CAPITULO 4

La mañana transcurrió rápidamente para Candy que durmió hasta muy tarde por que sabía que él no vendría hasta la noche. Se arregló un poco y bajó a almorzar aunque no le apetecía comer sola en un comedor tan grande y frío, claro que cuando estaba Albert con ella cambiaba por completo, era como si él llenara el lugar con su calidez.

Al llegar al comedor se sintió peor de lo que pensaba y llamó a Dorothy.

Hola Dorothy, estabas comiendo?

Si Candy , necesitas algo?

¿Les importaría si como con ustedes? no me gusta comer sola – le pidió la pecosa.

¡Candy eso no esta bien! tú eres la señorita de la casa y nosotros tus sirvientes – contestó.

Vamos Dorothy tu sabes que yo no creo en esas diferencias por favor déjame acompañarlos - le pedía con un gesto suplicante.

Esta bien pero será nuestro secreto – respondió con una sonrisa.

Fueron a la cocina y comieron con todos los sirvientes. Candy se la pasó muy bien y cuando se hubo ido a su recámara todos comentaban lo buena persona que era la señorita y lo parecida que era al señor, todos llegaron al acuerdo de que harían una excelente pareja, a lo que Dorothy sólo asintió sin decir nada más.

Candy estaba en su cuarto recostada en la cama.

Cuanto lo extraño, extraño tenerlo cerca, que me estreche entre sus brazos, extraño ver sus hermosos ojos que me dan una inmensa paz pero al mismo tiempo levantan en mi mil sensaciones- pensaba melancólica - Albert ¿que será esto que siento por ti? ¿Por qué te extraño si apenas hace unas horas te he visto?

Por otro lado Abert estaba harto y desesperado por estar lejos teniéndola tan cerca. No había podido borrar de su mente lo sucedido esa mañana y tal como había supuesto, no se podía concentrar.

William ¿Qué pasa que estás tan distraído?

Nada George, no se por qué lo dices - decía un Abert aun pensativo.

Creo que tiene que ver con Candy ¿verdad?

Es bastante obvio ¿no te parece? - contesto serio.

¿Cuándo vas a luchar por ella William? ¿Cuándo te vas a dar cuenta que ya es hora de luchar por su amor antes de que llegue otro Terry?

El problema es ese, no se si ya olvidó a Terry – respondía mientras llevaba sus manos a su cabeza visiblemente confundido y triste -y eso me asusta. Además ella me ve como su hermano, amigo y protector.

No hay peor ciego que el que no quiere ver ¿acaso no te has dado cuenta que ella ya te mira de manera distinta?– le hablaba poniendo una mano en su hombro- Tú eres un hombre no un muchachito, quizás debas sacar todas tus armas y demostrarle que eres lo que ella quiere y dejar atrás esa cara dulce de hermano. Saca ese hombre que vive y respira por ella a la luz – le aconsejo con la esperanza de que le hiciera caso.

Quizás tengas razón - decía el rubio mientras lo pensaba - La verdad es que Candy no ha mencionado casi a Terry en los últimos meses y he notado ciertas actitudes de parte de ella que me indicaban que puede haber algo más. Pero ¿Estoy dispuesto a arriesgar todo por esa oportunidad? Si me arriesgo podría perder lo poco que tengo de ella - Al final pensó que avanzaría poco a poco, de manera prudente y viendo cómo resultaban las cosas.

Habían pasado las horas y Candy se encontraba arreglándose con la ayuda de Dorothy, había tomado un baño con esencias de flores, se había puesto un hermoso vestido color verde oscuro que dejaba sus hombros al descubierto con sólo una pequeña manga a la altura de los brazos a manera de adorno. La manga iba unida a un corsé con escote en v bastante pronunciado que resaltaba la estrechez de la cintura de Candy y la falda caía con un poco de vuelo hasta el suelo.

Dorothy la estaba peinando con un recogido en la parte de atrás de su cabeza que dejaba apreciar la cascada de rizos en su espalda y llevando a los lados unos hermosos broches de zwarovsky que Albert le había regalado. Eran hermosos, parecían diamantes, en muy poco tiempo esa tienda que acababa de abrir estaba tomando renombre.

Tocaron a la puerta y la joven comenzó a ponerse nerviosa, sabía perfectamente que él estaba al otro lado de la puerta .Dorothy abrió y dejó pasar a un no menos nervioso Albert.

Él entró y cuando levantó la vista quedó nuevamente maravillado por lo que veía. Candy era sin duda la mujer más hermosa que había visto, ese vestido resaltaba sus bellos ojos, a la vez que mostraba sus curvas de mujer … era preciosa. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlarse y no besarla en ese momento.

Por otro lado Candy estaba muy sonrojada, Albert no dejaba de mirarla con una sonrisa en su rostro de aprobación y aunque eso le encantaba no podía evitar esa reacción en ella, a su vez no pudo dejar de notar que el se veía increíblemente guapo, llevaba un esmoquin negro que resaltaba sus anchos hombros, fuertes brazos y estrecha cintura, sin duda era un hombre muy varonil y atractivo, un hombre por el que cualquier mujer daría todo.

Candy te ves preciosa pareces una princesa - dijo sonriendo, sus ojos tenían un brillo muy especial pero ella no pudo distinguir que era lo que lo provocaba.

Y tu pareces Mi príncipe – se sonrojó enseguida - ¿Por qué dije eso?, aunque es verdad pensó el es mi príncipe de la colina- no pudo evitar agachar la mirada avergonzada gesto que no paso inadvertido por su interlocutor que sintió una punzada de felicidad.- te ves muy guapo- terminó diciendo tratando de que su voz sonará clara a pesar de su nerviosismo.

Muchas gracias preciosa me encanta parecerte guapo .

Le ofreció galantemente su brazo y salieron de allí rumbo al restaurante, ese día no llevaron chofer Albert decidió conducir, quería disfrutar de ella con toda la privacidad del mundo sin sentirse observado. Vio en Candy una mirada de preocupación.

¿Qué te pasa princesa te noto preocupada? - preguntó mientras tomaba su mano conduciendo solo con una mano.

Nada, es sólo que me preocupa no estar a la altura de las circunstancias y el sitio, seguramente todo el mundo nos estará mirando tu eres una persona muy importante y yo…. – no pudo seguir y agachó la mirada.

Tú eres la persona más importante para mi – completó rápidamente la frase que ella había dejado inconclusa - y claro que estarás a la altura de las circunstancias. No te preocupes por eso quería que pasáramos un rato agradable los dos y preparé algo, así que cambia esa cara y regálame una sonrisa- le pidió apretando su mano suavemente.

Candy sonrió ampliamente.

¡soy lo más importante para él! – pensó la pecosa emocionada.

No soltó su mano en todo el camino gesto que encanto a Candy. Al llegar al restaurante los guiaron a un apartado lleno de hermosas flores e iluminado por velas, era un sitio muy acogedor y tenía la principal ventaja de que podían comer ahí como si estuvieran solos.

Candy me tome la libertad de pedir un sitio privado, a mi también me disgusta comer con todo el mundo observándome, ya sabes que no me gusta aparentar.

¡Albert es perfecto! – exclamó feliz mientras tomaba una de las flores en sus manos, era una flor que nunca había visto, era delicada pero al mismo tiempo sublimemente bella. No tenía espinas como las rosas, las habían colocado en bouquet de dos colores rojos y blancos, era hermosa, sin duda la flor más bonita que había visto en su vida sin menos preciar la dulce Candy claro está.

¿Qué flor es esta? nunca la había visto, es realmente preciosa – preguntó a su querido príncipe mientras se acercaba a aspirar su aroma.

Son tulipanes pequeña, unas flores muy frágiles pero hermosas y no es muy común verlos.

¡Me encantan! nunca pensé que una flor me podría gustar igual o más que la dulce Candy - comentó con una sonrisa melancólica recordando todo lo que significaban aquellas rosas.

Pues entonces espero que esta nueva flor que tanto te gusta sólo traiga recuerdos bellos y confío en que este sea uno de ellos - le dijo mientras acariciaba su mejilla mirando profundamente sus bellos ojos.

Tomaron asiento y disfrutaron de la cena. Cuando estaban en el postre Candy decidió comentarle a su tutor la decisión que había tomado la noche anterior.

Albert yo quería hablar contigo sobre una cosa muy importante para mi. He decidido qué quiero hacer con mi vida, - decía algo nerviosa pues no sabía como tomaría su decisión.

Él se sintió nervioso, le empezaba a preocupar que eso significara que se iba a ir de su lado y no sabía si podría soportarlo

- ¿Qué has decidido? - preguntó sin mirarla a los ojos.

No se como empezar … - murmuró insegura - en estos días me he dado cuenta de lo que significa que seas cabeza de los Andrew. Se que tienes muchas obligaciones y que estas no son fáciles de llevar a cabo , por lo que me puse a pensar en como podría ayudarte. Lo primero que pensé es que la mejor ayuda sería no ser un problema por lo que quiero estudiar todo lo necesario para ser una gran dama de la cual la tía abuela no tenga nada que reprochar pero sobre todo una dama refinada que no te avergüence y por el contrario te haga sentir orgulloso – hubo una ligera pausa antes de continuar - La tía abuela manejó los negocios cuando tú no estabas a cargo, eso quiere decir que una mujer Andrew puede ayudar en esa área también, por lo que me gustaría aprender todo lo necesario para ayudarte en eso claro en al medida de lo posible y sólo si tú lo apruebas.

Candy ¿y tu carrera de enfermera? es tu vocación ¿la vas a sacrificar así? – preguntaba incrédulo.

Albert yo sólo quiero hacerte feliz - decía mientras se sonrojaba - tú has hecho demasiado por mi.

Pequeña tu me haces feliz siendo como eres, no necesito que seas lo que no quieres ser – le aclaró tomando sus manos.

Pero yo quiero poder ir a los sitios contigo sin avergonzarte y sin que la tía abuela te este retando por mis modales. Además aunque el dinero no me interesa como para estudiar sobre los negocios, sí me interesas tú y el que tengas más tiempo para ti y para hacer lo que te gusta, por eso quiero hacerlo – declaró con seguridad mirándolo a los ojos - por favor déjame hacerlo.

Albert no cabía en sí de felicidad, ella estaba pensando en él de esa manera, estaba dispuesta a sacrificar su carrera por verlo feliz no lo podía creer. Por otro lado la idea de Candy no era tan descabellada.

- Si es lo que de verdad quieres te apoyaré y buscaré los mejores maestros para que te enseñen – le dijo con voz suave - Muchas gracias princesa por pensar en mi, sólo no quiero que olvides que yo te quiero tan como eres – la miró fijamente a los ojos. Quería que supiera que para él era perfecta.

Candy se sonrojó y bajó la mirada.

- Yo también te quiero como eres, por eso quiero que vuelvas a ser tan feliz como antes –añadió sonriendo - Sólo un favor más.

¿Cuál? – preguntó el muchacho todavía en las nubes por lo que acababa de escuchar.

Que no le digas nada a la tía abuela quiero darle la sorpresa para cuando sea mi presentación.

Se hará como tú desees. Mañana mismo George arreglará todo para que empieces tu clases – le dijo mientras acariciaba su mano tiernamente.

Empezaron a escuchar la música que provenía del salón principal, Candy cerró sus ojos para disfrutar el sonido de esa hermosa melodía, cuando los abrió se encontró con Albert de pie a su lado extendiendo su mano para invitarla a bailar.

¿Me concede esta pieza hermosa dama?- le preguntó con una encantadora sonrisa y con ese brillo en sus ojos de nuevo.

Abert … por supuesto – contestó - Cómo le puedo negar algo si me mira y me sonríe así - pensó.

La tomó de la cintura y comenzó a guiarla al ritmo de la música. Ella por su parte había apoyado su cabeza sobre el fuerte pecho y había cerrado sus ojos disfrutando del momento. Mientras bailaban el acariciaba su espalda totalmente perdido en las sensaciones que le provocaba el estar así con ella .Después de un rato ella levantó la cabeza para mirar a su compañero de baile y se encontró con unos ojos azul cielo viéndola intensamente, no pudo apartar la mirada, sintió una corriente eléctrica que recorría su espina dorsal, estaban muy cerca podía sentir su aliento en sus labios

- ¿Cómo se sentirán tus labios?

El la deseaba, eso y más le provocaba ella, la tenía tan cerca que podría besarla. Vio en ese momento que la mirada de la joven se dirigía a su boca y humedecía sus labios cerrando los ojos. Esa era una invitación clara que no pudo rechazar.

Inclinó su cabeza y acarició sus labios con los suyos en un movimiento sublime, besándola despacio y tiernamente, reprimiendo el deseo de besarla con toda la pasión que sentía por no precipitarse ni asustarla. Poco a poco Candy fue respondiendo ese beso, se paró sobre sus puntas ya que a pesar de sus zapatos altos él la sobrepasaba por mucho. En ese momento escucharon un carraspeo, tuvieron que separarse muy a pesar de que ambos querían seguir. Albert se giró malhumorado en la dirección del sonido y se encontró con el maître que les informaba que ya iban a cerrar. Hacía tiempo que la música se había acabado y ni cuenta se habían dado. Los dos se sonrojaron dedicándose miradas intensas y apasionadas.

Abert pagó la cuenta, tomó de la mano a Candy y la dirigió al automóvil. Aun no se podía creer lo que le acababa de suceder ¡la había besado! algo que llevaba años deseando y ella había correspondido a ese beso.

Candy aun podía sentir sus labios sobre los de ella, en ese momento recordó el único beso que había recibido y se dio cuenta que en ese momento no sintió todas las emociones que su príncipe la había hecho sentir. Ella quería que siguiera besándola, estrechándola. Pensaba esto cuando sintió la mano de Abert tomando la suya y se miraron fugazmente con una sonrisa en los labios.

Llegaron a la mansión y Abert la acompaño a su dormitorio

¿Qué tal te lo has pasado? – le preguntó colocándose frente a ella tomando sus manos.

Muy bien Albert ha sido una noche maravillosa – le contestó su amada con una gran sonrisa.

Él no se reprimió mas, la tomó entre sus brazos y le dijo al oído casi como un susurro – "la mejor de mi vida" - a Candy la recorrió un escalofrió por todo el cuerpo, sentirlo tan cerca y hablándole así la hizo temblar, deseando algo más, algo mas que no conocía. Lo miró a los ojos, él se acerco y le dio un fugaz beso en los labios, no quería profundizar mas por no poder contenerse y tomarla ahí mismo.

Buenas noches princesa, descansa – se despidió mientras se giraba para dirigirse a sus habitación.

Buenas noches – contestó la pecosa al tiempo que se apoyaba en al puerta ya que las piernas no la sostenían por todo lo que acababa de sentir.

Los dos durmieron con una inmensa sonrisa soñando en los momentos compartidos y Albert solo se repetía ¡cada vez estoy más cerca Candy!

CONTINUARA…..

Zwarovsky por lo que investigado ya había abierto para aquella época una tienda.

Gracias scarleth por tomarte el tiempo de editar este capítulo y ayudarme.

Este es mi primer fic así que como verán soy inexperta y no muy buena escribiendo.

Espero les guste, espero todos sus comentarios.