Disclaimer: MLB pertenece a Thomas Astruc y su asombroso equipo.


El mejor regalo

Capítulo IV.

– Muy bien, Louis – Adrien se dirigió al bebé que tenía en brazos – Ahora que mami se fue, ¿te parece si volvemos a dormir?

Como respuesta, el pequeño se retorció irritado y comenzó a llorar.

– Tomaré eso como un no – Dijo meciéndolo suavemente – ¿Aún tienes hambre?

Pero el bebé sólo lloró más fuerte.

– ¡Por amor al camembert, hazlo callar! – dijo Plagg saliendo de su escondite en la valija de Adrien.

– ¿¡Qué quieres que haga!? – le respondió el rubio, alejando un poco a Louis, cuando de repente un penetrante aroma se filtró por su nariz – Creo que ya sé qué sucede.

Se acercó al bebé a la cara para poder olfatear mejor, alejándolo inmediatamente – ¡Cielos, Louis, creo que te estás descomponiendo! Plagg, necesito una mano para cambiarle el pañal.

– Ni sueñes – dijo desvergonzado el kwami, encaminándose de nuevo a su anterior guarida – Si me necesitas, estaré tomando una merecida siesta.

– Pero qué holgazán más impertinente – murmuró Adrien para sí mismo – Bien, tendré que hacer esto solo.

El muchacho se dirigió al cuarto del bebé, donde Marinette le había indicado que se encontraban los pañales, entre otras cosas, y recostó al infante en la mesa plegable, removiéndole la pijamita de una sola pieza.

Sin saber qué hacer enseguida, se sacó el smartphone del bolsillo y buscó instrucciones para cambiar un pañal.

Veinte minutos y cuatro pañales después lo consiguió, ahora el rubio se encontraba husmeando entre los cajones de una de las cómodas para conseguir ropa limpia, se demoró varios minutos admirando las diferentes piezas, conociendo a su amiga, lo más probable es que ella hubiera confeccionado más de uno de los modelos. Finalmente seleccionó un atuendo de su agrado y se lo colocó pacientemente a Louis, quien aparentemente prefería estar desnudo.

Con un Louis aseado y vestido en un mameluco de Chat Noir, se dirigió a la cocina para tomar un frasco de puré de manzana para bebé, tal y como dejó indicado Marinette, y aprovechó para prepararse un café.

Depositó al niño en su silla alta y abrió el frasco, captando al momento su atención, y la de Plagg, quien apareció nuevamente después de ver que la alerta de pañal sucio había terminado. Vació el contenido en un plato de bebé y leyó de reojo la lista de anotaciones de Marinette.

– De acuerdo, campeón, mami dijo que estás aprendiendo a comer tú solo – dijo colocando una cucharita de plástico al lado del plato.

Se giró para beber un sorbo de su taza, y no pasaron dos segundos antes de escuchar como un objeto se impactaba sobre el suelo. Mirando hacia abajo encontró el puré de manzana esparcido por todo el lugar y a un risueño Louis que se movía inquieto en su asiento.

El rubio volvió su vista hacia la lista y esta vez leyó detenidamente: "No le quites la vista de encima, le gusta tirar su comida".

Plagg se colocó en el hombro de Adrien, y se burló escandalosamente de su portador – Eres un desastre, chico – dijo dejando de reír y volando lejos del muchacho, quien se había tirado al piso a limpiar los restos de comida dispersa, y acomodándose en la cabeza de Louis, quien no se inmutó ni un poco ante la presencia del kwami.

– No es gracioso, Plagg – alegó el rubio – Y no deberías de dejar que Louis te viera.

– Es un bebé, no me recordará – razonó el kwami, volando alrededor de Louis, que intentaba atraparlo torpemente y sin mucho éxito.

– Entonces podrías ayudarme a limpiar esto.

– Sí podría, pero alguien tiene que vigilar a mini-Adrien – se excusó Plagg perezosamente.

– No lo llames así – dijo Adrien incorporándose y depositando los residuos en el contenedor de basura. Tomó otro frasco y una cuchara limpia y tomó asiento en la silla más cercana al comedero del niño.

– ¿Por qué no? Se parece mucho a ti, y es igual de irritante.

– Igual no creo que sea apropiado – comentó mientras alimentaba a un contento Louis, que hacía ruidos de emoción con cada bocado.

Una vez que el bebé terminó, Adrien limpió cuidadosamente su rostro embarrado y se lo echó al hombro para darle unas ligeras palmaditas. Lo dejó en esa posición y lo meció suavemente, hasta que cayó dormido.

Suspiró aliviado, pero siguió caminando y meciendo al bebé con la cabeza apoyada sobre su hombro. Se detuvo para observar las fotos colgadas en la pared y una que otra colocada sobre una mesa a la entrada del departamento. Cogió una donde aparecía Marinette abrazando a un Louis de un mes de nacido; pudo percibir amor en la mirada de la pelinegra, había algo que le recordaba a su propia madre.

Sintió una punzada en el corazón cuando recordó las palabras de la chica: "¿Quieres saber quién es su padre? Es Chat Noir". Adrien sacudió la cabeza para despejar esas ideas, claramente tendría que hablar con ella pronto, pero no era conveniente llegar a conclusiones apresuradas.

El estridente sonido de su teléfono lo sacó de sus pensamientos y lo atendió antes de que el ruido pudiera despertar al bebé. Era Marinette.

– ¿Hola? – contestó el rubio en un susurro.

– Hola, Adrien – escuchó al otro lado de la línea - ¿Cómo te va? ¿Louis te ha causado problemas?

– ¡NO! Digo, no, para nada…

– Sólo quería avisarte que es probable que en una hora termine con todo esto… y me preguntaba si… tal vez… te gustaría almorzar juntos, ya sabes, para agradecerte y eso.

– Me encantaría – contestó el rubio sorprendido por la invitación de su amiga.

– ¡Genial! ¿Te importaría si nos viéramos en el parque Montsouris? A Louis le gusta mucho, y conozco una cafetería excelente cerca de ahí.

– Por supuesto, allá te esperamos – dijo Adrien con una sonrisa, que Marinette pudo distinguir incluso a través del teléfono.

Aunque aún quedaba tiempo para encontrarse con la chica, decidió que un poco de aire fresco no les caería mal, tanto a Louis como a él. Así que cogió el porta-bebé que observó en el cuarto del niño, ajustándolo a las medidas de su cuerpo, que era mucho más ancho que el de Marinette. Después metió algunos pañales, un cambio de ropa, un frasco de alimento para bebé y otros objetos a una pañalera con estampado de catarinas. Enseguida se acomodó al bebé dormido en el pecho y a su kwami en el compartimento extra y salió del departamento.

Al inicio consideró pedir un taxi, pero el día era muy agradable y el parque donde se reuniría con Marinette no quedaba muy lejos, así que optó por tomar el metro y caminar el resto del recorrido.

En el metro una mujer comenzó a hacer caras ridículas para distraer a Louis, quien parecía muy entretenido y reía ocasionalmente. Al rubio le resultó imposible no sonreír ante esto.

– Tienes un hijo encantador – le comentó la mujer cuando se acercó a la puerta para esperar la siguiente parada.

– Él no… no es – balbuceó intentando corregir a la mujer, pero ésta ya había salido del transporte – mi hijo.

Pronto fue el turno de Adrien de bajar, y se dispuso a caminar el trayecto que quedaba. Cuando llegó al parque se sentó en una de las bancas vacías, con un árbol que le proporcionaba buena sombra. El calor lo impulsó a comprar un helado a un vendedor ambulante.

– ¿El helado está en la lista de cosas que puedes comer? – le preguntó al bebé, que aún colgaba de su pecho y arrimó la golosina a su rostro – No le diré nada a tu mamá si tú tampoco lo haces.

Louis se embarró la cara con el helado de fresa, y el rubio recordó con tristeza como su padre le había prohibido ese tipo de alimentos cuando era niño.

Una mujer de apariencia mayor se aproximó a él y tomó asiento a su lado, fijando su vista en el pequeño que ocasionalmente lamía torpemente el helado y en el rubio que inmediatamente limpiaba su cara.

– Tu bebé es muy adorable, jovencito – comentó la anciana dulcemente – Se parece mucho a ti.

– Yo… – Adrien se sonrojó, pero esta vez no intentó corregirla, después de todo no tenía sentido explicarle – Gracias.

Tal vez podría acostumbrarse a esto. Tenía que admitir que el bebé era indiscutiblemente adorable, y Marinette esa una de sus mejores amigas. Si todo funcionaba con su padre y decidía mudarse de regreso a París, podría convivir más tiempo con ellos, o se convertiría en Adrien el Niñero… no, el tío Adrien. Sí, el tío divertido y consentidor Adrien.


A/N: Hola! Perdí mi racha, pero muchas gracias a los que siguen leyendo y dejan un review o un fav o un follow. Les juro que hacen mi día. Sonrío como tonta cuando leo los reviews :3

Este capítulo no lo tenía contemplado, pero me pareció una buena idea de NellyDD, un poquito de Dadrien no le hace daño a nadie :3

Y sí! Yo sé que es bien sabido que los niños y los borrachos no mienten, pero Adrien es un hermoso rol de canela despistado, y yo creo que es adorable.

Por último, notarán que nunca he cuidado a un bebé, y eso se refleja en algunos errores que tengo, a pesar de las investigaciones que hago en internet. Por eso no duden en hacerme ver estos errores, o en hacer recomendaciones. Gracias a Alex108Sol por la oferta, quizá te haga alguna consulta x)

Ohhh por cierto, vieron el nuevo trailer de la segunda temporada? Yo casi me muero de la felicidad :D

Les mando mucho amor y muchos besitos :) de