Perdón por la tardanza!! Pero, como compensación, hoy subo dos capítulos. Muchas gracias por los reviews, me animan mucho!! Decidme qué os parecen el capítulo 4 y 5!! Gracias xxx
Capítulo 4
Cara:
Mi madre estaba hablando conmigo. Sus ojos brillaban mientras hablaba, pero no podía oírla. El sonido de unos gritos cubría su voz. Estábamos en una playa, pero en el centro de algún viejo pueblo. Había tiendas de campaña colocadas en todas partes, y podía deducir que eran Indias.
Y todavía los gritos. Nadie parecía notar, o importarle, que alguien estaba obviamente sufriendo. Lentamente, me di cuenta de que los gritos formaban letras… un nombre. Mi nombre. Entonces todo cambió, el enfoque se expandió. Yo estaba sobre el pueblo, flotando y, mientras miraba, algo, sólo un parpadeo, se veía en los árboles. Era demasiado rápido, demasiado desenfocado. Pero podía decir que era el peligro.
De repente, los gritos fueron reemplazados por otro sonido, risa. Yo esta por el agua otra vez, esta vez más cerca, casi tocándola. Había gente por todos lados, pero en el centro sólo podía vislumbrar el comienzo de una pelea.
Esto es tan raro… pensé mientras me deslizaba más cerca… y me congelé.
Jacob, arrodillado en el suelo llorando, estaba sosteniendo un cuerpo. Una chica. Era tan pálida comparada con él. Casi parecía muerta, y entendí: estaba muerta. La sangre escurriéndose de su cuerpo. Había sido preciosa, casi demasiado. Su pelo era oscuro y ondulado y le daba una apariencia sobrenatural combinado con su pálida piel. Yo estaba más que celosa de ella.
Me imaginé de dónde venía la risa… un chico, un poco más mayor que yo, con el pelo castaño claro y la piel tan pálida como la de la chica, incluso más. Sus ojos eran dorados pero brillaron rojos con la luz. Y cuando sonrió, unos colmillos relucientes brillaron con sangre.
Entonces sus ojos se clavaron en mí…
Y desperté, sudando y jadeando. Me costó un rato reconocer mi habitación. Todavía no me había acostumbrado a las paredes destempladas y la única ventana. Estaba demasiado oscuro en mi cuarto, demasiado soporífero. Lo que supongo que era la cuestión, ¿no? Duermes en tu dormitorio.
El sol apareció por entre las ligeras cortinas que colgaban flojamente sobre mi ventana, pero de algún modo sentía que algo estaba mal… un poco. El sol. Eso era. Durante el último par de semanas, había llovido y llovido y llovido. Difícilmente vi el sol detrás de las hinchadas nubes de tormenta. Y me di cuenta de que lo había echado de menos.
También recordé lo que había pasado la noche anterior, y por qué mis deportivas estaban tiradas en la esquina, fangosas y mojadas. Intentar no pensar en mi pesadilla era difícil, la imagen de la cara dolida de Jacob y sus lágrimas me comprimían el pecho, pero hice todo lo posible.
El sol había salido y Jacob quería verme, por elección, no porque tuviera que hacerlo. Estaba decidida a hacer de éste un buen día.
Salté en la ducha, sin preocuparme de que estuviera demasiado caliente, y me puse los únicos vaqueros limpios que tenía a mano y una vieja camiseta de los Ramones. Me peiné el pelo y dejé que se secara al aire. Mirándome en el espejo, decidí que así era como mejor iba a estar. Nunca se me había dado bien la moda ni el aspecto; siempre había tenida sólo a mi padre alrededor. Y estaba segurísima de que no podía importarle menos cómo fuera.
Cogiendo mis deportivas mojadas, prácticamente brinqué hasta el vestíbulo y bajé las escaleras hasta la cocina. Eran las diez de la mañana y sabía que a mi padre le gustaba dormir hasta tarde los sábados, cosa que me parecía bien. Probablemente habría llamado a un terapeuta al verme toda alegre y feliz por la mañana. A cualquier hora antes de la tarde en cualquier día yo no era una campesina feliz. Pero hoy era distinto.
Durante una hora maté el tiempo tomando el desayuno, masticando lentamente cada trozo 25 veces, después secando mis zapatos individualmente a soplos. Me volví a peinar, me cambié la camiseta y finalmente desistí y esperé en frente de la televisión mientras empezaba a dudar de mí misma.
¡Claro que no va a venir! ¿Por qué querría verte? No eres nada especial, sólo una rarita marginada que a veces se convierte en perro… otra vez, nada especial.
Pero justo cuando empecé a sentirme totalmente desengañada sobre mí misma y me había arrastrado hasta la cocina a por algo de helado, el timbre de la puerta sonó. Me congelé por un segundo antes de saltar hasta la puerta principal, viajando por el vestíbulo en un tiempo récord.
Relájate… podría ser sólo el cartero o algo, pensé y abrí la puerta, mariposas bailaban en mi estómago.
Ahí estaba él, alto, oscuro, y guapo, con una sonrisa dulce en los labios. Estaba completamente vestido esta vez, con unos vaqueros oscuros y una camiseta casual, como si hiciera 25 grados en vez de 0.
- Hey… Estaba empezando a preguntarme si ibas a aparecer.- dije, y parpadeé por lo fácilmente que le había dicho lo que pensaba.
- ¿Por qué no lo haría?- preguntó Jacob mientras su sonrisa dulce se volvía confusa. Sus ojos encontraron los míos por un momento que pareció un poco demasiado largo para estar bien. Yo miré hacia otro lado primera, hacia mis desaliñadas zapatillas mientras maldecía el rubor que trepaba por mis mejillas y cuello.
- No sé…- murmuré y desesperadamente cambié de tema.- Entonces, ¿a dónde me llevas?
Los ojos de Jacob se iluminaron por un momento. Cerré la puerta detrás de mí y le seguí fuera del porche. Parece ser que todos aquí tienen porches, pero no siempre se pueden usar por la lluvia. Excepto en un día como éste, el sol brillando en toda la superficie, secando el mundo empapado hasta el fondo. Podía sentir la emoción hirviendo dentro de mí.
- Bueno, hace bueno afuera, por una vez, así que había pensado que podíamos sólo… pasear. Si quieres hacer cualquier otra cosa, me parece bien. Tú decides.
Así que paseamos. Lado a lado, sintiendo el frío aire que estaría congelado para cualquier otra persona pero que era una ligera brisa para nosotros, con el sol invernal a nuestras espaldas. Era violento al principio, para mí por lo menos, el parecía estar en su salsa, pero finalmente se me hizo más alegre.
Me hizo preguntas, queriendo saberlo todo sobre mí, desde las cosas normales hasta las más raras hasta las más vergonzosas. Vi que Jacob no era tímido, para nada, y directo sobre ciertas cosas. Me dijo que le llamara Jake desde que él me llamaba Cara, parecía más personal de esa manera. Color, flor, árbol, estación, fiesta favoritos… Pero al final llegó a los novios. Un rubor detrás de otro atravesaron mi cara y deseé que empezara a llover para que cortáramos el corto día.
Jake se dio cuenta de mi repentino silencio y se paró con una risa de sorpresa.
- ¿Qué? ¿Nunca has tenido un novio?- me miró como si fuera una loca o una mentirosa.
- Bueno… nos mudamos mucho… no sé, es que en realidad los chicos nunca han hablado conmigo ni nada, así que no.- Ya. Lo había dicho, ¿estaba contento ahora? Era tan humillante. Siempre había pensado que era demasiado rara, demasiado fea y demasiado pardilla para que le gustara a algún chico.
- Lo encuentro difícil de creer- Jacob ya no sonreía, pero sus ojos eran muy cálidos, si hubiera tenido frío habría dejado de tenerlo.
- Bueno, ¿qué hay de ti?- le pregunté mientras otro rubor encendía mi cara.
- Lo siento, pero no. Yo nunca he tenido novio.- Ahora reía, crucé mis brazos sobre el pecho.
- Vamos… sabes a lo que me refiero.
Su sonrisa se cortó con un estrangulado suspiro. Parecía obsesionado y destrozado. Instantáneamente me arrepentí de devolverle la pregunta; obviamente era un tema espinoso. Sus ojos perdieron toda la calidez y se volvieron distantes.
- ¿Jake?... Lo siento, no tienes que contestar- bajé la mirada al suelo, empujé mis manos en los bolsillos y pateé el suelo. Esto era diez veces más violento que antes.
- No… no, nunca he tenido novia. Era algo más para mí… esperé que ella lo viera, pero no lo hizo… ella amaba a otro. Y no importa lo… lo mucho que intentara demostrárselo, ella siempre iba a él y sus promesas. Yo no era lo suficientemente bueno.- Jacob susuró las últimas palabras, más para sí mismo, sus ojos no se fijaban en el mundo alrededor suyo sino en un lugar pasado, un lugar que le dejó roto. Y el dolor en sus ojos me rompió el corazón.
- ¿Qué le pasó a ella?- mantuve la voz baja también, temiendo arruinar el aire que nos rodeaba de alguna manera. Quería acercarme a él, rodearle con los brazos, pero no podía hacerlo. Me sentía ahogada.
Sus ojos se oscurecieron, si era posible, aún más y su voz se aplanó hasta un tono muerto. Casi podía sentir el enfado saliendo de él.
- Murió.
