Special thanks to the wonderful Kristina (lyricalkris, the autor) for giving me the opportunity again... you won't regret sweetheart.

Traducción: Just a Number

Summary: Los números son a veces obstáculos invisibles. Para Edward, una edad significativa entre él y Bella, determinaba los confines de su relación. ¿podrá ella enseñarle que a veces un número es sólo eso?

Disclaimer -de la autora: Aun no soy SM, solo estoy jugando en el camino con sus juguetes.

Disclaimer -traductora: Tampoco soy SM, la historia es solo una traducción y espero que la amen tanto como yo. Nuestra Beta: Love dark letter


Just a Number

Capítulo 3

La Culpa

- Es increíble que aún hasta ahora que no hayas hecho que tus dientes caigan.

Edward vio a su laptop nuevamente, haciendo un enorme esfuerzo por dejar de apretar su mandíbula y de paso dejar de rechinar los dientes con la fuerza con la que lo estuvo haciendo.

- Un hábito, supongo. Ni siquiera me di cuenta que lo estaba haciendo. –dijo fácilmente.

El primer comentario fue una mentira, lo que siguió, sin embargo, fue cierto.

Por la expresión de su padre pudo deducir que no le había creído.

- ¿Por qué me estás viendo de esa forma? –le preguntó, irritado.

En lugar de contestarle directamente, Carlisle escogió un cliché.

- Tal vez, parece extraño que lo diga, pero quiero que sepas que tanto tu madre como yo estamos aquí para ti, si necesitas hablar.

Su irritación se estaba transformando en exasperación.

- ¿Qué es lo que necesitaría comentar?

- Bueno, eso es algo tú deberías decirme. –Carlisle utilizó ese tono tan característico de sinceridad que poseía.

Frecuentemente, Edward deseaba parecerse más a su padre, abierto y afable, o gentil como su madre. Pero no era ninguno. Era impaciente, arrogante y ocasionalmente dotado de humor negro.

- Pareces molesto desde hace unos días –explicó Carlisle. –Y tu madre se preocupa.

Este era un código al que Edward estaba acostumbrado hace mucho. Si él estaba hablándole a Edward de eso, significaba que Carlisle estaba tan preocupado como Esme. Edward torció sus labios. Él siempre supo que era un chico con mucha suerte si se trataba de sus padres. Incluso siendo un hombre adulto, su amor era muy consistente.

Entonces, a pesar de que se estaba molestando que se volviesen algo empalagosos, su sonrisa fue genuina cuando los vio de nuevo.

- De seguro mamá tiene una teoría.

- Por supuesto que la tiene –Carlisle río, el cariño era en su rostro. A pesar de que hubieron pasado cuarenta años juntos, Carlisle y Esme estaban aún muy enamorados.

Ese pensamiento le robó una sonrisa a Edward.

- ¿Entonces? –pronunció Edward.

La sonrisa de Carlisle disminuyó.

- Cree que te aíslas.

Edward volvió de nuevo su laptop, concentrándose en el e-mail que tenía en frente a él.

- La soledad es una elección.

- ¿Elegiste estar solo? Siempre me lo he preguntado. ¿No ha habido nadie después de Rosalie?

Edward miró fijo a su padre, levantando su rostro nuevamente.

- Elijo estar solo. No ser solitario.

- Aún así. –presionó Carlisle. -¿Por qué has hecho esa elección? Has heredado mis increíbles facciones…

Edward se rió ante eso, moviendo su cabeza.

- No tengo más paciencia para todo ese juego, pero eso ya lo sabes. Aparte, ¿qué te hace pensar que soy infeliz de este modo?

- Que apretabas los dientes por eso, -recordó Carlisle, y Edward hizo una mueca en respuesta.

- Solo es trabajo –sustituyó Edward –Eso es todo.

Edward exhaló.

- Hijo, te he conocido todos los años de tu vida. Eres un excelente mentiroso, pero no puedes mentirme a mí. –palmeó a Edward en el hombro. –Es tu problema, claro está, si quieres hablar de ello o no. De cualquier modo, estamos aquí.

Edward se sentó, observando al horizonte, golpeando con sus dedos el teclado ligeramente.

Su padre y madre habían hecho lo mejor por estar al lado de sus hijos sin importar las circunstancias.

Edward se preguntó vagamente ¿cómo reaccionarían si él llegase a decirle lo que en verdad le molestaba?

Cerrando de golpe su laptop, Edward salió a buscar algún tipo de distracción.

...

Edward se encontró a sí mismo pensando distraídamente en el patio trasero, avanzando hacia atrás y hacia adelante. Se dijo así mismo que estaba buscando nuevos ángulos, pero él sabía lo que en realidad hacía. En realidad, quería desaparecer en el bosque.

Tenía este hábito desde que era muy joven, el de salir a perderse en el paraje salvaje que rodeaba su casa cuando necesitaba estar solo con sus pensamientos. A veces, como ahora, sus pensamientos quedaban intricados y mezclados en su cabeza, lo que le causaba una frustración abismal. En el bosque, el mundo estaba reducido a lo más básico. El aire era fresco, usualmente frío. Solo había el canto de las aves y el ruido que hacía el viento al golpear entre los árboles.

Edward pasó su mano entre su cabello, nervioso. Recordando cuando volvió a casa el año en que los Swan habían fallecido.

Durante esa semana, o algo así Edward aún iba a la universidad luego del accidente, habló con su madre casi todas las noches. Esme estaba preocupada por la chica –como ella no hablaba, como ella solo veía fijamente al vacío. Entonces él tenía cierta idea de lo que encontraría al llegar a casa.

Cuando la vio por primera vez –una inhibida y devastadoramente calmada niña –no tenía palabras para describir el estrujo que se le hizo en el corazón. En ese preciso momento, se sembró en él una profunda necesidad de protegerla, se enraizó y se volvió parte de él. Ella estaba totalmente sola en el mundo. Y él no quería nada más que tomarla en sus brazos, arrullarla y protegerla de sentir alguna vez otra cosa como esa de nuevo.

Nunca supo qué dirigía su accionar, cómo es que supo exactamente qué hacer. Supuso que le recordaba a un pequeño gatito aterrado, tirado en un rincón. Ella no tenía idea de cómo reaccionar ante los adultos que lo único que deseaban era ayudarle y no tenía idea de… cómo hablar de los pensamientos fuertes que habitaban su pequeña y sobrecargada cabeza. Entonces, simplemente se sentó con ella, dejándola adaptarse a su igualmente calmada presencia.

Y cuando creyó que había una conexión entre ellos –no dicha pero fuerte –él ofreció su mano y ella la tomó. No sabía si eso funcionaría. ¿Nadie más entendía por qué el bosque era un lugar tan calmo para él? Él podía recordar ¿cómo se preocupaba mientras caminaron lentamente?, una mano en la otra, hasta que estaban fuera de vista de la enorme casa.

Mientras se internaban en el bosque, ella empezó a apretar más fuerte su agarre, a acercase más y él consideró que la oscuridad invasora podía ser tenebrosa para una niña tan pequeña. Pero luego llegaron a su destino. Un hermoso lugar lleno de flores y luz de sol.

Allí, en un bonito y pequeño prado, día a día, uno por uno, ella admitía sus sentimientos y sus miedos. Incluso al tener solo seis, ella entendió que ese lugar, cercano y aún así tan alejado del mundo, era seguro.

Y ahora era un problema. El bosque se había transformado en algo que compartía con ella, donde habían construido su relación.

Él no había ido al bosque desde su separación cuando ella tenía dieciséis.

-Seis años antes-

Edward estaba justo detrás de ella en las escaleras, deseando que no se cayera. Estaba más calmado ahora que ella estaba en casa, lejos del adolescente y sus hormonas de adolescente. La culpa removió su conciencia. Sabía que había sobreactuado.

- Lamento si te hice pasar una vergüenza. –dijo tranquilamente cuando llegaron a la parte superior de las escaleras. –Estaba poniéndose muy "manual", eso es todo.

- ¿Y qué si eso pasaba? ¿Dios prohíbe que cualquiera se ponga "manual"'

Él parpadeó sorprendido, en shock.

- No me habías dicho que veías a alguien de modo tan serio.

- ¿Qué? –sus cejas se fruncieron confundidas y él casi sonríe. Casi. -¿Te refieres a si salgo con Tyler? –ella bufó. –Sip, ¡como si eso pudiese pasar!

Se volteó nuevamente, caminando desestabilizada mente a su habitación. Confundido, Edward la siguió.

- No soy tonto. Sé que es lindo tener un poco de atención física. –Edward ni siquiera entendió ¿por qué el solo pensamiento de esto le hizo sentir tan incómodo? Probablemente fue porque él aún la podía ver como una niña pequeña que necesitaba protección. –Aún así, es bueno hacer esas cosas con alguien a quien le importas y en quién confías.

Para sorpresa de Edward, ella se rió. Jamás la vio tan irritada y emocional. Ella no era esa chica.

- Siempre estás lleno de sabiduría para hablar de relaciones. De verdad me está enfermando. Fue tu culpa que saliera con él después de todo, ¿y ahora me estás diciendo que no debí? Eso es… pura mierda. Estás lleno de mierda después de todo, Edward. ¿Cómo si supieras algo de buenas relaciones?

- ¿De qué estás hablando?

- ¿Tu novia?

De forma bizarra, Edward se sintió tremendamente culpable al pensar en su novia Rosalie.

- Ni siquiera estás siendo elocuente.

Ella volvió a dirigirse a las escaleras pero tropezó. Edward envolvió su brazo en su cintura antes de que cayera. Las manos de Bella se quedaron con las palmas contra su pecho, y la irritación que había estado escrita en su rostro cambió a una tremenda muestra de inocencia. Ella lo observó fijamente y él contuvo el aliento. La atmósfera entre ellos era ondulante y cambió a algo pesado, algo que él sentía en carne viva.

- Yo, uhm… ella no te trata bien. –sostuvo ella con palabras atropelladas. –No creo que ella te ame.

Edward parpadeó, sus palabras no tenían ningún sentido. Le tomó unos segundos preciados para recordar, un repentino momento de claridad.

¡Claro, Rosalie!... su novia.

- ¿Qué te hace pensar eso?

En su interior, su voz pareció baja, un murmullo. No podía pensar y eso lo turbó, especialmente porque la tenía demasiado cerca. No había escape para él de notar cuan bonita estaba. Siempre había lucido bonita, pero hoy era especial. Su pelo suelto pero con ondas y el vestido que había escogido –azul profundo –marcaba sus curvas en todos los lugares correctos.

¿Cuándo? ¿Cuándo se había convertido en una mujer curvilínea? La última vez que la vio, su cuerpo era andrógeno.

No había duda que ella se había convertido en una mujer –una chica –ahora, no le hablaba con su cuerpo pegado al suyo.

- Porque yo jamás te trataría de la forma en que ella lo hace. –Los enormes ojos de Bella estaban atrapados en los suyos y él estaba cautivado, tanto que le tomó todo un minuto para procesar lo que le había dicho.

No creo que Rosalie te amé, porque yo jamás te trataría del modo que ella lo hace.

Su pulso estaba exacerbado, su sangre liviana, tanto que empezaría a temblar en cualquier momento. Se dio cuenta abruptamente que sus manos estaban apretando los costados de Bella y sus dedos estaban amoldándose alrededor de su delgada cintura. Y él quería tocarla. Dios bendito, el simple impulso que sentía en las puntas de sus dedos por recorrer sus mejillas era más fuerte de lo que podía jurar.

Había una buenísima razón por la cual él no debía tocarla, pero no podía recordar ¿cuál era?

Sus ojos buscaron los suyos y sus labios se abrieron, no era nuevo ante el nuevo mundo de las miradas de deseo y el lenguaje corporal. Él leyó las palabras tan claro como si las hubiera pronunciado.

Bésame.

Inclinó su cabeza. El calor de su aliento en sus labios lo hizo sentirse mareado. Sus ojos cerrados y se rindió.

-Presente-

Edward se sentó pesadamente en el porche, recorriendo con sus manos su cabello y apretándolo fuerte. La culpa que sentía le pesaba en los hombros, derribándolo de a pocos tan efectivamente como si fuese algo físico.

No era solo el hecho de que no debió hacer lo que hizo. Lo que hizo todo mucho peor – ¿y que podría ser peor que aventajarse de un niño? –fue que aún ahora –seis años después –él todavía soñaba con ese beso. Aún podía recordar cuan dulce había sido: la emoción que sintieron, la suavidad del mismo, el sabor de sus labios y el modo en su cuerpo encajaba en el suyo. Y aún así, para alguien que era tan pequeña e inocente, la necesidad recorría sus venas hasta llegar a él de forma poderosa.

Él recordaba tan bien, que había cerrado los ojos, amoldando el gentil toque de sus labios con los suyos, encerrando su cuerpo y conteniéndolo hasta que ese sentimiento pasó.

Cuando finalmente el sentimiento le soltó un poco de su agarre, Edward desprendió un largo y lento suspiro, deseando que el puño de hierro que apretaba su corazón se suelte un poco. Se abrazó a sí mismo, dejando que otra capa intensa y fresca de culpa le invada recordando lo que había pasado luego, cuando se dio cuenta de lo que había hecho.

Antes de que pudiera regocijarse en su pena, el silencio del día se rompió cuando la puerta trasera se abrió y un grupo de risitas le acompañó. Edward observó sobre su hombro encontrando a su amigo entrando a casa con la compañera de Bella enganchada en su espalda. Jasper la dejó en el sofá pequeño que estaba en el porche y se acurrucó con ella, envolviéndola en sus brazos. Sus cuerpos se movían con graciosa fluidez, él apretándola y atrayéndola a sí mismo, ella apretándolo suavemente, poniéndose tan cerca como le era posible.

Edward se aclaró la garganta.

La amorosa pareja se separó un poco, no luciendo tan avergonzados como Edward esperaba. Alice volvió a acomodarse sobre Jasper, ajustando su cabeza para ponerla sobre su hombro, con su nariz acariciando su cuello.

Edward intentó lo mejor que pudo para controlar cuan incómodo se sentía con toda la parafernalia que veía. Creyó que hacía un trabajo decente, eso hasta que fue a la cocina por algo que beber Jasper lo siguió.

- Solo dime ¿cuál es tu maldito problema? –el hombre rubio lo retó.

- ¿Por qué debería yo tener un problema? –preguntó Edward tranquilamente, estudiando detenidamente y con interés el contenido del refrigerador.

- Eso es lo que quiero saber. Y no me vengas con mariconadas con respecto a tu mierda. Tus prejuicios acerca de esto se pueden palpar, puedo sentirlos, y tengo que decirte, no me gustan para nada, así que libera de mierda y dime ¿por qué me ves como si acabara de matar un pequeño gatito? No es como si no me hubieses visto hacerlo con mis otras citas un millón de veces.

Antes de que pudiese responder, Edward volteó y se apoyó en el refrigerador, tratando de encontrar las palabras adecuadas.

- Es… desconcertante –se decidió, -Eres lo suficientemente viejo como para ser su padre.

Su amigo exhaló.

- Sí, supongo, si la hubiese tenido a los catorce, sería técnicamente posible. ¿Es eso realmente lo que te molesta? –él meneó su cabeza negando. –Tiene 22, no es una inocente y sonrojada adolescente.

Edward se giró rápidamente, esperando que Japer siendo tan observador, no notase su expresión repleta de remordimiento.

- Es inmadura en comparación.

Nuevamente Jasper exhaló.

- ¿En comparación con qué? No te das una idea Edward. Alice no es como las tontas modeles sin cerebro a las que estamos acostumbrados. Es brillante y tan divertida, es más que mí igual y no voy a desmerecerla solo porque sus padres cogieron catorce años después que los míos.

- Qué lindo. –murmuró Edward, pero no había calentura detrás de su reprimenda.

- Esa que está allí es una mujer que sabe lo que quiere. Por el momento, ese soy yo y no me siento nada más que contento por eso.

Había cierta nota en la voz de Jasper que llamó la atención de Edward. Él observó al hombre rubio de manera curiosa.

- Te gusta. –cayó en la cuenta.

Por un momento, Jasper lucía exactamente como un inexperimentado chico en lugar de un hombre de mundo.

- Bueno, tu sabes… solo han sido unos días.

- Hey. –la emocionada voz de Alice los interrumpió y ambos voltearon cuando ella entró en la cocina. -¿Qué tanto toma obtener una bebida?

Ates de que pudieran responder, ella miró abajo a su teléfono y sonrió.

- ¿Qué te ha hecho sonreír? –cuestionó Jasper, sonriéndole de vuelta.

- Oh, solo fue Bella.

Las orejas de Edward se movieron como si fuesen las de un perro que acabase de oír el sonido de una lata abriéndose.

- Ella y Mike parecen estar congeniando muy bien –la joven mujer expuso –No puedo recordar la última vez que se interesó en alguien que estuviese interesado en ella.

Edward apretó los dientes y volvió a abrir la puerta del refri, buscando distraerse.

- ¿Así que Mike?, ¿Quién lo habría creído? –sonrió Jasper muy fuerte. –Nunca noté la atracción, pero el otro día en la mesa fueron horriblemente tiernos. –soltó unas risitas. -¿lo imaginas? Un par de grandes y vejetes frikis enamorados mientras se pasean por las locaciones donde se grabaron los Expedientes X, poesía ¿no es verdad?

Edward aventó la puerta del refri hasta que se cerró y salió pitando sin decir palabra alguna.

Yendo hacia las escaleras y subiendo dos escalones a la vez, Edward ingresó a la comodidad de su habitación. Allí se dedicó a pasearse, tratando de disipar la energía furiosa que tenían los dientes al borde.

En los últimos dos días, mientras Mike y Bella hacían un tour por Vancouver, Edward estuvo haciendo lo posible para alejar sus pensamientos de lo que ellos podrían estar haciendo. Él consideró que de seguro Bella tenía mejor gusto que el genérico de chico lindo, no tan inteligente y rubio. Mike Newton no era lo suficientemente bueno para ella. Maldito sea, ni siquiera era-

- A ella no le gusta, al menos no de esa forma.

Edward se detuvo en seco, volteando a ver a Alice en la puerta de su casa.

- Y deberías decirle.

Antes de que él pudiese fingir que ignoraba a que se refería, Alice se giró y se fue.


No tienen idea el ansia que tengo de terminar ya el siguiente capítulo. Van a odiar a alguno de los tórtolos que aman, yo al menos en un primer momento lo hice, espero sus conjeturas, sus opiniones y si pueden sus críticas constructivas.

Aun no me recupero totalmente, tengo una especie de obstrucción respiratoria y es muy doloroso toser. Espero ponerme bien pronto por que no me siento yo misma.

Gracias por sus palabras chicas, incluso sabiendo que va a pasar (en el caso de las que ya leyeron la historia original) me dejan con una sonrisa tremenda e intensa. Bienvenidas a las nueva lectoras y por supuesto a Madriguerita por comentar fielmente los capítulos y el prólogo que ya estaban aquí. Y como no estaba en su cuenta, pues le contesto por aquí: Hey, si, al principio es un poco fregado estar al pendiente de los giros de tiempo pero a la autora (y a mi, también) le gustó crear este tipo de estructuras. En sí solo se tiene que retroceder para conocer el porque de su "fall out" (problemita) En la primera parte (el prólogo: ella tiene 6, él 20. En el capítulo 1: ella -en el presente- ella tiene 22 y él 36 casi 37. Y en "seis años antes" ella tiene 16 y él, 30.

Ale!

PD: Sool, ya sabes, eres un sol.