Y nos leemos de nuevo (más bien ustedes a mí, yo después) el día de hoy. Ojala saliera el sol hace frío.
No hay rencores para los que se saltaron lo del venado, de hecho si pensé que podía pasar pero tenía que hacerlo. Tampoco estaba muy explícito, pero desde mi punto de vista ese animalejo por más falto de peso debe pesar entre 100 y 120 lbs, restándole el peso en vísceras y la cabeza restaría suficiente para que pudiera cargarlo Fate, además quería probar una cosilla.
Nara375 más adelante veremos que el despiste de Nanoha se explica de una forma muy sencilla pero real. Tienes razón en parte, verás pasa que en el epilogo ya sabemos para dónde termina la cosa, la cuestión es que por lo general se escribe para llegar a un final que el lector no sabe cuál es y se mantiene a la expectativa, pero acá es más bien al revés. Digamos que quisiera que fuera más importante el camino que deben recorrer que a dónde van a llegar, aunque ambos son importantes claro, pero me gustaría que fuere igual de agradable el recorrido que la satisfacción de llegar al final.
Nutella en efecto tu Nick me da hambre. Que maldad deberías decirme esas sensaciones que te deja leer lo que escribo. Y tengo la firme intención de subir cumplidamente el día que ponga al final del capítulo, así que no defraudare la confianza.
¡Ahora si no aburro más que disfruten!.
Capítulo III – Necesidad
Fate había pasado una de las noches más extrañas de su vida. A pesar de lo cansada que se sentía la noche anterior, después de hacer su turno y antes que su fiel subordinado le reemplazare estaba esperando con ansias poder conciliar el sueño. Pensó que caería profundamente dormida en cuando hubiere agarrado calor suficiente, más no había podido pegar el ojo hasta bien entrada la madrugada.
Había estado pensando en ella, en los sucesos que tuvieron lugar horas atrás. Más concretamente en el atrevimiento que se había tomado al intentar besar a la sacerdotisa, justo cuando estaba a punto de lograrlo Nanoha se hubo girado y con ello arrebatado su victoria. Pero no todo había sido pérdida, no era el contacto que tenía en mente pero peor era nada.
No dejaba de serle extraño su propio comportamiento. Desde que la conoció estaba actuando de una manera impropia en ella, toda su vida, siempre había ponderado por encima de cualquier otra circunstancia –o persona- su deber. Su juramento como soldado del imperio, sus largas y extenuantes jordanas de entrenamiento, su disciplina férrea moldeada a través de los años, su determinación. Se sentía perdida, como si desde la mañana se hubiere convertido en una mujer por completo diferente.
¿Era normal aquello?
No podía responder de manera tajante. Primero estaba el hecho de no haberse sentido así antes, así que su falta de experiencia no le permitía asegurar si era normal su cambio abrupto o una excepción. Segundo, la actitud de la mujer para con ella era extraña, al principio se portaba como todo aquel escogido ese ministerio, altivo, orgulloso, una actitud propia de una persona que se siente especial a los demás, ya que entre todos había sido escogido . Hasta allí, la sacerdotisa no se comportaba para nada diferente que las demás que había conocido, ó como las jóvenes actrices que trabajaban para su hermana. Eran de hecho, muy similares.
Fate en cambio no se sentía ni era especial en lo absoluto. Diferente si, ella misma creía que no podía ponerse en el mismo saco que muchos de los legionarios que conocía, solo unos pocos le infundían algún grado de respeto. Curiosamente, solo dos de los hombres que había conocido con mayor rango que ella, uno su padre y el segundo Tribuno Graco. Ambos parecían ser hombres rudos, sin sentimientos y dispuestos únicamente a servir a su deber, pero eran dueños de sus propias ideas y cuestionarían respetuosa pero firmemente una orden en contradenuncia con sus creencias. Similar era lo que ella hacía de su vida y carrera militar. Hasta el momento, no había estado en una situación en la cual su decisión pudiere acarrear grandes consecuencias políticas o sociales. Ella era más guerrera que nada, sin embargo, a medida que los legionarios iban ascendiendo en la cadena de mando se transformaban, sus intereses distaban bastante del juramento original que prestaron el día de su nombramiento como soldados del imperio.
Se sentía un poco así en ese momento. Su deber era llevar a las tres sacerdotisas en una pieza e inmaculadas hasta el templo de Apolo en Roma.
Llevarlas con bien físico era un desafío, en especial porque había optado por llevar una comitiva pequeña, los hombres que había escogido para la misión tenían calma y obediencia como sus principales virtudes, además le respetaban profundamente ya que se conocían de varios años y batallas. Cuando el halcón del Tribuno había llegado, la principal preocupación de Fate fue el impacto que tres semanas de caminata en compañía de tres doncellas - que seguramente iban a ser atractivas- afectaría a sus hombres. Algunos llevaban meses sin estar cerca de una mujer, al menos una que pudieran tocar y satisfacer sus necesidades. Temía que en un ataque de desesperación ellos mismos profanaren a las sacerdotisas, acto por el cual seguramente los colgarían, pero también a ella. Con ello en mente escogió cinco conocidos suyos, cinco hombres que estaba segura controlarían su instinto y no permitirían que la necesidades de su cuerpo les gobernare. No se le había pasado por la mente en ningún momento el pensar en sí misma como un peligro para las mujeres.
Sin embargo, ahora era ella que tenía problemas para controlarse. Y todo el problema empezó desde el momento mismo que su mirada se cruzó con la de ella, la alta sacerdotisa de Apolo era más bella de lo que se pudo haber imaginado. Fate había asistido a algunas fiestas en calidad de guardia personal del Tribuno, había visto muchas jóvenes ataviadas en vestidos finísimos con elegantes peinados y con joyas que resultaban sus mejores atributos, se veían bastante bien según ella recordaba pero ninguna había llamado su atención más allá de la mera admiración. Nanoha en cambio, vestida con su sencilla túnica de lino, su cabello suelto cayendo libremente cuan largo era sobre su espalda y su natural belleza era más bella ante sus ojos que todas las doncellas Romanas juntas con sus mejores galas.
Fate tampoco se consideraba monumental, pero tampoco pensaba de sí misma tan mal, de haberlo deseado y con un poco de esfuerzo hubiera podido conseguir el favor de cualquiera en una de las celebraciones, pero simplemente no había estado interesada. Ahora, en medio de una misión de suprema importancia su instinto veía a despertar de su letargo, para interesarse nada menos que en ella. Como si no fuera suficientemente peligrosa su situación, estaba convencida que no solo era ella víctima de aquel interés, estaba por completo segura que la sacerdotisa se sentía igual de confundida y atraída que ella, posiblemente más. Y si tenía razón, o iba siquiera a tener que intentarlo con mucho ahínco, bastaría con un poco de su encanto natural para que la inocente joven cayera en sus brazos.
¿Era eso que realmente deseaba?
Pensar en utilizar a la joven para satisfacer su recién descubierta necesidad no le parecía correcto, le incomodaba de sobremanera pensar que era lo qué quería. Le disgustaba la idea de pensar en sí misma como una persona capaz de hacerlo, además, si ese fuere en verdad su único objetivo porque el solo pensarlo le causaba malestar. No era tan sencillo entonces, solo querer tener el cuerpo de la sacerdotisa y después dar media vuelta para actuar como si nada sucediera. Ella quería algo más, lo sentía. Lo que daría porque su hermana estuviere con ella en ese momento, seguramente que Alicia se reiría de ella por no poder resolver algo tan sencillo, pero al menos le ayudaría a identificar que era esa desconocida sensación en su pecho y el sentimiento nuevo que nacía poco a poco en su interior.
Había caminado con la mente ausente durante varias horas. Intentando inútilmente descifrar el misterio, o encontrar una explicación aceptable para su estado. En el mismo orden que el día anterior marcharon a paso firme pero no muy rápido, principalmente debido al estado en que se encontraban Prisca y Messalla. Aunque debían agradecer el ritmo más adecuado para sus cuerpos poco acostumbrados al ejercicio a Nero, no a la capitán, ella seguía inmersa en sus propias ideas. Apenas daba cuenta de que la posición del sol variaba en el cielo.
Se sentía como una niña perdida. Se suponía que era una mujer adulta, que debía tener el conocimiento necesario para desenvolverse en asuntos como aquel sin mayor problema. Pero allí estaba, rompiéndose la cabeza sin comprender que tenía esa joven sacerdotisa que la hacía tan vulnerable a su presencia. Porque era así como se sentía. Faltaban muchos días de caminata para decir al menos que estaban cerca de Roma, pero a ella ya le estaba molestando el hecho que una vez allí su misión culminaría y Nanoha se recluiría en el templo, posiblemente no la volvería a tenerle cerca. Podía ir al templo cierto, pero tendría que conformarse como todos los demás con verle de lejos y no atreverse siquiera a dirigirle la palabra. La sola idea de no poder siquiera escuchar su voz le torturaba.
No podía ser solo querer tenerla. Tenía que ser algo más.
Se le ocurrió entonces que había una forma sencilla, rápida y efectiva de comprobarlo, sin poner en riesgo su misión. Estaban a dos días del rio, es decir, que se hallaban a muy poca distancia del pueblo más cercano. Visitar uno de esos lugares había estado fuera de su imaginación, pero ahora, le sería de gran ayuda para despejar la mente. Hablaría a Nero, él podía hacerse cargo en tanto ella fingía que buscaba algo en el poblado, luego con cuidado escondería las insignias que la identificaban como capitán y se haría pasar por un soldado común, buscaría una de las chicas y comprobaría con ella si todo lo que se le antojaba con la sacerdotisa solo era deseo reprimido. Si resultaba que después de yacer con esa chica su cuerpo y mente dejaban de urgirle todo estaría como antes. Pero si no, si su grandiosa idea solo alimentaba más aquello, estaría metida en un enorme problema.
Ausente como estaba, no se percató que desde hace un tiempo considerable había estado sobándose la cocedura de su brazo izquierdo. Debido al ocasional contacto de sus uñas con la piel lastimada estaba sin querer provocándose un sangrado leve.
Sintió una mano suave y cálida tomar la suya. Regresando a la tierra lo primero que noto fue a la sacerdotisa mirarle con desaprobación, luego siguió la mirada de la mujer hasta su propio brazo y cayó en la cuenta de lo que había estado haciendo. Si continuaba sobando la zona con tanta fruición seguramente iba a deshacerse un par de puntos, que fuere un trabajo tres veces reforzado no quitaba que pudiera ser dañado.
Sin decir una palabra, Nanoha se acercó hasta una de las alforjas que sostenía en animal, extrajo una cantimplora y un trozo de túnica, se acercó hasta Fate que hubo detenido su marcha y se acomodó a su costado para tener una mejor vista del brazo. Giro la tapa del contenedor y vertió agua suficiente para limpiar los hilos de sangre que bajaban desde la sutura irritada, dejo que el líquido fluyera libremente y luego retiro el exceso de humedad con sus propias manos. Cuando la herida estuvo limpia vendo la zona con la túnica y la aseguro con un nudo firme en la parte interior del miembro.
Durante los largos tres minutos que le tomo todo el proceso, no levanto la vista ni una sola vez. No soportaba la idea de toparse con las pupilas rojizas y descubrir en ellas lo mismo que en las suyas. Sin embargo, cuando la vio inconscientemente lastimando su herida a medio sanar no aguanto la urgencia de ser ella misma quién la obligara a cesar. Y así lo había hecho. No era una experta, pero en casa su padre o hermano siempre se lastimaban con los equipos de cosecha y antes de consagrarse, era ella o su madre quienes les atendían.
Fate confundida pero contenta no quiso que el momento terminara tan pronto.
-Ayer, cuando regresábamos del bosque cuando choque con algo y caí… - aún no retomaba la marcha.
-Fue culpa mía que se cayera capitán – contesto de espalda a la mujer.
La comitiva aún no se percataba de su ausencia.
-¿Por qué?
-Porque el algo con lo que chocó… - no aguantándolo más se giró para encararla – fue una rama que moví sin pensar y…
-Oh…
Fue lo único que atinó a decir. Por un momento, antes que la voz de Nero reclamare su atención solo se miraron.
-Hay que seguir – dijo Nanoha al tiempo que daba vuelta.
Fate sintió en silencio y comenzó la travesía tras la chica.
Se sentía bastante bien. El calorcillo en su pecho era tan agradable que no le incomodaba en lo más mínimo, tampoco había sentido al mirarla la sensación abrazadora de tocarla. Le habían bastado los segundos en que sus ojos se toparon.
Aquello no podía ser solo un mero deseo de su cuerpo. Simplemente dudaba que otra persona pudiera hacerle sentir esa calidez con tan poca interacción, ni siquiera la había tocado con otra intención más que vendar su brazo herido.
Nanoha ya no caminan altiva y envarada como el día anterior, sus pasos seguían manteniendo la gracia propia de su caminar pero eran mucho menos medidos y más naturales. Estaba pensando en la razón que la había impulsado a vendar el brazo de Fate, ese era un gesto muy íntimo. Y aquel pensamiento la desconcertaba, no que atender a una herida fuere algo particularmente complicado o que debiera tratarse con extrema atención, pero no era de su incumbencia directa. No debió reaccionar de esa manera al ver a la rubia abriéndose la herida con su actuar, pero en cambio se preocupó de inmediato y se aproximó para solucionar de raíz el asunto. Ella no era su enfermera personal, ni siquiera le conocía lo suficiente.
Ambas se encontraban buscando respuesta a la misma pregunta.
El día terminó sin mayor contra tiempo. Si bien los soldados estaban agotados no lo demostraban, se mantenían erguidos y montaban el campamento con presteza. Las sacerdotisas auxiliares en cambio apenas detuvieron la marcha buscaron refugio en un roble marchito y respiraban agitadamente para recobrar el aliento, con esmero masajeaban sus piernas intentando apaciguar el dolor de sus músculos. Fate junto a Seluvia armaban una estructura para que la carne ahumada pudiera ser expuesta a la llama y así lograr que tuviera mejor sabor, podía tomarse como un pequeño lujo que avivaría el ánimo de todo el grupo, la comida tibia siempre venía bien. Nanoha cansada pero no queriendo demostrarlo se ofreció a ayudar con la fogata, pero sin conocimiento previo en técnicas básicas de supervivencia terminó aprendiendo como provocar llama utilizando solo unas cuantas maderas secas.
-Capitán, es posible que llueva esta noche.
En efecto las nubes se cerraban cada vez más. La coloración plateada era un buen indicio para asumir que el clima variaría de esa forma.
-Parece ser– Fate se levantó y caminó hasta el lugar dónde sus soldados terminaban de montar las estructuras. - Hay que cavar canales alrededor de las tiendas. Es posible que llueva en la madrugada.
Los hombres asintieron y continuaron en su labor.
Apenas caía la noche cuando los legionarios y su capitán utilizando sus manos y espadas hacían canales alrededor de las tres carpas, por fortuna habían decidido montar el pequeño campamento sobre una elevación, por lo que las canaletas tenían un declive natural que les permitiría pasar una noche seca. Usualmente a Fate y sus hombres no les importaría pasar una noche húmeda, era algo muy común durante un viaje a marcha forzada, pero para las jóvenes una buena noche de descanso era todo lo que anhelaban durante el día. Era su oportunidad para reponer energía y continuar con el trayecto al día siguiente.
Con manos y brazos llenos de barro tomaron una de las alforjas y se limpiaron lo mejor que pudieron. La idea tampoco era desperdiciar el preciado líquido, por lo que apenas removieron la cantidad de tierra justa. Si llovía al día siguiente habría suficiente agua empozada en las canaletas y hendiduras naturales, podía no ser agua buena para el consumo, pero para limpiarse era suficiente.
Seluvia y Kraad se apresuraron a recoger madera para encender el fuego, apilaron las ramas y construyeron una protección para la llama con rocas. Cuando todo estuvo listo Fate se aproximó para encender la chispa, de todos los presentes era la que mejor habilidad tenía.
-Me gustaría intentar hacerlo
La capitán giró apenas el rostro para encontrarse con Nanoha que se acercaba a la pila de madera.
La sacerdotisa no estaba particularmente entusiasmada con aprender las técnicas básicas de supervivencia, pero estaba cansada de sentirse poco útil. Algo natural, su estilo de vida podía considerarse como ocioso para algunos, pero la verdad era completamente diferente. Tal vez no salía cada mañana a buscar su sustento como muchos ciudadanos ó ponía su vida en riesgo para salvaguardar el imperio como Fate. Ella se levantaba cada día antes que el primer rayo de sol brillaré en el horizonte, se aseguraba de reemplazar las flores de todos los jarrones del templo, revisaba que las fuentes funcionaren apropiadamente y no hubiera agua empozada que restare belleza al recinto, preparaba los altares para las ofrendas diarias y además, se aseguraba que las sacerdotisas auxiliares se levantaren suficiente temprano para cumplir las pocas labores que restaban. En general, ella se encargaba de todos los aspectos que los demás daban por sentado, en tanto las otras sacerdotisas se encargaban de atender a los peregrinos y recibir las ofrendas.
Estaba cansada de no hacer nada. Encender el fuego se veía como algo interesante y en cierto grado era un asunto de responsabilidad. Además, estaba helada y tenía hambre.
-Muy bien – Fate se hizo a un lado para darle espacio a la chica.
Una vez estuvo lista se agacho a distancia prudente de la pila de madera, Fate tomó un poco de corteza extremadamente seca y la tendió en el trozo de madera cóncavo, luego le extendió la vara con la cual haría toda la fricción a la sacerdotisa.
-No es muy complicado pero lleva tiempo – dijo mirando a la chica tomar la rama y colocar la punta quemada en la yesca.
-¿Qué hay que hacer?- preguntó Nanoha ignorando la inquietud en su pecho por la cercanía de Fate.
-Coloca la vara entre tus manos, así. Ahora tienes que empezar a hacerla girar utilizando tus palmas – Hizo una pausa para una demostración. – Debes hacerlo rápido y aplicar suficiente fuerza, pero cuando la chispa encienda tienes que soplar gentilmente para que se produzca una llama.
La joven sacerdotisa hizo tal y como Fate le hubo indicado, con firmeza frotó la rama entre sus palmas haciéndola girar pero nada parecía suceder. Al cabo de un momento, dejo escapar un quejido de frustración, lo cual provocó que la capitán riera.
-Te dije que llevaba tiempo.
-Pero ayer usted lo hice rápidamente capitán – contesto Nanoha frunciendo el ceño.
-Si, porque yo sé cómo hacerlo.
Nanoha bufo y continuo con su labor. Esta vez puso todo su empeño en encender el fuego, se concentró al máximo en hacer girar la madera con mayor velocidad y precisión pero al cabo de unos minutos más sus brazos se cansaron y el ritmo amainó. Fate hizo un ademán de ayudar, pero la mirada azul furiosa de la chica a su lado la hizo detenerse, la determinación en la sacerdotisa la hizo sonreír de nuevo. Ordenó a uno de sus hombres que preparare la carne, pensó que era una forma de darle ánimo a la castaña, aunque al verdad solo ponía más presión sobre sus hombros. Nanoha continuo a pesar del dolor y cansancio, lo hizo con tanto ahínco que por un momento estuvo segura de ver un pequeño hilo de humo desprenderse de la yesca. Infortunadamente no era así.
Fate solo observaba a la joven esforzarse al máximo, sus cejas muy juntas debido a la extrema concentración que requería el trabajo, sus manos moviéndose con frenesí para que la madera girare con fuerza y pudiera producir la fricción suficiente para provocar una chispa. Con cuidado la capitán se colocó tras ella, tomo sus manos en las suyas y a pesar de la mirada de enojo que le dirigió comenzó a utilizar su propia fuerza para producir la chispa. Al poco rato, el tan anhelado humo comenzó a salir.
-Ahora toma la yesca y sopla despacio.
Nanoha tomó el cúmulo de corteza y lo acercó a su rostro, soplo despacio tal como le indicó Fate y observó fascinada como la llama creció, soplo de nuevo, y obtuvo el mismo resultado. La capitán se acercó al fuego a gatas y Nanoha aún sostenido la pequeña llama como si fuere lo más preciado en el mundo la imitó, despacio la colocó entre unas ramas pequeñas y la rubia agregó más para avivar la braza. Segundos más tarde ambas observaban complacidas como el fuego se alimentaba y crecía.
Los legionarios se apresuraron a acomodar la carne y todos se reunieron alrededor del fuego, en silencio a calentar sus entumidos cuerpos.
Nanoha que durante todo el tiempo hubo puesto su concentración en encender el fuego era la que más cerca estaba, embelesada mirando el poderoso batir de las llamas no supo responder si la calidez que recorría su cuerpo era por la cercanía a la fogata o a Fate. Rápidamente los hombres colocaron la carne sobre el fuego y esperaron con impaciencia que estuviere tibia, no pasaron más de diez minutos hasta que el aroma a carne invadió el campamento y los estómagos de todos empezaron a gruñir.
Los soldados, aunque morían por probar la suculenta carne esperaban que Fate diera la orden para proceder, ó al menos hiciera una señal, por mínima que fuere. Pero la capitán tenía toda su atención en admirar el rostro de la sacerdotisa.
-¿Capitán? – aventuró Nero.
Pero Fate seguía inmersa en el profundo mar que eran sus pensamientos, no fue hasta la tercera vez que el legionario le llamó que fue capaz de reaccionar. Se enderezo fingiendo que nada sucedía y basto un leve movimiento de cabeza para que los soldados se abalanzaran a tomar su alimento. Fate más mesurada espero un tiempo prudente, tal como la noche anterior, corto trozos de carne para las dos sacerdotisas y tubo que facilitarle su daga a Nanoha que tercamente insistía en hacerlo ella misma. A decir verdad, a la rubia no le incomodaba la actitud de la joven de ojos azules, le gustaba en cierta forma que gozare de esa independencia tan suya, por más pequeñas o de poca importancia que pudieran ser algunas cosas Nanoha parecía encontrar una gran satisfacción en llevar a término ella misma la labor. Lo que la capitán desconocía es que no era aquella la verdadera razón por la cual Nanoha rehusaba su ayuda.
Desde lo que ocurrió, o más bien, desde lo que evito que sucediera entre ellas la tarde anterior durante la excursión de cacería, Nanoha hubo tomado la decisión e alejarse de ella. Fate era una mujer peligrosa, no porque temiera que pudiere hacerle daño, sino porque el solo tenerle cerca despertaba un sin número de sensaciones nuevas para ella. Le hacía desear cosas que no eran dignas de su título, como por ejemplo: esa necesidad de tenerle cerca y el constante antojo de verle ó hablarle, también estaba ese impulsivo afán porque de nuevo la tuviera entre sus brazos y experimentar nuevamente la calidez y comodidad que le transmitía. Todo ello, le tenía bastante confundida.
La noche anterior en la soledad de la tienda, repasó una y otra vez los eventos del día, no terminaba por creerse que apenas se hubieren conocido doce horas atrás. Se sentía como si lo hiciere de toda su vida y a la vez no. Era extraño, una absoluta ridiculez y una contradicción, pero así era como le hacía sentir. Cada cosa nueva, cada pequeñez que aprendía de la capitán le demostraba que no podía juzgarle por su poca experiencia en el trato con militares, pero al mismo tiempo, cuando sus miradas se encontraba o cuando sus cuerpos estaban lo suficiente cerca Nanoha sentía que podía dejarse llevar y perderse en ella con la seguridad que a su lado todo estaría bien, sin importar que obstáculos tuvieran al frente. Confiaba en ella genuinamente, de forma que no lo había hecho en nadie más, salvo sus padres ó el mismo Apolo. Si Fate le dijere que saltare a un rio lleno de pirañas y que no recibiría daño alguno, probablemente lo haría por más que todos sus sentidos le aconsejaren lo contrario.
¿Qué tenía Fate? ¿Qué en la tierra era eso en su pecho?
No lo sabía. Más asustada y desconcertada decidió mantenerse alejada, no permitirle a la capitán una segunda oportunidad de tenerla lo suficiente cerca para besarla. No era en sí el beso lo que la tenía tan consternada, puede ser que en el último segundo lograré reunir la voluntad para moverse y recibido el contacto en su mejilla, en la cual aún podía sentir el punto exacto dónde los labios de Fate habían rozado su piel. Era más una cuestión de voluntad, de significado en el gesto y la profundidad de lo que ello podía llegar a representar. Pero no podía negar que después de haber resistido la tentación se arrepintió y hubo deseado volver al momento justo dónde giro su rostro para no haberlo hecho.
-¿Mi señora?
La voz tímida de Mesalla reclamo su atención.
-¿Qué sucede?- preguntó.
-Prisca y yo deseamos su permiso para dar por terminado el día, estamos bastante agotadas.
Nanoha accedió sin ningún problema, observó como las dos mujeres se retiraban a la tienda que compartirían y luego se giró para continuar consumiendo su ración mientras admiraba el fuego. Se sentía tan bien, después de otro largo día de caminata el poder solo estar allí calientita y quieta. Pero la espalda la estaba matando, además sentía su cuerpo pegajoso y podía jurar que su aroma corporal estaba cerca de apestar. Lo único que deseaba en ese momento era poder tomar un baño, aunque fuera agua helada no le importaba, con tal de eliminar la horrible sensación de suciedad que la embargaba.
Fate se había acomodado bajo el amparo de un árbol cercano, no le protegería mucho de la lluvia, pero al menos tendría un apoyo en el cual sobrecargarse. No sería la primera –ni seguramente la última – ocasión que pasaba una noche expuesta a la lluvia. De todas formas, no pensaba poder conciliar el sueño toda la noche, tal como le sucedió la anterior, por más cansada que estuviera mentalmente no era suficiente para barrer a la sacerdotisa de su pensamiento.
El cielo era ya oscuro cuando Nanoha levantó la vista, las nubes espesas no dejaban que filtrare luz alguna, solo la fogata brindaba algo de iluminación. Sin duda, parecía que llovería fuertemente. Fate masticaba distraídamente cuando la joven se acercó hasta sentarse a su lado, apoyándose también en el tronco.
No importaba si ella también se encontraba allí, estaba cansada y realmente deseaba algo en lo cual apoyarse, era el árbol más cercano al fuego así que también se mantendría caliente. Además, no podía estar todo el tiempo huyendo de ella, pasaría varias semanas a su lado lo quisiera o no, tenía que ser fuerte y sobreponerse.
-Le agradezco por permitirme encender el fuego.
-No tiene porque – mordió un trozo pequeño de carne – Es sorprendente que haya logrado hacerlo a la primera vez.
-¿En verdad? – centró su atención en ella.
-Si. Muy pocos logran hacerlo. Aunque claro, no es la técnica más sencilla.
Nanoha le miro sin entender, acto que provocó una sonrisa se dibujare en las facciones de la capitán.
-La mayoría tiende a utilizar rocas. Unas rocas calizas, que al chocar producen chispa más fácilmente que la fricción de la madera.
-¿Y por qué no ha utilizado rocas? – preguntó por pura curiosidad.
-Porque no tengo.
La sencillez con que le hubo primero felicitado, sumado a la sinceridad que Nanoha podía entrever en sus respuestas y acciones nuevamente fueron de sumo agrado. Este capitán era muy noble, amable y cordial para ser un militar.
-Hay madera en casi todas partes, y las rocas no sirven para mantener la llama encendida. – Frunció el ceño -. Quiero decir que, no como combustible porque si no se hiciera una barrera contra el viento costaría mucho mantener encendida la fogata.
Nanoha rió ante la turbación de la capitán y levantó una vez más la vista al cielo.
El clima empeoraría pronto.
Entonces cayó en la cuenta que la rubia había tenido que pasar la noche anterior fuera porque ella ocupaba sola la tienda. Entonces se le ocurrió que había espacio suficiente para que Fate pasara la noche con ella, no exactamente conmigo, se obligó a corregirse. Quería significar en la tienda, porque llovería y de quedarse fuera se empaparía y no iba a poder descansar nada. Además, también existía la posibilidad de que enfermare y ella no quería sentirse responsable –ó culpable – si llegaba a darse el caso. Y solo lo hacía porque había suficiente espacio para las dos.
-No es necesario que pase la noche fuera capitán.
La aludida se giró de repente y la observaba con extrema atención.
Aunque ya se había resignado a su suerte, esas palabras le daban la esperanza de que no tuviera por qué ser así. Sin embargo, debía proceder con cautela. Y su corazón latiendo tan fuerte y rápido no ayudaba mucho.
-¿No? – aventuro bajito.
-No- confirmo con voz firme Nanoha -. Quiero decir, estoy ocupando su tienda. Y es suficiente grande para usted también. Si quiere claro.
Esa era una pregunta bastante tonta, pensaron ambas. Cada cual por diferente razón.
Para Fate la invitación podía significar que de una forma la sacerdotisa le estaba dando la oportunidad de acercarse a ella, de una manera especial creyó. Es decir, estaban muy cerca durante el día pero bajo los ojos de todos no era mucho lo que podía hacer para intentar saber si Nanoha se sentía igual que ella, en la tienda nadie las vería e incluso podía volver a intentar besarla. Claro, era una apuesta arriesgada porque nada le garantizaba que la sacerdotisa lo hiciera con esa específica intención.
Y en efecto, Nanoha no estaba pensando para nada en las consecuencias que podía acarrear quedarse a solas con la persona que asechaba su mente. Fue por ello que al caer en la cuenta sus ojos se abrieron al máximo y muchos pensamientos se agolparon en su mente, muy débil se escuchaba ya la voz interior que le gritaba se arrepintiera y retirare al oferta. Pero sinceramente, ella no deseaba que Fate pasare la noche en la lluvia solo porque no podía explicar las sensaciones que experimentaba debido a ella.
-Si quiero… - intentó que su voz no revelare el estado casi eufórico en el que se encontraba.
Nanoha pudo percibir el tono alegre con que fueron dichas aquellas palabras y bastó para que también su corazón latiera a mayor velocidad, su temperatura corporal aumentare y su turbación regresare con la fuerza de un huracán.
No había sido su más brillante idea, pero era tarde ya. Por más que ahora lo quisiera no podía arrepentirse, tenía que ignorar su vocecilla interior y aparentar serenidad. Como lo lograría era una pregunta en extremo difícil de contestar, pero era una orgullosa y testaruda mujer y posiblemente era capaz de aferrarse a su fuerza de voluntad para mantener su firme determinación de no caer.
Nero organizo los turnos de guardia, dado que Kraad no había montado vigilia la noche anterior sería él quien haría la primera parte. Y habían tomado la determinación que esa noche su capitán descansaría, ya que todo estaba decidido solo restaba comunicarle a Fate. Claro que era ella quien tenía la última palabra, pero ya sabían los legionarios que su capitán no era una mujer que impusiere su voluntad por encima de todos, en ocasiones, cuando estaban en el campo de batalla lo hacía por obvias razones. Los cinco hombres allí reunidos daban gracias que su capitán se preocupaba genuinamente de su bienestar, y procuraba la mayor parte del tiempo llegar a un acuerdo antes de imponerse haciendo valer su rango. Nero, siendo el segundo al mando se acercó hasta el tronco y le informó a Fate la determinación que habían tomado, la capitán aceptó sin molestia alguna.
El día había sido largo, no paso mucho hasta que Nanoha decidió darlo por terminado y se levantó para ir hasta su lugar de descanso. Detuvo su marcha y considero la posibilidad de preguntar si Fate le imitaría o esperaría un poco más. Era una pregunta apenas normal pensó en un principio, pero rápidamente decidió que podía tomarse como un gesto de su gran interés, así que nuevamente emprendió la marcha y se metió en la tienda.
Fate se quedó un poco más. No porque no deseare intensamente compartir un momento fuera de vista de ojos curiosos, sino porque necesitaba calmarse, no podía entrar y lanzársele encima, por más que fuera eso todo lo que tenía en mente. Tenía que ser cuidadosa, iban a compartir el mismo espacio si, eso alimentaba la esperanza de que la sacerdotisa estuviere alentándola y no podía negar que le entusiasmaba la idea. Sin embargo, si la situación llegaba a un plano más íntimo las consecuencias de sus acciones podían costarle mucho. E igualmente no estaba del todo segura que era lo que deseaba con la chica, porque no podía ser tan sencillo como tenerla. Algo en su interior le advertía que de seguir por ese camino descubriría algo que podía o no ser una buena noticia.
Finalmente se consideró suficiente en control de sí misma para aventurarse a entrar. Con un pesado suspiro se agacho lo necesario para caber por la abertura. Dentro Nanoha estaba ya recostada, totalmente cubierta por el manto de piel y dándole la espalda. A su lado había un cobertor exactamente igual que la rubia supuso adecuadamente para ella.
Fate tomo asiento en la piel extendida y procedió a deshacer los broches que sujetaban su capa, luego removió los seguros que mantenían su peto en lugar y lo colocó a una distancia segura, su cinto y protecciones en el espacio hueco de la armadura y finalmente colocó su espada a un lado del lecho, pero conservó la daga atada a su cinto. Luego se acomodó lo mejor que pudo en el espacio y paso un trozo de la piel por sobre su pecho, cerró los ojos esperando que el agitado día hubiera sido suficiente para que el sueño llegare de inmediato. Sin embargo, este le fue negado y tras pasar más de veinte minutos intentando inútilmente quedarse dormida abrió los ojos, la tienda estaba parcialmente oscurecida. Solo el brillo que preveía la fogata y la luz que tela permitía se filtrare iluminaba el lugar.
Se atrevió a girar su rostro muy lentamente hasta Nanoha, le observó detenidamente en silencio durante varios minutos. No aprecia que la joven estuviere moviéndose en lo absoluto, Fate se levantó apoyada en su brazo derecho para tener una mejor visión de la mujer, despacio y procurando que de estar despierta no alertarle de su intención se aproximó a ella. Sin embargo, cuando estuvo lo suficiente cerca Nanoha se giró y sin quererlo quedo a centímetros de Fate, por supuesto profundamente dormida.
La capitán pasó saliva pesadamente, el rostro sereno de la sacerdotisa a escasos centímetros suyos, el ritmo pausado de su respiración y la vulnerabilidad de Nanoha ante ella. Contemplo las facciones relajadas de la joven mujer. Su pecho era como el ojo de una tormenta, sensaciones nuevas y conflictivas nacían a medida que su pensamiento se debatía entre aprovecharse de la situación o solo volver a intentar conciliar el sueño. Deseaba con toda su alma besarla, pero el pensamiento de ser no mejor que cualquier rufián si lo hacía la detenía.
Más allá de ello, ¿Qué sucedería si al hacerlo la sacerdotisa despertaba?. ¿Le rechazaría? ¿Ó por el contrario correspondería?.
Fate quería creer que sería la segunda opción, pero no podía estar segura. Además, la joven era bastante orgullosa, era seguro que si descubría lo que tanto deseaba hacer se sentiría ultrajada de la forma más baja. Si la besaba independiente si la afectada lo sabía o no ella sentiría que hubo abusado de su confianza y no sería capaz de verle directamente a los ojos, al menos, sin tener que apartar la mirada por miedo a que Nanoha pudiera leer la culpa en ellos. Si estaba en lo correcto y la joven correspondía su gesto, aunque fuere impropio sin duda alguna se sentiría más que feliz, dichosa o eufórica eran las palabras más adecuadas. Pero también era seguro que no se conformaría de allí en adelante con un beso, presentía que iba a desear cada segundo más y más de ella. ¿Cómo terminaría? Muy seguramente su castigo no sería otro que la muerte para ella, para Nanoha no tenía idea. Por más que Fate no se atemorizara ante el prospecto, y por fuerte que fuere su deseo, si la besaba quería que ella lo supiera, que estuviere despierta y consiente de sus acciones. Si la rechazaba, sería una larga e incómoda caminata hasta Roma.
Aun así, sentía que moriría si no lo hacía. Se acercó con la mirada fija en los ojos cerrados de Nanoha, temiendo que en cualquier momento sus párpados se abrieran para revelar sus orbes azul-violeta. Con gentileza dejo que sus labios rozaran apenas la mejilla izquierda de la durmiente sacerdotisa, quién apenas movió las cejas y continuó tan dormida como antes del contacto.
Con la sonrisa más brillante que había tenido en su rostro jamás se acomodó entre en cobertor y cerró los ojos. La felicidad de la que era presa acalló cualquier reclamo que su altísima moral pudiera utilizar, aún le parecía un acto cobarde pero no tanto pues solo fue un beso en la mejilla. Y había bastado para calmar por el momento sus ansias.
No pasaron ni cinco minutos hasta que la capitán cayó dormida.
Fue entonces cuando Nanoha decidió abrir los ojos. Le había dado la oportunidad perfecta, la excusa ideal para llenar el deseo de ambas y Fate prefirió besarle dulcemente en la mejilla.
Definitivamente la capitán era especial, pensó.
Y ahí van, yo sé. Fate es tan... tan… soñada, todas (os) queremos una igual. Hasta haríamos locuras Por ella, aunque para ser sincera últimamente ando más del lado de Nanoha. Pero en fin, yo he hecho muchas locuras ya y las que me faltan… claro no llegare al punto que llego el otaku coreano porque la poligamia no es legal ¡ja!.
Ahora que menciono Korea, yo no soy fan del K-pop pero tengo ojos y mirar es gratis las idols Koreanas tienen bonitas piernas. Me pregunto si será por eso que siempre en Éxito y Alkosto ponen sus videos en exhibición.
A ver en lo personal me gusta esta historia, como se va desarrollando y me encanta más a medida que avanza, espero a ustedes también. Me encanta que Nanoha sea terca, necia y apegada a sus convicciones y por el contrario Fate más amena, servicial pero igual de apegada a sus convicciones. Así que ya veremos cómo es que van evolucionando y por qué son como son, pero no hablare más porque les daño la historia vaya y se me salgan detalles del futuro.
En fin, nos leemos el día 20 de junio.
