El Código Negro.

Capítulo 4: El Maestro y sus discípulos.

La señora Lee se quedo observando la carta durante unos instantes moviendo los labios indicando que estaba leyendo en voz baja mientras su hijo y la novia de este esperaban una reacción por parte de la demonio después de leer el contenido del mensaje. Al terminar miro a Marshall con los ojos abiertos como platos al haber leído cada palabra que estaba en la hoja. No podía creer lo que estaba pasando. Su hijo, el único que tenía, una vez más estaba amenazado de muerte pero esta vez por uno de los enemigos más antiguos que pisaron las tierras del Inframundo, y ella era consciente de que a todos los que se les mandaba una carta así por parte de la Orden de los Vampiros, aceptara o no, nunca lo volvían a ver. Lo sabía porque hace ya mucho tiempo los asesinatos de seguidores del sujeto que creó la secta empezaron a molestar mucho a esta y, como consecuencia de ello, quienes los asesinaban recibían cartas anónimas que les anunciaban una muerte segura si no aceptaban una serie de pruebas que, al terminarlas, llevarían al culpable hasta el líder de la Orden. Y cuando se iban, ya no volvían. Y para aquellas personas que no aceptaban las pruebas eran buscadas hasta por debajo de las piedras y perseguidas por los asesinos de la misma secta, quienes por órdenes de su líder eran los encargados de buscarlos y matarlos, lo que significaba que Marshall Lee no tenía posibilidades de librarse tan fácil de todo eso.

-Hoy es la noche, Marshall… ¿Ya sabes que harás?- Pregunto su madre.

-Esperaba que tú me dieras algún consejo. A que me enfrento o que tanto peligro estoy corriendo.

-No puedo decirte nada más que eso. De lo que sufren los que aceptan las pruebas nadie sabe nada porque nadie ha llegado a regresar a su hogar diciendo que no le pasó nada interesante. Han entrado incluso a buscarlos, pero de igual modo no regresa nadie.

-¿Y en donde se empiezan esas pruebas exactamente?- Pregunto Fionna.

-En diferentes lugares. La secta envía una pista de dónde empezar las pruebas después de que da la señal, creo que para que nadie los encuentre o quién sabe. Se dice que quien la organizo era un obsesionado por la seguridad, el misterio y las cosas antiguas.

-Ok. Entonces estoy atrapado en medio del peor problema en el que me eh metido en mi vida, esperando hasta esta noche para ir a donde esta esperándome la muerte y sobrevivir a lo que se me ponga en frente- Decía Marshall frotándose las manos para calmar los nervios- No hay mucha presión.

-En tu lugar yo estaría empacando lo necesario para el viaje, aquí dice que las pruebas duran una semana y según dicen ellos se localizan en el punto más lejano de Aaa. Casi en el fin del mundo.

-Entonces yo también iré con Marshall- El vampiro, sorprendido, miro a Fionna, quien sonriente le dijo:- No soportaría perderte.

-¿Pero estas segura? Digo, tú tienes toda una vida en la Tierra de Aaa, Fi. Tienes a Cake, a Gumball, a los príncipes buenos para nada que siempre salvas y a todos los que te conocen e incluso a la Reina Helada. Te extrañarían.

-Saben cuidarse solos. Llevo más de cinco años enseñándoles como patearle el trasero a un trol y creo que el príncipe tendrá todo bajo control en mi ausencia- Dijo la humana, quien estaba dispuesta a ir con él- ¡Además es una aventura! Ya me conoces, Marshall, no puedo resistirme a algo como esto.

-No creo que Cake te deje ir.

-Convencerla será difícil, pero nada que una bola de hilo, hierba para gato y un poco de cloroformo no puedan solucionar.

Marshall sonrió al darse cuenta que su novia estaba claramente dispuesta a ir con él por más peligrosa que sonara el asunto, pero ya se esperaba que hubiera dicho algo parecido. La conocía muy bien como para no esperarse que se aventurara con él en tal peligroso viaje, y no sería tan peligroso para ella después de todo porque si de estar acostumbrados al peligro se trataba, el segundo nombre de Fionna era ese.

Momentos después Marshall y Fionna salieron del castillo de la Nocheosfera, abrieron un portal a la Tierra de Aaa y lo atravesaron terminando dentro de la cueva del vampiro, quien al pisar tierra se sentó en el aire con las piernas cruzadas y su rostro apoyado entre sus manos en una posición que mostraba la desesperación y angustia que sentía. Fionna, al darse cuenta de esto, se le acerco, puso una mano en su hombro y cuando volteo a verla ella le sonrió como si así quisiera decirle que todo estaría bien, pero hasta ella se preocupaba por todo lo que pudiera pasar durante el transcurso del viaje, si las pruebas serian tan horribles como ella pensaba que serian o si el sujeto que fundó la Orden de los Vampiros seria lo suficientemente sádico como para querer acabar con Marshall solo por haber matado a Alabaster Skull. No, si con solo eso se notaba que era alguien vengativo.

-Voy a empacar lo necesario para irnos y regresar. Habla con Cake, convéncela a como puedas y si acepta dile que nos iremos cuando se supone que la señal deba de verse por toda Aaa. Asegúrate de llevar suficiente comida y armas necesarias porque creo que las vamos a necesitar.

-No estás muy seguro de esto, ¿verdad?- Pregunto la humana al notar que Marshall hablaba como si estuviera en un funeral.

-La verdad no. Preferiría que me cortaran una mano o me sacaran un ojo a meterte a ti en un problema como este, Fionna.

-Marshall, si yo voy contigo es porque te amo. Porque quiero saber que estas bien y no estresarme como una de esas señoras paranoicas que se asustan por una rata.

-¿Tanto me quieres, lindura?

-Más que a nada- Y entonces Fionna presiono sus labios con los de él dándole un beso que fue correspondido por Marshall. Al separarse, se sonrieron el uno al otro para que la situación no se les hiciera estresante a ninguno de los dos- Ya me voy. Cuídate.

Dicho eso Fionna beso a Marshall en la mejilla en señal de despedida para luego encaminarse a lo que era la salida de la cueva. El vampiro al verla irse cambio de un momento a otro cambio de posición y se fue flotando a su casa con los pies a pocos centímetros del suelo. Hace mucho que no viajaba de esa manera a algún lugar, la última vez que lo hizo fue cuando recorrió toda Aaa y corrió a Fionna y Cake de la Casa del Árbol, aunque se las devolvió y él termino quedándose con esa cueva, y de igual manera se le hacía muy repentino que se viera obligado a ir a quien sabe cuántos lugares solo para salvar su vida otra vez. Lo malo del caso era que ahora Fionna estaba metida en el asunto y por supuesto que tenía el pendiente de que algo le llegara a pasar durante la travesía o quién sabe.

Resignado, Marshall Lee comenzó a empacar lo que necesitaría en una mochila gris un poco vieja y desgastada de algunas partes, pero de igual manera le servía para lo que quería. La abrió. No había nada. Empaco una bufanda, una sudadera y los guantes que utilizo para ir con Gumball ya hace tiempo, eso solo para cuando tuvieran que viajar de día y el sol estuviera a todo lo que daba; bloqueador, por si llegaba a quemarse con el sol, un cuchillo grande y filoso de cocina, una caja de fresas por si le daba hambre y, lo más importante, una estaca de madera. Esta última era la misma con la que había asesinado a Alabaster aquel día, y por cierto la punta todavía tenía un poco de sangre, pero Marshall la echo dentro de la mochila junto con las demás cosas sin molestarse en limpiarla. Orden de los Vampiros sin duda significaba que habría muchos vampiros por la zona, una estaca de madera no era lo suficiente para matarlos a todos, claro está, pero por el momento era lo más letal que llevaba.

….

Dentro de la mansión, la sala estaba repleta de vampiros, muchos hablando unos con otros y algunos simplemente preguntándose que venían a hacer al lugar en donde se centraba "todo" según lo que pensaban ellos. Había tanto vampiros como vampiresas, todos centrados en uno de los niveles de la secta, unos mejores que otros, pero todos eran iguales y se respetaban según las leyes de la Orden. No eran ni muchos ni pocos, prácticamente era una familia de muchos y muchas, un solo clan nuevamente unido, una familia de nuevo en la casa de su padre, el Maestro. Este se había encargado de darle la noticia a cada uno de sus discípulos que se presentaran en la mansión para tratar un asunto importante, y viniendo de las órdenes de la cabeza de la secta, todos y cada uno de los invitados asistieron al convenio o lo que fuera que sería eso.

Leonardo era uno de los muchos que se encontraban allí sin hablar ni decir nada. Nunca había visto a todos sus "hermanos y hermanas" reunidos en un mismo sitio, ni siquiera llego a pensar que el Maestro tuviera tantos discípulos dentro de la Orden de los Vampiros. Él era solo uno de los muchos que se encontraban reunidos en la sala en esos momentos, todos vestidos formalmente, los hombres de smoking y las mujeres con elegantes vestidos de colores oscuros, como era el negro, rojo, azul oscuro y violeta. Podía reconocer a uno que otro espía que había trabajado con él a lo lejos, pero no se animaba a ir a sacar una animada platica con ellos porque, ahora que lo habían nombrado uno de los Grandes, se sentía un poco incomodo. El joven suspiro y se cruzo de brazos resignándose a seguir viendo lo que estaba frente a él, pero de repente una voz femenina lo saco de eso.

-¿Qué pasa, amigo? Pareces muy pensativo- Leo volteo luego de escuchar eso y quedo anonadado con lo que vio.

Frente a él juraría que se encontraba la vampiresa más hermosa que en su vida había visto. Parecía una chica como de su edad, de cabello castaño como el de él pero más oscuro, largo y suelto que le llegaba a mitad de la espalda con un mechón que le caía a un costado de la cara atrapado en unas pequeñas bolas de plástico de color rojo, amarillo y azul con la punta del mechón sobresaliendo por debajo, lo cual le daba un toque menos formal al hermoso vestido de color rojo infierno sin mangas ni cuello y con escote. Su piel era pálida y parecía fina porcelana, sus ojos hacían juego con su vestido pues estos eran de la misma intensidad, o más, que la de su vestimenta. Las facciones de su cara eran las mismas de las de un adolescente, pero obviamente únicas y preciosas, y al bajar hasta su cuello se dio cuenta de que tenía las marcas de una mordida, lo que significaba que la habían mordido. Ella era en definitiva la chica más bella que sus ojos hayan visto.

-Cierra la boca, hay moscas- Dijo ella de manera divertida. Leo entonces se dio cuenta de que su sorpresa había sido tanta al verla que había perdido sus sentidos por un momento- Me llamo Adriana. Adriana Van Garrett- Agrego ella extendiéndole una mano en señal de saludo.

-Leonardo. Pero puedes decirme Leo- Dijo él tomando la mano de la vampiresa y saludándola cordialmente, con un poco de nerviosismo, claro.

-Pareces un chico simpático, Leo. La mayoría de los que conozco son unos aburridos, no saben divertirse.

-¿Ah, sí? Deben estar muy ocupados con sus trabajos, ya ves que él Maestro siempre nos da misiones nuevas.

-¿En donde entras tu, Leo?- Pregunto ella con curiosidad.

-Eh… No me gusta hablar mucho de eso. Me da pena y no me gusta presumir mucho.

-Ah, ya se. Eres uno de los Grandes, ¿verdad? Felicidades ¿En qué tienes más experiencia?

-Pues antes era un espía. Me encargaba de vigilar a otro Grande por órdenes del Maestro. Alabaster Skull, no sé si lo hayas conocido.

-¡Oh, pero por supuesto que lo conocí!- Dijo ella mostrando una expresión de desagrado, tal vez- Trabaje con él y créeme que fue lo peor que me pudo pasar. Ese asesino bueno para nada quería que todo estuviera bajo su mando. Todavía recuerdo nuestra última misión. "Así no se agarra un cuchillo" "¿Dónde aprendiste a matar?" "¿Prefieres que te cargue para que no te rompas una uña?"- Decía ella haciendo una mala imitación del vampiro muerto- ¡No lo aguantaba! Dejamos de trabajar después de que el patrón se dio cuenta de que casi nos matamos.

-Aguarda. Ósea que tú también eres una de los Grandes- Quiso saber él.

-Junto con Alabaster, que afortunadamente no lo eh visto en largo rato- Comento ella.

De repente llego Magnus.

-Andrea, Leonardo. El Maestro los busca, dice que es urgente que vallan a su oficina pero sin que nadie los vea- Informo el vampiro del bigote.

-Ay, ¿pero qué demonios querrá este viejo ahora?- Comento Andrea como si ya estuviera harta de todos los mandatos del líder de la secta.

-Hay que ir a ver- Dijo el joven Leonardo, quien antes de empezar a caminar le dio el pase a la vampiresa, quien con gusto acepto y camino primero que el chico, quien antes de irse oyó a Magnus decir:

-Que no se te escape, galán.

Apenado de escuchar eso las mejillas de Leonardo se tornaron de un ligero color rosa y este después se encamino a la sala del comedor, en donde encontró a la joven Andrea esperándolo en la puerta que daba paso a la oficina del Maestro. Leonardo se apresuro a llegar, todavía abochornado de lo que Magnus le había dicho respecto a la vampiresa, y aunque no podía dudar que era la mujer más hermosa que haya visto jamás no debía hacerse tantas ilusiones con ella. Se disculpo por la tardanza y acto seguido toco la puerta, pero antes de que sus nudillos tocaran la madera, esta se abrió lentamente dándoles el pase a ambos vampiros. Ella, sin cautela ni nada, simplemente entro a la oficina seguida de Leonardo y encontraron al Maestro parado en medio de la habitación, esta vez vestido con corbata, camisa, saco, pantalones y sus típicos zapatos, todo de color negro a excepción de su máscara. Leo, al verlo, le hizo una reverencia inclinando su torso un poco hacia abajo, pero a diferencia de él, Andrea fue un poco más directa.

-¿Y bien, para que nos trajo hasta acá? Ojala sea importante- Dijo ella con descaro sorprendiendo a Leonardo.

-Señorita Van Garrett, es un placer y un gusto verla por aquí de nuevo, my lady- Saludo el Maestro cordialmente atrapando una mano de ella entre las suyas.

-Ya déjate de cortesías y ve al grano, ¿quieres?- Dijo ella en tono retador, lo que le causo un poco de gracia al sujeto de la máscara.

-¡Ay, mi querida Andrea, no has cambiado nada!- Exclamo él alegremente- Por algo eres de mi vampira preferida. Y al parecer ya conoces a Leonardo- Agrego este al fin dándose cuenta de la presencia del joven vampiro.

-Ahórrame algo de tiempo y dinos ya que quieres ¿Y porque no está el idiota de Skull aquí? ¡Siempre llega tarde!

-Porque el señor Skull ahora está muerto, Andrea- La vampiresa lo miro, impresionada- Es por eso que convoque a todos nuestros hermanos y hermanas. Tanto tú y yo sabemos que el homicidio de uno de los Grandes se castiga con El Código Negro, y eso se hace sin dudas, sin protestaciones. No hacemos nada más que ser lo más sádicos que podamos con el asesino.

-Asesinar a un asesino por asesinar a otro asesino. Es confuso- Comento Leonardo al analizar la situación.

-Mataron a Alabaster. Yo no veo de que estresarse- Dijo la vampiresa dándole la menor importancia a todo el tema.

-Aun así es un acto imperdonable. Hoy en la noche nuestro sentenciado empezara sus pruebas, y ustedes dos personalmente se encargaran de asegurarse de que así sea- Sentencio. Van Garrett se sintió atraída por eso último que dijo el Maestro porque, siempre que este decía algo así, significaba diversión para ella y para su compañero, ahora muerto- Andrea, tú te encargaras de enseñarle al joven Leo que tiene que aprender.

-Le aseguro, patrón, que este muchacho y yo seremos una maquina destripadora.

-¿También eres tutora?- Pregunto el vampiro, quien había estado al margen dentro de la conversación.

-Claro que sí, de lo contrario no sería de las más chidas de esta secta de pacotilla. Sin ofender- Dijo, girándose a ver al líder de la Orden. Pero este ni se inmuto.

-¿Qué tanto tengo que aprender?

-Nada en especial. Solo a matar, torturar, robar, cazar (no exactamente animales), aprender algo de filosofía, no tener piedad ni de las niñas exploradoras y que seas un buen tutor. Nada más.

-Lo que la señorita Van Garrett quiere decirte, Leo, es que te hará experto en todas nuestras artes al igual que Alabaster.

-Pero sin lo latoso y odioso. Este muchacho me cae demasiado bien como para convertirlo en un segundo Alabaster. Eso definitivamente no me lo perdonaría.

-Ok ¿Y cómo vamos a dar la señal, Maestro?

-Se los diré después de que le demos la noticia a todos y termine el baile.

-¿Baile? ¿El día de la noticia de muerte del señor Alabaster Skull? ¿No cree que es un poco irrespetuoso, Maestro?- Pregunto Leonardo.

-Es tanto para honrar a Skull como para celebrar que tenemos un perfecto reemplazo para él… Ahora váyanse, iré afuera en unos momentos.

Obedeciendo el mandato, Leonardo y Andrea salieron de la habitación, él haciendo una reverencia y ella simplemente dándose la vuelta y abriendo la puerta con el joven pisándole los talones, aunque no podía llamarlo joven porque era de su misma edad humana. Caminaron por toda la sala del comedor hasta que llegaron a la sala principal de la mansión, donde volvieron a encontrarse con la multitud de vampiros que ni siquiera se habían dado cuenta de su ausencia. Todos estaban en una animada conversación, a excepción de los que pertenecían a la clase de asesinos, ellos solo hablaban de la cantidad de sangre que podían chupar de un sorbo o a las criaturas que podían asesinar en una hora. Era raro, pero se sentía como un insecto rodeado de gigantes aunque fuera uno de los Grandes, pero uno con no mucha experiencia y que por alguna razón milagrosa había llegado a leer El Código Negro. El libro -escrito por el mismo Maestro según pudo notar- se centraba en todas las enseñanzas que debía tener en cuenta ya al ser miembro de la Orden de los Vampiros, sobre todo en el arte de la filosofía, pero lo más importante que venía en ese libro debía ser la información de la Nocheosfera, el mentado Inframundo del que sus tutores le habían contado, se fundó la Orden.

Y la razón por la que la secta se encontraba en medio de la nada era porque el mismo Inframundo los desterró a la tierra de los vivos, en el punto más remoto y lejano de esta. Dentro del Código Negro se encontraba información suficiente acerca de algunos de los monarcas, las traiciones, los movimientos en contra del rey o del mismo pueblo. En fin, había cientos de cosas que lo dejaron con la boca abierta y no dudaba que fueran verdad. El libro fue escrito por el propio Maestro, y según se tiene entendido, ha vivido un total de ocho mil quinientos años bajo esa máscara veneciana.

-Andrea- Le llamo. Ella se giro a verlo mostrando una sonrisa típica de una chica despreocupada-, háblame de tu estancia aquí en la Orden ¿Cuánto tiempo hace que estas aquí?

-El mismo que tienes tú, por supuesto. Solo que yo ascendí a este puesto un poco más temprano que tú.

-¿El Maestro te ha dado misiones importantes?

-No. Es la primera vez que me encarga dar la señal de esas pruebas porque generalmente Alabaster lo hacía. Yo no, yo solo me encargaba de que mis estudiantes estuvieran concentrados en lo suyo.

-¿Sabes algo de las pruebas?- La vampiresa de repente le puso un dedo en los labios soltando un siseo al mismo tiempo.

-No hables de eso aquí, Leo. Hay muchos vampiros metiches por estos rumbos- Dijo, mirando a ambos lados por el rabillo del ojo- Esta información solo se habla entre el Maestro y sus discípulos. Nada más.

-Creí que todos nuestros hermanos eran discípulos del Maestro.

-Y todos lo son. Pero por favor, Leo, él tiene a sus preferidos, a sus consejeros, a su mano derecha, a quien le cuenta todo. Que en este caso somos tú y yo.

-Tienes mucho tiempo de conocer al Maestro, ¿cierto? Por la forma en la que te dirigías a él creo que ya se conocen bien.

-¿Qué? ¡Para nada! Le eh hablado así desde la primera vez que puse un pie en su oficina. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer- Dijo Andrea en tono pensativo.

-¿Fue cuando ascendiste de puesto?- Pregunto Leo, interesado en saber cómo fue que Van Garrett empezó.

-No, porque amenace a mi tutor con matarlo si no me dejaba dormir más- Respondió ella como cualquier persona que hablaba del clima. Leonardo se quedo con cara de impresión.

Antes de seguir con su conversación, de repente los murmullos y risas de la sala cesaron, lo que causo que Andrea y Leo miraran a todos lados encontrando que todo vampiro presente miraba en dirección al último escalón de las escaleras, donde estaba parado el Maestro. En señal de respeto todos los vampiros hicieron las reverencias a las que ya estaban acostumbrados, solo que los varones inclinaban su torso hacía abajo y las damas simplemente bajaban ligeramente su cabeza y se ponían una mano en el pecho, justo donde quedaba el corazón. Leonardo ya estaba por hacer la señal al igual que los otros, pero antes de hacerlo Andrea lo detuvo. Leonardo la miro sin entender porque lo detuvo, y la vampiresa, al entenderlo, dijo:

-Eres de los Grandes. Nosotros no tenemos por qué hacer lo que ellos- El muchacho seguía sin entender- Somos los discípulos del Maestro, Leo. Ya entenderás.

Ahí estaba de nuevo. "Ya entenderás" Esa frase se la habían estado diciendo desde el día en que entro a esa secta. Cuando preguntaba algo a sus tutores, los que se encargaban de enseñarle todo lo que necesitaba para ser espía, estos nunca eran lo suficientemente claros, siempre le respondían con esa frase que ya lo tenía hasta el tope. Quería tener respuesta, respuestas que lo sacaran de sus dudas, que respondieran todo, que no lo dejaran vivir con una sola pregunta rompiéndole la cabeza hasta que encontrara él mismo la respuesta. Un "ya entenderás" no era una respuesta muy sensata ¿Qué tal si nunca lo entendía? ¿Qué tal si por más sabio que se volviera, por más inteligente que fuera, no encontraba algo que le sirviera? Preguntarle al Maestro era la salida fácil, pero a su parecer, Leonardo ya había metido a la cabeza del grupo mucho en sus dudas personales, sobre todo ahora que lo nombro Grande. Andrea también era un misterio más. Esa joven tan hermosa, perteneciente a una legión ocultista de la que posiblemente casi nadie sabía nada, no debería estar ahí, aunque no parecía quejarse y el Maestro, más que su líder y "patrón" parecía un hermano para ella.

Bueno, él no podía decidir lo que estaba bien o lo que estaba mal, eso se lo enseñaron cuando era principiante. De no ser por la Orden de los Vampiros aun estaría solo y muriéndose de miedo en la Tierra de Aaa, que después de haber sufrido los cambios de la Gran Guerra de los Champiñones no había quedado tan mal, a excepción de que algunas zonas eran más raras que otras y los habitantes igual.

-Buenas tardes, mis hermanos y hermanas de la Orden de los Vampiros. Me alegra verlos a todos ustedes reunida de nuevo en su casa- Empezó a decir el Maestro bajando poco a poco por los escalones deslizando elegantemente su mano por las orilla de madera de estas- Pero, hermanos y hermanas, temo que los reuní a todos este día para informarles que, lamentablemente, un miembro de nuestra Orden se ha hecho cenizas. Si se preguntan quién es, estamos hablando de uno de los miembros más importantes, un asesino, el señor Alabaster Skull… Un Grande.

De repente toda la planta volvió a llenarse de murmullos y Leonardo volteo solo para ver las expresiones de sorpresa de cada uno de los vampiros. Pero todo el ruido fue silenciado cuando el portador de la máscara veneciana levanto ambos brazos de forma lateral y todos hicieron silencio, el Maestro les dio las gracias y un momento después siguió dando la información.

-Como ya sabrán, matar a uno de los nuestros es un delito que se paga también con la muerte. Ya me han informado de quien es el culpable, y para que les guste más resulto hacerse llamar así mismo Rey de los Vampiros… ¿Pueden creerlo? Un Rey Vampiro… que mata a otro vampiro. A mí no se me hace justo y es por eso que someteremos a ese supuesto rey a las pruebas de una semana, creo que ustedes ya las conocen. Con ellas hemos vengado a muchos otros miembros, pero al matar alguien como Alabaster, un Grande de nuestra Orden, creo que se han de tomar medidas fuertes. Les aseguro, hermanos, que esta escoria pagara por lo que nos hizo- El Maestro hizo una pausa viendo los rostros de todos y luego procedió- Marshall Lee. Ese es el nombre del homicida.

-¿Lo conoces, Leo?- Pregunto Andrea en un murmuro para no llamar mucho la atención de los otros.

-Yo lo vi matar a Alabaster. Le atravesó el corazón con una estaca de madera y tarde cinco meses en llegar aquí para informarle al Maestro.

-¿Alabaster tenía algo contra él o él con Alabaster?- Al escuchar esa pregunta la mente de Leo de repente recordó algo que olvido decir en su informe; ¡olvido decir que Skull quería quedarse con Nocheosfera para él solo!

-Oh, Glob. Andrea, creo que ya la regué- Murmuro él encendiendo la curiosidad de la joven.

-¿Por qué dices eso?

-Ahora que recuerdo Marshall Lee mato a Alabaster porque él iba a asesinarlo para quedarse con el trono de la Familia Real de Nocheosfera. Lee al final no tuvo de otra más que matarlo para que los dejara en paz.

-Pero esa no es excusa. El Maestro se toma una muerte muy en serio y no puedes hacerlo cambiar de opinión tan fácil. No le importara que lo haya traicionado, de una u otra forma Alabaster Skull era uno de los Grandes y el que el tal Marshall Lee lo haya matado significa que ya no hay vuelta atrás.

Leonardo se quedo callado. Tal vez la señorita Van Garrett tenía razón y el llamado Rey Vampiro merecía morir, pero él había visto todo lo que paso durante esos días. Muy claro oyó cuando Skull juro que Nocheosfera sería de él al haber matado, hace un milenio, al anterior Rey de los Vampiros, un tal Algul Abadder, que era el padre de Marshall Lee. Su hijo, que había sido convertido en humano por quien sabe qué razón, peleo con él hasta que supuestamente la Muerte había hecho de la suyas con él después de haber creído que habían matado al otro. No se explicaba cómo, a pesar de que Leonardo también estuvo seguro de que Lee había perecido, a final de cuentas este regreso vivo, convertido otra vez en un vampiro. Y luego de un rato de pelea, con la ayuda de una humana, el hijo de Abadder mato a Skull con una estaca de madera.

Por un lado se hacía creer así mismo que su boca cerrada sería lo mejor porque, y creía que era lo mejor, Andrea tenía razón; a como se lo pusiera al Maestro, este solo se iba a centrar en que Marshall Lee mato a su discípulo, y le parecía bien que se cobrara venganza de eso. Pero por otro lado la verdad sobre lo que vio en el señor Skull lo carcomía como una piraña, no solo por no decirle a su superior que estuvo a punto de quedarse con la Nocheosfera para él solo, también porque estaba condenando a una víctima del mismo asesino a morir por haber defendido su vida.

Ahora bien, el dilema era ¿se quedaba callado… o hablaba?

¡Qué difícil situación!

¡Hola, chicos, chicas y todos los que están detrás de esa pantalla luminosa que te lastima los ojos! No se hagan, yo se que leen con los ojos casi pegados a la pantalla. Ya me ha pasado, no están solos.

Uff, vaya, pero que semana tan loca tuve, nunca había dormido tanto en mi vida, ¿y saben que? Voy a aprovecharme un poco de ustedes y hare el siguiente capitulo en honor a quien adivine a que hora más o menos me levantaba. Ojo, esto solo pasa en vacaciones, así que no exageren. Como sea, pasándome a otra cosa espero que hayan disfrutado el capitulo. Más adelante sabrán uno que otro detalle de esta chica, Andrea Van Garrett y de Leonardo. Y como leyeron en el capitulo, el Maestro ya tiene todo listo para volver a hacerle la vida imposible al pobre de Marshall Lee ¿A que tendrá que enfrentarse el Rey de los Vampiros? ¿Qué le deparara el destino? ¿La Muerte se lo llevara… otra vez? Descubran esto y mucho más en lo que sigue de la historia. Ah, y solo para que no estén desesperados esperando cuando empieza el viaje, en el siguiente capitulo se dara la señal y nuestros héroes partirán ¿Cómo la ven?

¡Vayamos a los agradecimientos! Un millón de gracias y abrazos a –saca una hoja de su bolsillo- Guest, Fiioremarcy117 (A mi también me quedo igual la cabeza, estuve viendo estrellas y planetas buen rato), a Yoshii Lee, Blackoctubre, and many tanks to Falbreezy. ¡Los quiero mucho a todos! Nos vemos en el próximo capitulo ¡Difruten sus vacaciones, la playa, el sol y si no quieren, no vayan a la Iglesia! Adios.

Riux, Chaitooo.