Notas de mi!: Pus nada mas se me olvidó aclarar un detalle que mi siempre atenta y lujuriosa hermanita Juny S. Tao me hizo recordar: Según el fic, ya ha transcurrido un tiempo desde la serie (dos años) y se supone que Shuichi, Suguru y los demás tienen que estar mayorcitos... Pero yo quise mantenerlos como pendejos lindos y violables (excepto Tatsuha, que con sus tiernos 16 se viola lo que se le ponga en frente u.u). Dicho esto, sigamos:
GRACIAS POR LOS REVIEWS!. Me dan el entusiasmo necesario para seguir escribiendo. No puedo responderles individualmente, pero les aseguro que sus comentarios son muy importantes y motivadores.
Declaimer: Gravitation es mío, solo mío, muajajajaja! O.o (los celadores del manicomio persiguen a Nadesiko con una camisa de fuerza).
Advertencias: Que, de plano, es un fic mío... Así que: Yaoi (relación amorosa chico-chico), Mpreg (embarazo masculino), personajes OOC, lemon gráfico, sado-maso leve, muy, muy malas palabras, etc, etc.
Así que si no te gusta ninguna de mis desviaciones, eres sensible, menor de edad o muy religioso, ¡¡corre como alma que lleva el diablo en dirección contraria!.
Parejas: Yuki x Shu, Tat x Ryu, K x Heero, Tohma x Suguru.
Género: Romance - Drama - Humor (¿?)
Raiting: M (por escenas de bishies gozando con otros bishies)
Chapter summary: Solo diré que es el capítulo tan esperado por todos! n.n Sip, me jodieron los ovarios hasta que finalmente tuve que cortar muchas escenas para introducir finalmente la confesión de Shuichi ¬¬ (Ustedes saben quienes son D Un beso niñas hermosas!)
Lemon Yuki x Shuichi, K x Hiro, un poco de Tohma x Suguru.
Número total de páginas: 45 ( recuerdan que mantendría un mínimo de 40 páginas y máximo 55? XD La inspiración se está agotando u.u )
Nota: Capítulo dedicado a Ashley Vulpix porque es principalmente Yuki x Shu!. Gracias por tu apoyo y espero que te guste.
Nota2: Vuelvo a traducir las palabras en inglés a pedido de mi niña bella, Dark-san! n.n Para ti, con amor, mi pésimo doblaje al castellano u.u Prometo hacerte otro lemon KxHiro, espérame un tiempito.
"Mi bello improvisto"
By Nadesiko Takase
Capítulo cuatro:
"Seremos padres"
Al abrir los ojos luego de unos ligeros momentos de sueño, distinguió en la obscuridad la sombría silueta de su acompañante y recordó lo que había sucedido un par de veces antes de que ambos se quedaran dormidos.
Esbozó una sonrisa de satisfacción antes de extender una mano en busca de contacto con el cuerpo de Tatsuha que descansaba pacíficamente de espaldas a él. Su respiración era pausada y apenas notoria; Ryuichi dedujo que estaría profundamente dormido, recobrando energías después del intenso ejercicio.
Antes de percatarse siquiera, situó una mano con suavidad sobre el hombro del chico a modo de fugaz caricia. No hubo reacción, confirmando su conjetura: el mocoso estaba efectivamente, profundamente dormido. Una sonrisa gatuna apareció en su rostro al mismo tiempo que una idea aviesa maduraba en su cabecita.
Efusivamente se aproximó todo lo que pudo a la espalda del chico, pegándose a él, envolviendo con sus piernas la del moreno y con sus brazos su cintura, acomodando la cabeza en el hueco del cuello de éste. Se tensó tratando de reprimir una carcajada de anticipación a la reacción de su acompañante.
- Hum... - apenas se quejó el monje, retorciéndose un poco entre los brazos del hombre, pero sin despertar de su profundo sueño. Rápidamente volvió a quedarse quieto para retomar con facilidad el sueño, luciendo, sin saberlo, demasiado adorable para que el cantante pudiese frenar sus impulsos pedofílicos.
- ¡Tatsu-chaaaaan!. - le canturreó con melosa infantilidad al oído, hundiendo la nariz en el cálido cuello del niño.
Aguardó unos instantes, observando cuidadosamente el adorable perfil del moreno mientras éste descansaba. Tenía una expresión de completa calma y tranquilidad que Ryuichi lograba vislumbrar las pocas veces que veía al mocoso dormir. Si lo contemplaba el tiempo suficiente, hasta parecería estar mirando a otra persona completamente distinta. El Tatsuha que él conocía parecía maduro, confiado, luciendo a menudo una sonrisa depredadora y de autosuficiencia que hasta lograba intimidar en algunas ocasiones.
Pero la persona que miraba fascinado en esos momentos parecía un niño sosegado e inocuo. Un niño que provocaba acariciar tiernamente y cobijarlo en la cama para darle en la frente el beso de las buenas noches.
- ¡Despierta, flojo!. - lo sacudió Sakuma, cambiando la mirada de contemplación por una mas adulta y distante.
Uesugi se removió en sueños unos momentos, balbuceando incomprensibles. El cantante lo soltó y se alejó un poco para observarlo con diversión mientras se retorcía en busca de una posición satisfactoria para continuar durmiendo. Pero el vocalista estaba bastante seguro que si el niño continuaba meneando el trasero desnudo de esa manera contra su entrepierna, dormir sería lo último que le permitiría esa noche.
Finalmente, y ante las continuas sacudidas suaves que le propinaba el hombre con la mano en uno de sus hombros, Tatsuha dio por culminadas sus horas de descanso para averiguar que rayos se le ocurría ahora al bipolar de su pareja.
Exhalando hondamente cambió de posición, poniéndose boca arriba y con un brazo cruzando sobre sus ojos.
- ¿Qué pasa...? - balbuceó con voz ronca y mas despierto que dormido.
- ¿Qué crees?. - preguntó capcioso con hilaridad Ryu antes de acercarse al cuello del chico y comenzar a mordisquearlo juguetonamente. Intercaló besos, mordiscos y lamidas que viajaron desde la mandíbula hasta el fuerte pecho del monje, logrando finalmente arrancar un quedo jadeo.
Una vez obtenida la atención de un Uesugi, era demasiado tarde para echarse atrás.
Tatsuha levantó pesadamente una mano para apoyarla en la estrecha cintura del mayor, sonriendo somnoliente, sus ojos luciendo un ardiente fulgor así como vestigios del sueño interrumpido.
Pero siempre y cuando su sueño fuese interrumpido por un buen motivo, el monje no se quejaba. Es más, se mostraba entusiasta por cooperar.
- ¿Otra vez?. - interrogó luciendo una cansina sonrisa traviesa mientras observaba al cantante moverse sobre él para acomodarse sobre sus caderas.
- Hoy es mi noche. - le recordó, aludiendo a que era el día de la semana que le tocaba a Tatsuha pasar la noche con él y no con alguna de sus otras parejas. - Y quiero sacarte provecho para aguantar hasta la siguiente oportunidad que nos veamos. - el moreno le sonrió sinceramente en respuesta, cosa que al artista le encantó. Se le movió el corazón al vislumbrar algo tan insólito que Tatsuha muy pocas veces le regalaba. Era una sonrisa realmente bella cuando el moreno lo hacía honestamente.
- Estoy enteramente a tus servicios. - replicó luego de un breve silencio, durante el cual se hundió en esos dulces ojos que lo contemplaban.
- Quiero estar arriba.
- ¡Genial!. - la sonrisa del moreno se ensanchó, respirando ondo y llevando ambos brazos bajo la cabeza, muy panchamente.
- Me refiero a que me toca entrarte, amor. - especificó el otro, sonriendo avieso. La sonrisa del chico decreció un tanto, algo reacio a la idea.
- Ya lo hiciste una vez. - señaló.
- Quiero hacerlo de nuevo. - rebatió con suficiencia e imperiosidad. - Así que cállate y abre las piernas.
Tatsuha sonrió con morbosidad, sus ojos reluciendo de lujuria. Esa era la expresión que Sakuma conocía, y ese era el Tatsuha que conocía.
- ¿Sabes que me gustas mucho cuando me das órdenes?. - comentó el moreno, llevando ambas manos a la curva de la cintura del otro hombre para recorrerla lascivamente, el deseo comenzando a desatarse lentamente dentro suyo.
El adulto sonrió y se inclinó para comenzar a besar el pecho del chico. Posó sus labios sobre la piel caliente por las breves horas de sueño, recorriéndola también con dedos ansiosos, sintiendo toda su suavidad y apreciando la manera perfecta con la que envolvía los masculinos músculos del menor.
Se entretuvo con los pezones, mordisqueándolos juguetonamente mientras sus manos ahora acariciaban las caderas y muslos del moreno. El monje sintió un cosquilleo recorrerle, el cual se incrementaba segundo a segundo mientras su pareja lo tocaba de esa manera. Llevó una mano al rostro sonrojado del cantante, acariciando una cálida mejilla con ternura. El hombre lo miró de soslayo con ojos nublados por el deseo, deslizando ahora la húmeda lengua por el vientre del muchacho.
Besó sus caderas con fervorosidad, (N/A: Luego me dicen si acabo de inventar esa palabra), besó las piernas y los muslos internos, acercándose paulatinamente al miembro ya despierto que reclamaba por atención.
El ritmo respiratorio del adolescente se había incrementado rápidamente con las caricias provocativas y la imagen del excitante cuerpecito de su honey sobre él, deslizando sus hinchados labios y la mojada lengua por su pecho, vientre y muslos. Cuando ya no lograba alcanzar el bello rostro del hombre con la mano, optó por aferrarse a las sábanas de la cama en un intento por contener las intensas sensaciones que lo inundaban.
Sintió el cálido aliento del ojiazul cerca de su miembro, provocándole un fuerte escalofrío de anticipación...
Pero el molesto timbre de un celular lo trajo de un estirón a la realidad, para sentir luego como la calidez del cuerpo sobre él lo abandonaba. Tatsuha abrió los ojos nublados y los enfocó en la figura de Sakuma, extendida a través de la cama alcanzando el molesto aparato. Para su irritación, vio como el hombre atendía la llamada.
Tatsuha sabía quién era. Solo había una persona que llamaba a su amorcito en horas como esas y el cantante atendía.
Bastante contrariado, desvió la mirada y la enfocó en el techo, luchando por encerrar todos esos sentimientos negativos y dañinos nuevamente. No le servirían de nada y amenazaban con arruinarlo todo si los dejaba siquiera translucir.
Podía oír a su honey hablar a media voz, dirigiéndole ocasionalmente alguna mirada para registrar los que él hacía mientras tanto. Pese a que estaban a menos de un metro de distancia, el moreno no lograba discernir con claridad lo que decía el cantante. Tampoco tenía mucho interés. Sabía que escuchar la conversación del artista con su cuñado nada más echaría mas combustible al fuego, y él ya estaba por explotar, harto con toda esa situación.
- No puedo dormir, necesito que me hagas compañía. - pidió Seguchi cuando Sakuma preguntó que sucedía. Por el tono de voz del hombre, Ryu pudo adivinar que su estado tenía algo que ver con cierto chicuelo inocentón.
Aunque Tohma no le había hablado de Fujisaki, Ryuichi sabía que pasaba algo entre ellos. No le sorprendía en absoluto: ese afecto inapropiado y casi morboso que el rubio profesaba a su primo tarde o temprano demandaría libertad.
Sakuma conocía desde hace muchos años la extraña fijación del rubio por su pariente. En los inicios de la banda, cuando ésta se iba de gira, Ryuichi lo había descubierto viendo con adoración imágenes de un Fujisaki infante, con esos grandes y translúcidos ojos castaños y esa sonrisa tan sincera. Habían fotos del niño y de la familia de Seguchi regadas por todas las pertenencias del tecladista. En primera instancia esto había sorprendido al cantante, pues no le parecía que Tohma fuese del tipo sentimental.
Pero con el transcurrir de los años y el afianzamiento de su relación las cosas comenzaron a tomar sentido. Y cuando finalmente conoció en persona a un adolescente Suguru, se le hizo difícil hallar en él al niño que había visto en las fotografías de Tohma.
La sonrisa ya no estaba allí.
Antes de responder a la petición formulada por su amigo, Ryuichi miró de soslayo unos instantes al moreno que yacía boca arriba en la cama.
- ¿Dónde está Mika?. - inquirió en un susurro, sintiéndose algo culpable. Oyó a Seguchi reír desdeñosamente.
- No estoy tan desesperado.
- De acuerdo. - accedió luego de un silencio corto. - Mas tarde pasaré por ahí. - dijo, mirando nuevamente en dirección a Tatsuha. El moreno sintió su mirada y volvió el rostro para verlo, regalándole una sonrisa falsa.
- Arigatougosaimasu, Ryu-chan. - agradeció el rubio con suavidad. Hubo un breve silencio, como si estuviese considerando algo. Una idea cruzó la cabeza del rubio y al instante se arrepintió: - ¿De casualidad estás con Tatsuha?.
- No importa ahora, ya te dije que sí. - respondió cortante, bajando aún más la voz. - ¡See ya!. - cortó la comunicación y apagó el aparato. No quería que su amigo se retractara a esas alturas.
Estaba seguro que el niño entendía lo que estaba pasando o al menos tenía una ligera sospecha, y por alguna razón sentía cierta culpa. Pero una gran parte de sí mismo se alegraba de tener la oportunidad de pagarle con la misma moneda.
Cuando se giró con una entusiasta sonrisa para ocupar nuevamente la posición en la que estaba hacía instantes, casi se desalentó al no percibir ningún rastro de irritación, malestar o celos en el rostro moreno. Tatsuha más bien parecía bastante dispuesto y ansioso por retomar lo que habían dejado a la mitad, como si nada hubiera pasado.
-:-
- ¡Tadaima Yukiiiii! n.n - exclamó Shuichi irrumpiendo intempestivamente en el departamento con una sonrisa de oreja a oreja.
¿Por qué tan sonriente?. Pues venía de otra cita con el médico y largas horas de hacer unas cuantas compras furtivas para el bebé. Seguía sin saber si sería niño o niña, pero eso no representaba obstáculo alguno. Como le sucedía a menudo, se le hizo tarde para volver al departamento. Cuando se fijó ya era bien entrada la noche y algunos locales estaban cerrando.
Dejó los zapatos silenciosamente a lado de la puerta, junto con su mochila. Se alivió al ver que el escritor no parecía haber notado su tardanza, pues veía la tele en la sala sin siquiera inmutarse por su llegada. No quería tener que mentirle para ocultarle lo que había estado haciendo...
Pero por otro lado, le hubiera gustado que Eiri diera señales de estar prestando atención a las cosas que hacía, que preguntara dónde había estado, qué había estado haciendo...
- ¿Cómo estuvo tu día, Yuki?. - preguntó animosamente, dejándose caer a lado del rubio en el sofá.
- Bien. - replicó con voz ronca el hombre, sin apartar los ojos del televisor. - ¿Y el tuyo?.
Shuichi subió los pies al sofá, acurrucándose a lado del hombre. Iba a responder, pero entonces reparó en el cenicero casi repleto de colillas de cigarrillo sobre la mesa ratona, frente a ellos. ¡Debían haber mínimo diez!.
Miró sorprendido y preocupado al novelista, preguntándose si aquella era señal de que estaba metido en lío con su novio nuevamente.
- Ano... Yuki, ¿pasa algo?. - inquirió con algo de nerviosismo.
- No, baka. ¿Por qué preguntas?. ¿Hiciste algo?. - contestó su koi, mirándole por primera vez desde que llegó.
Shu se alivió al constatar que no lucía molesto o irritado, aunque sí algo tenso. Lo notaba en la línea de la mandíbula; Yuki solía apretar los dientes cuando experimentaba alguna emoción intensa que trataba de repeler.
Todo tuvo sentido cuando sus ojos se encontraron con el celular de su novio en el sofá, a lado del mismo. Yuki nunca tenía su celular cerca cuando estaba en el departamento al menos que esperar una llamada importante. El pesado abrigo de su koi descansaba en el respaldo del sofá, como si Yuki hubiera llegado recientemente de algún lugar... O...
El cantante sumó 1 + 1 y sonrió feliz al adivinar que el frío escritor había estado preocupado por su inusual tardanza y estaba dispuesto a salir a buscarlo.
- ¡Owwwwww!. - chilló sonoramente con lagrimitas de felicidad en los ojos. Eiri se sobresaltó y le dirigió una mirada de: "¿Y ahora que diablos te sucede, mocoso?" - ¡Yukiiii! ¡Eres tan tierno!. Estabas preocupado por mí, ¿verdad?. ¡Solo tenías que llamarme al celular y yo vendría corriendo a tus brazos, mi amor!. - Al parecer al muy baka olvidó que con toda esa tardanza, el celular había quedado sin baterías.
El rubio se tensó visiblemente mientras su expresión cambiaba a una tan rígida que hubiera perturbado al cantante de no ser porque estaba SEGURO que su suposición estaba en lo cierto.
- ¿Podrías cerrar la boca si solo vas a hablar tonterías?. - espetó el hombre, comenzando a inquietarse. Shuichi saltó sobre él para abrazarlo efusivamente y bañar su rostro con besos rápidos y cortos.
- ¡Te quiero, te quiero, te quiero...!
Eiri rechinó los dientes y contuvo la respiración, abriendo y cerrando los puños en un intento por contener el enojo.
- ¡Tequiero tequiero tequiero tequiero tequiero...!
- ¡Urasai!. - rugió quitándose al niño de encima con delicadeza y poniéndose de pie. - Te comportas o duermes en el sofá, ¿comprendes?. - le advirtió con suavidad y determinación. Dicho esto salió de la sala con dirección al cuarto a pasos rápidos, tratando de huir de las efusivas expresiones de cariño del enano.
Shuichi sonrió y lo siguió con pasos silenciosos hasta acorralarlo en la habitación. Yuki había comenzado a desvestirse para meterse a la cama, empezando con los botones de la camisa que llevaba.
- Voy a dormir, así que si quieres quedarte aquí, no molestes. - gruñó de manera incomprensible.
El rubio lucía hermoso cuando estaba molesto, y por alguna razón, el cantante no se sentía intimidado ni temeroso. Noooo, todo lo contrario. Comenzaba a sentir un intenso calor bañar su piel y la excitación hacer acto de presencia al contemplar a Eiri desvestirse con el ceño fruncido y los labios apretados. Vio como en su camino al baño, la camisa salía volando para luego seguirle los pantalones y finalmente la ropa interior.
Cuando vio al novelista cerrar la puerta, por la cabecita rosada del cantante cruzó una idea MUY divertida y muy cachonda, tal cual estaba él en esos momentos.
Minutos después, luego de una relajante ducha, Uesugi se dirigía a la habitación con una toalla atada a la cintura y con otra secándose los rubios cabellos. Pero su plan de tirarse a la cama a dormir palideció ante la interesante visual que lo aguardaba en la cama: Shuichi completamente desnudo y esperándolo.
Eiri sintió ganas de sonreír, pero la sola idea de su pelirrosa tan dispuesto y tan a su alcance borró rápidamente ese impulso remplazándolo por una veloz excitación que sería la envidia cualquier eyaculador precoz.
Y si, lo admitía sin vergüenza. La imagen de su hermoso niño así de entregado y con ganas por poco lo hacía correrse ahí mismo, como virgen inexperto.
- ¿Qué tramas, mocoso?. - inquirió con recelo, mirándolo con los ojos entrecerrados. Tomar la iniciativa era algo raro en Shu, y mucho más hacerlo de esa manera tan descarada y directa.
El niño nada más respondió acervando la tímida sonrisa, sus mejillas tomando un bonito color rosa conformando un irresistible cuadro que mezclaba sensualidad e inocencia. Yuki gimió por lo bajo ante tal espectáculo, encontrándose de pronto con que se hallaba tan excitado que dolía. La sonrisa de Shuichi se pronunció aún más al oír la evidencia del deseo del rubio, mordiéndose los labios con erotismo y extendiéndole los brazos invitantes.
Eiri no necesitaba más convite. Soltó la toalla que traía en las manos y subió a la cama, acogiendo posesivamente en sus brazos el tierno cuerpo tibio y desnudo de su niño. Ambos gimieron ante el íntimo contacto de sus pieles febriles, sintiendo cada centímetro de extensión de la misma.
Se acariciaron y besaron por un buen rato, frotándose sensualmente a medida que el deseo crecía casi vertiginosamente. Los gemidos, al inicio leves murmullos y jadeos, fueron acrecentándose hasta que se oyeron claros y extasiados.
La presión que ejercía el cuerpo caliente de Eiri sobre él era enloquecedora. Lo hacía sentir protegido, amado y seguro. Tantas veces durante esas semanas había necesitado sentir el calor de su novio de esa manera tan reafirmante y en ese momento se sentía simplemente maravilloso.
Yuki dejó caer sobre la tersa piel del cantante una lluvia placentera de besos lentos y cariñosos que se originó en su frente y recorrió el rostro, el cuello, los hombros y el pecho para culminar en el vientre ya algo abultado.
En esos momentos el cantante no pensaba con claridad. Tan solo se entregaba a las sensaciones y emociones que le provocaba tener a su novio a su lado de esa manera tan cariñosa e íntima. Asumió que Yuki seguiría pensando que había subido de peso y no tocaría el tema de su vientre hinchado para no arruinar el momento. Además, el médico no le había hecho ninguna advertencia en contra de mantener su vida sexual de la misma manera que lo había hecho hasta el momento.
Los sentidos del pelirrosa estaban sensibles por las hormonas y por lo tanto sentía con mucha mayor intensidad las caricias que le proporcionaba su amante. Enloquecería de placer y alegría, emitiendo gemidos cada vez mas altos y claros, estremeciéndose mientras era bañado por una ola de excitación que lo sacudía hasta la raíz de los cabellos.
El novelista hundió la lengua en el ombligo del vocalista, haciendo que éste llevara las manos a su cabeza y enredara los delgados dedos en los finos cabellos dorados, revolviéndolos inquietamente. Eiri adoraba jugar en su vientre y Shu no pudo evitar preguntarse si se mostraría tan fanático de esta área cuando se enterara que estaba embarazado.
Shindou emitió un jadeo cuando finalmente sintió los húmedos labios de su amante viajar por sus muslos, recorriendo la parte interna de éstos para alcanzar finalmente su miembro semi erecto y llevarlo a la boca sin preámbulos.
- ¡Ah, Yuki!. - gimió sonoramente el cantante, sobresaltándose al sentir algo tan placentero cerrarse alrededor de su miembro sensible y enrojecido.
El novelista continuó haciendo uso de sus habilidades orales xD a la par que acariciaba la cadera del pelirrosa con una mano y la otra viajaba entre sus piernas, detrás de los testículos con un objetivo específico.
- Ohhh... - suspiró pesadamente, cerrando los ojos cuando el escritor succionó con fuerza. - Yukiiiii... ¡se siente increíble!. Ahmm, no pares... - imploró, retorciéndose.
Uesugi separó aún mas las largas piernas de su niño para tener mayor acceso. Al ver la hinchada entrada de Shuichi, Yuki sintió una fuerte corriente caliente que lo sacudió, demandando que lo tomara en ese preciso momento y sin mas preámbulos.
Shuichi alzó un poco la cabeza para mirar confundido al rubio que había interrumpido una genial demostración de sexo oral para comenzar a estrujar sus muslos y trasero.
- ¿Yuki?. - preguntó con una tierna vocecita. Eiri tuvo que hacer acoplo de toda su voluntad para no enterrar su miembro en el cantante en ese preciso instante. - ¿Sucede algo?. ¿Por qué te detuviste?.
Su pareja lo miró a los ojos y lo besó conciliatoriamente en los labios una vez que recuperó la compostura. Eiri sentía su propio miembro tan duro y preparado que el constante roce contra la toalla era muy doloroso.
Decretando que no soportaría mucho tiempo de esa dulce tortura, volvió a masturbar el miembro ansioso de Shu con la lengua a la par que comenzaba a dilatar la angosta cavidad del niño. Se sorprendió al hallarla mas apretada de lo habitual, de seguro por la escasez de penetraciones en los últimos tiempos.
- Yuki... - gimió aprehensivo, arqueando la espalda gatunamente para buscar mayor contacto con esa maravillosa boca que lo acogía. - Por favor... ¡Ah!.
- ¿Uhm?.
- Penétrame, onegai. - gimoteó, retorciéndose indefensamente bajo el fornido cuerpo del hombre.
Eso ya fue demasiado.
Sin hacerse desear más, y bastante deseoso por complacer al niño, Uesugi dejó el miembro erguido y mojado de éste para subir hasta su rostro y besarlo apasionadamente. Trató de acomodarse sobre la figura del cantante, pero no quería aplastarlo incómodamente con su peso. Entonces apoyó las manos a los costados del torso del pelirrosa mientras depositaba beso tras beso sobre el amado rostro y separaba delicadamente las piernas del chico con la rodilla.
Shuichi emitió un prolongado gemido al sentir el miembro erguido del rubio rozar contra el propio, produciéndole escalofríos. Llevó ambas manos al rostro de su novio para acercarlo al suyo con impetuosidad y besarlo efusivamente, penetrando en su boca para deleitarse al poseerla.
El momento fue aprovechado por el rubio, que tomó su goteante miembro en una mano mientras que con la otra acariciaba la cadera del artista. Situó la cabeza de su virilidad en la anhelante cavidad de Shuichi para luego hacer presión y abrirse paso dentro de él, liberando un profundo y largo gemido de intenso placer.
El pelirrosa emitió un suave lloriqueo y cerró los ojos con fuerza al sentir la longitud de su pareja invadirlo, abriéndose paso entre su carne para clavarse en él. Su propio miembro estaba atrapado entre su vientre y el de Eiri, palpitando por atención.
- Mm... ¡Yuki!. - chilló con incomodidad, removiéndose bajo el peso del rubio en busca de una posición en que el miembro empalado de su koi no fuese tan doloroso.
- Shhh... - besó sus párpados con infinita ternura en un intento por sosegarlo.
Uesugi luchó contra el deseo de arremeter contra él para poseerlo en ese instante pese a su dolor. Inhaló profundamente tratado de contenerse y comenzó a besarlo nuevamente en las mejillas; besos húmedos y afectuosos que hacían sentir al cantante realmente satisfecho y amado. Una mano acariciaba el contorno de la silueta del niño, empezando en el muslo para subir hasta el torso y bajar nuevamente reiteradas veces, tranquilizándolo.
Progresivamente el cantante sintió disminuir el punzante dolor del órgano de Yuki enterrado en él. Exhaló aire con calma, distendiendo su cuerpo para comenzar a disfrutar del contacto de la piel de su novelista pegada a la suya y de las caricias del mismo.
A sentir el cuerpo bajo el suyo relajarse, el adulto se retiró cuidadosamente de esa estrecha cavidad, deslizándose con algo de dificultad por la escasa preparación. Volvió penetrarla nuevamente con cuidado, captando una suave exhalación emitida por Shu cuando alcanzó el tope del niño.
Repitió el proceso varias veces incrementando la profundidad y velocidad. Con cada movimiento de vaivén de sus poderosas caderas sentía el interior del cantante dilatarse para ajustarse a su longitud y acogerlo a la perfección.
Pronto Shindou se halló expresando su gozo a viva voz con gemidos agudos y cortos, contrarios a los de Yuki que eran prolongados y roncos. Su miembro era masturbado por el vaivén de sus vientres al mismo ritmo de las embestidas del rubio, incrementando el placer del mas joven. Sus manos recorrieron hambrientamente la figura imponente del escritor, memorizando cada músculo, flexión y hendidura en ese vals que ejecutaban. Finalmente las posó sobre las caderas de Yuki, apoyando las embestidas tan deliciosas que éste daba con bríos contra su postrado cuerpo.
Los embates se hicieron cada vez más profundos y violentos anunciando el punto de culminación. Shuichi fue el primero en terminar, soltando un largo gemido agudo seguido de unos tiernos gimoteos.
- Oh, Shu... - murmuró extasiado el rubio con una expresión de intenso placer. El chico lo observó maravillado con la belleza que su novio desplegaba en esos momentos: los ojos cerrados con fuerza y sus labios entreabiertos e hinchados emitiendo fuertes jadeos. Su fuerte pecho sobre él permitiéndole apreciar la perfección de sus formas, su figura bañada por el brillo del sudor, el erótico y continuo movimiento de vaivén dentro y fuera de su cuerpo... - Oh, Shuichi... Te sientes tan perfecto.
Shu respondió complacido con una vocalización de excitación en respuesta, incrementando la intensidad del agarre sobre las caderas de su novio, sintiendo que pronto llegaría el momento.
Shuichi fue el primero en terminar, soltando un largo gemido agudo seguido de unos tiernos gimoteos. Su cuerpo se relajó dejándose llevar por la ola de cansancio que lo invadía, pero los embates de Yuki continuaron por unos momentos más hasta que finalmente sintió la anatomía del hombre tensarse. El novelista profirió un ronco gemido que a Shu le pareció lo más perfecto que hubiese escuchado antes de correrse abundante y violentamente dentro del cuerpo receptor.
- Eres mío, Shuichi... - gruñó mientras liberaba toda su semilla dentro del niño. Al sentir el semen del rubio dispararse tan intensamente en sus entrañas, Shuichi emitió un leve quejido, arqueando la espalda. Una sensación intensamente erótica y primitiva acudiendo a él al saberse propiedad de ese hermoso hombre.
- Ah... Yuki... - murmuró cansinamente, besando los párpados de su amante con adoración infantil. Eiri le dedicó una semi sonrisa agotada antes de acurrucarse unos instantes sobre el pecho del chico para recuperar el aliento. - Eso estuvo genial. - confesó divertido Shuichi una vez que recuperó el aire. Acarició a Yuki unos instantes antes que éste se deslizara fuera de su mojada cavidad para acomodarse a su lado, boca abajo, observándolo con detenimiento.
- Me alegro que hayas disfrutado... - murmuró extendiendo una mano para apartar un mechón de cabellos rosas del rostro agotado del niño. Shuichi le sonrió complacido antes de acurrucarse a lado de Yuki para intercambiar miradas contemplativas un buen rato mientras recobraban el aliento.
Finalmente, luego de un largo silencio Eiri se incorporó en la cama bajo la curiosa mirada del niño que lo seguía cuidadosamente.
- ¡Yuki!. - chilló indignado al ver al hombre estirarse hacia la mesita y tomar un cigarrillo para luego encenderlo. El mencionado siquiera se tomó la molestia de mirarlo, dando una profunda calada al cigarrillo.
- ¿Qué?. - preguntó con naturalidad.
Shuichi recordó entonces que el hombre aún no sabía del embarazo, así que su enojo e indignación contra él no tenían fundamentos.
Pero tampoco podía dejarlo fumar cerca del bebé.
- ¿Podrías apagar eso?. - requirió con suavidad, estirándose hasta el cuerpo del rubio para abrazarse a su cintura y mirarlo con ojitos suplicantes, implorando en silencio que su novio no lo resintiera.
El adulto lo miró unos instantes como si a Shuichi le hubieran crecido otra cabeza.
- No. - replicó terminante, dando otra calada para luego liberar el humo con parsimonia.
- ¡Yukiiiiiiiii!. - chilló nuevamente el chico, su indignación creciendo rápidamente al percatarse de la reticencia del rubio y de su propia incapacidad por explicar su pedido.
- ¿Qué diablos tienes, mocoso?. - soltó con sequedad, comenzando a irritarse. Shuichi lo miró unos instantes frunciendo el ceño mientras agitaba una mano frente al rostro para disipar el humo.
- ¡Apágalo!. - demandó nuevamente, pero esta vez con firmeza y convicción poco comunes en él. El rubio lo observó en silencio largo rato, escrutándolo con la mirada dorada y fumándose el cigarrillo, casi retándolo a que lo hablara nuevamente en ese tono. - ¡Vamos, Yukiii!. - insistió suavizando la voz y comenzando a rebotar en la cama de arriba abajo mientras ponía ojitos de cachorro. - No te pido muchas cosas... Haz esto por mí sin hacer preguntas. - imploró, mirándolo con seriedad. - Onegaishimasu.
El hombre, entre sorprendido y conmovido, lo siguió observando con ojos curiosos hasta que al final se decidió a moverse con pereza hasta alcanzar el cenicero en la mesita de cabecera y apagar el mentado cigarrillo.
Su pelirrosa aplaudió satisfecho y se lanzó sobre él para besarlo en los labios, desconcertándolo un tanto debido a tanta efusividad por un gesto tan pequeño de su parte.
Era cierto: no era muy seguido que hacía lo que Shuichi le pedía. Como terco que era e independiente que había aprendido a ser, creía que su método y sus costumbres eran lo mas apropiado para él.
No lo mejor. Solo lo mas apropiado.
Eiri hizo a un lado a su pegajoso amante con gesto enfurruñado y se acomodó bajo las sábanas para dar por finalizada la actividad nocturna.
- Ahora duérmete y no molestes, baka. - rezongó Uesugi antes de cerrar los ojos e ignorar la alegre sonrisa en el rostro del chico que lo miraba encantado, como si él fuese la cosa más maravillosa del Universo.
- Hai. - Shuichi se acurrucó a lado del hombre luego de una breve lucha contra el mismo para ganarse el privilegio de descansar sobre su pecho. Cuando finalmente el novelista se cansó de hacerlo a un lado, el cantante cerró los ojos satisfecho y trató de dormirse.
Transcurrió un buen rato, así como numerosos cambios de posición en busca del sueño, que no llegaba. Shuichi entendió que luego de esa agitada sesión de amor entre sus padres, lo último que el bebé quería era dormirse. Si seguía retorciéndose de esa manera en la cama podía despertar a Eiri en cualquier momento y corría el riesgo de que lo corriera TuT
¡Rayos!.
Shindou se posicionó boca arriba, con la vista fija en el techo y un brazo cruzado sobre su frente y una mano sobre su vientre, tratando de permanecer quieto por tres minutos seguidos.
No tuvo éxito.
Y lo peor era que ahora tenía hambre. Y no un hambre cualquiera, no señor. El bebé estaba decidido a hacérsela difícil originando un antojo que no podía definir muy bien de qué se trataba, pero sabía que era algo delicioso y muy específico.
Dirigió una mirada a Eiri, constatando por su respiración pausada que ya estaba dormido. El cantante suspiró silenciosamente y volvió la vista al techo oscuro, tratando de ignorar el inoportuno antojo del bebé.
"Una ovejita... Dos ovejitas..."
Y pasaron los minutos...
" Tres mil cuatrocientas setenta y nueve ovejitas... tres mil cuatrocientas ochenta ovejitas..."
Oh, diablos. Las ovejitas de mierda no servían. ¿Y si contaba Kumagoros?. Nah. Conejos rosas no parecían ser mucho más relajantes que ovejitas blancas y lanudas.
¿Entonces?.
En última instancia se resignó a prestar atención al pedido del bebé. Todo fuera por poder dormir tranquilo. Kami sabía que necesitaba el descanso u.u No había estado durmiendo ni siquiera las mínimas ocho horas, ni que decir de tooooodas las siestecitas que se le antojaban como embarazado y no podía darse el gusto
El cantante hizo a un lado las sábanas y se levantó completamente desnudo de la cama, con suavidad y sumo cuidado para no despertar a Yuki. Posó un rápido beso sobre esos hermosos labios entreabiertos para ver al rubio balbucear algo inteligible y cambiar de posición para seguir durmiendo. Entonces fue silenciosamente a la cocina en busca de algo que tranquilizara al niño o niña lo suficiente como para que lo dejara dormir en paz lo poco que restaba de la noche.
Caminó con sigilo y seguridad por la cocina a oscuras y abrió la heladera para fijarse en su contenido, tratando de hallar algo que se le hiciera apetecible al bebé. Posando una mano sobre su vientre desnudo, observó los alimentos durante un buen rato hasta que finalmente su antojo comenzó a tomar forma y hacerse mas claro: quería helado.
A pesar del frío de la época y la nieve que perduraba por los alrededores, se le hacía apetecible un helado bien frío y dulce. Y no cualquier helado -decidió- Quería uno de esos helados que venían en palito y con sabor a kiwi. Odiaba el kiwi, pero en esos momentos sentía que sería capaz de hacer lo que fuera con tal de tener en sus manos ese bendito helado. No podía explicarlo con palabras, solo sabía que lo necesitaba. ¡Y ya!.
Se mordió el labio inferior calibrando sus opciones y posibilidades: Salir en medio de la fría madrugada y enfrentarse a las bajas temperaturas, a la falta de sueño y al riesgo de ser asaltado o peor para buscar un local abierto a esas horas que vendiera algo muy específico; un helado en palito con sabor a kiwi.
No quería crema helada, o torta helada, o helado en boul. Quería los que venían en palito. Y tenía que ser de kiwi o de lo contrario se volvería loco.
Comenzó a tamborilear los dedos ansiosamente en la puerta de la heladera mientras continuaba mordiéndose el labio inferior.
O...
Podía llamar Hiroshi, su buen amigo y padrino de la criatura. Bueno, al menos lo nombraría como tal ¡si le hacía el favor de levantarse a las dos de la madrugada y traerle el condenado helado que lo estaba volviendo loco!.
Shuichi exhaló aire pesadamente, acariciando su vientre.
- Las cosas que se te ocurren... - murmuró para su bebé, acariciando su vientre algo abultado y cerrando el refrigerador con derrota.
- ¿Qué cosa quieres ahora?. - interrogó una voz rasposa que le hizo pegar un brinco. Al girarse se encontró con su koi que lo observaba con seriedad y ojos manchados por el sueño reciente.
- Muero por un helado. - soltó quejoso, observando cuidadosamente la cocina en busca de un posible reemplazo.
- ¿Qué pasó con el que había en el congelador?.
- Ya me lo tomé. - susurró, bajando la cabeza algo avergonzado por su glotonería.
- ¡Lo compré ayer!. ¡Dos kilos!. - exclamó asombrado e incrédulo, acercándose al congelador para constatarlo por sí mismo.
- ¡Ya lo sé!. No tienes que gritar... - lloriqueó el niño con cascaditas en los ojos. Eiri lo miró con el ceño fruncido y algo irritado al recordar que los problemas no habían desaparecido mágicamente pese a lo maravillosas que habían sido las últimas horas. - Es que muero por un helado de kiwi ToT
- ¡Baka!. Deja de inventar tonterías y vuelve a la cama. - represó antes de dejarlo solo en el cuarto para seguir su propio consejo y volver a la cama.
El niño hizo un gran puchero antes de tomar una decisión y seguir al adulto al cuarto con resolución. Mientras el rubio volvía a la cama y se cubría con las sábanas, Shuichi comenzó a recoger su ropa y a vestirse con presteza. No tardó mucho en llamar la atención de Eiri, que se incorporó para mirlo con confusión e impaciencia.
- ¿Qué diablos crees que haces, enano?. - interrogó con brusquedad. Shu lo miró con animosidad mientras se terminaba vestir los pantalones para luego ponerse presuroso una bufanda.
- Iré a comprar helado. - declaró con toda naturalidad, sonriendo. Sacó del closet un pesado abrigo de invierno bajo la severa mirada dorada. El rostro del novelista permanecía pétreo en un intento por esconder sus deseos de saltar sobre el mocoso y desmembrarlo en el acto.
- Está helando afuera, no seas tonto. - señaló con severidad.
- Realmente quiero helado de kiwi n.n - repicó con suficiencia, como si eso fuese razón mas que suficiente para salir de madrugada a la nieve a buscar alguna tienda abierta que vendiera el maldito helado de kiwi.
El hombre se llevó la mano al cabello con desesperación, su respiración agitándose rápidamente a medida que su enojo crecía.
- ¿Y pretendes salir de madrugada y con la nieve a tomar un bus o el subterráneo para comprar un maldito helado?. - la pregunta mas bien sonaba como una recriminación, pero el genki cantante no lo tomó en cuenta.
- Hai. Vuelvo enseguida. - le dedicó una sonrisa algo cansada antes de salir de la habitación en busca de su mochila.
El novelista bufó con incredulidad antes de acostarse nuevamente y cubrirse hasta las orejas, tratando de acallar su enojo y frustración... Y su consciencia. Si el enano del demonio quería correr el riesgo de contraer pulmonía, ser asaltado o hasta perderse, era problemas suyo. Por su parte, él quería quedarse y seguir descansando en la calidez y confort que le ofrecía su costoso colchón, en su costoso departamento, en su costoso vecindario.
No fue hasta que oyó la puerta del departamento cerrarse que soltó una maldición, poniéndose de pie de un salto y saliendo intempestivamente de la habitación. Abrió la puerta del departamento para alcanzar a Shuichi en el pasillo sin llevar nada más que las sábanas de la cama alrededor de su cintura.
- Muy bien, mocoso. - dijo con resolución, acribillando al chico con la mirada dorada. - Yo compraré tu maldito helado. Pero más vale que estés desnudo cuando vuelva. ¿Me oíste?. - siseó con determinación.
+ Plic, plic +
La expresión en el rostro del cantante era de asombro perplejo, como si el rubio lo hubiera hablado en otro idioma.
- Trato. - acordó finalmente al dedicarle a su novio una gran sonrisa de agradecimiento.- Y asegúrate que sea en palito y de kiwi. - aclaró. - No de crema, sino a base de agua n.n
- Mas vale que prepares el culo para cuando regrese porque te voy a dar hasta que grites. - refunfuñaba el hombre, regresando al departamento para vestirse.
Shindou lo siguió dando saltitos de alegría, feliz de que su plan haya funcionado. Parecía que el embarazo sacaba su lado ingenioso.
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El menor de los Uesugi abrió los ojos con presteza al oír la alarma del reloj despertador. La luz del sol se filtraba fuerte y luminosa a través de la ventana para darle los buenos días, permitiéndole ver el cuerpo que reposaba serenamente a su lado. Exhaló con cansancio antes de lanzar una última mirada a la figura de su acompañante para luego estirarse hacia la mesa de cabecera en busca de su celular para realizar una llamada. El aparato repicó varias veces, aumentando la irritación matutina del adolescente, moviendo pensamientos amargos.
"Seguramente el muy desgraciado quedó agotado luego de la noche que se habrá mandado".
- Moshi moshi. - contestó finalmente la voz adormilada del vocalista de Nittle Grasper. Tatsuha apretó los labios para contener la imperiosa necesidad de soltarle unos improperios, luchando contra sus celos y resentimientos.
- Tienes que ir al trabajo.- dijo finalmente con su típico tono despreocupado y ligero. - ¿Qué haces dormido aún?. - inquirió con casualidad.
- Humm... - la voz desganada del cantante fue precedida por un bostezo para luego añadir con mayor energía: - ¡Kumagoro malo!. Olvidó despertarme.
- Mm... Pasaré por ti esta tarde para ir a cenar. Hasta entonces.
Ryuichi quiso añadir algo más, pero la comunicación había sido cortada. Frunció un tanto el ceño con confusión. Si no conociera al mocoso tan bien, juraría que estaba molesto por alguna razón.
¡Pero nah!. Tatsuha solo se enfadaba cuando él se negaba a tener relaciones. Bueno, no se negaba en serio, solo lo hacía para sacar de quicio al niño y obligarlo a adoptar ese comportamiento brusco que tanto le gustaba. Y según le contaba en ocaciones Shuichi y algún comentario desprevenido que Tohma dejó escapar en una ocasión, Sakuma podía concluir que ese era un rasgo característico en los Uesugi.
Se frotó los ojos y miró a un lado de la cama. Tohma ya se había levantado y a juzgar por el sonido de la regadera del baño, estaba tomando una ducha.
Sonrió ante el prospecto.
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Tatsuha terminó de vestirse en silencio para no despertar a su pareja de la noche anterior. No iría al colegio hoy, no se encontraba de humor. Solo saldría a tomar un poco de aire y a comprar algo para desayunar. Con suerte su acompañante se habría ido para cuando regresara.
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Shuichi fue gratamente sorprendido por el novelista con un delicioso y nutritivo desayuno en la cama. Pese al cansancio por la falta de descanso acumulado y el ligero dolor punzante en la sien y espalda baja, no escatimó en demostraciones de alegría por la atención de su koi:
- ¡Waaaa!. ¡Yuki, eres tan kawaii! n.n - chilló, más encantado con el amoroso gesto del rubio que con el desayuno en sí, comenzando a retorcerse de felicidad sentado en la cama.
El adulto sonrió disimuladamente mientras le ponía la bandeja de comida en el regazo; sus ojos reluciendo al ver al chicuelo tan feliz por un gesto tan pequeño.
- Cómetelo todo. - le dijo, acariciando fugazmente una de las pálidas mejillas antes de sentarse a un lado del niño. Shuichi asintió feliz, más que dispuesto a complacer al maravilloso hombre que tenía por pareja.
Olvidó por completo las náuseas matinales que había tenido los últimos días y comenzó a devorar todo lo que había en la bandeja bajo la atenta mirada del escritor, quién se dio por satisfecho. El omelette con jamón y queso, así como las tostadas y el jugo fueron historia en pocos minutos. Eiri sabía que el baka no se resistía a un desayuno al mejor estilo americano.
Notaba que Shu había subido un poco de peso en los últimos días y de seguro esa era la razón por la que había estado comiendo de esa manera tan irregular. Un momento no ingería ningún alimento y al siguiente se atestaba de comida. Había investigado sobre las dietas radicales y los trastornos alimenticios para percatarse que el cantante presentaba algunos de los síntomas, como la palidez, las ojeras, los cambios de humor, la debilidad, los dolores de cabeza...
Como enfrentarlo no sirvió de nada y además no estaba del todo convencido de que ese era el mal que aquejaba a su niño, decidió vigilar de cerca su alimentación. Vería que no se saltara ninguna de las comidas y que se alimentara sana y regularmente. Además, solo compraría alimentos nutritivos desde ahora; terminaron los pockys, las tortas, los pies, las tartas, los flanes, los caramelos, las frituras... ¡En fin!. Toda esa porquería que el baka solía engullir.
Claro, los kilitos extra de su Shuichi no afectaban en nada la atracción que sentía por él. De hecho, Eiri había descubierto -muy para su regocijo- que su mocoso utilizó esos kilos que había subido para rellenar todos los lugares adecuados, dándole a él más para estrujar a gusto (N/A: Pervertido ¬¬) (N/Y: El burro hablando de orejas... ¬¬)
Shindou terminó de tragarse el delicioso desayuno bajo la satisfecha mirada del rubio, olvidando por completo las náuseas matutinas hasta que éstas aparecieron sorpresivamente, obligándolo a inclinarse sobre el retrete un buen rato. Afortunadamente Yuki ya se había encerrado en su oficina luego de retirar la bandeja, permitiéndole tener la tranquilidad que requería al devolver hasta el estómago.
Estaba seguro, luego de un buen rato saludando al retrete, que sería capaz de vomitar hasta los intestinos. Pero se había puesto tan feliz con la atención que le había dado su hermoso novio que se olvidó por completo de los malestares del embarazo.
Salió del baño casi a rastras. Se sentía sumamente débil y agotado luego del esfuerzo realizado. Se dejó caer en la cama un buen rato para recobrar el aire, seguro de que pronto se sentiría bien, como siempre, y podría ir al trabajo.
Y no se equivocó. Recobró el aliento, se vistió aprisa y salió disparado del departamento, gritando al novelista una despedida desde la puerta. No quería que lo viera en ese momento, pues su apariencia delataba su delicado estado: las profundas ojeras, la piel pálida y opaca, así como la respiración agitada. Yuki podía ser frío e indiferente, pero estaba seguro de que no era idiota... Bueno, bueno. Confundía su embarazo con un trastorno alimenticio... Pero eso era porque su Yuki no sabía que era fértil, nunca lo habían conversado.
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Suguru entró corriendo a las instalaciones de N.C Records, furioso consigo mismo por el pequeño atrazo que había sufrido. Cinco minutos no eran nada comparados con la hora y media, a veces hasta dos de retraso de Shindou Shuichi. Pero para él que era tan impecable y cumplidor era motivo suficiente para patearse el resto de la semana.
Aunque la culpa no había sido suya... Sino de su primo. No había manera de convencerlo de que lo dejara en paz en el trabajo. Y cuando Suguru se hallaba solo en su departamento, era invadido por un sin fin de pensamientos e imágenes referentes a su hermoso pariente, siendo las noches mucho peores. Muy para su desagrado e indignación debía levantarse en medio de la madrugada para ir al baño a asearse y cambiarse de ropa. Algunas noches debía repetir el proceso mas de una vez °/°
Que vergüenza.
Toda esa situación lo tenía neurótico. No lograba dormir con tranquilidad pues siempre soñaba con el perfecto cuerpo desnudo de Tohma poseyendo el suyo, como esa primera vez. No podía comer porque estaba idiotizado pensando en su incitador primo, y tampoco podía trabajar porque el maldito cabrón insistía en acorralarlo en los momentos y lugares mas inhóspitos.
Su orgullo estaba herido por el trato tan bajo que le deba su jefe, reduciéndolo a su entretenimiento del mes. Y también estaba indignado... Pero más indignado estaba consigo mismo al desear secretamente que Seguchi lo sorprendiera a la vuelta de una esquina o en un pasillo solitario.
Se había resignado a reprimir los inapropiados sentimientos hacia el empresario, pero el hecho de que éste había decido hacer de su meta personal llevárselo a la cama de nuevo, no ayudaba PARA NADA. Todo el autocontrol de acero, la disciplina constante y la resolución que había construido a lo largo de los años eran apenas suficientes para protegerlo ahora que el rubio lo asechaba de esa manera tan depredadora.
No iba a negarlo: disfrutó como loco los encuentros sexuales compartidos con Tohma. Fue la persona más feliz sobre la faz de la Tierra cuando ese maravilloso hombre tenía toda su atención centrada en él, cuando lo envolvía entre sus brazos, cuando lo llamaba por ese sobrenombre afectuoso de la infancia. No hubo un solo momento compartido con el rubio en el que no hubiese disfrutado de una magnífica, esplendorosa y perfecta felicidad. Cuando lo tuvo dentro de él, cuando lo besaba, cuando lo acariciaba con suavidad, cuando le decía palabras tiernas para calmarlo... Todo había sido perfecto.
Pero debía terminar. El incesto era algo que sencillamente, no iba en su austera vida.
Corrió por los pasillos con mirada atenta en caso de que se encontrara con el dueño de la empresa. Eso no sería bueno, sobre todo en plena hora de trabajo, ya que Seguchi podría intentar hacer algo para apenarlo enfrente de los demás trabajadores.
Se acercaba con alivio al salón de ensayos destinado a Bad Luck, complacido de no tener otro confrontamiento con el rubio.
Pero se percató de que cantó victoria demasiado pronto cuando, caminando a prisa por el pasillo desértico, una fuerte mano lo asió por la muñeca y lo metió bruscamente dentro de una de las habitaciones a oscuras.
No necesitaba siquiera alzar la mirada para saber de quién se trataba. Había estado acechándolo de es manera tan persistente desde aquella vez en que estúpidamente se había puesto a llorar como una niña. Fujisaki aborreció el pensamiento de haberse mostrado tan inocuo y débil frente a ese hombre tan imponente y grandioso. Hería su orgullo pensar que su admirable primo tal vez lo veía como un indefenso y llorón mocoso.
Pero había sido solo un momento de debilidad.
A raíz de ésto había tomado una firme resolución: Ahora no vacilaría más en huir de ese hombre. No importaba cuanto admirara y amara a su primo, no podía permitir que aquello continuara.
- Llegas tarde. - señaló la amable voz de Tohma Seguchi, empujándolo suavemente contra la pared para observarlo detenidamente. Fujisaki frunció el ceño incómodo ante el escrutinio, sintiéndose como una presa acorralada.
- Ya lo sé, gomenasai. - se disculpó con seriedad, tratando de controlarse ante la cercanía del mayor. - Pero tampoco ayuda que me retengas aquí. - señaló con frialdad, apartando la mirada.
- ¿Estás seguro que no ayuda?. - murmuró el hombre con una sonrisa aviesa antes de inclinar el rostro hacia el del niño frente suyo. Suguru apretó los labios y cerró los ojos, haciendo a un lado la cabeza para eludir el contacto de esos labios con obstinación. - Se buen niño, Sugy-chan. - susurró el mayor con diversión, tomando su mentón entre dos dedos para obligarlo a hacerle frente. Plantó un profundo beso sobre esos labios evasivos, marcando absoluta posesión sobre su dueño.
Se separó lentamente para descubrir la furiosa e indignada mirada del niño, lo cual arrancó una suave risa de su garganta. El adolescente se sonrojó, presa de la vergüenza y temor de que las cosas se complicaran. Pero oyó aliviado lo que dijo el adulto a continuación:
- ¿Y qué esperas?. Ve a trabajar, tu holgazanería me cuesta caro. - ordenó con jocosidad.
Suguru rechinó los dientes con furia, pero salió veloz del cuarto sin dar oportunidad al empresario de arrepentirse. No quería tener otra situación como aquella vez en que su primo lo había forzado. Por un momento creyó que... Que... Bueno, por mas ridículo que pareciera, la idea cruzó por su mente en esa oportunidad.
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- Shindou-kun is late again. - anunció con voz grave el gringo.
Hiroshi emitió un suspiro, preguntándose por la salud de su amigo. Le preocupaba que Shuichi no anunciara de una vez por todas su estado. Eso de tener que ir a médicos y a comprar las casas del embarazo y para el bebé, todo a escondidas, no permitía hacer las cosas bien ni disfrutar del momento como se debe.
Nakano interrumpió la melodía que estaba componiendo y dejó la guitarra a un lado para tomar asiento en el sofá, desde donde hizo un gesto disimulado al rubio manager para que se sentara a su lado.
Claude echó una mirada furtiva antes de acercarse hasta la zona de descanso y sentarse en el asiento situado frente al artista, manteniendo la apariencia de profesionalismo requerida para no llamar la atención de los demás miembros.
Al pelirrojo le picó un tanto este gesto, pero lo entendía. Se inclinó hacia delante, situando los codos sobre las rodillas.
- Debo decirte algo, pero debes prometerme que no actuarás diferente bajo ningún aspecto, concepto o circunstancia. - hablo a media voz, clavando los bonitos ojos en los de su pareja. El rubio sonrió de lado, divertido por la solemnidad del chico.
- I promise, darling. (Lo prometo, cariño) - susurró. El guitarrista sintió un rico escalofrío al oírlo hablar, pero se recobró.
- Shuichi... No está muy bien últimamente. - comenzó a decir. El manager lo miró expectante, esperando que elaborara lo que acababa de decir. Hiro suspiró. - No está bien... de salud. Estoy seguro de que en cualquier momento hará saber su condición. Pero hasta entonces, creo que deberíamos tratar de ser mas flexibles con él. - el chico guardó silencio, esperando atentamente la respuesta del hombre. Sinceramente deseaba que no hiciera muchas preguntas al respecto que no podría contestar. - ¿Y bien?. - apremió, arrugando levemente el entrecejo al percatarse que la mirada de Claude se había tornado algo obscura y absorta.
- I´m sorry. (Lo siento) - se disculpó, meneando levemente la cabeza como para alejar ciertos pensamientos. - Dijiste flexible y todo lo demás se borró de mi cabeza... - ronroneó, dedicándole una sonrisa hambrienta. Hiroshi parpadeó un par de veces para luego sonreír ladino.
- ¿Te apetece un rapidito ahora mismo?. - ofreció con una mirada seductora, inclinándose más hacia el hombre para apoyar "casualmente" una mano en su rodilla. K pareció turbarse un tanto ante la propuesta, intrigando al chico.
- Yes... ¡No!. I mean... Oh, fuck . - soltó llevándose dos dedos al puente de la nariz mientras bajaba la cabeza para recuperar la compostura. El guitarrista volvió a echar una rápida mirada a Suguru y Sakano, quienes seguían en lo suyo.
- ¿Qué mierda...? - soltó, bajando la voz hasta un siseo. - Quieres o no quieres, es muy sencillo. - largó terminantemente, dolido por el rechazo del rubio, seguro que se debía al estúpido "I love you" que le había dicho recientemente. El hombre alzó la mirada para verlo con calidez y algo de culpabilidad.
"¡Rayos!. Conozco esa mirada... ¡Seguro que le pondrá fin a todo lo nuestro!", pensó con dolor. Pero no permitió que se notara. No tenía intenciones de dejar al rubio saber cuanto lo amaba realmente hasta que fuese el momento oportuno. Y obviamente, tampoco podía dejarle ver, por orgullo, cuánto le dolía perderlo.
"¿Qué haré sin ti?. ¡Por favor, no lo hagas!", gritó mentalmente, mirando severamente al confundido hombre frente a sí.
- ¿Qué sucede?. ¿Hay algo que quieres decirme?. Porque imagino que no acabas de rechazar la oportunidad de tener sexo gratuito en el trabajo por nada. - Nakano entrecerró los ojos, haciendo sentir a Winchester que estaba siendo escrutado. El rubio frunció el ceño desconcertado por el cambio repentino en la conducta de su pareja.
- You tell me. Why are you acting like this?. (Tú dímelo. ¿Por qué estás actuando de esta forma?.) - indagó con delicadeza, mirándolo con afecto. El chico se percató de su error y cambió su actitud, exhalando y tratando de sonreír débilmente.
- For nothing. (Por nada). Es solo que es raro que te rechacen. - confesó, su voz apagándose hasta que finalmente fue solo un hilo al final de la frase. El manager inclinó levemente la cabeza hacia un lado, sonriendo divertido.
- I´m just worry... About you. (Solo estoy preocupado... Por ti). - externó finalmente, posando afectuosamente una mano sobre la de Hiro.
- Me?. (¿Por mi?) - preguntó, dejando claramente ver su asombro y hasta algo de su regocijo ante la idea de ser objeto de la atención de su rubio adorado. - Why?. (¿Por qué?).
- El desmayo que tuviste hace unos días... ¿Fuiste al médico?.
- No, no es nada. - sonrió sinceramente.
- Aún así, quisiera que fueras. Un desmayo no es "nada"
La sonrisa de artista se ensanchó aún más al atestiguar la insistencia del americano por velar su salud.
- Ok. Lo haré. Don´t worry. (No te preocupes.) - asintió, sintiendo que su pecho estallaría de felicidad. - But it doesn´t mean we can´t have sex!. (¡Pero no quiere decir que no podamos tener sexo!.) - susurró, volviendo a la idea inicial. El yankee sonrió divertido.
- Horney little brat... (Pequeño y caliente malcriado... N/A: ¿?) - murmuró dirigiéndole una mirada caliente. - All right!. (¡Está bien!) - Nakano sonrió triunfal y se puso de pie, dispuesto a poner el acuerdo en práctica... inmediatamente. - But... - añadió el manager. - After you go see a doctor this afternoon. (Pero... ddespués que veas a un doctor esta tarde.) Te dejaré salir mas temprano.
La mirada tan tierna que le dirigió el artista lo hizo reír auténticamente. Era una hermosa mezcla de desilusión, frustración y algo de enojo.
- ¿De qué te ríes, maldito sadista?. ¡No es gracioso!. - le espetó entre dientes el pelirrojo indignado. - ¡Eres un bastardo hijo de...!
- Shut up, honey. (Cállate, cariño.) O me la pagarás esta noche luego de que cenemos con Michael... - amenazó, dando por zanjado el asunto mientas se ponía de pie y pasaba por alado del chico, dándole una muy disimulada palmada en el trasero que enfureció aún más al guitarrista.
- ¡Que mierda se piensa!. No soy una pendeja para que me esté palmeando el trasero de esa manera, enfermo sadista... - refunfuño entre dientes, sonrojado hasta las orejas.
Pero sabía muy bien que le había encantado.
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- ¡Shuichi!. ¡Vamos!. ¡Es la quinta vez que lo arruinas, baka!. - soltó Hiroshi, comenzando a irritarse un tanto con su amigo.
Suguru estaba apedreando a un decaído cantante con la mirada y Sakano había comenzado a girar como trompo por toda la habitación, desesperado por que no lograban armonía. Claude... Bueno, él luchaba contra la imperiosa necesidad de desenfundar la winchester que cargaba consigo ese día y meter un par de tiros de advertencia al cantante... En la cabeza, para ser exactos. Tenía un tic nervioso en la ceja izquierda y los puños temblaban peligrosamente.
- Necesito un descanso... - pidió lánguidamente el pelirrosa, arrastrando los pies hasta la pared más cercana para apoyarse, haciendo un esfuerzo por recuperar el aire. Se encontraba sumamente débil y ese maldito dolor de cabeza de hacía unos días había reaparecido esa mañana, al igual que el día anterior.
Nakano lo observó detenidamente unos instantes arrepintiéndose de haberlo tratado de esa manera. Es que aún no se hacía a la idea del embarazo y trataba a Shuichi tan mal como siempre, olvidando que tenía a su futuro sobrinito o sobrinita dentro de él.
Además, tratar a Shu con delicadeza era pedir demasiado. El tarado agotaba hasta la paciencia de un Santo.
- Mm... K-san, yo también estoy algo cansado... - comenzó a decir para cooperar con Shu. - ¿Por qué no nos tomamos un descanso de cinco minutos?. - sonrisa luminosa.
- ¡¿Qué! - chilló Fujisaki indignado. Siendo tan profesional como era (omitiendo el aspecto de que se había acostado con su jefe, que, además, era su primo), la idea de perder mas tiempo del que ya habían desperdiciado le parecía inaceptable. - ¡Nakano-san, tenemos que terminar con esta canción de una vez!.
- Ay, calma Suguru, que hay tiempo... - desestimó el pelirrojo con un gesto de mano y bajando su instrumento al suelo.
Pero Claude Winchester ya había tolerado suficiente falta de profesionalismo por el resto del año, y Hiroshi lo descubrió cuando el rubio se puso rojo hasta las orejas y su aura se tornó roja, para finalmente liberar todo lo que había estado contendiendo:
- HELL NO!. - bramó furibundo. Había resistido todo lo que podía, pero eso ya era ridículo. Había intentado ser mas permisivo con su banda, pero no estaba dando resultado. Decididamente, si no se ponía firme, no trabajarían en absoluto. - Get back to work, NOW!. (Vuelvan al trabajo, ¡AHORA!.) - ladró, desenfundando su arma y apuntando intercaladamente a un pálido, sudoroso y agitado Shuichi apoyado contra la pared y a un guitarrista más que sorprendido... - Both of you...! (¡Los dos!.) - apremió.
Shuichi tragó con dificultad y regresó a su puesto con presteza, tratando de ignorar el molesto mareo y la sensación de ligereza. Hiro... Pues, Hiro bonito estaba cabreado. Pero no lo demostró en absoluto, tomando inmediatamente su instrumento, dispuesto a seguir. No estaba del todo seguro de cómo reaccionar a aquello... Es decir, Claude era su pareja, no podía hablarle de ese modo. Pero también era su manager y debía cumplir con su trabajo. ¿Entonces?.
- Desde el inicio... - ordenó el rubio, guardando su arma una vez que ambos chicos estuvieron en sus puestos, para luego cruzarse de brazos.
- Ok. - dijo Fujisaki, situando los dedos sobre el teclado. - Uno, dos, tres...
La guitarra y el teclado comenzaron a sonar conformando una armoniosa melodía de introducción luego de la cual Shuichi debía empezar a cantar... Pero eso no sucedió.
- ¡SHUICHI!. - chilló Fujisaki al verlo desplomarse frente al micrófono. Hiroshi y K corrieron a su auxilio mientras Sakano-san comenzó a hacer el papel de tornado, girando alarmado por toda la habitación, desesperado.
- Call an ambulance!. (¡Llama a una ambulancia!) - ordenó el americano, chequeando el pulso del cantante.
- ¡NO!. - gritó alarmado Hiroshi. No comprendía muy bien lo que pasaba por su cabeza y muchos menos procesaba lo que ocurría, pero la única idea clara que tenía era EVITAR que se llevaran a Shu al hospital... ¡Sería una catástrofe!.
- Why not?. (¿Por qué no?) - arguyó Claude, mirándolo con una mezcla de irritación y confusión.
- I told you he wasn´t feelling right... (Te dije que no se estaba sintiendo bien...) If we call an ambulance, the press will make a fuzz over nothing. (Si llamamos a una ambulancia, la prensa hará un gran escándalo por nada.) - fundamentó inclinándose hacia el oído del rubio con disimulo, tratando de no preocupar aún mas a Suguru y Sakano. - Let him rest and then we tell him to see a doctor. (Déjalo descansar y entonces le decimos que vea a un médico.) - finalizó clavando la mirada firme en el rubio, rogando por que lo escuchara. K no parecía demasiado convencido. Pero por otro lado, no eran extraños los desmayos y crisis entre las estrellas, dada la presión con la que debían lidiar.
- All right... (Está bien...) - accedió, tomando al vocalista entre sus brazos para llevarlo hasta el sofá. - But we´ll call Yuki-san . (Pero llamaremos a Yuki.)
- ¡No!. - protestó nuevamente, antes de darse cuenta. El manager le dirigió una mirada de advertencia. - ¡K!. ¡No...!
- That´s enough, Hiroshi. (Es suficiente, Hiroshi.) - lo interrumpió con firmeza, bajando la voz. Claude solo lo llamaba de esa manera cuando estaba molesto o irritado con él. - And we´ll call a doctor NOW. (Y llamaremos a un doctor AHORA.)
- That´s private, Claude. (Eso es privado, Claude.) - siseó el pelirrojo, también comenzando a molestarse ante la terquedad del rubio. ¿No se suponía que debía confiar en él?. ¿Cómo mierda era que podía compartir su cama con él, pero no tenerle siquiera la mínima confianza, sobre todo tratándose de Shuichi?
- Unless you konw something you are not telling me, Nakano-kun, I´ll have to a least call a doctor. (Al menos que sepas algo que no me estás diciendo, Nakano, tendré que al menos llamar a un doctor.)
El guitarrita permaneció en silencio, sopesando las opciones y pensando en lo mejor para su amigo. Decididamente Claude no lo ayudaría en esa, así que debería hallar la manera de meter en la menor cantidad de líos posibles a Shu.
- ¡Haz lo que quieras!. - largó antes de salir contrariado del salón.
Entre dos males debía elegir el menor. Era llamar a un médico y que todo Japón se enterara del estado de Shuichi para dentro de unas horas y que la prensa lo acosara por el resto del embarazo poniendo en riesgo la salud del bebé. Sin mencionar la furia del novelista y de la disográfica al enterarse de la noticia por medio de la prensa...
O llamar directamente a Yuki para que lo buscara rápidamente antes de que llegara el bendito médico que Claude insistía en llamar. Claro, no le diría el secreto de Shu; eso dejaba a cargo de su amigo. Y tampoco le diría que venía un médico a verlo, sino el rubio insistiría en que el cantante fuese revisado por el mismo.
Hiroshi se culpó a sí mismo por no cuidar mejor del chico, sobre todo sabiendo de su estado. Había oído cuando el médico dijo que su embarazo era riesgoso. Ese era el momento para obligar al estúpido cantante a confesarle todo al novelista...
Ahora podía ser tarde para el bebé.
-:-
El pelirrosa despertó instantes después, hallándose cómodamente tendido en el sofá de fría textura en el área de descanso del salón. Parpadeó algo desconcertado, tratando de disipar algo del malestar remanente hasta que su mirada desorientada se enfocó en los rostros de sus compañeros de banda, quienes lo observaban atentamente.
- ¡Shindou-san!. - exclamó Fujisaki con notable preocupación en esos grandes ojos castaños. - Que bueno que despiertas, nos tenías a todos preocupados. ¿Necesitas que te traiga algo?. - ofreció con cierta ansiedad.
- Un vaso de agua le caería bien. - contestó Hiroshi antes de que Shuichi reaccionara, dirigiendo al muchacho voluntarioso una sonrisa agradecida.
Fujisaki asintió y salió con presteza a buscar el vaso con agua, momento aprovechado por el pelirrojo para relatar los hechos velozmente a su amigo y sacarlo aprisa del salón mientras le aconsejaba que al salir de la discográfica fuera inmediatamente con un médico. Nakano llevó a Shu al lobby, en donde vieron con cierto alivio al escritor, que, como siempre, lucía una cara de pocos amigos y un cigarrillo en la boca. Aguardaba impacientemente de pie, con las manos en los bolsillos de los pantalones y mirando a través de una de las ventanas.
Ambos jóvenes se acercaron a él con algo de vacilación, temiendo que el americano o hasta Seguchi los sorprendiera en esa huida clandestina.
- Apaga eso. - demandó el pelirrojo, tomando el cigarrillo de entre los labios de un sorprendido y furioso Eiri tan pronto llegaron hasta donde éste se hallaba parado.
Hiro ni siquiera reparó en la envergadura de su acto hasta que vio la escalofriante mirada que le dirigían esas orbes ambarinas. Había reaccionado por instinto protector hacia Shuichi, no podía permitir que alguien fumara cerca del bebé. Incluso él mismo había dejado de hacerlo cerca de Shuichi en esos días. Claro, el esfuerzo que esto implicaba era... Enorme. Desesperante, de hecho.
Nakano nada mas agradecía la posibilidad que tenía alejarse cincuenta metros del cantante cada vez que se le antojaba fumarse un cigarrillo. No quería ni pensar en el padecimiento de aquellos que debían dejar de fumar definitivamente. Algo le decía que Eiri no aceptaría de buen grado tener que restringir sus cigarrillos cuando se enterara del embarazo.
Antes de que Yuki reaccionara en contra de su amigo, Shuichi fue a su rescate, estirando al rubio del brazo de manera insistente y llorona, pidiendo que se marcharan de una vez.
Mientras se alejaban dedicó una mirada de agradecimiento al leal guitarrista y corrió detrás de su novio para colgarse de él. Eiri resopló ante tal acción, pero no dijo palabra mientras se dirigían al lujoso automóvil del hombre.
Shuichi lo observó cuidadosamente, cayendo inmediatamente en cuenta de que algo no estaba del todo bien. Si bien Yuki no parecía molesto (cosa MUY rara), aún así parecía haber algo que lo aquejaba y que Shu no sabía definir.
Pero optó por dejarlo pasar o esperar a que el rubio dijera algo que le diera una pista. En ese momento estaba en la cuerda floja con él y no quería agravarlo más haciendo preguntas molestas que podían irritarlo.
Subieron al cómodo automóvil y emprendieron marcha en completo silencio. Su novio parecía estar esperando alguna palabra de su parte, pero a Shu no se le ocurría nada que decir sin correr el riesgo de empeorar la situación.
- ¿Y bien?. ¿Qué tienes que decir a tu favor?. - inquirió finalmente con voz ronca el novelista, luego de un largo silencio incómodo en el que Shuichi había estado jugando infantilmente con sus dedos y mirando su pareja de soslayo.
El pelirrosa calló, incapaz de hallar una excusa, si quiera una palabra que lo ayudara en esa situación. No quería mentir, pero tampoco decir la verdad en ese momento, no sería oportuno. Su koi parecía contrariado por algo y de seguro no lo tomaría bien.
Todo su cuerpo se había tensado y comenzaba a sudar frío nuevamente, así como el maldito dolor de cabeza persistía. Debía ir al médico, pero tenía consulta recién hasta la semana siguiente.
Se frotó la sien como solía hacer Yuki cuando una migraña le aquejaba. Sonrió divertido al pensar en la facilidad con la que se le pegaban algunos de los hábitos de su amante. Eiri lo observó de soslayo, con el ceño fruncido inquisidoramente al ver al niño imitar algunos gestos suyos.
- Gomen, Yuki. No me siento muy bien últimamente. Creo que estoy agotado. - replicó con un hilito de voz, prometiéndose llegar a casa, tomar una ducha y descansar hasta el día siguiente.
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Luego de llamar a un médico que le asegurara la máxima discreción y de informarle de la situación a Seguchi-san, Claude regresó al salón de ensayos en donde había dejado al inconsciente cantante para encontrarse con que éste ya no se encontraba ahí. Tan solo permanecía un solitario Suguru bebiéndose un vaso de agua, contemplando el sofá vacío en donde antes yacía su compañero de trabajo.
- ¿Dónde está Shindou-kun?. - interrogó bruscamente el manager, teniendo una leve idea de lo que había sucedido. El niño se giró para verlo con esos inocentes ojos castaños abiertos de par en par.
- No lo sé. Fui a traerle agua y cuando volví ya no estaba. - replicó luciendo un tanto confundido y preocupado. - Supongo que ya se siente mejor... Pero no entiendo adonde pudo ir.
Winchester apretó los labios y salió impulsivamente del salón para ir en busca del pelirrosa. El chico no se encontraba bien, necesitaba ver a un médico. Y esa actitud misteriosa de Hiro no hacía mas que darle mala espina, afianzando su preocupación por el cantante. Ahora comenzaba a tener sentido la extraña conducta de Shuichi en los últimos días, y los comentarios que le hacía Nakano respecto a su amigo y lo preocupado que estaba por él.
Paró en seco cuando se topó en pleno pasillo con un presuroso pelirrojo que se detuvo sorprendido al verlo, luciendo una expresión que gritaba culpabilidad por todos los poros. El niño nunca había podido engañarlo a él.
El guitarrista maldijo mentalmente en todos los idiomas que se sabía y en todas las jergas que había oído. Esperaba estar de regreso en el salón antes de que Claude volviese. Pero ahora sabía que lucía demasiado sorprendido de verlo y demasiado culpable como para decirle al manager que no sabía qué había pasado con Shuichi.
Respiró hondo. Al menos tenía el consuelo de haber ayudado a su amigo. Ahora Shuichi tendría la oportunidad perfecta para darle la noticia a Eiri. Definitivamente las cosas habrían sido mucho peores si el médico lo examinaba... Y mas aún frente al novelista...
Horoshi ya podía imaginar la expresión del Uesugi al oír por primera vez al médico darle la noticia del avanzado embarazo del baka. ¡Habría sido una catástrofe!. Yuki habría puesto el grito en el cielo. Mmm... Aunque habría sido divertido ver al estoico hombre hiperventilar para luego desmayarse en medio salón, frente a todos. Y tal vez hasta podría golpearse esa cabezota dura al caer y...
- Where is Shindou?. (¿Dónde está Shindou?) - interrogó el rubio, cerrándole el paso y clavando una profunda mirada de escrutinio en la pequeña silueta del artista. Nakano la sostuvo, sintiéndose bastante apenado por haber actuado a espaldas del americano. Tenía la sensación que no solo había traicionado a su manager, sino también a su pareja.
- Llamé a Eiri-san para que lo viniera a buscar. - contestó con aparente calma. Pero la verdad era que se sentía tan incómodo que no había sido capaz de responderle al gringo en su lengua, como sabía que le gustaba. Eso habría ayudado, al menos un poquitín.
- Why?. (¿Por qué?.) - volvió a preguntar, la arruga en la unión de las cejas haciéndose más notoria. El chico pensó unos instantes en algo apropiado que responder para la situación y para Shu.
- Shuichi... Me pidió que guardara un secreto... Y fue lo que hice. - comenzó a hablar en voz baja. - Créeme que fue lo mejor que puede lograr... Me aseguraré de decirle que vaya a un médico, si eso te tranquiliza. - agregó para tratar de suavizar la situación al notar que los ojos del hombre comenzaban a delatar molestia, contrariedad y hasta enfado. No le gustaba verlo así... Y mucho menos si era él quien había despertado esos sentimientos. - Y te prometo que ésto no seguirá afectando el trabajo, pronto Shuichi...
- That´s enough, Hiro. (Es suficiente, Hiro,) - lo interrumpió K, elevando una mano. - Look... Just let me do my work next time, ok?. (Mira... Solo déjame hacer mi trabajo la próxima vez, ¿ok?).
Hiro lo miró entre sorprendido y herido por las palabras dichas tan concisamente, sobre todo porque venían de Claude, que siempre era cálido y afable con él en la intimidad.
- ¿Estás enojado?. - inquirió, bajando la cabeza, incapaz de seguir sosteniendo la dura mirada que le dirigía su amante.
- Yes. (Si).
- Esto no habría pasado si me hubieras escuchado desde el principio. - le recordó, comenzando a resentirse. Las hermosas turquesas del americano relucieron peligrosamente.
- Mi trabajo es preocuparme por el bienestar de Bad Luck, so please, no intervengas la próxima vez. - replicó tajante, con dureza y un dejo de fastidio en la voz. - No confundas lo personal con lo profesional.
Nakano casi cae de espaldas al oírlo hablarle de esa manera. ¡Nunca antes lo había hecho!. Y sinceramente, no sabía si estaba avergonzado, molesto o herido. Probablemente una combinación de los tres.
Ver como Claude le daba la espalda y se retiraba dejándolo solo con su dilema emocional no ayudaba en nada.
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- ¿Y dónde está Shindou-san?. - preguntó la armoniosa voz de Tohma Seguchi al entrar al salón y no encontrarse con nada más que a su bello y apetitoso primito sentado en el sofá con la mirada perdida.
Al oír esa voz, el niño emitió un respingo para mover la mirada hasta él, sus ojos abiertos de hito en hito. Las cándidas orbes temblaron un poco al verlo parado en la puerta, con su habitual sonrisa amable.
- No lo sé, creo que se fue. - halló voz en su garganta para responder con casualidad, rezando para que su jefe no se acercara su bella humanidad demasiado... De lo contrario, no sabría resistirse.
Es que esos hermosos ojos verdes y profundos, así como esa voz acariciante, esa entonación tan encantadora que le daba a las palabras, esa piel de apariencia tan tersa y perfecta, esos hermosos hilos dorados que tenía por cabello, esa fragancia tan enloquecedora... Todo lo que conformaba a Tohma Seguchi le era irresistible.
- Mmm. Asumo que se sentía mejor, entonces. - comentó con ligereza, como si estuviese hablando consigo mismo. Luego clavó la mirada en la tensa figura de Suguru, que permanecía inmutable en su lugar con la vista clavada en un punto perdido del suelo. - ¿Sucede algo, Suggy-kun?. - interrogó con un ligero tono de burla escondido detrás de toda esa magnánima amabilidad perenne que lo caracterizaba.
Al chico se le crisparon los nervios, tanto de enojo como de anticipación, temeroso por lo que el rubio pudiese inventar en ese momento.
- Nada, Seguchi-san. - replicó con tono educado pero cargado de ironía, dejando ver su irritación. - Absolutamente nada.
Tohma lo miró intrigado y fascinado por esa faceta agresiva que nunca antes había apreciado en su pequeño primo. Decididamente tendría que ponerla en práctica en algún acto ilícito entre primos...
Sin decir mas le dedicó al adolescente una flamante sonrisa que dejó al pobre mocoso idiotizado y se encaminó en busca de Sakano-san.
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Sintió que el auto se detenía, y cuando se percató, estaban en el estacionamiento de "Nipponia", uno de los más lujosos restaurantes de Tokyo que servía exquisitos platillos tradicionales.
El niño parpadeó desconcertado, observando la estructura frente a sí sin comprender, para luego mirar al hombre a su lado. Yuki se limitó a desabrochar su cinturón de seguridad y a bajar del auto, gruñéndole un "Apúrate, mocoso". El cantante se apresuró a obedecer; lo último que deseaba era importunar más al rubio.
Cuando llegaron a la amplia puerta de entrada de doble hoja, el vocalista se detuvo y permaneció quieto, mirando la fachada del lujoso local con hesitación. Eiri se percató de ésto y se giró para verlo a los ojos, el ceño levemente fruncido detrás de los lentes oscuros.
"¡Se ve tan lindo!", pensó embobado el adolescente, olvidando su situación por unos instantes, " ¡¡ Mi Yukiiiii ! °u° "
- Camina. - apremió escuetamente el objeto de su admiración, rodando los ojos al ver que el baka comenzaba a babearse mientras lo miraba estupidificado.
- Yuki bonito... - ronroneó meloso, acercándose al hombre a saltitos de conejo, quien lo miraba con recelo ante ese súbito ataque de dulzura. - ¿Qué venimos a hacer aquí?.
- Vinimos a comer. - replicó con suficiencia, haciendo ademán de girarse para entrar al local. Pero la voz del chico lo detuvo de nuevo.
- Demo... Yo no tengo hambre... - anunció, sin comprender del todo lo que se traía el rubio entre manos. - Además, es demasiado temprano para cenar y demasiado tarde para almorzar.
- No importa.
- ¡Yukiiiii!. - farfulló con expresión enfurruñada. El aludido sintió que los nervios se le crispaban al oír tan sonoro quejido.
- Que. - espetó con hastío.
- ¡Vamos a casa!. - demandó el cantante, tomando al hombre del brazo para estirarlo en dirección al auto.
- Nakano me dijo que no te sentías bien y querías que te pasara a buscar... Así que ya que me tomé la molestia de interrumpir mi trabajo por tu culpaal menos cenemos fuera y así nos ahorramos el trabajo en casa. - fundamentó con elocuencia y gravedad.
Pero la verdad era que al oír lo que el pelirrojo le había dicho, el novelista se había alarmado tanto que no logró tranquilizarse hasta que vio al criajo en el lobby, sonriente como siempre y aparentemente bien. Estaba seguro que la extraña conducta de Shu en los últimos días estaba relacionado con ese malestar que había sentido en el trabajo.
- No me gusta la comida que sirven aquí. - dijo Shu con obstinación, cruzándose de brazos e hinchando los labios.
En cualquier otra oportunidad habría estado fascinado con la idea de que su novio lo llevara a comer a un restaurante, sobre todo a un tan romántico y lujoso (no que fuese materialista o interesado). De hecho, ¡le fascinaba que Yuki lo llevara a cualquier lado, siempre y cuando estuvieran juntos!.
Pero en ese momento el adolescente sabía que Eiri se mostraba tan insistente y "amable" porque creía que estaba enfermo. Es decir, que sufría un trastorno alimenticio, y eso lo hería y hasta lo ofendía. ¿Es que era tan insignificante para el rubio que ni siquiera le prestaba la suficiente atención como para percatarse de que estaba embarazado de su hijo, maldita sea, y no era un bulímico o anoréxico como pensaba?. ¿Es que Yuki nunca le prestaría atención?.
El adulto lo observó detenidamente con los ojos entrecerrados un buen rato, haciendo acoplo de paciencia y pedagogía para tener la suficiente diplomacia de lidiar con ese crío infernal.
Era irónico: odiaba los niños, pero, sin embargo, había terminado enamorado de uno. Sin duda era el retorcido sentido del humor de un irónico destino que se empeñaba en joderle la existencia.
- Está bien. - accedió finalmente, volviendo al auto. Shindou dio unas palmaditas de alegría y subió nuevamente al vehículo. - Iremos a cualquier otro lado que elijas. - decretó, encendiendo el motor del automóvil.
Al cantante la quijada casi se le va al suelo. ¡Ese Eiri era un maldito cabezota!. Tenía que salirse con la suya siempre, ¿no?. Tuvo que intentar huir de él a Nueva York, ¿NO?. Tuvo que moler a palos a Aizawa, ¡¡¿¿NO! ¡¡TUVO QUE CONVENCERLO DE NO USAR PRESERVATIVO, ¿¿NO!
+ Insertar expresión de emputecimiento global +
- ¡¡Waaaaa!. ¿Qué acaso no me oyes?. ¡No - tengo - hambre!. ¡Solo llévame a casa!. - estalló. La mezcla de emociones con hormonas alborotadas hacía estragos en él. Ya ni sabía lo que sentía. ¿Estaba triste, enojado, frustrado, inseguro, asustado?. ¡Diablos!. Lo sentía todo a la vez y no sabía como actuar. Y la terquedad del rubio cabezota no jugaba a favor.
Uesugi apretó el volante del vehículo con ambas manos, tratando de contener sus impulsos asesinos. Respiró hondo un par de veces y cuando consiguió hablar finalmente, su voz sonó tan fría que hasta lo sorprendió a él mismo.
- Baka, estás jugando con mi último nervio. O eliges un lugar para comer, o vamos inmediatamente al hospital... - ni él mismo comprendía por qué se irritaba con tanta facilidad, siendo que amaba locamente a ese maldito criajo. Pero sencillamente, la paciencia no era una de sus virtudes.
Pero la respuesta clara y concreta del niño lo sorprendió aún mas:
- ¡NO!. - ¿Quién podía contra un elocuente y escueto "no"?.
- Shuichi...
- ¡No, Yuki!. - lo interrumpió el cantante tajante, levantando una mano. - Quiero descansar, no quiero comer. Quiero ir a casa. - dijo determinante.
El novelista lo miró con los ojos abiertos de par en par y el ceño fruncido en una expresión de profunda contrariedad e ingente exasperación.
Y sip, adivinaron u.u Shuichi tampoco sabía de donde mierda había sacado la convicción y el valor necesario para hablar a Eiri de ese modo. Pero estaba seguro que tenía algo que ver con el hecho de que pronto debería tomar las riendas de su vida y de la de otra personita, así que no había espacio para el chiquillo temeroso e inseguro.
Debía crecer, y rápido.
Se hizo un largo silencio bastante denso. Solo se oían las respiraciones de ambas personas dentro del auto.
- Mira Yuki, no quiero incordiar...
"¿Incordiar?", resopló mentalmente el hombre, "¿Desde cuando el enano tiene vocabulario?"
- ¡... Pero quiero que por una vez me escuches!. Te amo, pero puedes decirme que hacer... - terminó en voz baja, agachando la cabeza con algo de temor a oír una dura respuesta por parte de su novio.
Silencio...
- Está bien. - accedió sorpresivamente el hombre. Shindou elevó los ojos, incrédulo de haber salido victorioso con tanta facilidad.
- ¿Hontoni? O.o
No recibió respuesta. Y a juzgar por la dureza en las hermosas facciones su amante, se debía a que éste se hallaba bastante encabronado. Shuichi nada mas esperaba que su Uesugi no quisiera desquitarse con él mas tarde, mandándolo a dormir en el sofá... ¡Porque con un demonio, no pensaba hacerlo aunque le costase la vida!. La espalda lo estaba matando y ese sofá era tremendamente incómodo u.u
El resto del trayecto transcurrió en el más absoluto silencio, hasta que llegaron al edificio donde vivían. Eiri lucía su mejor expresión de hielo mientras caminaba por los pasillos a lado de un ansioso cantante. La tensión en el ascensor fue casi insoportable. A Shuichi esos segundos le parecieron horas hasta que finalmente la campanilla sonó y las puertas se abrieron.
Apenas entraron al departamento, Eiri caminó hasta la mesa de la sala tomó el teléfono con aire indiferente, dándole al cantante muy mala espina. El pelirrosa permaneció parado frente a él sin disimular su curiosidad, esperando que el rubio novelista respondiera su muda interrogante. Pero al parecer Eiri había amanecido más terco y orgulloso que de costumbre, pues ignoró olímpicamente su carita de duda.
- ¿A quién llamas, Yuki? o.o - se atrevió a cuestionar finalmente con vocecilla inocua. Algo en los movimientos y la mirada de su novio le decía que la pelea aún no había finalizado.
El adulto no replicó. Pretendía estar demasiado ocupado en su labor como para prestarle atención... O sencillamente quería hacerle ver que aún estaba molesto. Cualquiera fuera la razón, Shuichi no se dio por vencido fácilmente.
- ¡Yukiiiii! . - apremió, chillando bastante fuerte. El aludido le lanzó una mirada asesina y el mocoso solo infló las mejillas, tratando de contener una verborrea.
- Dijiste que querías venir a casa... - señaló el hombre con sequedad. - Perfecto. Ahora llamaré a un médico que venga a verte.
El artista permaneció de una pieza. No realizó movimiento alguno.
Hasta parecía que había detenido su respiración.
Estaba furioso...
- Konnichiwa...- saludó mecánicamente el rubio cuando consiguió comunicarse, ignorando al chico - Me gustaría...
No logró terminar su frase.
En un colérico impulso completamente inusitado en él, Shindou arrancó el teléfono inalámbrico de las manos de su novio y lo lanzó al suelo con rabia, provocando que se separara en dos piezas.
Fue el turno de Eiri para quedar estático. No comprendía bien lo que pasaba y no podía creer lo que acababa de suceder. ¡Ese no podía ser su Shuichi!.
- ¿Qué diablos tienes, criajo del demonio?. - bramó el rubio, acercándose peligrosamente al cantante. La expresión de su rostro, antes lívida, ahora era de completa furia. La línea de su quijada permanecía tensa, al igual que sus labios y sus ojos echaban chispas.
Y si el novelista estaba sorprendido, el mismo Shuichi estaba completa y absolutamente estupefacto. Sabía que actuaba fuera de sí desde la noticia del embarazo, pero ese comportamiento agresivo lo inquietó, sobre todo porque iba en contra de su adorado koi. No importaba cuan furioso estuviera, no tenía motivos para actuar de esa manera...
¡Bah!. Esa era la menor de sus preocupaciones en ese momento.
El niño le dirigió al adulto una mirada sombría y fúrica antes de darle la espalda para dirigirse intempestivamente a la habitación con pasos apretados, sin decir absolutamente nada.
El rubio bufó como dragón, enfurecido y decidido a hacer correr sangre. Lo siguió grandes zancadas hasta el cuarto y cuando le dio alcance, lo tomó del brazo con brusquedad para obligarlo a que lo mirara.
- ¡Te hice una pregunta, mocoso!. - demandó, alzando un poco el tono de voz. Comenzaba a perder el control de sí mismo, lo sabía. Pero a esas alturas se sentía tan incapaz e inseguro que ya ni sabía como actuar.
En los últimos meses las tensiones habían ido acumulándose y conflictuando hasta alcanzar el punto crítico. Finalmente las cosas estaban por estallar mientras la pareja perdía lentamente el control de sí mismos.
El pelirrosa se deshizo del agarre con brusquedad y retrocedió unos pasos lanzándole al hombre una mirada demasiado compleja como para lograr descifrar su significado. Ésta acción solo acervó aún mas el fuego dentro del novelista, que, cegándose unos instantes por la vorágine de sentimientos, tomó violentamente al cantante de ambos brazos y los sacudió fuertemente.
- ¡Contesta!. ¿Qué te has vuelto sordo a parte de estúpido?. - no se percató de lo que decía, ni de la dureza con la que asía al niño hasta que éste finalmente emitió un corto quejido. El novelista congeló sus acciones, sobresaltado, asustado con su propia conducta y también avergonzado por perder el control de esa manera.
El cantante manoteó los brazos del rubio para alejar sus manos de sí. Unas pocas lágrimas rebeldes rodaron por sus mejillas al tiempo que se alejaba unos pasos del hombre, mirándolo con evidente temor y resentimiento que hirieron al escritor profundamente. No se percató en qué momento las cosas se habían complicado tanto como para atacarse de esa manera.
Fueron tan solo milésimas de segundos en los que permanecieron mirándose, midiéndose uno a otro y a sí mismos. Pero habían parecido largos minutos hasta que finalmente Uesugi separó sus labios para decir algo conciliador, no muy seguro de qué:
- Baka, mira...
- ¡Olvídalo, Yuki!. Sólo déjame en paz. - sentenció cortante. Eiri frunció el ceño, comenzando a molestase nuevamente.
- No hasta que me digas que rayos te sucede. - denegó terminante con voz grave y la mirada fría, endurecida. - Me tienes harto, quiero saber cuál es tu problema porque me cansé de jugar a las adivinanzas. ¡Así que habla de una vez!. - no era su intención hablarle de esa manera a su niño, pero su propio dolor era demasiado grande como para medir lo que decía o controlar ese tono frío y seco que sabía Shuichi odiaba.
Observó como la expresión en el rostro del cantante se distorsionaba con dolor. Sus grandes ojos púrpuras se nublaron con lágrimas mientras esos labios que adoraba se torcían en un puchero involuntario.
- ¡Eres un tono, Yuki!. - estalló finalmente el pelirrosa, poniéndose a llorar escandalosamente. El rubio hizo una mueca de hastío, sintiéndose abrumado por la reacción desproporcionada, como siempre, de su pareja.
- ¡Ya basta!. ¡Habla claro de una buena vez, maldición, y deja de llorar como niña!.
Aunque no había alzado la voz, la manera tan dura que dijo esas palabras hirieron profundamente a Shuichi, y el efecto se vio inmediatamente. Los ojos del niño comenzaron a emitir mas lágrimas gruesas y su rostro se contorcionó en una muy legible expresión de profundo pesar. El artista pudo sentir precisamente como esas palabras se clavaban en él provocando una agonía tan grande que hasta podía sentirlo físicamente.
Era horrible. Dolía. Dolía aún mas que cualquier dolor físico que había experimentado con anterioridad. Dolía tanto como si lo hubiera golpeado con todas sus fuerzas, pues la sensación de desprecio y rechazo de la persona que amaba era igual.
Al constatar que solo había empeorado la situación, y segado con su propia impotencia, el adulto volvió a tomar a Shuichi de los brazos fuertemente, provocando que el niño se encogiera ante su contacto violento y emitiera un agudo chillido que se perdió en su llanto.
- ¡Habla!. ¡Vamos!. ¡Maldición!.
Shuichi no podía hablar aunque lo deseara. Parecía que todo alrededor de él se había hecho pedazos. Todas sus ilusiones, sueños y esperanzas habían sido borrados de un pantallazo, como si nunca hubieran existido. Todo se desmoronó a su alrededor dejándolo solo y desolado.
El agarre que tenía el hombre sobre él no ayudaba en nada, y tampoco lo hacía esa expresión de furia en su hermoso rostro o esa mirada de hastío en sus ojos. Cada gesto, cada palabra, cada acción de aquel que amaba era como recibir otro fuerte golpe que lo debilitaba, que le drenaba las energías, que lo dejaba agotado y acabado.
- ¡Basta!. - farfulló con voz llorosa y apenas comprensible a la par que comenzaba a luchar contra esas fuertes manos que lo tenían prisionero, clavándose en su carne y lastimándolo. - ¡Suéltame Yuki!. ¡Me lastimas!. - le gritó, y se largó a llorar mas fuerte al constatar que sus plegarias no surtían efecto en el corazón de piedra de su amante, pues no lo soltaba.
- Me dirás lo que sucede, ¡ahora!. No te dejaré ir antes.
- ¡Eres un idiota!. - le gritó furioso. Las lágrimas caían copiosas por sus mejillas mientras no menguaba en sus intentos por liberarse de ese hombre. - ¡Estoy embarazado!. ¡Voy a tener a tu bebé!. - le gritó finalmente al perder todo control y dignidad, para luego soltarse a llorar aún mas fuerte.
Eiri soltó el agarre de acero que tenía sobre él como si lo hubiese quemado, alejándolo unos centímetros de sí. La expresión en su rostro era todo un poema. Nunca antes el cantante había presenciado tal asombro en las facciones de ninguna persona en toda su vida, mucho menos en el rostro de su novio. El hombre había quedado atónito, con los ojos abiertos y el ceño fruncido con incredulidad.
Pasó un tiempo antes de que alguno de los dos hiciera algún movimiento. En la habitación solo se oía el llanto desesperado y patético de Shuichi que se intensificaba a medida que transcurrían los segundos. Su sufrimiento y ansiedad se acrecentaban al comprobar lo que había temido siempre con cada momento de silencio que pasaba.
Eiri se llevó dos dedos al puente de la nariz masajeando la zona en un claro gesto de desesperación y turbación.
- No digas tonterías, baka... - dijo finalmente con fría calma.
Shuichi cerró fuertemente los ojos con dolor, pero sobre todo rabia que bullía peligrosamente en su interior como hacía unos instantes, cuando lanzó el teléfono al suelo.
- Eres un imbécil... - chilló quedamente, abrazándose a sí mismo y desviando mirada reprobatoria que le dirigía su novio.
- Cállate, Shuichi... - espetó, exhalando pesadamente sin hallar un punto claro en toda esa maraña de emociones y sensaciones. Su cabeza estaba echa una verdadera tempestad, al igual que su corazón. Se pasó ambas manos por el rostro con un gesto cansado. - Dime... - su voz resonó seca en la desolada cabeza del niño. - ¿Es mío?.
Shindou cesó su llanto abruptamente sintiendo como si le hubiese propinado una cachetada al oír la pregunta. No... ¡Eso no podía estar pasando!. Su Yuki no podía ser tan cruel, no podía estar tratándolo de esa manera tan... tan... ¡tan baja!. ¡Como si solo fuese un trasero cualquiera al que se cogía!. Las cosas no podían estar saliendo tan mal... ¡Eso no podía estar pasando!.
Clavó sus grandes y húmedos ojos púrpuras en los de su amante, mirándolo con incredulidad y hondo dolor. Su labio inferior tembló, al igual que sus pupilas, para luego transformar en segundos su expresión de atribulación a una de ingente furia:
- ¡Claro que es tuyo, maldito bastardo!. - le gritó con todas las fuerzas, su voz resonando más chillona de lo habitual. No logró contenerse y en medio de la confusión y desesperación se lanzó hacia su novio y comenzó a golpearlo. - ¡¿Qué rayos crees que soy, infeliz! ¡¿Crees que me acuesto con el primer par de pantalones que se me cruza, imbécil! ¡TE ODIO!. ¡¡Eres un idiota!.
Eiri luchó contra los pequeños puños unos momentos para finalmente, luego de forcejear bastante contra la ira del artista, lograr apresar a ambos en una mano y empujar suavemente al cantante lejos de él para que dejara de atacarlo.
Pero Shu estaba fuera de sí. Finalmente había resistido demasiado.
- Quería saber si estabas seguro... - dijo con mortal calma empañada por melancolía, tratando de justificar la barbaridad que había dicho sin pensar. Pero sus palabras solo acrecentaron la ira del pequeño, que volvió a atacarlo, comenzando a llorar nuevamente mientras reincidía en los forcejeos.
- ¡Claro que estoy seguro, maldito patán!. ¡No hay nadie más, lo sabes bien!. - se liberó de las manos de Yuki que trataban de detenerlo para mirarlo a los ojos, destrozado. Cuando volvió a hablar, su voz era apenas un gemido lloroso y lastimero. - No tengo palabras para describir el daño que me has hecho, Yuki... - Secó las lágrimas que bañaban sus mejillas enrojecidas con el dorso de la mano. - No puedo creer que seas tan cruel conmigo. ¿Es que realmente no tienes corazón?. ¿A caso me engañé todo este tiempo?.
El novelista no soportó mantener el contacto visual le dio la espalda, deseando borrar los últimos momentos. El sufrimiento y dolor que vislumbraba en esos puros ojos púrpuras era demasiado como para mirarlo directamente. Comprendía que a causa de su estupidez Shuichi estaba sufriendo, y no sabía si el niño lograría sobreponerse a la desilusión que le había causado con su reacción.
Lo reconocía: había reaccionado como un maldito patán hijo de puta. Pero no había sido su intención. Se había sorprendido. Ahora su peor temor se hacía realidad con horrenda precisión ante sus ojos: Había lastimado profundamente a alguien que amaba.
Siempre supo que si amaba, solo lograría hacer sufrir.
- ¡No me des la espalda, cobarde!. - le gritó histérico el cantante, sintiendo que perdería la cabeza a causa de tanto dolor, o quizás hasta al bebé. Todo eso era demasiado para él. - ¡Es tu hijo, ¿me oyes! ¡Aunque no lo quieras, es tuyo!. - comenzó a golpearlo nuevamente, llorando con mayor intensidad. - ¡Ojalá fuese de cualquiera menos de ti!. ¡Te odio!.
Esas palabras sacudieron al novelista como un intenso choque eléctrico, devolviéndolo abrúptamente a la realidad.
Impulsivamente se giró para plantarle cara el niño, pero en el proceso golpeó accidentalmente al cantante en el rostro con el codo, haciéndolo trastrabillar y chocar contra la esquina de la cama para finalmente caer sentado en el suelo.
Bajo la asustada e incrédula mirada del hombre mayor, Shindou solo soltó un quejido ahogado al tocar el suelo, llevándose una mano al labio partido al sentir el sabor metálico de la sangre.
No era tanto el golpe lo que dolía, sino la horrible sensación de rechazo de su amor lo que lo había matado.
Antes de que Eiri pudiera recuperarse del espanto de haber golpeado a su niño y verlo tumbado en el suelo, el cantante se puso de pie con agilidad felina, sin permitirle al rubio reaccionar al verlo salir corriendo de la habitación.
El escritor no procesó lo que había sucedido hasta que oyó la puerta del departamento cerrarse de un golpe, y a continuación, un horrible vacío.
-:-
- You can go now. (Ya puedes irte ahora.) - le anunció la serena voz del manager de la banda. Hiroshi, que hasta el momento había estado pensando en cómo le había ido a Shuichi mientras ejecutaba una y otra vez la misma melodía en la guitarra, levantó la mirada sobresaltado al oírlo. - You promise to see a doctor, remember?. (Prometiste ver a un doctor, ¿recuerdas?) - replicó el americano a su silenciosa interrogante. Y no era para menos. El que el adicto al trabajo le dijera que podía retirarse antes que hubiese anochecido era... raro.
- Humm... Hai. - murmuró, bajando la cabeza con pesadez. Le había dolido la pequeña discusión que había tenido con el rubio, y más le dolía la manera en que lo había tratado.
Claro, tenía razón al acusarlo... ¡Pero podía haber sido más delicado con la persona con la que se acostaba!. TuT Qué cruel. Aunque no tuvieran nada serio, podría haberlo tratado un poco mejor, ¿no?. Después de todo le hacía el favor de permitirle divertirse con su bella humanidad...
Ahora dudaba seriamente si haría la mentada vista al médico que le había pedido el hombre. Si K no hizo caso a su pequeñito pedido de dejar a Shuichi en paz durante su desmayo... Bueno, claro que ese era su trabajo; velar por el bienestar de Bad Luck... ¿pero por qué no le concedió esa pequeña satisfacción?. Si el americano no era capaz de hacer aunque sea ese pequeño favor, ¿por qué mierda debería él tratar de darle satisfacciones e ir al médico?. ¡Humf!.
Gringo 'jo de su madre... ¡Arg!. ¡Pero estaba tan endemoniadamente bieeeeeeeeeen! ToT
Claude captó el estado reflexivo y sombrío del muchacho, así que preguntó con voz calma, adivinando sus pensamientos:
- You´re going to see a doctor, aren´t you?. (Irás a ver a un médico, ¿no?.)
El silencio que recibió fue suficiente respuesta, así como la mirada huidiza del guitarrista que le decía que algo andaba mal.
- You´re mad at me. (Estás enojado conmigo). - su tono de voz era el de una afirmación, para luego emitir un suspiro que irritó a Hiro al interpretarlo como una muestra de cansancio. ¿Por qué mierda debería Kestar "cansado"?. ¡Era él quien fue tratado injustamente!.
O eso creía Nakano. ¡Bah!. Tal vez no estaba del todo convencido, pero estaba seguro de que la situación se había tornado un poco pesada. Eso de salir con alguien del trabajo estaba comenzando a complicarse, justo como lo había temido.
- Hiro-kun... - lo llamó afectuosamente, acercándose a él casi de manera inapropiada para un lugar de trabajo.
El guitarrista inhaló con sorpresa al descubrir que sus cuerpos eran separados por unos escasos centímetros y rápidamente echó una mirada al salón para informarse de la ubicación de sus compañeros. Suguru estaba metido de lleno en una canción, prácticamente azotando el teclado del aparato, y Sakano-san no se hallaba por las inmediaciones. De seguro había ido a hablar con Seguchi-san o a meterse unos xanaxs
- ... No puedo disculparme por tratar de cumplir con mi trabajo. - le dijo, su voz en un susurro que al pelirrojo le sonó bastante sensual pese a que aquella no era la intención de K.
- Lo sé. - replicó algo cortante, aún rehuyendo su mirada. ¡Eso no era lo que quería oír!.
No sabía exactamente por qué estaba tan molesto, solo sabía que lo estaba. Siempre se molestaba cuando el americano lo trataba en el trabajo como... como... bueno, como a un compañero de trabajo. Inicialmente creyó que podría superar ese obstáculo, pero ahora se encontraba con que resultaba bastante difícil además de que incrementaba su inseguridad en la relación.
El que K lo tratara de manera regular frente a los demás afianzaba la idea que tenía de que el hombre solo lo veía como un pasatiempo. Alguien que le calentara la cama mientras superaba el divorcio.
Los romances de oficina no tenían una alta tasa de éxito. Las razones son obvias.
- Aún así... - prosiguió Hiroshi con voz débil. Cerró los ojos con fuerza, suspirando pesadamente. - Creo que todo esto es una mala idea... - confesó finalmente. Winchester lo miró confundido, inclinando levemente la cabeza, frunciendo el ceño de manera adorable.
- What?. (¿Qué cosa?).
Nakano recogió su instrumento para luego mirarlo con honda tristeza.
- Us. (Nosotros). - fue su escueta respuesta.
Recogió sus cosas camino a la salida y se fue sin mirar atrás, luchando contra la desilusión y las lágrimas. Secretamente tenía el anhelo y las esperanzas de que Claude lo detuviera, lo abrazarla y le dijera que todo estaba bien. Que lo amaba.
Pero eso no sucedió, y Hiro sintió que se derrumbaba al marcharse silenciosamente del edificio.
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Suguru llegó a su modesto departamento azotándolo todo, descargando su frustración con lo que se encontrara a su paso. Desde que había tenido ese encuentro a primera hora de la mañana con su primo se había sentido furioso y a la vez, profundamente herido, así que descargó su rencor en el pobre instrumento que ejecutaba.
El guitarrista pareció notar que algo le sucedía, pero fue lo suficientemente buen amigo con él como para saber que no debía preguntar, así que se dedicó a dirigirle una mirada de empatía.
No importaba cuánto amara a Tohma. Para el rubio, él obviamente no era más que un pasatiempo. Cuanto más se resistía, el hombre parecía hallar aún más entretenimiento en su reticencia; y eso lo enfurecía.
Por más que estuviese enamorado de su primo y que esto fuese algo completamente horroroso, no podía evitarlo. Tan solo podía tratar de disimilarlo, y al parecer, no muy bien, ya que Seguchi le había dicho en numerosas ocasiones que sabía lo que sentía por él, que en vano trataba de negarlo y que se callara y se desnudara de una vez u.u
Aún cuando todo eso fuese una completa aberración, no podía evitar desear que su primo sintiera amor por él en lugar de solo verlo como un juguete. Ansiaba con vergüenza ser correspondido en sus sentimientos por su primo. No era suficiente haber tenido sexo; de hecho, aquello no era nada si Tohma no lo amaba como él lo hacía.
Por más que había disfrutado enormemente con la experiencia, una angustiante sensación de vacío lo invadía, haciéndolo sentir sucio e inmerecedor.
Apoyó ambas manos sobre el desayunador, cerrando los ojos con fuerza y respirando ondo, tratando de recuperar la calma.
¡Bah!. No sabría decir que es peor: que ambos estuviesen enamorados el uno del otro, o la realidad; que Tohma lo veía como un juguete sexual.
Un agudo pero breve gemido se le escapó ante este pensamiento que hería más de lo que podía soportar.
El hombre no se conformaba con usarlo y lastimarlo, sino que insistía en hacerlo una y otra vez, como esa mañana y todos los días anteriores a ese.
Suspiró pesadamente, pasándose las manos por el rostro. "Es mejor así", pensó con resignación mientras se dirigía a su habitación. "Si supiera que él me ama, no sería capaz de contenerme"
Era la verdad. Lo único que había impedido a Fujisaki entregarse por completo a su atormentador era el saber que no era mas que el último capricho de éste; uno que pasaría muy pronto, como solía pasar a su primo con sus ocurrencias.
No valía la pena arriesgarlo todo por alguien que no lo correspondía en sus afectos.
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Al salir de la discográfica Hiroshi fue derecho a su departamento. Tenía el ánimo por el suelo y lo único que deseaba era tirarse a holgazanear, fumar y beber unas cervezas para luego quedarse dormido. No quería pensar en lo que había sucedido, no quería pensar en su relación con K, tampoco quería pensar en el rubio y DEFINITIVAMENTE no quería ir a ver a un médico que lo examinara para que el americano sintiera que había cumplido con su obligación de manager.
Apagó su celular, cerró LA puerta y LA ventana (era un apartamento muy pequeño u.u), buscó su cenicero, se puso ropa cómoda, encendió el equipo de sonido y se dispuso a desahogase sin interrupciones.
Luego de beberse toda la cerveza que había en el refrigerador y terminar la ya abierta cajetilla de cigarrillos, Nakano decidió que necesitaba un baño para bajar la leve, levísima borrachera que le había dado y sacarse el penetrante olor a cigarrillo.
Terminó de hacer todo lo que debía hacer en la ducha los primeros tres minutos para luego permanecer la siguiente hora sentado bajo el abundante chorro de agua, tratando de reunir las energías que necesitaba para ponerse de pie y salir. Había oído la campanilla del teléfono sonar insistentemente en reiteradas ocasiones, pero su sentido motor no estaba del todo restablecido, así que ni siquiera intentó contestar la llamada. Imaginaba que se le haría difícil, sino imposible salir de ahí sin llevarse algo por delante y ganarse unos cuantos moretones.
- Arg, esto es tan indigno... - balbuceó irritado mientras luchaba por incorporarse, sosteniéndose de los azulejos del baño. - Borracho por una pelea con Claude. Parezco adolescente hormonal u.u
Cuando salió del baño, ya más sobrio y oliendo a gel de ducha en lugar de humo de cigarrillos y cerveza, llamaron a la puerta del departamento. El edificio no tenía portero por tratarse de un programa de viviendas de bajo presupuesto para estudiantes universitarios o personas de escasos recursos, así que cualquiera podía ingresar a las instalaciones a su antojo. A Nakano le pareció lo más razonable puesto que se la pasaba trabajando, así que alquilar un lujoso y cómodo departamento, en lugar de ese cajón de un ambiente, no tenía mucho sentido. Sobre todo en pleno Tokyo, donde cualquier departamento costaba lo mismo que un órgano vital en el mercado negro
Sacado de vergüenza, se ató la toalla a la cintura y fue a abrir la puerta sin pensar que tal vez podía ser la amable anciana pudorosa del 215 que venía a pedirle azúcar para preparar un postre a sus nietos que la visitaban los fines de semana.
Ni modo. Si era ella, la pobre mujer sufriría un infarto al ver a Nakano Hiroshi en todo su esplendor °u° (N/A: Inserta hemorragia nasal)
Pero no. No era la pobre anciana, sino alguien que efectivamente podía sacar provecho de un Hiro semidesnudo y en estado etílico.
- Konnbanwa, Nakano-kun.
Al ver la rubiapersona del manager parado en el umbral de la puerta, el desprevenido pelirrojo se quedó sin aire y solo pudo atinar a mirarlo idiotizado, tratando de disimular el hilo de baba que colgaba de la comisura de sus labios al ver esa maravillosa sonrisa y esos pantalones tan... ¡Ejém!.
Cualquier cosa, culparía al six pack que se había bebido... (N/A: Paquete de seis cervezas, para los sobrios XD)
Es que aquello no podía ser real, debía ser afecto de la borrachera.
- ¿No vas a invitarme a pasar?. - preguntó el americano con tono de niño herido, sus ojitos conformando una tierna expresión de tristeza y desilusión.
- ¿Eh? ¡Ah! Hai, dozo. - soltó el chico al salir de su estupefacción, haciéndose a un lado para permitir al hombre ingresar al pequeño departamento.
No fue hasta que sintió la masculina figura del hombre rozar casualmente la suya al pasar a su lado que se percató de la vestimenta tan apropiada que llevaba puesta. Un furioso rubor subió hasta sus mejillas bajándole el resto de borrachera que le quedaba.
- No tienes por qué sentir vergüenza de mi. - oyó que le decía el recién llegado. Hiro alzó la vista y lo vio sentado en la silla frente al desayunador, en la pequeña cocina. - Recuerda que ya he visto todo lo que hay de ti para ver... - añadió en tono juguetón, dedicándole una sonrisa encantadora.
El pobre chico se sonrojó más y balbuceó unas disculpas antes de correr al baño en busca de un albornoz blanco para cubrir su desnudez.
- ¿Puedo ofrecerte algo de tomar o comer?. - ofreció con educación una vez que regresó, parándose del otro lado del desayunador, frente al americano.
- No, thanks.
Hubo un silencio algo incómodo durante el cual el chico se preguntó la razón de la visita. Su mente seguía algo lenta por el alcohol y no lograba pensar con claridad, así que no se lo ocurrió una manera mas sutil de sacar a relucir el tema que preguntándolo directamente.
- Mm... ¿Puedo ayudarte en algo?. - se sintió ridículo al momento de pronunciar esas palabras, cerrando los ojos con vergüenza. Su voz había sonado totalmente falsa y forzada, lo mismo que las palabras.
- Of course (Claro). - Replicó el aludido, dirigiendo una elocuente mirada al pecho desnudo que el guitarrista dejaba ver por la bata abierta. El artista se sonrojó nuevamente, sintiéndose como una colegiala. - Pero dejaremos eso para mas tarde. - dijo finalmente, disipando la incomodidad que había embargado al chico.
El alcohol ponía a Hiroshi mucho mas sensible, dejando al descubierto sus emociones. Y era una desgracia que justamente K estuviese ahí para verlo. Aunque pensándolo bien, el americano siempre había estado ahí para sacar provecho de su estado etílico, puesto que ¡¡ERA ÉL QUIÉN LO EMBORRACHABA CON TODA MALA INTENCIÓN DE APROVECHARSE DE SU CASTA PERSONA! o.ó
Hubo otro silencio durante el cual el chico pudo sentir los ojos del hombre fijos en él con intensidad. Al levantar los suyos y clavarlos en el rubio, ser sorprendió de lo cálidas que lucían esas joyas celestes en esos momentos, observándolo a él.
Precisamente a él.
Nakano sonrió algo reconfortado y relajado, sintiéndose afortunado de ser objeto de dicha mirada.
- ¿Entonces?. - insistió con suavidad.
Claude lo observó con calma unos instantes antes de sonreír quedamente.
- ¿Estás bien?.
- ¡Claro que sí! - soltó escandalizado, asumiendo que el americano había descubierto su ingesta de etanol. ¡Que vergüenza!. - ¿Por qué no habría de estarlo? 9.9
- Pensé que estabas molesto. You know... Por lo que me dijiste esta tarde, antes de irte. - dijo, su voz suave y serena, sus ojos fijos en el chico con toda la atención del mundo.
- Etto... Bueno, sí u.u - confesó, ya más relajado y confiado al saber que no había sido descubierto.
Breve silencio.
El pelirrojo permanecía de brazos cruzados mirando cualquier plano del departamento y sintiéndose bastante estúpido mientras el rubio continuaba escudriñándolo cuidadosamente con la mirada.
- Why did you said that? (¿Por qué dijiste eso?).
- Because it´s true. (Porque es cierto.) - susurró, bajando la vista. Le dolía decirlo, no quería que terminara... Pero tal vez se había hecho ilusiones sin fundamentos. Había soñado despierto. - ¿No te parece?. - incidió, posando la mirada en el hombre con tristeza.
Winchester desvió la mirada con culpabilidad para guardar silencio unos instantes.
- Yes (Sí) - concordó finalmente, reparando en la expresión de desilusión en las hermosas facciones del pelirrojo, quién tenía la vista fija en el suelo y permanecía de brazos cruzados, meditativo. - Pero... - se inclinó hacia delante en busca de esos ojos tan vivaces que vislumbraba cada vez que cerraba los suyos. Nakano lo miró con dolor escondido detrás de una máscara de seriedad y aceptación. - Lo vale.
Hiroshi lo miró con algo de confusión y alegría en los ojos, temeroso e inseguro de responder.
- Sé que lo nuestro será difícil por el trabajo... Me ha costado mucho acostumbrarme a la idea de lo nuestro y aún no termino de adaptarme, así como estoy seguro de que tú también tienes tus dificultades... - se explicó, sonriéndole. - Pero a mi parecer vale la pena. Disfruto de tu compañía, quiero estar contigo. - Hiro sonrió ante estas palabras. - Aún debo superar el divorcio y todo lo sucedido... Pero quiero que estés ahí cuando todo pase. Quiero que lo intentemos mas adelante.
El pelirrojo finalmente oía una promesa de compromiso, aunque fuese en tiempo futuro. Y para él, era otra batalla más ganada que lo acercaba a su meta; el corazón de Claude.
- Yo también lo quiero. - una gran sonrisa afloró al decir estas palabras, tomando su mano entre las suyas para luego inclinarse sobre el desayunador y besar los labios amados.
En ese momento, todos los pensamientos desaparecieron de la cabeza de Hiroshi. Desaparecieron sus dudas, así como sus temores y su tristeza. Desapareció su inseguridad, así como su rabia y resentimiento. Desapareció todo lo que le preocupaba: Shuichi, comunicar a K sobre su fertilidad, Michael, la banda, el disco, las entrevistas...
Se esfumó todo, entregándolo de lleno al grato placer ofrecido por esos labios amantes que lo acariciaban con infinita ternura.
Continuará...
Notas finales de la autora: ¿Qué pasó con Shuichi? XD Si quieren saber, dejen reviews muejejejejeje!. Cuantos mas comentarios reciba, mas pronto subo el siguiente cap. (Soy una rata peluda, lo sé XDD)
No se pierdan...
SMEXY GALS S.A.
"WE like Hotness"
Solo fics yaoi y extra hot!
-:-:-:-:-
…and always remember…
The REAL SMEXY Love is THE YAOI LOVE©
-:-:-:-:-
Traído a ustedes de la mano de las lascivas hermanas del yaoi:
.: Nadesiko Takase & Juny S. Tao :.
