He tardado un poco pero aqui les tengo el siguiente capítulo esperando que sea de su agrado tanto como los otros y para no variar la costumbre he de decir que los personajes de esta historia no me pertenecen pero la historia como tal es de mi propia inspiración.
CAPITULO 4
-¡¿QUÈ HACES AQUI?!
- Yy yo estaba paseando, es que me...– dijo titubeando tratando de explicar pero no pudo por que fue interrumpida, estaba realmente asustada aquellos ojos negros mostraban una rabia que estaba siendo contenida más allá de lo posible.
- ¡¿PASEANDO?! – Esa respuesta lo había dejado pasmado -¿DE QUE PRIVILEGIOS CREES QUE GOZAS ESTUPIDA ESCLAVA?- En ese instante Vegeta alzó una mano que violentamente fue a parar al rostro de la peliazul, tumbándola unos metros más allá totalmente inconsciente. El sayayín había quedado perplejo su enojo irracional lo hizo actuar de aquella manera pero jamás pensó que ella fuera tan débil, una sayayin jamás hubiera salido volando por una insignificante cachetada y por supuesto eso de quedar inconsciente, jamás, eso no era posible para una de las razas más poderosas del universo.
De pronto oyó un ruido tras el apenas alcanzó a voltear cuando sintió un golpe que le volteó la cara, pues no estaba prevenido, el maldito sujeto que trataba de violar a SU mujer, se le dejaba ir a los golpes, que inesperado e inútil atrevimiento acaso el insecto ese no sabía quien era su oponente.
- ¡Esa terrícola es mía y tú no me la vas a quitar!
- ¡MALDITO INSECTO¿COMO TE ATREVES?
Ambos sayayines se miraban como estudiándose, pero a diferencia de Vegeta, quien permanecía perfectamente plantado y aparentemente relajado, el otro se encontraba en posición de ataque esperando la oportunidad para atacar al príncipe, pero este no le dio tiempo y se lanzó hacia él propinándole un puñetazo en la boca del estómago, seguido de otro en la cara y rematando con un rodillazo nuevamente en la boca del estómago dejando a su contrincante fuera de combate, había descargado en él todo el enojo de hace unos momentos, hubiera podido matarlo ahí mismo, nadie le habría dicho nada pues era el príncipe, hacía mucho traía un algo que lo estaba molestando y aquel sayayín le había dado el pretexto perfecto para desahogarse pero todavía se preguntaba ¿Cómo era posible que esa escoria lo hubiese retado a él? Al príncipe de los sayayín, pero sus ojos no le dieron importancia y volteó a ver la figura que se encontraba metros más allá completamente inconsciente.
- Nappa te quiero aquí en este instante.
- Si mi señor¿dónde está?
- No estoy para estupideces, ven inmediatamente y trae a Kabuto.
- Si señor.
No tenía idea por que había actuado así, por que una rabia incontrolable se había apoderado de él de esa, manera. – Tonterías - Se había acercado al cuerpo desvanecido cuerpo femenino se hincó a su lado y pasó una mano por debajo de sus hombros levantándola y acercándola contra su pecho, la cara de la muchacha quedó recargada contra él y con la otra mano quitó con cuidado los desordenados cabellos que cubrían su rostro observándolo con detenimiento. Aquel hermoso rostro estaba lastimado, un lado se hallaba completamente hinchado y el otro tenía raspones y todo aquello era su culpa y ahora se arrepentía, pero a partir de ese momento nadie volvería a dañarla jamás de esa manera, ni él mismo.
-¿Pero que idioteces estoy pensando?
Justo en ese momento ella abrió los ojos, tratando de enfocar la vista y lo primero que vio fue el varonil rostro del príncipe muy cerca del suyo, su profunda mirada estaba clavada en la marina de ella mientras que su cálido aliento acariciaba su rostro, aquello la inquietó e intentó separarse de aquel ser con un brusco movimiento que la mandó nuevamente al suelo sintiendo un dolor punzante en su mano, pero no le importó lo único que quería en ese instante era alejarse de ese hombre.
- ¿Qué te pasa terrícola?– dijo de modo despreciativo al ver su reacción mientras se acercaba a ella para tratar de ayudarle a ponerse de pie.
- No me toque. – estaba totalmente a la defensiva, quería salir corriendo de ese lugar nunca se había sentido tan humillada como ese día, trataba de pararse pero la situación de nervios en que ahora se encontraba le estaba afectando demasiado, en un abrir y cerrar de ojos su situación cambió, de estar tirada en el piso haciendo vanos esfuerzos ayudando por levantarse, la caída la había lastimado más de lo que pensó, y las prisas por escapar de ese lugar no la estaban, de pronto se encontraba en brazos de aquel sayayín.
- ¿Pero que demo…
- Cállate – ordenó el príncipe -
- Señor ...-
- Nappa lleva a esa escoria a prisión y encárgate de que reciba un castigo ejemplar por traición.
- Si señor.
- Tú, lleva a esta esclava a curación y la quiero perfectas condiciones, te hago responsable de ella. – se la entregó y se marchó de ahí. Dejando a una anonadad Bulma en los brazos de un completo desconocido que al parecer no se encontraba perplejo ante la orden y más aun con el enemigo en brazos.
- Esto no puede ser – murmuró para si Kabuto con rabia contenida, mientras Bulma sentía la tensión en el cuerpo del sayayín, Nappa se estaba encargando del otro sayayin y apenas había escuchado a lo que había dicho su compañero, sabía perfectamente que si él lo había oído el príncipe también, quien se había detenido en seco al escuchar aquella insolencia, pero antes que cualquiera de los tres reaccionara, la mujer se pudo liberar de los brazos del soldado.
- No se preocupe, puedo caminar perfectamente y en unos días estaré en excelentes condiciones, con permiso.
- No te atrevas a moverte, y tú obedece – Vegeta no se había movido ni un ápice, se encontraba de espalda a la pareja quienes respectivamente lo veían una atemorizada y el otro absolutamente ofendido por la orden recibida, al escucharlo Bulma se detuvo y lo miró expectante.
- Pero señor …- Kabuto se había atrevido a replicar, grave error en un abrir y cerrar de ojos el príncipe había girado su cuerpo unos 45 grados levantando su mano y de ella salió disparado un potente rayo amarillo hacia el insolente soldado de quinta.
- Si no quieres que te mate, obedece. – Vegeta se giró y abandonó el lugar sabiendo perfectamente que aquel guerrero de clase 4 había entendido y obedecería sus ordenes. Nappa había observado todo y sabía también lo que él tenía que hacer apenas Kabuto cumpliera las órdenes del príncipe.
Bulma fue llevada a la sala de curación tal como el príncipe había ordenado creando algo de sorpresa en algunos de los presentes, como los encargados del manejo de aquellas máquinas y la única respuesta y posibilidad que tendrían de satisfacer su curiosidad sería que habían sido ordenes de su alteza Vegeta. La habían introducido en una especie de cápsula, la cual se había llenado de líquido, no sabía cuanto tiempo había estado ahí pero cuando salió sus heridas estaban completamente curadas, no tenía ni un rasguño, ni alguna clase de molestia en la mano. Después de eso había regresado escoltada a su habitación, no por que fuese una persona importante, si no por que ningún esclavo podría andar por donde le diera la gana, y ella aunque fuera una de las consortes favoritas del príncipe no sería la excepción.
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Entro en su habitación y fue corriendo a verse al pequeño espejo que tenía, se sorprendió muchísimo al no ver en su rostro un moretón, rasguño o hinchazón alguna, estaba perfecto como siempre, de pronto recordó el dolor punzante en su mano, se le había olvidado por completo, hizo varios movimientos con ella pero nada ni un piquetito sintió, comenzó a revisarse toda, no recordaba haber sufrido una inyección o cualquier otra cosa durante su estancia en la enfermería y en realidad así había sido.
Cuando hubo llegado a la enfermería la desnudaron, la metieron en una capsula de cristal transparente le pusieron una respirador y comenzó a llenarse de lo que al parecer era agua y después había despertado y ahora ya estaba en su cuarto.
- Esa tecnología sería de gran ayuda para la humanidad – su imaginación comenzó a trabajar con ideas muy buenas acerca de cómo podría utilizar ese nuevo descubrimiento de la tecnología sayayín, y una cosa llevó a otra acordándose que no tenía tiempo que perder ya faltaban menos de 5 días para las fiestas en honor al príncipe y esa sería su única oportunidad de escapar, tendría que ponerse a trabajar en todo ese tiempo afinando los detalles y revisando que todo estuviera como lo necesitaba para poder huir de aquel maldito lugar de una vez por todas.
- Muy bien manos a la obra……¡cielos! – Un repentino mareo la hizo caer nuevamente en la silla, las nauseas aparecieron, comenzó a respirar profundamente se paró despacio por un vaso con agua y al tomarlo notó que su pulso era inconsistente, estaba temblando demasiado, - ¿Qué me esta pasando? – asustada fue dirigió a su cama como pudo y se recostó en ella, justo en ese momento se escucho una voz indicándole que se requería su presencia en la alcoba del príncipe en 5 minutos. – ¡Pero es que acaso ese hombre esta loco! - ¿Cómo era posible que después de todo lo que había sucedido el "principito" quisiera estar con ella¿Acaso no tenía la más mínima consideración? Evidentemente no, pero de sólo pensar en estar con el un escalofrío le recorrió la espalda jamás pasó por su mente que después de todo él la mandaría llamar, y si lo hacía esperar definitivamente todo se pondría peor, - Ni modo tendré que ir - no quería ir, con los recientes sucesos había aprendido a temerle al sayayìn. Bulma intentó ponerse de pie, la habitación se movió, su cuerpo se sacudió y la oscuridad apareció.
Quien sabe cómo pero de un brinco estuvo sentada en la cama, respirando agitadamente, el sudor caía por su frente y los temblores continuaban, trataba de hilar ideas, de ubicarse se encontraba totalmente desorientada, los golpes en la puerta eran más recios, volteó a verla y supo que era de ahí de donde provenían esos ruidos malditos que taladraban su cabeza, no entendía por que se sentía tan mal.
Todo había sucedido demasiado rápido, los ruidos comenzaron nuevamente pero esta vez no eran golpes, volteó nuevamente a ver la puerta, sus ojos se abrieron como un par de platos al ver que alrededor del marco de la puerta iba apareciendo una fisura seguida de un crujir de piedras y de pronto la puerta y parte del marco ya no estaban ahí, se había puesto de pie del susto, una nube de polvo le impedía ver que era lo que estaba sucediendo, unos minutos mas tarde esta se había desvanecido y pudo ver claramente en lo que antes era su puerta a dos guardias y entre ellos al príncipe Vegeta.
- Traíganla
- No, por favor – dijo casi como súplica, los soldados hicieron caso omiso y entraron por ella. Bulma se esforzó inútilmente en resistirse, ambos guardias la tomaron brutalmente cada uno de un brazo lastimándola y la arrastraron fuera del lugar hasta llegar a la presencia del príncipe.
- Maldita, – el príncipe hizo un movimiento de cabeza y los guardias obligaron a Bulma a verlo, la profundidad oscura de los ojos del príncipe estaba llena de ira, ira que se clavaba en sus atemorizados y azulados ojos. - ¿Acaso quieres morir¿Cómo se atreve tu una escoria terrícola como tú a hacer lo que le da la gana? - Se sentía tan cansada, tan mal que no tenía la más mínima intención de responder, desvió su mirada al piso y suspiró, en ese instante sintió como su rostro era levantado violentamente enfrentando el de su enemigo, de su boca salió un leve quejido - ¿Quién te crees tu para desairarme, a mí que soy el príncipe? – Sueltenla -
Bulma sólo podía ver el aquel odio del sayayín, quien al ver el aterrorizado rostro de la humana lo había soltado y había dado media vuelta.
g- Yo … yo – y – intentó decir y cuando el sayayín se giró nuevamente hacia ella, los recuerdos recientes de la violencia del príncipe se hicieron presentes creyendo que nuevamente iba a sufrir los golpes de su enemigo, cansada física y emocionalmente como estaba su cuerpo se volvió pesado y toda su visión se oscureció, las fuerzas de sus piernas flaquearon y finalmente se desvaneció. Vegeta la había alcanzado a sostener, por segundos sus ojos se perdieron admirando detenidamente la figura femenina que tenía en sus brazos, el leve ruido de uno de sus guardias que se apresuró a ayudarle le hizo volver a la realidad se levantó cargándola y se la entregó.
- Llévala a curación, la quiero perfectamente bien para mañana en la tarde
- Si señor
- Y no hay pero que valga, espero hayan entendido.-
- Si señor - respondieron al unísono ambos.
Dicho esto Vegeta se dio media vuelta dejando atrás a los guardias y se dirigió al gimnasio a entrenar no sin pensar en sus estúpidas consideraciones para la humana – Maldita desgraciada – dio un puñetazo a uno de las columnas que había en el pasillo, la cual minutos después cayó hecha polvo al piso sin que nadie entendiera el porqué de dicho fenómeno. Mientras que los guardias se fueron a cumplir las órdenes.
Les agradezco a todos los lectores sus reviews por que creanlo o no es un incentivo para seguir escribiendo, espero les haya gustado este capítulo y no desesperen en la actualización del siguiente.
