Cáp. 3: Dudas y Realidades.

La vi alejarse sin poder despegar mis ojos de ella. Era tan misteriosamente agradable, sencilla y hermosa. Supongo que no hay chico en esta escuela que no piense lo mismo pero yo he tenido la suerte de poder hablar con ella, de verme reflejado en sus ojos de oro líquido, de oír su risa cantarina y su voz melodiosa. Sin duda he recibido de ella mucho más de lo que merezco.

Por un momento me sentí ligeramente molesto conmigo mismo aunque no tengo claro si fue por tener la autoestima tan baja o porque me estuviera haciendo ilusiones con ella. Después de todo ella sólo estaba siendo amable, simplemente me estaba obsequiando unos minutos de su vida antes de regresar a su propio mundo, un mundo donde ella es la reina.

Fruncí el ceño al notar que ella se estaba convirtiendo en el eje de mi propio mundo. ¿Qué pasará luego cuando ya hayamos terminado toda esta función del recorrido? ¿Ella volverá a hablarme? ¿Pensará en mí aunque sea por casualidad? Yo… yo deseo permanecer a su lado, pero tal vez ese no sea su deseo. Tal vez ella simplemente estaba dejándose llevar por Alice o Gracie…

Sacudí la cabeza intentando alejar de mi mente el pesimismo, quizás hubiera funcionado si el dolor en mi pecho hubiese sido más débil pero no; tenía que ser de esos dolores que intentan obligarte a acuclillarte y a buscar aire mientras te ahogas en la impotencia y la desdicha.

Me vi imposibilitado de ir a clases de algebra por lo que caminé hasta mi coche y me oculté en él como un maldito cobarde.

Esta sensación era desconocida para mí. No recordaba haberme sentido así en toda mi vida. Tal vez simplemente me estaba enfrentando a una nueva clase de emoción. ¿A quién debía consultarle? Yo jamás he sido muy dado a los amigos, de hecho, jamás he congeniado con nadie de mi edad ni de ninguna otra. No soy lo suficientemente serio para un adulto pero tampoco soy lo suficientemente irresponsable para un adolescente. Soy un raro espécimen que se mantiene haciendo equilibrio justo en el medio, parado exactamente en la delgada línea que divide cada una de las etapas pero sin lograr ajustarse a ninguna en particular.

En fin, siempre he sido raro.

Tal vez podría hablar con Gracie pero correría el riesgo de que ésta le contara a Bella o a Alice, Agustín era casi tan asocial como yo así que mucho no me serviría aunque, en realidad, no perdía nada hablando con mi primo.

Tomé mi móvil velozmente intentando por todos los medios no arrepentirme. Marqué el número de Agustín y espere aún a sabiendas de que era poco probable que me respondiera. De seguro estaba en clases.

─¿Te ha ocurrido algo?─el teléfono sonó tres veces antes de que él contestara, parecía realmente preocupado─.

Me reí un poco.

─Nada grave ─respondí y pude imaginármelo frunciendo los labios con desagrado─, en realidad necesito un concejo.

─No digas más ─ordenó─, ¿Dónde estás?

─En mi coche en el estacionamiento. ¿Tú no deberías estar en clases?

─Tú también ─se burlo─, cuando vi que me llamabas pedí permiso, no te preocupes. Voy para allá.

─Te espero.

No pasaron ni tres minutos y él ya estaba acomodándose en el asiento del copiloto de mi coche. Me miró por un segundo en silencio. No se que aspecto tenía mi rostro pero parecía bastante preocupado.

─¿Has dormido bien? ─preguntó de golpe─.

─S-si ─balbucee no muy seguro de que eso fuera verdad─.

─Pareces cansado ─murmuró─. En fin, dime ¿Qué es lo que sucede?

Respiré hondo, contuve el aire y luego lo solté intentando reunir las fuerzas necesarias.

─Creo… creo que… ─el nudo en la garganta no me permitía hablar bien, sentía como mis mejillas se tornaban rojas y mis manos comenzaban a sudar─.

─Tú crees… ─me animó─

─Creo que me estoy interesando en Bella Cullen ─lo dije lo más rápido que pude, apenas salieron las palabras de mi boca me arrepentí de ellas─.

Agustín no dijo nada. Se mantuvo observando el exterior por la ventana del coche enviándome raudas miradas de soslayo de vez en cuando. Los minutos pasaban y él seguía sin decir nada.

Mi impaciencia natural hizo gala en ese momento. Me oí a mi mismo gruñir y tamborilear mis dedos contra el volante, entonces una sonora carcajada, que produjo un leve brinco de mi parte, llenó la cabina. Agustín se estaba riendo de mí a mandíbula batiente.

Cerré mis manos alrededor del volante para no caerle encima al imbécil de mi primo y golpearlo hasta que quede irreconocible.

─¿Qué es lo gracioso? ─le gruñí entre dientes─.

─¿Crees que estas Interesado en Bella Cullen? ─asentí─ Pues yo creo que es algo más que simple interés…

─¿Cómo?

─Edward… ─dijo como si hablara con un retrasado─ tú jamás te has interesado en ninguna chica debido a la muchacha con la que sueñas constantemente, ¿Cierto?

─Si…

─Entonces, ¿Por qué crees que te estas interesando en ella?

Lo medité unos momentos.

Cuando duermo, sueño con la joven muchacha de ojos chocolate. Me siento feliz, en casa, necesitado y amado. Es como si algo caliente me llenara el pecho y sólo sintiera la necesidad de sonreír y acariciar su piel suave. Me siento en paz y tranquilo.

Cuando estoy despierto, pienso todo el tiempo en Bella. En sus ojos, su piel nívea y fría, su cabello oscuro, sedoso y brillante, su sonrisa amable o fría. Ella es perfecta… tanto que me intimida. Sé que si Bella lo desease yo pasaría todo el tiempo posible con ella. El problema es que no lo desea ¿O sí?

Es la duda la que me mata.

Lo mire incapaz de decidirme por una respuesta que fuera verdad.

─Yo no puedo decidir por ti, Edward.

─Lo sé.

─Entonces… te propongo algo.

Lo observé con desconfianza, las ideas de Agustín eran menos escandalosas que las de Gracie pero más horrorosas.

─¿Qué tal si te alejas de ella? Apenas hace unas horas que la conoces y ya te estas volviendo loco.

No, definitivamente no. Cualquier cosa menos eso.

─Eso no entra en discusión.

─Pero…

─No, Agustín ─aseguré─. Mientras ella no me pida que me aleje no lo haré.

Su mirada se suavizó. Pasó de la preocupación inicial a la burla, a la desconfianza y, finalmente, a la comprensión.

Su mirada era casi de compasión y comenzaba a sacarme de quicio.

─¡¿Qué? ─grité exasperado─.

─Yo creo que ya tomaste tu desición, ¿Verdad?... medítala y luego tendrás tu respuesta.

Se bajo de mi auto con una estúpida sonrisa plasmada en su rostro. Sentí el feroz impulso de bajarme también, alcanzarlo y borrarle esa sonrisa a punta de golpes. Pero me contuve. Yo y mi maldita capacidad de controlarme, de seguro algún día me traería problemas.

Intenté por todos los medios mantenerme en el coche pero no lo logré. Cuando faltaban como cinco minutos para que acabaran las clases la impaciencia me venció. Salí del coche, me cubrí la cabeza con la capucha de la cazadora y me mantuve de pie recostado contra la puerta.

Ni siquiera sé que se suponía que pretendía parado ahí en medio de la lluvia. ¿Es qué, acaso, buscaba enfermar de pulmonía?

La misma fuerza que me hizo salir del coche me mantuvo de pie fuera de él. No encontraba la voluntad para volver dentro.

Entonces recordé que hoy almorzaríamos juntos. Corrí hasta su clase para esperarla y evitar cualquier intento de escape. No sabía el por qué pero sentía que ella podía desaparecer en cualquier momento.

Llegue hasta su salón y me recosté contra la pared mientras recuperaba el aliento justo en el momento en el que comenzó a sonar el timbre que anuncia el receso.

Cerré los ojos intentando controlar la emoción que me provocaba el reunirme con ella en ese momento, todo se me hacía extrañamente familiar, como si lo hubiera hecho cientos de veces. Cuando abrí los ojos la vi de pie frente a mí sonriendo, más hermosa de lo que recordaba aunque eso sonara imposible. En mi rostro se dibujó una sonrisa tonta, lo sé, pero era imposible no sentirme estúpidamente feliz por estar ahí con ella.

─Te vemos luego, Bella ─ dijo musicalmente Alice─.

Sin que me lo esperara bailó hasta mí y me abrazó suavemente. Le sonreí feliz mientras correspondía el abrazo y salude con la cabeza a Jasper que me miraba divertido.

Lo vi tomarla de la mano haciendo visibles esfuerzos por no soltar una carcajada contagiándome a mí también de ese inesperado buen humor. Se fueron dando pasos elegantes hacia la cafetería mientras volteaba a ver a Bella que también observaba a sus hermanos. Si no supiera que es imposible diría que esta es la primera vez que ve a su hermana abrazar a alguien.

Se giró hacia mí y me quede prendado de sus ojos cálidos y sus labios llenos. Era tan desesperantemente perfecta.

─¿Prefieres almorzar primero o visitar los edificios? ─ofrecí─.

Ella lo medito por un instante.

─Almorzar primero ─sentenció─.

Le sonreí y lideré el camino hasta la cafetería. Permanecimos en silencio todo el trayecto. Para cuando llegamos Bella estaba perdida en sus pensamientos, de nuevo, eso le pasaba muy seguido.

─Bella, no deberías soñar despierta ¿sabes? ─le regañe─.

Ella me miro con fingido arrepentimiento agitando la cabeza de lado a lado mientras se formaba en la fila para comprar nuestra comida luego nos dirigimos hacia la única mesa vacía que quedaba, me adelanté y corrí la silla para ella. Bella sonrió abiertamente mostrando una hermosa dentadura perfecta y blanca.

Me senté frente a ella odiando la distancia a la que nos ponía la mesa. Noté como observaba su bandeja con una poco fingida mueca de asco, luego alzó la cabeza y me observó detenidamente.

Desee hacerme invisible en ese momento, me intimidaba la fuerza de su mirada sobre mí.

─Dime, Edward. ¿Qué es lo que te gusta hacer a ti?─.

Decidí jugar un poco con ella así como ella lo hacía conmigo. Fingí pensarlo detenidamente y noté como su expresión cambiaba a una más tensa, me giré hacia la ventana mientras me preguntaba si debía ser sincero con ella o fingir ser alguien realmente interesante. Me incliné por lo primero y le sonreí.

─Me encanta leer y escuchar música ─empecé, ella me miraba fijamente─, tocar el piano en mis ratos libres y componer mis propias canciones, me gusta hacer deportes, aunque no soy muy bueno, de hecho solo el atletismo llama realmente mi atención…

─¿Hay algo que odies, en particular?

─No, no realmente.

No era buena idea contarle sobre los seres que habitaban mis pesadillas, ellos eran los únicos que despertaban en mí un profundo odio. De seguro, si se lo contaba, ella pensaría que estoy loco o mínimo se reiría y yo no podría culparla.

Ladeó su cabeza genuinamente curiosa cuando preguntó si es que le temía a ella. Su afirmación casi me hizo reír.

─Y tú, Bella, ¿Odias algo en particular?

Ella se rió.

─Mi naturaleza s esencialmente egoísta no rencorosa ─aseguró─, pero si lo pienso bien, odio a las mujeres con el cabello rubio rojizo.

La miré extrañado. ¿Acaso ella sentía celos de alguien así?

─¿Por qué habrías de odiarlas?

─Es una larga historia…

─Estoy dispuesto a oírla ─le aseguré─.

Ella suspiró.

─En Alaska vivíamos con nuestras primas ─asentí con la cabeza─, una de ellas me odiaba y me lanzaba constantemente miradas envenenadas. En un principio yo no la tomaba en cuenta pero luego comenzó a volverse un poco más… ¿Extremo?

─¿Extremo?

─Sí. Verás, ella me consideraba su rival y casi como una ladrona así que fue un poco violenta nuestra relación desde un principio…

Intenté sin éxito hacerme el cuadro de Bella enfrentándose a otra mujer de cabello rubio rojizo. Ella me parecía demasiado delicada, casi como una muñeca de porcelana, como para que sea odiada o golpeada por alguien. De seguro su prima solo sentía envidia hacia ella.

─¿Y cómo es ella? ─pregunté sin mucho interés─.

─Es pálida, igual que todos nosotros, tiene el cabello largo hasta media espalda finalizando en bucles casi del color de las fresas, tiene los ojos color ámbar, las pestañas largas y es casi del mismo tamaño que Rosalie.

No noté ni un rastro de celos en su voz.

Según su descripción pude saber que su prima también era hermosa, no tanto como ella, pero estaba bien.

También comprendí que, para mi desgracia, había más gente gloriosa como ella en este mundo, no había manera de que se fije en mí.

Oculté la ola de tristeza que me invadió lo mejor que pude aunque no se si dio resultado. Seguimos conversando hasta que hube terminado de almorzar. Vi su bandeja casi llena y me pregunte si se sentiría bien.

De la nada brotó un sentimiento algo desconocido para mí. Deseaba ponerme de pie, caminar los míseros pasos que me separaban de ella y asegurarme de que se encontrara bien.

─¿Has terminado? ─ le pregunté─.

Asintió y salimos de la cafetería a paso tranquilo.

Sin darme cuenta comencé a hundirme en mi propio desconsuelo. Ella estaba tan lejos de mi alcance, igual o más que el primer momento en el que la vi.

Seguí caminando hacia los casilleros en busca de la agenda de Gracie en la cual me había anotado todas las clases que tomaba Bella, ordenándome que empezara el recorrido con lo lugares que ella necesitaba conocer.

Mientras repasaba sus clases la realidad me golpeo.

─Ustedes, los Cullen ─dije─, son una de las familias más antiguas de Forks, pero no viven aquí largas temporadas…

Ella me miró sin comprender.

─Somos unos aventureros insaciables ─respondió mientras se reía─.

Su despreocupación me molestó un poco.

─Ustedes son familia… ─continué─ pero son pareja también…

─No somos familia realmente ─me cortó repentinamente alarmada─. Hace cien años, el primer Carlisle adoptó a los primeros miembros de nuestra familia. Sólo los Hale eran realmente hermanos.

Eso sonó raro.

─¿El primer Carlisle?

Asintió

─ ¿Qué significa eso?

Algo aquí me parecía ilógico.

─Es una tradición entre los Cullen el mantener el primer nombre de los "originales" en la descendencia ─aclaró─.

─No lo entiendo ─dije de mala manera─.

─No tienes por qué ─

Su ceño fruncido me comprobó que estaba comenzando a enfadarse. Pero yo no le temía, aunque, tal vez, fuera un poco escalofriante a veces.

─¿Y por qué no hay ningún Edward?

─Bueno… eso es largo de contar.

─Tengo tiempo ─aseguré─, mañana podemos hacer el recorrido.

Estaba conciente de que me estaba volviendo loco. ¿Cómo podía estar hablándole así a Bella? El dolor de no ser suficiente para ella era totalmente manejable si ella permanecía cerca, pero con esta actitud terminaría alejándola de mí permanentemente y no estoy seguro de poder soportarlo de pie.

Ella suspiró mientras retomaba el viaje por lo pasillos del instituto. La seguí con los puños crispados. No entendía claramente porque estaba molesto. ¿Qué me importaba a mí si no había ningún Edward? No era como si yo pudiera suplir ese espacio en su familia…

─Bueno, Emmett es el mayor de mis hermanos. Ya sabes, el grandote musculoso con cara de tonto ─reímos mientras asentía con la cabeza─, luego nacimos Alice y yo, pero mamá no tuvo otro hijo.

Sensato pero, extrañamente, aún no era suficiente.

─¿Y los Masen no pudieron poner ese nombre a su hijo?

Se rió. Genial. Ahora ella se estaba riendo de mí.

─Claro que no. Ellos descienden de Rosalie Hale, hermana gemela de Jasper Hale, ¿Cómo podrían llamarlo Edward?

Eso sonaba bastante lógico. Me avergoncé un poco por mi insistencia pero aún me quedaba otra pregunta.

─¿Y la descendencia de Alice y Jasper?

Estaba siendo mucho más que entrometido. No la culparía si no volviera a hablarme después de hoy.

─Mi padre es desciende de ellos también, ya sabes, mi abuelo Edward era descendiente del Edward original y mi abuela Alice era descendiente de la Alice original.

─Vaya, al parecer con ustedes todo se queda en familia ─repliqué dolido─

─Es difícil mantener una relación con personas que después de un tiempo no verás, Edward.

Esquivé su mirada para evitar que lea el dolor en mis ojos.

─Ya sabes ─continuó─, si yo hubiese amado a alguien en Alaska o en algún otro lugar en el que hemos vivido estos últimos años, a estas horas estaría llorando por ese alguien.

¿Qué fue lo que dijo? ¿Me dijo que no estaba enamorada de nadie? ¿Dijo que no tenía novio?

Alcé los ojos completamente esperanzado.

─¿No tienes ningún novio, Bella?

─No ─respondió en seguida con desinterés─.

Retomé el camino que habíamos abandonado sin darnos cuenta para que no viera la sonrisa que ahora llenaba mi rostro.

Ella no tenía ningún novio. Bella no estaba enamorada. Mi corazón latía erráticamente rebosante de nuevas energías y felicidad. Casi pude imaginar un futuro junto a ella, tomando su mano entre las mías.

─Dime, Edward. ¿Sabías que tu bisabuela Ángela fue una de las mejores amigas de mi bisabuela Bella?

¿Ah? Me detuve para ver si me estaba tomado el pelo. Parecía totalmente sincera.

─Tu tía Annie me lo contó ayer por la mañana ─dijo con una sonrisa─.

Claro, mi tía Annie tiene serios problemas para permanecer en silencio.

─No, no lo sabía. Aunque no me sorprende.

─¿Por qué?

─Porque mi abuela Ang era una persona maravillosa , según he oído, supongo que era fácil ser su amiga.

─Cierto.

Parecía totalmente segura. La miré de manera especulativa. Ella se tensó.

─Eso quiere decir que tu bisabuela era Bella Swan…

Asintió.

─Vaya.

─¿Qué pasa?

─Mamá aún habla de ella de vez en cuando.

─¿Por qué?

─Porque mi bisabuela siempre hablaba de Bella Swan, así que cuando se evoca su memoria es inevitable evocar a su mejor amiga.

No era mentira. Mi mamá de seguro querría conocerla, pero como lograr que Bella fuera a mi casa sin que pareciera que es algo comprometedor. Lo pensé y decidí que en estos momentos no había forma "no comprometedora" de invitarla.

─Bella, ¿Te gustaría ir a casa a hablar con mi madre?

Me miró con desconfianza.

─Gracie le habló sobre ti y tu familia, ella quiere ver a la familia de una de las mujeres sobre las que más ha oído durante su vida.

Me reí al evocar en mi memoria la alegría agobiante de Gracie mientras le contaba a mi mamá sobre los Cullen.

─Será un placer. ¡Llevaré un albún!

El repentino entusiasmo me tomo por sorpresa. Rompí a reír escandalosamente de su expresión infantil, al de un rato ella me acompaño. Sus carcajadas, como notas musicales, trajeron a mi memoria la nana que oía en mis sueños.

¿Por qué?

No noté cuando Bella se alejó de mí para revisar su móvil, estaba demasiado preocupado porque tenía la sensación de estar olvidando algo esencialmente importante.

No tuve tiempo de averiguarlo antes de que comenzara a necesitar de su cercanía.

Me acerqué a ella con una delicadeza que desconocía en mí y le hablé cerca del oído.

─¿Lista? Debemos ir a clases.

Me miró sin un deje de enojo por mi cercanía. Simplemente comenzó a caminar delante de mí hacía el aula de español.

Disculpen por no haber publicado ningún cáp. en tanto tiempo!

Espero ke les haya gustado^^