Love Live!

Wild stars

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Empiezo a sentir un poco de depresión, acabo de leer esta mañana un hermoso fic TsubaHonk ambientado en la Francia de 1848, es hermoso. Me hizo alegrar el corazón y a la vez me produjo una sensación de desazón con respecto a mi escritura. Es cuando comprendo a Reina Kousaka y me siento frustrada por no poder escribir algo tan bello y bien descrito como eso. Aún me faltan años para llegar a ese nivel si es que algún día llegó. Lo que más me entristece del hecho es que teniendo tres bellos capítulos no tenga más que tres reviews. Me he enojado bastante y he dejado mis respectivos tres reviews de sus tres capítulos. El tres parece ser un mal número. Ahora solo tengo frustración, por lo que adelantare un poco de una cierta historia crossover que quiero hacer. La influencia de Reina y Kumiko, Sound! Ephonium, las Diamond Princess y Guilty Kiss, New Orleans, y la atmósfera apasionada y deprimente del jazz y el rock.

En fin.

Y07, la verdad tenía planeado que si lo hiciera pero me arrepentí en la última letra. Dejo un poco de NozoEli y NikoMaki, es pequeño pero espero te guste.

GabyMarie, a ti no tengo nada que decirte pues ya te lo digo todo en casa.

MaikLS, lamento tener que decirte que el puesto de fan número uno ya está reservado para mi novia, gomen. Aclaro, no soy tsundere, al menos no mucho, solo soy un poco awkward. Atendiendo a las observaciones hechas, la verdad es que es bueno que se den cuenta de cosas que a mi se me pasan, trato de explicar un poco más el carácter variable de mi waifu favorita. Gracias por el comentario.

Siari55, ahhh como he apreciado esas observaciones, al igual que las de Maik. Así que me ví en el dilema de adelantar algunas escenas que tenía pensadas para mas adelante y tuve que retrasar un poco el RinPanna y el KotoUmi. Muchas gracias por el comentario.

Ya se que había dicho que actualizaria hasta más tarde, pero no puedo evitarlo, las palabras parecen surgir y tengo que aprovechar. Además que como digo una cosa y hago otra, todo vale un cacahuate. Sufro por You, sufro porque quiero que sea Octubre y comience la nueva temporada de Sound! Ephonium, sufro porque quiero...

Este capítulo viene auspiciado por el soundtrack del Señor de los Anillos, Wild stars y Loveless world. Espero lo disfruten y me digan que les parece y si no me dicen, pues que le voy a hacer. Al menos leanlo.

Las Kousaka me ponen mal, Reina, Honoka.

— o —

Eli-sama —un guardia a caballo se acercó a ella haciendo un saludo militar con la mano—, uno de los príncipes Sonoda está esperando en la casa del principal de la comarca, la otra... —Eli lo observó, el hombre a pesar de hablar claro tenía un cierto temblor en el cuerpo, además de que su caballo parecía estar inquieto moviéndose de un lado a otro.

¿Que ha sucedido con los príncipes? —lo cuestionó y el hombre vaciló un momento.

Ellas… —titubeó—. Unos campesinos se han negado a pagar el impuesto y la… la princesa Tsubasa ordenó su ejecución —Eli se incomodó al oír aquello.

¿Dónde es que está? —se refirió a la princesa Tsubasa y el hombre echó a andar su caballo guiandola hasta el lugar de la masacre.

Esta era la primera vez que tendría que tratar con ellas. Sus madres le habían advertido que pasara lo que pasará mantuviera la calma y procurará despacharlos lo más pronto posible. Eran visitas indeseadas en el reino y cuanto más corta fuera su estancia era mejor. En realidad, sólo hacían estas visitas cada seis meses, recogían el dinero, algunas dotes y era todo. Según el acuerdo pactado, aún cuando eran los señores del reino, se seguía manteniendo la autonomía y los asuntos internos bajo el mando de Minani-oujosama y Nishikino-oujosama.

Estos asuntos los trataba mamá Minami, pero Eli ya tenía suficiente edad para irse familiarizando con los problemas reales del reino y dejar la comodidad del castillo para comenzar a manejar al pueblo y su vida cotidiana. El reino era próspero y siempre proveía puntualmente la paga del tributo, sin embargo en ocasiones había quienes se negaban a acatar las órdenes y tenían que sufrir las consecuencias. Su madre se lo había dicho, no intervenir y dejarlos hacer, pero esto la rebazaba.

Llegaron hasta una granja, la columna de humo la vio desde metros antes y el olor a chamuscado empezó a llenar el ambiente conforme se acercaban. Su caballo se inquietó y ella también. Sus guardias estaban en las mismas condiciones. Al lado del camino podía ver rastros de sangre y algunos surcos en medio del paso. Alguien había o más bien algunos habían sido arrastrados por él.

Cada paso era un peso más sobre sus hombros. El olor de la sangre empezó a llenar su nariz y el hedor de carne quemada se volvió más fuerte. Se detuvieron enfrente de la entrada de la granja y su corazón se detuvo.

Dos cuerpos suspendidos en el aire, sostenidos sólo por las sogas alrededor de sus cuellos. Podía ver claramente las marcas de la cuerda y sus rostros morados con los ojos desorbitados fuera de su lugar. Tenían el cuerpo hecho jirones debido al maltrato sufrido al ser arrastrados. No pudo soportar mucho el mirarlos. Eran una hombre alfa y una mujer beta adultos. Sintió su estómago revolverse y amenazar con volcar su contenido, hizo pequeñas arcadas pero se contuvo. No podía mostrar debilidad frente a sus hombres, eso podría hacerlos caer en el pánico y no deseaba eso.

Entraron en la granja, algunos ni siquiera voltearon a mirar mientras otros no podían apartar su vista de ese horror. Aunque solo era el comienzo. Al avanzar hasta llegar a la casa y el granero de la granja pudieron ver a varios caballeros de la guardia de Akiba. Estaban reuniendo todo lo que había poseído la familia de ese lugar y lo apilaban en el medio del jardín en una gran fogata. No distinguían entre objetos y animales. Estos últimos los desollaban antes de arrojarlos a las llamas.

Oyó el llanto descontrolado de unas personas detrás de la fogata, se bajó de su caballo y caminó unos pasos a su derecha para darse cuenta de que se trataba. Tres niños, de diferentes edades estaban arrodillado llorando descontroladamente. Sus lágrimas escurrian dejando surcos sobre la suciedad de su rostro debido al barro que los había manchado. Uno de ellos alzó la cara y la vió.

¡Por favor ayúdanos! —exclamó en un tono que le desgarró el alma.

Los otros dos niños levantaron también la cabeza y empezaron a pedirle su ayuda también. No supo qué hacer, quería ir y liberarlos pero uno de sus guardias, un alfa masculino, le detuvo el paso. No podía entrometerse. Cerró los puños con impotencia. Algunos de los caballeros de Akiba que estaban allí se acercaron a los chicos y golpeándolos los hicieron callar.

¿Qué maldito escándalo es ese? —oyó y al girarse pudo ver la figura de una chica, alfa por el aroma que podía percibir de ella, que salía de la casa principal—. Pedí específicamente que no quería escándalos o interrupciones —gruñó a sus hombres y uno de ellos los señaló.

Sus ojos verdes se posaron en ella y pudo verla bien a la luz de las llamas. Cabello castaño, mediana estatura, un uniforme de Akiba que estaba abierto del frente así como el pantalón desabotonado. Pudo mirar su vientre y la línea de sus senos. Ella sólo se acomodó su pantalón y se empezó a abotonar la camisa.

Vaya, ¿que es esto? Al fin aparecen los inútiles de Otonokizaka. ¿Donde está Minami-san? —exigió saber y Eli trato de calmar su ira, pudo oler el aroma del sexo presente en ella.

Mi… mi madre no ha podido asistir, pero me ha enviado a mi en su lugar, Eli Ayase-san —se presentó pero no hizo ninguna reverencia.

¿Un Ayase? Hija de Minami-san, bueno no me importa —hizo una seña a uno de sus hombres.

Un par de ellos entraron en la casa y segundos después trajeron afuera a una mujer omega cuyas ropas estaban destrozadas. La arrojaron junto a los otros niños y ellos la abrazaron echándose a llorar aún más. Tenía la cara desencajada, sus ojos se veían sin vida, su cabello caía desordenado y Eli vio los signos de la violencia en su abdomen y piernas. Esa animal la había violado.

¿Qué es lo que has hecho? —dio un paso al frente pero fue detenida de nuevo, Tsubasa sólo la miró echando una carcajada.

Eso —movió la cabeza—, eso es su castigo por rechazar mis intentos de cortejo y lo demás el pago de su delito al negarse a pagar su impuesto.

Fue hasta uno de sus hombres que sostenía una espada enfundada. Ella la tomó y atándose el cinturón sacó el arma de su funda. Contempló el filo y la blandió en el aire produciendo el sonido del metal rompiendo el espacio.

Si se han negado a pagar es por que nada tienen, así que esto en realidad no es nada —apuntó con la espada a la fogata—. No lo echarán en falta… a donde van no lo necesitaran más.

Camino a paso lento saboreando el enojo y la frustración que Eli desprendía además de su aura salvaje que se oponía a retroceder ante el chi de la Sonoda. Tomó del cabello a uno de los niños y mirándola a los ojos pasó la espada por su cuello ante los gritos de terror de los otros. Los guardias los mantenían sujetos.

Un chorro de sangre brinco ensuciado el suelo con el líquido rojo y el cuerpo del chico se revolvió en espasmos cuando lo dejo caer.

¡Chillan como cerdos! —les gritó rompiendo su mirada con Eli.

Fue hasta el siguiente, entregó su arma un momento a un guardia y con sus dos manos sostuvo de la cabeza a otro de los chicos que estaba aterrorizado, giro su cuello tronando los huesos en un sonido que le recorrió la espalda a Eli con un fuerte escalofrío y lo jaló hasta arrojarlo a las llamas del fuego ya sin vida.

Eli no pudo soportarlo cuando escuchó los lamentos de dolor y agonía del chico que aún quedaba. Se inclinó dejando todo el contenido de su estómago en el suelo.

Vaya parece que hay alguien sensible aquí —dijo y sus hombres comenzaron a reír.

Trato de controlarse pero las arcadas seguían viniendo con más fuerza. Jamás hubiera pensado encontrarse con algo así fuera del castillo o de la ciudad. Esto la sobrepasaba.

Se limpió la boca cuando ya no salía nada de su estómago y se giró para no ver lo que seguía. Tsubasa había enterrado su espada en el vientre del último de los chicos y también lo había arrojado a la pila de fuego. Ahora está con la mujer que seguía sin responder. No emitió ningún sonido cuando le abrió la garganta y la dejó morir desangrada.

Creo que es todo —sacudió su espada salpicando de sangre a su alrededor. Algunas de las gotas llegaron hasta las botas de Eli y su uniforme blanco y volvió a sentir el asco invadirla—. Nos reuniremos con mi hermana ahora.

Dicho eso, chiflo y un caballo llegó hasta ella montando en él. Sin esperarla se echó al galope.

— o —

Eli estaba inquieta, caminaba de un lado al otro del cuarto ansiosa. Maki podía sentir su chi alterado y difuso en algunas partes. Jamás había visto a su hermana actuar así. ¿Tanto le desagradaban los Sonoda? Se preguntó. Había oído historias de ellos y su brutalidad, pero sólo Eli había tenido contacto con ellos en alguna ocasión. Recordó que hacía algunos años, un par tal vez, Eli había salido a una encomienda de mama Minami y cuando regresó no parecía ella misma.

En esa ocasión se encerró en su cuarto al menos una par de días hasta que mamá Minami habló con ella. Después de eso cambió bastante, al menos con ella, con sus otras hermanas se volvió sobre protectora y con ella, pues, la obligó a entrenar día y noche con la guardia en un régimen estricto. No lo entendió, pero tampoco lo cuestionó. Mamás, aunque preocupadas, habían permitido aquello y no se iba a oponer.

—¿Por qué no ha regresado Honoka al castillo? —exclamó furiosa y un par de guardias saltaron atemorizados por el empuje de su aura.

—No lo sabemos Eli-sama, esta mañana salió con una sirviente y ninguna ha regresado todavía —le informó uno de ellos.

—¿Qué hay de los Sonoda? —dijo casi gruñendo.

—Un mensajero llegó hace un par de horas anunciando la llegada de la avanzada y la proximidad de la comitiva —Maki percibió el temor en los ojos azules de Eli pero rápidamente lo escondió.

—¿Y ellos? —quiso saber Eli.

—Están cruzando las puertas de la ciudad. La regente Minami ha ordenado su recibimiento y se han dado las indicaciones para hospedarlos en el castillo a la brevedad —informó el oficial y ahora fue el turno de Maki para ponerse nerviosa.

—¿A qué hora está prevista la ceremonia de recibimiento? —preguntó la menor.

—A las seis de la tarde Maki-sama —le respondió y ella sólo asintió, para eso faltaba hora y media.

—Maki —Eli la sorprendió y dio un pequeño salto—, asegúrate de que Kotori esté lista, yo iré a buscar a Honoka.

No espero su respuesta cuando la vio salir del cuarto a prisa. Tenían el tiempo encima y como siempre su irresponsable hermana Honoka seguramente se había perdido por allí en el jardín o en algún rincón de la ciudad entretenida con alguna tontería. Eran demasiado blandas con ella.

— o —

Hanayo se tronaba los dedos deambulando cerca del monte de las musas, había seguido a su ama durante su travesía con la caballero de Akiba pero manteniendo siempre su distancia para no ser descubierta, aunque no las había seguido a la cima del monte. Ese era un lugar prohibido para la gente común, sólo las princesas o la familia real podían ir a aquel sitio. Hacía un par de horas que habían subido y no tenía noticias de la princesa.

—Me van a castigar, Eli-sama se va a enojar mucho —se lamentaba amargamente—. Si al menos hubiera convencido a Honoka-san de no hacer nada imprudente y llevármela cuando tuve oportunidad, no estaríamos en esto.

En esas estaba cuando oyó unos pasos cerca. Se giró para mirar y exhaló de alivio al ver la cabellera jengibre de Honoka caminar hacia ella.

—¡Honoka-san! —dijo alegre, al menos ella estaba bien, sana y salva.

—Jeje, gomene Hanayo-chan, perdí la noción del tiempo otra vez —sacó la lengua dándose un pequeño golpecito en la cabeza.

—Honoka-san, debemos ir al castillo, el resto de la caravana de Akiba ha llegado, sus hermanas la deben estar buscando —Honoka se alarmó al recordar eso.

De nuevo su atolondrada carácter la iba a hacer meterse en problemas. Ni Eli ni Maki podían enterarse de lo había estado haciendo ni mucho menos con quien.

—Demos darnos prisa Hanayo-chan —tomó las manos de la niña entre las suyas y poniéndose seria le dijo—. No debes decir nada de esto a nadie, ¿de acuerdo? Eli-chan y Maki-chan no deben enterarse.

—Sí señorita, no diré nada —asintió la chica, a ella tampoco le convenía que se supiera así que realmente no tenía problema en ocultarlo.

—Vamos antes de que sea más tarde —las dos chicas salieron corriendo tomadas de la mano con rumbo del castillo.

— o —

—Honoka, Honoka —masculló Eli mientras caminaba por los pasillos del castillo dirigiéndose a la caballeriza a buscar su corcel y salir a buscar a su hermana.

Iba tan concentrada en su objetivo que sin darse cuenta topó con alguien empujándola levemente, alcanzó a reaccionar y la sostuvo de la cintura para evitar que cayera. Un fino y delicado aroma de lirios sacudió su olfato. Tenía frente a ella a una bella omega que parecía divertida con su expresión.

—¡Ara, ara! Aún no nos conocemos y ya eres bastante atrevida —paso su dedo índice por su mentón yendo hasta su pecho empujándola hacia atrás—. Debo de solicitarle que mantengas tu distancia apuesto alfa.

Eli se ruborizó dando un paso lejos de la omega que seguía riendo discretamente. Rápidamente recuperó la compostura y hizo una reverencia afectada.

—Tenga a bien tomar mis disculpas oujo-sama —se puso derecha y observó con detenimiento a la chica.

Era una mujer hermosa, llevaba una larga trenza de cabello morado a un costado de su rostro y los ojos verdes más lindos que había visto hasta ahora. Su sonrisa era cálida y su piel impecable. Desprendia un aura de profunda calma que la estaba invitando a tranquilizarse. Además de ese olor, un aroma que no había olido antes y que la estaba atrayendo con demasiado entusiasmo.

—¡Que galante! —le dijo para sacar más de esos rubores que le daban color a su rostro—. Tendré que cuidarme de no caer en sus encantos.

—Yo… yo no… —tartamudeó parpadeando varias veces un poco nerviosa pero se aclaró enseguida—. No era mi intención, pero no voy a negar que no sería mi culpa siendo usted tan hermosa el que yo no pueda resistirme a querer acercarme.

Agarró su mano y dejo un beso sobre sus nudillos haciendo que fuera ella la que se ruborizara en esta ocasión.

—¿Me dará el honor de concederme su nombre? —mantuvo su mano atrapada con la suya mirándola fijamente.

—No… Nozomi… —apenas pudo decir intimidada por el aura sensual que desprendía la alfa—. ¿Me dirá el suyo también? —Eli sonrió ligeramente y Nozomi encontró el sonido agradable.

—Ayase Eli-san —volvio a dar otro beso en su mano—, mucho gusto conocerla hermosa dama —pronunció con galantería.

—Si se sigue comportando así tendré que llevarla a mi cama y pedirle que cumpla sus obligaciones —Nozomi se acercó a ella jugando con la solapa de su chaqueta.

—Seria un placer que me concediera ese honor —dijo sin retirarse y agarró su mano traviesa apretandola de ella—, lamentablemente tengo un compromiso que debo cumplir, mil perdones —dio otro paso atrás y haciendo otra reverencia se despidió.

Nozomi sólo la vio alejarse y con pesar dio un largo suspiro.

— o —

"¿Qué es lo que estoy haciendo? Soy una tonta por ponerme a flirtear con una desconocida, una sexy desconocida sin embargo. ¿Pero qué digo? Si Umi me hubiera visto… ¡Ah! ¿A quién engaño? Si Umi nos hubiera visto no habría dicho nada, en cambio… Tsubasa… mejor no pensarlo."

La ví alejarse y dar la vuelta en un esquina no sin antes darme una vista de su hermoso trasero, me mordí el labio.

"Deja de pensar cosas pecaminosas."

Me giré sobre mis talones y también me fuí de allí. Había ido a los establos buscando alguna razón de Tsubasa, pero no había rastros de la chica. Según lo que uno de los guardias me había dicho, ella se había ido con una local a dar un paseo por la ciudad en cuanto llegaron.

"Espero no esté haciendo una tontería."

No podía evitar preocuparme, no es como que Tsubasa hubiera prometido comportarse o algo así y temía que su carácter explosivo saliera a flote provocando problemas a Umi-chan. Regresé al cuarto con ella para informarle de mi nulo éxito.

Llegué hasta la sala común donde compartían los Sonoda y me encontró a Umi con Nicochi y la concubina de ésta, todas tenían mala cara.

—¿La has podido encontrar? —enseguida que entré Umi me cuestionó, yo solo negué—. ¿Dónde se habrá metido esa maldita estúpida irresponsable? —rugió con enojo.

—No me sorprende en lo más mínimo —Nico se encogió de hombros—, jamás ha tomado nada en serio, no sé porque creí que al menos por Nozomi-chan lo haría.

Temblé suavemente, Tsubasa no podía ser tan mala conmigo. Umi se acercó a mí con su pañuelo en la mano limpiando mis mejillas donde unas gruesas lágrimas escurrían sin que pudiera detenerlas. Estaba llorando sin haberme dado cuenta.

—No voy a permitir que esa baka obstaculice tu bienestar —acarició mi mejilla y yo me rendí en sus brazos.

—Rin-chan —oí a Nico llamar a su mascota—, ve a buscar a la baka de mi hermana y no regreses hasta que la tengas —ella sólo asintió dando un saludo con su puño contra el pecho y golpeando sus talones.

"Buena suerte con eso."

Sería un logro que alguien la hiciera venir si eso estaba contra su voluntad. Aunque sin duda Rin-chan podría llegar a tener métodos persuasivos, por algo Nicochi la tenía como su persona de confianza.

—Será mejor que nos alistemos, no tardará mucho tiempo antes de que el rey nos llame a su encuentro —Umi me sostuvo del brazo y nos fuimos a su habitación, debía preparar a Umi para la recepción.

— o —

Desperté de golpe sintiendo un fuerte y agudo dolor en mi costado izquierdo, como si me hubieran atravesado con una hoja afilada de una espada o un cuchillo. Por instinto me lleve las manos a la herida y me di cuenta que no había nada allí. Desabotoné mi chaqueta y mi camisa y en efecto, no había ninguna herida, pero el dolor se sentía tan real.

No es como si pudiera confundir un tipo de dolor así, en ocasiones anteriores había sufrido heridas severas de guerra y esta se podía sentir como tal. Por la ubicación podría deducir que de haberla recibido realmente, no tendría ninguna salvación.

Me sentí aliviada de saber que no era así. En ese momento fue que me di cuenta del silencio a mi alrededor. Voltee buscando a la chica con la que había llegado allí pero no la encontré por ningún lado. Solo estaba mi caballo que me miraba con desconcierto.

—¿Por qué no me has despertado cuando ella se fue? —le reñí y el solo relincho—. ¿Dónde la voy a encontrar ahora?

Me levanté sacudiendo mi uniforme y me di cuenta que la noche ya estaba sobre nosotros. Las estrellas iluminaban el firmamento y no había rastros del sol por ningún lado.

—¡Achuuu! —estornudé y mi caballo volvió a relinchar como si se riera de mí—. Cállate, me he enfriado con el sereno de la tarde, esto es tú culpa. No te voy a dejar que montes a ninguna hembra en castigo.

El caballo me dio un tope con la cabeza y sus dientes jalaron la solapa de mi chaqueta llenándome de baba.

—¡Ah! ¡Quítate! Está bien, no te voy a castigar si me ayudas a encontrarla —al animal movió la cabeza y rascó con sus patas delanteras el suelo—. Muy bien amigo, debemos ir al castillo de Otonokizaka antes de que mi padre se de cuenta de que he faltado, aunque creo que ya es un poco tarde.

Fui por la montura y después de ponérsela salí a galope con rumbo del castillo. No tardaría tanto en llegar, no estaba tan lejos después de todo.

Anduve unos minutos sin ningún problema, pero al pasar por un área rodeada de casas, percibí cierto peligro. De golpe alguien cayó sobre los lomos de mi caballo a mis espaldas y sentí el frío del metal contra mi garganta. Un olor familiar.

—Venga chica, estoy de camino al castillo no hay necesidad de la violencia —le dije riéndome de ella y sentí su molestia cuando su cuchillo se apretó más contra mi piel.

—Tsubasa-chan no es de fiar y mi ama quiere que la lleve ante su presencia ~nya —me ronroneó al oído quitándome la espada de mi cintura y sólo espoleé al caballo para retomar el rumbo.

—Me tiene sin cuidado lo que la baka de Nico diga, la única que me preocupa es Nozomi —retiró su cuchillo de mi garganta pero sólo momentáneamente mientras cruzábamos la entrada al castillo.

Unos guardias nos detuvieron y después de identificarnos nos dejaron pasar. Nos dirigimos a la sala de la regencia, Rin me guió hasta allí. No estaba en condiciones pero qué más daba, no es como si quisiera impresionar a mi futura esposa, eso me daba igual. Quisiera o no quisiera era ya era mía.

— o —

Momentos antes…

Estaba por salir del castillo cuando las vi entrar. Mi pequeña e irresponsable hermanita venía corriendo de la mano de su criada. Al menos ya estaba en casa sin ningún rasguño aparente.

—¡Ea! ¿A dónde creen que van? — las intercepté deteniendolas de los hombros—. ¡Honoka! —la llamé severamente.

—Gomen Eli-chan, se me fue el tiempo en el mercado —se inclinó apenada y yo solo suspiré, ¿cómo es que podía llegar a ser tan distraida?

—De acuerdo, después hablaremos seriamente sobre esto, ahora dense prisa, Hanayo-chan lleva a Honoka a sus habitaciones para que se cambie —les ordené—. Estamos sobre el tiempo.

Las apresuré llevándola prácticamente de las orejas hasta el interior del castillo. Las vi correr de nuevo y cuando las perdí de vista me dirigí a la oficina de mamá Minami. Necesitaba mantenerme ocupada en algo o reventaría por la presión.

En el camino me encontré con mamá Nishikino que iba saliendo del pasillo que conducía a la oficina del regente. Me detuvo.

—Madre —hice una reverencia y ella me tomó del brazo llevándome lejos de allí—. Espere, necesito hablar con mamá Minami.

—Tu madre está ocupada, si necesitas hablar con alguien aquí estoy yo —me sonrió de forma triste, ella se notaba afectada de la misma manera.

—Gracias madre, pero… —quise safarme pero no no me dejó.

—Eli-chan~ dale un respiro a tu madre, ella está bajo mucho estrés, no le de una carga más —palmeó mi mano y decidí rendirme.

—Es que aún no puedo creer lo que está pasando —la mire a los ojos, ella me miró también pero enseguida los apartó viendo hacia el frente.

—¡Aaah! Creo que nadie lo puede creer aún, el tiempo puede pasar en un abrir y cerrar de ojos sin que nos vemos cuenta —me habló aunque creo que lo decía más para ella que para mí—. Ayer eran apenas unos cachorros y hoy, hoy son todos unos jóvenes alfas y omegas. Sabía que este momento iba a llegar tarde o temprano sin embargo en el fondo esperaba que no llegará nunca.

Se volteó para verme con una sonrisa melancólica y apenas pude corresponderle con una igual. Se veía cansada, unas ojeras cubrían la parte inferior de sus ojos y algunas arrugas se habían marcado más en su frente y labios. Estos últimos días habían sido muy extenuantes emocionalmente y lo que estaba por venir aún.

—Mamá, ¿crees que estaremos bien? —no habría querido hacer esa pregunta, pero era necesaria para tratar de calmarme.

—Rezó a los Dioses para que así sea, mi pequeña Eli —fruncí la boca, los Dioses eran injustos por permitir eso.

—No creo que sean de mucha ayuda si no han hecho nada hasta ahora —me dio un pequeño apretón en el brazo llamandome la atención por lo que acababa de decir.

—Los Dioses trabajan de formas misteriosas, no somos quienes para juzgarlos —acaricio mi mejilla con su mano pero seguía sin sentirme mejor—. Hay que tener mejor ánimo y dejarte llevar por los Dioses, ellos sólo quieren lo mejor para nosotros.

—No estoy tan convencida de eso —dije, a pesar de que su chi se mezclaba con el mío para darme un poco de tranquilidad, no podía relajarme.

—Será mejor que nos preparamos, el estar así no ayuda a nuestros nervios —llegamos hasta la gran sala del Regente, antiguamente la sala del Rey—. ¿Están tus hermanas listas?

—Honoka se retrasó un poco, pero Kotori-chan y Maki-chan deben estarlo —entramos en la sala y algunos sirvientes estaban terminando de arreglar los pormenores.

Se había dispuesto de varias mesas en la sala donde se degustarían las delicias de la cena para los invitados. En donde estaba la silla del antiguo rey, mi padre, se puso otra mesa más, una larga mesa donde a los lados se sentarían las familias. Del lado derecho los Ayase, mientras que del izquierdo los Sonoda. En la silla principal se sentaría el rey Ren y mis madres a su costado.

Era realmente odioso tener que compartir la mesa y el pan con ellos. No sé cómo iba a soportar todo aquello. Tan sólo recordar a… esa animal me daba rabia. Su hermana aunque se veía más tranquila, no lo era en absoluto. Aún podía recordar sus ojos ámbar fríos y desprovistos de cualquier tipo de emoción. Temía por sus hermanas y por ella misma. Había oído acerca de la mayor de ellas, quien parecía ser igual a sus hermanas, pero no la conocía. Era una omega y por consiguiente ella tendría que desposarla, no iba a dejar que Maki-chan cargará con esa responsabilidad. Aunque en el fondo… en el fondo sólo deseo salir corriendo de aquí.

— o —

—Umi-chan, ¿realmente quieres hacer enojar a tu padre? —Nozomi me preguntó con las cejas arrugadas.

—Sabes que si, te sentaras a mi lado a la mesa y no se diga una sola palabra —hizo un puchero y podía comprender su preocupación, pero mi padre no iba a intimidarme.

Mou Umi-chan, harás enfadar al rey —me suplicó pegándose a mi cuerpo como un pequeño gato que se restriega en busca de atención.

—Es bueno que mi futura esposa sepa a lo que se atiene conmigo, esto sólo es un trámite, haré lo necesario para mantenerte con vida y a mi lado —acaricie su rostro y pude sentir sus manos rodear mi cintura llevándola hasta mi trasero.

—¿Eso quiere decir que Umi-chan romperá su voto por mí~? —acercó su rostro al mío, quedando nuestros alientos uno sobre el otro.

—Solo la tomaré en su calor y le daré el hijo que desea mi padre, lo demás no me importa, ella tendrá que conformarse con criar un cachorro —sus manos se movieron sugestivas por el borde de mi pantalón hasta la parte delantera y abriendo el cierre metió la mano dentro.

—¡Umi-chan es mala conmigo! —repitió su puchero y sentí ganas de reír, pero no lo hice—. Quiero ser yo quien tome a Umi-chan primero —acaricio mis labios metiendo un dedo entre ellos y sólo atine a echarme atrás para quitarla.

—Sabes muy bien Umi-chan~ —dijo llevándose el dedo a la boca chupandolo con descaro.

Mis mejillas se tornaron rojas, podía sentir cierto calor surgir en mis entrañas pero traté de frenarlo. La tomé de las manos y la empuje con fuerza contra la pared chocando violentamente su cuerpo aprisionandola. Ella emitió un pequeño grito de dolor.

—No te permito que hagas eso —gruñí con autoridad apretando con fuerza sus muñecas—. Sabes que hay límites que no puedes pasar. ¡¿Te quedó claro?!

Mi respiración se volvió forzada, pude percibir el aumento de mi ritmo cardíaco y la circulación de sangre a cierta zona de mi cuerpo provocando una erección involuntaria. Esas cosas me estaban pasando cada vez más seguido con las pequeñas provocaciones de mi concubina. Antes de que se diera cuenta la solté y puse distancia entre las dos.

Vi un atisbo de dolor o quizás tristeza en sus ojos mientras se frotaba las muñecas donde mis dedos habían dejado unas marcas rojizas. No me iba a disculpar aunque me sintiera mal por lo que acababa de hacer. Ella me había provocado.

—Vamos a reunirnos con los demas —ofrecí mi brazo y ella lo tomó con un poco de temor.

Me dio lástima así que sólo deje un beso en su mejilla para disculparme y ella bajó la cabeza apenada.

Salimos a la sala común donde Nico ya nos esperaba. El rey no tardaría en aparecer y darse cuenta de que Tsubasa no estaba con nosotras. Sinceramente me tenía sin cuidado, el rey podía castigarla después, lo que si no iba a permitir es que pasara por alto la vida de Nozomi por sus caprichos.

El rey salió de sus habitaciones viéndonos a las tres, bufó con enfado golpeando su báculo contra el suelo.

—¿Dónde demonios está su hermana? —rugió proyectando la fuerza poderosa de su aura y solo agachamos la cabeza.

—La muy baka no ha aparecido en todo el día, llegó con la vanguardia de la caravana pero desde temprana hora se perdió en la ciudad —Nico le contestó y el enojo de nuestro padre sólo creció más.

—En cuanto aparezca aquí ordenadas diez azotes contra ella por su falta de respeto a mi autoridad —ella sólo asintió y las dos lo sentimos por ella, aunque solo superficialmente, se los había ganado a pulso.

Hai su majestad —hizo el saludo golpeándose el pecho con el puño.

Sin decir una palabra más abandonó la sala y le seguimos los pasos.

Las grandes puertas que daban a la sala del Regente se abrieron de par en par para recibir a mi padre y a nosotras. El rey hizo caso omiso de mi osadía de llegar a la cena del brazo de mi concubina, pero era evidente su disgusto. El resto de la corte ya estaba en el lugar y se pusieron de pie al ver al rey. Delante de nosotras estaba la familia gobernante de ese reino.

Dos hermosas mujeres maduras se presentaron frente a él haciendo una reverencia para dar sus respetos.

—Su majestad, rey Ren Sonoda —una de ellas habló, ya la conocía de antes cuando había tenido que tratar asuntos políticos con ella—, sus honorables hijos, me presento ante ustedes, Ayase Minami-san, regente del reino de Otonokizaka —volvió a hacer otra inclinación—. Voy a presentaros a mi familia.

La mujer a su lado dio un paso al frente y después de hacer su reverencia habló.

—Ayase Nishikino-san, esposa de Minami-san y viuda de Ayase Ikki-san —mi padre golpeó el suelo con su báculo en signo de desaprobación.

—¿Sabe que está prohibido pronunciar ese nombre en mi presencia? —dijo molesto—. Pasaré por alto su falta puesto que después de todo estamos en la casa del difunto rey y viejo amigo mío, pero la siguiente vez no seré tan benévolo.

Un aura agresiva se dejó sentir de pronto, puse mis ojos de donde provenía esa fuerza y vi a la joven princesa de Otonokizaka, la chica rubia que había conocido hacía algunos años. Estaba más alta, había crecido desde esa vez que nos encontramos. Era muy bella sin duda.

Nozomi apretó mi brazo y el gesto no pasó desapercibido, pude ver que sus ojos verdes fueron a la chica en cuestión y alcé una ceja sin entender qué sucedía. Podía sentir una ligera angustia en el chi de mi concubina.

—Mira eso —el rey me llamó la atención—, es la viva imagen de su padre.

En efecto la miré, sus cabellos rubios, los ojos azules, la tez clara, su aura enfadada y áspera, además de la altivez de su porte. Se me hizo un príncipe más de cualquier reino.

—Ayase Eli-san —apenas si hizo la inclinación y mi padre sonrió algo divertido.

—Puedo ver la esencia de tu padre en ti —el rey se aproximó a ella y sujetándola de la barbilla inspeccionó su rostro—. Mismos ojos, mismos pómulos, hasta el mismo fuego, me pregunto si tendrás la misma habilidad —dijo más para sí mismo—. Ya tendremos oportunidad de probarlo.

Mi padre dio un paso a su costado y fue con la siguiente chica. Hasta ese momento repare en ellas. Él se llevó una mano al mentón y estudio a la chica. Sin duda era hermosa también, parecía nerviosa. Sus manos estaban intranquilas y su aura se sentía atemorizada. Era una copia fiel de Minami-san, sólo que con algunos años menos. Tenía el mismo tono de cabello, un castaño grisáceo, los ojos ámbar como los míos pero con un toque de dulzura y tez pálida. No podía negar que en cierto modo eso me agradó. Minami-san era una gran mujer omega. No encontraba desagradable la idea de desposar a la chica.

—Ayase Kotori-san, encantada de conocerlo —la joven princesa reverenció a mi padre en una impecable muestra de educación que pareció agradarle.

Al igual que como hizo con Eli-san, inspeccionó sus facciones detenidamente para pasar a la siguiente chica.

Una joven de cabello naranja, como el jengibre, mirada azul como la de Eli-san pero mucho más alegre y animada que la de ésta. Era bonita, aunque no me llamó la atención como su hermana. Por su olor podía saber que era una omega, no tenía problema en dejar que su hermana Tsubasa se hiciera cargo de ella.

—Ayase Honoka-san, su majestad, mucho gusto —su inclinación dejó mucho que desear por el ímpetu que le imprimió al movimiento, lo que la hizo ver cómo una chica demasiado entusiasta para la vida en la corte.

Mi padre se rió, algo inusual en él. También la miró con detenimiento tomándose más tiempo que con las anteriores.

—Sigues siendo idéntica —pronunció pero no entendí a qué se refería, de todas las chicas el único rasgo que compartía con la familia Ayase eran los ojos azules de Eli.

Por último fue con la que parecía ser la menor de las cuatro. Otro espejo de Nishikino-sama. El cabello rojo, los ojos purpúreos como las amatistas y un aura de autosuficiencia que me recordó a Nico-chan por alguna razón. Era bonita, una belleza que llamaba la atención, tenía el atractivo de un alfa cómo Eli-san.

—Se que dije que no iba a intervenir en las decisiones de mis hijas, pero después de verlas a todas ustedes no puedo evitar tener que decidir por ellas —dijo dándose la vuelta yendo hasta nosotras.

Me tomó del hombro casi jalandome del cuello y me llevó con él para plantearme delante de la joven de cabello gris, sus ojos ámbar se abrieron sorprendidos y un rubor se colocó en su rostro. Mi padre me empujó haciendo que pusiera una rodilla en tierra, me palmeó la espalda y me hizo presentarme.

—Sonoda Umi-san —dije apenas a regañadientes y el rey se molestó con mi actitud.

—¿Cuando dejaras de comportarte como un cachorro? —me alzó y me puso a un lado de Kotori-san—. Compórtate a la altura y haz tu deber. Kotori-san, espero que con tu dulzura puedas ablandar a este pedazo de hielo.

Solo lo mire sin pronunciar palabra era extraño verlo comportarse como un verdadero padre, sin embargo las que no parecían muy contentas eran las otras Ayase, el aura de la rubia empujaba con fuerza la mía, se notaba bastante enojada al igual que su otra hermana alfa. Eso era bastante irritante. Busque imponerme y repeler su intento hostil de amedrentarme.

—Nico —llamó a mi hermana mayor que acudió a su lado sin mucho ánimo—, tú irás con la menor y no acepto rabietas —habló con severidad poniendo a Nico al lado de la pelirroja que de pronto se veía muy nerviosa.

—Pero padre, es obvio que está alfa no cumplirá las expectativas que tienes —dijo menospreciado a la joven princesa—. Seguramente nunca a entrado en calor antes, es apenas un cachorro.

—¡¿Nani?! No puedes decir algo como eso cuando es obvio que la que no tiene experiencia en ese aspecto eres tú, pareces una cachorra todavía —la chica alfa se puso completamente colorada al igual que su cabello—. Aunque no es como que me interese tener algún encuentro contigo ni aún con un calor encima —se cruzó de brazos y le dio la espalda indignada.

Baka, cualquier alfa querría estar conmigo, soy yo quien no los acepta a ellos —le respondió altanera y la otra chica no pareció inmutarse.

—Pues no me interesa en lo más mínimo —se mantuvo en su pose mientras Nico le gruñía enojada.

—Parecen tal para cual —el rey concluyó dando por terminada su discusión yendo hacia la otra omega Ayase—. Ahora mi querida Honoka-san, tú tendrás una tarea muy dura tratando de domar a la pequeña fiera que es Tsubasa, la cual de forma irresponsable ha tenido la estupidez de deshonrarme al faltar a esta recepción.

—Eso no lo permitiré —la mayor de las hermanas interrumpió al rey oponiéndose rotundamente—. Con el respeto que merece su majestad, Tsubasa es una bestia a la que no permitiré acercarse a mi hermana menor.

Mi padre se le quedó mirando unos segundos.

—Tú espíritu agrada, aunque no he de cambiar de opinión con respecto a quien desposara a Nico-chan —dijo ignorando de momento la verdadera razón por la que se oponía, no la culpaba, estaba preocupada de que Tsubasa le hiciera daño a la chica omega—. A cambio de tu aprobación de este emparejamiento, tú infringidas el castigo a mi hija por su falta de responsabilidad. De esa manera sabrá a qué atenerse si falla en su compromiso.

—¿Qué está diciendo? —Eli-san dijo asombrada por sus palabras.

—En cuanto aparezca, recibirá diez azotes de tu mano —pronunció y llevándose de la mano a la joven princesa fueron a tomar lugar a la mesa.

—No entiendo —estaba desconcertada y me dio cierta lástima verla de esa manera, para un Sonoda esto era normal aunque se veía que para ellas no lo era.

—Más vale que no te niegues a cumplir su orden o de lo contrario quien recibirá los azotes serás tú sin importar tu rango —le dije y ella me miró extrañada.

Tomé a Kotori del brazo y la lleve hasta la mesa también. Después de nosotras nos siguieron Nico y la pelirroja. Nozomi se había mantenido al margen y le hice la seña para que se acercara, pero ella pareció entretenerse con la rubia. Las vi intercambiar un par de palabras, seguramente Nozomi estaba preocupada por mi tonta hermana.

El resto de la cena me mantuve en silencio sin compartir una palabra con mi futura esposa. Ella tampoco parecía querer platicar conmigo, por el momento creo que era lo mejor.

— o —

—Puedes quitar tu arma de mí, hemos llegado —alcé las manos para mostrarle que no iba a hacer nada contra ella y por fin me dejó libre.

—Debe comportarse mejor Tsubasa-san —la escuche decir pero no la deje terminar.

Le di un cabezazo justo en la nariz y agarrando su mano la obligue a soltar el cuchillo. Ella se echó atrás cubriendo su cara de donde empezaba a manar sangre.

—Me ha roto la nariz ~nya, eso no se lo voy a permitir —de su pantalón sacó otro puñal y me amenazó con él.

—Veamos de que estas hecha niña gato —salté hacia donde su otro cuchillo había caído dando una vuelta en el suelo para ponerme de pie frente a ella.

Cheque el peso del arma pasándolo de una mano a otra. La conmine a lanzar el primer ataque y se vino sobre mí impulsandose con sus piernas sobre la pared. Lanzó una patada que apenas pude esquivar pero que sirvió para arrebatarme el cuchillo de la mano. Contraataque golpeando sus costillas y su brazo para quitarle ese cuchillo también y ella reaccionó rápido pateando mi estómago golpeando la puerta de entrada.

Esta se abrió dejándome caer sobre el suelo para la sorpresa de los comensales que había en el interior. Me levanté, Rin-chan era rápida con los pies, escupí y alcé los puños intercambiando algunos golpes con ella. En un descuido la tomé del cuello y la lancé sobre una mesa, cayó del otro lado para el susto de los que estaban comiendo allí. Brinqué y fue tras ella. Cai encima buscando pegarle en la cara pero se movió y mi puño golpeó el suelo. Grite con dolor.

La niña gato enredó sus piernas alrededor de mí cintura y doblando mis piernas me echó al suelo haciendo una llave para sostenerme y no dejarme ir.

—Deja de hacer estupideces —escuche la voz de Umi que me agarró del cuello de la chaqueta sacándome del cuerpo de Rin-chan.

Mi ropa estaba hecha un desastre y sin decir de las manchas de sangre que me habían salpicado, tanto mía como de la niña gato. Me compuse un poco la ropa he hice una inclinación saludando a los presentes.

—Vaya manera de entrar en escena —oi la fastidiosa voz de Nico—. Buen trabajo Rin-chan.

La niña gato agachó la cabeza satisfecha. Avance hasta la mesa de mi padre y algo llamó mi atención. Un mechón de cabello naranja cuyo rostro escondía tras una servilleta. Comencé a reír a carcajadas.

—Espero que mantengas la sonrisa en la cara después de recibir tu castigo hermana —Umi pidió a un par de guardias que me escoltaran.

—¡Oh vamos! Es esto necesario sólo por llegar tarde a esta farsa —dije con descaro—. Dame a mi futura esposa y te daré lo que deseas padre.

—Ni siquiera me tomaré la molestia de refutar tus palabras necias hija mía —mi padre giró los ojos con hastío—. Diez azotes dados por la princesa Ayase Eli-san, para obtener su permiso para desposar a su hermana.

Dió la orden y el par de guardias me llevaron fuera hasta un pilar que me hicieron abrazar mientras ataban mis manos alrededor de él, antes de eso quitaron mi chaqueta dejándome sólo con la camisa.

—¿Realmente es esto necesario? —cuestioné y Umi tocó mi hombro.

—Eres demasiado irresponsable —sacó una vara de bambú que me puso en la boca para aguantar los azotes.

La tomé con los dientes y mordí, después fue a mi espalda y desgarró mi camisa dejando libre esa área. Si me negaba al castiga probablemente me impondría el doble. Aunque no me hacía gracia el que la rubia blandengue tuviera que hacerlo. La tipa se había vomitado sobre sus botas el día que la conocí.

Las voces a mi espalda parecían discutir y el chi de Nozomi estaba alcanzandome como de costumbre. Lo abracé para que me diera fuerzas, pero no fue el único. Pude percibir el chi de la joven de esta tarde. Sabía que era ella, no la había confundido, estaba a la mesa de mi padre. ¡Oh si! Esto era mejor de lo que esperaba, aunque mi gusto no duró mucho.

—¡Agh! —mi gritó quedó amortiguado por la vara de bambú, el sonido del cuero rompiendo el aire y estrellándose contra mi carne, el ardor de la herida abierta, era algo que podía resistir.

No era la primera vez que mi padre me daba ese castigo, aunque solo Umi o Nico eran las que lo ejecutaban.

—¡Agh! —un nuevo golpe rompió mi carne y me aferre a la cuerda que ataba mis manos. Apenas era el segundo y ya estaba con una rodilla en el suelo.

Una capa de sudor comenzó a cubrir mi frente.

— o —

Honoka se llevó las manos a la boca cuando Umi-san descubrió la espalda de Tsubasa. Se tragó un grito ahogado al ver las marcas de cicatrices que cubrían el contorno de su espalda y hombros. Eso se la hacía terrible. Vio a su hermana con el látigo en la manl que la chica de cabello negro, Nico, le entregara. No podía permitir que Eli, su querida hermana Eli hiciera algo como eso.

—¡Eli-chan onegai! —se acercó a ella pidiéndole, suplicándole más bien que dejara ese descabellado castigo—. ¡No lo hagas por favor! —sintió unos brazos tomarla y apartarla de delante de Eli, Maki la llevaba con ella.

—Será mejor que no interfieras —Umi le habló—, eso lo hará peor —la miró con ojos llorosos.

—¿Cómo puedes permitir que le hagan eso? —la chica sólo se encogió de hombros—. ¡Por favor Eli-chan! —volvió a retomar sus súplicas a su hermana.

—Tranquila, si te alteras harás que ella se alteré también —la joven de ojos verdes que acompañaba a Umi-san la sostuvo tratando de calmarla—. Puede ser muy duro, pero debes ser fuerte para que no se deje vencer.

Aunque sus palabras buscaban tranquilizarla, no pudo lograrlo una vez que Eli soltó el primer golpe. El horrible sonido del látigo y el gemido de dolor de Tsubasa la hicieron perder la compostura de nuevo. Esta vez Kotori vino a ella para sostenerla.

—¿Honoka-chan por qué te pones así? —su joven hermana no comprendía qué es lo que le sucedía.

Su mente no alcanzó a escucharla cuando vio caer al suelo a la alfa. Su espalda estaba llena de sangre y su cuerpo temblaba de manera incontrolable.

Oyó el conteo, cuatro.

Como pudo se deshizo de las manos que la retenían y se interpuso entre Eli y Tsubasa. El rey sonrió satisfecho al ver esa escena, sus manos temblaban, pero no de miedo, más bien con la expectación de lo que pasaría. Su báculo estaba vibrando.

—No más —dijo de forma firme a pesar de las lágrimas de su rostro.

—No lo hago porque quiera —Eli se justificó y la risa de Tsubasa llegó hasta ella irritandola—. Quítate de enmedio Honoka-chan —le ordenó pero la chica no se movió.

—No Eli-chan, tú no eres así —apeló a su forma de ser y Eli vaciló.

—¿Honoka-san? Es… esta mañana me diste otro nombre —Tsubasa abrió la boca aún cuando se le dificultaba hablar—. Quién lo hubiera dicho, pase todo el día con mi futura esposa. Bueno, al menos ya sé a qué sabe tu piel.

—¿De qué rayos está hablando Honoka? ¿Dónde estuviste hoy? —el chi de Eli se encendió con la ira imaginando cualquier cantidad de cosas—. ¿Qué le hiciste a mi hermana?

—No es así como parece… —trató de justificarse pero Tsubasa volvió a hablar.

—Dormimos juntas si es lo que quieres saber —Eli miró a Honoka con unos ojos que nunca le había visto antes a su hermana sobre ella. Se asustó, se asustó mucho.

La apartó con brusquedad y sin reparos volvió a alzar la mano para hacer bailar el látigo contra la espalda de Tsubasa.

—Eres una… como te atreves a profanar a mi hermana —el cuerpo de Eli temblaba de la rabia, del enojo contenido, de las ganas que tenía desde aquella primera vez en que la conoció y vio de lo que era capaz de hacer.

—No Eli, no es así, no pasó nada —intentó parar su brazo pero Eli la empujó haciéndola caer lastimandose no sólo el cuerpo, tenía su corazón herido al ver a su hermana en ese estado.

—Basta ya —Umi-san la detuvo—, es suficiente.

—Aún no he terminado —la voz de Eli salió demasiado acerada y con un matiz de odio que sorprendió hasta a sus madres.

—He dicho basta —le arrebató el látigo y la apartó. Entregó el látigo a un guardia que procedió a limpiarlo.

—No he terminado —volvió a decir llevando su mano a su espada pero Umi fue más veloz y sacó la suya poniéndola sobre su pecho.

—Calma tus ansias, ni una gota más de sangre ha de ser derramada el día de hoy —hizo presión con la punta del arma pero eso no pareció hacer retroceder a Eli.

—¡Ara, ara Elichi! Es mejor retirarse ahora —Nozomi intervino tomando del brazo a la rubia tratando de quitarla de su posición—. No es prudente convertir un acto de rabia en un problema innecesario, Tsubasa ya ha recibido su castigo —apretó su agarre y eso la hizo salir de la niebla de su ira.

Hasta ese momento Eli no había sido consciente de sus actos, actuando sólo por la furia de la rabia y la decepción que le causó el que su hermana más querida resultara mancillada por las manos de su enemigo más odiado. Dejo que Nozomi la apartará del medio y Umi bajo su espada con cierta confusión.

Kotori corrió al lado de Honoka que lloraba amargamente por el rechazo de Eli y la abrazo tratando de consolarla. Maki por su lado, fue hasta Eli y la tomó de la mano de Nozomi llevándosela a rastras. La chica la vio irse sin tratar de retenerla, se dio la vuelta y comenzó a caminar.

—Alto allí —Umi detuvo a Nozomi quien ahora iba hacia Tsubasa para liberarla de sus ataduras y atender sus heridas—. Esto no te corresponde a ti, deja que su prometida se haga cargo.

—¡Umi-chan! —la chica le suplicó pero se mantuvo inflexible.

El rey llamó la atención de todos golpeando su báculo en el suelo para que posaran su vista en él. Se le veía el rostro lleno de regocijo. Eso lleno de incertidumbre el pecho de Umi, preguntándose desde cuando su padre estaba tan contento. También noto el temblor en la mano que sostenía su báculo y un pequeño destello ser desprendido de la parte superior donde el orbe descansaba. Parpadeo varias veces para tratar de descartar que fuera el reflejo, aunque era improbable ya que el orbe era de color negro.

—Es tiempo de volver a la celebración —alzó los brazos llevando su báculo por encima de la cabeza—. Honoka se hará cargo de Tsubasa de ahora en adelante —dio la orden y volvió a golpear el suelo con el palo.

El rey se giró sobre sus pasos yendo al interior a la sala del Regente. Poco a poco el área se fue quedando sin público, sólo los guardias seguían aguardando las indicaciones se Umi o de Nico. Eli se había retirado ya junto con Maki y Kotori sostenía a su hermana que aún derramaba pesadas lágrimas.

—Vamos Nozomi —jaló del brazo a su concubina pero esta no parecía querer moverse y Honoka no se veía en condiciones de ayudar a su hermana—. Muy bien, ve entonces —le concedió y la chica se apresuró a ir con Tsubasa sólo que Umi aún no liberaba su agarre—. Ayudarás a Honoka, ella es quien debe hacerse cargo.

Nozomi asintió y sólo entonces soltó su brazo. Su concubina ayudó a Kotori a levantar a la joven princesa. Nico se retiró en ese momento entrando al banquete de nuevo.

—Es mejor que te compongas, Tsubasa necesita de ti en este momento —Nozomi limpio el rostro de Honoka que aún sollozaba y temblaba ligeramente—. Kotori-san, yo ayudaré a la princesa, Umi-chan te espera —la miró a los ojos y la niña Ayase se sacudió, no se sentía en condiciones de pasar el resto de la velada con la joven Sonoda.

—Yo… mi hermana —su voz trastabilló pero Nozomi le regaló una tierna sonrisa.

—Tranquila, está en buenas manos —le dijo para calmar su nerviosismo—. Umi-chan es una buena chica, no debes temer.

Kotori asintió no muy convencida sin ganas de dejar sola a su hermana, ella también se sentía con el corazón destrozado, aún estaba tratando de encajar todas las piezas. Con lentitud se incorporó y caminó sin mucho ánimo hasta el lado de Umi que miro el pesar en sus gestos.

—No hay más que celebrar —la voz de Umi la hizo estremecerse por lo fría que se oía—, te acompañaré a tus habitaciones —fue lo único que dijo antes de cederle el paso para que Kotori la guiará.

Las dos dejaron la escena de miseria.

Con cuidado Nozomi acunó el rostro de Honoka entre sus manos para ver su estado. La niña no parecía estar en sí, pero no podía esperar a que ella estuviera mejor había que apresurarse a atender las heridas de Tsubasa.

La llevó de la mano sin que opusiera mucha resistencia, un guardia se acercó a ellas para entregarle la chaqueta de la joven princesa y después procedió a quitar las ataduras. El pedazo de bambú que Umi le ofreciera a su hermana para amortiguar su agonía yacía en el suelo con las inconfundibles marcas de sus dientes. Su espalda era un lío de carne desgarrada y sangre que no paraba de manar. Otro guardia vino a ella dándole unos paños de tela para cubrir la espalda maltratada y con la ayuda de ellos dos trasladaron su cuerpo hasta los aposentos de la princesa Honoka, guiados por su sirvienta que había aparecido en ese instante.

— o —

Todo parecía difuso en su mente, recuerdaba haber oído voces urgentes pidiendo un sanador, las vasijas de agua correr y convertirse del blanco cristalino al rojo intenso y me sentí desmayar cuando observé la magnitud de las heridas en el cuerpo de Tsubasa. La ira de mi hermana Eli había provocado todo esto.

Los gritos de dolor y angustia de la chica de cabello castaño me hicieron salir de la ensoñación en la que estaba. Tsubasa se encontraba tendida sobre su cama y Nozomi con Hanayo, ambas apesadumbradas, intentando aliviar el tormento de la caballero. Su piel estaba cubierta de sudor y sus músculos tensos cada vez que Nozomi vertía agua sobre su carne lastimada. Era horrible mirarla, mi pecho se encogía de sólo verlo. Grandes espasmos hacían temblar su cuerpo de forma descontrolada y el sufrimiento en su rostro era algo que no podía soportar ver por mucho tiempo. Era demasiado sin embargo no busque huir del lugar.

Un hombre llegó con una bandeja llena de cataplasmas que junto con las otras dos mujeres fueron aplicando en las heridas para controlar las hemorragias y aliviar la inflamación.

Espabilé cuando escuché la trémula voz de Tsubasa, estaba delirando en este punto. Mi cuerpo reaccionó por mí y me ví de pronto arrodillada frente a la cama tomando con una mano el brazo de la chica alfa y con la otra acariciando los mechones húmedos de su cabellera castaña. Acerqué mi oído y alcancé a oír una palabra que repetía una y otra vez.

—E… Emi… Emi… —llamaba a alguien y yo solo deje que nuestras frentes se tocaran para calmar su angustia.

— o —

Habíamos llegado hasta el puerto donde Riho y Yurika nos esperaban. La lluvia caía pesada sobre nosotras y apenas nos dejaba ver por delante. Sabía que Uchii y Pile nos seguían porque podía escuchar sus respiraciones agitadas. Una farola nos alumbró para indicarnos que nos había visto y nos guiaba para llegar hasta ella.

Emi seguía inquieta, no dejaba de mirar atrás sin intentar zafarse de mi agarre. El ambiente estaba reaccionando a su desesperación, incluso yo. Era angustiante la forma en que su aura se sentía, ella era la más fuerte de todas nosotras y su humor era el que nos impulsaba a seguir adelante para cumplir nuestra tarea, pero así, ella no estaba en condiciones de ser nuestro pilar.

Avance a tientas al llegar a un tramo resbaladizo y traicionero, mis pies se deslizaban por el limo que se había humedecido con los ríos de agua que caían del cielo y tuve que soltar a Emi para evitar caerme. Ella escapó.

No pide reaccionar a tiempo y sólo pesque el aire donde había estado. Salió corriendo regresando por nuestros pasos. Uchii y Pile no la pudieron detener tampoco. Se perdió entre la maleza.

Lleva a Uchii a la barca yo iré tras Emi —grite a Pile que se apresuró a irse.

Corrí tras ella buscándola entre la selva oscura y mojada. Solo había un lugar donde podía ir, de regreso con Megu. Corrí y corrí sin detenerme aún cuando casi caí un par de veces. Estaba cerca, pude oír la voz de Mimorin. Se escuchaba alterada.

Llegué al lugar donde las habíamos dejado. Mimo discutía con alguien que llevaba una capa encima pero la oscuridad de la noche no me dejo ver su rostro. Ambas callaron cuando se percataron de mi presencia.

¡Por los Dioses! —exclamé al ver el cuerpo de Megu agonizando a unos pies de Mimo.

Fui hasta ella y la sostuve entre mis brazos. Su sangre cubría su ropa y sus ojos estaban casi nublados, le hablé pero no respondía. Lo único que hacía era desesperadamente parar la hemorragia de su herida sin ningún éxito. Presione sus manos para ayudarla y sentí el frío en su piel en contraste con la sangre caliente. Supe que no había salvación.

Esta bien, todo está bien —le susurre al oído mientras las lágrimas salían de mis ojos—. Déjalo, descansa, has luchado mucho hoy. Todo va a estar bien.

Por un momento sus ojos nublados se fijaron en mí.

E… mi… —sólo pronunció débilmente el nombre de su amor para dejar caer sus manos sin fuerza.

— o —

Desperté y vi a la pequeña chica de cabello oliva tocando mi hombro, habíamos pasado buena parte de la noche curando a Tsubasa y el cansancio me había alcanzado al fin haciéndome caer rendida en el sueño en una silla frente a la cama donde ahora descansaba esa tonta irresponsable. Me di cuenta que la joven princesa seguía en la misma posición a su lado.

—La… lamento despertarla —regrese mi atención a la sirvienta—, es sólo… estaba muy inquieta —parpadee recordando lo extraño de mi sueño.

—Una pequeña pesadilla —le di una sonrisa para quitar la preocupación de su rostro.

—Empieza a refrescar la madrugada así que traje algunas mantas —me ofreció una que tome, aunque no para mí.

Levantándome de mi improvisado lecho, destendi la tela y cubrí con ella los hombros de la joven princesa.

— o —