Capítulo IV
UN BELLO SUEÑO
"¿¡QUE HIZO QUÉ?!" su grito resonó en todo el despacho.
Dumbledore lo miró sonriendo, "Cálmate, Severus, no creo que todo haya sido su culpa, toma en cuenta que sus parientes no son precisamente las mejores personas y ha de haber perdido el control de su magia, además lo del callejón se debió a su inexperiencia con la red flu y pues bien sabes que Lockhart busca fama donde sea". Dijo en tono sonriente y casual, como quien comenta el clima. El silencio se hizo entre ambos. Snape estaba furibundo, si alguien que no fuese el director lo hubiera visto, habría salido corriendo. Ese chico siempre lo sacaba de sus casillas, igual que su padre. "En fin," dijo Dumbledore mientras se levantaba de la silla y le extendía una copia del Profeta Vespertino para que la viera, "espero que este año sea mucho más tranquilo para todos que el pasado. Por cierto, necesito que averigües porque ni Harry ni Ron vienen en el tren, yo tengo que ir a ver lo del banquete".
"¿¡Cómo que no vienen en el tren?!" pero Dumbledore ya había salido de su despacho. Revisó la primera plana del periódico y ahí aparecía una foto móvil de un auto bajo un titular enorme sobre ella: MUGGLES DESCONCERTADOS POR UN FORD ANGLIA VOLADOR. Cada palabra que seguía del artículo hacía que su rostro se enrojeciera de coraje y frustración, pero ya era suficiente, tenía que hacer algo, había jurado protegerlo pero eso no evitaba que le pudiera dar una buena reprimenda. "Ahora si me vas a escuchar Potter" dijo en voz alta mientras acariciaba su preciado anillo.
Había visto el auto llegar y lo peor fue que vio cuando se estrelló contra el sauce boxeador, casi le da un infarto, conocía bien ese árbol y sabía el daño que podía ocasionar. Rápidamente se dirigió a los jardines, iba dando la vuelta por fuera del Gran Comedor, cuando alcanzó a escuchar unas voces que lo hicieron parar en seco.
"Espera…" dijo Harry. "¿Donde está Snape?"
"¡A lo mejor está enfermo!", dijo Ron esperanzado.
"¿Quizá se haya ido?" dijo Harry.
"O quizá lo han echado" dijo Ron con entusiasmo, "como todo el mundo lo odia…"
Esa fue la gota que derramó el vaso, sus palabras eran dolorosas y ya no resistía escuchar una más. Hizo acopio de todas sus fuerzas para sonar glacial cuando añadió a la conversación, "O tal vez, quiera averiguar por qué no han llegado ustedes dos en el tren escolar". Sus caras de susto y sorpresa casi lo hacen sonreír, eso fue lo único bueno de haberlos encontrado, sin embargo, su coraje era mayor. Los llevó a su despacho, gritó hasta que se cansó, que ganas tenía de darle una buena zurra, ni siquiera esos ojos verdes harían que cambiara de opinión pero Dumbledore otra vez lo exoneró, sólo se iría con un castigo.
Todo parecía ir bien, excepto por una rencilla con el chico Malfoy, en verdad parecía que iba a ser un año tranquilo hasta una noche que apareció en una leyenda extraña en la pared: LA CÁMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA. Su año tranquilo se fue al caño, sucesos extraños a cada rato y lo peor no era eso, siempre era Harry el que se veía envuelto, siempre en el lugar equivocado a la hora equivocada. Y no sólo, estuvo a punto de matar al estúpido de Lockhart, ¡el muy imbécil le desapareció todos los huesos del brazo a su niño!, pero tuvo su venganza al ridiculizarlo en el club de Duelo, lo malo es que ahora resulta que Harry habla parsel y todos creen que es el heredero de Slytherin.
Navidad se acercaba, la última sesión de pociones previa a las vacaciones había sido un desastre gracias a Harry pero eso no significa que no se diera cuenta que la chica Granger había robado cosas de su reserva privada. Al comprobar que eran ingredientes para la Poción Multijugos, en vez de enojarse, se sorprendió, sabía bien que era experta en pociones para su edad, pero no pudo evitar sentir orgullo hacia ella.
La mañana de Navidad llegó, y aún cuando planeaba pasarla completamente solo, presentía que Dumbledore iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance para que no se escapara como siempre. Se quedó otro rato más acostado, no tenía muchas ganas de levantarse, tenía tiempo que no soñaba con Lily, al menos no como él quería, y eso no le ayudaba a desahogarse del todo.
Quizás lograría escapar por una noche e ir a ver a Maggie, desde que regresó al colegio no la había visitado, pues al día siguiente de haber vuelto, algo extraño ocurrió, un pequeño paquete adornado con un lazo verde y plata se encontraba sobre su escritorio con una nota: "¡Que tengas un buen año!". Adentro se encontraba una esfera transparente que reflejaba todos los colores al ser expuesta a la luz. "Maggie", fue lo único que pensó y colocó la esfera de nuevo en su envoltura. Él lo sabía perfectamente, ella sentía más por él de lo que decía, no necesitaba leer su mente, se notaba cada vez que le pedía quedarse, durante años había intentado que le abriera su corazón más allá de la confianza, pues después de Dumbledore, sólo en ella confiaba ciegamente pero eso no significaba que la amara. Desde el principio lo había atraído por su parecido con Lily pero nada más, era su desfogue, con quien podía abrirse un poco más pero eso era todo. Siempre antes de irse después de esos momentos de pasión, la hechizaba para que no quedara embarazada y eso la molestaba, pero simplemente él no quería hijos, y menos con alguien a quien nunca amaría.
Se volvió a revolver en la cama cuando su lechuza dejó a su lado un sobre. "¿Qué me ha mando hoy Dumbledore?" le preguntó en tono afectuoso mientras la acariciaba en la cabeza y le daba un premio. Abrió el sobre pero en lugar de una carta de Dumbledore se encontró con una tarjeta de navidad hecha a mano, era realmente bella, sencilla, al estilo muggle, pero muy hermosa. Al abrirla cayeron unas pequeñas serpentinas que dejaron al descubierto la nota:
¡Feliz Navidad!
Te deseo lo mejor con todo mi amor
No tenía firma, pero tampoco la necesitaba. Sabía nuevamente que era Maggie quien la enviaba, lo cual hasta cierto punto era extraño, ella no le daba regalos porque sabía que no le gustaban, así que supuso que era un renovado intento por acercarse. Razón por la cual se replanteaba ir a verla pero necesita estar con alguien así que decidió que en los próximos días iría a pasar un rato con ella.
El resto del año, siguieron pasando cosas extrañas, más niños petrificados y entre ellos la mejor amiga de Harry. Se dio una vuelta por la enfermería queriendo ver al muchacho aunque fuera de lejos, sabía que había ido de visita y que estaba sufriendo. Hubiera dado lo que fuera por consolarlo pero no podía acercarse a él. Cuando la enfermería se quedó sola entró sin hacer ruido, se dirigió a la cama de Hermione, no sabía por qué lo hacía pero se sentó a lado de ella. Qué pacífica se veía, aún con la cara de sorpresa que mantenía. Dudó unos segundos y luego extendió su mano y tocó la de ella, su piel era suave, tenía un olor muy característico a jazmines, su pelo alborotado estaba sobre la cama y la hacía ver muy dulce. Un sentimiento de ternura se despertó en él mientras un pensamiento gracioso cruzó por su mente: "Primero parecías un gato y ahora estás así, quisiera ser yo quien te sacara de esta situación", cuando reaccionó a sus pensamientos sonrió y susurró, "bueno, lo digo porque quizás así Harry me odie menos".
Se encontraba en Cabeza de Puerco, tenía ganas de tomar como hacía años no lo hacía. Finalmente el año había terminado, resultó que otra vez era Voldemort quien estaba tras los sucesos raros, los petrificados volvieron a la normalidad y Harry nuevamente salió ileso. Después de varios tragos, con la cabeza algo nublada y su paso tambaleante salió del bar dispuesto a desaparecerse e ir a su casa cuando una mano lo sujetó. Conocía ese tacto así que se dejó guiar hasta una casita a las afueras del pueblo que conocía a la perfección, una vez adentro se dirigió directamente a la habitación y se desplomó en la cama. Sintió la misma mano comenzar a desvestirlo lentamente, el se dejó mientras caía dormido.
No sabía cómo había llegado ahí pero se encontraba en una habitación blanca con vista al mar, muy hermosa, amplia y llena de luz. La escena representada era de lo más romántica, la cama estaba al centro de la alcoba con velos cayendo por los doseles, sus sábanas blancas estaban cubiertas completamente con pétalos de rosas rojas al igual que el piso. La mesita de centro sostenía una hielera y una botella de vino, a lado un ramo de flores de varios colores y un par de copas. Se acercó a un espejo, descubrió que estaba vestido con ropa muggle, un traje, camisa desabotonada del cuello y zapatos de vestir, todo en tono negro. Se sorprendió al ver su reflejo, lucía bastante bien, aunque era raro no ver su túnica acostumbrada pero dada la situación tampoco la echaba de menos.
Arrojó el saco a un sillón y se quitó los zapatos y calcetines, abrió la botella de vino y sirvió las copas. Con ellas en la mano se dirigió al balcón, de alguna manera sabía que ella estaría ahí pero no estaba preparado para la imagen frente a él. Estaba de espaldas, su cabello semi recogido ondeaba suavemente al viento, los rayos del sol al atardecer hacía que reflejos dorados aparecieran en esos hilos rojos. Su vestido blanco y largo también ondeaba suavemente, se le ceñía perfectamente al cuerpo mostrando esas curvas perfectas que lo volvían loco, también estaba descalza y eso la hacía ver sensual.
Volteó lentamente al oír sus pasos, le sonrió con ternura al ver las copas en su mano mientras tomaba una. "Pensé que te ibas a tardar más y salí a ver el atardecer, es un bello lugar, cuando dijiste que pasaríamos nuestra luna de miel en un sitio especial no pensé que ese sitio fuera uno muggle," agregó dándole la espalda nuevamente.
"Creí que preferirías alejarte un poco de la magia y disfrutar algo más íntimo, ¿o me equivoco?", preguntó en tono casual mientras la abrazaba por la cintura y la atraía hacia él. Comenzó a besar su cuello desde atrás, ella lo extendía para darle paso a sus besos. "Vamos adentro" le pidió. Ella se dio la vuelta. La observaba mientras caminaba delante de él, tenía un movimiento de cadera que lo hipnotizaba. Cuando llegaron al borde de la cama él la detuvo, la giró para verla y la besó.
Su lengua era suave y rítmica, buscaba sus labios con pasión eso lo excitaba, enrollaba sus dedos en su pelo mientras ella le desabotonaba la camisa y rozaba la piel de su pecho, él comenzó a retirar el vestido, bajó el cierre y deslizó los tirantes por sus hombros, se alejó un poco para ver cómo caía suavemente al piso mientras ella intentaba cubrirse con sus manos totalmente sonrojada del rostro.
Se despojó de su camisa quedando sólo en pantalón, se acercó a ella y la volvió a besar. La abrazaba mientras la acostaba en la cama. Se volvió a alejar de ella, la visión era sublime, su pelo estaba regado en la cama revuelto con los pétalos, sus mejillas estaban completamente sonrojadas dándole un aspecto muy tierno, seguía cubriéndose. Se recostó a un lado y retiró sus brazos de sus pechos y pubis, "no debes cubrirte de mí, eres mi esposa y eres lo más hermoso que existe".
La volvió a besar, sintió como uno de sus brazos rodeó su cuello y jugaban con su pelo mientras que la otra mano acariciaba su rostro. El bajó su mano izquierda acariciando su piel hasta bajar a su intimidad, ella intentó cerrar sus piernas pero él ya se encontraba jugando con su clítoris, ella no pudo evitar soltar un leve gemido al sentir esos dedos dándole placer, era algo nuevo pero muy rico. Snape dejó sus labios para bajar por el cuello y besar esos pechos, eran suaves, de tamaño normal, con pezones rosados y erguidos al cielo, los chupaba con vehemencia sin separar los dedos de su clítoris, ella sólo se movía lenta y rítmicamente ante tales caricias.
Después de un buen rato así se separó para quitarse el pantalón pero ella se incorporó en la cama y con manos temblorosas lo terminó de desvestir, un pequeño grito de sorpresa abandonó sus labios, "¿qué pasa?" le preguntó. "es que… nunca había visto uno y… es grande", le respondió ingenuamente y abriendo mucho los ojos, eso le causo gracia y esbozó una sonrisa. "Es normal que te sorprendas pero te va a gustar lo prometo".
Se recostó con una pierna entre las de ella, la volvió a besar con pasión y lujuria, sabía que esta era su primera vez y sin importar nada él iba a lograr que fuera especial. Retomó su juego con su clítoris, ella abrió sus piernas para darle paso y sin pensarlo introdujo unos de sus dedos en su vagina, estaba empapada. Empezó a recorrer su piel a besos, bajó hasta su ombligo y de ahí a su clítoris, volvió a intentar cerrar las piernas pero él no se lo permitió. Comenzó a jugar con su lengua, a darle pequeñas lamidas y algunas veces a succionar ese botoncito, se sentía muy suave ese contacto directo con su piel pues estaba totalmente depilada y eso le gustaba, sabía que lo había hecho para este día en especial. Introdujo su dedo en la vagina y comenzó un lento mete y saca, ella gemía suavemente, cuando sintió su humedad en aumento introdujo otro dedo. Los movía suavemente, había descubierto un punto sumamente sensible que hacía que se retorciera de placer.
Levantó la mirada para ver su rostro, estaba completamente desencajado de placer, pudo ver como una de sus manos jugaba con su seno y la otra se dirigía a su cabeza. Sintió la presión mientras jugaba con su pelo, sabía que estaba a punto de correrse y no quería que se detuviera. Su lengua se movía tan rápido como le era posible cuando un largo y fuerte gemido, y una gran cantidad de líquido lleno su boca. Se había venido, ahora sólo se retorcía disfrutando de ese orgasmo. Se colocó sobre ella, sabía lo que seguía, un brillo extraño mezclado con temor apareció en sus ojos. El simplemente acarició su rostro con suavidad y le susurró, "si algo te es incómodo, sólo dime y me detendré", ella asintió y buscó sus labios tímidamente, el respondió a sus besos mientras le sostenía una pierna y colocaba su miembro en la entrada de su vagina.
Lentamente empezó a penetrarla, ella mantenía los ojos cerrados, parecía que no le molestaba. De repente una barrera lo detuvo había llegado a su himen, empujó con un poco más de fuerza hasta que lo sintió romperse y entró completamente. Ella emitió un quejido de dolor pero no abrió los ojos, él se detuvo, besaba su rostro con ternura tratando de aminorar su incomodidad, en un susurro le preguntó, "¿quieres que salga?... ¿Qué me detenga?".
Ella abrió los ojos y negó con la cabeza. "ya pasó, no te preocupes, sigue". "¿estás segura?". Sólo asintió a forma de respuesta y lo rodeo con sus piernas para que no saliera y se moviera. El obedeció. Comenzó a moverse lentamente, sus embestidas eran rítmicas e iba a la par de los gemidos que ella emitía. Al principio eran suaves y tímidos, conforme Severus iba más rápido y fuerte, esos suaves ruidos salían de sus labios se iban intensificando hasta casi rayar en gritos.
"Mmmmm… aaaaaaaahhhhhhhhh…" era todo lo que se oía tanto de él como de ella, ninguno de los dos hablaba, sólo disfrutaban. Ella se abrazó con fuerza de él obligándolo a poner su cabeza en su cuello. Ya no resistía más, con voz ronca le dijo al oído, "estoy… a punto de… mmmm… venirme". Ella lo abrazó con más fuerza, "yo… aaahhh… también".
"Aaaaaaaaaaaaaggggggggggggggg ", gritaron al unísono. Se dejó caer sobre ella, se acurrucó en su pecho y jaló la manta para que los cubriera. Se quedaron dormidos al instante. Entre el sueño y la vigilia sentía su cuerpo tibio a lado, seguía con la cabeza entre sus pechos, no se movió, quería seguir durmiendo así con ella, "te amo Lily", susurró levemente antes de volverse a dormir.
Nunca se dio cuenta que en la cara de la mujer a su lado, apareció una triste sonrisa y un par de lágrimas; la había hecho suya como nunca, pensó que por fin había conseguido que se enamorara de ella, comprendió que todas sus caricias, todos sus besos, ¡TODO!, lo había hecho bajo los efectos del alcohol creyendo que era ella, que era Lily Evans. Sin pensarlo dos veces, ella misma se lanzó el hechizo que Snape siempre utilizaba para no embarazarla, no tenía caso buscar concebir un hijo si no iba a tener un padre a su lado. El no la amaba y no lo iba a hacer jamás.
Notas de Autor:
Si, me adelanté lo sé, pero es que no pude contenerme. Sé que este capítulo es un poco largo pero no pude evitarlo, los próximos se alargarán más. Espero les guste. Espero comentarios, sugerencias y tomatazos. Gracias por leerme. Recuerden que todo el universo de HP pertenece a J.K. Rowling. Cuídense. Besos
