MIZAKI

CAPÍTULO IV

¡No me iré!

Todos quedamos pasmados, las caras de Ryota y Hiboki me veían preocupadas, en cambio, Sora no podía ocultar la molestia que mi presencia le provocaba. En una combinación de soberbia y enojo, su mirada se quedaba fija en mí, con claras señas de sentirse superior a todos los allí presentes.

-Lo siento- dije justo antes de salir corriendo.

Llegué al campamento lo más rápido que pude, llamando la atención de Kokone que me estaba esperando.

-¿Qué pasó, Mizaki? Tardaste mucho, ¿En dónde están los demás?- preguntó asustada.

-Yo…

-¡Mizaki!- gritó Ryota mientras llegaba al campamento, seguido de Hiboki y Sora quienes, por lo que había entendido, eran sus hermanos-. Creo que te debo una explicación.

-Supongo que sí- respondí. Kokone se me quedaba viendo desconcertada, sin entender de qué estaba hablando. Taichi salió de su tienda y después de eso Ryota nos convenció de sentarnos alrededor de la fogata para que nos pudiera explicar su situación.

-Bueno…- estaba más que nervioso-. ¿Por dónde empiezo?

-No digas nada y sólo vámonos- exigió Sora sacando a flote su alto tono de voz que nunca hubiera pensado que tuviera.

-Cállate, Sora, por favor- le respondió Ryota-. A ver, comenzaré con ¿Quiénes somos?- tomo aire y luego continuó-. Mi nombre sí es Ryota Ayazaki, él es mi hermano menor, Hiboki Ayazaki, y ella es mi hermana mayor, Sora.

-Mucho gusto- nos dijo Hiboki con sarcasmo. Sora ni siquiera nos volteaba a ver.

-¿Cómo?... o sea que… ¿mi hermano es tu hermano?- preguntó Taichi, rascándose la cabeza.

-… amm… sí- le contestó Ryota analizando lo extraño de esa oración.

-No lo puedo creer- confesó el guardia-. Kokone, vámonos, ya me está dando miedo, son demasiadas sorpresas en un día- mi amiga lo rodeó con su brazo intentando calmarlo.

-En fin- prosiguió Ryota-, nosotros somos hijos del rey Sashiko del reino Ayazaki.

-Nunca había oído hablar de ese reino- recordé.

-Eso es obvio- expresó Sora. Yo no entendía nada.

-Sora, por favor déjame hablar a mí- le regañó su hermano-. Es muy razonable que no conozcan nuestro reino, porque no existe… no aquí, al menos.

-A ver… ¿a qué te refieres con que no existe aquí?- pregunté.

-Verás- suspiró fuertemente-. Está en otra dimensión.

-¿Qué?- pregunté divertida, seguido de las risas de Kokone y Taichi.

-Mi amigo, ni quien te crea- le dijo este último.

-Es la verdad- aseguró Hiboki con aire de indignación.

-Miren- seguí-, si no nos quieren decir quiénes son, de acuerdo, no los vamos a obligar. Pero por favor, no nos quieran tomar por tontos.

-Cuidado con lo que dices, Riouni- me dijo Sora. ¿Qué rayos significaba "riouni"?

-Mizaki- me llamó Ryota-. Te estoy diciendo la verdad. Venimos de una dimensión vecina llamada Sanzenin. Hace algunos años mi hermano llegó a esta dimensión, a Riouni, y mis padres me mandaron por él para llevarlo de vuelta a casa. Las cosas se complicaron, el portal me dejó en un pueblo muy lejos de donde se encontraba Hiboki y me retrasé tanto que hace unos días mandaron aquí también a Sora para que nos buscara, sólo que ella sí pudo llegar directamente a Noemi. Si se quedó trabajando ahí fue para no levantar sospechas en lo que yo llegaba y nos pudiéramos ir todos de regreso a nuestra dimensión.

-…

Nadie respondió. Por más que le dábamos vueltas a la historia de los hermanos no le encontrábamos pies ni cabeza. La idea de la existencia de varias dimensiones se nos antojaba imposible.

-Por favor- continuó dirigiéndose a mí-. Tienes que creerme.

-Ryota… lo que me dices es… imposible. Además, ya me mentiste una vez.

-Bien- exhaló pesadamente-. Tengo pruebas de lo que digo.

-¡Ryota, no te atrevas!- le amenazó su hermana.

-Tú no te metas, Sora- le respondió Hiboki-. Déjalo, él quiere hacerlo.

-¡Larguémonos de aquí y acabemos con esto!- continuó ella, pero nadie le hizo caso.

-Sólo les pido que por favor no comenten esto con nadie- pidió Ryota, antes de quedarse quito y pensativo.

-Ryota, ya, ¿Qué estás hac… cómo?- no podía creerlo.

La fogata se estaba levantando. Todas las ramas y leños encendidos se abrían paso en el aire lentamente llevándose consigo el fuego y dejando vacía la parte central del círculo que todos conformábamos. La fogata no se detuvo hasta quedar uno o dos metros sobre nuestras cabezas.

-¿Qué rayos?- exclamó Taichi quien, al igual que todos, no dejaba de ver hacia arriba.

-¿Has visto a alguien de esta dimensión hacer algo así, Mizaki?- me preguntó Ryota-. Espero que ya me creas.

-… ¿cómo?- musité.

-Con la mente. Soy un Sanzenin, en donde vivo todos pueden hacer esto- dijo muy tranquilo.

-A ver, a ver- cuestionó mi amiga-. ¿Es enserio lo de las dimensiones?

-Sí- siguió Ryota-. Muy enserio. Desde que mi padre se enteró de que existían, se ha dedicado a estudiarlas y a buscar portales que le permitan moverse de una dimensión a otra. Por el momento ha encontrado 7 de ellas, y no sabemos si haya más.

-¿Y en todas las dimensiones hay gente con… ah… "poderes" como los tuyos?

-Por supuesto que no- respondió Sora metiéndose en la conversación-. Nosotros somos la raza más avanzada que existe hasta el momento. Podemos hacer lo que sea con nuestra mente.

-No exageres, hermana- le interrumpió Ryota-. No le crean, hay muchas cosas que no podemos hacer, tenemos muchas limitaciones.

-Bueno, pero mejores que ellos por supuesto que sí somos- volvió a decir la chica.

-Y bien- continuó él-. ¿Ya no tienen más preguntas?

-Sí- mencioné-… ¿Por qué tienes que regresar?

Todos se quedaron callados. Más que una pregunta, mi comentario había sonado como un reclamo, su significado en sí había sido un "No te vayas".

-Porque…- balbuceó Ryota.

-Porque tiene que regresar- le interrumpió su hermana, tan seca que causaba temor.

-… porque tengo qué- concluyó él.

-Oh

Bajé la cabeza y preferí ya no mirarlo.

-Pues- comenzó Taichi-, yo no sé ustedes, pero me duele mucho la cabeza. Propongo que sigamos con esto después.

-Tiene razón- le apoyó su "hermano"-. Es tarde, hay que dormir.

Todos se fueron a sus respectivas tiendas, y cuando estaba por seguirles el paso, justo al ponerme de pie, Ryota me detuvo.

-Mizaki… ¿Sí me crees, verdad?- pregunta con sus ojos fijos en mis acciones. Alzo la cabeza y me quedo observando la fogata que aún estaba flotando.

-El colmo sería que no te creyera después de eso- respondí divertida señalando al fuego. Lo bajó lentamente y colocó en su sitio.

-Oye- dice tomando asiento junto a mí-, lamento no habértelo dicho antes.

-Ryota, de verdad, no te preocupes. Entiendo que no era algo que le pudieras decir a cualquier persona.

-Es que tú no eres cualquier persona. Tú fuiste sincera conmigo en cuanto a tu situación y yo… pude haberte dicho la verdad. Lo siento. Tuve miedo de que, no sé, me tomaras por loco- reímos un segundo y después continuó-. Te prometo que no te volveré a mentir.

-Entonces dime, ¿Por qué tienes que irte tan rápido?

-Mizaki, soy el primer hijo varón del rey, en un mundo en el que una mujer, así sea la mayor, no puede gobernar un reino… ¿tú por qué crees?

-… vas a ser rey- le contesto.

-Sí, mandaron a Sora por eso, porque según papá ya había pasado mucho tiempo en esta dimensión y ya era hora de prepararme bien para sucederle pronto.

Un momento de silencio totalmente triste. Si Ryota era el heredero al trono significaba que no había una sola posibilidad de que se quedara en esta dimensión, mucho menos de que regresara una vez que se hubiese ido.

-Pues…- dije queriendo que pensara que no me afectaba- apuesto a que serás un gran rey.

Me sonrió tristemente, y acto seguido me levanté y caminé hasta la casa de campaña que compartía con Kokone.

-Buenas noches- me dijo antes de retirarme.

-Buenas noches- le respondí.

Ya adentro, reconocí la sombra de Ryota ir a apagar el fuego, después lo perdí de vista.


Desperté alrededor de las 6 de la mañana, apenas y había podido dormir. Estuve dando vueltas en la cama hasta que mis ojos ya no pudieron más y tuve que concederles su petición de descansar. Kokone seguía aun dormida, me asomé por la entrada de la tienda y vi como Hiboki se apresuraba empacando las cosas de Sora.

-Apúrate con mis cosas, Hibo- le dijo Sora a su hermano-, aún tienes que empacar las de Ryota.

-Pero… ¿Tan pronto? ¿Por qué se tienen que ir tan rápido?- me dirigí a ambos olvidándome por completo de darles si quiera los buenos días.

-¿Qué no te bastó con la explicación de anoche, riouni?- dijo Sora, mirándome con desaprobación.

-Mi nombre es Mizaki- contesté sin darle mayor importancia.

-Como sea, ¿qué no entendiste? Nos urge irnos de este lugar.

-¿Y si tanto les disgusta esta dimensión por qué vinieron a parar exactamente aquí?- pregunté retándola.

-Si fuera por mí, ni muerta hubiera puesto un pie en este lugar. Pero a cierto hermano tonto e idiota se le ocurrió hacerse el dramático y escapar de su casa– miró a Hiboki con disgusto, éste sólo se encogió de hombros.

-Pues perdieron el tiempo viniendo a buscarme, a Sanzenin yo no vuelvo- contestó el muchacho.

-Como gustes, de todas formas a nadie le importa si regresas o no. Ya ni siquiera tienes poderes.

-¡¿Qué?!- exclamé volteando a ver a Hiboki.

-Ya hable de más- dijo Sora-, con permiso, voy a terminar de arreglar unas cosas para irme de aquí lo antes posible.

Exactamente eso hizo, se retiró a su tienda y no salió por un rato. Quería preguntarle al hermano de Ryota por qué Sora había dicho que ya no tenía poderes, pero temí parecer muy indiscreta y preferí callar. Me llevé una sorpresa cuando él mismo sacó el tema.

-¿Quieres saber la historia completa de qué hacemos aquí, Mizaki?- me preguntó haciendo que me sentara frente a él.

-Sí… sólo si quieres contarla.

-No hay problema, eso pasó hace mucho tiempo.

-¿Por qué ya no tienes poderes?

-Cuando yo era pequeño, papá tenía un consejero real. Su nombre era Kentaro, era su mejor amigo y su hombre de más confianza. Él venía de esta dimensión, había llegado por accidente poco antes de que yo naciera. Cuando cumplí cinco años él descubrió que en mí había un poder un tanto más avanzado que el que tiene un Sanzenin común, y no sé cómo encontró un libro hecho por un riouni que decía cómo quitarle los poderes a un Sanzenin. Y luego los usó contra mí.

-… ¿De… de verdad?... lo siento mucho, Hiboki.

-No te preocupes. El punto aquí es que mi error fue no defenderme, y el de mi papá confiar en él. Ambos nos culpábamos a nosotros mismos y nuestra relación de tornó un tanto distante, igual con mi madre que desde que eso ocurrió cambió su modo de ser conmigo. Cuando cumplí doce años preferí irme, averigüé en dónde estaba el portal que me trajo aquí y me fui. Pensé que sería lo mejor. Claro que papá no se puso muy contento, así que mandó a mi hermano a buscarme. Pasaron tres años y no sabían nada de él, entonces enviaron a Sora para que llevara de regreso a Ryota, es muy importante que él esté en Sanzenin, es el futuro heredero.

-…- no sabía ni qué decir, lo que me estaba contando Hiboki era simplemente impresionante-… y yo pensé que mi vida era difícil… podrían escribir un libro sobre tu historia, Hiboki.

-Bueno, tampoco te quedas atrás- me contestó con diversión-. La razón de tu viaje también amerita que escriban un libro.

-Entonces no piensas volver a tu reino- resumí.

-Nunca. Además, ya lo dijo Sora, no me necesitan allá, él único que debe irse cuanto antes es mi hermano.

-Vamos- dijo Ryota, quien iba saliendo de su casa de campaña-, no es tan urgente. Creo que pueden esperar a que termine unos pendientes que tengo por aquí- me sonrió con complicidad, si él hubiera sabido lo feliz que me hizo escucharlo decir eso. Estaba poniendo a un lado sus deberes, sus metas, sus propósitos de toda una vida, por mí.

-¿Tú estás loco o qué, Ryota?- preguntó su hermana saliendo de la tienda de campaña-. Te coronas en dos meses.

-Y en dos meses ya estaré de regreso… bueno… eso espero.

-¡Te volviste loco! Después de lo que le hicieron a Hiboki lo que menos querías era acercarte a un riouni, y ahora hasta eres novio de ésta.

-¡Se llama Mizaki, y ella no tiene la culpa de nada. El que decidió quedarse fui yo!

-¡Te apuesto a que si no la hubieras conocido nunca te habría pasado por la cabeza hacer esto!

-Ryota, escucha a tu hermana- le dije poniéndome de pie-. No tienes por qué hacer esto.

-Vaya, no eres tan estúpida como yo creía- me atacó Sora con desprecio.

-¡A ella no la vuelves a insultar en tu vida, ¿Me escuchas, Sora?!- protestó Ryota, ignorando la forma en que me sentía cada vez él me defendía-. Mizaki, te dije que te acompañaría a ese lugar y es lo que haré, no intentes que cambie de opinión. En cuanto a ti- se dirigió a su hermana-, si quieres irte es tu decisión, pero yo me quedo.

-Ya veo hacia dónde está tu lealtad, hermano. ¡Por supuesto que me voy!- contestó Sora fuertemente, tomando la mochila que poco antes había empacado Hiboki para después acercarse a Ryota-. Te advierto que si no llegas a Sanzenin antes de tu coronación, ni siquiera te molestes en regresar.

Y entonces se dio media vuelta y emprendió camino fuera del campamento. Unos metros antes de que saliera de nuestra vista, se giró hacia nosotros y gritó:

-¡Por cierto, Ryota ¿Ya le dijiste a tu noviecita que tu prometida te está esperando en Sanzenin?!

Acto seguido, se marchó. Me quedé parpadeante, sin entender qué habría querido decir exactamente. Voltee a ver al acusado y éste se limitó a suspirar.

-Rayos, ya me había olvidado de esa loca- dijo Hiboki, llamando mi atención.

-¿Qué loca?- pregunté.

-Rin-rin Shureo- contestó Ryota, con una gran cara de fastidio al mencionar ese nombre.

-¿Rin-rin?- les pregunté, el nombrecito se me hacía bastante extraño- ¿Quién es Rin-rin?

-La noviecita de Ryota- respondió Hiboki cantando.

-¡No es mi novia!- contestó molesto su hermano mayor-. Rin-rin es la persona más insoportable del mundo.

-Si creías que mi hermana era la princesa de las odiosas… Rin-rin es la reina- mencionó el menor.

-¿Y por qué es tu prometida si la odias?-le pregunté a Ryota.

-Porque es la hija del rey Shureo, el mejor amigo de mi papá, al parecer su sueño es que yo me case con ella para que los reinos puedan unirse, pero jamás en la vida pienso casarme con esa loca, no la soporto. Está obsesionada conmigo, en Sanzenin no me dejaba solo ni un segundo, hasta llegaba a meterse a mi cuarto de noche cuando mi hermana la invitaba a dormir a la casa.

-¿A dormir?

-Sí, para colmo Rin-rin es la mejor amiga de mi hermana, son tal para cual… y digo… no es que la odie… sólo… no, espera, sí la odio, me persigue desde los 5 años. Ya me tiene harto. Y no es que sea fea, sólo… no es mi tipo.

-¿Y entonces cuál es tu tipo, hermano?- preguntó Hiboki con tono burlón.

-Pues… no sé… yo diría… de ojos marrones, cabello ondulado y negro- le contestó Ryota mientras me sonreía.

-Ammm, qué bien dormí- dijo Kokone saliendo de su tienda y estirando los brazos-… oigan… ¿No sienten una especie de tranquilidad hermosa en el ambiente?

-¿Será porque Sora se acaba de ir?- comentó Hiboki.

-¿Es… es enserio lo que me dicen?- preguntó Kokone con los ojos brillantes-... por Dios, creo que los ángeles cantan. Al fin me libré de esa loca. Pero, chicos… ¿No tenían que irse con ella?

-Supuestamente sí… pero creo que podrán arreglárselas sin mí otro rato- contestó el mayor de los dos hermanos encogiéndose de hombros.

-¿Te quedas?, genial. Creo que iré a despertar a ese flojo de Taichi, ya son más de las 9:00- dijo ella entrando en la casa de dormir del guardia-. ¡Hey, tú! Bonito guardia que saliste, ya levántate… ¡Ah!

Todos corrimos hacia la tienda después de escuchar un ligero golpe. Dentro, se encontraban los dos "amigos" en cierta situación que, si no hubiéramos sabido todos que seguramente había sido accidental, podría parecer comprometedora. Kokone se encontraba sobre su guardia de seguridad mientras éste le sostenía por la espalda. Percatándose de nuestra presencia, ambos se separaron rápidamente, quedando en dos extremos opuestos de la casa de campaña.

-Awwwwww, miren nada más a estos dos. ¿No les parecen lindos?- preguntó Hiboki con clara intención de molestar.

-Muy bien Taichi, ya te estabas viendo lento- contestó su hermano siguiendo el juego.

-Par de locos. La muy tonta se cayó, eso es todo- respondió el guardia acusado.

-Claaaaaaro. Como digan- hablaron los dos hermanos juntos esta vez, seguido de carcajadas por parte de nosotros tres.

-Ya déjense de tonterías los dos y mejor hagan algo útil como quitar las tiendas que faltan- ordenó Kokone.

-Está bien… los dejamos solos, jajajaja- continuó Hiboki.

Pasado un rato ya había quedado olvidada la escena anterior, las tiendas habían sido recogidas, y estábamos por irnos.

-Se supone que ahora tenemos que tomar un barco a Furikawa, ¿No?- pregunté ya cuando habíamos empezado a caminar.

-Sí, hay que ir al puerto de Noemi- respondió mi amiga-. Cerca de ahí hay un mercado, podemos pasar comprando comida para el camino.

-… ¿Comida?- preguntó Ryota con ojos brillantes-. ¿Hablan de que vamos a comprar comida real, y no latas para el viaje?

-… sí- respondimos todos.

-… tenemos que llegar a ese mercado cuanto antes- dijo avanzando cada vez más rápido.

-Hermano… sólo es comida- comentó Hiboki.

-¿Sólo comida?... he pasado más de tres años comiendo comida para viaje enlatada buscándote a ti, tonto- se acercó a su hermano menor y lo golpeó en la cabeza-. No sabes cuánto tiempo esperé poder hacer eso.

-Repito lo que le dije a Sora: yo nunca les pedí que vinieran por mí- sentenció el chico, todos pensábamos que iba a comenzar una pelea.

-Tal vez- respondió su hermano-… pero nosotros nunca pedimos que te fueras, Hiboki.

Dicho esto, se dio la vuelta y continuó con su veloz paso hacia la comida… digo, hacia el mercado, dejando al menor de los Ayazaki sin nada que decir. Intentado meternos lo menos posible en sus asuntos, los tres restantes nos limitamos a seguir los pasos de Ryota fingiendo no haber escuchado nada. Acto seguido, Hiboki se reencontró con nosotros y después de unos minutos de incómodo silencio llegamos al mercado del puerto de Noemi. Decenas de olores se conglomeraban en el lugar, en contraste con la gran cantidad de productos que allí se vendían. Cada puesto te daba una sensación diferente, como siempre había unos más grandes que otros, mejor o peor atendidos y cada persona que allí encontrabas era una sonrisa nueva que demostraba, si no alegría de ejercer su oficio, al menos conformidad con lo que la vida les daba. O por lo menos eso era en la mayoría de las personas.

Cuando giré mi cabeza para preguntar qué es lo que querían comprar primero, me di cuenta de que ya todo el equipo estaba dispersado por el lugar, cada uno con las cosas que le interesaban. Kokone, por ejemplo, se encontraba a tres metros de mí probándose uno que otro vestido.

-¿Qué estás haciendo, Kokone? No vas a llevar todo esa ropa cargando todo el viaje- le reprendía Taichi.

-Por supuesto que no… la llevarás tú.

-¿Q… qué? Estás loca.

A diferencia de a ellos me fue imposible hallar a Ryota o a Hiboki, así que decidí darme por vencida y comenzar a repasar los objetos curiosos que me rodeaban. En la mesa de afuera de un negocio de baratijas se encontraban puestos unos pequeños collares tallados en madera, uno en especial llamó mi atención, no sólo porque tenía una "M" cursiva escrito en el frente, sino porque a pesar de la simpleza del diseño- forma de corazón y completamente plano- se veía verdaderamente lindo.

-¿Le interesa comprarlo, señorita?- preguntó la encargada del lugar-. Vale sólo 50 YK.

-No, muchas gracias. Sólo estaba viendo.

Cuando estaba por darme la vuelta, Ryota apareció justo detrás de mí. Iba cargando una gran bolsa llena de pescado que impresionaría a cualquiera.

-Mira lo que compré para la cena, Mizzi- dijo alegremente poniendo la bolsa frente a mí.

-Ahh… eso es mucho pescado, Ryota. Sólo somos 5 personas.

-… No tienes idea de cuánto pescado puedo llegar a comer… ¿Qué es eso?- cuestionó tomando en sus manos el collar que estaba viendo.

-Oh, es sólo un collar. Me llamó la atención que tuviera una "M"

-¿Lo quieres? Te lo compro- me dijo sonriente.

-Ah… no. Gracias, pero no estamos aquí para comprar collares, Ryota.

-… ¿Y? Es un regalo.

-De verdad, no hace falta.

-Mmmm… bien. Como quieras, Mizzi- dejó el collar en la mesa mientras se encogía de hombros.

-… ¿Mizzi?

-Sí… ¿O te molesta que te llame así?

-No pero… ¿Por qué lo haces?

-No lo sé. No acostumbro llamar a nadie con diminutivos pero… me nació. Se oye bien. Ven, ya hay que buscar a los demás- tomó mi mano y comenzó a jalarme hacia el puerto. Creo que si no me hubiera sostenido con tanta fuerza, en el momento en que tomó mi mano me habría caído al suelo.

Ya en las afueras del mercado vimos a Taichi quien venía cargado hasta la cabeza con bolsas de frutas y demás, Kokone a su lado iba comiéndose una manzana y dándole indicaciones para que no tropezara.

-¿Ya es todo?- pregunté con sarcasmo a mi amiga.

-De mi parte sí… ¿Y Ryota, no estaba contigo?- me preguntó. Giré mi cabeza y, efectivamente, el chico había desaparecido.

-Oh… estaba aquí hace un momento.

Detrás de Kokone apareció Hiboki, quien por su parte llevaba unas cuantas bolsas repletas de comida. La posibilidad de que yo comprara algo se había vuelto innecesaria, con lo que llevábamos alcanzaba perfectamente para nuestra estadía de tres días en el barco, y comprar más cosas habría resultado un desperdicio.

Justo cuando nos estábamos preguntando en dónde se encontraba el mayor de los Ayazaki, éste regresaba corriendo a su lugar de desaparición de hacía unos minutos.

-¿Qué pasó, Ryota? ¿A dónde fuiste?- pregunté.

-Ahh… a buscar a Hiboki- dijo tranquilamente-… pero ya está aquí, así que vamos, hay que irnos.

Unos minutos después, Ryota comenzó a hablar con el capitán de uno de los barcos que se encargaban de llevar legumbres a Furikawa. Le pedimos que por favor nos dejara viajar como pasajeros. No hubo mayor problema para el capitán dado que el viaje sería relativamente corto y además se llevaría una buena paga. Nos colocó en dos habitaciones pertenecientes a los cargueros del barco, una para Kokone y para mí; y otra para Taichi, Hiboki y Ryota.

Alrededor de las cuatro de la tarde el barco se puso en marcha. Decenas de trabajadores caminaban de un lado a otro en un traqueteo de actividades efectuadas con tal normalidad que las hacían parecer incluso tan inevitables y rutinarias como la misma respiración, aunque para mí y mi mejor amiga se nos antojaban más pesadas y cansadoras de lo que alguna vez habíamos imaginado.

Unas horas pasaron, y después de la cena comprobé lo dicho por Ryota: no tenía idea de cuánto pescado era capaz de comer un hombre cuando tenía hambre. Tan solo entre los chicos acabaron con las cuatro quintas partes de lo comprado. Mientras ellos se encargaban de terminar con nuestras provisiones, nosotras nos despedimos y entramos a nuestro camarote con toda la intención de dormir, el día había sido largo y estábamos cansadas. Ambas comenzamos a charlar encima de la cama, como en los viejos tiempos en el internado, de temas ridículos e inmaduros fingiendo, por lo menos por ese instante, que aún teníamos una vida "normal".

-Mizaki- mencionó mi amiga-, ¿te molestarías si te dijera que tú y Ryota hacen una pareja hermosa?

-… no tengo por qué molestarme- dije sorprendida-. Pero no lo vayas a decir en frente de él.

-¿Por qué? Todo el mundo sabe que él siente algo por ti.

-… entonces todo el mundo está loco. Un chico es amable contigo y ya todos piensan que es porque le gustas. Si siguiéramos esa lógica, entonces Taichi te ama.

-No es lo mismo. Taichi es mi guardia, le pagan por tratarme bien.

-Sabes bien que no me refiero a eso, Kokone…

-… n-no estábamos hablando de mí y de Taichi, sino de Ryota. Él no sólo es amable contigo.

-Por supuesto que sí.

-No. Cuando te tropiezas y te ayuda a levantarte, es amabilidad. Cuando recoge algo que se te cae, es amabilidad. Es más, cuando se ofreció a acompañarte hasta la cueva, eso aún era amabilidad. Pero quedarse contigo aún en contra de su hermana y sabiendo que está a dos meses de coronarse como rey, eso, discúlpame, pero eso es amor.

-jmm, como dije antes: estás loca, Kokone. Ves cosas donde no las hay. Ryota está com-pro-me-ti-do.

-.. ¿Y? Ya te dijo que no quiere a la chiquilla esa.

-Aunque no la quiera, sus padres lo obligarán a casarse. Además, él no se quedará aquí para siempre. En algún momento tendrá que regresar a la dimensión sans-como-se-llame, y cuando eso pase dudo volver a verlo así que no, es imposible que él se enamore de mí.

-… ¿Y si la enamorada fueras tú?- dijo haciendo que levantara mi cabeza que había tenido mirando al cubrecama durante toda la plática. Por alguna razón comencé a preocuparme.

-Ah…

-¿Qué harías si eso pasara?- insistió-. ¿Si te enamoraras perdidamente de Ryota Ayazaki, dejarías que se fuera?

-Kokone…

-Piensa, Mizaki: ¿Si él se fuera… qué harías tú?

-Yo… yo… - estaba acorralada-… no sé.


Bien, aquí les dejo el capítulo cuatro. Espero que les haya gustado y por favor comenten, quiero saber lo que opinan de esta historia :)

Atte. Akyfin02