3: BUSCANDO AYUDA
- Dean.
- ¿Hmmm?
- Vamos, Dean. Despierta.
Dean abrió un poco los ojos, todavía atontado por el sueño; los abrió del todo cuando vio que el rosto que lo miraba de cerca era el de Lisa.
- ¿Qué ocurre? - preguntó él incorporándose hasta quedar sentado en la cama. - ¿Alguna criatura? ¿Algún monstruo, algún demonio, algún...?
Lisa puso los ojos en blanco y sonrió.
- Nada de eso - su sonrisa se acentuó más cuando vio que Dean se relajaba al oír su respuesta - Son las ocho menos veinte. El desayuno está listo.
Dean se estremeció cuando notó la caricia de ella sobre su cabeza. Su tacto era delicado y cálido, pero no había duda. Dean suspiró y giró la cabeza hacia su izquierda, donde estaba la cama de Ben.
Después de que todos comprobasen que Dean conciliaba más fácilmente el sueño en la habitación del muchacho, y dado que a este no le importaba en absoluto su presencia allí, Lisa y Matt decidieron trasladar el colchón de la cama de invitados a la habitación de Ben. Apenas tuvieron que mover un poco los muebles hacia el lado de la ventana, pues la habitación del muchacho era amplia y espaciosa, y una vez estuvo todo dispuesto, la cama de ben y la que ahora ocupaba Dean estuvieron juntas la una de la otra. Dean no se dormía hasta que lo hacía ben, no importa la hora que fuera. Y el tenerle allí, con él, hacía que no le doliese tanto la ausencia de su hermano.
Porque, si una cosa había sacado en claro, es que no tenía nada que hacer. Había intentado hablar con demonios de la encrucijada, pero, tras el destino de la primera, pocos fueron los que acudieron a su llamada; todos corrieron su misma suerte. También había mirado el viejo cuaderno de su padre, pero no encontró más que viejos recuerdos y puñales afilados:
"Dean aun no dice mucho, trato de hacer que hable, o al menos que juegue conmigo un poco de béisbol. Cualquier cosa para hacerlo sentir un niño normal de nuevo. Él nunca se aparta de mi lado, o de su hermano, cada mañana cuando me despierto, Dean está dentro de la cuna, con sus brazos rodeando a Sam, como si lo estuviera protegiendo de lo que está ahí afuera"
"Supongo que también te he fallado a ti, papa", pensaba.
También había intentado llamar a Castiel, pero en el último momento cambió de opinión. Con el desastres que se había debido formar allí arriba después de los últimos acontecimientos, Cas tenía bastante con eso. No hacía faltar involucrarle en aquello también.
No. Dean había tenido que resignarse y tragarse todo para intentar digerirlo y eliminarlo, como el cuerpo humano digiere la comida y expulsa los residuos. Dean todavía tenía que librarse de sus propios residuos. Y dormir con ben, ver respirar acompasadamente, tranquilo, en paz, le ayudaba un poco más en ese camino.
"Al menos hay una promesa que sí podré mantener".
Sin hacer mucho ruido para no despertar a Ben, Dean se levantó, se calzó y bajó a desayunar. En la cocina estaban ya Matt, vestido con sus típicos trajes y corbata para ir a trabajar, y Lisa, moviéndose de los fogones a la mesa para servir el desayuno en los platos. Aquel día tocaban tortitas.
- Buenos días - saludó Dean al entrar, mientras se dirigía a su asiento habitual en la mesa, justo delante de Matt.
- Buenos días, Dean - respondió este - ¿Qué tal has dormido hoy?
- Mejor, gracias.
La noche anterior, Ben lo había despertado tras haber sufrido la misma pesadilla de siempre. Despertó empapado en sudor frío, con el pulso acelerado y la garganta algo lastimada por haber estado gritando. Después de aquello, apenas había logrado conciliar el sueño otras dos horas más y había amanecido con unas pintas horribles.
Aquella noche, que él recordase, no había tenido pesadillas, aunque igualmente le había costado dormirse. Pero le ahorró ese detalle a Matt.
En ese momento, Lisa se colocó entre ellos y les sirvió zumo de narana y café recién hecho. Se sentó en el asiento que quedaba entre medias de los dos hombres y dio comienzo el desayuno. Lisa trató de empezar una conversación basada en el tiempo del día y otras banalidades, pero Dean no estaba de humor. Dijo un par de frases como "Oh, sí" y "Ya lo dijo el hombre del tiempo" y con eso se tuvieron que dar por satisfechos; no dejaba de resultarle un escenario de lo más raro y al que no estaba acostumbrado.
Cuando vio que Matt había terminado el desayuno, apresuró su café y subió al piso superior a por su ropa. Torció una sonrisa al ver que Ben no se había despertado y cerró la puerta sin hacer ruido.
Tras una ducha refrescante y un afeitado rápido, Matt y Dean salían por la puerta mientras Lisa les despedía con la mano. Al llegar al coche, Matt abrió la puerta de Dean y esperó a que subiera.
- Tranquilo. Te irá bien.
Matt sonrió y Dean le devolvió la sonrisa, aunque era una sonrisa falsa, desganada. Pero no le quedaba más que apoquinar con aquello. Estaba en casa de Lisa y Lisa lo había querido así. Y Matt era médico y se había mostrado de acuerdo. Incluso Ben.
Todo ocurrió unas semanas antes, cuando dean se había escapado de repente en plena noche. Lisa, Ben y Matt se quedaron preocupados y pendientes de cualquier signo que delatase su llegada durante horas, pero finalmente Dean apareció por su propio pie varias horas después. Todos habían pensado que se trataba de un simple paseo nocturno para despejar sus ideas hasta que, mientras hacía la colada, vio manchas de sangre en el forro interno de la cazadora de Dean.
Aprovechando una mañana que Ben estaba en clase y Matt en el trabajo, Lisa había interrogado a Dean... y este no había tenido más remedio que contárselo. Por supuesto, no le contó que aquello no habría sido la primera vez que vendía su alma a cambio de la vida de su hermano; eso era cosa del pasado, un pasado donde Sam le había sido devuelto.
Sin mencionar todo el asunto demoníaco, Lisa había engatusado a Matt para pedir ayuda profesional a Dean con algún colega suyo del hospital. Y, finalmente, Dean había sido citado a una consulta con el psicólogo a las nueve, a la misma hora en que Matt entraba a trabajar en el hospital. No tenía escapatoria.
- ¿Dean? - preguntó Matt - ¿Dean, me oyes?
Dean sacudió la cabeza y clavó sus ojos en Matt. No tenía ni idea de lo que había dicho, pero decidió asintir con la cabeza.
- Alto y claro, capitán.
- No, no lo hacías.
Dean guardó silencio unos instantes.
- No, no lo hacía - admitió - Estaba pensando en... - calló. No podía decir su nombre. No podía. Era incapaz.
Matt lo comprendió y le dedicó una mirada llena de empatía, pero no hizo comentarios al respecto.
- Decía que Hills es muy profesional. Su consulta siempre está llena y no he oído a un solo paciente quejarse del trato que les da. Tienes suerte de que te haya hecho un hueco en su agenda.
- Tengo suerte - repitió Dean, desganado, como si fuese un robot.
Después de aquello, Matt no volvió a hacer comentarios y Dean tampoco dijo nada. Estaba demasiado ocupado contemplando el horizonte y pensando en sus cosas.
Diez minutos más tarde, Matt paró el motor tras aparcar en su plaza reservada del aparcamiento del hospital. Sacó la llave del contacto, salió por su puerta y rodeó el coche hasta llegar a la puerta de Dean. La dejó abierta hasta que este salió y cerró el coche con la llave, no sin antes abrir el maletero para sacar su maletín.
Los dos hombres hicieron el camino por los pasillos en silencio, aunque Dean puso especial atención en seguir a Matt y no despistarse con nada para no acabar perdiéndose.
Recorrieron pasillos, subieron escaleras y de nuevo más pasillos tras girar a la derecha una vez y a la izquerda dos hasta que se detuvieron frente a una puerta de madera oscura con una placa colgando en ella.
043 - Hills.
- Es aquí - dijo Matt, girándose hacia Dean - Mi turno termina a las 18, pero llámame al móvil cuando salgas y me cojo media hora de descanso para recogerte y pasar por casa.
- No tienes que molestarte, Matt, no...
- No, no tengo, pero quiero hacerlo - sonrió al ver que había dejado a Dean sin argumentos en contra. Le puso una mano en el hombro y añadió - Buena suerte.
Dean se quedó solo frente a la puerta y un minuto después suspiró y llamó dos veces a la puerta antes de entrar.
"Al Diablo con todo".
- Doctor Hills, soy Dean Wester.
¡Qué estúpido se sentía al hablarle a la parte trasera de una silla de despacho! La puerta de la consulta se encontraba en el lado en el que se encontraba el escritorio, y por tanto no podía ver la cara de su médico hasta que este no se girase.
El doctor Hills se sobresaltó al oír su nombre.
- ¡Señor Wester!
Dean se sobresaltó, a su vez, cuando vio que la voz era de mujer. No era "doctor" Hills, sino "doctora" Hills.
"Es como si estuviese otra vez en Doctor Sexy MD...".
Sintió una punzada de dolor al recordar aquello, al recordar a Gabriel y, sobre todo, a su hermano.
- Pase, no tenga miedo. No muerdo. Siéntese, póngase cómodo. Sin prisa.
Dean cerró la puerta a sus espaldas y ocupó uno de los sillones que había delante del escritorio. resultaba más cómodo de lo que parecía a simple ó su cabeza para mirar cara a cara a la doctora, y dio un respingo.
¡Ruby!
Sacudió la cabeza, parpadeó y volvió a mirar. No, no era Ruby. Simpemente se la daba un aire: mismo color de pelo, más o menos la misma estatura, labios carnosos,... Los ojos, sin embargo, tenían cierta diferencia: mientras que los de Ruby habían sido oscuros y fríos, los de la doctora Hills era de color chocolate, más claros, y desprendían calidez.
Y además, Ruby había sido un demonio.
La doctora miró a Dean con curiosidad, pero no hizo ningún comentario sobre la repentina crisis de su paciente.
- Bueno, señor Wester,...
- Llámeme Dean - interrumpió él.
- De acuerdo, Dean. Cuénteme. ¿Qué le trae por aquí?
Dean la dirigió una mirada evaluadora.
- Déjese de teatro, doctora. Matt ya se lo habrá contado.
- Dijo que necesitaba ayuda. Y no puedo ayudar si no responde a mis preguntas.- dijo la doctora mordaz, con una sonrisa menos cordial que al principio.
Dean suspiró. ¿En serio tenía que hablar con ella? ¿De verdad tenía que volver a revivirlo todo? ¿Es que acaso no tenía ya bastante?
- No se ofenda, pero ahora mismo no me apetece.
La doctora echó la espalda hacia atrás, reclinándose cómodamente en su silla.
- No te preocupes, tengo todo el tiempo del mundo.
