Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos o puede que alguno me lo invente.
N/A: ¡Hola! Buen domingo, que asco, ¿Verdad? Solo el pensar que mañana es lunes y hay que volver a empezar con la rutina… ¡aggh! Bueno, aquí les dejo el siguiente capítulo, espero que os guste y muchísimas gracias por sus reviews pasados que aunque no los conteste, siempre los leo.
Título: A pesar de todo, eres mi papá.
Capítulo tres: El amar.
Edward POV.
No podía creerlo. ¿Mi niña embarazada? Que no, que no. Que a lo mejor solo era una broma…
Por dio Edward – me dije a mi mismo – no quieras ser tan ingenuo.
¡Joder! Si estaba embarazada y dentro de seis meses iba a ser abuelo…
Quizás el mundo estuviera más contaminado de lo que los humanos saben y uno de esos rayos radioactivos afectan duramente a los vampiros y los efectos secundarios son dormir, sí, es eso, por eso yo ahora estoy durmiendo y tengo una pesadilla en la que mi hija está embarazada, el padre del bebé es un perro y dentro de seis meses seré abuelo.
-¡Edward por dios! – Gritó Bella a mi lado - ¡Deja de atormentarte!
Giré la cabeza para mirarla. Estaba de pie al lado de la cama en la que yo me encontraba tumbado con solo unos bóxers esperándola. Deslizó sus pequeñas manos por sus hombros y después las pasó a su espalda desabrochándose el vestido que calló jodidamente despacio por su cuerpo, solo para atormentarme.
Luego se sentó en la cama dándome la espalda y se desabrochó las hebillas de los zapatos despacio en unos movimientos lentos y endemoniadamente eróticos, ella sabía que yo la estaba mirando y quería atormentarme un poquito.
Luego recorrió con ambas manos el camino desde los tobillos hasta las tiras del sujetador y fue quitándolos uno a uno.
Recorrió su estómago trazando pequeños círculos en él y posó las manos en la gomilla de sus bragas. Aún de espaldas giró la cabeza y me miró.
-¿No vas a decir nada? – preguntó moviendo demasiado sexy esos labios finos y sensuales.
-¿Qué puedo decir? – dije alzando las cejas.
Suspiró y llegó a mi lado tan rápido que no la vi venir. Posó su cabeza en mi peño y agarró una de mis manos que tenía libre.
-Edward, es Renesmee de quien estamos hablando no de ninguna otra persona de la calle, sé que cuesta, ha crecido muy rápido y…
-No Bella – dije apartándole de mi pecho para que me mirara a la cara – eso es… ¡Agh! No sé cómo decirlo, ese chucho se ha aprovechado de nuestra confianza, y ni siquiera se han casado…
Bella se removió a mi lado y se puso de pie agarrando de la silla su bata de seda.
-Así que es eso – dijo sin más.
-¿El qué? – me quedé como bobo, no entendía.
-Que te pusiste así solo porque Renesmee se quedó embarazada y aún no se han casado – no preguntó, afirmó.
Me desconcertó tanta palabrería.
-Bella no es eso es que… no sé, es difícil – no podía explicar que sentía.
-Edward – se giró hacia mí y me miró con una expresión dura, daba miedo – ella ya no es una niña, mentalízate, y ya no estamos en tu época, ni en la mía, que no hace mucho pero que lo hicimos a tu manera – me miró y suspiró – es su vida y no podemos decirle como vivirla.
-Es mi hija – dije secamente.
-Sí, es tu hija y también la mía – podía notar cierto enojo en ella – y no por eso vamos a mangonearla, porque ella debe ser feliz a su manera, no a la nuestra, Edward, ¿No los entiendes?
-A ver, no soy un niño, lo entiendo, pero sois vosotras dos las que no me entendéis – dije alzando la voz, me empezaba a desesperar.
-¿Cómo que no te entendemos? ¡Claro que lo hacemos! Pero no estamos de acuerdo con tu forma de entender las cosas porque estamos en pleno siglo veinte uno Edward, son demasiado jóvenes y ya no se casan solo por estar esperando un hijo, esos es algo muy importante que…
No la dejé terminar.
-¿Y traer un niño al mundo no es importante, Bella? – estaba de pie a su lado, ambos muy alterados.
-¡Claro que es importante Edward! Solo que las cosas ya no se hacen como antes, ¡Entiende tu eso!
-¿Sabes lo que pasa Bella? – Pregunté – que en esta familia, solo por el hecho de que ha sido el único bebé se le ha mimado demasiado y le hemos consentido mucho y está acostumbrada a hacer lo que quiere.
-¡Por dios Edward! – Me gritó - ¿Cómo puedes decir eso? Ahora mismo estás pensando como en tu época los hacíais vosotros los cerraditos de mente, ¡Y eso no es así! Así que vete haciéndote a la idea de que vas a ser abuelo.
-¿Y si no quiero? – pregunté.
Se giró con un solo movimiento de talones y me miró duramente.
-Si no quieres aceptarlo, es tú problema.
Caminó lento hasta el armario. Sacó unos vaqueros, una camiseta blanca de manga larga y se puso unas bailarinas, cogió su bolso y se dispuso a salir por la puerta.
-¿A dónde vas? – pregunté preocupado, la conversación no había sido tan fuerte como para que se marchara de casa, ¿O sí?
-A dar una vuelta, necesito que me de aire.
Y sin más abrió la puerta del cuarto y salió.
Cuando cruzó la puerta de entrada lo sentí, se había ido. ¿Qué iba a hacer ahora? Estaba solo, como al principio de mi vida. ¿Por qué tenía que ser tan cerrado de mente como bien Bella había dicho antes? ¡Dios! Es que solo el pensar que… ¡Agg! Renesmee había crecido mucho últimamente, tanto físicamente como mentalmente, ya no era una niña y tenía que hacerme a la idea aunque no quisiera, yo solo quería su felicidad pero es que…
Suspiré.
Era tan difícil asimilarlo, yo no quería que ella se alejara de mi lado. No éramos una familia normal, en la que todo es monótono. Se conocen, tienen hijos, los hijos crecen, se enamoran, tienen hijos, se convierten en abuelos, los nietos crecen…
No era así, porque nosotros no llegaríamos a tener niños nunca. Renesmee fue… dios, Renesmee fue un milagro, algo que nunca nos hubiésemos parado a pensar que podría ser. La propia Rosalie lo sabe ella que tanto anhela hijos tener.
Volví a suspirar.
Era mi milagro y el pensar que podría irse de mi lado… no podía ni pensarlo porque solo el hecho ya dolía. No tendré corazón, porque este hace mucho dejó de bombear y saltar como un caballo desquiciado, pero sabía lo que era sentir, y el sentir perder a alguien que estuvo en muchas etapas de tu vida es angustioso, porque siempre querrás tenerla a tu lado, lo mismo pasa con Bella, aunque sé que ella no puede irse, porque me ha demostrado una y otra vez que siempre estará a mi lado.
Suspiré por última vez y me levanté de la cama con un ágil salto.
Me puse lo primero que pillé en el armario y bajé a la planta baja a por las llaves del coche y la cartera, en este mundo sin dinero, no eras nadie.
Llegué hasta donde estaba el volvo estacionado y entré cerrando con un suave chasquido, metí las llaves en la caja de contactos y arranqué.
Pero, ¿A dónde iba? Bella no había dicho nada de a donde había ido y yo lo único que quería ahora era arreglar las cosas con ella, me sentía como un adolescente enamorado que se pelea con su chica y tiene que ir y pedirle disculpas porque asume y sabe que toda la culpa fue suya.
Después de diez minutos de conducir sin sentido mi móvil sonó en el bolsillo.
Lo saqué con cuidado de no despistarme y soltar el volante, aunque era muy buen conductor y tenía reflejos de vampiro, nunca se sabe.
Apreté el móvil entre mis manos con esperanza de que fuera Bella pero Alice era la que llamaba.
-Dime – contesté sin ganas.
-En la playa de la Push – fue lo único que dijo mi duende hermana y colgó la llamada.
¿En las Push?
¡Ah! Seguro había visto todo lo que pasaba por medio de una visión y hacia donde Bella se dirigía.
Sí, la Push era territorio quileute, pero desde que Jacob se imprimó de mi hija las cosas entre los licántropos de la Push y los Cullen habían cambiado, ahora se nos dejaba entrar sin miedo a que nos comiéramos a alguno de su reserva y podíamos hacer vida normal, y Bella no había desaprovechado la oportunidad. Le encantaba la playa de la Push y cuando Renesmee era pequeñita siempre la traía para pasar una tarde de playa.
Estacioné el coche en los aparcamientos de la playa y bajé con cuidado de no cargarme el coche, un solo movimiento y mi precioso volvo que tantos recuerdos había compartido conmigo podría convertirse en chatarra.
No tuve que caminar mucho para encontrarla. Estaba caminando por la orilla enfundada en sus sencillos vaqueros y si simple camiseta y su pelo castaño que tan loco me volvía suelto.
El despiadado viento nocturno daba contra su cara y hacia que sus preciosos cabellos danzaran a la luz de la luna sin ton ni son.
La escena se me hizo recordar a una de las muchas noches que habíamos pasado en Isla Esme cuando recién nos casamos. Echaba mucho de menos esa isla, y apunté en mi mente hablar con Carlisle y Esme para que nos la prestasen cuando las cosas se hubiesen calmado un poco entorno a todo.
-Lo siento – dije llegando a su lado.
No se sorprendió, me había escuchado llegar.
No dijo nada.
-Fui un idiota, aunque claro, ¿Cuándo no lo soy? No debí decir todo eso que dije, solo estoy un poco… no sé ni cómo estoy ya realmente, es que… todo ha sido tan rápido Bella – murmuré en un hilo de voz y me paré cuando ella lo hizo – Renesmee está ya tan grande y es tan madura… - me miró – no quiero dejarla ir, porque me dolerá tanto que no podría soportarlo, ella es para mí… bueno, para nosotros es… es ella Bella y yo estoy…
-Celoso – completó con una sonrisita.
La miré y sonreí yo también.
-Sí, creo que es eso – contesté.
-Ven aquí – dijo y se abalanzó sobre mí abrazándome fuertemente.
Estuvimos un gran rato abrazados hasta que creímos conveniente irnos.
-¿Estoy perdonado? – pregunté como un adolescente arrepentido.
-Todo depende – dijo con una sonrisilla en los labios.
Huy, esto iba a ser mejor de lo que yo pensaba.
-¿De qué? – dije apoyando una mano en su muslo mientras que con la otra sostenía el volante.
-De cómo vayan las cosas esta noche – contesto y supe que quería decir con eso, sonreí pícaramente – y de cómo te portes mañana con tu hija.
La sonrisa se me borró de la cara tan rápidamente que creí no haber sonreído.
-¿Mañana? – pregunté sin comprender.
-Sí – afirmó – mañana es la primera ecografía del bebé según me ha dicho Carlisle y no puede hacerlo en el hospital ya que sería arriesgado, ya sabes así que lo hará en su despacho en la casa Cullen, y estaremos allí – me miró – y Jacob – volvió a mirarme esperando mi reacción.
Estuvimos un rato callados hasta que llegamos a casa.
Antes de salir le agarré de la mano y le dije.
-Espero poder controlarme.
Sonrió y me sacó del coche agarrándome por los bolsillos de los vaqueros.
N/A: ¿Qué dicen? ¿Estuvo bien, mal? Bueno, espero haberlo hecho bien, la verdad no sé como ha quedado. Ahora a ver qué pasa el día de la ecografía… hahahahha, se los dejo a su imaginación. Otra vez, muchas gracias por sus reviews, los espero en este capítulo. Saludos.
