CAPÍTULO IV – El ala este
Realmente no sé qué esperaba encontrar del otro lado de las puertas dobles de aquella extraña y siniestra mansión en medio de la nada, pero me vi obligada a abrir la boca en un gesto de incredulidad al girar sobre mis pies y admirar la estancia. Aquello era sin duda el mayor de los ejemplos de cuán ostentoso se puede ser en la vida. En el centro de la habitación había una gran escalera recubierta con alfombra que llevaba a un oscuro segundo piso que estaba sostenido por magnánimas columnas de mármol gris. De la marquesina colgaba una araña doblemente lujosa que alumbraba la planta baja y a nuestro alrededor había candelabros decorativos con las llamas de las velas encendidas. No se oía ningún movimiento más que el de mis pies rozando el alfombrado y me relajé automáticamente. Antes de voltearme hacia los muchachos me percaté de que a un lado de la escalera había una pequeña mesa con una máquina de escribir.
- Qué sentido de la decoración –comenté.
- Sí, alguien debería advertirles a los dueños de casa que la tecnología ha avanzado bastante –bromeó Kevin y luego caminó hasta allí para comprobar si la máquina de escribir era auténtica o sólo un ornamento-… Es real –sentenció luego de presionar algunas teclas. Centré mi vista en la hoja de papel que había en el aparato y vi que Kevin había escrito mi nombre en ella.
- Muy listo –me reí-, pero no hemos venido a coquetear.
Kevin se encogió de hombros y se abstuvo de responderme, en eso me percaté de que había alguien más en la habitación que todavía no había emitido sonido. Busqué con la mirada a Leon y lo descubrí rodeando la escalera con su arma en alto, inspeccionando minuciosamente cada centímetro de la morada. Quería decir algo, lo que fuera, pero nada me venía a la mente… Así que me senté en uno de los peldaños y aguardé. Kevin se sentó junto a mí y sacó un botellón de agua de su bandolera. Me la ofreció antes de beber él y agradecí con un movimiento del rostro. La mansión era fría, hedionda y peligrosa, lo sabía, pero en aquellos momentos sólo podía pensar en cuánta sed había tenido aún sin saberlo. Tan agradecida me sentí cuando le regresé el botellón a mi compañero que lo recompensé dándole en secreto una segunda oportunidad a su flirteo. Llevaba un chaleco de Kevlar, un cinturón de combate y su pequeña bandolera más bien parecía un barril sin fondo, porque de ella comenzó a sacar todo tipo de cosas: cajas de munición, cargadores, cartuchos de escopeta –lo que me llevó a observar la Remington que le colgaba del hombro- y otro botellón de agua que dejó junto a su pie. En general era un hombre de mediana edad, algo robusto y definitivamente agradable.
- Aquí hay agua para ti –le dijo a Leon en cuanto éste apareció frente a nosotros enfundando su arma y señaló con el pie su ubicación.
- Gracias –Leon se inclinó unos segundos para levantar el recipiente y cuando estuvo satisfecho se dedicó a observar con interés unos papeles que llevaba en la mano libre.
- ¿Qué tienes allí? –al fin hablé.
- Planos de las distintas plantas de la vieja residencia Spencer, algo así como un resumen arquitectónico –reveló ensimismado.
- O sea, un mapa –se rió por lo bajo Kevin.
- ¿Y de dónde…?
- Las mansiones Spencer han sido diseñadas por George Trevor, un famoso arquitecto que construyó varios de los rascacielos de Washington –comenzó a relatarme Kevin y me acomodé en mi lugar para prestarle más atención-. Se rumorea que tras su desaparición fueron clausuradas las residencias.
- ¿Pero cuál fue el sentido de haberlas construido en un principio? –me impresioné.
- Se supone que iban a ser una especie de casa de invitados para los ejecutivos más importantes de White Umbrella, pero en realidad albergaban las instalaciones de las investigaciones biológicas.
- Los mapas pertenecen a la mansión de las afueras de Raccoon City, pero estoy casi seguro de que ésta debería ser exactamente igual a aquella –comentó Leon mientras guardaba los papeles en su pequeña bandolera-… Los obtuve de manera legal –aclaró sin necesidad.
- De todas maneras no creo que necesitemos demasiadas indicaciones para una
- Spencer está chiflado desde hace años –me interrumpió nuestro líder- y Jill me ha advertido que la casa está llena de mecanismos con trampas y un montón de estupideces de espías… No deberías sorprenderte si nos topamos con rayos láser. Por eso debemos andar con cuidado.
- ¿Eso inspeccionabas hace unos momentos? –deduje.
- Ajá… Pero la sala es segura.
- Lo que implica que deberíamos ponernos en marcha para encontrar a la niña –Kevin se levantó de un salto y me ofreció su mano para que lo imitase, pero me negué con disimulo y lo hice por mis propios medios.
- Su nombre es Sherry –determiné.
Por varios minutos se creó a nuestro alrededor un ambiente hostil y estaba casi segura de que había sido por mi negativa hacia Kevin, pero ya no había nada que pudiera hacer… Gracias a su comentario había caído en la cuenta del motivo por el cual estábamos allí en primer lugar. Sherry. Si no me hubiera desligado de ella como si su seguridad no fuese tan importante como hallar a Chris…
Así que comprobé que mi Browning estuviera cargada unas diez veces más y me dispuse a hacer antesala a las indicaciones. Desde aquel preciso instante se acababa Claire la distraída.
- De acuerdo –Leon rompió el silencio-: desde aquí hay tres puertas, pero una de ellas lleva a una habitación pequeña que… Como sea, un callejón sin salida. Así que sólo hay dos opciones.
- Me encargaré del ala oeste –se ofreció Kevin-. Ustedes pueden tomar el ala este.
- Creo que sería mejor permanecer todos juntos –objeté.
- Soy un sobreviviente de Raccoon City, cariño –se jactó con preponderancia-. Puedo cuidarme solo.
- De cualquier modo –Leon levantó su tono habitual de voz y nos entregó un radio a cada uno-… Déjanos saber si tienes algún problema, ¿sí? Iremos en cuanto nos des la señal.
- Es una calle de dos sentidos –dijo Kevin con toda la seriedad que pudo reunir en algunos segundos-… Au revoir –se despidió encaminándose hacia la izquierda de la gran escalera. Antes de llegar a la puerta desenfundó su Colt.45 y unos instantes después lo perdimos de vista.
- ¿Crees que estará a salvo? –tragué saliva.
- Está armado hasta la coronilla y tiene los mismos mapas que nosotros. En caso de emergencia puede contactarnos o a mi colega que está fuera… –sabía que no era mi culpa lo que había sucedido, pero aún así no podía evitar sentirme responsable por él- No te preocupes por Kevin, Claire –murmuró mientras nos encaminábamos hacia la puerta que nos tocaba-: después de todo tiene razón, ha sobrevivido a Raccoon City y ciertamente me pregunto cómo es que jamás logró entrar en los STARS; tiene varios trofeos de francotirador y da unas patadas de no creer…
- Se ve que lo conoces en demasía.
- Sí, bueno… Luego de la pesadilla de hace un mes me sentí aliviado de que hubiera otra persona en el mundo que comprendiera por lo que estaba pasando. Kevin ha sido un gran apoyo.
Quería seguir preguntando sobre la presunta amistad de mis compañeros de expedición, pero sabía reconocer cuando Leon ya no quería hablar. En general no decía mucho sobre su vida privada, así que el hecho de que me hubiera dado a entender que aún estaba conmocionado debido a los acontecimientos del día en que nos habíamos conocido me hacía sentir un poco mejor conmigo misma. Quería contarle que yo también había tenido problemas para dormir, pero entonces nos detuvimos frente a la puerta doble que había a nuestra derecha. Más allá se veía una puerta simple, pero Leon había mencionado que detrás de ella no había nada relevante así que a penas le presté atención.
Sin que volviéramos a establecer las posiciones estiré mi mano hacia el picaporte y en cuanto Leon asintió lo giré. Automáticamente me agaché y apunté mi Browning hacia la derecha y abajo, mientras Leon cubría el frente delantero e izquierdo con su Beretta de 9 mm.. En cuanto estuvimos seguros de que no había peligro regresamos a la normalidad y nos adentramos en la pequeña habitación. Lo más llamativo que había frente a nosotros era una estatua, pero la serpenteamos sin más que una mirada de soslayo y continuamos hacia la puerta siguiente. Repetimos nuestros movimientos, pero nuevamente el otro lado estaba deshabitado. Era un corredor con ventanales generosos y algunos escaparates que exponían diferentes estilos de huesos que deseé en mi fuero interno que pertenecieran a dinosaurios o algún animal extinto. Con un frío de muerte recorriéndome la espalda continuamos nuestra marcha silenciosa hasta cruzar la puerta posterior. Allí nos encontramos con una galería, pero la mayoría de sus puertas estaban cerradas a cal y canto.
- Son habitaciones que no conducen a ninguna parte –sentenció Leon luego de observar el mapa.
Tuve la sensación de que todo en aquella mansión era estúpidamente necesario para dar con Sherry, pero reprimí las ganas de vaciar el cargador de mi semiautomática en alguna de las cerraduras por miedo al modo en que Leon me observaría. No hacía falta que creyera que estaba loca o que volver a enfrentarnos a los misterios de la Corporación Umbrella estaba comenzando a afectar mi cerebro. Vamos, eres Claire Redfield. La hermana de un STARS.
- ¿Te encuentras bien? –quiso saber mi compañero y me di cuenta de que llevaba bastante tiempo parada con la mirada perdida.
- Ajá –sacudí mi cabeza y me apresuré hasta donde estaba él-… Es sólo que…
- Dímelo –se cruzó de brazos inconscientemente.
No quería, realmente no quería quebrarme en ese preciso momento y mucho menos en esa maldita casa, pero el sólo hecho de pensar que Sherry pudiera estar… Pero antes de que mis pensamientos se encaminaran hacia el sendero de la desesperanza y el pesimismo se oyó un sonido. En un principio tan sólo pareció un golpe seco sin importancia, pero cuando se repitió dos veces más Leon abandonó su postura relajada y se echó a correr hacia el final del claustro. Sin esperar a que llegara hasta él abrió otra puerta y se adentró con su arma a la altura de los hombros, listo para dispararle a cualquier cosa. Por suerte no fue necesario que lo hiciera y avisté una pequeña zona en penumbras que también estaba vacía. Pero de una de las puertas que estaban frente a nosotros provenía el sonido que habíamos oído. A nuestra derecha había dos y hacia la izquierda una; y justo cuando estaba acercándome hacia la que estaba más cerca de mí volvimos a sentir el golpe seco desde la que estaba más alejada, casi llegando a una curva que no había advertido. Los dos nos acercamos cautelosos y me fue imposible mantener la boca cerrada.
- ¡¿Sherry?! –pregunté presa de la histeria. Y en cuanto mi voz retumbó entre las murallas todo volvió a la calma de antes. Leon me observó de soslayo con una expresión de tácito regaño, pero no me importó porque unos segundos después alguien respondió.
- ¿Quién anda ahí? –habló una voz femenina del otro lado de la puerta que estábamos vigilando. Pero no era la de Sherry.
Bueno, al menos no era un zombie. Aunque podía ser algo peor… De acuerdo, era una muchacha y definitivamente había hablado con claridad y coherencia, pero…
- ¡Leon, no! –chillé en cuanto vi que estaba apuntándole a la cerradura con su revólver.
- ¿Tienes una mejor idea? –inquirió- ¡Échate hacia atrás! –le advirtió a quien fuera que estaba dentro de la habitación.
Y un segundo después efectuó dos disparos en el cerrojo. Yo sabía a la perfección que aquello no era tan simple como se ve en las películas, porque si tienes mala puntería la bala puede rebotar y acabar incrustada en tu propio cuerpo; pero en el fondo estaba segura de que Leon lo lograría así que me mantuve inmóvil y aguardé. De acuerdo, tal vez cerré los ojos por un instante, pero cuando los entorné la puerta estaba abierta de par en par y frente a nosotros se encontraba una joven abrazándose a sí misma como si estuviera aterrorizada. Detrás de ella había un escritorio y varias estanterías con libros, pero en general era una pequeña habitación que evidentemente servía de estudio.
- ¿Cómo acabaste encerrada? –le preguntó Leon sin perder tiempo.
- El tipo ese… Wesker –dijo ella con un deje de cortedad en la voz.
- ¿Sigue aquí? –indagamos al unísono.
- No lo sé… ¡Maldita sea, llevo más de un día allí dentro! –y se llevó las manos al rostro antes de comenzar a llorar.
