- Summertime 4ª PARTE –

Transcurridos cinco minutos, los chicos continuaban siendo solo tres para el partido, mientras que la teniente de la 10ª consiguió convencer a Koetatsu, Hinamori, Nanao y la oficial Kiyone. Al equipo femenino tan solo le faltaba una integrante para constituir un auténtico grupo de volleyball y, según las normas del mismo, si hay incomparecencia del equipo rival, la victoria se le adjudica al que haya formado un equipo completo.

De modo que la avispada Matsumoto, se aproximó al chiringuito donde permanecía el resto del contingente shinigami. Allí pidió con amabilidad la ayuda de alguna de las presentes, a saber Unohana y Soi Fong. La médico no estaba hecha para las competiciones deportivas, pero la abejita accedió con una condición: que su teniente también jugara el partido. Ese término del trato les hacía un flaco favor a las chicas, pues los chicos ahora sumarían cuatro miembros y uno de ellos era una torre casi infranqueable y más ágil de lo que aparentaba. Este fichaje fortuito les dio ánimos a los tenientes para buscar más compañeros que se prestaran al juego:

- Shunsui Taichou, ¿no se anima? – guiñó pícaro Hisagi.

- ¡Ya juego yo en representación de la 8ª! – gritó Nanao desde la red, planchando de lleno la única posibilidad de diversión que tendría Kyoraku en lo que quedaba de día.

- Chicos, yo jugaría pero mis cuidadores me lo tienen totalmente prohibido – dijo lastimero Ukitake.

- Señor, ¿desea que juegue por usted? – se ofreció el comedido Sentarou.

- Si pudieras hacerme ese favor, me sentiría tan orgulloso…- entonó con exagerada pena para quitarse de encima a su oficial. Cuando el sirviente bajó del paseo y se encaminó hacia donde tendría lugar el desafío deportivo, repuso con su tono normal – Mayuri, ¿por qué no les echa una mano?

- ¿Y sudar haciendo el imbécil con el vulgo? Estará usted de broma, Capitán. Además, debo estar pendiente por si regresa la inútil de mi teniente con vida o si, por el contrario, me tocará ir a recogerla – largó sin miramientos el científico.

Desde luego, era mejor mantenerse al margen del sádico Kurotsuchi. A saber qué extraños experimentos podía hacer con ellos sobre la marcha del encuentro. Por otra parte, entre unas cosas y otras, los chicos ya contaban con cinco miembros con el añadido de que Sentarou manifestaba un profundo sentimiento de competición con su compañera de división, Kiyone.

Llegado el momento, y ante la desesperación de que las tenientes estaban a punto de hacerse con la victoria sin siquiera disputarla por una estúpida norma del juego, Renji se vio tentado de ofrecerle el puesto a Komamura Taichou, otro gran hombre que supondría una muralla difícil de traspasar por algún balón. Pero cuando la boca del pelirrojo estaba a punto de enunciar las palabras claves, un tirón del bañador lo trajo a la realidad:

- Ya tenemos equipo – comunicó Hisagi.

- ¿Cómo? ¿Quién?

- Míralo por ti mismo – le aconsejó su amigo, pues si le decía él los otros integrantes se llevaría un par de gritos por parte del pelirrojo.

Acatando la recomendación de Shuuhei, Abarai dirigió sus castaños ojos hacia el lugar del encuentro. Lo que vio allí no le gustó en absoluto ya que las nuevas figuras, pues antes no estaban en el campo, se correspondían claramente con Hitsugaya y su propio Capitán.

- No, ni hablar – se negó rápidamente el pelirrojo.

- Pero si nos sobran jugadores... – añadió Kira.

- ¿Acaso cuentas como jugador al Capitán Hitsugaya? – preguntó mordaz Hisagi mientras se encaminaba a la red.

- ¿Te imaginas que, en el servicio que le toque sacar al capitán, tiene justo delante a Oomaeda? ¡No llegaría a la red ni en toda la eternidad! – rió Izuru.

- Kira, ¿cómo te atreves a burlarte de un capitán? – inquirió serio el chico del tatuaje en la mejilla.

- Tú también lo has hecho.

- Sí, pero no ha sonado igual.

- ¿Queréis callaros de una vez? Estoy intentando pensar en una excusa para echar a Byakuya – soltó Renji.

En el corto trayecto que hay entre el chiringuito y el arenoso campo de juego, el pelirrojo apremiaba su cabeza con repetidos golpes secos en la frente, por si la acción violenta amenazase a las neuronas y las obligase a trabajar duro creando el pretexto que buscaba; mientras los otros continuaban discutiendo sobre la falta de discreción que había demostrado el modosito rubio.

No obstante, ni los golpes ni la inspiración divina de última hora fueron suficientes para encontrar una evasiva coherente que dejara fuera de juego a su superior. De modo que, justamente cuando llegaron al lugar, Renji espiró con derrotismo concienciándose ahora para jugar junto a su señor y no sentir grima por su desquiciante perfección.

- ¡Un momento! – levantó la voz Koetatsu – Os sobra un jugador.

- No, no sobra. ¡Mi capitán hará de recogepelotas! – gritó ilusionada Rangiku al tiempo que se lanzaba en un abrazo a su menudo taichou.

De repente se hizo el silencio en el área mientras se miraban unos a otros con ojos entornados. Buscaban un alma caritativa que pudiera explicarle a la alocada mujer dónde estaba la pega de su sugerencia. No hizo falta más, pues el malhumorado capitán, atorado nuevamente entre los enormes pechos de su teniente, tomó la palabra:

- Matsumoto,…

- ¿Sí? – parpadeó inocentemente.

- Esto no es tenis.

- ¿Y?

- Que el volleyball no necesita recogepelotas.

- Ah…- dijo pausada – Entonces sí que tenéis un problema.

- Por eso lo mencionó la teniente Koetatsu – concretó lentamente Hitsugaya, no fuera que la mujer se perdiera si hablaba a mucha velocidad.

- Y necesitamos un árbitro – indicó el ducho Byakuya.

- ¡Hitsugaya Taichou! – gritó otra vez Rangiku.

- No me parece justo – espetó la inquisitiva Soi Fong – Está demasiado… implicado. – escudriñó la menuda figura del capitán hasta que dio con la palabra que buscaba haciendo una clara alusión a la especial relación que mantiene éste con su pizpireta teniente, lo que sería un inconveniente en el arbitraje por su falta de imparcialidad.

- Puedo serlo yo.

El Capitán Ukitake se aproximó a la discusión que tenían los shinigamis, ofreciendo su buen hacer y amabilidad, al tiempo que se trasladaban los capitanes restantes junto a él. Pero, en menos de un parpadeo, Kiyone y Sentarou se abalanzaron sobre éste que, realmente, parecía mucho más saludable de lo que suele estar en la división. Solo consiguió deshacerse de los agasajos de sus oficiales cuando accedió a que uno le trajera una de la sombrillas del bar, y el otro lo acomodase en un asiento acolchado, adjuntando a todo ello una mesa auxiliar con suficientes líquidos y refrescos para hacerle más pasable el calor que todavía hacía en la arena.

Ante la perpleja mirada de ambos equipos por la maniobra de previsión que tan eficazmente estaban realizando los oficiales, pensaron fríamente que Jyuushirou podría ser un buen árbitro ya que tenía un representante en cada equipo y, a sabiendas de lo que sienten aquellos dos, podría puntuar con neutralidad. El beneficio colectivo de cada equipo se transformaría en puntos positivos en la carrera individual de cada uno por la tenencia de la 13ª, asunto que escamaba especialmente al enfermo. De manera que, tendría que dejar a un lado los prejuicios que tenía por la pareja de shinigamis que tanto se esforzaba en sus cuidados y juzgar irremediablemente con toda la objetividad que tuviera en su mano.

- Pero, señor, ¿conoce las normas que rigen este deporte? – cuestionó Nanao.

- ¡Y si no, me las invento! – rió Ukitake enmascarando con la broma lo que decía totalmente en serio, solo que nadie cayó en el significado real de sus palabras.

Así que, una vez decidido el árbitro y que Hitsugaya, que en verdad acudió para mantener una seria vigilancia sobre su teniente, cediera con caballerosidad su puesto al aristócrata, para desgracia del pelirrojo que aún mantenía una luz de esperanza por jugar lejos de su capitán, Ukitake dio comienzo el partido con un enérgico movimiento de brazo al carecer de silbato.

Por caballerosidad, el primer balón fue para el equipo de las chicas. Con Koetatsu en la esquina de saque, se puso el balón en juego, que cogió mucha altura pero poca longitud. Apenas franqueó la red Kira la rozó con los dedos deteniendo el débil avance para que su siniestra, el pelirrojo que refunfuñaba por tener a su capitán en la misma línea de ataque, la captara y la enviara con decisión hacia el suelo del rival.

Sin embargo, la abejita, que se encontraba en la delantera, supo recuperar el esférico y Momo la asistió para que Kiyone, desde la retaguardia, le propinara un revés que atravesó el campo sobrepasando los límites, irrumpiendo en la terraza del bar más cercano. La pelota rebotó en la barra ante los indecisos Iba e Ikkaku que, a pesar del alboroto que aquello causó, se mantenían inalterables, ajenos a todo lo que no implicara al asunto que tenían en mente.

- Oye, ¿tú has visto algo? – preguntó Iba sin apartar la vista de una botella de Whisky de 12 años.

- Nop…- contestó despreocupado el 11 – Oiga, ¿y de cócteles o copas, tienen algo?

- Claro. Caipirinhas, mojitos, daikiris, Bloody Mary, Sunsets, San Francisco…- enumeró el camarero que llevaba acompañándolos con paciencia todo el día al tiempo que desviaba la mirada hacia uno de sus compañeros que estaba recogiendo el estropicio producido por el balón.

- ¿Veis? ¡La idea del recogepelotas no era tan mala! – se escuchó a voz en grito a Matsumoto desde la arena reprochando a los demás.

- Voy a por el balón…- se ofreció Hisagi.

- ¡Ni de coña! – lo agarró con presteza del brazo Abarai recordando lo sucedido en la mañana.

En un extraño alarde de deportividad o seguramente porque, tras la rotación de puestos reglamentaria, era su turno de saque, Byakuya se dirigió a recuperar el balón.

Después de moverse una posición a su derecha, como dictan las normas, Kuchiki lanzó con elegancia la pelota: saltó con la diestra ligeramente atrasada para coger impulso y la envió al fondo del campo enemigo. Aquel fue un punto indiscutible para los chicos ya que las féminas apenas fueron conscientes de una leve brisa que movió sus gráciles cabellos al paso de la bola.

Tras una gran celebración por parte de los chicos, en contraposición con la casi imperceptible del capitán, agarró nuevamente el esférico con decisión y repitió la jugada hasta seis veces sin que hubiera respuesta por parte de las mujeres. Renji observó a su capitán que llevaba una racha pletórica de saques. "¿Cómo no?", pensó, pues la perfección de Kuchiki llegaba a ser exasperante. Cinco tantos más y el primer set sería suyo, motivo de sobra para felicitarse chocándose las manos, vitoreándose aunque el auténtico mérito perteneciera única y exclusivamente al Capitán. Se estaban cumpliendo las palabras que pronunciase el pelirrojo cual gallito de pelea acerca de que estaría chupado llevarse el partido.

Nuevamente, Byakuya se dispuso a sacar con el estilo impecable que estaba conduciendo a su equipo hacia la victoria por una autovía de cuatro carriles sin tráfico. No obstante, esta vez se encontró con una digna réplica por parte de las chicas. La que enviara el balón al bar, se adelantó un paso ocupando el centro de su campo ligeramente agachada y, con la mano derecha apoyada sobre la izquierda con suavidad, frenó el asesino pase que llevaba igual destino que los anteriores.

Con la jugada más manejable, el balón pasó a la delantera femenina. Nanao la levantó un poco más cediéndole el pase a su vecina Hinamori que la arrojó hacia el centro del otro campo. Allí se tropezó con el perezoso Oomaeda, cuyo tamaño le permitía golpearla fuertemente sin moverse mucho del sitio, pero fue devuelta rápidamente por su propia capitana. Hisagi sostuvo ahora el balón para que el tímido Kira le diera el golpe definitivo: un mate bastante bajo que, a pesar de la versatilidad de Soi que se tiró al suelo en pos de salvar el punto, cayó de bruces sin solución.

Suma y sigue para el frente de la testosterona, que ya sumaban 8 puntos en su haber frente al cero estrogenado. El capitán se preparó para sacar solo que, en esta ocasión y ante la sorpresa de los chicos, la abeja se alzó veloz y mandó el balón contra su suelo sin que éstos pudieran reaccionar. La soberbia morena empezaba a cansarse de la hegemonía que brindaba el noble en cada lanzamiento, así que, una vez le pilló el tranquillo, le puso fin a la racha.

Además de adjudicarse el primer punto a las chicas, procedían a efectuar la rotación de rigor. De modo que le tocaba sacar a Fong. Su menudo tamaño no debería ser algo a subestimar pero, aún así, los chicos en su ingenuidad cayeron en el truco. La dirigente lanzó con todas sus fuerzas y todos se quedaron pasmados a excepción de un entregado Sentarou que se tiró a la arena y, con los antebrazos, retuvo el balón. Kira se giró sobre su espalda a la espera de la pelota y la devolvió a terreno enemigo. Rangiku al fin se estrenó en el partido al tocar el balón torpemente con la palma de la mano abierta, de modo que lo posó sobre la red y fue rodando hasta la esquina contraria donde estaba Shuuhei mirando atentamente en la dirección de la que partió el pase:

- ¡Hisagi! ¡Toda tuya! – gritó Abarai en el centro de la delantera, junto a su amigo.

El patoso balón bajó con tranquilidad a los pies del teniente de la 9, convirtiéndose en un punto más para las chicas. Mientras ellas celebraban con algarabía el tanto marcado con tanta torpeza, pero válido igualmente, los chicos abucheaban a su camarada que no reaccionaba.

- ¿Qué ha pasado? – se preocupó Kira en el extremo de la delantera.

- ¿Es que no has visto la pelota o qué? – increpó enfadado Renji.

- Sí…perdonad – se responsabilizó de semejante metedura de pata.

Soi Fong continuaba lanzando con maestría, saques alargados que solo la atalaya Marechiyo lograba neutralizar alzando los brazos para que el resto de su equipo mantuviera vivo el juego. Renji se apoyó en el rubio del tupé para mandarla de vuelta al campo femenino. Allí, Koetatsu avanzó sobre su posición, se la pasó a Ise, que aguardaba atenta justo delante, y ésta se la entregó a su diestra Hinamori que le arreó hasta cruzar la malla.

En esa situación, se repetía la circunstancia de que Shuuhei tenía la pelota a huevo para rematar y asegurar otro tanto a su favor; pero éste permanecía pasmado, mirando hacia un punto incierto. Viendo venir el chasco, Abarai se arrimó al moreno, hasta casi suplantarlo en su puesto, y golpeó con certeza al balón que impactó contra la arena enemiga.

- ¡Por qué poco! – suspiró aliviado Kira mientras rotaba y se dirigía hacia la esquina de saque.

- ¿Pero, qué coño te pasa? – vociferó Renji al embobado de turno.

- ¿A mí? ¡Nada! – resolvió Hisagi.

Turno de lanzamiento para Izuru que colocó la pelota en el suelo. Ante la expectación de ambos equipos, el rubio comenzó a estirarse más que la goma de mascar: primero levantó una pierna hacia los glúteos agarrándose del tobillo respectivo, después la homóloga; a continuación, alzó los brazos y los dobló hacia la espalda, tras eso se agarró de un codo y estiró el brazo hacia el lado contrario y después, cómo es de suponer, era la vez del homólogo; giraba la cabeza dibujando círculos, dobló el cuello hacia un lado y luego el otro…

- Teniente…- comenzó a hablar el capitán con condescendencia.

- K-kira-san…- se pronunció entonces el shinigami de menor rango en el equipo: el Oficial Sentarou.

- ¡¿Quieres tirar de una puñetera vez? – cortó por lo sano Renji, aprovechando los lazos de colegueo que se procesaban.

- ¡Ya va! ¡Menudas prisas! – se excusó Izuru.

El susodicho tomó entre sus manos el balón de reglamento, lo lanzó al aire y brincó con fuerza hasta que hizo chocar su cabeza contra el cuero blanco. Atravesó su campo y parte del rival hasta plantarse en la línea límite de uno de los laterales: maniobra controvertida por dos motivos.

- ¡Fuera! ¡Eso ha sido fuera! – se apresuró a decir Kiyone que franqueaba la esquina cuyo borde rozó el esférico.

- ¡De eso nada! ¡Ha entrado! – increpó Sentarou.

- Creo que necesita revisarse la vista, Oficial. Ha salido del campo – dijo con sosiego Koetatsu, como si la parsimonia de su capitana fuera contagiosa.

- ¿Y qué maneras son ésas de sacar? ¿Dónde se ha visto eso? – arremetió entonces Rangiku.

- No hay ninguna norma que diga cómo se tiene que sacar – salió Renji en defensa de su camarada.

- ¿Cómo que no? – preguntó escéptica Momo.

- Veamos lo que dice el árbitro…- intervino Kuchiki con la diplomacia que lo caracteriza.

- Pues el árbitro dice…- Jyuushirou se quedó pensativo; ciertamente no tenía ni pajolera idea sobre el juego pero, como predijo, se lo fue inventando sobre la marcha - …que… mientras el balón acabé dentro del campo contrario, el lanzamiento es válido. Y…como ha caído justamente en la línea de fuera… Punto para los chicos.

Sin embargo, la forma tan poco ortodoxa de tirar no funcionó mucho más porque, al siguiente saque, Soi consiguió detenerlo y enviar el balón de un sopapo al otro campo. Renji saltó sobre su posición y le brindó un suave pase a su compañero Hisagi. Pero el teniente de la 9 no hizo ademán de moverse, ni parpadeó siquiera. Se mantuvo totalmente quieto, sin apartar los ojos de un punto ubicado en terreno enemigo. Por lo que aquella maniobra se transformó en un tanto femenino que, poco a poco, iba aproximándose al marcador de los chicos.

- Abarai, ocúpate de los animales…- ordenó muy serio Byakuya, que parecía no encajar muy bien los fracasos.

- ¿Se puede saber qué balón estás siguiendo tú? – se exasperó el pelirrojo.

No obstante, el moreno no podía contestar a tan sencilla pregunta. Entonces, Renji agitó la mano por delante de sus ojos para ver si provocaba algún tipo de respuesta, pero no articuló ni los párpados. Aproximó su cara a la de su amigo y siguió la misma dirección que éste hasta que dio con el problema: Matsumoto saltando como una posesa mientras celebraba el punto obtenido. Los ojos del pervertido Shuuhei seguían la trayectoria del voluptuoso busto de la rubia en su sensual ascenso y descenso por los botecitos. El pelirrojo procuró armarse de paciencia pero con gente como el chico 69 no se puede razonar en esas condiciones. Le propinó una colleja que lo despertó de golpe y lo trajo de vuelta de donde quiera que estuviera.

- ¿Qué leches te pica ahora? – inquirió Hisagi rascándose la nuca enrojecida.

- ¡Céntrate un poco!

- Si ya estaba centrado…- replicó con lástima.