¡Hola! ^^ Aquí os dejo otro nuevo capítulo, ¡Disfrutadlo! :3

4. La cena.

La puerta se abrió y Bronn se hizo a un lado para permitir que los ojos de la impaciente niña se colaran en la que ahora sería su nueva casa, y por la expresión del rostro de la doncella, aquello debía haberla maravillado realmente, hasta el punto en que sus hermosos ojos estaban abiertos como platos y su boca se había abierto en forma de ''o''.

- Parece que el enano aún sabe como complacer a algunas mujeres. - comentó Bronn en tono sarcástico, dedicándole una sonrisa burlona a Tyrion que rió por unos segundos.

- Más de lo que crees, Bronn. - respondió él, alzando las cejas y manteniéndose detrás de Sansa.

- Que lo intente. - escupió el Perro, dejando a la joven aún más asombrada. ¿Así que estaba realmente dispuesto a protegerla? Todo aquello la estaba tomando por sorpresa, y no era como si ella no las disfrutara, Sansa adoraba las sorpresas.

- O quizá seas tú el que lo intente, Perro. - Contestó el mercenario, apoyándose en la puerta con total desgana y comodidad, no sabía lo que decía... No podría hacer frente a Sandor.

- No vais a comenzar una discusión, y menos bajo el techo de mi señora Sansa. ¿Qué formas son esas? - Protestó Tyrion, mirando de uno a otro con el tono de un padre que echaba una reprimenda a sus hijos tras una pelea.

Sin embargo, la joven loba encontraba el tono de los tres hombres demasiado divertido como para contener la risita que escapó de sus labios e hizo callar a los hombres, en estupefacción.

- Vuestra señora os encuentra gracioso, mi señor. - volvió a comentar Bronn con ese casual tono sarcástico que usaba con Tyrion.

Ella se apresuró a negar con la cabeza, riendo de nuevo levemente ante la idea que paseaba por su mente y cubrió su boca con su pequeña mano.

- Solo... Por un momento me recordásteis a mis hermanos discutiendo... Cuando estábamos en Invernalia solían hacerlo continuamente en el patio de armas. - Confesó ella, siguiendo con sus azules ojos las expresiones de los hombres frente a ella.

Mientras que Tyrion sonreía tiernamente, Sandor fruncía el ceño levemente y Bronn simplemente reía con la alegría que le caracterizaba. Jamás parecía preocupado por nada y eso complacía a Sansa en cierto modo.

El silencio pareció pesarles por unos segundos, hasta que una quinta voz rompió cualquier tipo de calma que pudieran haber disfrutado por lo que parecieron unos segundos, sonaba mucho más dura y grave e iba acompañada de ruidosas y pesadas pisadas. Era la voz de un hombre y entonaba una alegre y grosera (para los oídos de Sansa) canción, y para su sorpresa, desconocía a quién pertenecía, pero caminaba libremente por la que ahora era su casa y sonaba cada vez más cerca. El Perro desenvainó su espada, pero Bronn y Tyrion simplemente rieron ante su cántico, sin duda sabían quién era el hombre, pero aquello no calmó a la espada de Sansa, que la situó detrás.

- Sólo se trata de Shagga y sus hombres. - Explicó Tyrion, mirando a Sandor. - Estarán por aquí, por si acaso.

Sansa se atrevió entonces a caminar de nuevo frente a Sandor y le agradeció con su usual tímida vocecilla que hubiera tratado de protegerla antes de hacer acopio de toda su valentía y fuerza para adentrarse en el pequeño patio que daba a su casa, era amplio y bonito, pero Sansa no tuvo realmente tiempo para apreciar el lugar, pues los hombres pretendían apresurarse dentro de las calientes estancias. Bronn cerró la puerta y Sandor abrió la que daba a la casa, permitiendo el paso a Tyrion y Sansa. La cocina era más pequeña de lo que Sansa hubiera esperado, pero era más que suficiente para cocinar.

- Pero Shagga tiene hambre. - Se quejaba el hombre que portaba un hacha y seguía a una de las doncellas por la estancia. Ella se limitaba a reír cargando varios utensilios de cocina.

- Shagga debe esperar. - Contestaba ella, sin ni siquiera detenerse a mirarle, lo cual no paraba al hombre, que continuaba con sus protestas de niño pequeño, tras la pobre mujer.

La joven se adentró en la cocina y le dedicó una leve reverencia a la doncella a modo de saludo, que la hizo sonreír nerviosamente, y pareció hacer que el hombre reparara en su presencia. Debía ser uno de los salvajes de Tyrion, sin duda.

- ¿Sansa? - Preguntó mirándola, acercándose a ella en tres largas zancadas.

Ella asintió y estuvo a punto de dedicarle una leve reverencia, pero se recordó a sí misma quien era aquel hombre y lo poco que le importaría su cortesía.

- Shagga. - Dijo él, levantando su hacha como si aquello explicara qué hacía él allí. - El resto está alrededor.

Tyrion asintió complacido y miró a Sansa, ofreciéndole la mano para guiarla dentro de la casa. Ella no dudó en tomarla y los dos hombres que les protegían les siguieron en todo momento, era más que obvio que no se fiaban el uno del otro y aquello aún le hacía gracia a la joven dama, pero se esforzó en mantener su mejor seria expresión y caminó junto al hombrecillo por toda la casa, que resultó ser mucho más grande de lo que ella esperaba, contando con varios pisos, en los que había habitaciones suficientes para ella, las doncellas y los hombres, además de letrinas, un pequeño salón para Sansa con varios libros que Tyrion se había asegurado de dejar para que la doncella no se muriera del aburrimiento, algún que otro juego de mesa que dudaba pudiera disfrutar con el Perro, pero sin duda a él le encantaría compartir con Sansa y un pequeño jardín en el que florecían varios tipos de flores y contaba con un par de mesas y sillas para que la joven pudiera pasar las tardes allí. La joven reparó hasta en los más pequeños detalles, como la fina y delicada seda que cubría las camas y los bonitos dibujos de las sillas y las mesas del jardín. Todo era realmente bonito a sus ojos y sin duda, serviría para amenizar su estancia en el Sur, por mucho que ella odiara aquel lugar. Sansa alzó su cabeza para contemplar el estrellado cielo nocturno y sonrió, gratamente sorprendida por la grandeza del regalo que Tyrion le había ofrecido, habían regresado al patio de la casa, donde sin duda, a los hombres les encantaría jugar un poco con las espadas, o así lo había llamado la joven, recordando de nuevo a sus jóvenes hermanos.

- Todo es... - Comenzó a murmurar, encontrándose a sí misma sin palabras para describir aquel fantástico lugar. - Realmente bonito... Me siento en deuda con vos, mi señor.

- Todo es poco para lo que habéis aguantado en la Fortaleza Roja. - Contestó Tyrion, con total naturalidad.

- No pensaréis que con una simple casa vais a pagar por todo aquello. - Ladró Sandor detrás de ella.

Tyrion suspiró y negó con la cabeza, caminando ahora hacia la casa de nuevo, para poder cenar como habían hablado.

- Soy el primero que no encuentra palabras ante lo que mi familia ha hecho, Perro. - Contestó el hombrecillo. - Pero os recuerdo que vos les servíais.

- Y os recuerdo que yo jamás obedecí como un estúpido ante las órdenes del rey.

Sansa se mantuvo en silencio, agachando la cabeza ante los recuerdos de su estancia con los leones en Desembarco del Rey, no quería que todo lo que Joffrey le había hecho volviera a su cabeza así que, se aclaró la garganta y se encaminó trás Tyrion dentro de la casa.

- No hay nada que hacer. - Murmuró ella con un hilo de voz. - Y no me gustaría hablar de eso de nuevo.

Tyrion comprendió que no se estaban comportando como los adultos que eran, ella parecía más madura que los tres hombres en aquellos momentos, y por un momento, notó como su corazón se encogía ante la idea de que ellos mismos le habían recordado todo por lo que había pasado a la joven dama.

- Disculpadnos, mi señora. - Murmuró él educadamente.

Ella apenas si asintió, caminando distraídamente hacia la mesa de madera, había suficientes sillas para todos, y ella no negaría un sitio en su mesa a los dos hombres que les servían ahora, pero tendría que prescindir de la presencia de los salvajes por ahora. La comida no era igual que la que había probado en la Fortaleza Roja, pero igualmente, Sansa la encontró mucho más deliciosa, pues estaba en su propia mesa, bajo su propio techo y sin ningún comentario por parte de la reina acerca de la cabeza de su hermano, en su lugar, los hombres intercambiaban comentarios y de vez en cuando alguna broma soez ante la que incluso Sandor se reía, no es que Sansa disfrutara aquellas groseras conversaciones, pero sí que disfrutaba la calidez que le ofrecían y el mero hecho de no tener que esconderse tras una mascara más, podía decir cuanto quisiera acerca de lo que quisiera, y ellos la apoyarían gustosamente. Al menos, confiaba en Sandor y Tyrion, Bronn parecía apoyar su causa, pero no si no había oro de por medio, de lo que la hermosa doncella ahora carecía. Tenía joyas y algún que otro objeto de valor, pero no monedas, aunque sabía que el hombrecillo se las daría si ella las necesitaba, ahora mismo, no pensaba lo más mínimo en aquello. Tan ensimismada estaba en sus propios pensamientos acerca de la realidad que había conseguido, que parecía digna de uno de sus rezos a los dioses nuevos y antiguos que cuando alcanzó su copa y se la bebió de un trago, no reparó en que esta vez el Perro le había servido vino y los tres hombres observaban curiosos su reacción. Sansa no era una gran admiradora de aquella bebida pero sin duda no protestó con el cambio de sabor, aunque sí le pilló por sorpresa y no pudo evitar toser un par de veces, tampoco tardó en notar el leve rubor que cubría sus pálidas mejillas.

- Solo deberías hablar un poco más y el vino te soltará la lengua, pajarito. - Dijo Sandor, finalmente guiñándole un ojo en un gesto de complicidad.

Bronn y Tyrion se echaron a reír y Sansa no dudó en unirse, y su mano no le tembló cuando la acercó a la de Sandor, para que le echase algo más de vino.

- ¿Os quedaréis a dormir, mi señor? - Preguntó ella mientras Clegane la servía, posando sus ojos en Tyrion, el fantasma de una sonrisa ya aparecía en sus labios.

- No creo que me sea posible, mi señora Sansa, si mi hermana se entera de... - Comenzó él, siendo rápidamente interrumpido por el mercenario.

- ¿Creéis que a vuestra hermana le pillará por sorpresa que os paséis la noche en el burdel? Te recuerdo que salimos de allí, por aquellos malditos pasadizos de la araña de los que solo Varys sabe, bueno, además de los presentes. Además, cualquiera os dejaría un caballo ahora... - Una carcajada escapó de sus labios ante la idea.
Y tenía razón, si intentase cabalgar, la montura acabaría huyendo y con alguna pata rota y el hombrecillo habría caído por el camino solo los dioses saben dónde y si seguiría con vida para cuando supieran de su desaparición y se dignasen a buscarle.

La doncella tomó de nuevo su copa con delicados pero firmes dedos y la vació en un par de tragos, casi olvidándose de la dama que era, o solía ser.

- Quedaos. Podéis marchar mañana cuando salga el sol. - Se atrevió a decir ella.

- ¿Es una orden de mi señora? - Bromeó Tyrion, sonriéndole.

Sansa había aprendido a tolerar los rostros de Sandor y el hombrecillo, a ver más allá de sus apariencias y admirar los hombres que eran, como la servían y como la cuidaban en estos difíciles tiempos, así que le mantuvo la mirada en su mayor intento por parecerse a su madre, señora de Invernalia pero al final acabó estallando en varias alegres carcajadas.

- Es posible. - Finalmente dijo, divertida.

- ¿Habéis oído, Bronn? Es una orden de nuestra señora.

Todos rieron de nuevo, menos Sandor, que se había llevado lo que quedaba del vino y había desaparecido de la mesa. Sansa suponía que no le gustaba demasiado la compañía del león y su mercenario... No le culpaba, y no se lo tomaría como un insulto, pero sí le pediría cuentas a su espada. ¿Qué menos podía hacer la señora que mantener contentos a sus invitados y los que le servían?

Primero de todo, agradeceros a todos los que estáis ahí y me dejáis mensajes pidiéndome más, realmente me encanta leeros a todos, me da mucho ánimo a continuar escribiendo esto ^^ Pero por otra parte, me temo que no puedo desvelaros nada acerca de este (quizá, solo quizá :P) triángulo amoroso, así que os dejaré con las dudas hasta que la historia avance algo más. Aprovechar para deciros que si os gusta SansaxSandor, tengo un fic dedicado a ellos ^^

Ahora sí que no me enrollo más.

Gracias por leerme,

Grimcs 3