3. Recuerdos que no se olvidan.
NA: Bueno, creo que odiaron el capitulo anterior, espero que este les guste mas. Gracias por leer y comenten, es bueno saber que piensan.
Ana.
Mientras Beth jugaba con otra niña en los columpios y Brittany se había ido a ver a su novio, Sam. Ella permanecía sentada en una banca, inmóvil, con el sweater de su pequeña colgando en una pierna observándola.
Recordaba cuantas revistas y libros de maternidad había leído cunando Shelby le dio la oportunidad de ver a su hija, de conocerla y de formar parte de su vida, dándole la oportunidad que ella le conto, no había tenido con su propia hija. Aun después de haberse portado como una imbécil, de haber negado a su pequeña y posteriormente arrepentirse y suplicar una oportunidad. Porque ella no quería ser como su madre, ella quería amar a su hija y sentirse amada por la misma.
Sin embargo Brittany tenía razón, sus palabras resonaban en su cabeza sacudiendo con fuerza su cerebro, quitándole la venda de los ojos, siendo consciente de lo que se empeñaba a no ver y mucho menos a reconocer, pues al final, no era nada porque no sabía como cambiar ni como vivir. No sabía como establecerse, no sabía como amar, no sabia como sentir y temía ser lastimada. Las relaciones le parecían inútiles y los sentimientos inentendibles y peligrosos.
Y se sentía mal, mas que cualquiera aquí y en marte, pues temía fallarle a su hija, temía no tener mas que ofrecerle, por ser una cobarde y no poder enfrentarse, ni tener la fuerza de luchar contra el mundo, Su mundo.
Sabía que era perturbador e incluso quizá enfermizo, estar sentada en una silla frente a un lado de la cama observando a su novio dormir. Se sentía como una loca trastornada empeorando su estado emocional, pero observarlo tan tranquilo le brindaba paz para poder aclarar su mente.
Santana tenia razón, otra vez. Sabia que lo que hacia no estaba bien, porque estaba dejando de vivir, atada a un recuerdo, donde esa chica no estaba con ella y donde no compartía nada mas haya de ese momento que quizá ya había olvidado, mientras ella no podía sacarlo de su cuerpo ni de su alma, ya que aunque lo negara para ella era mucho mas que un beso, que con el tiempo se había convertido no solo en una obsesión, si no en una excusa, una excusa para actuar como una tonta, excusando su insatisfacción y su engaño, por no poder enfrentarse a lo que hacia.
Fin comenzó a moverse en la cama, señal de que despertaba. –Hola cariño- saludo adormilado.
Rachel lo miraba con una sonrisa curvando sus labios. –Buenos días- saludo.
-¿Qué haces ahí?, ¿Por qué no estas conmigo en la cama?- ínsito haciéndole espacio.
-Me temo que tengo que declinar- dijo la morena sin borrar su sonrisa. –San estuvo de fiesta toda la noche y el lunes comienza exámenes así que iré a llevarle el desayuno-.
-¿Qué?, ¿Y yo que?- protesto infantilmente el muchacho.
-Tu tranquilo, te deje el tuyo en la cocina, lo puedes tomar en la sala, oí que hoy había partido- le dijo de manera jovial escondiendo su astucia.
-¡UFF!, perfecto, gracias amor, me saludas a San ¿vale?- dijo levantándose al instante, dándole un pico y yendo directo a la sala.
Muchas veces nos cerramos tanto en nuestro mundo, inmersos en nuestros problemas y dificultades, que perdemos de vista el panorama, sin darnos cuenta de lo que nos rodea. Por ejemplo con Quinn, y secuencialmente con Rachel. Cada una inmersa en su propio mundo.
Rachel caminando hacia el apartamento de Santana, perdida en sus pensamientos, en lo que debía o no hacer, en el temor de sus decisiones, hundida en no sabia donde necesitando de los consejos de su amiga sin prestar mucha atención a lo que la rodeaba.
Quinn mientras tanto conducía mas de forma automática, siguiendo los semáforos y a los demás conductores sin perder de vista su destino, pero tampoco estando al 100% en el. Pensando en Beth, pensando en ella.
El semáforo había cambiado a verde y el camino estaba libre3 para que su Mustang 60's pasara con tranquilidad directo a su destino del cual solo las separaban 3 cuadras.
Sin embargo, en un ataque de imbéciles, o tan solo por destino Rachel no detuvo su caminata, dando un par de pasos mas haya de la acera, sin realmente procesar lo que veía, y el riesgo en el que estaba.
-¡Mami cuidado!- alerto Beth logrando que todos sus sentidos se fijaran en la torpe figura que tenia enfrente y la seguridad de su hija. Extendió por instinto lo que mas pudo su brazo derecho cubriendo el cuerpo de Beth, con la mano izquierda se aferraba al volante, y con el pie izquierdo hundía el clutch a la par que con el derecho el freno haciendo chillar las llantas contra el asfalto.
Rachel reacciono al oír el chillido quedando helada ante lo que pudo haber pasado, con la defensa del auto negro que tenia enfrente a pocos centímetros de ella. Alzo la mirada de forma inconsciente en busca del conductor, encontrándose con dos ojos verdes oscurecidos por el temor que rápidamente se fijaron en la figura que tenia al lado y que por inercia siguió, encontrándose con los mismos ojos de antes pero diferentes, con mas brillo, pero cristalinos por las lagrimas que comenzaban a caer de ellos a causa del impacto del momento vivido.
Veía la desesperación de la rubia mas grande inmersa en averiguar el estado en el que se encontraba la mas pequeña que no le quitaba la mirada de encima y al darse cuenta la rubia se volvió para mirarla, con una mirada cargada de enojo y desprecio, detestándola al igual que ella misma por haber hecho llorar a la pequeña. Como pudo y gracias a las voces de la gente insultos y claxons regreso a la acera avergonzada, dirigiendo una ultima mirada al par de rubias. "Lo siento" gesticulo con los labios sin producir sonido alguno. Realmente apenada esperando recibir por contestación algún insulto o ademan ofensivo.
Sorprendiéndose de ver la misma expresión en las dos, y la que reconocía. Ambas la miraban con compasión y en sus labios una casi imperceptible sonrisa, una con más lágrimas que la otra, pero igual de expresivas, haciendo su corazón vibrar.
"Cuídate". Gesticulo la rubia mayor con una amable sonrisa que inmediatamente reconoció y que reconocería siempre. Sabiendo que era ella, sin duda alguna. Le devolvió la sonrisa y las vio avanzar.
"Bye-bye". Se despidió la pequeña acompañada de un gesto con la mano con una sonrisa radiante.
-Bye-bye- murmuro imitando a la pequeña hasta que las perdió de vista. Segura de quien era ella y lo lejos que estaba de su vida.
Llamo por encima vez a la puerta del apartamento de su amiga, un poco cansada y con las dos rubias que había visto momentos antes en la cabeza, remembrando el casi accidente, la mirada de desprecio, las lagrimas, la compasión. El beso, su olor, sus ojos, su sonrisa. Cual tortura masoquista al pensar que todo estaba en su mente, que la rubia no la había reconocido y ella no podía pensar en su beso como un "bonito" recuerdo de infancia, o al menos solo eso, un recuerdo.
Volvió a llamar esperando alguna señal de vida, y por fin escucho pasos acercarse.
-Se te olvido algo gua…- se interrumpió al ver de quien se trataba.
¡Santana por Dios!, ¡ponte algo de ropa!- exigió Rachel al verla solo en bragas.
-Dios Berry, no es la primera vez que me vez las tetas- se quejo la latina por lo exagerada que le parecía Rachel.
-¿Y que?, ¿Qué tal si no hubiera sido yo, y hubiera sido no se, ¡el conserje!?- cuestiono alzando las cejas y entrando al apartamento.
-Eso depende. Si es sexy me lo tiro, y sino, pues le doy una patada en las pelotas- explico sin mayor ciencia poniéndose una camiseta que había encontrado bajo un cojín del sillón.
-Dios San, eres increíble, no puedo creer que aun me sigas sorprendiendo- dijo al verse rodeada por el desastre de su amiga. Ropa, libros, utensilios de cocina e incluso papel higiénico esparcido por todo el lugar.
-No molestes Berry, voy a empezar exámenes y tengo un promedio que mantener. No tengo tiempo para limpiar mi jodido apartamento- señalo dejándose caer en el sofá. –Además, ¿tu que haces aquí?- pregunto sin tacto.
-Que delicada San- ironizo la morena y la latina se alzo de hombros sin interés. A veces Rachel no podía creer que después de una noche de sexo salvaje pudiera estar de mal humor. –He traído el desayuno, me pareció buena idea desayunar juntas, puesto que supuse tu no habías desayunado- explico la morena con naturalidad yendo a la cocina que estaba solo a unos pasos de la sala, dividiendo ambas partes con una barra.
Santana siguió sus pasos con los ojos entrecerrados. -¿Qué es lo que quieres enana?- pregunto sin rodeos des de el sofá.
-¿Qué?- pregunto confundida.
-Lo que escuchaste, por algo te arriesgaste a venir a sabiendas que no estoy en mis mejores días, después del sexo y con la presión de los exámenes encima soy peligrosa- explico con seriedad.
-¡Dios San!, como crees que es por algo, yo tan solo quiero desayunar contigo, mi mejor amiga- alego indignada Rachel.
-Si es dinero no tengo, además tus padres tienen mas que los míos y tienes una madre que haría todo lo que le pidieras por un poco de atención y reconocimiento. Yo en tu lugar le pediría una tarjeta de crédito- dijo sin escrúpulos.
-Cielos, a veces me pregunto como somos amigas- cuestiono la morena negando con la cabeza.
-Ni yo lo se, supongo que porque funcionamos. Tu con tus cursilerías idiotas de humanidad y yo con mi certeza y raciocinio- explico alzándose de hombros. –Pero el punto no es eso. ¿Por qué viniste?- volvió a preguntar. –y no me vengas con tus cursilerías baratas de amistad porque no te creo, hasta tu respetas mis espacios. ¿Acaso peleaste con Finnepto?-.
Rachel suspiro resignada. –Vena a hablar de lo de anoche, de lo que me dijiste. Tenia dudas, pero ahora estoy segura. Dejare a Finn, a leguas se nota que no somos felices, el prefiere un juego de americano que estar conmigo y yo tengo que dejar de escudarme en ese estúpido beso- hablo lo ultimo con amargura.
-¿Qué sucedió?- pregunto la latina con seriedad. -¿Qué te hizo estar tan segura y que no sea yo?- pregunto preocupada.
-La vi San, otra vez, y es verdad, ella no esta en mi vida y ni siquiera me recuerda, además casi me mata pero…-.
-¡¿Qué?!- exclamo alterada. -¡¿Cómo que casi te mata que le pasa a esa zorra?!- exclamo exasperada.
-Tranquila San, fue mi culpa, yo me atravesé sin fijar en la calle- explico sonriéndole con ternura a la latina tratando de calmarla.
-Dios Berry, eres una tonta- se quejo molesta. –Pero me alegra que lo hayas decidido y te des la oportunidad de ser feliz- le dijo con sinceridad apretando su mano.
Rachel le sonrió. –Gracias San-.
Había vuelto, a su casa, a su mundo, a su vida. Se sentía extraña, caminando por los pasillos de la facultad después de tanto tiempo lejos. Imaginando cuantas cosas habían presenciado las paredes y los suelos que en ese momento admiraba en su ausencia, preguntándose si seguía siendo la promesa, la favorita, o alguien con más talento la había vencido.
Llamo a la puerta. –Adelante- oyó y abrió la puerta girando el picaporte.
-Hola Holly- saludo al entrar con una inmensa sonrisa.
-¡Quinn!- exclamo la mujer y fue hasta ella envolviéndola en un cálido abrazo.
-Veo que aun sigo siendo la favorita- supuso la rubia en el abrazo de su maestra, mentora y amiga.
-Por supuesto, no ha llegado otra Quinn Fabray, o Quinton- se burlo al separarse de la joven.
-Haahaaa… me matas Holly- ironizo la joven con una falsa sonrisa.
-Lo se cariño, lo se, yo a cualquiera- agradeció con arrogancia.
Quinn rodo los ojos y sonrio, feliz de haber vuelto.
-¿Y bien?, dime que tal tu año de auto descubrimiento- pregunto sentándose sobre su escritorio dando paso a que la joven hablara.
La sonrisa de Quinn se amplio aun mas. –Fue, no se como describirlo, maravilloso, surreal, intenso, enriquecedor, no se. Todo- describía torpemente recordando su año. -Aprendí de muchas culturas y países, aprendí de comida, de música, de arte y espíritu. Había lugares en los que me sentía tan en paz que sentía que pertenecía ahí, había otros que sentía conocidos, cosas que nunca había visto y que sentía haberlo hecho, conos personas y lo diferente que eran de país en país. Dios fue mejor que imaginarlo leyendo un libro, y me sentía tan inspirada que no pare de escribir- relataba extasiada sin poder expresar por completo todo lo que ella pretendía.
Mientras Holly la miraba con una sonrisa inmensa, reconociendo esas sensaciones en ella misma, solo le faltaba escuchar una sola cosa más. -¿Y de ti, que descubriste?- pregunto con tranquilidad.
-¿Qué?, ¿a que te refieres?- pregunto la rubia confundida.
-Dijiste que aprendiste de espíritu, dime que aprendiste del tuyo- pidió con una serenidad que asustaba.
Pero en Quinn esas preguntas solo lograron quitarle la sonrisa del rostro, confundiéndola, intentando encontrar una respuesta para ello, pero por mas que lo intentaba no lo conseguía, solo veía las imágenes de todas esas mujeres, de todas esas noches, en cada país dejándola sin palabras. –Holly… yo…- abría y cerraba la boca pero ningún sonido salía de su garganta.
Holly le sonrio un poco decepcionada, y aunque lo intento ocultar Quinn lo vio sintiendo una punzada en el estomago. –Aun te falta aprender lo mas importante Quinnie- se acercaba a la joven. –Lo que hay aquí- concluyo con una mano justos sobre el pecho de la rubia donde se encontraba el corazón. –Para poder crear de una forma real, que valga la pena, para hacer que las personas sientan lo que tu estas contando, debes descubrir lo que hay ahí, debes conocerlo y apreciarlo-.
Quinn paseaba su mirada de los ojos de su maestra hasta su mano sobre su corazón, no sabía que significaban esas palabras, o tan solo no quería entenderlas.
-Pero tranquila, aun te falta mucho que vivir- le dijo dejando una caricia maternal en su mejilla acompañada de una sonrisa. –Y que aprender, entraras a tercer año de la carrera y tienes una gran responsabilidad, porque quiero que vayas a ver el nuevo material, ya que aprendiste tanto quiero que hagas una gran historia para un cortometraje, y quiero que sea bueno, tienes mucho material para eso- ordeno con una sonrisa divertida contagiando a la rubia. –Ahora ve, que me haces perder mi tiempo- fingió.
-Claro, claro. Pero primero voy a ver a mi mama- dijo con seriedad mientras de manera inconsciente era abordada por una oscuridad llena de dolor.
Nunca había tenido una buena relación con su madre, pero en esos momentos ni siquiera la reconocía, solo la ignoraba mientras estaban sentadas. La una frente a la otra y muchas veces se preguntaba porque seguía yendo, si de todos modos su plaza en ese lugar seguiría gracias a la persona que menos imagino su progenitora. Noah Puckerman, que gracias a su carrera como modelo ganaba bastante dinero.
Se levanto del sillón. –Adiós mama, tengo cosas que hacer, nos veremos después- se despidió. Se veía más vieja, cada vez más sin vida y más pérdida.
La mujer ni siquiera se inmuto, seguía en su posición sin mirarla murmurando cosas inentendibles.
Con una última mirada la rubia salió del lugar despidiéndose de la enfermera que atendía a su madre. Directo a su destino, el teatro independiente donde los alumnos de artes interpretativas montaban sus obras.
Después del mal sabor de boca que la visita de su madre le había dejado, verla actuar la hacia olvidar todo, ver tanta pación, tanto coraje y tenacidad, imprimiendo de la correcta emoción cada palabra, cada movimiento, cada tono en su voz. Siendo eso lo más exquisito que había visto en mucho tiempo, absorbiéndola en un vórtice de emoción y ansiedad que jamás había sentido, deseándola incluso, más haya de su perfección, quería ver su alma.
La representación de Shakespeare termino con aplausos, pues había sido una propuesta interesante, solo fragmentos que contaban con música y bailarines, llamados por emociones. "Sencillamente perfecto". Pensó Quinn.
Después de los aplausos las luces comenzaron a encenderse, dejando ver con más claridad. Se perdía en su figura, en sus curvas, en su cabello sedoso, en la forma en como se movía, tan alegre y natural. Sacándole una sonrisa.
Hasta que todo termino, en un rápido movimiento la chica fue alzada entre los brazos de un sujeto alto con cara de tonto que la besaba con insistencia logrando su sonrisa, y aun mas hermoso, su risa. Sintió celos, sintió ira, su mandíbula se tensiono y su respiración comenzó a ser mas profunda. No se reconocía, no entendía porque se sentía así, si jamás lo había hecho.
-Hey Q, no sabía que venias- la distrajo la voz de Mike, un amigo suyo y de Britt, compañero de la misma en la facultad de baile.
-Mike, hola, ¿Qué haces aquí?- pregunto relajando todo su cuerpo, agradeciendo la intervención de chico regalándole una sonrisa.
-Trabajo en la obra por desgracia- dijo torciendo la boca. –Necesito el dinero para poder pagar el boleto a Londres, para hacer prueba en Royal Ballet al the Royal Opera House, y cada vez se me hace mas imposible lograrlo- comento lamentándose. –Pero basta, no hablemos de mi, me alegra que hayas vuelto- le dijo poniendo una mano en su hombro.
-Gracias. Oye, ¿sabes quien es ella?- pregunto señalando a la morena que aun estaba en brazos de lo que parecía su novio.
-Amm… Rachel Berry, entro el año que tu te fuiste, y el sujeto que la carga es su novio, pero todos dicen que lo engaña con su coprotagonico, Brody Weston- dijo sin mucho interés. –Ya sabes, típicos dramas de niñas tontas que se creen las grandes divas-.
-Ya veo- dijo sin quitarle la mirada a la morena. -Dime cuanto necesitas, yo te puedo prestar, o dar. Lo que sea- dijo sacudiendo la cabeza cambiando totalmente de tema.
-¿Qué?, ¡no Quinn!, no te lo comente por eso- trato de explicar.
-Yo lo se, pero tengo dinero, así que no hay problema- aseguro la rubia.
-Ese dinero es de tu madre Q, no deberías despilfarrarlo de esa forma- aconsejo el chico.
-No lo despilfarro, además ella ya no lo puede usar y si puedo ayudar a cumplir un sueño encantada lo hare, además entre mas rápido vayas puedes prepararte mejor para tu audición y dejar de desgastarte en esto- dijo señalando el lugar.
El asiático se quedo pensando. –Pero Quinn…-.
-Tranquilo, no tienes que responder ahora, piénsalo y me llamas, al cabo ya no me iré- dijo divertida haciendo sonreír al chico.
-Ho… hola, Quinn Fabray ¿cierto?- pregunto una voz suave y cálida a su espalda.
Rachel bajo de los brazos de Finn riendo. Y es que aun cuando pretendía terminar su relación, quería mucho al chico.
-Eres un tonto- le dijo jugando.
-No me importa, además se que te gusta tanto el drama que esto me pareció perfecto- le dijo hundiendo su rostro en el cuello de la morena para dejar delicados besos en este haciéndola reír y por instinto voltear a un lado la cabeza encontrándose con lo que menos esperaba ver en todo el mundo.
Sonriendo, e incluso riendo, portándose de una manera jovial con… Marley, no sabia que rayos hacia. Se separo de Finn acabando con el juego que tenían sobre el escenario.
-Oye Marin- llamo a una compañera que pasaba a su lado.
-Dime Rach-.
-Ella, ¿Quién es ella?, ¿y porque Marley la acosa tanto?- pregunto un tanto molesta lo que no solo sorprendió a Marin y a Finn, también a ella misma.
-Oh, bueno, ella es la famosa Quinn Fabray, una promesa como directora y guionista. Supongo que por eso Marley la a bordo de ese modo- contesto mientras las miraban.
Rachel la repasaba con la mirada, había cambiado tanto y a la vez seguía tan igual, tan hermosa y perfecta. "Quinn".
-Además dicen que le gusta tu sabes… que batea para otro equipo- dijo al fin la pelirroja.
-¿Es- es gay?- pregunto incrédula y la pelirroja asintió.
-O eso es lo que dicen- dramatizo.
Rachel no lo podía creer, y por alguna razón no podía evitar que su estomago se sintiera lleno de emoción por algo que no debía ser.
A veces sentimos que el destino puede ayudarnos, y otras que nos juega una mala pasada.
Rachel guardaba sus cosas después de la maldita clase de baile con Cassandra July, agotada y deseando un baño en la maravillosa tina de su apartamento.
-Berry- llamo su áspera voz a su espalda.
-¿Si profesora?- pregunto con una falsa sonrisa.
-Toma- le dijo entregándole un gran paquete de papeles. –Llévaselos a la maestra Holly Holliday en la facultad de Artes audiovisuales. Ahora- ordeno sin esperar respuesta alejándose de la morena.
"Dios como la odio, maldita perra sarnosa que le pasa, primero su clase es una tortura y luego la perra me manda a recorrer medio maldito campus a entregarle como 3 kilos de basura a una tal Holly Holliday, ¡Quien coños se llama así!". Pensaba frustrada mientras caminaba por los jardines del campus.
15 minutos, 15 minutos de su valiosa vida perdió en encontrar la jodida oficina de la mujer, 15 minutos que hubiera tardado en llegar a su apartamento y comenzar a relajarse, pero claro, 15 minutos que no tuvo para ella, 15 minutos en los que el destino le reservaba algo nuevo.
Llamo a la puerta sin obtener respuesta, sola en ese largo pasillo de mármol blanco, sin poder pedir ayuda a nadie, volvió a llamar y lo mismo, frustrándola obviamente, por estar perdiendo su tiempo, porque estaba cansada y hambrienta.
Enojada y olvidando la cortesía y buenos modales tomo como pudo el picaporte y abrió la oficina sin pedir disculpas tan solo entro.
Estaba de espaldas a la puerta fumando un cigarrillo hecho a mano, algo sencillamente delicioso, mientras escuchaba a Erik Sartre en el piano, acompañada simplemente de su soledad en esa oficina mientras veía por la ventana un raro cielo despejado en Nueva York. Cuando sin previo aviso la puerta se abrió. Sonrio pensando que seria Holly.
Sin embargo al volverse se encontró con algo que no esperaba pero que quizá sin darse cuenta deseaba.
La morena quedo paralizada al verla ahí, se suponía que no la encontraría, se suponía que estaba mas lejos de lo que aparentaba, pero no, ella estaba ahí, frente a ella sonriéndole con su peculiar sonrisa. –Lo… lo siento, v- venia a de-dejar e-esto- tartamudeo señalando los papeles que ocupaban sus manos, sin entender porque se disculpaba.
-Tranquila, no hay problema. Holly no esta pero puedes dejarlos en el escritorio- dijo de una manera sensual que a Rachel le pareció irreal mientras sentía su intensa mirada sobre ella.
Sin saber porque le molesto la manera tan confiada en como llamaba a la que se suponía era su maestra, provocando que su ceño se frunciera, sin ser solo eso lo que le molestara. La rubia seguía sin recordarla, y ella se sentía estúpida al ponerse nerviosa.
-Gracias- dijo con frialdad sin siquiera mirarla, poniendo el condenado montón de papeles en el escritorio.
-Me alegra que estés bien- dijo repentinamente la rubia al verla partir hacia la puerta.
-Si, gracias- contesto con la misma frialdad de antes aun sin mirarla sorprendiendo a la rubia, pues en toda su experiencia con mujeres, y que era mucha ninguna se había podido resistir a ella.
-¿Tienes algún problema?- pregunto con ligera molestia acercándose con cautela a la morena.
-Si, si lo tengo- contesto sin temor la morena volviéndose, enfrentando a la rubia.
Quinn alzo una ceja mirándola inquisitivamente.
-Sabes, yo quería reclamarte, quería abofetearte cuando te viera, quería devolverte un poco de lo que tu me hiciste- comenzó a hablar, con el enojo y la frustración que sentía.
-¿Y que se supone te hice?- pregunto la rubia sin retroceder, al contrario, avanzo hacia la morena.
-¿Qué que me hiciste?, claro, como no lo recuerdas. Para ti es tan fácil, pero para mi no. Tu me robaste mi primer beso- condeno reclamándole con la mirada.
Quinn no lo soporto y dejo en libertad su risa. –Me odias por un beso- se burlo. –No eres la primera a quien le "robo" su primer beso, así que siéntete en libertad de abofetearme, tampoco seria la primera vez que lo hacen- dispuso con frialdad.
-No me importa a cuantas mujeres hayas besado, a mi me lo quitaste a los 12, por un torpe diario y mi torpeza, por pensar que eras mi amiga- dijo con dolor bajando la mirada para contener las lagrimas que sin razón se formaban en sus ojos.
-Entonces que te detiene, descarga un poco de tu dolor, lo mereces y yo igual- le dijo la rubia, sintiendo el mismo dolor que ella atreves de su voz.
-No- se negó con una nueva fuerza recorriendo su cuerpo. –No lo hare porque yo hice llorar a tu hermanita, y eso no es algo fácil de perdonar- sentencio con firmeza.
Quinn quedo sorprendida ante ella, tan diferente a todas las otras mujeres con las que se había topado. Tan ella.
Le sonrio con una ternura peculiar y avanzo hacia ella. –Ella no es mi hermanita, pero gracias- dijo regalándole un beso en la mejilla a la morena que quedo estática plantada en el piso, sintiendo como ardía el beso sobre su piel.
Quinn salió de la oficina dejándola atrás con una sonrisa en el rostro, una sonrisa que hace mucho tiempo no tenia.
