momento, solo en ese momento dudaba que fuera precisamente malo.

Llegamos a una mesa por fin y aunque una que otra mirada todavía nos alcanzaba a localizar, la sensación de incomodidad había desaparecido casi en su totalidad, por lo menos ahora era tolerable. Suspiré aliviada, la miré mirándome, desvié la mirada esta vez tan solo con algo de naturalidad y resignación.

-Gracias… - susurré.

Esa risita tan suya volvió a curvar sus labios, la odiaba… aunque solo cuando la mostraba luego de jugar conmigo.

De nuevo suspiré esta vez resignándome, al final, habíamos quedado unidas de algún modo hasta que nuestra vida de estudiantes terminara.

Luego de un par de minutos la calma casi que me alcanzó pero antes de poder iniciar una charla obligatoria los murmullos de todas me atrajeron, miré hacía la dirección en que lo hacían todas y la vi… vi a mí príncipe entrando majestuosamente al lugar. Ella se movía con tanta elegancia, como quien se muestra antes sus súbditos tan solo para deleitarlos con su presencia… pero nada más. Lucía tan inalcanzable para todas, entendí y hasta justifiqué mi instantáneo enamoramiento el día anterior. Yo también era una súbdita de su encanto. Sonreí sin enmienda y tan solo la miré ya sin consciencia.

-¿La conoces? – preguntó mi atrevida compañera de cuarto.

-Ella me ayudó ayer…. Fue tan amable, yo… - quiero explicarle mi historia a su lado desde que se inició, tan improvisada, tan maravillosa, tan nuestra… pero entonces me detengo tan solo – pero ese no es asunto tuyo – termino por decir y la verdad es que esta vez he sido casi ruda.

-Ya veo. Ayer…

Sus palabras y el tono que usa para exprese, me deja intrigada, pero acabo de perder los derechos a preguntarle cualquier cosa y así me lo deja ver en cuanto le traen sus alimentos y luego de que una chica muy guapa da las gracias por ellos comienza a consumirlos.

Ya ninguna de las dos habla, quizá he sido muy grosera sin necesidad, tan solo actué y aunque me arrepiento ahora tan poco hago mucho por arreglar las cosas. Busco a mí príncipe respondiendo a una necesidad justificada, pero ella está en su propio mundo, no tengo idea de que es lo que piensa mientras consume con una calma casi mística sus alimentos. Hay varias chicas a su alrededor que la miran embelesadas, pero ninguna se atreve a compartir la mesa con ella, o tan solo a hablarle. La situación que se da en aquel lugar me llena de dudas pero no puedo preguntar nada.

-El príncipe de Spica – dice la chica a mi lado.

Yo la miro intentando descifrar sus palabras ¿qué quiere decir con eso? Ella es eso para mí… pero no hay forma de que nadie sepa que así le digo.

-Ese es el título que ha ganado entre las chicas, ya sabes, esa aura que seguro tú también has notado en ella apenas la conociste.

En verdad lo hice, yo realmente la visualicé como el caballero de algún reino lejano en mi rescate.

-Parece que te ha impresionado también – vuelve a decir

No es que no lo haya hecho pero de algún modo no me gusta que ella me lo diga, es irritante, molesto… incomodo quizá. Solo, no quiero.

-Pero… que hayas tenido un encuentro precisamente con ella el primer día de clases Hikari-chan… en verdad eres muy especial.

Sus palabras me hacen sonrojar de nuevo. Ella me está mirando, intrigada esta vez, ya no puedo ver el juego de su mirada o su sonrisa, ella está seria. Su porte justo ahora es perfecto, sin errores, como el de una señorita perfecta digna de la fama de esta escuela y eso me ha hecho sentir un cosquilleo en el estómago, ella se ve muy guapa también cuando está seria, quizá… me recuerda a Sempai. No, no es eso, tan solo me deja ver que hay en efecto algo que va más allá de la Yaya coqueta y atrevida que tuve que ver la tarde anterior. Yo en verdad… quisiera poder ser su amiga, aunque no fue tan bien la segunda vez ni la tercera; quizá una cuarta funcionaría.

-¿Has terminado?

De nuevo interrumpe mi pensamiento para apresurarme y ya sin discutir así lo hago, pues de sobra sé que el tiempo es nuestro enemigo, apenas y podremos volver al cuarto para terminar de prepararnos y salir hacia el aula; los nervios amenazan con volver a apoderarse de mi interior pero buscar a sempai y ya no encontrarla me distraen, salgo junto a Yaya-chan casi corriendo y nos apresuramos tanto como podemos para ir por fin al salón de clases. Este día, es seguro… no acabará pronto.

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-Me parece que es aquí de hecho… donde más cuidado has de tener.

Esta vez los nervios apenas y me dejan decodificar sus palabras, ya sé que esta es la prueba máxima, la que de hecho debería ser más fácil o emocionante al menos pero no lo es. Entro detrás de ella y las miradas de las presentes me enfocan en seguida. Bajo la mirada tímida al verme expuesta pero es de nuevo Yaya-chan la que me salva al mantenerse cerca de mi aun cuando todas me rodean ya.

-Chicas… no la molesten demasiado, ella parece muy tímida y si se abalanzan contra ella sin más solo la van a asustar.

Que hable con tanta seguridad es seguramente la causa de que tan solo me miren desde una distancia adecuada y me permitan incluso avanzar entre las filas para llegar a uno de los últimos asientos. Yaya-chan se sienta a mi lado y se mantiene siempre atenta a lo que conmigo sucede. Pronto la avalancha de preguntas cae sobre mí por parte de mis entusiastas compañeras que me miran justo ahora como la nueva atracción del lugar. Sé que pronto se aburrirán de mí, lo harán en cuanto descubran que nada interesante, nada extraordinario hay en mí pero, mientras que eso sucede… respirar tranquila me resulta casi imposible.

Antes de que la situación me supere la profesora entra y obliga con su sola presencia a todas a tomar asiento. Respiro aliviada a la vez que eso pasa pero pronto la misma me pide que me ponga de pie y me presente ante el resto, así lo hago y puedo parecer nerviosa de nuevo, pero guiada por alguna especie de resignación termino haciendo lo que se me ha pedido y no pasa más al final. Las clases comienzan de modo natural y pongo mi alma en orientarme a través de los libros que he recibido antes de llegar aquí, mientras muerdo muy levemente mi labio inferior con algo de angustia, compruebo que la fama de esta escuela está bien fundada, yo podría perderme fácilmente en esta gala de conocimiento que se expone en el aula fácilmente si me permito distraerme. Me doy cuenta que no fue una broma aquello de "aprovechar la juventud con los estudios". Esa fue la frase que más insistentemente me dijo la madre que me atendió aquel día que mis padres me trajeron, ya no puedo dar marcha atrás, eso lo entiendo, pero tampoco puedo simplemente esperar que sea un regalo estar al nivel de este campus, aunque sí, puedo presumir que no estoy precisamente atrás de nadie… al menos no con una diferencia marcada. Los estudios no me han fastidiado jamás, creo que bien puedo mantener un nivel decente durante mi estancia aquí.

La clase corre con tranquilidad y aunque no me aburro, sigo sintiendo esta sensación de vulnerabilidad, al final estoy en un lugar completamente desconocido para mí. En cuanto el timbre suena y la profesora sale del aula, suspiro hondamente para después guardar mi cuaderno actual, la clase no tardará en comenzar y debo estar preparada.

-Parece que te gusta estudiar – dice la peli negra a mi lado – ese rasgo tuyo te ayudará no solo a sobrevivir aquí, además ganarás popularidad muy pronto – continúa diciendo – Si además de bonita eres inteligente, no será difícil que alcances el reconocimiento de Amane-sempai. Quien sabe, igual y hasta podrías tener su afecto como seguramente deseas.

No la he mirado para escucharla desde el principio, pero en cuanto menciona ese nombre lo hago necesariamente. "Amane-sempai" se refiere a ella… al príncipe. Pero por qué ella…

Me he sonrojado de nuevo, no importa que pase, no quiero que sea ella la que me dé ánimos para ¿tener su afecto? Qué le pasa, jamás dije que eso deseaba, cierto, yo pude llegar a pensar en ella como un ser casi perfecto pero… tampoco es que deseara, pues… conquistarla o algo así.

-No me interesa ser popular – digo mientras oculto un ligero puchero que he formado casi sin notarlo.

Ella solo sonríe levemente y atiende al frente de nuevo pues la profesora ha entrado. Yo suspiro pues bien sé que mi día será en verdad largo…

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-¿Se te antoja comer algo? La comida de aquí es deliciosa, ya sabes, la gastronomía Nacional e internacional es bastante común, de modo que si hay algo en especial que te apetezca comer no dudes en decírmelo. Me encargaré de llevarte al lugar adecuado. Vamos – la repentina voz de Yaya-chan que había dejado de escuchar por un par de horas me atrae hacia ella. No estoy molesta ya, es solo que no termino de acostumbrarme a este lugar y por eso no siento que pueda divertirme con nada.

-No. No tengo hambre – digo sin ánimos de hablar.

-Hikari. Después de este receso podremos ir a comer algo hasta el final del día. – tu mirada es severa porque aunque he mirado a otro lado, la siento sobre mí – Aunque no tengas hambre, debes comer.

Giro por instinto hacia ti. Estás cruzada de brazos y me miras tan seria. Si no sonríes, es que si no sonríes pareces alguien más. Mayor quizá, tu aura impone.

Intento decir algo pero antes de lograr nada, un grito llama mi atención y la tuya, claro que contigo es lo natural porque ha dicho tu nombre: "Yaya-chan". No alcanzo a sentir sorpresa cuando la chica del grito llega hasta ti de un salto de lo más efusivo, se ha colgado de tu brazo y casi te ha arrastrado al suelo. Tu equilibrio te juega una mala pasada. ¿Pero quién es ella?, ¿y qué es de ti para tocarte de esa forma?

Acepto que me ha sorprendido la escena pero el ardor que tengo en el estómago es incómodo.

-Ah, Eloise-sempai. Hoy no podré acompañarte, debo llevar a Hikari-chan a conocer los alrededores, ella llegó ayer y es mi compañera de cuarto.

Es una sempai. Y… me ha mirado, con furia, estoy segura. ¿Le molestó que cosa?

Me abrazo a mí misma, la sensación de escalofríos me supera. Yaya-chan, ni siquiera dije que podías acompañarme. No lo…

-Ay, vamos , seguro que tiene un grupo completo que quiera acompañarla. Ven conmigo, ¿sí? Te tengo una sorpresa.

De algún modo me siento no deseada. Hago una mueca de incomodidad cuando la "sempai" se acerca a Yaya-chan a hablarle al oído. Deben ser cercanas si está usando su nombre y además… tiene ese grado de confianza. ¿Yaya-chan se sonrojó?, bufo por instinto. ¿Qué es esa sonrisa?, parece una pervertida. ¡Ash!

Me pongo de pie más que furiosa llamando la atención de ambas. Me voy de acá. Seguro que puedo llegar sola a cualquier lugar.

-¿Hikari?

Me llamas como si pudieras zafarte del agarre de tu querida sempai. No te atrevas a seguirme, digo mientras ando hacia la puerta.

-Hikari, espera.

Casi enseguida me alcanzas pero no quiero hablar contigo, vete con ella, ve por tu sorpresa, anda. No te necesito.

Dejo que camines a mi lado sin mirarte o hablarte, y aunque te ignoro, la molestia no me deja. ¿Por qué?

-Yaya-chan mira. –Otra vez ella– estas chicas aceptaron guiar a tu amiga en su trayecto por el campus. Anda, ven conmigo, por favor.

Ja. He mirado por mera casualidad, ella en verdad ha hecho una cara extraña. ¡Ay!, no puedo creer que Yaya-chan esté reaccionando.

-Bueno, Hikari… ¿estarás bien?

Entonces me dejas para ir por "tu sorpresa". Haz lo que quieras, digo mientras me voy de ahí, te empujo y esas chicas me siguen como sombras. Ahora estoy mucho más enfadada que antes. Te odio Yaya-chan. Vete, vete y no me hables nunca, ¡nunca más!

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Lo sientoooooooo, me eliminaron el correo con el que me registré y no sabía si podía publicar. Mis escritos se quedaron en lo que dejé hace como dos años o tres, ya ni sé. Al menos no he muerto y eso da algo de esperanza. Estaré actualizando para quienes quieren saber el final de este fic y el de tierna agonía. ¡Kiyohime se reporta!