Apertura del final, y también la llegada de un nuevo comienzo


— Sasuke hay que pagar las cuentas.

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Todo en esta vida tiene su debido precio.

Es tonto el hacerse la ilusión de un mundo idóneo, donde todo salga bien y uno pueda vivir a sus anchas sin problema alguno que perturbe su día a día. Sí, claro que es obvio, lo es, y aun así Sasuke sentía la necesidad de decir; "Puta vida", ahora que Itachi le miraba directo a los ojos, con la sonrisa suave –afable-, esperando el fruto de su trabajo.

El asunto – este que ahora se efectuaba-, era simple, como suele pasar mensualmente, uno tiene como deber pagar los servicios básicos – agua, luz, gas, etc.-, sin falta alguna, si es que quiere vivir como la gente de buena casa hace. Bien, ese es un dato del que Sasuke estaba al tanto, e Itachi se encargó de hacerle saber que tenía dos meses de retraso, y con este se cumplía el tercer mes, también, que al no movilizarse ahora, era mejor despedirse del simple lujo de tomar un vaso de agua directo del grifo, además de ser hora de preparar velas para la noche –de una forma para nada romántica-, y… ver qué hacer de ahora en adelante a la hora de tomar un baño, entre otras necesidades que ellos poseían. Lo peor de esto es que Sasuke – quien decidió cargar el muerto, sin que nadie le haya obligado a ello-, estaba… en ceros, no tenía nada para dar, solo unos cuantos billetes, que ni soñando cubrían la cantidad necesitada – el plazo era mañana-, y también su sueldo fue prácticamente arrebatado de sus manos cuando golpeó a Orochimaru, y Kabuto juró venganza – y algo le decía que si se atrevía a pedir lo suyo, podía tener hasta una demanda. En fin, habían más formas de sacar pruebas de una agresión que de acoso sexual- y… no pudo evitar fruncir el ceño, cuando notó que -¡oh, maravilla!-, Itachi cambiaba la sonrisa afable, a una más… no sé, se podría decir que sonreía, diciendo sin decir; "Sé lo que está pasando", y de esa forma se dio cuenta que Itachi ya venía esperando de antemano su fallo. Mierda.

Antes de que Itachi abriese la boca, o que Sasuke empezase a gritar, sin saber cómo más podría zafarse de su frustración, dio media vuelta. Sí, no respondió, la verdad, era que no tenía escusas, y seguía sin antojársele el humillarse, o crear una pelea en la que obviamente perdería –porque Itachi nunca, pero nunca, pierde-, y se fue en una dirección aparentemente desconocida.

Itachi botó un suspiro – Sasuke no lo escuchó-, y… decidió volver a marcar un número que le era frecuente.

-o-

Fugaku siempre fue, es y será, un hombre intimidante. Ahora con la pérdida de Mikoto –la compañera para su vida y la serenidad que él no tenía-, era un triste hombre intimidante, que daba más miedo del que una vez dio. Por desgracia, a pesar de los años, Sasuke seguía temiendo a su progenitor, y… este temor aumentaba, al recordar que había fallado con su promesa de visitarlo. Así que… bueno… pasó lo siguiente:

— ¿Recién te dignas a venir a visitarme?

Sasuke hizo una mueca a espaldas de su padre, y sin saber si con las palabras de su progenitor era bien recibido, o… estas eran una excusa para buscar una pelea, se quedó parado en el marco de la puerta. Fue un mal movimiento, ya que prontamente Fugaku bufó, y le lanzó una mirada asesina a él, y justo con esos ojos negros –que tal y como pasaba con su hermano, a veces parecían tomar un tono escarlata-, le ordenó que se sentara en el tatami. Por ende lo hizo, tanto sea por respeto a su padre, como por el simple hecho de que estaba cansado tras la carrera exhaustiva que tuvo para llegar al lugar.

Curiosamente, antes de hablar –del verdadero punto que le llevó ahí-, botó primero un suspiro, que fue imitado a su padre. Una parte suya rememoró a la voz de Mikoto –también su sonrisa-, manifestando, totalmente risueña, el gran parecido que les encontraba… sintió un nudo en el pecho al pensarla, y se dio cuenta –otra vez- que la extrañaba. Sintiendo una sensación opresora en la garganta, hizo un sonido ronco, que… sí, también lo hizo su padre. Bendita genética.

— Padre, he venido aquí…

— Me imagino, que no lo hiciste con la simple razón de verme la cara.

Sí, era cierto, pero Sasuke se encontró molesto por la poca fe que le tenía su padre. Arrugó la nariz, e intentó tranquilizarse, pero le estaba costando. Él era quien imponía reglas, y quien no seguía a nadie, porque simplemente no le venía en gana, y… odiaba –de verdad odiaba- jugar el papel de niño obediente con su progenitor. Pero… no conseguiría nada con una pelea campal –de esas que solo resolvía Mikoto-, y debía recordar, que Fugaku tenía razón, y es más él debía apresurarse para decir su punto.

— No sé si mi hermano te lo contó, pero yo estoy…

— Estás jugando a poder cargar con todo, cuando sabes que no puedes.

Sasuke esta vez sí hizo una mueca de disgusto lo suficiente notable para que su padre sea consciente de esta, y en respuesta, Fugaku enarcó una ceja, y prosiguió a hablar.

— Debes volver aquí. Solo resultarás una carga si sigues con tu hermano.

— No veo en qué lo perjudico, mucho más si él decidió dejarse a morir, tras perder su trabajo —notó, que Fugaku quería retrucar su discurso, pero decidió ser esta vez él, quien lo dejase con las palabras en la boca—. Sé que mi falta con lo de mi beca no se puede perdonar, pero creo que esta es una buena manera de compensarlo.

— Una manera de compensarte, a ti mismo, y tu futuro, es volviendo a estudiar, y buscar alguna forma digna de seguir adelante. Una trabajillo de medio tiempo no es suficiente.

Tomó un poco de aire, sabiendo que con cada segundo transcurrido, se sentía más molesto. Porque su padre no tenía razón para hablar, ni opinar, ya que no sabía, no tenía siquiera idea de que él, desde hace mucho andaba perdido en lo que respecta a sus aspiraciones. ¿Estudiar, para qué?, no había razón para hacerlo, sin el esbozo –aunque de forma casi imperceptible-, de una vía.

— Voy a seguir viviendo con él, y haré lo posible para dar el pan de cada día, al menos hasta que consiga un trabajo. Tú lo has dicho, es mi culpa que él lo haya perdido.

Podría haber jurado que había ganado, pero no… no es tan fácil, no con Fugaku Uchiha, hombre orgulloso, que gustaba de muy pocas cosas, mucho menos de perder. Así que cuando la mirada de su progenitor en vez de endurecerse, tendió a tranquilizarse, supo que esta discusión todavía daba para más.

— Has venido aquí, porque no tienes ni para comprar lo víveres de mañana, ¿verdad?

Se sintió humillado, y por ello rehuyó la mirada.

— Hoy me despidieron, pero fue…

— ¿Crees…?

— Fue por un percance que tuve con mi jefe, además, el sueldo no era muy bueno —aumentó el tono de voz—. Ya lo sé, no es lo que se espera, pero tenía que dejarlo. Yo mismo me las apañaré después, y prometo pagarte en el tiempo máximo de un mes.

Esto era lo mejor que podía decir, su discurso no tenía para más, y estaba notando que obviamente su padre podría echarle más cosas en cara, y que sin lugar a dudas sus nervios no darían vía a una resolución muy amigable. Intentó por milésima vez contenerse, en el mutismo que duró al menos más de un segundo. Sus dedos se encontraban comprimidos en un puño –uno que se encontraba oculto tras esa pequeña mesa que los separaba-, y así mismo sabía que en sus propias orbes, había ese mismo fulgor violento que desprendía la mirada de un Uchiha. Su padre clavó sus ojos en él -como si se trataran de estacas- y entonces, toda esa autoridad y dureza, que desprendió los años que lo conoció –lo cual era toda su vida-, pareció perderse con el suspiro –suave-, que salió de sus labios.

— Vas en serio, ¿no?

— Sí.

Fugaku formuló una sonrisa extraña en sus labios –de esas, en las que no sabes qué razón la imprimió en su rostro, y no son ni tristes ni felices-, y entonces, sin mucho remilgo, ni nada por el estilo, su padre sacó una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo, y sin más, lo prendió frente a él. Sasuke por fin cayó en cuenta de que su padre había pasado su luto, con la compañía del tabaco.

— Hace un tiempo, mientras tu madre… aún estaba con vida, hablamos de ustedes—dio una calada—. Y de alguna forma el tema llegó a algo que tal vez no quisimos aceptar. Sasuke… —le miró a los ojos—, ¿Qué pasó con tu hermano?

¿Qué? Sasuke pestañeó dos veces continuas, sintiendo su garganta seca, sabiendo de antemano que no podría pronunciar palabra si esto seguía adelante. Porque esto no podía ser. Una cosa es que Itachi supiera lo que sentía –y evitase su toque como si tuviese una enfermedad infecto contagiosa, muy peligrosa, justo por eso-, y otra muy distinta era que sus padres lo supieran y… ¿Qué iba a hacer si así era?

— ¿Se pelearon?

Más tranquilo pudo responder:

— No veo de qué estás hablando, todo está igual —igual, siempre estarían estancados en ese retroceso—. No hay pelea alguna.

— Yo diría lo mismo, es más, Itachi según creo perdió su trabajo por ir a buscarte, aunque sinceramente no lo sé, él se niega.

¿Entonces, no estaba comprobado? Sasuke intentó no pensar demasiado en ello.

— Debes volver a casa.

Se relamió los labios y frunció ligeramente el ceño.

— ¿Por qué tendría que hacerlo? Ya te he dicho, no estamos peleados.

— Y yo quisiera que así fuera, pero ya lo noté antes, e Itachi me lo comprueba.

— ¿Él, cómo te comprueba tal cosa alguien que siquiera está aquí?

Hubo un corto silencio, corto punzante, y antes de que su padre abriese la boca, sabía, que lo que sea que este dijera no le gustaría, y…

— Me llama todos los días para que te traiga de vuelta.

-o-

Y las trompetas resuenan, anunciando la guerra.

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La puerta era solo un obstáculo. Y es por ello que una vez abriendo esta, igual se haya dado el placer de patearla, con la simple razón de desplazarla a un lado.

Mas, a pesar del estruendo de esta al chocar contra la pared, de que Sasuke había llegado obviamente furioso, y con ganas de guerra, a pesar de que el menor de los Uchiha haya agarrado el dinero dado por su padre, y lo haya tirado como una bala –habiendo previamente arrugado éste y dado la forma de una pelota-, justo al lado de Itachi, con todo eso, el mayor de los hermanos, siquiera levantó la mirada. O sea, ¿Por qué hacerlo?, el libro que leía era mucho más interesante que Sasuke y su berrinche, y también esa obvia manía que ahora le traía. Sasuke que interpretó el reaccionar de Itachi como un insulto –y sí, lo era-, se sintió aun más enfadado que en un principio.

— ¿Por qué lo has hecho?

Itachi solo enarcó una ceja, y lo vio, por una milésima de segundo, antes de retomar en nueva cuenta su lectura. Totalmente desinteresado, de cuál sea la razón del enfado de su hermano. Y para retocar el momento, y hacerle sentir como un estúpido, interrogó a su pregunta:

— ¿Hacer qué, Sasuke?

— No te hagas al loco, tú sabes de qué estoy hablando.

— ¿Lo sé? Hermanito, bien sepa no leo mentes.

¿Por qué siempre se hacía la burla de él?

— Sé—intentó hacer que su voz sea más intimidante de lo normal, con la simple empresa de que su hermano dejase ese asqueroso libro a un lado y al menos le dirigiese la mirada—, de tus repetidas llamadas a nuestro padre.

— ¿Sí?—a pesar de que Itachi tenía casi todo el rostro oculto tras la dura portaba de lo que leía, estaba seguro que sonrió, condescendiente—, ¿Hay algo malo en llamar a mi padre?

Un turbio silencio se formó entre ellos tras esas palabras. Sasuke estaba sintiendo como su cuerpo entero se estremecía ante la pura impotencia, y asimismo estaba al tanto de la forma progresiva en que la ira, iba consumiéndolo. Bastaron tres segundos, para que él fuera totalmente consciente de que quería golpearlo. Pero…

— Te estás comportando como un niño— Itachi increpó cuando vio a su libro sonsacado de sus manos, y botado a otro rincón de la habitación.

— ¿Sí?, pues no me importa—tomó un poco de aire—. Ahora dime, Itachi, ¿Quieres que me vaya? Si es así, escúpelo. ¡No llames a nuestro padre para deshacerte de mí!

Había esperado una disculpa, o que Itachi sonriese de esa misma forma que siempre hacía –así, solo con los labios, de forma tan suave, que jurarías, te está regalando una caricia-, mientras negaba las palabras de su padre. Quería eso. Tal y como quería, que sea su responsabilidad la pérdida del empleo de su hermano. Quería demostrarse que era importante, que a pesar de todo lo que era él –y lo que sentía-, su relación no estaba tan mal. Tan deshecha como temió el día en que se confesó, tan rota, como lo demostraba cada vez que Itachi rehuía de su presencia. Quería…

— Sí, lo hice, lo llamé desde el mismo día que llegaste.

— ¡¿Por qué?!, ¡¿No podías hacerlo tú mismo?!

Itachi sonrió –pero no, no como quería, su sonrisa se podría denominar macabra, punzante, mortífera…-, y le vio con sus infinitos ojos negros, sin reflejar emoción alguna en sus orbes, siquiera en su rostro. Una parte suya quería oprimir sus palabras, escapar antes de escucharlas, y la otra, dominada por el orgullo y la ira, quería escuchar, para después atacar.

— Eres tú, Sasuke —habló, lento, conciso, como si tratase con un niño—, ¿sabes lo difícil que es tratar contigo? Mi primer intento acabó siendo infructífero, y para colmo acabaste encaprichándote con una barbaridad. Era mejor que padre tomara cartas en el asunto.

Sasuke frunció más profundamente el ceño. La explicación no le bastaba, y es más se le hacía insultante, ¿Qué quería provocar Itachi con eso?, ¿Por qué tenía tanta necesidad de alejarlo? ¿Por qué rayos tendría que perder su trabajo, si simplemente quería relegarlo al vacío? Por… y entonces ahí se acordó. De forma precisa. El día que llegó, Itachi estaba recostado en el sillón, entre botellas y cigarrillos, con un aspecto que en vida había tenido y daba la sensación de haberse abandonado, o convertido y… no había señal alguna de tener entre sus planes buscarlo. Su hermano no perdió nada por él, y es más tenía la sensación de que la verdadera razón de su pérdida, era solo un deseo.

Se quedó mudo por un instante.

¿Dónde estaba la perfección? Siempre supo que Itachi se sentía infeliz, siguiendo el flujo habitual de la vida, pero era tan bueno en lo que hacía que uno lograba olvidar el detalle. Al menos él lo hizo. Pero se acordaba de ligerezas que no tomó en cuenta –un ceño levemente fruncido, la común evasión para cuando se tocaba el tema laboral-, que ahora cobraban sentido. Y… su hermano no perdió por él, pero tampoco lo despidieron, Itachi se ahorró el verdadero motivo, y lo guardo en su común mutismo. Renunció.

Con la garganta seca captó que había un punto en común entre ambos. La pérdida. Ninguno sabía, dónde debían estar. Eran dos tipos desmotivados con la vida, que seguían adelante. O tal vez no y otra vez se hizo ideas que no deberían ser. Y tampoco estaba aquí, para pensar en la mutua confusión –o la falta del común denominativo-, ya sabía que no eran iguales. A lo mejor Itachi ya no pudo seguir estafando al mundo como el tremendo abogado que era, y simplemente se asqueó mucho de su oficio, y ahora estaba buscando una forma de enmendar errores, y hasta tal vez calmar a su consciencia. Y… no importa. Si a Sasuke le dabas a elegir entre la compasión y la venganza, él siempre elegiría la segunda. Pero esta vez no podía vengarse – ¿de qué podría hacerlo?-, eso sí, podía gritar, reclamar, y aclarar el esquema, tan difuso desde hace tanto.

— ¿Por qué quieres que me vaya?

— Porque sí, estoy acostumbrado a vivir solo, ¿Necesito otras razones?— las palabras del mayor seguían sonando en cómoda calma, tal vez demasiado calmadas.

Sasuke tenía razones suficientes para golpearlo, y esta vez no pudo retener a sus manos que se movieron presurosas hasta el cuello de la camisa de su hermano. Su respiración tendía a ser poco rítmica, y apostaba, su rostro se encontraba rojo ante la rabia, pero en vez de asestarle un golpe en plena cara, río como un demente. Una carcajada amarga que se propagó en el recinto, de forma peor que la tensión mortífera.

— ¡Deja de mentir!

— No lo estoy haciendo.

Pero las manos de Itachi se impusieron ante las suyas, pujando para tenerlo lejos, para que el contacto rehuido por años no reapareciera, creando como reacción que Sasuke ciego por la ira, impidiera el movimiento apresando la mano derecha de Itachi, y estrujándola para que ante el dolor no se moviese. Mas su hermano no era ningún ser frágil, y pronto podría apartarlo de un movimiento brusco, de esos que hizo siempre en estos últimos tiempos, cuando estaban así. Cerca, pudiendo sentir la piel del otro en la palma, y con el espacio personal un tanto violado. Y…

— ¿Es por esto, verdad?—mordió ligeramente sus labios, cuidando de no gritar—. ¿Te doy asco?

El rostro de Itachi seguía tan imperturbable como siempre, a pesar de que el tabú de años se encontraba destapado.

— No digas estupideces Sasuke, ¿Por qué tendría que tenerte asco?

— ¿Dices, por qué?, lo sabes hasta mejor que yo. No quieres que ni me acerque, parece que apenas y soportas respirar el mismo aire que yo. Todo desde ese maldito día.

— Deja el tema.

— ¡No, no pienso hacerlo! Dímelo, de una maldita vez. ¿Tanto rechazo tienes a lo que siento?, ¿No puedes…?

Itachi revolvió los ojos, y era un témpano de hielo andante, así que con soltura se deshizo del agarre, y asimismo elevó su cuerpo fuera del sillón e impuso distancia entre ambos. Había una clara advertencia, ahí, en sus ojos negros –que parecieron pintarse un tanto de carmín- que ordenaba, no volviese a intentar a hacer lo mismo. Sasuke furioso, botó a un lado estas mismas, y también se levantó, con ganas de golpearlo, queriendo la maldita respuesta. Porque podía estar perdido en lo que respecta a su destino, pero ya no en esto. Él debía saber si el rechazo una vez pensado –y que era parte de sus pesadillas-, era una ilusión o una realidad, e Itachi no tenía derecho a dejarlo con la duda, no podía…

— Debes volver con nuestro padre. Empaca tus cosas.

Sus labios temblaron. Sasuke sintió el amargo sabor de la impotencia, entrando más a fondo a su cuerpo, y también la acritud de la rabia, untados de tal forma que la resolución de todo, solo podía contar con lo siguiente:

— ¿Quieres que me vaya porque soy un maldito incestuoso?

Itachi siempre fue amable…

— Sí, no puedo vivir contigo por eso—… pero tenía un tremendo don para ser demasiado cruel cuando le placía.

Así que… ¿qué más hacer? Su orgullo fue aplastado desde el inicio, y ya tenía la derrota dada en el primer intercambio de palabras –además había que contar el hecho de que Itachi, era Itachi, y siempre ganaba-, y… no podía más.

Quería golpearlo, pero estaba con un nudo enorme en la garganta, y algo le decía que su escena se haría más patética si se quedaba más tiempo ahí. Y simplemente ya no, este era el fin. De todo, hasta de la maldita hermandad que nunca le bastó.

Se dio la vuelta y fue a recoger sus maletas para después llenarlas de cuanto pudo. El momento es que estuvo en el alfeizar de la puerta luchó para no mirar atrás, pero no pudo evitarlo. El lugar estaba desierto, e Itachi lo más seguro encerrado en su cuarto, y… decepcionado, se fue.


Curiosidades de la historia:

1. Si se juntan las primeras letras, de los nombres de los cuatro episodio, aparece la palabra "vida"

2. Esta historia fue inspirada por el fic "BreakfastOn Pluto" de tysunkete –historia que viene siendo la causa principal de mi abandono al fandom del SasuIta-.

3. La historia podría haber sido una simple comedia fraternal –nada de SasuIta-, donde Sasuke buscaba trabajos para pagar su "deuda" y siempre era despedido.

4. El final que tenía planeado… no era este.


Lo siento, de verdad, lo siento, por todo, desde la tardanza, hasta este final tan… abierto.

Pero tengo mis escusas –y no inventadas-, Itachi ha sido el personaje más difícil de amoldar a mis ideas, tanto así, que al final no pude llegar al final que en verdad tenía planeado, pero quiero explicarme mejor.

Esta historia nunca estuvo planeada para cerrar todos los puntos, es más siempre fue hecha para quedar más abierta que cerrada –por eso me bastaba con 4 episodios-, además de que el punto sentimental iba muy ligada al hecho más importante de un incesto; que no es moralmente aceptado, y yo… pienso que en lo que respecta al SasuIta/ItaSasu, en un mundo normal, no es muy fácil, es más, resulta demasiado complicado –ante todo por el factor Itachi-. Y en lo que respecta a la realización personal... no soy quien para mejorar la condición de Sasuke, ya que este fic también fue un desahogo para eso mismo.

Aun así, y con todo, no me siento satisfecha, me gustan los finales abiertos, pero en este caso el final al menos en lo sentimental tenía que estar lo suficiente cerrado. Así que… doy una propuesta, y esto es según ustedes, haré una segunda parte para esta historia que sea desde la perspectiva de Itachi, y ahí, prometo cerraré todo lo que se pueda cerrar, pero… ¿Quieren eso, o son felices con este final? –Este final que me recuerda un poco a "Casa de Muñecas", jajaja-, como sea, aparecerá por ahí como "Curriculum Vitae". Supongo… en fin, a pesar de todo:

¿Les gustó el episodio?