Especificaciones
Pronto respondo comentarios =(
Draco miraba a Hermione, mientras ella se observaba a sí misma en un espejo, dentro de la sala de menésteres. Con una sonrisa suave, observaba sus intentos por parecer fiera. Por causar miedo delante de sus compañeros. Pero causaba todo menos eso. Solo le causaba gracia mirarla, hablándose al espejo e infringiéndose la confianza que tenía él, en cuatro dedos.
— Tienes que hablar de forma madura, no puedes parecer atacada por un troll gigante.
— Trata de decir lo mismo, estando en mi posición. ¿Crees que es fácil, tratar de fingir que eres una nueva persona? Alguien ¿completamente diferente?
Draco inspiró y con una sonrisa de autosuficiencia, asintió ligeramente. Miró a su alrededor, buscando que no hubiesen testigos dentro. Que nadie los hubiera seguido.
— Te propongo un trato. Apuesto a que puedo parecer amable por una semana entera y vencerte en tu afán por parecer ruda. Si yo gano, tendrás que decir una verdad embarazosa sobre ti, en la mesa de Slytherin. Y no te sentarás junto a nosotros. Te subirás a la mesa y lo dirás a plena voz.
Hermione lo miró mientras sonreía con mucha gallardía. ¿Qué decía? Asentía tal vez y se condenaba a perder o se negaba y se condenaba a quedar como una cobarde, por el resto de sus días. Y mientras Draco lo supiera, no le permitiría olvidarse de ello.
— ¿Y qué me dices? ¿Vas a hacer lo que te digo o tendré que repetirlo y poner mis propias especificaciones?
Hermione se quedó en silencio, Draco paseó a su alrededor, con una mirada de superioridad, que comenzaba a molestarle.
— Claro que puedo enseñarte, cómo ser ruda— cotnestó de pronto. No sabía por qué estaba cargada de ímpetu. Inspiró fuertemente y apretó los puños. Nadie le diría qué hacer y cómo hacerlo. Le iba a enseñar a ese tonto, lo que significaba un poco de su propia medicina. Un poco de sus propios retos.
Draco sonrió complacido.
— Entonces, tenemos un trato. Enséñame tu rudeza y yo te enseñaré mi dulzura. Que gane aquel que se mantenga en pie en el último minuto de la guerra. Supongo a ti se te hará más fácil que a mí. Pero voy a sorprenderte, Hermione Granger.
¿Con qué motivo? ¿Para qué?
— ¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué no te conformas con solo humillarme en público?
— Mi objetivo no es humillarte, sino educarte. Hacerte ver lo grandiosa que es la vida, cuando tienes algo por lo qué luchar y no descansar, hasta aplastar a todo aquel que se atraviese en tu camino.
Hermione negó con la cabeza, mordiéndose el labio inferior.
— Pero yo tengo por lo que luchar.
— Pero siempre está detrás de Potter. Tú salvas su trasero, mientras él se lleva toda la gloria. ¿No es desesperante y poco caballero de su parte?
Nunca lo había visto así. Volvió a inspirar y trató de serenarse. Comenzaba a creer cosas de sus amigos, que no debía.
Pero ese era el objetivo que Draco perseguía, supuso. Observó como el muchacho caminaba alrededor de la sala de menésteres y parecía orgulloso con su resultado. Todo debía cambiar y esperaba tener éxito en su nuevo proyecto.
Razones... totalmente desconocidas para ella.
— Ahora quiero que me demuestres que puedes ser tan "mala" como yo. Que puedes defenderte y saber decir "no". Aunque se trate de tus amigos y del estúpido de Potter.
Se llenó de aire, respirando. Apretó los puños y se miró en el espejo. Estaba enojada, detestaba que le dijeran que hacer y a pesar de todo ello, que no le dieran parte del crédito que esperaba por haber conseguido algo en conjunto. Recordaba la voz de Ron, burlándose de ella. Recordaba a Harry, diciéndole que no escucharía sus consejos.
Comenzó a molestarse. Paulatinamente.
— Eso es...quiero sentir tu rabia. Quiero sentirte diciendo basta y que ya no lo harás más. Ya no harás sus tareas, ya no harás sus reportes. Ya no harás nada. A no ser, claro, que ellos hagan algo por ti. El doble o igual de valioso, por supuesto.
Hermione asintió, mirándose en el espejo. Resultaba estúpido, que él entrenara a la que podía vencerlo en la apuesta.
Sus razones tendría. Nuevamente.
— Adelante. Grita. Grita y dile al mundo todo lo que no espera oír de ti. No digas una vez más, lo que van a oír por descarte.
Soltó un grito, muy fuerte. Tan fuerte que un fantasma que dormitaba sobre unas viejas cajas de registro estudiantil, despertó y sacudió las cajas, cayendo una gran cantidad de polvo, sobre ambos.
Se había quedado casi ronca. Había gritado durante un par de minutos. Parecía una enajenada mental, respirando y despeinada como casi siempre lucía, pero que nadie se percataba. Brillante, supuso. Una forma brillante de desestresarse.
Con toda la intención, claro.
— Ahora trabaja en tus palabras insultantes. En tu forma de despreciar a los demás. Ódialos. Huele su miedo y aprovéchate de eso...
Hermione no estaba dispuesta a decir algo insultante o burlarse de una discapacidad o falta. Y sin embargo, su destino dependía de ello. No quería detenerse sobre la mesa de Slytherin y soltar una serie de palabras muy personales. Tenía que estar loca, si pensaba fallar y decir sus más profundos secretos.
No lo conseguiría. Si no quería fallar frente a sus amigos, mucho menos frente a Draco Malfoy y sus juegos que no conocía o entendía. Tenía miedo de considerar que quizá era una nueva modalidad, para humillarla.
Nada nuevo, pero igual la ponía nerviosa.
— Dile a Potter que es un cuatro ojos, dile a Ronald Weasley, que parece una zanahoria recién sacada de un huerto muerto. Di cosas hirientes y serás tratada con el respeto que buscas y te mereces.
— Comienza a decir cosas dulces de ellos, Draco. O vas a perder, hasta ese entonces.
