BIGBANG ; Loser


Naruto

―Los inversionistas Alemanes no están seguros de firman contrato con nosotros. A menos de que te presentes en persona, Naruto. Como ya sabes, ellos están al tanto de las reuniones vía Skype, y no están de acuerdo con eso. Es muy sensato que no deseen arriesgar sus ganancias a un hombre detrás de una pantalla.

―Ya lo tengo resuelto, Kabuto. Preparen todo para el día de la reunión. No quiero fallas ni errores.

Cierro la notebook y la deslizo sobre el escritorio lejos de mí. Froto mi cabello con desesperación.

Las juntas con la Alta Directiva siempre terminan con reproches por uno de los socios y accionistas, Kabuto Yakushi un maldito genio, sobre mi falta de presencia en las reuniones. Siempre estoy al tanto de los negocios, gracias a la webcam y a que el resto del consejo administrativo no ve problema alguno en ello.

O no había problema hasta que al consejo le pareció una excelente idea construir un hotel de la cadena Namikaze en Alemania. Y a mí me parece igual de excelente, sin embargo no contábamos con que las personas con las que tratamos quieren verme en persona, tener una reunión conmigo en la misma sala, con contacto visual real. Y eso es algo que no puedo hacer.

―Kakashi, voy a salir, ve preparando el auto. Comunícate con Sasuke y dile que lo veo en su departamento en veinte minutos.

Hablo por el radio transmisor a uno de mis dos guaruras, escucho un "entendido" como respuesta en el auricular y guardo el transmisor en el bolsillo de mi pantalón. Me pongo los guantes negros de cuero, una gorra del mismo color y los lentes de aviador Ray-Ban oscuros. Antes de salir tomo del perchero la gabardina marrón claro y me la pongo.

Normalmente no me visto tan extravagante, no tiendo a lucir como si fuera un espía o un agente secreto. No. En realidad lo hago por precaución y sutileza, por pasar desapercibido ante la cámara de los paparazzis las pocas veces que salgo de la mansión. Y mira que son pocas. Supongamos que tampoco soy una persona que lleve la palabra sencillez tatuada en al frente, me describiría más bien como una persona cero humildad. Lo avala el terreno de 22 acres, una mansión de 130 millones, una bodega con 87 autos de colección, ah, y una habitación-guardarropa abundante en Prada, Hermès, Fendi, Christian Dior, y modelos especiales del mejor diseñador que te puedas imaginar. Ser propietario mayoritario de 2500 hoteles esparcidos en más de 80 países, fundador de una marca famosa de relojes de alto lujo, junto a una línea de joyería, me permite acceder a ciertos deleites. Es lo único que le agradezco a mis padres, esta poderosa herencia que me he encargado de engrandecer.

Suena a una vida de ensueño, y lo es, para cualquiera. No obstante, tuve que pagar muy caro antes de poder gozar. Y, sigo pagando con intereses.

―Es raro que visites a Sasuke. Desde que lo conoces ¿cuántas veces lo has visto en persona? ¿Seis, siete? Seguro a él le sorprendió igual que a nosotros.

No respondo a Obito, mi otro guardaespaldas que va en el asiento del copiloto. Volteo hacia la ventana en la parte trasera del cadillac escalade, tuve que subir el cristal porque justo ahora el clima quiso ponerse nubloso y amenaza con llover. No me mal entiendas, amo la lluvia, en verdad la amo. Es lo único que he amado en mi maldita vida. Porque me recuerda a aquel día hace doce años, el día que recupere mi libertad y pude respirar aire fresco por primera vez en mucho tiempo. Todo estaba oscuro, había sonido de sirenas, torretas con luces azules y rojas, y llovía a cántaros. El sonido de las gotas al tocar la tierra y el concreto de la calle sustituyó el resto del ruido. Sentir la lluvia en mi cara cuando miré al cielo, cuando salí de esa prisión en la que me mantuvieron… Por Dios que se sintió bien, tan bien que me puse a llorar.

Hoy se cumplen cincuenta y seis semanas. Un año y medio que a pasos pequeños puse todo de mí para superar mis miedos. Ha pasado un largo tiempo, y a pesar de los días y las horas invertidas en superar esta enfermedad, no he podido salir de ella por completo. Aún no puedo salir a la calle y aparentar que nada malo ocurre conmigo, o no como yo quisiera.

No puedo estar en un lugar concurrido, tampoco cruzar miradas con desconocidos. Suena mal, suena a una pesadilla de la que no puedo salir. Incluso puede llegar a parecer absurdo. Qué tontería ¿no? Fobia a la gente. Antropofobia le llama el psicólogo.

Durante muchos años tuve miedo de todos. Tenía miedo así se tratasen de dos personas, tenía miedo cuando me miraban a los ojos, cuando me hablaban. Todavía detesto que me miren, no soporto que me hablen. Por mucho tiempo me pregunté, ¿Por qué no pueden pasar simplemente de mí? ¿Por qué tienen que interesarse en un personaje como yo? Parecía que entre más trabajaba por pasar inadvertido, más atención ponían en mí. Imagino que son los resultados de ser una persona importante en el mundo empresarial.

A pesar del esfuerzo que pongo día con día, en aparentar que soy un hombre poderoso, frío pero fuerte, orgulloso, egocéntrico… A pesar de todo, la gente aún me mira extraño, como si fuera una peste, como si fuera un monstruo sin sentimientos. Y no niego que lo sea, yo estoy consciente de lo que soy y a donde pertenezco, y así yo sea una total mierda disfrazada con un traje de lujo impecable, incluso así soy mejor que muchos.

Soy un cobarde que finge ser fuerte. Un imbécil cubierto de cicatrices.

El señor Martín, el psicólogo que veo una vez por semana, dice que ha visto buenos resultados, pero todavía falta un largo camino por recorrer. Y sus sugerencias son lo que me llevan a buscar en persona a Sasuke Uchiha, un viejo amigo de la infancia que se convirtió en mi mano derecha, en mi único, real, y cercano amigo. El señor Martín me aconsejó que debo convivir con una persona por más tiempo de lo que hago para aprender a socializar sin temores, y eso excluye a Sasuke, mis guardaespaldas y a mi mayordomo Iruka.

Que estúpido. Cree que es muy fácil, pero no lo es. Mas no tengo salida, tengo que hacerlo por el bien de las inversiones, y, por mi bien… porque algún día sueño con tener una familia. Sí. Esta basura aún tiene esperanzas y sueña con una compañera que me apoye y me acepte junto con mis demonios, una mujer fuerte pero amable, que sea mi complemento… que me de muchos hijos a los que pueda heredar y forjar como hombres y mujeres sobresalientes, hacer con ellos todo lo que mi padres no pudieron.

Pero para eso todavía falta mucho camino por recorrer. Y no pierdo la fe en que un día así sea.

―Llegamos. ―Me avisa Obito. Se baja y abre la puerta de mi lado.

―Quédate aquí. Kakashi viene conmigo.

Caminamos hasta la entrada del edificio. Después de unos minutos estamos frente a la puerta del departamento de Sasuke. Toco apenas dos veces el timbre antes de que él abra.

―Adelante ―dice, invitándonos a entrar.

Doy unos pasos y me detengo antes de darle la cara. Quito los lentes de mi cara y aspiró fuerte percibiendo un olor a comida rápida, me molesta porque siendo un amante de la cocina culinaria jamás pediría comida a domicilio, si es que se le puede llamar así. Paso el dedo índice sobre el librero blanco y lo froto en seguida, asegurándome de que el lugar este aceptablemente limpio como para sentirme cómodo.

―Siéntate. ¿Te ofrezco algo de tomar?

―No, gracias. En realidad será rápido.

―Entiendo.

Kakashi se queda de pie frente a la puerta mientras yo hablo con Sasuke.

―¿Ya tienes a la persona?

―Sí. Su nombre es Neji Hyuga, nació en California pero sus padres son inmigrantes de Japón.

―Igual que nosotros ―digo, sin hacer contacto visual. Fijándome atentamente en cada detalle del departamento que piso por primera vez.

―Así es. Conozco a Neji desde hace tiempo, por eso me pareció el indicado para esto. Él es buena persona, profesional y prudente también. Puedo enviarte su información personal por e-mail, y cualquier dato que requieras.

―No.

―¿Quieres que te muestre una fotografía al menos?

―No. No es necesario. Confió en tu criterio ―lo miro a los ojos por unos segundos antes de poner de nuevo las gafas y darme la vuelta―. Le dices a tu, eh… conocido, que lo veo mañana a las cuatro en punto. ―Antes de salir me detengo―. Ah, y Sasuke, dile que no llegue tarde.

Respiro profundo, lleno cada espacio de mis pulmones cuando el guardia de seguridad del edificio abre la puerta y, afuera llueve. Si bien me trae recuerdos que quisiera arrancar por siempre de mi memoria, también me sabe a libertad. El aroma a tierra mojada, el sonido que se destaca. Todo.

Obito nos espera en la entrada con un paraguas en manos y uno extra para mí, el cual tuve que rechazar. Aunque sea un fugas momento, me gusta sentir las gotas de lluvia en mi rostro. No pasó más tiempo cuando Kakashi ya nos estaba poniendo en marcha de regreso a la mansión.

―¡Cuidado!

Escucho a Obito antes de que Kakashi detenga el carro de golpe. Me enderezo después de la sacudida, a tiempo para ver a un pequeño mocoso dar un golpe al cofre de mí cadilac 2018.

―¡Ten cuidado, imbécil!

No entiendo lo que gritó pero creo tener una idea. Después de todo que se puede esperar de gente como, eso.

Kakashi suena la bocina y el escuincle se aparta.

―Esa chica debe fijarse por donde va.

¿Chica? No era… Bueno, como sea. No me importa.

Rápidamente llegamos a casa. Luego me puse a resolver asuntos importantes referentes a la fábrica de relojes y joyería, y por ahora sólo queda esperar a mañana. Esperar a ese tal Neji y ver qué pasa. Porque si él no es lo que espero, o todo este show del amigo por correspondencia no funciona, personalmente me encargaré de destruir el futuro de ese sujeto.